Disclaimer: Sólo sé que no son míos.
Trigger Warning: En este capítulo podréis encontrar referencias a partes íntimas y reacciones de índole sexual. Los personajes no dejan de ser adolescentes un tanto hornys.
Ducha
Izuku se levantó cuando vio que, tras terminar de limpiar la mesa, Bakugou salía en dirección al pasillo de dormitorios sin decir nada y lo siguió, dudando. Este pasó de largo por la puerta de su dormitorio en dirección a los ascensores después de haberle abierto para que pudiese entrar, sin mirar atrás. Izuku entró, se sentó en la cama y se dejó caer hacia atrás, agotado a pesar de lo temprano que era todavía y de que no había realizado ningún esfuerzo. Consideraba que había estado acertado al pensar que esos tres días al cuidado de Bakugou iban a hacerse eternos. Oyó los pasos y las charlas de sus compañeros, que bajaban las escaleras apresuradamente. Miró el reloj, comprobando que apenas faltaban diez minutos para el comienzo de las clases.
Probablemente, aprovechando que estaban los dos solos en el edificio, Bakugou preferiría quedarse encerrado en su habitación, seguramente entrenando a solas para al menos no perder la forma. Izuku consideró la idea de levantarse al escritorio e intentar estudiar al menos algunas de las materias para avanzar las explicaciones que los profesores darían ese día, pero el esfuerzo de pensar en cómo sacar los libros de texto de la mochila y abrirlos para poder leerlos le agotó antes de empezar a hacerlo.
—Ya estoy listo. ¿Vamos? —Al oírlo, Izuku miró hacia la puerta, sorprendido. Bakugou estaba en el marco, con un juego de toallas limpias en la mano.
—¿Listo? —preguntó, desconcertado, incorporándose rápidamente hasta quedar sentado—. ¿Para qué?
—No seas idiota, Deku —masculló Bakugou sin entrar en la habitación—. ¿No pretenderás estar tres días sin ducharte? Hasta Aizawa podrá olerte desde dentro de su saco de dormir si lo haces.
—No es necesario, Kacchan, de verdad. Puedo… puedo intentar asearme un poco y…
—Soy yo quien tiene que cuidarte, así que no seas imbécil. Ni siquiera es que Aizawa pueda sermonearme sobre lo importante de los cuidados: si tengo que ayudarte a vestirte y desvestirte, no consentiré que huelas como un cerdo revolcado en el barro —sentenció Bakugou antes de desaparecer por el pasillo antes de gritar—: ¡Si no mueves el culo en menos de un minuto yo mismo te arrastraré por el suelo diga lo que diga Recovery Girl del reposo de tus brazos!
Izuku se apresuró a ponerse en pie y caminar hacia los baños de nuevo. Bakugou ya estaba dentro, cogiendo su cepillo de dientes y poniendo un poco de dentífrico encima. Se lo metió en la boca y, acto seguido, cogió otro del armario donde los guardaban. Sorprendido, Izuku constató que, efectivamente, sabía cuál era su repisa y su cepillo sin necesidad de preguntarle.
«Es muy observador», se admiró.
Con la mano izquierda, Bakugou empezó a cepillarse los dientes mientras, con la derecha, acercó el otro cepillo a la boca de Izuku, levantando las cejas en un gesto impaciente para que la abriese. Izuku obedeció sin pensar y Bakugou le cepilló suavemente los dientes, ayudándole a enjuagarse la boca también.
«Maneja bien las dos manos», comprobó Izuku, lamiéndose el esmalte de los dientes, complacido al sentirlos limpios. «Es verdad que sus movimientos son menos precisos con la izquierda cuando se trata de psicomotricidad fina, pero coordina bastante bien. Me pregunto si será parte del uso que hace de su Don o si ha comenzado a utilizar más la izquierda desde que descubrí que siempre comienza con la derecha».
—Me está empezando a doler la cabeza de escucharte, Deku —protestó Bakugou bruscamente, guardando ambos cepillos. Izuku se calló, consciente de que había vuelto a hacer ruido mientras pensaba y lo mucho que esto molestaba a sus compañeros—. Levanta los brazos.
Había usado un tono de voz tan perentorio que Izuku obedeció al instante, sin pensar qué era lo que Bakugou pretendía hasta que este alzó su camiseta de dormir lo suficiente para sacársela por la cabeza antes de pasar cada uno de sus brazos. La timidez volvió a embargarle cuando Bakugou se inclinó hacia adelante y, de un tirón, le bajó los pantalones y los calzoncillos hasta los tobillos. Dándose cuenta de que estaba totalmente desnudo justo enfrente de su compañero, Izuku enrojeció hasta la raíz del pelo. Bakugou se agachó para recoger su ropa del suelo, indicándole con un golpeteo de dedos en la pantorrilla que alzase los pies para poder sacarla de sus tobillos.
—Ve a la ducha —dijo Bakugou cáusticamente al tiempo que llevaba la ropa al cesto de la ropa sucia.
