Disclaimer: Sólo sé que no son míos.
Trigger Warning: Referencias explícitas a excitación sexual.
Noche
Bakugou lo ayudó a cepillarse los dientes tras cenar. Después le acompañó al dormitorio, donde le puso el pijama. Izuku respiró aliviado cuando se metió en la cama y este insistió en arroparlo antes de salir de la habitación para que no volviese a enredarse en la sábana.
—Bueno. Primer día superado —murmuró Izuku, mordiéndose el labio.
Notaba la falta de esfuerzo físico. A pesar de haber sentido somnolencia a la hora habitual, ahora que estaba en la cama no tenía ganas de dormir. No se sentía cansado, acostumbrado al nivel de exigencia de las clases, que les llevaban a todos al límite de sus fuerzas físicas y de su Don, con la intención de mejorarlos día a día.
«Quizá pueda proponer a Kacchan mañana algún tipo de entrenamiento. Si tengo suficiente cuidado podré hacerlo. Ahora estoy centrado en mis piernas, seguro que puedo hacer algunas sentadillas. Y no me vendrá mal intentar utilizar controladamente mi Don».
Sus pensamientos vagaron hacia Bakugou y las sensaciones que había tenido durante todo el día. Ahora que ya no tenía que disimular y nadie le iba a mirar raro si se quedaba abstraído, aprovechó para recrear en su cabeza los diferentes momentos del día que habían despertado su curiosidad: Bakugou cocinando, rascándole la nariz, atento a pasarle la página del libro, preguntándole respetuosamente en la ducha, los ríos de agua corriendo por su torso…
Cerró los ojos con fuerza, intentando alejar la última imagen de su cabeza, pero era demasiado tarde. Había estado demasiado avergonzado para fijarse en Bakugou mientras se duchaban, manteniendo la mirada en el suelo fruto de su propia vergüenza, pero eso no había evitado que su cerebro se guardase varias imágenes de las que no había sido consciente hasta ese momento.
Su pene se endureció, pugnando por escapar de su ropa que, al ser la que utilizaba para dormir, era holgada. Intentó frotárselo con la mano por encima de la ropa, pero un latigazo de dolor en el ligamento del codo le hizo desistir. Suspiró exasperado, planteándose sus opciones. Normalmente, cuando ocurría eso, lo solucionaba rápidamente con la ayuda de un paquete de pañuelos que guardaba en el cajón de la cómoda. Solía quedar tan relajado después que conciliaba el sueño instantáneamente.
Le resultaba frustrante no poder hacer nada. Primero intentó dormirse cerrando más fuerte los ojos e intentando ignorar el interior de sus calzoncillos, pero la presión no cedía y empezaba a resultarle doloroso. Después golpeó la cabeza contra la almohada varias veces, intentando distraerse. Hizo planes para el día siguiente, pero su cerebro se empeñó en recrear una hipotética situación similar a la de esa mañana en la ducha en la que él interactuaba con Bakugou. Impotente para desechar esos pensamientos y viendo que el tiempo pasaba sin que su erección disminuyese, valoró darse media vuelta y frotarse contra el colchón en busca de alivio. Estaba a punto de hacerlo cuando se dio cuenta que no tendría forma de controlar la eyaculación para evitar manchar su ropa o las sábanas.
«Tendría que dormir con la ropa mojada. Además, Kacchan se daría cuenta por la mañana y querría ayudarme a cambiar las sábanas. Por no hablar de que me moriría de la vergüenza», lamentó Izuku, intentando pensar en otra solución. «¡Ejercicio! ¡Puedo hacer algo de ejercicio! Me obligará a pensar en otra cosa y me cansará».
Reptó hasta el borde de la cama y se levantó, planteándose si era mejor hacer sentadillas o correr en el sitio. No quería tampoco hacer nada que pudiera hacerle caer accidentalmente o hiciese ruido, como saltar; aunque sabía que sus compañeros de planta tenían el sueño pesado, era mejor no arriesgarse. Con el pie, apartó las zapatillas a un lado y se situó en el centro de la habitación, de cara a la puerta, estirándose en un intento de que eso ayudase a relajarlo. No funcionó, pero sí ayudo a que su pene se colocase en una posición más cómoda, así que se sintió satisfecho. Empezó a levantar las rodillas lo más alto que podía. Normalmente las hacía tocar con el codo contrario pero, con los brazos inmovilizados, se limitó a estirarlos para evitar golpearlos y mantener el equilibrio.
