En Rusia soviética, JK Rowling lee a White Squirrel.
Grozni, Chechenia, Federación Rusa
13 de agosto de 1995
Donduk Kuvezin tomó asiento en la parte de atrás del bar en una de las zonas más tranquilas de la ciudad, sentado con su espalda contra la pared y asegurándose de poder ver el largo del edificio. Las cosas habían estado mucho más tranquilas en esta ciudad desde que el ejército muggle ruso la había capturado en febrero, pero las cosas no siempre seguían el mismo modelo en el mundo mágico que en el muggle, y todos sabían que los agentes de Konstantin Jugashvili aún estaban en acción, preparándose para otro asalto separatista… quizás no por un año, pero llegaría.
Donduk estaba esperando a que su contacto normal llegara. Venía tarde hoy, lo cual normalmente significaba noticias, malas, y mientras más se tardaba, más preocupado se sentía de que ambos serían descubiertos. Este era un juego peligroso, incluso con lo poco que trataba hacer. Todo lo era cuando Konstantin Jugashvili estaba involucrado.
No estaba ahí para matar a Jugashvili. Esa sería una misión sin sentido. Puede que el hombre haya sido exiliado, pero aún era poderoso al nivel de un Edward Grayson o un Lord Voldemort. No solo eso, pero había dominado los secretos tuvanos y de otras tribus siberianas para la adivinación, y había estudiado lo suficiente en el lejano oriente que era un experto en moverse sin ser visto. Nadie en quien no confiara podría acercarse lo suficiente para matarlo.
No, la misión de Donduk era una de recolección de inteligencia. Ni siquiera había un plan de acción en desarrollo, pero los ancianos en su hogar en Tuva estaban muy interesados en mantenerse al tanto de los movimientos de Jugashvili, y ofrecían grandes incentivos a brujas y magos jóvenes que estuvieran dispuestos a viajar a Chechenia por un año para intentar monitorearlo.
Él sólo había visto al hombre una vez. Alguna vez el héroe del Ejército Rojo mágico en la guerra de Grindelwald, había cambiado desde entonces. Era un hombre duro de barba gris con el peso de los años de lucha. Pero quien confundiera esa dureza por fatiga o vulnerabilidad no viviría para arrepentirse. Era fuerte, y era un hombre que estaba en esto a la larga.
El contacto de Donduk era un hombre similar a él. Sólo lo conocía por su nom de guerre, Yakov el Rojo, pero sabía que era un mago de la República de Udmurtia en la región Ural en el occidente… no realmente parte de Siberia, pero su gente había sido abusada de manera similar por Jugashvili, sus tradiciones únicas robadas y usadas en su contra. Tenía brillante cabello rojo, así como muchos en Udmurtia, pero se hacía pasar de manera convincente por un hombre de San Petersburgo. Al contrario de Donduk, había estado metido profundo en este juego por años. Donduk ni siquiera tenía un nombre en clave, sin decir nada de intentar pasar por una etnicidad que estaba por encima de la sospecha de la gente de Jugashvili. Yakov el Rojo posiblemente estaba tomándose un gran riesgo al trabajar con él, así que estaba teniendo que asegurarse de seguir haciendo que valiera la pena.
Levantó la mirada del libro que estaba medio leyendo cada vez que se abrió la puerta. Eventualmente, su vigilancia dio resultado cuando Yakov el Rojo entró al bar. Su cubierta no era impenetrable, pero era buena. El hombre pelirrojo estaba vestido igual que cualquier otro mago ruso de las partes más cosmopolitas del país, con las suficientes excentricidades para no lucir como un tipo de golem… un sombrero inclinado en un ángulo extraño como si intentara lucir un poco distintivo, un par de zapatos verdes que no combinaban con su túnica, como si fuera tacaño o flojo… cosas como esa. Lucía tan normal que si Donduk no hubiera conocido ya su rostro, nunca hubiera notado lo normal que lucía.
Yakov compró una cerveza, y después revisó el bar y fingió ver al hombre con el libro por primera vez. Caminó a la mesa casualmente, mirando en diagonal a él, y dijo–, ¿Tolstoy? Luces más como un hombre que preferiría Dostoyevski.
–¿Aún cuento como uno si me canso de leerlo después de un tiempo? –respondió con la frase clave correcta, aún si inane.
–No lo sé. Suena como un compromiso para mi. –Yakov el Rojo se sentó con ademán que le permitió mirar a todo el bar de manera discreta. Inclinándose e inhalando el aroma de su cerveza mediocre, habló en voz baja–, Dijiste que un hombre de Yakutsk vendría pronto. ¿Dónde está?