Sin más opción que hacerlo, Izuku obedeció. Las duchas eran comunes, apenas separadas por una pantalla translúcida. De hecho, no ofrecían gran intimidad cuando se duchaban, pero entre que no lo hacían todos a la vez y que solían ser muy veloces, no estaba acostumbrado a fijarse en los demás cuando iban desnudos más allá de un vistazo fugaz de reojo cuando entraban o salían. Por eso, cuando Bakugou se acercó, igualmente desnudo, y abrió el grifo, regulando la temperatura, volvió a enrojecer hasta las orejas, bajando la mirada al suelo.
—¡Kacchan! —protestó Izuku débilmente.
—¿Qué? —ladró este antes de suavizar la mirada, quizá dándose cuenta de su vulnerabilidad al verle avergonzado y mirando al suelo—. ¿Es porque estoy desnudo? Soy un chico, no vas a ver nada que no hayas visto nunca. —Izuku se encogió de hombros—. ¿Esperabas que me metiese vestido en la ducha para ayudarte? Yo también tengo que ducharme, no voy a perder el tiempo si puedo hacerlo a la vez, como he hecho con los dientes.
Izuku asintió, comprendiendo que era lo más eficaz y productivo. Movió los brazos, intentando cubrir su desnudez disimuladamente. Por alguna razón, el hecho de tener a su compañero desnudo tan cerca de él y sin ningún tipo de inhibición le resultaba excitante y su cuerpo parecía dispuesto a responder por ello. Respiró profundamente, intentando relajarse y alejar de su cabeza cualquier tipo de pensamiento de índole sexual.
—Acércate. —Izuku resopló de risa al caer en que, aunque Bakugou ciertamente había suavizado el tono de sus palabras en general, muy lejos de su habitual desdén hacia él —«incluso podría decirse que se preocupa por mí de verdad, por la forma en que me trata»—, seguía dándole órdenes concisas—. El agua sale templada, pero si la quieres más caliente o más fría puedes decírmelo.
Izuku se metió debajo del agua de la ducha, dejando que corriese por su pelo. Bakugou se situó detrás de él y, sirviéndose un chorro generoso de champú, empezó a frotarle el cabello con energía. Por el olor, Izuku se dio cuenta que era el champú de Bakugou y no el suyo propio. Este le masajeó el cuero cabelludo a conciencia antes de enjuagárselo, cuidando de que no le entrase la espuma en los ojos.
—Aparta —dijo Bakugou con voz suave.
Izuku dio un paso adelante, saliendo del chorro de la alcachofa y se dio media vuelta. Bakugou también había avanzado para ponerse debajo del agua y estaba lavándose el pelo con movimientos bruscos y rápidos. Terminó de aclararse y, sacudiendo la cabeza para quitarse el exceso de agua, cogió el bote de gel de Izuku y su esponja. Cerró el grifo para no desperdiciar agua antes de acercarse a él.
«Me puso de su champú, pero cogió mi gel corporal. ¿Por qué lo ha hecho? Si Kacchan se acercó a mi taquilla a coger mi esponja y mi jabón bien podría haber cogido también el otro bote», comenzó a pensar Izuku, intentando buscar alguna lógica.
—No murmures, es molesto —se quejó Bakugou una vez más, interrumpiendo inmediatamente sus cavilaciones—. Tu champú es genérico y tienes un cabello más bien graso, como el mío. Como el de todos aquí, en realidad, por las hormonas. El mío es más adecuado para ese tipo de pelo, verás cómo lo notas cuando esté seco.
—¿Qué? —preguntó Izuku, desconcertado. «¿He hablado tan alto?»
—¿No era lo que estabas pensando? —preguntó Bakugou.
—Eh… sí. Sí, claro —admitió Izuku, avergonzado.
Bakugou empezó a frotarle el pecho con la esponja, apretando con tanta energía, que Izuku no dudó que su piel acabaría enrojecida. Movió un pie ligeramente hacia atrás, para aguantar la fuerza de Bakugou sin ceder terreno.
—En cambio, mi champú evita que sude demasiado, sobre todo en la parte de las axilas y la espalda. Aun así, sigo sudando bastante, por lo que no es problema para mi Don —siguió explicándole Bakugou mientras terminaba de frotarle el abdomen y limpiaba los dedos de sus manos uno a uno—. Es mejor que uses el tuyo, tu piel se resecará menos. Levanta los brazos —le indicó.
Memorizando el dato para luego apuntarlo en su cuaderno, Izuku obedeció, asistiendo fascinado al proceso en el cual el muchacho que estaba lavándole las axilas a conciencia antes de seguir frotándole la espalda mientras le hablaba suavemente.
«Está intentando tranquilizarme. De una manera muy eficaz», reconoció Izuku. «Kacchan es muy bueno cuidando gente, el profesor Aizawa estaba equivocado cuando dio por hecho que no podría hacerlo».
Su línea de pensamientos se vio interrumpida cuando Bakugou comenzó a frotar sus nalgas y la línea que las separaba con movimientos precisos. Volvió a enrojecer de vergüenza pero, antes de poder decir nada o hacer algo que revelase su incomodidad, Bakugou ya había dejado atrás esa parte para seguir frotando sus piernas.