Estaba contando la segunda tanda de diez cuando el picaporte se movió, la puerta se entreabrió dejando entrar la luz de la luna que se filtraba en el pasillo y la cabeza de Bakugou se recortó en la oscuridad.
—¿Deku? —preguntó Bakugou, extrañado, con voz somnolienta igual que si acabara de despertarse. Encendió la luz de la habitación y miró a Izuku con los ojos entornados por el exceso de iluminación—. ¿Está todo bien?
—Yo… —Izuku se había quedado paralizado, ambos pies en el suelo, los brazos al aire, dejando su abdomen y el bulto que se marcaba en su entrepierna al descubierto. «¡Kacchan está aquí!», pensó abochornado, bajando los brazos e intentando inútilmente taparse antes de darse cuenta que eso atraería la atención de Bakugou a esa zona en particular—. No podía dormir y estaba haciendo algo de ejercicio —balbuceó, intentando ofrecer una explicación coherente y distraer a Bakugou.
—Entiendo —contestó Bakugou, mirando fijamente durante unos segundos la entrepierna de Izuku antes de apartar la vista, entrar en la habitación y cerrar la puerta—. A mí también me pasa algunas noches, pero lo soluciono rápidamente.
Izuku bajó la mirada al suelo, avergonzado, todavía intentando taparse y sin saber qué contestar. Le resultaba violento decir que habitualmente él también se encargaba de arreglar ese inconveniente sin mayores problemas, pero tampoco quería quedar como un ingenuo. Sintió que las orejas le ardían y supo que se había vuelto a sonrojar.
—¿Quieres que te ayude con ello? —preguntó Bakugou con expresión solemne.
—¿Qué? ¡No! —«¿Kacchan quiere ayudarme también con esto?», se preguntó Izuku con una mezcla de angustia y excitación ante la perspectiva de Bakugou tocándole de esa manera. Meneó la cabeza para alejar la idea de su mente y reafirmar su negación—. Sólo creí que un poco de gimnasia me ayudaría a relajarme y poder conciliar el sueño.
—Pensaba proponerte hacer algo de ejercicio mañana antes de desayunar y ducharnos —dijo Bakugou pasando a su lado y sentándose en el borde de la cama—. Así damos tiempo a que el resto de imbéciles desayunen y no nos den por saco. Además, hoy lo he echado de menos.
—Sí, yo también —asintió Izuku, sentándose a su lado en la cama, todavía avergonzado, procurando poner los brazos por delante de su cuerpo.
—Eso no solucionará tu problema ahora. ¿Prefieres una ducha de agua fría? —Izuku se estremeció sólo de pensar en él desnudo delante de Bakugou mientras este lo ayudaba a darse una ducha de agua fría. «Definitivamente, eso sólo lo empeorará», pensó aterrorizado.
—¿Podemos simplemente hablar? —preguntó con timidez.
—Claro —accedió Bakugou, pulsando el interruptor para apagar la luz y volver a quedar a oscuras.
Bakugou se acomodó en la cama, apoyando la espalda contra la pared y estirando las piernas a lo ancho del colchón. No añadió nada más, esperando a que fuese Izuku quien comenzase. Este se mordió los labios, inseguro. Cuando había propuesto conversar sólo estaba pensando en Bakugou sentado a su lado en la cama, en pasar un poco más de tiempo con él; algo que había disfrutado mucho durante todo el día. Imitándolo, se sentó igual que él, hombro con hombro, sintiendo como sus pies descalzos rozaban con los de él cuando alguno hacía algún pequeño movimiento.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó de repente Izuku, cayendo en la cuenta de que se suponía que Bakugou debería estar en su dormitorio, un par de pisos más arriba.
—No podía dormir —respondió Bakugou en tono conciso.
—No hay solución fácil para otros tipos de insomnio, ¿verdad? —Izuku rio intentando quitar hierro al asunto y naturalizar la situación. Descubrió que estando a oscuras ambos, con la cara seria de Bakugou perfilándose en la oscuridad, le resultaba más fácil hablar del tema sin avergonzarse.
