La profecía maya, estudiada por White Squirrel, da todo el poder a JK Rowling.
Boca del río Ulúa, Honduras
31 de julio de 1995
En la mayoría de los lugares, no era fuera de la norma que una balsa apareciera en el océano. Era mucho menos normal que apareciara de la nada con un fuerte estruendo. Era mucho menos normal aún que nueve de ellas hicieran lo mismo en unos minutos. Pero los pocos habitantes de la zona nunca notaban esto porque repentinamente habían sido inundados por una extraña tormenta… una tormenta que caía sin falla cada año el treinta y uno de julio, a las once de la mañana en punto, y siempre terminaba a las once veintidós, puntual como un reloj.
Cuando las nubes de la tormenta pasaron, nueve balsas antiguas de ruedas de paletas que enarbolaban las banderas de ocho naciones naciones centroamericanas y del caribe y un territorio estadounidense se unieron en el estuario y comenzaron a moverse en el Ulúa, río arriba. El área estaba escasamente poblada, marcada por palmas y manglares y tramos de tierras de cultivo aquí y allá. Habría más personas río arriba… más cultivos y el pueblo ocasional hasta que llegaran a las regiones más boscosas y montañosas de Honduras… pero por alguna razón, las personas nunca parecían mirar muy de cerca a las nueve balsas que navegaban el río juntas, o que cada balsa estaba marcada con un emblema con el aspecto de un resplandeciente quetzal en pleno vuelo y las palabras Escuela Oxwitik, o que cada una parecía llevar a varias docenas de estudiantes y solo a un par de adultos, todos vestidos con ropa inusual.
Otra extrañeza de esas balsas: en cuanto se acercaron una a otra, se enlazaron de esquina a esquina y comenzaron a extender pasamanos de una a otra… lo cual era difícil de manejar por las ruedas de paletas, pero lo hicieron de todos modos… formando una red que permitía que cualquiera caminara de un extremo de la flotilla al otro, lo cual era lo que muchos de los jóvenes comenzaron a hacer… caminando a lo largo de las balsas para reunirse con sus amigos.
Un chico llamado Pakal Ahaual caminó de la balsa más grande, la proveniente de Guatemala, a lo largo de la flotilla hasta llegar a una más pequeña, la de Cuba. Pakal se sentía en conflicto este año. La atmósfera en su país natal había estado más tranquila este verano. Habían disfrutado de un respiro de una amenaza muy preocupante del norte. Pero personajes menos malvados habían estado cubriendo el hueco y de algún modo estaban causando más conflictos raciales de los que había habido antes.
Intentó ignorar el pensamiento y revisó la cubierta hasta encontrar a un chico moreno y bajito en el segundo bote y lo saludó, llamando–, ¡César! ¡Oye, César!
–¡Hola Pakal! –gritó César de regreso, apresurándose por el pasamanos–. ¿Qué onda? ¿Cómo estuvo tu verano?
–Aj. Complicado –dijo Pakal–. ¿Y cómo estás tú? Veo que lograste escapar la isla oscura de nuevo.
–Bájale, colega, solo son los muggles los que intentan evitar que nos vayamos, y solo hay como cinco de ellos que saben sobre nosotros en primer lugar.
El mejor amigo de Pakal, César Corrales, venía de Cuba, el cual era uno de los pocos países en los que los gobiernos mágico y muggle no estaban en buenos términos, incluso bajo los estándares más relajados de los magos. Pero a los sangre pura como él no les importaba.
–Ya. Ya. ¿Tu verano estuvo bien, entonces?
–Sí. Fuimos a Machu Picchu por una semana.
–¿Fuiste a otra escuela? –dijo Pakal.
–No a la escuela: al pueblo… el que está por la ruinas. Deberías verlo. Es una locura, como lo hacen. Un lado del lugar está lleno de muggles, y nosotros estamos ahí en el otro lado de la montaña, haciendo magia y todo. Y también aún usan las ruinas para sus rituales astronómicos.