–Ella, de hecho, estoy seguro de que fue retrasada en Kazajistán –respondió Donduk, dejando su libro–. Puedo hacer una lectura para predecir donde estará esta noche si quieres.
–Bien. Mientras cierto mago oscuro no se entere –advirtió Yakov.
–Ningún sistema es perfecto, lo sabes. Pero la probabilidad de que alguien más interfiera con mi trance y predicción es astronómica si no lo están buscando.Y si él lo está, ya estamos muertos de todos modos.
–De acuerdo. Hazlo. Pero ningún mensaje astral. Cometimos ese error hacer tres años.
Normalmente, Donduk no ponía reparos al espía más experimentados, pero en este caso, la insinuación lo hizo rechinar los dientes–. Nosotros cometimos ese error en 1948, Yakov. Los ancianos no enviaron a un novato a ayudarte.
–Uno no puede ser muy cuidadoso cuando el Señor Oscuro de Leningrado está involucrado –le recordó Yakov.
Los espías nunca llamaban a Jugashvili en voz alta. Probablemente era seguro, pero nunca se sabía si tenía algo como un campo tabú de corto rango a su alrededor producido por su diverso aprendizaje chamánico que te atraparía si estabas en la misma cuadra–. ¿Alguna noticia de tus rastros?
Donduk esperaba que se refiriera a las personas a las que estaba siguiendo y no a las que lo seguían a él, a quienes estaba seguro había escapado. Era el trabajo que tenía que hacer para que valiera la confianza de Yakov. Era un juego peligroso, y uno muy cerebral… un juego jugado por adivinación tanto como por espionaje tradicional… pero aún estaba vivo, lo cual significaba que lo había jugado bien hasta el momento–. Sin cambios –reportó–. O no muchos. Él aún está reclutando, igual que siempre. Entrenando a personas y movilizando bienes… mágicos y muggles. Está movilizando más armas muggles. Hay un rumor de que está entrenando a magos para usar armas muggles, pero aún estoy intentando confirmarlo.
–No me sorprendería –dijo Yakov–. Son rápidas, mortales, y pueden ser encantadas para que sean silenciosas, o cerca de.
–¿Pero por qué? Puedo bloquear un cuarto entero con un solo hechizo.
–No seas engreído, niño. Tienes que verlas primero. Si un hombre con una pistola de atrapa de sorpresa, no tendrás tiempo de protegerte con un escudo.
–Supongo que no –admitió Donduk–. Pero eso explicaría una cosa.
Yakov elevó las cejas, muy interesado–: ¿Qué es eso?
–Él no ha estado tan agresivo como el año pasado. Eso ya te lo había dicho. Creo que después de que los muggles perdieron la ciudad, ha estado teniendo más cuidado, asegurándose de que todo esté en posición antes de contraatacar.
–¿Incluyendo al ejército muggle? –razonó Yakov–. Esa es una mala noticia si tiene sus garras en ellos. Y extraño, considerando lo que yo he escuchado.
–¿Oh? –dijo Donduk con interés–. ¿Y qué has escuchado?
–Escuché que ha recibido algunos visitantes extranjeros.
–¿Extranjeros? ¿Qué tan extranjeros estamos hablando?
–Bastante extranjeros. Ingleses.
–¿Ingleses? –Esas eran noticias. Alguien como Jugashvili normalmente no recibiría visitas de otro país… o de fuera de la antigua Unión Soviética, para ser más precisos. ¿E ingleses? El Ministerio Británico siempre había estado firmemente en su contra. Eso sólo quería decir… Soltó un grito ahogado–: Son de Volde...
–¡No lo digas! –siseó Yakov–. No sabes qué espías Lord V. tiene alrededor, pero si tienen miedo de decir su nombre en Gran Bretaña, es por algo.
–Lo siento –dijo Donduk, aunque por lo que sabía, sus métodos de adivinación eran tan poco usados en el occidente que la posibilidad de que estos representantes los usaran era mínima–. ¿Quiénes son?
–No sé mucho aún. Vi a dos hombres grandes y corpulentos. El primero tenía cabello negro, bigote, y un aprecio por las navajas. Su nombre era Macnair o algo similar. Y su amigo era aún más grande, pero rubio… Rowle. No escuché mucho más, pero sí recibí un mensaje de casa diciendo que solo vinieron aquí después de pasar por los Urales.