—No podía dormir porque me despertaste con tus ruidos al dar saltitos, imbécil —repuso Bakugou con una risa queda—. Lo otro lo solucioné en el baño después de dejarte a ti aquí.
—Idiota… —le contestó Izuku también riéndose, un poco azorado por la confesión de Bakugou.
Quiso darle un codazo antes de darse cuenta de que no podía hacerlo. Intentó darle un cabezazo en compensación, pero quedó raro y Bakugou empezó a reírse entre dientes otra vez. Izuku rio a la vez que él, inusitadamente feliz por compartir un momento así con Katsuki, habitualmente tan serio. Exageró la broma una vez más, haciendo con que le golpeaba el hombro con la cabeza, quedándose finalmente apoyado en él cuando ambos terminar de reír.
Bakugou no dijo nada, ni hizo ningún movimiento para echarlo. Izuku inspiró profundamente, aspirando el olor del muchacho, impregnado en su ropa. Le pareció dulce y suave, penetrante como el del azúcar tostado, pero agradable en cierto modo. Eso despertó ciertos ecos de excitación en el área de sus calzoncillos, haciéndole consciente de que el momento incómodo ya había pasado a pesar de estar tan cerca de él, sentirse todavía igual de despierto y con el mismo cosquilleo en el estómago que le había acompañado todo el día.
—Hueles muy bien —admitió Izuku, amparado por la oscuridad que les rodeaba.
—No digas tonterías, Deku. —A pesar de haber usado el apelativo que le había puesto años atrás, lo había hecho en un tono más amable, idéntico al que utilizaba Uraraka—. A estas horas he sudado tanto que no puedo oler bien.
—Hueles muy bien —repitió Izuku, inspirando profundamente otra vez—. Es un olor dulce. Como el del caramelo.
—¿Quieres hablar de cómo huelo?
—¿Por qué no?
—Como tú quieras. — Bakugou se encogió de hombros intentando aparentar indiferencia, pero tenía un matiz de tono complacido en la voz.
«Acabo de decirle a Kacchan que me gusta cómo huele. Y no me ha mandado callar, ni me ha insultado. Casi podría decirse que me ha dado las gracias, a su manera», pensó Izuku mordiéndose el labio inferior, tentado a levantar la cabeza para ver qué estaba ocurriendo en el rostro de Bakugou, pero no se atrevió porque temía ver rechazo o incomodidad. «No seas tonto, si no quisiera que estuvieses así, ya te lo habría dicho. A Kacchan no le obliga nadie a hacer lo que no quiere».
—Si murmuras tú solo, no podemos conversar los dos —observó Bakugou, sin rastro de su habitual tono de impaciencia o exasperación—. Aunque podría quedarme dormido con el soniquete que haces cuando mascullas.
Izuku quiso contestarle con algún comentario agudo, pero su cabeza volvió al hilo de su último pensamiento y un sentimiento de plenitud le invadió cuando se dio cuenta que, efectivamente, su último pensamiento era cierto.
«Nadie es capaz de obligar a Kacchan a hacer algo que él no quiere. Quería cuidarme. Estar pendiente de mí. Por eso está aquí ahora y ha entrado a ver cómo estoy. Está aquí porque le apetece estar conmigo. Quizá no quería al principio, pero ahora sí», pensó, preguntándose en qué momento se habría producido ese cambio de mentalidad en Bakugou.
Un fuerte sentimiento de cariño le atenazó el pecho, sintiéndose mucho más seguro que antes. Reconocía en los gestos de Bakugou, a su manera, los mismos indicios que su propio comportamiento delataba. Izuku se sintió inexplicablemente feliz ante esa revelación.
—Es impresionante lo mucho que te gusta All Might, Deku —dijo al cabo de un rato Bakugou con voz tenue.
—Lo siento —repuso Izuku, consciente de que la pelea había comenzado por la frustración de Bakugou sobre el origen de su Don.
—No deberías sentirlo.
—Lo siento porque sé que no consideras que yo sea el sucesor más adecuado.
—No es eso —negó Bakugou secamente—. Es sólo… Siempre estuve delante de ti. ¿En qué momento me adelantaste?