–Bueno, claro. Aún usan nuestras pirámides, y esas son seiscientos años más antiguas –dijo Pakal, pero de inmediato se sintió consciente de sí mismo. Pakal era casi maya puro, pero no era un hecho que le gustaba divulgar en la escuela, y mucho menos que su familia aún seguía las tradiciones mayas. Atraía demasiadas miradas sospechosas estos días–. Oye, ¿has visto ha Idania? –cambió el tema.
–No, probablemente aún está con los nicaragüenses.
–Vamos a buscarla antes de que haga explotar algo. –Se fue a popa, apenas y tomándose el tiempo de saludar a sus otros conocidos cubanos y prácticamente saltó de una balsa a la otra.
Las nueve balsas en la flotilla estaban todas amuebladas con las mismas decoraciones españolas y mesoamericanas, a pesar del aspecto de "botes del Mississippi" y estaban acomodadas de la más grande al frente, la guatemalteca, con más de cien estudiantes a bordo, a la más pequeña en la retaguardia, la panameña, con sólo veinticinco, dando a todo una apariencia sorprendentemente unificada. El contingente nicaragüense estaba en medio del grupo, aunque resultó que Idania ya había comenzado a buscarlos, y casi tan pronto como cruzaron el siguiente pasamanos, ahí estaba ella, enfrente de ellos.
Y ambos chicos la miraron sorprendidos.
A sus trece años, Idania Amador ya era considerada como una de las chicas más bonitas en su año, y después de un verano lejos, arreglada para el primer día de escuela, y usando un nuevo vestido veraniego, esa evaluación sólo podía mejorar, lo cual significaba que sus dos mejores amigos varones estuvieron atrapados mirándola el tiempo suficiente para que ella corriera a ellos y soltara una risita por su predicamento.
–Eh, hola, Idania –se recuperó Pakal–. T...te ves...
–Caliente –dijo César sin descaro.
Idania se rio de nuevo–: Muchas gracias, chicos. ¿No se metieron en muchos problemas sin mi este verano, verdad?
–Ja. No creo que sea posible para nosotros meternos en tantos problemas como tú, Idania –respondió César.
–Me la pasé evitándolos –dijo Pakal con tono más suave.
–Pues yo tuve un verano excelente –dijo Idania–. Mis padres finalmente me dejaron comenzar mi tutoría en duelos. Mi instructor dijo que quizás podría participar en el Abierto Juvenil Norteamericano el próximo año.
-¡Dios mío! –dijo César–. Como si no fueras ya lo suficiente escalofriante.
Idania se rio–: Oh, ¿no creías poder evitarlo, verdad? Sabías que quería aprender. Aunque no estoy segura de si podría caber en nuestro calendario. Mis padres estarán en campaña en el mundo muggle el próximo verano. Ya saben como es.
Idania quizás era una belleza naciente natural, pero era un desafío para los chicos. No solo era una revoltosa de primera, pero también había generado más controversia que la mayoría de sus compañeros juntos, entre todo por su amistad con César. La mayoría de los magos en Cuba se oponían al gobierno muggle por sus intentos de controlar la población mágica, y los padres de Idania, aunque mágicos, eran sandinistas acérrimos… los demócratas socialistas ahora fuera del poder con lazos cercanos a los comunistas cubanos. No era sorpresa que, como un maya tradicionalista, Pakal se había vuelto muy cercano a sus compañeros marginados a finales de su primer año.
César solo rodó sus ojos a su pronunciamiento, pero Pakal estaba dispuesto a tomar un interés en sus intereses políticos–. ¿Oh? –preguntó–. ¿Hay mejores prospectos que la última vez?
–No, no realmente, desafortunadamente, pero vamos a continuar la lucha. Pero bueno, ¿y qué tal sus veranos? ¿Hicieron algo interesante?
Pakal abrió su boca para responder, pero fue interrumpido por gritos de más atrás en la flotilla.
–¡Ahí está!
–¡Oye! ¡Oye! ¡Ahí estás, Ahaual!
Pakal gruñó. Era el mismo grupo de ladinos de la balsa guatemalteca que habían estado molestándolo y a los otros mayas todo el viaje.
–Ahaual, tenemos algo que decirte si ya dejaste de sacrificar para Itzamná –dijo el líder. Era un chico de aspecto particularmente enojado a quien Pakal reconocía del rostro, pero no recordaba su nombre.
