Todo le pertenece a JK Rowling, menos esta historia, la cual es de White Squirrel.


Sídney, Nueva Gales del Sur, Australia

29 de julio de 1995

Edward Grayson caminó por su enorme mansión afuera de Sídney, empacando los artículos restantes para su reubicación. Normalmente, prefería viajar ligero, pero para esta tarea necesitaría de todos sus libros de hechizos, pociones, y equipo mágico. Esto lo enviaría por delante de él mientras continuaba siguiendo las líneas de canto. Su viaje de regreso a Inglaterra era de unas doce mil millas. Ya que conocía las rutas bien después de su tour mundial, podría cubrir eso en una semana sin mucho problema, o cuatro o cinco días en un aprieto. En ese momento, parecía que tenía el tiempo suficiente para ese método de viaje. En verdad no le gustaban los trasladores internacionales.

–Aún no veo porque tengas que ir, abuelo –dijo una voz joven–. Ruanda fue lo suficiente malo. ¿No debería Dumbledore manejar su propio maldito país?

La nieta de Grayson, Kylie, era una joven bruja extremadamente dotada al comienzo de su carrera profesional, fácilmente la más probable en la familia a seguir los pasos de Edward. Esto era más impresionante porque mucha de la magia australiana era específica al género y ella tuvo que aprender la mayoría por su cuenta en lugar de su abuelo. Y como muchas nietas buenas, no quería verlo ir a otra misión peligrosa.

–Dumbledore tiene ciento catorce años –le dijo Edward–. Se está volviendo descuidado en su vejez. Está cometiendo errores. No tenía porque haber luchado en África oriental, pero de todos modos lo hizo. Esta guerra podría ser su muerte si no tiene buena ayuda.

–Y tú también casi moriste en África oriental. No tenías que haberte unido a esa fuerza expedicionaria. Sé que es por una buena causa, ¿pero en verdad es una buena idea involucrarse en otra guerra en el extranjero?

–Alguien tiene que hacerlo, Kylie. ¿Quién más podría hacerlo mejor? Sabes que he pasado toda mi vida luchando contra la opresión alrededor del mundo. Soy uno de los pocos magos con vida considerados al nivel de Voldemort.

–Pero ni siquiera tienes el apoyo del Ministerio o de la CIM esta vez.

Esa era una sobresimplificación. Oficialmente, el nuevo puesto de Edward Grayson era Enviado Especial al Ministerio Británico, y oficialmente, ni el Ministerio Australiano ni la CIM se estaban involucrando en los asuntos internos británicos. Sin embargo, estaban interesados en capturar a La Pantera y a cualquier otro mago oscuro que mostrara sus rostros ahí, y eso significaba aprobación tácita para un enviado que estaría involucrado en la naciente guerra civil.

–Hablas como si ese tal Voldemort fuera peor que Grindelwald –dijo ella.

–Lo es –dijo Edward, para su sorpresa–. No en escala… por lo menos no aún… pero en depravedad. Está metido más profundo en la magia oscura que nadie del que haya escuchado. Probablemente no debería decírtelo, pero… ve a Uluru y busca en la sección de magia oscura de la biblioteca algo llamado horrocrux, y entonces ten en mente que Voldemort hizo siete. Y si eso no es suficiente, tiene aliados ahora. Podría haber bastante sangre perdida si no lo paramos pronto.

Kylie suspiró y dio unos pasos para abrazarlo–. Me voy a preocupar por ti, abuelo –dijo–. Todos lo haremos.

–Lo sé, mi pequeña ualabí –dijo él, dándole una palmada en la espalda–, pero puedo cuidarme solo. Necesito que te mantengas fuerte. Tienes trabajo que hacer aquí.

Ella lo miró con confusión–. ¿Trabajo aquí? –dijo ella.

–Así es. Hay trabajo que hacer en casa, y me sentiría mucho mejor si tú te hicieras cargo.

–¿Qué trabajo? Las cosas están bastante tranquilas por aquí.

–Sí, ese es el punto exactamente. –Edward se detuvo por un momento para marcar las cajas finales, agitando su varita distraídamente, marcándolas, Entregar al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, Escocia, con atención a Albus Dumbledore. Los de la mudanza estarían ahí en unas horas para enviarlas. Y el resto de la casa, dejó instrucciones para los vigilantes y jardineros para que la mantuvieran y los jardineros cuidaran de los animales, como había hecho el año pasado–. Deberías mantener a los tigres de Tasmania contigo como el año pasado –dijo a Kylie–. No les va tan bien solos. –Ella asintió–. Ahora, ¿te dije cómo las cosas fueron durante la última guerra civil británica? –preguntó.

–Has dicho bastante durante los años. No sé a que parte te refieras –dijo Kylie.