No supo que contestar, así que se acurrucó más contra él, poniéndose en una postura más cómoda. Bakugou levantó el brazo para permitírselo. Izuku se apoyó entre el cuello y el pecho, colocando su espalda contra el costado de Bakugou y frotándose como un gato mimoso. Pasó una pierna por encima de la del otro chico y, sin pensarlo, empezó a acariciarle el empeine con los dedos del pie. Bakugou dejó caer el brazo sobre los hombros de Izuku, enterrando la mano en el cabello alborotado de su nuca, masajeándole suavemente el cuero cabelludo. Este suspiró con placer. Preocupado por las palabras de Bakugou, empezó a pensar en cómo podía contestarle.
«Quiero ser el mejor. Eso implica ser mejor que él. Pero no quiero que eso le duela ni que estropee esto que he descubierto entre nosotros».
—No pienses tanto, Deku —le reprendió suavemente Bakugou sin dejar de acariciarle—. Yo seré el héroe número uno. Voy a poner todo mi empeño en ello.
—Yo también quiero ser el mejor héroe.
—Da lo mejor de ti mismo, entonces. Controla ese poder que All Might te ha dado. Hazte merecedor de él. Pero el número uno seré yo. Te ganaré, ¿lo has entendido? —repitió con voz sosegada, pero firme.
Izuku se quedó en silencio unos segundos, procesando la información. Cuando comprendió que Bakugou le estaba retando, pero que no estaba enfadado ni le alejaba de él, se estremeció de emoción.
—¡Por supuesto, Kacchan! ¡Me esforzaré al máximo para ser el número uno!
—Tampoco te preocupes por eso ahora, ¿de acuerdo?
Bakugou suspiró profundamente, e Izuku se dejó llevar por el movimiento de su pecho, complacido. Se preguntó cómo sería tocarle con las manos, igual que el otro chico le estaba acariciando el pelo. Volvió a inspirar fuerte, deleitándose en el aroma de su cuerpo, que ahora percibía menos intenso al haberse acostumbrado. Bakugou resopló divertido al notarlo, como si no terminase de creer que le gustase.
—En serio, Kacchan. ¿Por qué estás aquí? —insistió Izuku suavemente, sospechando la respuesta, pero queriendo oírla de sus propios labios.
—Ya te lo he dicho, me despertaste. Pensé que necesitabas algo y entré a comprobarlo.
—Duermes en un piso diferente, Kacchan, ¿cómo podrías haber escuchado…? ¡Oh! —Por fin entendió lo que quería decir el otro chico. «No es que haya venido a ver qué tal estaba, es que estaba montando guardia»—. ¿Estabas durmiendo en el pasillo, Kacchan?
—Esta mañana estabas envuelto en la manta como un gusano de seda —se justificó Bakugou sin negarlo—. Eso no habría ocurrido si yo hubiese estado cerca. No se me ocurrió que necesitarías ayuda para eso. Si no llego a estar justo aquí cuando te has caído… Por eso he intentado hacerlo lo mejor posible durante el resto del día.
—Lo has hecho muy bien, Kacchan —le felicitó Izuku con sinceridad—. El profesor Aizawa estará orgulloso. Cuidas tan bien como peleas. Eres el héroe que siempre quise ser —confesó con timidez.
Alzó un poco la cabeza para ver el rostro de Bakugou. Este miraba a la pared de enfrente, con semblante pensativo, pero una leve sonrisa cruzaba sus labios. Siguiendo un impulso, le besó en la mejilla antes de volver a apoyar la cabeza en el hombro de Bakugou.
—Gracias, Kacchan —musitó Izuku en un susurro casi inaudible.
Agradeció a la oscuridad y la madrugada la intimidad que les había regalado, sintiéndose más cerca que nunca de Bakugou y sabiendo que eso era lo correcto. Cerró los ojos y lo último que sintió antes de quedarse dormido fue la mano que Bakugou tenía libre acariciarle suavemente los dedos y el dorso de la mano en un gesto cariñoso.
NdA. Sólo he olido nitroglicerina en una ocasión. Tiendo a asociar olores y, en mi cabeza, está clasificado como olor ligeramente a quemado, como cuando estás haciendo caramelo y la temperatura es excesiva o no lo apartas a tiempo del fuego y su olor se vuelve penetrante e intenso, pero no termina de ser desagradable como cuando algo arde. De ahí la comparativa con el azúcar tostado. Dioses, qué difícil es definir un olor con palabras.