–¡Salve Itzamná! ¡Salve Itzamná! –se burlaron los otros chicos con tonos siniestros, agitando sus manos como si estuvieran participando en un canto druida.
Pakal luchó el impulso de lanzarles un maleficio. Y había intentado evadirlos toda la mañana.
–¡Ese ni siquiera es un insulto, idiotas! –gritó él.
–¡No para ti! –dijeron ellos.
–¿Pueden dejarme en paz? –dijo él.
–¡No puedes hablarnos así después de este verano! –dijo el líder del grupo, acercándose–. Me sorprende que te aparecieras. ¿Decidiste regresar a la escuela ahora que tu ama se fue?
–La Pantera no es mi ama –gruñó Pakal–. Odio lo que está haciendo, y me gustaría patearle el trasero.
–Más bien que te enseñe su trasero –se burló uno, provocando una ronda de carcajadas.
Idania saltó en frente de su amigo–: ¡Eso es asqueroso!
–No, hombre, escuché que le gustan las mujeres –dijo el tercero–. Mejor cuídate tú. Tu amigo quizás reciba algo extra por llevarte a ella.
Pakal se enfureció. Eso era cruzar la línea.
Pero por supuesto, Idania podía cuidarse sola. Sosteniendo a Pakal con un brazo a sus espaldas, sacó su varita y dijo–, Más vale que te cuides, niño. Quizás tenga que llamarte para un duelo de práctica.
–¡No te metas, Amador! –dijo el líder y se puso enfrente del rostro de Pakal–. Esto es entre nosotros y Ahaual.
Pakal no quería que sus amigos se metieran en esta pelea, así que salió de detrás de Idania.
–Mira, no quiero problemas –dijo.
–¿Un poco tarde para eso, no? Tu gente ha estado causando muchos problemas.
Cortez. Ese era su nombre.
–No son mi gente –insistió Pakal, su voz elevándose–. Son unos cuantos locos que tratan de hablar por nosotros cuando ni siquiera son mayas. Son aztecas.
–¿Lo son? Los bastardos que se llevaron a nuestro perro el mes pasado no lo sacrificaron a Tezcatlipoca. Lo sacrificaron a Itzamná. ¿Sabías que mi papá ha sido uno de los que ha empujado al Ministerio a hacer algo contra la Señora Oscura? ¿El Ministerio que tu gente controla? ¿Sabías que dijeron a mi padre que se callara o mi hermanita sería la siguiente? ¡¿Eh?!
El chico más joven levantó sus manos y dio un paso atrás del molesto estudiante de quinto año. Sus manos estaban temblando–. Mira, lamento lo de tu perro, pero nosotros no hacemos eso. Criamos a nuestros propios animales, y no hemos hecho sacrificios humanos en trescientos años.
–¡Mentiroso! –gritó Cortez.
–¡Y no apoyamos a La Pantera! –Claro, no podía incluir a su familia extendida en eso. Vergonzosamente, sabía que tenía un primo o dos que estaban del lado de la Señora Oscura.
–¡Déjenlo en paz! –dijo César. Él e Idania tenían sus varitas afuera y parecían listos para lanzar maleficios.
–Fuera de nuestro camino, niños… –Cortez y sus amigos dieron un paso al frente, varitas en alto.
Los hechizos volaron. César terminó en el suelo de espaldas casi de inmediato. Idania aguantó más, pero pronto cayó bajo un oponente más experimentado. Cortez lanzó maleficios a Pakal.
¡CRAC! En una explosión de magia fuera de control, una ventisca repentina sopló e hizo caer a Cortez. Pakal miró a su varita sorprendido. ¿Él había hecho eso?
Los otros chicos se dirigieron a él.
–¡Protego! ¡Déjennos en paz! –gritó–. ¡No soy un seguidor de Meztli Ocelotl, La Pantera de Veracruz, que Itzamná la maldiga a Xibalbá! ¡Así que aléjense!