Donduk conocía la geografía de Rusia mágica bastante bien, y sólo había una cosa de interés ahí–. La última comunidad de gigantes en Europa –dijo.
–Da. Fueron aliados la última vez que Lord V. causó problemas. Es natural que los busque de nuevo. Pero el Señor Oscuro de Leningrado es otra historia.
–Si recuerdo bien mi historia, la última vez que Lord V. tuvo poder, el Señor Oscuro de Leningrado aún estaba en poder y no quería nada que ver con el occidente.
–¿Pero…? –preuntó Yakov.
Era una prueba, por supuesto, se dio cuenta Donduk… una prueba para asegurarse de que era lo suficiente listo para conservar su trabajo. ¿Y por qué no? Las expectativas se habían incrementado. Claro, esta pregunta en particular era una fácil–. Pero se ha vuelto más práctico desde que perdió poder. Tomará la ayuda para los chechenos que pueda, sin importar de donde venga.
–Muy bien. Ahora, siguiente pregunta: ¿qué tiene que podría llamar la atención de Lord V?
Otra fácil–: Conocimiento mágico. ¿Un adivinador poderoso en el oeste, donde la práctica seria no es común? Eso podría perturbar a toda Europa occidental… Pero él está ocupado aquí. Está dedicando sus recursos y está interviniendo personalmente para recuperar Chechenia. La adivinación es más difícil a esas distancias. ¿Acaso Lord V. cree que puede llevarlo a Gran Bretaña a ayudarlo?
Yakov le dio una mirada que decía, En verdad necesitas deducir esto por ti mismo, niño.
–Nyet. Está consultando al oráculo.
–Da.
–Por supuesto. Él es poderoso, pero Lord V. no necesita poder. Necesita información. Nuestro Señor Oscuro puede que viaje unas cuantas veces a Gran Bretaña, pero lo importante es que la gente de Lord V. puede venir aquí a consultarlo.
–Ahora lo ves –confirmó Yakov–. Y esa es una línea más de ayuda que nuestro Señor Oscuro tiene a su disposición.
–De acuerdo, entonces ese es el juego nuevo. Ahora, ¿qué hacemos?
–Lo mismo que hemos estado haciendo: monitorear, conseguir todos los detalles sucios, y documentar todo para poder enviarlo a la CIM en caso de que él cruce su línea. –Escupió a la lenta respuesta de la CIM–. Solo que ahora, tenemos unos cuantos jugadores más a los cuales vigilar… jugadores con posibles conexiones con los gigantes.
Donduk suprimió sus escalofríos. Había escuchado historias de los gigantes. Casi todos en el mundo mágico lo habían hecho. Habían perdido noventa por ciento de la población ya menguante en el último siglo desde que los muggles habían dejado de explorar el mundo, pero un gigante salvaje aún podía ser encontrado en las zonas más agrestes como Siberia–. Gigantes –murmuró–. Eso es o muy bueno o muy malo.
Yakov elevó una ceja–: ¿En qué sentido?
–Malo porque un gigante está al par de un dragón promedio, y es lo último que necesitamos aquí o en Gran Bretaña. Bueno porque si cruzan las fronteras internacionales llamarán la atención de la CIM.
Yakov sonrió cínicamente–. No cuentes con eso –dijo–. Lord V. ya tiene a una Señora Oscura de América trabajando para él, y la CIM sólo envió a un pequeño contingente a intentar arrestarla, y eso fue todo. Demonios, les tomó meses actuar en Ruanda, y estaban masacrando muggles por cientos y miles ahí. Además, si tenemos tazón sobre los planes de Lord V, la CIM probablemente intervendrá en Inglaterra en lugar de molestarse con nosotros. Estamos solos, igual que siempre.
–De acuerdo. ¿Cuál es nuestro plan entonces?
–Nos separaremos y vigilaremos a los británicos junto con sus hombres. Encuentra a tu contacto yakuto y ponla al tanto de la situación… en persona, obviamente. Tendremos bastante trabajo para ella cuando llegue.
La espía yakuta, Uruydaana Ukoeava, llegó dos días después, sin haber tenido ningún problema catastrófico en Kazajistán, por suerte. Su apoyo fue definitivamente bienvenido, ya que el pequeño grupo en Chechenia ahora tenía el trabajo suficiente. Los mortífagos, Macnair y Rowle, fueron vigilados con cautela. Aunque eran grandes e intimidantes (rasgos que probablemente fueron seleccionados para poder lidiar con los gigantes), solo estaban esperando, y ciertamente hicieron lo necesario para agraciarse con Jugashvili. Donduk se sorprendió de que pudieran realizar promesas tan grandes. Algunas de ellas tendrían que esperar hasta que Voldemort ganara su propia guerra, pero estaban empeñados en formar una alianza.
