Un pequeño golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos.

– ¿Que fue lo que pasó? —Tayuya se sentó a los pies de la cama— Rin estaba hecha una furia gritándole a ese chico extraño, y escuché que te habían traído aquí.

–Solo fue un desmayo, me sucede de vez en cuando desde que era pequeña.

–Que buena forma de librarte de situaciones incómodas.

–No lo había pensado así —ambas reímos.

–Vamos, cuentame lo que ha pasado, estuviste toda la noche aqui, estaba desesperada por hablar contigo —insistió.

–Me llevó a la azotea y...

– ¿Cogieron?

– ¡Claro que no! Se comportó como un imbecil de primera, diciendo cosas de mi y de Gaara.

–Me suena a celos, ese chico esta loquito por ti —se tiró en la cama y seguimos conversando, un golpe en la puerta nos interrumpió.

–Hola —saludó Menma, con las manos en los bolsillos.

–Espero que vengas a disculparte, porque vaya que metiste la pata —habló Tayuya pasando por su lado, se despidió de mi con la mano y se alejo de la enfermería.

– ¿Ya estás mejor?

–Si, tenía bajo el azúcar o algo así —mentí.

–Yo... Si venia a disculparme —dijo, con una mano en su cuello— lo siento por lo que te dije, estuvo fuera de lugar.

–Si —respondí, mirando al techo.

–De verdad lo siento.

– ¿Enserio crees que no tengo futuro con Gaara? —pregunté con temor. Menma me miro fijamente.

–Si.

– ¿Por qué?

–Los chicos como el... Son como una bomba de tiempo, pueden estar bien por un tiempo, pero cuando menos lo esperes explotará, sin importar a quién lastime.

Mordí mi labio, tratando de encontrar fallas en lo que dijo.

–Mejorará, sé que lo hará.

Hablé sin estar convencida del todo, necesitaba a Gaara, más que nunca. Pero aún no encuentro fallas en lo que dijo Menma, si bien se había rehabilitado, en unos meses volvió a caer. El habia dicho que lo obligaron cuando Akatsuki los encontró, pero no sabía si creerle.

– ¿Por cuánto tiempo? —volvió a cuestionar.

Frunci el ceño suspirando ruidosamente, tenia tantas dudas, miedo, soledad. No sabía si contarlo a alguien para que me aconsejara o esperar hasta decidir con Gaara que hacer. Pero también era algo que debería decidir sola, es mi cuerpo, tal vez Menma tenia razon y solo traeria al mundo a un bebé que seria rechazado por mi familia, lo considerarían un bastardo, y si Gaara volvia a caer en las drogas, estaria destinado a una vida igual o peor que la de su padre. Pasé una mano por mi cara, no sabía que hacer.

–Menma —la voz severa de Rin nos hizo voltear hacía la puerta— vete a casa, ya has hecho bastante por hoy.

El pelinegro me miro con la cabeza gacha y sonrió antes de dar media vuelta para largarse. Rin se acercó con preocupación.

–Deberías ir a comer algo, o ir a tu cuarto a descansar, el doctor ya te dio el alta.

–Gracias —dije, bajando de la camilla— la verdad es que tengo bastante hambre.

Comi hasta quedar saciada y salí al jardín para sentarme junto a la fuente, era uno de esos dias helados, donde apenas podías disfrutar la calidez de los rayos de sol. Una cabellera rubia y brillante resaltaba entre todo el ambiente, sonreí cuando reconocí a mi mejor amiga.

–Hola, guapa —dijo sentándose junto a mi.

–Hola —sonreí débilmente.

–Veo que no has llorado, eso es bueno —se burló.

Le di un suave empujón con mi antebrazo mientras en mi cabeza daba vueltas si debería contarle.

–Tengo que contarte algo —dijo, mordiendo su labio.

–Cuéntame —respondí preocupada.

–Ya sabes que Sakura ha estado cambiando últimamente... Pero ahora es peor, mucho peor. Cuando mataron a Obito comenzaron a salir a la luz todos sus negocios —escuchar el nombre de ese hombre me daba escalofríos— los Uchiha están en la mira de todos y no en el buen sentido. Sakura me contó que Sasuke admiraba mucho a ese tipo, y cuando supieron lo que enserio hacía... Fue muy duro para el.

–No sabia que era un Uchiha en ese entonces. Sasuke nunca me habló de el.