El grupo de ladinos soltó un grito ahogado, y todos cerca guardaron silencio. Al contrario de Voldemort, La Pantera quería que usaran su nombre asumido. Y también al contrario de Voldemort, no había superstición rodeando su nombre. Era sólo que todos sabían que se lo tomaba como ofensa personal cuando alguien no usaba su título elegido. Aunque podía ser discutido que Pakal había usado una expresión formal, pero el calificativo lo cancelaría.
–¡Estás loco! –gritó Cortez.
–¡O es un agente doble! –dijo uno de sus amigos.
–Vamos, será mejor evitarlo –dijo el tercero–. No hay manera de saber qué hará eso. –Los chicos mayores huyeron, sin duda a esparcir la palabra.
–No pensé que eso funcionaría –dijo Pakal una vez se fueron. Se giró para ver a sus dos mejores amigos mirándolo horrorizados.
–Eh… Pakal, amigo… sé que no te agrada esa mujer –dijo César–, pero el maldecirla al inframundo es una mala idea.
–Sí –agregó Idania–. Estoy segura de que todos lo sabrán cuando lleguemos a la escuela.
–Lo sé, lo sé –gruñó él–. Pero ya no podía aguantarlo. Y no es como si fuera un secreto que mi familia está en su contra. Ha sido así todo el verano en casa. Todos nos miran como si nos tuvieran miedo, especialmente a los que como nosotros siguen los viejo ritos. Casi tenemos que tomar un lado. Y peor, se burlan de nuestra fe porque tienen miedo de que nos vamos a ir al lado oscuro o algo. Quiero decir, vamos. No es como si me vieran burlándome de alguno de los Santiago o de la Inmaculada Concepción.
–No. Siempre eres muy respetuoso –le aseguró Idania–. Pero vamos, vayámonos de aquí antes de que uno de los chaperones se aparezca.
Caminaron en otra dirección, más profundo en la flotilla, y continuaron hasta llegar a la pequeña balsa panameña.
–Vaya, eso fue emocionante –dijo Idania–. ¿Y qué tal su verano?
César respondió primero, repitiendo la historia de su viaje a Machu Picchu para ella.
–Vaya, suena genial –comentó ella–. Desearía que tuviéramos más lugares así en Nicaragua.
–Creeme, no es tan padre como suena –respondió Pakal.
–No deberías estar avergonzado de tu herencia –dijo ella.
–¡No me avergüenzo de mi herencia! –exclamó él–. Me avergüenzo de lo que algunas personas hacen con eso, los idiotas. ¡En serio! ¿Sacrificios humanos? No necesitamos regresar a esos días. Es el maldito siglo XX. Somos mejores que eso. Pero algunos no pueden verlo, así que algunos ladinos no pueden ver que no todos somos así… sin ofender. –Tomó un gran respiro cuando terminó con su rabieta.
Sus amigos solo lo miraron.
Finalmente, Idania dijo–, ¿Te sientes mejor?
Él tomó otro gran respiro–. Sí, mejor –dijo–. Por Itzamná, cómo los extrañé. –Había sido difícil los últimos años. La Pantera era más como una jefa criminal que la mayoría de los señores y señoras oscuros, pero todos sabían que tenía en mente unificar a todas las brujas y magos mesoamericanos… lo cual incluía a todo Guatemala y Belice y el sur de México… bajo el manto de las viejas tradiciones. Y eso creaba una gran división entre los magos maya y aztecas, y los latinos, ladinos, o de otro modo descendientes de magos españoles aún cuando la mayoría de los pueblos indígenas étnicos estaban en su contra, y entre su reclutamiento y amenazas, su influencia en los grupos parecía crecer cada año. Y los tradicionalistas como Pakal se llevaban la peor parte.
–¿Aún es pesado en casa, entonces? –preguntó César.
–Depende a quien preguntes. En unas maneras, no es tan malo como antes. –Bajo su voz hasta ser un susurro–. Hemos tenido un respiro porque La Pantera está fuera del país. Pero también ha empeorado porque nuestro Ministerio decidió ir tras su organización mientras está lejos, y están luchando de regreso.
