–Hinata, por favor para de llorar, ¿quieres? —me decia por quinta vez Ino, acariciando mi espalda.

–No puedo creer que te mintiera todo este tiempo —Sakura se llevó una mano al pecho— aunque entre nosotras, nunca me cayó bien, siempre tan ido, en su mundo aunque claro ahora tiene mucho sentido.

–No ayudas, cerda.

–Solo digo —respondió con una mueca.

–No debí tratarlo asi, el lo estaba intentando y lo abandoné —solloce, limpiando mis lagrimas con las sabana—- ¿por que no ha venido?

–Hinata, tu misma le dijiste que se alejara un tiempo.

– ¡Pero lo extraño tanto!

–Oh, por dios —exclamó Sakura subiendo sus gafas— Hinata, es un drogadicto y un ladrón, una vez robó el collar que mi abuela me dio por mi cumpleaños, no te merece y el estereotipo de chico malo ya está muy usado, supéralo —finalizó arrogante.

– ¡No es un ladrón! Te devolvió el dinero, y tu odiabas ese collar.

–Hay mas chicos en el instituto.

– ¿Para qué termines cogiendo con ellos? —solté.

Sakura tomó aire haciendo que su pecho se elevara y sus fosas nasales se abrieran, le habia golpeado donde le dolía.

–Eso fue diferente...

–Era mi novio.

–Tu no lo amabas —se excusó.

–Pero era mi novio, y tu mi mejor amiga.

–Bueno, no debiste dejar que se aburriera, tu eras su novia pero yo logré mantenerlo satisfecho, un chico tiene sus necesidades y claramente no lograste satisfacerlo.

–Oh, por favor...—dijo Ino, apretando el puente de su nariz— Sakura, no puedo creer que dijeras eso.

–Ustedes —bajó sus lentes y acomodó con brusquedad su cartera sobre su brazo— son unas intolerantes, me largo.

Nos quedamos mirando la puerta cerrada, desconcertadas.

–Que idiota —dije.

–No sé que le pasa, enserio. Ha estado actuando así desde que..

–Desde que está con Sasuke, lo sé.

–Tal vez Gaara no sea el chico ideal, pero por lo menos no es una víbora como Sasuke.

–Sé que en el fondo no es asi, ¿sabes? Quiere impresionar a su padre, lo imita.

–Eso es muy triste —dijo, con tu tono lastimero pero luego comenzando a reírse.

Me contagió con su risa aun cuando tenia ganas de seguir llorando, sacó unos cuadernos de su mochila y los dejó sobre la mesa junto a mi cama.

–Enserio detesto que tu padre te volviera a encerrar aquí —comentó con los hombros caídos.

–Sabíamos que en cualquier momento Neji soltaria todo, pero aguantó mas de lo que imaginé, creo que mi padre lo presionó bastante para que le contara.

–Que intenso, la verdad yo habría soltado todo en dos minutos, su mirada es muy inquietante.

Una enfermera entró a la habitación, su cabello azul estaba perfectamente arreglado al igual que su uniforme.

–Buenas tardes, señoritas —dijo con una sonrisa— lo siento mucho, Ino, pero el médico quiere ver a Hinata.

–Está bien —respondió haciendo un puchero– pero volveré mañana.

Camino a la oficina aproveché de saludar a Tayuya, estaba sobre su cama jugando con una pequeña consola.

– ¿Sabe si mi padre ha dicho algo?

–Solo nos llegan indicaciones desde su asistente, el nunca llama —respondió apenada.

No me sorprende.

Entre a la oficina repleta de diplomas y un gran escritorio de madera, detras habian estantes donde se encontraban los archivos de todos los pacientes.

–Toma asiento —dijo sin dejar de mirar su computadora— ¿Como te has sentido?

–Aún tengo náuseas.

–Eso es extraño... Sígueme.

–Devuelvo la mayoría de las cosas que como.

–Has subido medio kilo, ¿cuando fue tu último periodo?

