Disclaimer: Sólo sé que no son míos.

Trigger Warning: En este capítulo podréis encontrar referencias a partes íntimas e funciones fisiológicas. No es mi intención darles ningún tipo de connotación sexual (más allá del hecho de que los personajes son adolescentes y ellos quizá sí puedan dársela dentro de su carácter).


Desayuno

Izuku se despertó cuando los rayos del sol entraron por la ventana. Gimió frustrado, sabiendo que la hora de levantarse estaba cercana, pero enfadado porque aún tenía tiempo por delante para seguir durmiendo. Consciente de que se había enrollado sobre sí mismo, parpadeó resignado. Empujando con el hombro, consiguió ponerse bocarriba. Pensativo, miró al techo. Recovery Girl se había negado a vendarle los brazos de manera que pudiese tenerlos en cabestrillo, aludiendo que sus ligamentos necesitaban sanar de esa manera, así que los tenía pegados al cuerpo. Le dolía el derecho, supuso que por haber dormido encima de él.

La vejiga le presionó el bajo vientre, llamando su atención. Suspiró, intentando pensar en qué debía hacer. Ya suponía que el día iba a ser largo. No lavarse los dientes durante tres días le provocaría un aliento apestoso, pero quizá podría enjuagarse la boca como sustituto. Ducharse iba a ser algo bastante más complicado. Recovery Girl le había dicho que las vendas repelían el agua y podía mojarlas sin problema, pero lavar su cuerpo era algo más que ponerse bajo el chorro de agua.

«Pero ir al baño… No, ni siquiera Aizawa ha pensado en eso. Ni Kacchan. Menos mal. Me moriría de la vergüenza. Quizá pueda levantarme antes de que no haya nadie e intentar... Es inútil, no será mucho mejor que hacérmelo encima. Incluso aunque pueda plantarme delante del retrete y bajarme los pantalones y los calzoncillos lo suficiente para orinar, no podré controlar el chorro y lo mancharé todo».

Se frustró pensando que no había ninguna solución viable. Además, se encargaban ellos mismos de la limpieza. Dado que no podría solucionar el desastre por su cuenta, alguno de sus compañeros, seguramente Bakugou, tendría que limpiar el desastre. Por no contar que no se le ocurría una manera de volver a subirse los pantalones él solo.

«Los problemas uno a uno. Ya se me ocurrirá algo», decidió con determinación, inspirando aire con fuerza para alejar la preocupación de su mente. «Levantarme y salir de la habitación lo primero».

Se planteó girar hacia el lado contrario para desenrollarse, pero finalmente eligió rodar hacia el borde de la cama e intentar ponerse de pie para dejar que la manta cayese al suelo. Contando hasta tres, inspiró con fuerza para darse valor, consciente de que le iba a doler rotar sobre los dos brazos malheridos, y se empujó con el torso. Con pánico, se dio cuenta que se había dado más impulso de la cuenta. Rodó más allá del borde de la cama, cayendo al suelo con un golpe pesado que le hizo gemir de dolor.

—¡¿Qué haces, idiota?! —Bakugou había abierto la puerta y parecía histérico—. ¡No puedes hacer eso, Deku, imbécil! ¡Recovery Girl me matará si tengo que acompañarte a la enfermería otra vez a curar tus brazos y luego Aizawa me castigará el resto del curso! ¡Me perderé todas las clases!

Izuku apretó los dientes para ahogar un quejido, todavía dolorido. La manta se había aflojado, pero no lo suficiente para soltarse del todo y no tenía ánimos de volver a aplastar sus brazos para terminar de liberarse.

—¡Que te quedes quieto, Deku! —le ordenó Bakugou, agachándose junto a él y separando la manta, dejándolo al descubierto. Agarrándole con fuerza por debajo de las axilas, lo impulsó hacia él, levantándolo del suelo de un tirón—. Aizawa dijo que tenía que ayudarte, pero tú tienes que dejar ayudarte —se quejó, clavándole un dedo en el pecho para remarcar cada una de sus palabras.

