Harry Potter le pertenece a JK Rowling Potter en Helvetica y Helvetia, y esta historia le pertenece a White Squirrel en el formato provisto por esta página.


Cuarteles de la CIM, Meiringen, Suiza

21 de agosto de 1995

En un pequeño pero fuerte castillo escondido mágicamente ubicado mirando a las cataratas de Reichenbach, los Cuarteles de la Confederación Internacional de Magos eran un bullicio de actividad, incluso cuando no estaba en sesión. Cuando los delegados no estaban reunidos, los burócratas llevaban el mando, encargándose de las actividades del día a día. Solicitudes para cosas pequeñas como la transferencia de criaturas peligrosas a través de fronteras como había ocurrido para el Torneo de los Cuatro Magos en Gran Bretaña eran aprobadas con poco más que un sello. Acuerdos de comercio multinacional requerían algo más de cuidado. Las peticiones constante para permitir la importación de alfombras mágicas en Europa occidental eran debidamente puestas de lado con el conocimiento de que los intereses de las compañías de escobas nunca permitirían que entraran a sus países, pero otras, como acuerdos para la protección de criaturas mágicas en peligro de extinción, tenían mejores prospectos.

A niveles más altos, reportes eran escritos y compilados con frecuencia sobre asuntos más complejos, en particular aquellos que surgirían durante las reuniones anuales. Todo desde otro voto más sobre si dividir al Ministerio de Magia Checoslovaco a un plan para luchar contra el brote de ébola en Zaire comenzado por el nundu de Kinani Ngeze era cuidadosamente documentado y enviado a los varios delegados alrededor del mundo para su consideración.

Fue a uno de estos burócratas, un local llamado Aegidus Tell, que dos documentos llegaron de Shangri-La, firmados por Lo-Tsen, la Secretaria Permanente al Gran Lama, y contrafirmados por la famosa vidente, Fan Tong. Sorprendido por el correo, los leyó con cuidado. El primero era confuso: una solicitud para que Fan Tong se uniera a la misión policial en Gran Bretaña para aprender a la señora oscura prófuga, La Pantera.

Aegidus Tell estaba seguro de que estaba recordando mal su historia. Fan Tong debía ser anciana ahora. Ni siquiera sabía que seguía viva. Recordó haber leído una historia sobre la guerra de Grindelwald que describía los duelos épicos entre Fan Tong y Abe no Yorimitsu en el frente del pacífico… ambos de cabello gris y reliquias antiguas de épocas más tempranas incluso entonces. Seguramente debía haber un error. Pero una rápida consulta a un libro de historia confirmó que no era el caso: Fan Tong, nacida 1860. No podía creer que aún era una vidente practicante, y mucho menos que estaba en condición para unirse a una expedición internacional de aplicación de la ley mágica.

Miró el siguiente memorándum, esperando ver más pistas de lo que estaba pasando. Lo que encontró fue más alarmante. Era un oráculo… no un oráculo en persona, ni una verdadera profecía, sino un mensaje profético que juntaba la información de varias profecías medio comprendidas, sueños alarmantes, y estudios cuidadosos en adivinación… un trabajo de detective mágico tan importante como cualquier profecía, incluso con los poderes menguantes de Fan Tong. El mensaje era claro: una guerra se avecinaba. Y no solo cualquier guerra... una guerra en toda Europa occidental… algo raro en esta época. Y si una vidente en un lugar tan lejos como China podía verlo, sería una guerra que no había sido vista desde Grindelwald.

Aegidus era escéptico de la adivinación como tal, pero el Jefe Supremo actual había instituido reglas estrictas sobre las profecías. Todas la profecías importantes sobre videntes establecidos… e incluso de los no establecidos si podrían ser sustanciadas… debían ser enviadas a él para su revisión personal… sin excepción. Ese tipo de cosa pasaba unas cuantas veces al año.

Sin duda había otras profecías importantes, pero eran presenciadas por personas que las manejaban internamente en sus países, no las consideraban importantes, o no querían pasarlas al nivel de la CIM.

Este fácilmente era el oráculo más importante que alguna vez había cruzado el escritorio de Aegidus. Lo que era más, estaba al tanto del regreso de Voldemort y lo cerca que habían estado de que la guerra civil en el Reino Unido se saliera de sus fronteras la última vez que había tenido poder. La chispa estaba ahí para que una guerra comenzara. Este oráculo parecía demasiado creíble. Lo envió a Albus Dumbledore con una estampilla de prioridad y entonces se sirvió un trago.

Pensó sobre el mensaje un poco más. Esto requeriría de consideración seria. Primera pregunta: asumiendo que habría una guerra en el Reino Unido… y no se necesitaba de un vidente para ver que venía… ¿cuál era la probabilidad de que afectara al continente? Voldemort había reclutado en el continente la última vez, pero no había arriesgado actuar de manera abierta. Pero esta vez, ya era sabido que tenía aliados extranjeros, y la CIM estaba tomando acción, aunque mínima hasta el momento. Habría que incrementar esa probabilidad a "definitivamente preocupante".