–Tampoco iba a las fiestas de beneficiencia que organizan cada año, o a las fiestas de cumpleaños, las de año nuevo... Por lo que mi padre me contó, Obito era algo asi como la oveja negra de la familia, su padre se casó con una mujer sin reputación y cuando quedó huérfano, lo tomaron a regañadientes.

Frunci los labios, eso era lo que solía pasar cuando alguien de la familia decidia estar con alguien sin estátus social, o sin dinero del que beneficiarse, te convertias en la peste.

–Les tenía rencor —murmure.

–Y con el apellido Uchiha manchado... Sasuke está desquiciado, ya era un idiota molestando a todos, sobre todo a los becados, ¿lo recuerdas?

–Claro que si, odiaba eso de el.

–Pues ahora no es solo verbal, es físico. Y Sakura le ha seguido, ayer en el almuerzo, Sasuke empujó tan fuerte a Kiba contra los casilleros que perdió el equilibrio. Y cuando estaba por levantarse Sakura volvió a empujarlo y dejo caer un vaso de jugo en su cabeza, se fueron ambos riendo.

– ¡Eso es horrible! Incluso para Sasuke, eso ya es demasiado.

–Lo sé, ayudé a Kiba lavando el jugo de su cabello, no quiere hablar con la directora porque no quiere darle problemas a su madre, se le veía bastante afectado...

Suspiré preocupada, Sasuke se estaba desquitando.

–Sakura desde entonces me ignora.

–Pensé que cuando ese hombre desapareciera todo iba a ser mejor.

–Lo siento —dijo apenada— Gaara no tuvo nada que ver en eso, ¿cierto?

–No —bajé la mirada— pero es complicado.

–Cuéntame sobre eso —habló emocionada— alguna vez lo tuviste que ver.

–Vivían todos juntos —comencé a contarle, jugando con mis uñas— todos en esa casa trabajaban para Obito. Estuve varias veces ahí, les gustaba mucho hacer fiestas, además era una buena oportunidad para vender sin tener que salir.

–Nunca me contaste que ibas.

–Pasaba la mayor parte del tiempo drogada —reí nerviosa— Obito casi nunca iba, y cuando lo hacia, Gaara me mantenía alejada. Es raro, ¿sabes? Al principio queriamos mantenernos lo mas alejados posible de ellos, luego nos quedabamos para tomar una cerveza o un chute, luego para una fiesta y antes de que nos diéramos cuenta nos quedabamos a dormir.

–Supongo que uno se acostumbra al caos —dijo, tomando mi mano— no te sientas culpable. Oh, vaya. Hablando de caos —habló inclinándose, di media vuelta queriendo saber que llamó su atención.

Con su caminar arrogante, Sasuke se acercaba a la banca donde estábamos con Ino.

– ¿Que hace aqui? —murmuré volviendo a mirar a Ino.

– ¿Como voy a saber?

Ambas volteamos a verle, se detuvo frente a nosotras algo incómodo, le hizo una seña a Ino de que se largara y esta suspiró tomando su bolso.

–Vendré a verte pronto —dijo besando mi mejilla, se dirigió a Sasuke con los brazos cruzados— y a ti, espero todo lo contrario.

El pelinegro chasqueo la lengua mirando a otro lado, cuando Ino ya se habia largado ocupo su lugar en la banca.

–Hola.

–Ve al grano, ¿que haces aqui? —dije cruzandome de brazos.

–Solo quería hablar contigo... y saber como estas, claro.

–Sé cuando mientes —sonreí.

–Si quiero saber como estás —dijo enojado.

–Estoy bien, gracias.

Frunció el ceño sin dejar de mirar al suelo.

– ¿Pasa algo?

–Seguro ya sabes sobre Obito.

–Si —respondí, ¿es que hoy todos tenían ganas de sacar el tema?

–Venia a advertirte sobre Gaara.

Mi estómago dio un vuelco cuando le escuché, ¿es que ya sabían que estuvo involucrado?

– ¿Q–Que pasa con Gaara?

–Están investigando los negocios que hacía para saber quien lo mató y la mayoría estaban situados en Suna, hay muchos informantes que aseguran que Gaara era de su círculo de confianza.

No pude sostenerle la mirada por mucho tiempo, fruncí los labios y volví a jugar nerviosa con mis uñas.