—Sólo quería levantarme de la cama, Kacchan. Yo estaba…

—Pues esperas a que yo llegue. Los demás están empezando a levantarse ahora, no he llegado tarde. —Izuku tragó saliva ante el sermón, percatándose de que Bakugou estaba bastante enfadado—. No puedes hacer lo que te dé la gana. No vas a conseguir que me la cargue en mi castigo, ¿entiendes, Deku? Aizawa dijo que aprendiese a cuidar de la gente y pienso ser el mejor haciéndolo.

Izuku asintió, nervioso y un poco asustado. Percibía que había algo más que enfado en el tono de las palabras de Bakugou, pero no estaba seguro de qué podía ser. Era brusco, como el que solía usar habitualmente, pero había un deje que no era su habitual frustración y algo más que el cabreo que estaba en la superficie.

«Es casi como… si estuviese preocupado», dedujo Izuku antes de que Bakugou empezase a menearle por los hombros, impaciente.

—¿Que qué haces primero? ¿Desayunar o ducharte?

—¡Me da igual! —admitió Izuku, dispuesto a poner las cosas lo más fáciles posible, antes de darse cuenta de que había algo más urgente—. Pero primero necesito ir al baño. Por favor. —Bakugou dejó de moverlo y se quedó mirándolo fijamente, comprendiendo. Izuku tragó saliva e intentó ofrecerle una salida digna—: Necesitaré ayuda para prepararme el desayuno, si quieres.

—¿Puedes ir al baño tú solo? —preguntó Bakugou, escéptico—. ¿Cómo vas a hacerlo si ni siquiera has podido arroparte esta noche o levantarte sin tirarte al suelo, idiota?

—No… no lo sé… —admitió Izuku—. Pensaré algo.

—¡En tus mejores sueños, Deku! —exclamó Bakugou antes de soltarlo y salir por la puerta—. ¡No tenemos toda la mañana! —le gritó desde fuera, provocando una protesta de Iida, que estaba en el pasillo cerciorándose de que todo el mundo estuviese levantándose a la hora.

—En realidad, sí que la tenemos —suspiró Izuku en voz muy baja—. Estamos encerrados aquí. Se me va a hacer el día eterno —musitó, levantando la cabeza con resignación para mirar el techo antes de salir por la puerta.

Bakugou ya estaba esperándole en la puerta de los baños comunales. Abriéndole la puerta, le cedió el paso, entró tras él y se adelantó para abrirle uno de los cubículos. Izuku entró en él, sin saber todavía muy bien cómo iba a proceder para no provocar el desastre que llevaba temiendo desde que se había despertado. Notó cómo Bakugou entraba en el baño y cerraba la puerta antes de situarse detrás de él y empezó a enrojecer al entender lo que su compañero pretendía hacer.

—¿Mayores o menores?

—Yo… sólo necesito orinar —dijo Izuku, muriéndose de vergüenza.

«¿Cómo voy a mirarle a la cara después de esto?», se preguntó, consternado. «Mierda, ¿cómo podría haberlo hecho yo solo sin su ayuda?

Con una delicadeza inesperada en él, Bakugou se acercó, rodeándole la cintura con los brazos y manipulando su pantalón para liberarle el pene. Avergonzado y consciente de que su cara estaba roja como un tomate, Izuku intentó concentrarse en conseguir hacer pis, sin pensar en lo que estaba ocurriendo ahí abajo. Cuando el chorro empezó a salir pensó que, finalmente, ni siquiera que Bakugou estuviese allí para subirle los pantalones después iba a salvarle del desastre que iba a armar, pero de pronto percibió que unos dedos gentiles le ayudaban a dirigirlo en la dirección correcta.

—¡Kac… Kacchan! —exclamó Izuku, azorado, dando un pequeño bote en el sitio.

—No pretenderás ensuciarlo todo, Deku. —No había sonado como una pregunta. Había hablado en un tono tranquilizador y amable, que nunca le había escuchado. Por alguna extraña razón, eso le hizo sentirse más seguro y menos avergonzado—. Sólo estoy intentando ayudarte lo mejor posible.