–¿Es extraño, no? –dijo César–. Desaparece de Veracruz por meses, y lo siguiente que alguien sabe de ella, está en Inglaterra trabajando con ese otro mago oscuro… Señor Vuelo de la Muerte, creo.
–Estoy bastante segura de que es Lord Voldemort –dijo Idana con desdén–. Lord. ¿Por qué siempre tienen que llamarse Lords y Ladys? Falsos aristócratas, todos. Pero supongo que no hay muchos magos oscuros socialistas que nos hagan ver mal.
–Probablemente quieren sonar más importantes –sugirió César.
–Para nada –dijo Pakal en voz baja. Sus dos amigos lo miraron sorprendidos. Este no era un tema del que hablaban mucho–. Ellos no se llaman a sí mismos lords o ladys. La Pantera prefiere Sacerdotisa Pantera. Lo de "Señora Oscura" y "Lady Pantera" es algo que le designaron en los Estados Unidos.
–No sabía eso –dijo Idania.
–No muchos la llaman eso excepto sus seguidores –dijo él–. No es una sacerdotisa de ninguna religión respetable que la gente siga. Es por lo que la mayoría solo la llaman La Pantera.
–Me pregunto qué pasará en Inglaterra ahora que han formado una alianza.
–No me importa. Yo solo me alegro de que esté lejos de nosotros, y sería genial si se llevara a sus seguidores con ella.
–Eso no es muy amable –resopló Idania–. Ellos van a estar en tantos problemas como tu gente.
–¿Pero no es tan malo en el Reino Unido, verdad? –preguntó César–. Tienen a Albus Dumbledore, ¿no? Él ganó la guerra de Grindelwald por sí solo.
–¿Dumbledore? –dijo Idania–. No sé. Debe de estar muy viejo ahora.
–No creo que Voldemort sea un jovencito tampoco –dijo Pakal–. ¿Qué no se apareció por primera vez en los sesenta? No lo sé. Mi conocimiento de historia de la magia mundial no es bueno.
–Sí, creo que eso es correcto. Y Dumbledore no está solo –agregó César–. Tiene a Harry Potter, y él ganó ese torneo y mató a un basilisco y un montón de otras cosas. Y Grayson de Australia ha estado por allá también.
–Eso probablemente ayude, pero aún va a ser difícil para ellos. Todos lo están diciendo –dijo Idania.
–Pues yo espero que Dumbledore y Grayson y Potter y a quien sea que tengan acaben con los dos –dijo Pakal–. No la queremos de regreso. Claro, obviamente arregló las cosas para estar lejos por un tiempo, por como sus seguidores continúan sin ella.
–De acuerdo, pero deberías calmarte, Pakal –dijo Idania–. Anda, ya vamos a llegar a la escuela, y la mayoría de nosotros no está interesado en política guatemalteca. Puedes descansar un poco de todo ese desastre.
–Si, lo sé… en parte. Sólo desearía poder convencer a las personas de que no soy como ellos.
–Pakal, no puedes hacer más de lo que ya estás haciendo. Ya estás mostrando a todos que hay una manera mejor. Eres amable y considerado en general, ayudas cuando te lo piden, y no lanzas maldiciones a las personas que no te agradan… normalmente. Eres prueba viviente de que se puede seguir la religión maya y no ser oscuro.
Pakal y César se detuvieron y la miraron.
–Eso fue algo escalofriante –dijo César–. ¿Quién eres y qué hiciste con nuestra hija de La Revolución?
Idania suspiró dramáticamente–. Oye, puedo ser sensible cuando quiero –resopló ella–. La hija de la Revolución aún sigue aquí, pero les dije hace mucho tiempo que mis padres se calmaron después de que perdimos la última elección. Me dijeron que lo que se puede hacer es adoptar una postura y probar que eres mejor que el otro lado… que se puede ser fuerte sin recurrir a sus malas tácticas… además, eso es lo que dijo mi padre a mi madre cuando Haití ganó contra Nicaragua en el último partido de quidditch, ¡e hicieron trampa! –gritó las últimas palabras.
Sus dos amigos se rieron.
Pakal sonrió y rodeó los hombros de cada uno con sus brazos–. Saben –dijo–, creo que todo va a estar bien este año.