–Tu... Tu lo sabías —se levantó enfadado— esto es muy peligroso, Hinata. Es un criminal y si llegan a ti pueden culparte por cómplice, no puedo creer que seas tan estúpida.

–No puedo ser cómplice de algo que Gaara no hizo —dije con firmeza.

–Escúchame —se agachó frente a mi— esto arruinó la reputación de mi familia, nadie volverá a confiar en nosotros en un largo tiempo, ¿quieres que eso les pase a ustedes también?

–Tal vez la reputación de los Uchiha mejore un poco si dejas de comportarte como un matón malcriado.

Suspiró frustrado, se sentó en el suelo y me miro, como lo hacia hace unos meses cuando aun estábamos juntos.

–No me mires así —refunfuñe.

– ¿Por qué lo proteges?

–No es de tu incumbencia.

– ¡Asesinaron a alguien, Hinata! Gaara va a arruinarte si es que antes no termina muerto.

Mi cuerpo estaba inquieto por la rabia en mis venas.

– ¿Tienes algo mas que decirme?

Negó con la cabeza.

–Entonces puedes irte a la mierda.

Se levantó cogiendo su bolso con brusquedad, me miró enfadado una última vez antes de irse con paso firme y rápido.

Apoyé mi mentón en mi mano suspirando ruidosamente, toda esta tensión habia hecho que aumentara mi apetito.

.

.

.

Corrí con el palo alzando la mano, no había mucha gente en el parque a pesar de que el día era agradable, perfecto para quedarse al sol.

– ¡Vamos, Kurama! —grité mostrándole el palo antes de lanzarlo, sin esperar el can corrió con todas sus fuerzas sin perder de vista su objetivo.

Sonreí con las manos en mi cadera, amo a ese perro con mi vida.

– ¡Buen chico! Eres el mejor —exclamé cuando volvió trotando orgulloso con el palo en su hocico.

Nos recostamos en el césped, acaricie la cabeza de Kurama y se tiro a mi lado con la lengua afuera. Con las manos detrás de mi cabeza cerré los ojos disfrutando de los rayos de sol entibiando mi cuerpo, estaba por quedarme dormido cuando mi teléfono comenzó a sonar asustandonos a ambos.

– ¡Diga! —exclame.

– ¿Donde estas? —era Jiraiya.

–En el parque, ¿por que?

–Necesito que vuelvas a casa, ahora —y cortó.

Levanté una ceja extrañado.

–Vamos, amigo —le di unas palmadas en el lomo a Kurama— hora de volver.

Gruñó rodando en el césped, Kurama odiaba cuando nos ibamos del parque.

–Mañana vendremos de nuevo, te lo prometo.

Se levantó con la cabeza gacha y caminamos hasta nuestro barrio, Kurama movió su cola con emoción cuando vio a un grupo de niños jugando en la calle y ellos también se emocionaron al verlo. Corrió hacia el grupo y yo seguí de largo a las escaleras, la puerta estaba abierta y se escuchaba un ajetreo.

– ¿Que está pasando? —pregunte al ver unas maletas junto a la puerta, Jiraiya salió de su habitación hablando por teléfono, al verme cortó y se acercó con un sobre en la mano.

–Aceptaron la propuesta de mi nuevo libro, así que me iré de viaje.

–Pero... ¿No puedes escribirlo aquí?

–Sabes que esto no funciona así, necesito conocer experiencias nuevas en otros lugares, sirve de inspiración.

Me crucé de brazos, no quería quedarme solo.

–Mira, ya sé que no eres un niño. Tienes dieciséis años, no creo que quieras acompañarme como lo hacías cuando pequeño, ¿cierto?

Levanté los hombros con el ceño fruncido.

–No te enojes con tu viejo, ten —dijo extendiendo el sobre— esto deberá alcanzar para unos meses, si necesitas mas puedes llamarme.

Lo recibí sin ánimo, lo ayudé a bajar las maletas al taxi que ya estaba esperando en la calle.

–No hagas muchas fiestas —dijo sonriendo— no quiero volver y que las vecinas me atormenten con sus reclamos.

Sonreí de lado, el auto partió y no me quedo de otra que volver al departamento, se sentía mucho mas grande al estar solo yo y Kurama.

–Kurama —repetí en voz alta, abrí la ventana y grité que era hora de comer, dejó de jugar con los niños y corrió hacia la escalera.