—¡Claro! ¡Gracias! —murmuró en voz baja.

Cuando terminó, Bakugou le ayudó a limpiarse y le colocó la ropa en silencio. Le sostuvo la puerta mientras salía y le pidió que esperase mientras se lavaba las manos.

«Es cierto que está decidido a ser el mejor cuidando», comprendió Izuku, mirándolo a través del espejo y dándose cuenta de que el otro chico, a pesar de su habitual desparpajo, ocultaba los ojos detrás del flequillo. «Me ha ayudado en algo que era vergonzoso para mí y lo ha hecho sin hacerme sentir violento. Gracias, Kacchan».

Cuando salieron, sus compañeros ya estaban levantados y les rodearon, asediándoles a preguntas sobre su pelea nocturna y el castigo al que les habían sometido. Izuku tartamudeó alguna respuesta, sin saber bien qué contestar, y suspiró aliviado cuando Iida puso el grito en el cielo al enterarse de su encierro durante tres días.

—¡Perderéis tres días de clase! ¡Os quedaréis atrás por haber sido irresponsables! ¡Midoriya-kun, Bakugou-kun, esperaba mucho más de vosotros!

Bakugou puso una mano en la espalda de Izuku y lo guio hacia la mesa, mientras este seguía tartamudeando respuestas a la multitud de preguntas.

—¡Necesita desayunar! ¡Apartaos ya! —gritó Bakugou frustrado, haciendo que el resto de sus compañeros se callasen, súbitamente asustados, y les franqueasen el paso en dirección a la cocina.

Izuku se sentó mientras Bakugou iba a preparar sus desayunos. Uraraka se sentó a su lado, portando su propia bandeja de desayuno, acompañada de Iida y Todoroki.

—Hola, Deku-kun. Me ha parecido verte un poco agobiado antes.

—Todos estaban un poco insistentes —se justificó Izuku.

—Bakugou está muy serio —constató Uraraka pensativa—, pero no parece enfadado a pesar del castigo. Es como si… no sé explicarlo…

—Es que… —Izuku miró a su alrededor, pero el resto de sus compañeros estaban inmersos ya en su rutina matinal, olvidándose de ellos e ignorándolos, salvo Todoroki e Iida que, sentados enfrente, parecían escuchar con atención—. Además de los tres días de encierro, nos han castigado con algo más.

—Tiene sentido —rio Uraraka con una risa tímida—. La pelea se oyó desde aquí.

—Recovery Girl no ha utilizado su Don para sanar mis brazos y Kacchan tiene que cuidarme mientras no pueda valerme por mí mismo —confesó Izuku en voz casi inaudible—. Aizawa dijo que yo tengo que aprender a lidiar con las consecuencias de no controlar mi Don y que Kacchan tiene que aprender que una faceta de ser héroe consiste en cuidar personas y que necesita practicarla.

Bakugou llegó con una bandeja y, con un gruñido, la depositó bruscamente delante de él antes de volver a irse. Izuku miró el contenido de la bandeja y se sorprendió. Era exactamente lo que desayunaba todas las mañanas. Como casi todos sus compañeros que tenían dones basados en fuerza, Izuku seguía una dieta que le ayudaba a muscular y fortalecer su cuerpo, manteniéndolo en un peso ideal. No recordaba haberla comentado con Bakugou, a pesar de que la que este seguía no debía ser diferente a juzgar por cómo tenía sus músculos de trabajados a base de ejercicio.

—¿Te ayudo? —preguntó Uraraka, mirándole observar en silencio su bandeja—. No vas a poder hacerlo con los brazos así.

—No —negó Izuku, recordando lo que Bakugou le había dicho. «Pienso ser el mejor, dijo esta mañana. Le ofenderé si permito que Ochaco-san me ayude ahora»—. Estoy seguro de que Kacchan volverá ahora. Ya me ha reñido por no dejarme ayudar por él antes.

—Pobre Deku-kun —se compadeció Uraraka.