—Tu piel enrojece sorprendentemente rápido —constató Bakugou en voz baja, desprovista de burla o desdén—. ¿Estoy frotando demasiado fuerte?
—Se… se siente bien —admitió Izuku antes de darse cuenta de cómo podría interpretarse lo que había dicho. Sintió deseos de taparse la boca con ambas manos, pero los brazos inmovilizados se lo impidieron.
—Genial. Levanta los pies —le indicó Bakugou con amabilidad.
Izuku obedeció, levantando primero uno y luego el otro. Bakugou los refregó concienzudamente antes de volver a subir por sus piernas. Izuku, que ya se había relajado, notó cómo se acercaba a la zona de sus partes íntimas y volvió a asustarse, azorado.
—No te limpiaré ahí si no quieres —le dijo Bakugou, deteniéndose.
—¿Qué? —El corazón le latía tan rápido en los oídos que no sabía si había escuchado bien o no. Bakugou lo repitió, añadiendo algo sobre la higiene íntima. Izuku tragó saliva, intentando razonar de manera lógica. «Kacchan ya me ha visto desnudo y no ha pasado nada. Me ha ayudado en el momento de utilizar el retrete y está haciéndolo genial cuidándome. No debe darme vergüenza, es Kacchan, le conozco de toda la vida». Inspiró con fuerza, dándose valor—. No… no me importa.
—De acuerdo. —Bakugou asintió y empezó a limpiarle.
Izuku cerró los ojos, intentando no pensar en nada sexual, pues el tacto de una mano ajena le estaba haciendo sentir cosas agradables y no quería que Bakugou se enfadase con él por excitarse mientras le limpiaba. Con el mismo cuidado que había mostrado unas horas antes, este manipuló con delicadeza la zona, enjabonándole suavemente y con rapidez, pero haciéndolo a conciencia y meticulosamente bien. Izuku se sonrojó cuando notó que su compañero se cercioraba de retirar el prepucio para limpiar bien toda la zona antes de incorporarse y volver a abrir el grifo, aprovechando el agua que salía fría antes de caldearse para limpiar la esponja.
—Ponte debajo del agua —le indicó Bakugou mientras colocaba la esponja en la jabonera—. Puedes ir aclarándote mientras yo me enjabono.
Se colocó de espaldas a Bakugou para evitar contemplarle mientras este se enjabonaba y dar tiempo a su pene para que volviese a su estado de reposo, pues la incipiente erección que había comenzado cuando Bakugou le había lavado estaba creciendo. Por alguna razón, la visión del otro chico desnudo parecía contribuir a ella, así que intentó relajarse, apoyando la frente en la pared mientras sentía el agua tibia resbalar por su espalda. Unos minutos después, había conseguido hacer que el momento de excitación pasase. Bakugou se acercó detrás de él en silencio, descolgando la ducha.
—Alza los brazos —le mandó, rociándole con la ducha las axilas y los puntos más inaccesibles que el chorro vertical no alcanzaba—. Ahora aparta.
Ocupando su sitio, Bakugou se aclaró antes de cerrar el grifo, cogió una toalla, se apostó frente a él y le frotó el cabello con fuerza, secándole el exceso de agua. Tras rodearle la cintura con otra toalla seca, atándosela firmemente, se acercó a coger la suya y se secó el pelo de la misma manera.
—No te peinas habitualmente, ¿cierto? —preguntó Bakugou mientras se envolvía también en su toalla. Le acercó las chancletas para que pudiese ponérselas. Izuku negó, todavía azorado por cómo había reaccionado su cuerpo durante la ducha—. Entonces, volvamos a tu habitación para que pueda vestirte.
Izuku lo siguió al dormitorio, quedándose de pie en el centro, cohibido y sin saber muy bien qué hacer. Bakugou rebuscó en su armario y cajones, buscando ropa para ponerle. Cuando se inclinó hacia él y le retiró la toalla, Izuku volvió a enrojecer, intentando concentrarse en no excitarse. Con movimientos ágiles, Bakugou le frotó el cuerpo, terminando de secarlo antes de tirar la toalla al suelo y agacharse para pasarle los calzoncillos por los tobillos.
Tragó saliva cuando, al subírselos, el pelo de Bakugou le rozó sin querer. Desesperado, Izuku cerró los ojos y se mordió el interior de la mejilla, causándose un fuerte dolor mientras Bakugou le terminaba de acomodar la prenda de ropa y pasaba a ponerle los pantalones, para mantener a raya las sensaciones que le estaban embargando. No abrió los ojos en todo el proceso, ni siquiera cuando Bakugou le ordenó alzar los brazos para poder pasarle la camiseta cómodamente, hasta que notó que le estaba atando los cordones de las zapatillas.
Mirando hacia abajo, Izuku descubrió la concentración con la que Bakugou estaba haciéndolo y una cálida sensación le inundó, de nuevo, el estómago. Conteniendo una sonrisa, vio cómo su compañero se levantaba, haciendo un gesto satisfecho con la cabeza antes de salir por la puerta en dirección a su propio cuarto.