–Por allá, las cosas estuvieron muy mal –le dijo–. Los hijos de muggles eran matados con regularidad. Cualquiera que hablara en contra era un blanco. El Ministerio Británico estaba al borde del colapso, y las personas tenían miedo de lo que pasaría después. Muchos dejaron el país.

Grayson observó el paisaje fuera de su mansión… el paisaje de su tierra natal. La extrañaría. La amaba de su juventud y había aprendido casi todas las colinas y valles. Estaba en su sangre. Y también sabía lo mucho que significaba para los refugiados a los que había dado la bienvenida al país cuando fue Ministro.

–Sabes –dijo–, que en Gran Bretaña, cuando las personas se van porque hay problemas, no dicen que van a Canadá; no dicen que van a Sudáfrica; no dicen que van a India. Dicen que van a Australia. Eso no es porque está lo más lejos posible. Si fuera el caso, estarían mejor en Nueva Zelanda. Es porque, durante la última guerra, ofrecimos santuario a los refugiados de Gran Bretaña, especialmente a los hijos de muggles. He estado hablando con el Ministro Hitchcock, y ha aceptado que ahora que Voldemort regresó, vamos a hacerlo de nuevo. Esta nunca ha sido solo una guerra británica, sin importar lo mucho que la CIM quiera que sea. Estuvimos involucrados desde el comienzo, y alguien va a tener que encargarse de que las cosas sigan bien en casa.

Kylie abrió los labios un poco, y miró a su abuelo mientras consideraba sus palabras–. Cuidar las cosas en casa… –dijo–. Tengo el presentimiento de que hay más que eso, abuelo. –Su abuelo sabía lo dotada que era. No se necesitaba de un líder poderoso para cuidar a los refugiados. Por lo tanto, tenía algo más en mente.

–Muy bien, ualabí –dijo Edward con una sonrisa–. Has estado prestando atención. Es más que los refugiados. En la última guerra, aceptamos a combatientes de ambos lados… seguidores de Dumbledore con un precio sobre sus cabezas y seguidores de Voldemort que querían escapar… no muchos, pero algunos. Cuando fui Ministro, hice mi póliza el rastrearlos e interrogarlos… de nuevo, en ambos lados, pero especialmente a los mortífagos. No fue fácil. Tuvimos que encontrarlos en la multitud, y muchos de ellos buscaron esconderse, pero tenía a buenas personas buscándolos. Es difícil, pero creo que puedes manejarlo.

Kylie se paró erguida y con más determinación–. Creo poder hacer eso. ¿Qué información vas a necesitar?

–Cualquier cosa que puedas conseguir. En la última guerra, quería saber exactamente qué estaba pasando en caso de que se volviera internacional, y quería darle la ayuda que pudiera a Dumbledore y el Ministerio Británico. Esta vez, sabemos que será internacional. Quizás no deje Europa, pero podría hacerlo en cualquier momento. Necesito cualquier inteligencia sobre los planes de Voldemort que puedas obtener.

–Estás hablando de involucrarnos directamente , y no sólo a través de la CIM –razonó ella–. Eso es atrevido.

–Oficialmente, estamos protegiendo a nuestro propio personal.

–Quieres decir, a ti.

–Así es. Sabes la misión de la CIM: capturar a La Pantera. Si a Voldemort no le agrada eso, es su asunto.

–Excepto que no le gustará, y lo hará nuestro asunto sin importar lo que digamos, así que enviando esa misión, la CIM está efectívamente diciendo que está interviniendo en la pelea. estoy prestando atención a la geopolítica, sabes. Prácticamente están desafiando a Voldemort a que haga esto un conflicto internacional, y este acto dice que no lo vas a hacer como freelance como lo hiciste en África oriental… ¿estás detrás de todo, no es así?

Edward sonrió y le dio una palmada en el hombro. Él examinó el salón por una última vez–. Definitivamente he tenido algo de influencia –dijo–. Esa es la última caja. Vamos a caminar.

La temperatura típica en Sídney en julio era alrededor de los quince grados celsius, pero el sol estaba afuera hoy, y alejó la leve brisa invernal. Edward y Kylie caminaron en un circuito alrededor del colorido jardín de la mansión, mágicamente mejorado para que floreciera todo el año. Después de admirar la vista por unos minutos, Edward habló de nuevo–: Eres una chica brillante, Kylie. Nunca pienses que creí lo contrario. La gran incógnita es si Voldemort tomará el desafío para proteger a su aliada. Por lo que puedo comprender, no juega bien con otros.

–Excepto que, si aliados como tú se unen a Dumbledore, Voldemort puede que decida que aún la necesita –dijo Kylie, comenzando a entender–. Y el que tú vayas hace más probable que se vuelva internacional.