Llené su bol de comida antes de abrir la puerta en el momento justo que el peludo corría por los ultimos escalones para entrar al apartamento como una bala.

Me lancé al sofa incómodo por el silencio del lugar, miré a Kurama comiendo como si fuera la primera cosa que prueba en su vida, frote mis rodillas sin saber que hacer.

Normalmente no me molestaba cuando Jiraiya se iba de viaje, por que siempre estaba Gaara a mi lado por lo que no me sentía solo, pero ahora no es así.

Fui a mi habitación y saqué debajo de la almohada la única foto que tenía de mis padres, junto a ellos estábamos yo y Menma. Acaricie la foto tratando de recordarlos, pero era difícil tener recuerdos concretos de cuando eras un crío.

Rápidamente tomé mi teléfono y busqué el número de mi hermano, mordí mi labio pensando en que decirle, por que por mucho rencor que le tuviera por abandonarme, seguía siendo mi hermano. La verdad es que lo ignoraba por que no sabia por donde comenzar.

Golpee mi frente con el teléfono.

–Soy un idiota —volví a mi teléfono buscando otro número y marqué— contesta, imbécil, contesta...

– ¡Naruto! —se escuchó del otro lado.

–Hola, Suigetsu.

Con el dinero que Jiraiya me había dado compramos bastante alcohol para todos, la casa de Suigetsu estaba llena y la música a tope. Caminé con un vaso alzado entre la gente hasta llegar donde estaban los chicos.

–Fue una gran idea —gritó Suigetsu a mi oído mientras bailaba con Karin, asenti con una sonrisa.

Unas chicas me abrazaron y besaron mi mejilla, las conocía por que nunca se perdian una fiesta. Seguí avanzando hasta llegar al sofá que afortunadamente estaba vacío. Tomé un gran sorbo de cerveza observando a todos frente a mi, a pesar de estar rodeando de gente, risas y música...

Me sentía completamente solo.

Entré a una competencia de beber y resulte ganador, todos me daban palmadas en la espalda pero no me importó. Seguí bebiendo hasta que me sentí en un trance con el cuerpo dormido y los sentidos ausentes.

– ¿Te lo estás pasando bien? —gritó Suigetsu en mi oído, tambaleandose con un brazo rodeando a Karin.

– ¡Si, la mejor puta noche! —mentí.

La pareja se quedo unos minutos conmigo antes de irse, les miré por un momento y levanté los hombros perdiendo el interés. A empujones y gritos logré llegar al baño, cerré la puerta y con una mano en la pared para no perder el equilibrio dejé salir todo lo que había bebido hace un rato.

Alguien golpeó la puerta, no le puse atención hasta que comenzaron a golpear con fuerza.

– ¡Espera tu turno! —grité volviendo a concentrarme en no caer a un lado— idiotas.

Salí del balo insultando al chico que esperaba afuera, que entro tropezando antes de cerrar.

Entré a una de las habitaciones, habían unos chicos fumando que no notaron mi presencia, recordaba esta habitación. En una fiesta que organizó Suigetsu dijo que era su sala VIP, también recuerdo que en una de estas fiestas fue cuando Obito nos drogo, si yo no hubiera estado ebrio habría podido hacer algo para evitar que Gaara volviera a su adicción.

Obito merecía morir, por todo lo que hizo.

Me dejé caer al sofá, no aguantaba las ganas de dormir.

Di media vuelta cubriendome con la manta, al hacerlo pasé de largo al suelo golpeandome en la cabeza, me frote la parte adolorida observando confudido, de a poco los recuerdos volvían a mi cabeza, dejé la manta sobre el sofá y bajé buscando a alguien.

–Despertaste —me voltee encontrandome con Karin— vamos a desayunar.

La seguí y me senté entrecerrando los ojos por la luz que entraba a la cocina, era muy iluminada y no era bueno para una resaca.

–Tomatelo todo —volvio a hablar Karin dejando un vaso frente a mi, con un aspecto dudoso y color extraño— no lo pienses tanto y bebe, es bueno para la resaca.

Suigetsu sirvió el desayuno, luego de tomar el jugo y hacer una mueca miré hacia el living, estaba hecho un desastre por la fiesta.

–Los ayudaré a ordenar —dije.