Claro, todas sus observaciones habían sido enviadas a sus superiores en la Coalición Siberiana, una alianza mal-nombrada de rusos étnicos dentro de Rusia mágica que por largo tiempo había sido una voz contra la mano firme del Ministerio Ruso. Sus nuevas observaciones ayudarían a respaldar su caso para la CIM. No que su caso llegaría muy lejos, pero querían tener todo documentado para el inevitable "se los dijimos".
Al principio, los mortífagos actuaron con descaro, aparantemente ignorantes de que estaban siendo espiados. Pero Jugashvili debió informarles de la infiltración en Grozni porque pronto se volvieron más prudentes. Aún así, no fueron muy difíciles de rastrear. Se habían acostumbrado a actuar en secreto durante su última guerra, pero no de este modo. Se escondieron detrás de sus máscaras, pero la suya era una guerrilla, casi una rebelión abierta, no este tipo de intriga y misterio. Además, estaban fuera de práctica. Por mucho que estaban felices de torturar a muggles de nuevo, se habían vuelto suaves en sus trece años de calma, y aún estaban aprendiendo como ser terroristas de nuevo.
Por lo menos, esa fue la impresión que tuvo Donduk.
–Me parece que ese Lord V. los trata muy duro –dijo Uruydaana en su siguiente reunión–. Los está poniendo rápidamente en forma, con toda la práctica de duelos que están haciendo.
Era cierto. Macnair y Rowle pasaban una excesiva cantidad de tiempo practicando maldiciones oscuras.
–Nuestra inteligencia dice que se enojó bastante con todos los seguidores que lo renunciaron después de que supuestamente murió –le dijo Donduk.
–Lo cual es interesante por sí mismo –dijo Yakov el Rojo–. Estaba muerto. Toda la evidencia física era clara. No podría haber sobrevivido la explosión de esa casa aún si el chico Potter lo hizo. Y aún así, la mitad del país tenía miedo de que regresara. Él habló como si deberían haber sabido que regresaría. ¿Así que qué sabía él que sus seguidores no?
–Difícil decir –respondió Uruydaana–. Por lo paranoico y megalómano que Lord V. suena, puede que no haya dicho a nadie exactamente lo que hizo. Puede que solo haya dicho que era inmortal y esperado que todos le creyeran. Lo sorprendente es que resultó que tenía razón.
–Eso es malo para nosotros –dijo Donduk–. Si puede regresar de la muerte, ¿qué lo detiene de hacerlo para sus seguidores… o sus aliados? No tengo deseo de enfrentar a un enemigo que no podemos matar.
–La guerra siempre tiene riesgos –dijo Yakov–. Y aún si la lucha no tiene esperanza, los verdaderos creyentes siempre caen luchando.
–Si no hay otra opción, sí –respondió él irritado–. Pero preferiría ganar la lucha. Y si Lord V. ha desafiado la Primera Ley de la Magia y regresado de la muerte… o incluso lo que debió ser una derrota casi fatal y desastrosa… sigue siendo malo para todos los que no están del lado de los tiranos, especialmente si pueden replicar el logro.
–Si puede –aclaró Uruydaana.
–Si quiere –agregó Yakov–. Un hombre como Lord V. no regalará la inmortalidad como dulces aún si puede… menos a personas que puedan desafiar su reinado. Ahora, me rehuso a creer que ha quebrantado la Primera Ley de la Magia. Debe tener algún poder en reserva para poder hacer esto. Por lo tanto, si Lord V. se vuelve una amenaza contra nosotros, lo que tenemos que hacer es ayudar a sus enemigos a encontrar ese poder y destruirlo.
–¿Pero cómo hablamos con sus enemigos sin ser notados? –preguntó Uruydaana–. Todos están en el Reino Unido.
Una sonrisa astuta atravesó el rostro de Donduk–: Creo tener una manera –dijo, tomando una pausa dramática–. Fan Tong.
–¿Fan Tong? –dijeron los otros con reverencia. Fan Tong era considerada la mejor vidente hoy en día, y muy sabia sobre otras ramas de la magia. Aunque muy mayor, en su auge, fue considerada el igual del mismísimo Jugashvili.
