Captive
Género: Hurt/Comfort/Drama
Pareja: Sesshōmaru y Rin
Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi.
Introducción
Lucy in the sky with diamonds
El tráfico de humanos siempre resultó una cuestión molesta.
Generalmente, los pequeños yôukai pedían niños humanos como regalo por el aniversario de su natalicio; sin embargo, las crías perdían el encanto en muy poco tiempo y la solución obvia era tirarlos a la calle. El problema mayor, era que un adulto humano no podía ser reinsertado en la sociedad por dos motivos: (i) estos homo sapiens, jamás adquirieron las habilidades básicas de su especie, por lo cual, eran algo así como niños salvajes. Además, (ii) cómo justificarán que, tras la desaparición de su hijo o hija, aproximadamente unos diez años atrás, este regresara en plena adultez.
Los humanos eran estúpidos y primitivos, pero los antiguos tratados de no violencia interespecie, aseguraron un nivel digno de paz en sus sociedades.
Las reglas eran simples. 1. No interactuarían con los otros. 2. No ejecutarían actos de violencia innecesarios. 3. No se reproducirían entre ellos. 4. Para los humanos, los demonios solo eran un mito.
Las reglas se instituyeron cuando la población de demonios empezó a descender, y los humanos seguían apareciendo como una asquerosa plaga. Sin embargo, gracias a un demonio perro, se quiso mantener una vía pacífica, su padre.
¿Podríamos retroceder un poco en el asunto? El tema es que algunos demonios solían violar mujeres humanas, por el simple hecho de ser débiles y tener curvas de las que carecían las hembras de su especie; generalmente las yôukai de forma humanoide eran las de razas superiores, las cuáles conservaban su linaje puro. La madre de Sesshoumaru, Irasue Inukimi, fue la primera mujer de su padre, ambos procrearon para dejar una cría fuerte y de la estirpe más pura. Entonces, los siglos pasaron y se alejaron, ¿en una vida inmortal debía ser muy aburrido contar solamente con una sola pareja? La monogamia estaba sobrevalorada.
Tôuga InuTaisho fue el demonio más fuerte del Oeste, el Señor que regía las provincias y mantenía el orden los territorios de cacería. Fue compasivo y evitaba que los suyos atacaran aldeas humanas cuando existía otra forma de alimentación disponible. Sin embargo, el Señor cometió un error imperdonable, compró a una mascota humana para sentir algo más que el extraño vacío de sus dos mil años de existencia.
Su padre se dedicó a ver crecer a la niña, una cosita pequeña de cabello castaño y ojos profundos. Le enseñó a leer y a escribir, le regaló finas sedas e instrumentos carísimos para que ejecutara melodías para su entretenimiento; estúpidamente, consideró que la humana podría ser otra hija. Cuando Sesshomaru la conoció, le escupió a la cara, porque le repugnaba ver como su padre desatendió sus obligaciones. Se ganó dos marcas en el rostro, con la forma de las garras de su padre, que llegaron a disimularse cuando sus marcas, que lo identificarán como príncipe del Oeste, fueron tatuadas por su madre.
¿Una simple humana llevó a su padre a dejarle una marca permanente en el rostro? Sí, el Señor InuTaisho veneraba a esa criatura que llamó Izayoi. La niña creció para convertirse en una mujer hermosa, de piel blanca y expresión amable, elegante e instruida en los diferentes temas de la cultura humana y demoníaca, era discreta y propia; sonreía con auténtica alegría. Su padre transgredió la pureza de su sangre cuando fornicó con esa mujer asquerosa y procreó a un híbrido.
InuYasha.
Era demente. Las tierras del Oeste entraron en caos, pedían la muerte de la humana y del bastardo, querían que el Señor dimitiera a su puesto y se instaurara la regencia en los hombros de Irasue, al menos hasta que Sesshomaru tuviera la edad para gobernar. Toda la estructura social de los yôkai se vino abajo por un híbrido con orejas de perro. Los demonios querían sangre humana, ni siquiera por el placer de verla correr o comer la carne de estos seres, altamente tóxica a pesar de su delicioso sabor.