Segunda pregunta: ¿en cuánto peligro estaban aquí en Suiza? Aegidus tenía su propia familia en la cual pensar. Grindelwald no había intentado atacar Suiza, ni el Axis muggle. El territorio estaba muy bien protegido tanto por su ubicación como por preparación extensiva para que valiera la pena. Claro, Voldemort era considerado mucho menos sensato que Grindelwald, pero si lo intentaba, aún lucharía (muy literalmente) una batalla colina arriba.

Tercera pregunta: ¿qué tan buenas eran esas defensas nacionales, cincuenta años después de la última guerra mayor en Europa? Suiza mágica no estaba preparada para una guerra… bajo estándares suizos, por lo menos. Swiza había comenzado a preparar sus defensas contra Grindelwald con seriedad en 1935, y el gobierno muggle había anticipado la gran guerra tan temprano como 1880. Puede que pudieran mejorar lo que tenían ahora si Voldemort estaba tan loco como los rumores decían.

Por otro lado, la guerra fría había hecho maravillas por la legendaria preparación suiza del lado muggle. Literalmente todas las personas en Suiza, ya fueran mágicas o muggle, estaban a minutos de un refugio nuclear.

Fue esa legendaria preparación suiza lo que lo llevó a actuar. El Ministerio Suizo sin duda estaba observando los movimientos de Voldemort con mucho cuidado, y definitivamente querrían saber sobre un oráculo como este. Al igual que el Ministro Liechtenstiniano, de hecho. Como denominados "microestados europeos", Liechtenstein había sido un santuario para magos durante la Inquisición, e incluso hoy en día, tenía tantos magos como Albania, el cual era cien veces su tamaño. (Predeciblemente, era una pesadilla hacer cumplir el Estatuto del Secreto ahí.) Pero por sus limitaciones geográficas, Liechtenstein se asociaba con Suiza para la defensa nacional, así que definitivamente tendrían un interés.

Y una pregunta final: ¿cómo reaccionaría Dumbledore si hablaba con su Ministerio? Pues, Dumbledore estaba siendo bastante abierto sobre una guerra iniciando en Gran Bretaña. Aegidus técnicamente estaba actuando a sus espaldas antes de que el oráculo fuera comprendido por completo, pero no creería que el Jefe Supremo le molestaría si más magos del lado de la luz se preparaban para esto.

Eso lo decidía. Aegidus tomó más pergamino y comenzó a escribir dos cartas más.


Albus Dumbledore, Jefe Supremo de la Confederación Internacional de Magos, entre otras cosas, regresó a casa después de hablar con la Orden en la casa de los McKinnon para encontrar una pila de papeles en su escritorio. Tal era la penuria de un mago poderoso, en tiempo de guerra o no. Esta época del año, la mayoría de su papeleo era por su posición como Jefe de Magos, con algunos documentos relacionados con el comienzo del año escolar. Sin embargo, se sorprendió de encontrar un memorándum de la CIM en la cima de su pila. Y cuando vio lo que era, dejó todo lo demás y prestó más atención. Una profecía… no, no una profecía… un oráculo. Eso era mejor. Usualmente eran más específicos que las profecías.

Pero las noticias no eran buenas. Pensó que ya había visto lo peor, pero aparentemente estaba equivocado. El oráculo… desde China, nada menos… predecía una guerra. Y no una guerra pequeña esta vez, sino una guerra que posiblemente afectaría a toda Europa.

Por supuesto, las señales ya estaban ahí. Voldemort tenía a La Pantera como aliada, y la inteligencia de Albus reportaba que ya estaba buscando reclutar en el continente. La CIM había enviado a una misión policial a lidiar con La Pantera, lo cual invitaba problemas, incluso si su mandato era estrecho. Esperaba poder contenerlo, pero esta última predicción sugería que su esfuerzo fallaría.

La tesis central del oráculo era una profecía de una poderosa aún si debilitada vidente: "Los tigres se reúnen en la colmena". La colmena: Gran Bretaña. Albus era el único 'abejorro' del que sabía que valdría la pena hacer una profecía. Los tigres: presuntamente magos oscuros. Ya había dos aquí, y la profecía implicaba que más venían.

Los sueños que inspiraron el oráculo eran, si era posible, incluso más problemáticos. Imágenes inconexas de un ojo que todo lo ve y del que nadie se puede ocultar, bestias salvajes causando desastre por todo el territorio, tormentas devastadoras arrasando con ciudades. Albus no sabía que tan literal podían tomarse los sueños, pero esfuerzos por adivinar el futuro presagiaban batallas épicas en el mundo mágico, y una cantidad escalofriante en el mundo muggle. Incluso tomado en su total, el oráculo era vago, pero su advertencia era lo suficiente clara. Una guerra se avecinaba: una guerra lo suficiente grande que se extendería al mundo muggle y posiblemente amenazaría el mismísimo Estatuto del Secreto. En otras palabras, mucho peor que la última vez.