–En mi última comunicación de casa, dijeron que hay un rumor… pero un rumor bien sustentado… de que Fan Tong está involucrándose en lo que está pasando en Gran Bretaña. Hay canales indirectos… nada perfectamente seguro, pero lo suficiente… por los cuales podría enviarle un mensaje.
–Aún necesitaríamos un mensaje útil que enviarles –dijo Yakov.
–¿Entonces? –dijo Uruydaana–. Continuamos con lo que estamos haciendo, excepto que ahora tenemos un verdadero objetivo. Seguir a los mortífagos y ver si el tema de la inmortalidad surge.
–Yakov consideró esto y se encogió de hombros–: De acuerdo.
La inmortalidad, sin embargo, no parecía estar en las mentes de los mortífagos, y Jugashvili, por lo que podían determinar, nunca preguntó como Voldemort había regresado de la muerte. Eso por sí mismo era interesante. O ya lo sabía o había adivinado como lo había hecho Voldemort, lo cual era muy posible, o no le importaba. Tal vez tenía sus propias contingencia, o quizás se había tomado la lección de historia de corazón de que la mayoría de los magos oscuros sufrían muertes violentas en lugar de la vejez y estaba enfocado en ese peligro. O tal vez ya había adivinado cuanto tiempo viviría y no estaba interesado en hacer algo hasta que ese momento estuviera más cerca, aún si esa era una manera peligrosa de vivir. No, la charla más interesante era el rumor de que Jugashvili estaba creando planes para un viaje a Gran Bretaña en persona. Aparentemente, sus talentos en adivinación eran necesarios de manera más urgente de lo que habían pensado. Su punto de viaje sería un lugar excelente donde capturarlo si no los veía venir, así que los espías observaron con cautela intentando descubrir el cuándo y dónde iba a moverse. Ahí fue cuando encontraron problemas.
Macnair y Rowle, los mortífagos, estaban moviéndose a lo que parecía un almacén muggle abandonado. Uruydaana los estaba siguiendo, con cuidado, bajo una capa de invisibilidad, en alerta por cualquier truco. Su cautela resultó justificada cuando llegó al almacén y no vio a un comité de bienvenida. En lugar de eso, Macnair se giró y gritó–, ¡Homenum Revelio!
–¡Desmaius! –gritó ella de regreso, sin querer ser descubierta. Pero antes de poder parpadear, maldiciones oscuras estaban volando a ella a alta velocidad. Luchó de regreso como fue entrenada, esquivando y moviéndose e intentando encontrar una apertura para sus propios hechizos, pero era dos contra uno, y los mortífagos no tenían ningún reparo en usar hechizos letales. Se descubrió a sí misma usando escudos en su mayoría, y esa no era manera de ganar una pelea.
Macnair intentó acorralarla contra una pared y distraerla con una lluvia de maldiciones mientras Rowle la rodeaba. Ella intentó mantener su defensa, pero estaba fallando.
–¡Avada…! –comenzó el gigante rubio. Ella intentó esquivarla, pero no tenía espacio para moverse. Pero hubo un rayo de luz roja, y Rowle cayó bajo un aturdidor no verbal desde atrás. Cayó de cara, revelando a Donduk Kuvezin parado en la entrada del almacén con su varita en alto.
–¡Diffindo! –bramó Macnair, cortando el aire con su varita en su dirección sin titubear.
–¡Protego!
La lucha comenzó de nuevo. Macnair estaba haciendo un trabajo admirable luchando contra dos oponentes al mismo tiempo, conteniéndolos usando maldiciones más oscuras de las que ellos estaban dispuestos a usar. La lucha continuó por varios minutos. Macnair estaba a la defensiva, pero ellos no podían derrotarlo, hasta que Uruydaana encontró una apertura y un hechizo dio en el blanco. Un momento después, tanto Macnair como Rowle estaban inconscientes a sus pies. Los dos espías los miraron, jadeando, cubriéndolos con sus varitas.
–Gracias –dijo Uruydaana.
–No hay problema –respondió Donduk.
–Justo a tiempo.
–Eso parece… Y… ¿qué deberíamos hacer con ellos?
–Sin sospechas, ¿recuerdas? –respondió Uruydaana–. No tenemos tiempo para interrogarlos, y hay maneras de detectar el veritaserum. Necesitamos mantenerlos vivos y sin sospecha para conseguir la información que necesitamos de ellos… ¡Obliviate!