No. Se rompió un tabú por parte de un dirigente de sangre pura.
En realidad, toda la casa de la familia regente del Oeste se veía involucrada, no se trataba de una ofensa con un solo perpetrador.¿Qué hacer para reparar este pecado? Se perdonó con la cabeza de Tôuga e Izayoi. Su padre cedió cuando se le prometió que ninguno de sus cachorros sería sacrificado, aunque trajo un segundo precio: Sesshomaru se vio degradado, jamás regirá en las tierras del Oeste, quién tuviera sangre de InuTaisho corriendo por sus venas.
Aunque, su padre era un negociador inteligente: Sí su vida se daba a cambio de las de sus hijos; la pérdida de su legado debería tener otra compensación. Era lo justo, y se cobraría en forma del tratado interespecie, que contempló una cláusula más, los híbridos estarían permitidos, siempre y cuando pudieran sobrevivir por su cuenta, sin acercarse a los reinos demoníacos. Para evitar una guerra civil, Irasue gobernó el Oeste, fue cuestionada por algunos, apoyada por otros, pero sofocó cada pequeña rebelión y mantuvo el control. La estabilidad después de Tôuga era vital para sus tierras.
Sesshoumaru no quedó a la deriva, inició su propia cruzada personal por mantener su reputación intacta, podría ser hijo de un traidor, pero él era fiel a sus leyes, incluido el tratado. Los yôukai no tenían estructuras de orden definidas, no las necesitaban para asegurar la ley del más fuerte, pero ahora existía algo que todos deberían obedecer, entonces se formó un Concilio de Ejecutores, que evitaría que nuevos híbridos aparecieran, se censurará todo contacto con los asquerosos humanos. No habría perdón, todo humano que cruzara las barreras hacia los reinos demoníacos, moriría. Todo demonio que pusiera un pie en los pueblos humanos, moriría.
No podían matar a los híbridos, pero se encargaría de que estos no existieran. Si bien su padre ultrajó a todos, Sesshomaru honraría a su especie, se encargaría de hacer cumplir la ley que le costó todo, él castigaría a todos los imbéciles que fueran blandos con esos monos primitivos.
Su papel como Cabeza del Concilio de Ejecutores, era la venganza perfecta.
El número 189A sabía que estaba en la completa oscuridad. Desde que se encontró con esas cosas, no recordaba algo más allá de las horribles cajas donde la metieron, solo existía el movimiento continuo, puesto que, la caja era tan estrecha que se golpeaba todo el tiempo. Ella tenía moretones y cortadas por todo su cuerpo, estaba descalza y tenía frío, pero razonaba; sabía que ella no era como las cosas que la movían, ella no tenía pelaje, ni garras, ni escamas. No sabía que eran, ¿importaba?
Sabía que no nació allí, que antes vivió con los suyos ¿Hasta cuándo? No estaba muy segura, ese lugar fue atacado hacía mucho tiempo, no por las cosas que la mantenían atrapada, sino por otros como ella. Recordaba el fuego, vagar ante la luz del sol, correr cuando esas cosas se presentaron. La ataron de manos y pies, la arrastraron amarrada a las bestias que montaban, fue golpeada y marcada con algo que le quemó los hombros ¿Cuánto tiempo llevaba allí?
La alimentaban mediante una manguera larga que debía succionar, siempre cosas líquidas. Para ir al baño, debía hacerlo sentada en el suelo de su caja, que era una reja con rendijas diminutas para que no la asfixiara el mal olor, cuando dormía alguien desocupaba los desperdicios; aunque podría tardar horas o algunos días. A veces abrían el techo de la caja, pero le ordenaban mirar al suelo, le echaban agua fría encima y le gritaban que se tallara porque apestaba. Siempre estaba cubierta por una tela que le picaba, pero se acurrucaba en ella.
La habían cambiado de caja cuando esta se hacía pequeña, le daban algo en la comida que la ponía a dormir, en realidad así era cada noche, pero cuando sus captores la cambiaban de sitio, las dosis eran más grandes. Solo se daba cuenta de los cambios cuando despertaba con un increíble dolor de estómago. Creía que esos eran los días menos tristes. No estaba segura de cuantas veces la habían movido, pero jamás paraban. Esas cosas no la mataban, pero parecían tremendamente preocupados por hacerle entender que ella era inferior.
