Los personajes de Naruto no me pertenecen.

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Coqueteo

Continuación a Indebido

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El reloj en la mesita de noche indicaba que faltaban diez minutos para las ocho; el cielo se podía ver completamente oscuro. Sasuke estaba seguro de que era una de esas noches donde ni siquiera salían las estrellas y la luna era sólo una tira en forma de risa burlona.

Suspiró y casi enseguida frunció el ceño.

—Inojin —el azabache trató de mantener la calma, lo cual fue un acto verdaderamente complicado. Era obvio que Sasuke odiaba un montón de cosas, pero sobre todo, aborrecía tener que lidiar con adolescentes tan molestos como ese rubio. Sasuke bufó pesado, recordando y repitiéndose las razones que lo obligaban a tener que estar ahí y soportarlo. Claro, si la causa no fuera el dinero ya le hubiera dado un buen golpe en la cara—. Inojin.

—¿Uh?

Sasuke enarcó todavía más las cejas, si eso era posible.

—Supongo que ya terminaste los ejercicios que te puse.

—Ah —el rubio lo miró un segundo para después volver el rostro hacia su teléfono—. Por supuesto que no. Están muy difíciles, no les entiendo.

—Te pregunté si tenías dudas y dijiste que no.

Sentía cómo sus venas se iban juntando en su frente para explotar.

—Y qué más da —Inojin se recostó sobre el suelo y continuó escribiendo quién sabe qué en su celular—. No necesito tu tonta álgebra para convertirme en un artista.

—Necesitas álgebra incluso para pintar —idiota, pensó. Claro que era un idiota y más, pero no podía darse el lujo de gritárselo, no mientras continuara como su tutor. Sasuke hizo a un lado el bolígrafo y también recostó la espalda en el suelo, cerrando los ojos—. Haz un esfuerzo, si no lo haces por ti, hazlo al menos por tu madre —escuchó que el chico chasqueó la lengua, pero él lo ignoró—. Tal vez deba pedirle que te quite el celular durante las tutorías…

—¡Olvídalo!

—¿Qué?

—Siempre hablas de mi madre como si fuera tu amiga —Sasuke enarcó el ceño. ¿Lo hacía? E Inojin hizo una mueca irónica—. Tú no sabes enseñar. Ese es el problema —Sasuke tenía los ojos cerrados todavía, y sin embargo, escuchó perfectamente cuando el rubio comenzó a guardar una a una sus cosas de estudio. Ino y él no eran amigos, ella era bastante ruidosa y habla hasta por los codos—. Eres como el resto. Realmente no te importo yo; si aprendo o no, tú estás bien mientras ella te pague.

Pues eso era cierto. Si Inojin reprobaba a él le daba exactamente lo mismo. Él quería el dinero, porque a diferencia del joven Yamanaka él sí necesitaba estudiar y ser el mejor para tener un buen empleo.

Lo comprendía muy bien. Inojin era ese típico niñito que actuaba de forma rebelde y despreocupada para llamar la atención de un padre ausente, y haciendo enfurecer a su madre. Claro que lo sabía, todo eso. Inojin creía que el divorcio de sus padres había sido culpa de Ino y nada más, por eso estaba tan enojado.

De cualquier forma, no le interesaba involucrarse en ese tipo de cosas, así que ya no dijo nada e Inojin tampoco.

Todavía le quedaban treinta minutos para terminar con la clase del día. Inojin se negaba a realizar las actividades y él no iba a rogar para que lo hiciera. Por eso decidió que iba a permanecer echado en el piso hasta que dieran las 8:30.

La habitación del muchacho no era demasiado grande, pero era lo suficientemente amplia como para poner una alfombra en el suelo, y una sumamente cómoda. Ni siquiera su colchón era tan suave.

—Cariño, les traje unos bocadillos.

Sasuke se reincorporó a la velocidad de la luz cuando la puerta se abrió y observó a Ino del otro lado, cargando una bandeja de madera con una especie de bebidas azules y un montón de sándwiches cortados por la mitad.

—¡Mamá, largo! Intentamos estudiar —gruñó.

Sasuke no prestó atención a los bocadillos, sino que sus ojos estaban clavados en aquella mujer que le sonreía de oreja a oreja. ¿Por qué lo hacía? Sasuke no entendía porqué Ino le sonreía así. No era una sonrisa normal, había algo detrás de ella aunque no sabía muy bien qué era.