–No lo recuerdo —dije extrañada.

—Bien —abrió un estante y saco de el una bolsa con un frasco dentro— necesito que me des una muestra de tu orina.

– ¿Por que? ¿Es algo malo?

–No te preocupes, niña. Es solo un chequeo de rutina.

Cuando decidió que ya podía retirarme luego de entregarle el frasco y mas chequeos me dirigí directamente a la habitación de Tayuya, subí las escaleras corriendo y abrí la puerta.

–Lo... Lo siento —dije al ver al chico que ya había visto hace un tiempo, era su novio sentado sobre su cama.

–No te preocupes —se levantó de la cama, su voz era ronca y monótona— ya me iba.

Besó la frente de Tayuya y pasó por mi lado, levanté las cejas mirando a la chica, que aun tenía una expresión de ilusión, de enamorada.

–Hace tiempo que no se dejaba ver.

–Ha estado ocupado —murmuró.

Pasamos la tarde juntas, participando en los talleres o escuchando los testimonios en alcohólicos anónimos, algo que yo no necesitaba, pero Tayuya me pidió que la acompañara.

–Básicamente me forzaron a venir aquí, pero supongo que es lo mejor para mi —declaró desinteresada, con las piernas estiradas y recostada en la silla.

–Un aplauso para nuestra amiga —exclamó animadamente la coordinadora, era obvio que no le pareció suficiente, pero no podía forzarle a decir más.

–Por fin —dijo la chica cuando nos dejaron ir porque ya era hora de la cena— estoy muriendo de hambre.

–Yo también.

La chica me miro extrañada.

–Me sorprendes en serio, desde que llegaste te he visto comer menos que un niño pequeño.

–Si... Tal vez sea buena señal.

–Hablando de buenas señales... Me iré en tres dias —anunció tomando una bandeja.

– ¿Que? A mi aun me quedan dos semanas —dije con tristeza.

–Lo sé, pero solo vine aquí para desintoxicarme ¿recuerdas?

Fruncí los labios, recordando el por qué mi estadía tan prolongada en este lugar, normalmente solo era un mes y medio para la desintoxicación y rehabilitación del paciente adicto, pero el día que golpee el espejo de mi habitación luego de pelear con mi padre, los cortes que provoque en mi brazo provocaron también en mi padre un pensamiento completamente erróneo. No estoy aquí solo por mi adicción, también lo estoy por intento de suicidio, tratar de explicarle que fue un accidente no sirvió de nada.

–Te voy a extrañar —hice un puchero.

–Lo sé, vendré cuando tenga ganas de reírme de una niña llorona.

–Solo llore un par de horas.

–Mas bien toda la noche, las paredes son delgadas.

–No seas tan pesada —lloriquee.

Pasamos el resto de tiempo que nos quedaba libre jugando en el taller de arte, era un lugar agradable, con ventanas amplias y paredes llenas de pinturas hechas por los pacientes.

– ¿Dibujando tus traumas? —habló un chico en la puerta, Menma.

–Llegó tu acosador —susurró Tayuya en mi oído.

– ¿Que quieres? —pregunte, riendo por el comentario de la chica.

–Solo pasaba.

–Si, claro, solo pasaba...—murmuro Tayuya dando vueltas en la silla.

– ¿No deberias estar en tu casa?

–Estoy esperando a Rin.

–Yo me largo, ya sabes que si no duermo diez horas me pongo de mal humor.

Tayuya salió de la habitación con ambas manos en su espalda, caminando de puntitas, como una niña. Cuando pasó al pelinegro en la puerta me miro levantando las cejas, insinuando. Tape disimuladamente mi sonrisa con mi mano.

–No creo que Rin esté por aquí —dije.

–Lo sé, siendo sincero si estaba buscandote.

–Ya me encontraste, ¿tenias algo en mente?

–Conseguí la llave de la azotea así que... Puedes acompañarme o seguir dibujando tus traumas.