Ambos sonrieron agradecidos y comimos mientras charlabamos de cosas sin mucha importancia.

– ¿Como es que vives solo aquí? —pregunté con curiosidad.

–Siempre lo olvidas, que burro —se burló Karin.

–Mi padre me la "heredó" antes de marcharse con su familia, ¿recuerdas? Esposo infiel, hijo bastardo. También me ofreció pagar mi educación, claro que a cambio tuve que prometerle nunca volver a buscarlo.

–Cierto...—dije jugando con los palillos— ¿y tu madre?

–Naruto —me regaño entre dientes la pelirroja.

–Está bien, Karin, no me molesta —se dirigió a mi con calma en su mirada— se fué hace un par de años, no la culpo, era joven cuando me tuvo y estaba sola, sin dinero. Al menos estuvo conmigo mas tiempo que mi querido creador, a veces hasta envía postales. Pero mira —alzó los brazos— no me ha ido tan mal.

–Tienes razón —sonreí comiendo un poco— eres un chico genial, me alegra que mi prima eligiera bien.

–Cállate y sigue comiendo —amenazó la pelirroja, reí volviendo a comer. Me recordaba a mi madre, eso era algo que recordaba perfectamente, su temperamento. Las mujeres Uzumaki eran de temer.

Les ayudé a limpiar todo antes de irme, cogí mi bicicleta con pocas ganas de llegar a casa. A unas calles de llegar al centro, me detuve, pensé en que podria hacer algo mejor para aprovechar el dia. Me bajé frente al lugar y dejé mi bicicleta junto a la escalera, guardé mis manos en los bolsillos de la sudadera y me adentre con paso lento observando todo en busca de esa persona.

No pude evitar reconocer esa cabellera castaña, tomé aire y me acerqué esperando que me ayudara.

–Disculpe —dije, tocando su hombro, la mujer se volteó con curiosidad.

–Naruto —habló ilusionada, se acercó para abrazarme pero di un paso atrás incapaz de mirarla fijamente.

–Vengo a visitar a Hinata.

–Oh... Está bien, está en su habitación, no se ha sentido bien —caminamos a la par, no podía siquiera mirarla de reojo, sin recordar como me había abandonado— estas muy alto, casi tan alto como tu papá.

Seguí sin mirarla, paramos frente a la habitación y estaba por abrir la puerta cuando su mano en mi antebrazo me detuvo.

–Por favor, habla con nosotros —tomé su mano con delicadeza y la alejé— por favor. Menma está muy angustiado.

–Si, debe ser difícil que tu familia te ignore —solté con acidez, mirándola a la cara. Se sorprendió de mi arrebato, aún así sonrió maternalmente.

–Todos queríamos que las cosas fueran distintas, piénsalo , ¿esta bien?

Se alejó por el pasillo, aprete la manilla de la puerta con fuerza y respire hondo antes de abrirla.

– ¿Donde esta mi cuñada favorita? —exclamé con una sonrisa.

La pelinegra estaba en su cama, se notaba que estaba decaída y estaba mas pálida de lo normal. Sonrió débilmente y se sentó estirando sus brazos, me acerqué para darle un abrazo antes de sentarme junto a ella.

–No te ves muy bien —comenté.

–Lo mismo digo —respondió riendo.

–Resaca. ¿Cual es tu excusa?

– ¿Resaca? Es jueves.

–El mejor dia para empezar —dije dandole unos empujoncitos— ¿te sientes todos los dias asi?

–No, ya estoy mejor. En una semana saldré de aqui, ¿puedes creerlo?

–Si, pasó rapido el tiempo.

–Para mi se sintió como un año entero.

Sonreí comprensivo.

–Gaara está en rehabilitación —mencioné mirandola de reojo, volví a sonreír cuando noté que logré captar su atención inmediata— en tres semanas estará libre.

– ¿Lo has visto? —preguntó, intentando no sonar preocupada.

–Si, está bien. Tiene que estarlo, si no le pateare el trasero.

– ¿Y tu como has estado? —preguntó apoyandose en su almohada.

–Bien, Bien. Estoy en el equipo de baseball ahora, y cuando termine la temporada estaba pensando en unirme al equipo de basketball o fútbol, no lo sé.

– ¿Entonces todo está bien?

–Si —sonreí, palmeando mis rodillas.

Hinata me miró de pies a cabeza con duda en sus ojos.