–Por la barba de Merlín, estoy muy viejo para esto –murmuró, hundiéndose más en su asiento.

La guerra en África oriental había hecho mella en él... más de lo que había dejado ver. Otra guerra a gran escala había sido puesta en sus hombros… una que no había esperado luchar… y había necesitado de bastante tiempo para recuperarse después. Era bueno que sólo había durado unos meses. Si no hubiera tenido que tomar unas vacaciones obligatorias de tres semanas mientras estaba en cuarentena, le hubiera sido mucho más difícil recuperarse.

Pero cuando vio la firma en el oráculo de nuevo, la vieja vidente lo puso en vergüenza. Él "sólo" tenía ciento catorce años. Fan Tong tenía ciento treinta y cinco. Al destino no le importaba lo viejo que era, sin mencionar que tampoco a Voldemort. Tendría que sonreír y aguantar una vez más.

¿Y qué podía hacer en respuesta a esto? Como Jefe Supremo, era su deber tomar acción decisiva por el bien de Gran Bretaña y la CIM. Si toda Europa sería azotada en esta guerra, toda Europa necesitaba estar preparada. El hecho de que un oráculo había llegado de una fuente tan reputable como Fan Tong probablemente convencería a la mayoría de prestar atención. Los detalles serían mantenidos guardados, pero informaría a los Ministros y representantes de la CIM de los varios países europeos de inmediato. Necesitarían comenzar a prepararse. Considerando como operaba el Ministerio Suizo, sospechaba que los Ministros Suizo y Liechtensteiniano ya lo sabían, así que probablemente debería comenzar con ellos.

La parte complicada sería convencer a la CIM de tomar acción más agresiva, incluso con la misión policial. Había sido como hablar a la pared, como decían los muggles, el convencerlos de intervenir en Ruanda, y este era un asunto mucho más grande con múltiples señores oscuros. ¿Quién se estaba reuniendo? Se preguntó. Albus pensó sobre todos los magos oscuros en el mundo de los que sabía y sus especialidades mágicas: El prófugo Kinani Ngeze en Zaire, Caliph al-Ghilan en Irak, el Señor Hechicero en Somalia, Jugashvili en Rusia, Bochica Guatavita en Colombia, y quien fuera el Mariscal del mes de los Hechiceros de Batalla en Corea del Norte parecían los sospechosos más probables. Claro, Eran de los que no sabía quienes serían más peligrosos. Lugares inestables como los Balcanes, el Cáucaso, y el Cuerno de África eran zonas terreno fértil para magos oscuros, y la CIM debería monitorearlos más de cerca.

Y en Gran Bretaña, ya había comenzado la mayoría del trabajo que necesitaba. Edward Grayson y el joven Harry Potter habían hecho un trabajo admirable al convencer a Fudge de la verdad cuando Albus había fallado. Fudge le había permitido enviar emisarios a los hombres lobo y los gigantes. Claro, parecía que los mortífagos habían llegado a los gigantes primero, pero había realizado algunas conexiones con unos magos siberianos que podrían ser útiles. La seguridad estaba siendo intensificada en Hogwarts y otros lados, y Voldemort había probado lo fútil que era mantener los dementores en Azkaban, aunque a un precio alto.

Y entonces, estaba Harry.

Este oráculo había cambiado su perspectiva sobre él.

Por los últimos catorce años, Albus había estado preocupado de que Harry fuera metido en la pelea muy pronto, y considerando que el chico había tenido que luchar contra fuerzas oscuras cada año en Hogwarts hasta el momento, era una preocupación válida. Pero ahora, estaba más preocupado porque esta guerra nueva se extendiera por años como la última, con más naciones que Gran Bretaña sufriendo. Y en cuanto a Harry, ahora tenía que preocuparse por mantenerlo vivo el tiempo suficiente para unirse a la batalla después de que se graduara… quizás incluso después de que completara su entrenamiento como auror. Sin mencionar que Harry tenía su propia profecía para destruir a solo uno de los varios señores oscuros amenazando el Reino Unido.

Parecía una locura. Después de la guerra de Gellert, tanto los gobiernos mágicos como muggles en Europa se habían unido de tal modo que la posibilidad de otra guerra a gran escala en el occidente parecía imposible por siglos. Por mucho que los magos británicos temían hablar su nombre, la guerra contra Voldemort solo había sido una guerra civil, no merecedora de atención global.

Pero ahora, una vidente al otro lado del mundo había tenido una profecía al respecto, y esa no era una buena señal. Fan Tong, desde China, pensaba que Voldemort era un problema… lo suficiente para venir ella misma… quizás su problema final. Considerando su edad, existía la posibilidad de que no regresaría a casa. Leyendo entre líneas, sospechaba que había tenido una premonición al respecto, de hecho. Su oráculo daba alusiones vagas a su involucramiento, pero nada sobre su destino, o posibilidades. No sería extraño para ella que estuviera ocultando eso de sus amigos y familia.

Y con lo viejo que se sentía en este momento, Albus Dumbledore temía que Voldemort también sería su problema final.