No contestó, porque no se sentía como si fuese motivo de lástima. Aunque fuese un poco vergonzoso, se había sentido bien verse cuidado, incluso por alguien como Bakugou. Recordando cómo lo había desvestido la noche anterior, su preocupación cuando le había levantado del sueño y el episodio del baño, Izuku se sonrojó.

«¿Se sentiría igual ser cuidado por Ochaco-san? No, sería diferente. Ser cuidado por Kacchan es… agradable. Y excitante», reconoció, poniéndose colorado al pensar de esa manera. «Se siente cálido cuando Kacchan me presta atención. De una manera diferente a hablar con chicas, y al mismo tiempo muy parecida».

—No sé qué quiere conseguir el profesor Aizawa con esto —señaló Todoroki—. No parece que Bakugou sea la persona más indicada para cuidar de nadie, ¿verdad?

—El profesor Aizawa sabe bien lo que se hace —intervino Iida—. No es misión de los alumnos cuestionar las decisiones que toma en pro de nuestra educación y aprendizaje. Si el profesor ha considerado que debe aprender a hacerlo, Bakugou-kun tendrá que esmerarse y dar lo mejor de sí mismo.

«Sin embargo, lo ha hecho bien, Todoroki-kun. A su manera, pero bien. Anoche me ayudó a vestirme tratando mis brazos con cuidado y recogió mi ropa del suelo. Esta mañana ha venido a mi habitación antes de la hora de levantarse para ayudarme. En el baño se ha comportado con delicadeza y ha respetado lo más que ha podido mi intimidad. Sí que está dando lo mejor de sí mismo. No hubiese imaginado que Kacchan fuese capaz de comportarse así. Siempre es tan brusco y parece tan enfadado todo el tiempo, que se diría que no puede hacerlo, pero el profesor Aizawa se equivocaba, está perfectamente…».

—Te oigo mascullar desde el otro extremo del comedor, Deku —gruñó Bakugou dejando otra bandeja en la mesa y sentándose a su lado.

Izuku se sonrojó al ver que todos en la mesa se habían callado, muy concentrados de repente en sus platos y tazas. Con brusquedad, Bakugou pasó los brazos delante de él, cogiendo el tenedor y rompiendo los huevos revueltos en trozos antes de coger parte de ellos y llevarlos hacia la boca de Izuku.

—¡Abre! —le ordenó.

Izuku obedeció sin pensarlo, masticando el bocado. Una risotada desde la mesa de al lado les distrajo. Kaminari reía a carcajada limpia mientras Mineta les señalaba con una mano. Izuku volvió a enrojecer, sintiéndose violento tanto por él como por su compañero, que había apretado los puños al darse cuenta de lo que ocurría.

—¿Te han encargado cuidar de un bebé, Kacchan? —se burló Mineta—. ¿Estás practicando por si en el futuro tienes pequeños Bakugitos rondando?

—Va a hacerle el avioncito para que abra la boca, ¿verdad? —se unió Kaminari, provocando que algunas de las chicas se uniesen al concierto de risas. Izuku agachó la cabeza y apretó los labios, sintiéndose dolido por Bakugou, que sólo estaba cumpliendo con las condiciones de su castigo.

«No me importa que se metan conmigo, al fin y al cabo, habría sido igual de humillante tener que apañarme por mi cuenta para desayunar, pero Kacchan está haciendo un esfuerzo para complacer al profesor Aizawa», pensó con tristeza.

—¡Cállate, basura humana! —Otra carcajada espontánea desde la mesa enfadó aún más a Bakugou—. ¡Callaos o juro que os mataré!

Bakugou se sentó de nuevo con un golpe, cogiendo su propio tenedor y cuchillo y apuñalando, más que partiendo, el jamón que tenía servido en su plato. Izuku le miró de reojo, un poco asustado, confuso al ver otra vez al Bakugou malhumorado y borde que se había difuminado durante las últimas horas. En cambio, aunque tiró su tenedor al plato, masticando con enfado, no fue brusco al coger otro bocado y ofrecérselo, lo cual no le impidió gruñir de nuevo cuando los intentos de disimular la risa de la mesa de al lado llegaron hasta ellos.