¿Pudiera ser que…? Claro que ella no estaba coqueteando con él. Una mujer como Ino Yamanaka no iba a coquetear con un chico menor como él.

—Pensé que podrían estar hambrientos.

Sasuke se sintió rodeado por esos orbes azules. Iba a negar cuando su estómago hizo un ruido, ocasionado que la rubia riera con mayor fuerza. Entonces sus mejillas se colorearon poco a poco.

—Descuida, Sasuke —se acercó a él. Quizás demasiado cerca. Y depositó la bandeja sobre la mesita entre Inojin y él—. Come cuanto quieras —le guiñó un ojo.

Tenía que admitir que lucía hermosa con el cabello puesto a un lado. Y tal vez parecía un tonto, pero no podía apartar la mirada de ella.

—Cualquier cosa que necesites, estaré abajo, Sasuke.

Y si Ino había mencionado a su hijo también, no lo notó porque estaba tan concentrado desnudándola con su mente. No lo iba a negar, sí la deseaba.

Se dio cuenta que Inojin lo veía mientras éste observaba cada espacio del cuerpo de su madre. Sus hombros desnudos por el vestido, su estrecha cintura a pesar de la edad, y ese par de piernas que parecían ser tan suaves. Sasuke pasó saliva, sintiéndose acalorado de pronto. Estaba mal, estaba equivocado y posiblemente enfermo.

No debía sentirse tan atraído hacia una mujer que le doblaba la edad, pero era cierto. A Sasuke le gustaba Ino, desde la primera vez que la vio.

Y ella desapareció, dejando su esencia a lavandas que le picó la nariz, y aun así procuró aspirar el perfume por completo.

Y, sorprendentemente, Inojin ya no replicó nada. Al contrario, realizó los ejercicios por cuenta propia y los contestó sin ningún tipo de error.

Inojin era listo, y sabía que a él le gustaba su madre.

—Señora Yamanaka —la llamó lentamente—. Me voy a casa.

Pero ella no respondió.

La mujer se encontraba inclinada sobre el comedor, usando ambos brazos como almohada. Sasuke, tentado por una fuerza sobrehumana, se aproximó para descubrir que Ino estaba dormida. El lacio de su cabello dorado resplandecía más que nunca, y Sasuke pudo ver cada pestaña por separado, perdiéndose lentamente en la figura y en el color durazno de sus labios. Es que en verdad era bellísima.

Un mechón de cabello resbaló por su frente y eso lo molestó.

Estiró dos de sus dedos y lo apartó sin pensar en lo que estaba haciendo. Y con sus dedos tan cerca de su piel, tuvo ganas de acariciar sus mejillas y tocarlas hasta saciarse.

No lo hizo. No lo hizo porque tuvo miedo.

¿Y qué si ella en verdad estaba coqueteando con él desde el principio?

Era una idea absurda, por supuesto. Y sin embargo, estaba convencido de que ella lo estaba provocando.

¿Por qué no participar en su juego? Francamente no tenía nada que perder. Inojin no era su amigo, e Ino no era una mujer comprometida.

Sasuke sonrió de medio lado. Comenzaba a divertirse.

Muy despacio se colocó a escasos centímetros de ella, respiró una vez más su dulce fragancia y palpó sus labios con las yemas de los dedos. Ino emitió un pequeño jadeo que puso a hervir la sangre de Sasuke.

Y sin razonar en nada, la besó. Lenta, cuidadosa y torpemente.

Sus labios rozaron con los de ella, sintiéndose como si una galaxia entera hiciera descarga de energía en un segundo, y tuvo ganas de hacerlos suyos nada más.

La besó, y fue como si ella hubiera correspondido a su beso, porque los movimientos se volvieron salvajes y pudo escuchar la respiración de ella aumentando. Sus manos ya no pudieron seguir quietas y viajaron a través de su espalda, en subida y bajada.

Estaba seguro ahora, ella sí estaba coqueteándole.

—¡Sasuke!

Se apartó abruptamente.

Un par de ojos azules lo envolvieron con una combinación inusual de furia, desconcierto y decepción.

O eso creía.

FIN

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NA:

Continuación a Indebido.

Tengo más en mente, pero no quiero escribir un long fic, así que seguiré escribiendo drabbles u one-shots para esta historia.

GRACIAS POR LEER.