–Hace más probable que la CIM tenga una justificación política para enviar a una fuerza de paz y con suerte acabar más rápido con la guerra –aclaró su abuelo–. Pero tengo miedo. Voldemort lo preferiría por ahora, pero estoy seguro de que actuará en el continente una vez su control sea solidificado en Gran Bretaña, y para entonces, será mucho más difícil de desafiar. Pero lo he hablado con Dumbledore, y pensamos que si podemos movilizar una fuerza de paz de la CIM antes de que esté preparado, lo detendremos antes de que cause muchos daños… Claro, eso significa que si fallamos, será mucho más espectacular.

Kylie murmuró un corto canto bajo su aliento que era una súplica por ayuda a la serpiente arcoíris, del mismo modo que los europeos dirían "Merlín nos ayude"–. ¿Crees que esto podría convertirse en otra guerra de Grindelwald, abuelo?

–No –respondió él con firmeza–. No lo creo. El mundo no es el mismo que en 1939. No hay conflictos internacionales grandes en el mundo muggles que Voldemort pueda usar para su ventaja… ciertamente no en Europa. Estados Unidos es el único poder dominante en el mundo muggle. Pero podría volverse muy malo… mucho peor que en los setentas… si Voldemort en verdad se encasilla y decide hacer lo que Jugashvili hizo en el Cáucaso… incitar una ola de violencia terrorista en el mundo muggle, arrasando con los balcanes o quizás sobre África del norte y por toda Europa. Si intenta eso, podría hacer que los problemas en Irlanda luzcan como niñerías, e incluso podríamos ver intervención militar muggle en esas zonas.

–Lo cual fácilmente involucraría al gobierno australiano muggle –razonó Kylie con astucia.

–Ves a donde va esto. A los estadounidenses también. No será otra guerra de Grindelwald, pero sería el Cáucaso por todo Europa. Eso es lo que intentamos prevenir. Eso es por lo que tenemos que ir.

–Tienes razón –aceptó Kylie rápidamente, inclinándose para abrazarlo de nuevo–. Tienes razón, abuelo. Pero sabes que aún me preocuparé por ti.

–Lo sé, ualabí.

–Te das cuenta que básicamente estás provocando a Voldemort usándote como anzuelo.

–La idea cruzó mi mente, sí. No te insultaré pretendiendo que es perfectamente seguro, pero sabes que puedo cuidarme. Honestamente, a este punto, sospecho que puedo cuidarme mejor que Dumbledore puede. Sólo recuerda, estoy haciendo esto por ti… por ti y por Australia.

–Ahora, de regreso a los refugiados, hay algo que debes saber. Si esto se vuelve mundial, puedes estar segura de que Voldemort tendrá agentes internacionales. Van a intentar causar problemas aquí. Y eso es por lo que necesito tu ayuda… Si vamos a hacer de este país un santuario, tendremos que defender nuestras costas de mortífagos buscando venganza… tendrás que defenderlas. El Ministro Hitchcock ha aceptado crear un Comité de Defensa en el Departamento de Interior. Le pedí que te pusiera a cargo, si aceptas el puesto.

–¿Qué? ¿Yo? –dijo Kylie sorprendida–. Eso… quiero decir, sólo tengo veinticuatro años. Debe de haber brujas y magos más cualificados.

–No muchos. Y tienes la misma edad que yo en 1940, cuando mi padre me puso en la misma posición durante la guerra de Grindelwald.

Sí, recordaba eso de las historias de su abuelo. Aún así, no era el tipo de trabajo que había esperado tener algún día–. No se mucho sobre ese tipo de cosas –dijo ella.

–Entonces rodéate de personas confiables que sí. Sé que puedes hacerlo. Eres lista, capaz, de gran talento mágico, y amas a este país tanto como yo. Confío en ti para esto.

–Vaya, yo… gracias, abuelo, pero… ¿para cuándo necesita Hitchcock una respuesta?

–Preferiblemente en menos de una semana. Si algo pasa, podría esperar hasta finales de agosto, pero comenzando el primero de septiembre, Dumbledore quiere a todos los jugadores en posición, y estoy de acuerdo.

–El comienzo del año escolar.

–Cierto. Por obvias razones.

–De acuerdo, entonces, creo que lo pensaré, probablemente hable con mamá y papá, y hablaré con Hitchcock antes del próximo fin de semana… de cualquier modo, me alegra que pienses tanto de mi.

–Sólo dale toda tu consideración. Es todo lo que pido. Bueno… creo que es todo. Necesito irme ahora si quiero llegar a Nueva Guinea antes del anochecer.

–¿Te molesta si te acompaño hasta el estrecho de Torres, abuelo? –preguntó Kylie.

Edward sonrió–: Me gustaría mucho eso, ualabí.

Caminaron a la colina cercana fuera de la mirada de los muggles y comenzaron los cantos para la línea de canto que seguía a la costa este. Cantaron en un tipo de contrapunto, ya que grandes partes de la línea de canto tenía partes diferentes para hombres y mujeres, e incluso cuando ninguna palabra fue intercambiada por esos cientos de millas, ambos lo contaron como tiempo de calidad compartido.