–Si que sabes como hablarle a una chica —camine hasta quedar a la par de el— aún no me acostumbro a verte, ¿sabes? Ustedes se parecen tanto, pero el cabello...

–Lo sé.

-Naruto sigue siendo mas guapo, lo siento.

–Tendré que vivir con eso —sonrió.

Extrañamente, su actitud me recordaba a Sasuke. El volver a recordar todo eso, me incomodó, habia pasado mucho tiempo desde la última vez que pensé en el.

– ¿Te pasa algo?

– ¿Que? —pregunté, ya casi llegabamos a la escalera para llegar a la azotea.

–Te pusiste muy seria de repente.

La puerta hizo un sonido horrible cuando la abrió por completo, parece que nadie habia abierto esa puerta en años.

–B–Bueno, cualquiera se pondría nerviosa si un chico te lleva a un lugar desolado, en la noche

—dije para evadir mis pensamientos.

–Deberías —sonrió, nos acercamos al borde del edificio.

– ¿Estas intentando coquetearme?

La vista era hermosa desde lo alto, admire por un rato el paisaje hasta que mi mirada llegó al lugar donde esta la puerta por donde nos escabulliamos, mas bien, por donde Tayuya aún se escabullia.

– ¿Esperas a que tu novio venga a buscarte?

–No se si insistes en hablar de mi novio por celos o para fastidiarme —le reproche.

–Un poco de ambos —sonrió.

–Ya no estamos juntos—

-Bien, no te merece, es un drogadicto inservible.

–... Nos tomamos un tiempo.

Lo vi evitar mi mirada y maldecir muy bajo. Me reí y negué con la cabeza, me causaba gracia que solia meter la pata y se lamentaba igual como lo hacia Naruto.

– ¿Te das cuenta que tienes que lidiar con el de una u otra manera? Tal vez no siga siendo mi novio, pero seguirá siendo el mejor amigo de tu hermano.

–Eso puede cambiar —murmuro.

–No estes muy seguro —le contradije.

Resopló enojado y se cruzó de brazos.

–Es que no puedo creer que mi hermano sea amigo de un tipo como el.

–Gaara no es malo —frunci el ceño.

– ¿Como estás tan segura?

– ¡Porque sé que está arrepentido! Eres tan irritante.

–Tu eres tan cliché.

–Explicate —me crucé de brazos.

–Eres la típica niña burguesa que está tan aburrida de su vida que decide desafiar a su padre con el primer chico que sabe que el odiaria. No quieres a ese idiota, solo te gusta el hecho de que tu padre no lo aprueba.

Lo patee en la entrepierna con mi rodilla con tanta fuerza que se encogió hasta llegar al suelo.

–Si yo quisiera desafiar a mi papá, se lo habría restregado en la cara desde el primer dia, vete a la mierda.

– ¡Espera! —exclamó, aún en el suelo. No me detuve a mirarle— Esta bien, lo siento. Soy un idiota, lo admito, me gustas tanto que la verdad no se que hacer para llamar tu atención.

Abrí los labios desconcertada, sostuve mi espalda en la puerta y lo observé aguantando la risa.

–Eres como un niño —le dije con desprecio— uno muy estúpido, que cree que molestando a las niñas logrará que gusten de el.

– ¿De que hablas?

–Desde el primer dia que llegaste aquí no haces mas que fastidiarme diciendo que soy una decepción, una drogadicta, ¿asi es como querias llamar mi atencion? Que gran idiota.

–Lo sé, soy un imbécil —respondió aún adolorido en el suelo.

Estaba por volver a gritarle cuando un mareo me hizo perder el equilibrio de repente. Con una mano en mi cabeza cerré los ojos esperando que pasara, mi vista se volvio borrosa y miré confundida a Menma, lo vi correr hacia mi mientras mi vista se oscurecia cada vez mas y el suelo se veía mas cercano.

.

.

.

–Necesito salir de aquí, estoy hablando en serio —le repetí a la enfermera, que se esforzaba en ignorarme.

–Ya te dije que no puedes irte hasta que termines el tiempo acordado, ya firmaste por esto, no hay vuelta atrás.

–Me arrepiento.

–Ya es muy tarde, cariño —sonrió— ahora tomate esto, te ayudará con las náuseas.

– ¿Metadona? ¿No tienes algo mas fuerte?

–Ya sabes que es lo único que podemos darte.

La tomé a regañadientes con un vaso de agua, volví a la cama y me apoyé en la pared, no podía pensar en otra cosa que volver a inyectarme, cuando lograba volver en razón ya estaba planeando como salir de aqui para volver a las calles.

Me recoste enterrando mi cara en la almohada, si bien las alucinaciones y los vómitos se detuvieron hace un par de días, seguía sintiéndome como la mierda.

– ¿Aun te lamentas? —habló el chico que me habia mostrado el lugar el otro dia.

–Vete al demonio.

–Tal vez si comes algo te sientas mejor.

–Eres un sabelotodo muy irritante, ¿sabias?

–Soy muy observador —dijo calmado— y noté que no has comido desde que te sacaron de aislamiento.

Me tape completamente por una parte para evitar hablar con ese chico y la otra porque me estaba congelando. Escuche la cama de al lado hundirse por el peso del chico, para mala suerte mía, muy mala suerte, compartíamos habitación. No sabia mucho sobre el, se veía demasiado joven para tener mi edad pero debía tener al menos dieciséis, esa es la edad mínima para estar en esta área de psiquiatría. No estaba aquí por drogas como yo, eso era obvio.

–El almuerzo es en unos minutos.

Tiré la ropa de la cama con fastidio y me puse de pie, irritado. Me coloque una sudadera y miré al chico que me sonreía.

–Si no dejas de fastidiar luego de esto, juro que te mataré.

Caminamos al comedor, era primera vez que cruzaba miradas con otro paciente. Me observaban con su mirada cansada, con bolsas bajo los ojos, rostros pálidos y demacrados.

Mi reflejo en el cristal de una ventana me hizo ver que mi aspecto no era tan alejado al de ellos.

–Me alegra que por fin salieras de tu habitación —habló una de las enfermeras, con sus manos sobre mis hombros— espero que comas bastante para recuperar energía.

–Claro —dije desinteresado.

Suspiré con fastidio cuando al terminar de comer, la enfermera me avisó que debía asistir a un grupo de apoyo que se realizaba en la última sala del lugar, las sillas estaban formando un círculo y fui uno de los últimos en llegar, de mala gana. La mayoría de ellos había comenzado a consumir cuando eran jóvenes, y ahora en su mediana edad se mostraban arrepentidos de las decisiones que tomaron.

–Tal vez la próxima vez quieras decir algo para el grupo —dijo amablemente el encargado, desvíe la mirada indiferente a toda esta estupidez.

Cuando se dió por finalizada la sesión no esperé ni un segundo mas para salir de ahí, acostarme para fingir que estaba durmiendo y que nadie me molestara. En mi cabeza ya estaba planeando como salir de aquí.

–Sé que no estás dormido —habló Haku, los resortes de su cama hicieron un ruido oxidado— te traje una bandeja ya que no has salido para cenar.

–Déjame solo.

–Eso no es posible, lo siento.

Rode los ojos. Comí en silencio mirando de reojo al chico que estaba concentrado en un libro, me hizo recordar a Hinata cuando nos escabulliamos a la biblioteca y tardaba una hora en elegir un libro, para finalmente tomar el que ya había leído mas de tres veces.

Desperté muy temprano por la mañana sudando frío, me hice a un lado y vomite junto a la cama, Haku también habia despertado, me miraba asombrado, se levantó en silencio de su cama y salió de la habitación para volver de inmediato con una enfermera que traía artículos de limpieza.

Fui directo al baño para lavar mis dientes y salir en busca de la mujer que me trajo aquí el primer día, estuve minutos buscando y me di por rendido luego de un rato. Volví a la habitación, la enfermera aún estaba limpiando y Haku estaba en el baño, podia escuchar la regadera.

– ¿Con quién tengo que hablar para salir de aquí? —exclame, respirando agitado.

–Bien, necesito que te calmes y-

–No quiero calmarme, quiero salir de aqui —murmuré tensando la mandíbula, la enfermera dio un paso atrás, asustada.

– ¿Que está pasando aquí?

– ¡Mikoto! —la enfermera corrió a refugiarse detrás de la mujer en la puerta de la habitación, mirándome con preocupación.

–Necesito salir de aqui —volví a decir.

–Gaara, primero quiero que te calmes, ninguno de los dos quiere que vuelvas a aislamiento —se acercó con una leve sonrisa, puso una mano en mi espalda y me sacó de la habitación— charlemos en mi oficina.

Nunca me había detenido a observar a la mujer que me trajo aquí el dia que Temari me obligó a firmar ese estúpido papel, tenía el cabello negro y largo, un rostro amable y parecía estar siempre en calma.

–Sé que esto es difícil, Gaara.

–No lo entiende, mi cuerpo... Es como una necesidad —me senté frente a su escritorio.

–Sé que no puedo ponerme en tu lugar, nunca he sentido lo que tu sientes ahora, pero te estás rindiendo demasiado rápido.

–No estoy rindiendome —frunci el ceño.

–No llevas ni una semana aquí, Gaara, es como si hubieras decidido hace tiempo que no puedes vivir sin drogas.

Me apoyé en la silla pensando en lo que había dicho, ¿de veras me había rendido?

– ¿Como está tu corazón? Me informaron que tienes un problema, ¿te has sentido mal últimamente?

–No sabría diferenciar si mi malestar es por estar encerrado aquí o por mi corazón pudriéndose.

La mujer sonrió tímidamente, se inclinó sobre su escritorio y sirvio dos tazas de té, dejó una frente a mí antes de centrarse en la suya, volvió a apoyarse en la silla y me miro con dulzura.

– ¿Por quien estás aquí?

– ¿A que se refiere?

– ¿Estas aquí por tus hermanos? ¿Por que ellos te lo pidieron?

–Si —dije, desviando la mirada— y alguien mas.

– ¿Tus padres?

–Una chica —volví a mirarla a los ojos, me sentía ridículo admitiendolo.

–Entiendo —su sonrisa se hizo mas grande— ¿Y si no tuvieras hermanos? O a una chica, ¿no querrías mejorar solo por ti mismo?

Entreabrilos labios, me había dejado sin palabras logrando que cuestionara mi actuar, bebí un poco de té para pasar desapercibido.

–Tener lazos es bueno, Gaara... Pero ser independiente es bueno también, saber cuando es necesario hacer lo mejor para ti.

Un toque en la puerta hizo que quitara su vista de mi, solté el aire retenido, no voltee a ver quien estaba en la puerta.

–Los hermanos de Gaara vinieron a verle —anunció con alegría, pude reconocer la voz de la enfermera que estuvo en la habitación hace un rato.

La miré de reojo una última vez antes de salir de la oficina como un perro regañado, mis hermanos estaban esperando junto a la entrada, donde habían sofás para las visitas. Temari al verme se acercó impaciente con los brazos estirados para aprisionarme en un fuerte abrazo, crucé miradas con Kankuro que me sonreía con burla.

– ¿Estas bien? ¿Paso algo? Cuando le pregunte a la enfermera por ti se veía un poco alterada y dijo que la encargada te había llevado a su oficina.

–He estado un poco ansioso, eso es todo.

– ¿Has estado comiendo bien? ¿Como te has sentido? —posó su mano en mi mejilla de forma maternal.

–Odio estar aquí.

Temari sonrió tristemente y me llevó a sentarme junto a ella y Kankuro.

–Hay algo que debo contarles, debí hacerlo antes, pero nunca tuve el valor. Es sobre mamá.

Cruzamos miradas de confusión con mi hermano, no solíamos sacar el tema de nuestra madre.

–Ustedes eran muy pequeños para recordarlo –dijo al borde de las lágrimas— Cuando mamá murió-

–Mamá murió en un accidente, ya lo sabemos —le interrumpió Kankuro.

–No —una lágrima cayó por su mejilla— eso fue lo que Rasa les dijo, por que eran muy pequeños para entenderlo. Y yo lo permití por que no sabía como explicarles, tenía que pensar en ustedes, siempre lo he hecho por que ellos no podían.

–Si no murió en un accidente... —murmure.

–Rasa no se volvió un adicto cuando murió mamá, el y mamá siempre lo fueron, desde que tengo memoria los recuerdo hechos un desastre, muchas veces tuve que ayudar a mamá a arrastrar a Rasa hasta la entrada de la casa para que no se congelara, no cambiaron cuando me tuvieron, ni lo hicieron cuando los tuvieron a ustedes.

Kankuro pasó una mano por su cabello, me recoste en el sofá procesando todo lo que había escuchado.

– ¿Por que el dijo que fue un accidente? —pregunté.

–No quiere aceptar que es en parte culpable —limpió sus lágrimas con determinación— es un desastre, pero la amaba, perderla lo arruinó aún mas. Yo la encontré. Estaba en la cocina, bajo un charco de vómito —me miró con seriedad, pude notar que estaba evitando con todas sus fuerzas llorar, su labio temblaba.

–Eso quiere decir que cuando estábamos en su vientre...—Kankuro estaba con la boca abierta de la impresión.

–Claro que consumía. No recuerdo mucho de cuando naciste, pero si te recuerdo a ti, Gaara. Eras tan pequeño, estuviste en una incubadora por semanas, estabas tan débil que creyeron que morirías.

–Eso lo cambia todo —dije, no podía creer mi madre fuera de esa manera, lo cierto es que no la recordaba, como dijo Temari, era solo un bebé. Me imaginé como habría sido para ella, tan pequeña y haciendose cargo de sus hermanos porque sus padres no podían ni mantenerse en pie.

–Tienes que mejorar, Gaara. No quiero perder a alguien mas bajo un charco de vómito.

Frunci los labios y puse una mano en su hombro, acarició mi mejilla y la de Kankuro con una sonrisa melancólica.

–Cuando salga de aquí será diferente.

–Lo será. Si vuelves a lo mismo, haré que tus testículos vuelvan a subir —dijo amenazante.

Kankuro se rio nervioso, Temari siempre lograba intimidarnos aunque ya no eramos unos niños. Se quedaron por una hora, decidieron irse cuando nos llamaron para tomar los medicamentos, me despedí de ellos con un abrazo, Temari me besó con fuerza en la mejilla y Kankuro revolvió mi cabello.

–Mañana estaremos aquí a la misma hora.

–No es necesario que vengan todos los días —dije.

– ¿Estas seguro?

–Claro, no me iré a ningún lado.

La puerta al cerrarse hizo un sonido metálico al moverse las cerraduras automáticas, di media vuelta para hacer la fila donde la enfermera entregaba los medicamentos, Haku se colocó detrás de mi con una sonrisa.

–Linda familia, ¿no tienes padres?

–Búscate una vida —refunfuñe.

–Tu hermana es muy linda, no se parece en nada a ti.

–Se parece a mi madre, ahora si sigues preguntando te golpeare en esa cara de niña que tienes.

– ¿Como lo sabes? —preguntó, voltee a verlo, estaba conciente de que muchos en este lugar aun creían que era una chica.

–No hay habitaciones mixtas.

Tomé mi medicación y pasé la tarde dormitando frente al televisor junto al tipo que se habia apoderado del artefacto, por sus actitudes supuse que tendría algún trastorno mental, parecía hablar con alguien, a veces discutía pero además de eso era inofensivo y tranquilo.

Perl no podía sacar de mi cabeza el hecho de que viví pensando que alguien había sido culpable de la muerte de mi madre, cuando fue ella la responsable de su propia muerte.

Volví a mi habitación ignorando lo que decía Haku, a mi mente llegó la imagen de Hinata, sonriendo desnuda junto a mi. Me dormí con el deseo de que el tiempo pasara rápido para poder salir de aquí.

.

.

.

– ¿Que pasó? —dije despertando, lo último que recordaba era a Menma corriendo hacia mi.

–Justo a tiempo —habló el doctor concentrado en una carpeta, y luego mirándome con nerviosismo.

– ¿Que pasó? —volví a preguntar, esta vez con temor. Estabamos en la enfermería.

–Te desmayaste, eso es obvio. ¿Cuando fue tu último período?

– ¡Ya le habia dicho que no lo recuerdo!

Cerró su carpeta y se centró en mi, golpeteo sus dedos en el plástico varias veces, con ansiedad.

–Estás embarazada —dijo, entreabri los labios en shock— tu padre me matará.

– ¿A–A usted? A la que matará es a mi, no lo puedo creer —bajé de la cama dispuesta a salir de ahí, en cuanto toqué el suelo con mis pies descalzos, volví a marearme.

–Vuelve a recostarte, por favor. No puedes irte hasta que te dé el alta.

– ¿Como es posible? Maldición —exclame.

–Creo que ya deberías saber cómo funciona.

–No, no es eso —dije, sintiendo mi cara calentarse— me cuido desde los quince años.

–No desde que te ingresaron aquí, ¡no debería ser necesario que te cuides en rehabilitación! Estos niños...

Golpeé mi frente. El doctor cambió su semblante, sabia que no era momento para bromas, maldición.

–Soy una idiota.

–Y yo me pregunto como lo lograste si estabas aquí todo el tiempo.

–B-Bueno...—tartamudee, hace tiempo que no lo hacia. Mi cara estaba como un tomate, estaba segura de eso.

–Tienes tres semanas, por cierto.

Se apoyó en la cama que estaba detrás de el, con los brazos cruzados, creo que no solo yo estaba en problemas.

–Tengo que llamar a tu padre.

– ¡No! –lo miré suplicante.

–Lo siento, pero me exigió que le informara de todo sobre tu salud.

–No puedes, por que... ¡Yo se lo dire! Si, seguramente si llamas te contestara su secretaria, ¿cierto?

–Si.

–Se lo diré directamente, le gustara que se mantenga personal.

Me miro con duda por un momento, noté como se relajaba y me sonrió.

–Tienes razón.

Suspiré aliviada, por ahora.

–Pero habrá que hacer unos cambios, necesitas vitaminas, y suspenderé tus medicamentos para la abstinencia. No pongas esa cara, no habrá problemas, de cualquier manera ya era hora.

Cuando terminó sus indicaciones salió de la enfermería diciendo que me dejaría sola para que asimilara la situación, me acosté de lado en la cama para mirar el cielo por la ventana. De manera inconciente llevé mi mano a mi vientre, sabía todo lo que se vendría aún cuando no sabia como decírselo a mi papá, o a Gaara. Pasé una mano por mi mejilla antes de que esa lagrima rebelde se perdiera en la almohada. Somos unos niños, unos muy perdidos y rotos, no podemos cuidar de nosotros mismos, menos podemos cuidar de un bebé.

Tenía tantas dudas, sobre como reaccionaría Gaara o como decirle a mi padre, si lo haríamos juntos o lo haria sola, como le diré a mis amigos y que pensaran de mi, estaba asustada, mas asustada que nunca, no podría fingir que nada pasaba como solia hacer antes con mis problemas, porque este comenzará a notarse en unos meses.

Tenía que comenzar a pensar en que hacer, y rápido.