En realidad, ella tenía un nombre, también sabía su edad previa a su captura, el problema es que, siempre le estaban gritando 189A y cómo no sabía cuánto tiempo llevaba allí, prefirió asumir que antes existía la nada; que ella era 189A.
No pasado, no futuro. Solo el deseo de que terminara.
Escuchó de una nueva red de traficantes de humanos, justamente cerca a las tierras del sur, donde dominaban los demonios lobo. Ellos pidieron ayuda formal a los Ejecutores, si bien su líder Kôga no era un incompetente en la batalla, era mejor ocuparse de los tratantes mediante las vías burocráticas, nadie quería tener que ver con humanos después del caso de Tôuga, ni para bien, ni para mal. Se enfrentaría a ese tema personalmente, no quiso compartir con nadie más su misión, quería masacrar a los estúpidos y a su carga, destajarlos y sentirse satisfecho con los ruegos. La piedad era algo tan reconfortante, especialmente, cuando les dirigía una seña para que corrieran por su vida, les daba cacería y su frío rostro era la cruel despedida del mundo.
Subió en su bestia de carga, un dragón de dos cabezas que no merecía ser nombrado. Si bien, él podía volar, no quería ser identificado. Ocultó su yôuki , se puso la capucha de la capa negra; se confundiría en la noche. Las cabezas estacadas de los demonios y los humanos serían la firma de su festejo.
BUM BUM BUM
El sentir los golpes contra su caja fue lo que la sacó de su sueño, parecía que algo había impactado contra la superficie. Eso era algo inesperado.
"No, por favor"
¿Era esa la misma voz que le gritaba que mirara al suelo?
¿La misma voz que la llamaba 189A?
¿Esa voz tenía el miedo con el cual ella se despertaba todos los días?
"Sólo tenemos una, puede quedársela"
Hablaban de ella, como un objeto. Pisadas. Nuevamente impactó contra su caja.
"No recojo desechos"
Era una voz masculina, fría, grave, le puso los pelos de los brazos de punta. Sabía que iba a morir, no había otra explicación. Los hombres que hablaban afuera solamente la miraban como un objeto que podía ser desechado. Un desperdicio. Cerró los ojos, al menos, ya no habría más oscuridad interminable.
Crack. Algo se rompió. Silencio
Sintió que eran sus últimos momentos, se sentía tranquila. No más oscuridad. No más oscuridad. No más oscuridad… Respiró profundo, no estaba tranquila. El chirrido del metal siendo desgarrado le retumbó en los oídos, era como si un par de garras atravesaran las paredes de su encierro. Mantuvo los ojos cerrados, no miraría a quien iba a matarla, sentía agradecimiento, pero no se despediría del mundo rogando piedad, no sirvió de nada rogar cuando quemaron su piel.
Sintió el viento, también la respiración de su libertador, la olfateaba. ¿Se la iba a comer? No creía ser un buen platillo, pero la resignación le entró a su razón, bastante tiempo atrás. Entonces, por primera vez algo la sacó de su cómoda resignación, el agua contra su piel, la llovizna que a veces recibía cuando la alimentaban. La simple naturaleza le dio un motivo para abrir los ojos, no quería ver a quien acabaría con su vida, disfrutar de las gotas cayendo era más importante. Lentamente sus párpados se abrieron, nuevamente había oscuridad, pero acompañada de miles de estrellas en el cielo, las nubes no ocultaron la majestuosidad del firmamento.
"Gracias"- un ronco sonido salió de su garganta, acompañado por una sonrisa de alegría legítima. No estaba segura si quien la mataría la miraba, pero su alma estaba tranquila.
Entonces, todo se volvió negro nuevamente.
Nota de autora: Este será un mini fic dramático, realmente una historia de amistad que no tendrá contenido romántico explícito. No quiero que tenga más de cinco capítulos, podrán ser largos. Relájense y disfruten.
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