—Lo siento, Kacchan. Te estoy causando demasiadas molestias.

—No seas imbécil ni hagas caso de esos idiotas —replicó Bakugou, apretando los dientes y ofreciéndole otro bocado antes de elevar el volumen de voz lo suficiente para que los otros le oyesen—, porque todavía tengo energías suficientes para comenzar otro par de peleas y conseguir que todo el que se ría de esto tenga que quedarse encerrado durante varios días con nosotros sin poder mover los brazos.

Las risas cesaron repentinamente y un silencio sepulcral invadió el comedor mientras todos se centraban en sus respectivos desayunos. Bakugou siguió desayunando como si no acabase de amenazar a toda la clase de 1-A, intercalando su propia comida con la que servía a Izuku. Este siguió comiendo con la cabeza agachada, pensando en qué podría venir después y que, con suerte, podría pasar el resto de la mañana encerrado en su habitación, escondido del mundo.

—No quiero comer nada más —le indicó Izuku a Bakugou cuando se sintió saciado, dándose cuenta de que este había traído una cantidad ingente de comida y que no iba a ser capaz de terminársela toda. Al ver que Bakugou hacía gesto de levantarse, negó con la cabeza—. ¡No! Termina de desayunar tranquilamente, por favor. Sólo… ¿puedo beber un poco de agua?

Bakugou asintió sin decir nada y, tras acercarle un vaso y sostenerlo para que pudiese beber sin derramar el líquido, se concentró en seguir desayunando. Uraraka se levantó, seguida de Todoroki e Iida y se despidió de Izuku con un ligero apretón en el hombro.

—Hasta luego, Ochaco-san. Adiós, Todoroki-kun, Iida-kun —se despidió este con algo de pesar. Se volvió hacia Bakugou tras ver cómo salían del comedor—. Va a ser complicado ponernos al día con ellos después de tres días sin clases, ¿verdad, Kacchan?

Bakugou no contestó e Izuku supuso que estaba todavía de mal humor por el incidente del desayuno con sus compañeros. Había observado que, junto a Kaminari, estaban sentados Kirishima y Sero, que habían reído inicialmente la broma del primero. Los tres eran amigos de Bakugou, sobre todo Kirishima, el cual Izuku sabía que tenía una amistad más estrecha con Bakugou. Aunque no se había reído más que al principio y se había apresurado a callarse al oír a Bakugou enfadarse, Izuku imaginaba que este probablemente se había sentido ofendido por ello además de por las burlas de Kaminari. Aun así, Izuku no se atrevió a hablarle de ello, prefiriendo respetar el silencio que Bakugou había elegido.

Curioso, Izuku se percató de que, aunque Bakugou había estado desayunando despacio —«¿En qué momento observé tanto a Kacchan que me fijé en que habitualmente desayuna rápido y sin perder el tiempo?»—, al terminar retiró la bandeja sin levantarse y se quedó mirando la mesa con detenimiento un rato. «Está dando margen a los demás para que se aseen y cambien y que así no tengamos que coincidir de nuevo con ellos», comprendió Izuku.

Concentrándose en sus propios pensamientos, Izuku dejó pasar el tiempo también sin decir nada, pero unos minutos después Bakugou se levantó con un bufido y, recogiendo las bandejas, las llevó al lavaplatos.


NdA. Fe de ¿cambios? Sí, algo así xD. Inicialmente, el diálogo de Mineta y Kaminari pertenecía a Kirishima. La razón es que... Mineta me cae: mal. Y no quería darle cabida en el fic, así que le di sus frases a Kirishima, que me gusta mucho más... y quedó horrible (como muestran algunos de los comentarios xD). Con la excusa de corregir algunas faltas de ortografía... he hecho el cambio. Espero que las personas que leyeron la versión original sepan comprenderlo y disculparme por ello. Un abrazo.