–Pareces triste.

–Claro que no —reí incómodo.

–Está bien estar triste —rodo los ojos cuando termino la frase— ahora sueno como mi terapeuta, pero es verdad.

Borré mi sonrisa y me dejé caer en la cama junto a ella, con delicadeza quitó los mechones de cabello que caian sobre mis ojos.

–Te cuento un secreto si tu me cuentas uno —dije.

–Está bien —respondió divertida, continuando con las caricias en mi cabello.

–Me siento solo —murmuré— gasté casi todo el dinero que tenia para hacer una fiesta por qué no quería estar solo. Bebí pensando que me sentiría mejor pero solo me sentí peor, ¿no te ha pasado? Estas rodeado de gente pero aun asi te sientes solo, como si no pertenecieras.

–Naruto...—detuvo sus caricias y junto sus manos sobre su regazo— si, muchas veces.

–Ahora tú —dije volviendo a sentarme.

–No tengo secretos —sonrió suavemente.

–Vamos, yo te dije el mio, todos tenemos secretos.

Mordió su labio mirándome de reojo, tal vez no debería obligarla si era muy personal, estaba por decirle que lo olvidara, que no era necesario cuando me interrumpió.

–Estoy embarazada —soltó rapidamente.

Me atragante con mi propia saliva y comencé a tocer a la vez que intentaba hablar.

– ¡Lo siento! No pensé que te pondrías asi —dijo sobando con fuerza mi espalda.

– ¿Estas embara...—logré decir— ¿es de Gaara?

Me golpeó en el hombro con fuerza, logrando que mi tos se detuviera.

–Claro que es de Gaara —dijo molesta.

–Lo siento, fue estúpido preguntar. Es que no puedo creerlo.

Me acerqué para tocar su vientre, pero golpeó mi mano con fuerza antes de que siguiera.

–Solo tengo unas semanas —volvio a molestarse.

–Lo siento —volvi a decir, con una sonrisa culpable— supongo que no lo sabe.

–No —respondió con tristeza.

–Puedo decirle, cuando vaya a verlo.

–No, tengo que hacerlo yo, aunque no sé como. Y ahora que está en rehabilitación... prefiero esperar. No se lo digas a nadie.

–Por algo es un secreto, ¿no? A cambio tienes que prometer que seré el padrino —sonreímos y tomo mi mano para apretujarla.

–Gracias.

Seguimos charlando por un rato antes de irme, crucé el pasillo con rapidez esperando que Rin no me viera, bajé las escaleras y tome mi bicicleta para volver con calma a mi casa, no podía evitarla para siempre, no mientras Kurama estuviera esperandome.

– ¿Me extrañaste? —dije acariciandolo mientras intentaba saltar sobre mi— yo también te extrañe, ¿que tal carne para la cena? O pollo...

Conté el dinero que me quedaba, tal vez no fue muy buena idea comprar todas esas cervezas...ya me las arreglaria para conseguir mas, pero por el momento, era suficiente.

Kurama me siguió hasta la tienda, compré lo necesario para la semana y volvimos al apartamento, como siempre Kurama corrió por las escaleras, todo era normal hasta que lo escuché gruñir, me apresure preocupado de que alguien estuviera intentando algo, pero cuando llegué vi de quien se trataba. Kurama tenía acorralado a Menma junto a la puerta, el pelinegro se veia tenso y era de esperarse, mi mascota era de temer si no le caías bien.

– ¿Puedes... decirle que no me ataque?

–Cálmate, Kurama —me acerqué y el can se sentó rascando su oreja— ¿como sabes que vivo aquí?

–Rin se contactó con Jiraiya.

– ¿Y ella donde está? —se hizo a un lado mientras yo abría la puerta.

–Dijo que sería mejor que hablaramos los dos primero.

El perro corrió entre mis piernas queriendo ser el primero en entrar, me quede en el umbral dudando si decirle que se fuera o que entrara.

–Yo también te extrañe aunque no quieras creerlo, eres mi hermano gemelo y sé que al igual que yo sentías que algo te faltaba... Todo el tiempo.

Fruncí el ceño tomando el borde de la puerta, Menma lo notó.

–Por favor —suplicó.

Solté la puerta y di media vuelta a la cocina.

–Puedes ayudarme a preparar la cena.

Comimos en silencio mientras mirábamos la televisión.

–Siempre quisiste tener un perro, ¿hace cuánto lo tienes?

–Dos años.

– ¿Y como es que lograste-

– ¿Por que no volvieron como lo prometieron? —le interrumpi.

–Pero si volvimos.

-Después de casi diez años —dije con rencor— ¿no podían visitarme en las vacaciones? ¿O una llamada, mas fácil?

– ¿Crees que fue facil para mi? —apretó los puños, sabía lo que pasaría despues— cuando Rin decidió que nos mudaramos fue para conseguir un mejor trabajo, era la única manera para que le dieran tu custodia.

–Eso no explica nada.

–Trabajaba hasta el cansancio para lograrlo pero los de servicios sociales no quisieron escucharla, dijeron que era demasiada responsabilidad para alguien tan joven. Yo pasaba la mayor parte de mi tiempo estudiando para conseguir notas altas y hacerle la vida un poco mas facil que hice a un lado lo mas importante, a mi hermano.

– ¡Yo nunca te hice a un lado, eras todo lo que tenía! —me levanté enojado golpeándolo en la cara, con sus manos en mi pecho intentó alejarme y al no lograrlo, me devolvió algunos golpes. La pelea habría seguido si no fuera por que Kurama se lanzó sobre nosotros lanzando mordiscos, cuando me hice a un lado caminaba ansioso frente a mi sin dejar de mirar al pelinegro.

Ambos estábamos con la respiración agitada y acalorados a causa de la pelea, aún sentados en el suelo.

–Tienes suerte de que mamá no esté aqui —dijo en tono de broma.

Reí con melancolía, cuando eramos niños soliamos pelear bastante haciendo que mamá se enojara y nos llevara de una oreja hasta nuestra habitación donde nos dejaba mirando a la pared como castigo, otras veces simplemente nos golpeaba en la cabeza para separarnos.

–Enserio lo siento —dijo con tristeza, le respondí con una sonrisa de lado.

–Creo que ya lo solucionamos —le tendi la mano, la aceptó y cuando estuvo de pie tiró de ella para abrazarme con fuerza. Le correspondi apoyando mi mentón en su hombro.

–Suficiente por hoy —lo alejé por los hombros, sonrió de lado guardando sus manos en los bolsillos del pantalon— ya vete antes de que vuelva a golpearte.

–Puedes venir conmigo a casa.

–Un paso a la vez.

Me fui a la cama luego de que se fuera, Kurama saltó a mi lado y dio unas vueltas antes de acostarse a mis pies.

Soñé con mis padres esa noche, estabamos en el campo haciendo un dia de picnic, con Menma corriamos por las colinas y nos lanzabamos sobre el cesped para bajarlas rodando, mi padre había preparado nuestros postres favoritos y mamá lucia un vestido de tirantes que hacía resaltar su cabello.

Varios golpes en la puerta me obligaron a levantarme, camine perezoso hasta el living.

–Ya voy —exclamé bostezando— Temari —dije sorprendido— ¿Que haces aqui? ¿Paso algo?

–No, no. Venía a ver como estabas —me hice a un lado para que entrara.

–Estoy bien —respondí extrañado.

–Supe que Jiraiya volvió a irse de viaje.

–Si, bueno, ya sabes como es el —dije abriendo la nevera.

–Quiero que vengas a vivir con nosotros. No tienes por qué quedarte aquí solo.

La miré sorprendido sin saber que responder.

–Por alguna razón, siempre supe que esto sucedería, te conozco desde que eras un niño. Te alimente y cuide de ti como lo hice con mis hermanos, eres parte de nuestra familia.

Frunci los labios sin esforzarme en no llorar, Temari se acercó y puso su mano en mi mejilla.

–Gracias —dije.

–No tienes por qué. A Kurama le gustará tener un patio para jugar cuando quiera.

Corrí emocionado a mi habitación para buscar mi bolso y guardar toda la ropa que pudiera.

Todo este tiempo estuve equivocado, no estaba solo.

.

.

.

En este capítulo quise que hicieran presencia los demás personajes, hace tiempo que queria escribir sobre Naruto y Hinata compartiendo momentos, sobre todo ahora que ambos están en conflicto. Entonces me pareció bien desarrollar una gran amistad entre ellos considerando que tienen a una persona especial en común.

Dejen su comentario que les pareció c: