Narradores alternos en primera persona. Sherlock/John/Sherlock.
Capítulo 2: John.
Los personajes pertenecen a Sir Arthur Conan Doyle y a la adaptación de la BBC. No gano nada con esto más que diversión.
…
Sentí una presión sobre el vientre y me desperté sobresaltado, arrastrando el nórdico conmigo y recibiendo un gruñido como respuesta. No necesitaba encender la lámpara para saber que era el brazo de Sherlock el que me envolvía. Sinceramente, me hubiera asustado otra alternativa. Había olvidado que se acurrucó a mi lado antes de quedarse dormido. Huele a un experimento de los suyos. He de admitir que me puse nervioso. Quisiera creer que Sherlock también siente así, pero no estoy seguro. A veces le encuentro tan humano y otras…
—Ya puedes dejar de fingir, William.
—No estoy fingiendo —se desperezó, aspirando la habitación—. Qué molesto tan temprano.
—Disculpe usted. Esperaba un fantasma y me encontré otro —le fulminé con la mirada, olvidando que aún era de noche—. ¿Por qué soy tu almohada?
—Porque eres tremendamente cómodo —si ignoramos la erección con la que me levanté, solo tenía una. Maldición—. El experimento ha dado sus frutos.
—¡Ajá! —me levanté, y me volví a meter en la cama al verme tan expuesto—. Sabía que tramabas algo.
—Bravo, John. Solo te ha costado 10 años —el sol iluminaba ya lo suficiente como para ver mi dedo corazón.
Clavó los ojos en mí y desvié la mirada. Sospechaba que si nos quedábamos así no nos separaríamos. Sacudí la cabeza. Estaba siendo irracional. La noche anterior había ido a la habitación de Sherlock por alguna razón y no era sexo. Cerré los ojos intentando hacer memoria. Una luz. Recordaba una luz en mi primer sueño. Después hubo otro con Sherlock a mi alrededor. Decidí centrarme en el primero.
—¿La pesadilla? —asentí—. Pongámosle fin —tomé la grabadora de sus manos. Debió haberla sacado de la bata que se enlazaba—. ¿La escuchamos o qué?
Su barbilla en el hueco de mi clavícula me impidió girarme. Sentía la piel de gallina, no sabía si por miedo a lo que podía encontrar o por el aliento de Sherlock colándose por la camiseta. Apreté los labios y le di al play. Un gemido salió de ella y la tiré sobre la cama, tapándome la boca en un instinto. Sherlock se agarró a mi cintura para alargar el brazo. Miró el aparato con desilusión.
—Creía que eras escéptico.
—De ahí el fiasco —suspiró—. Puedes ser hasta tú en la ducha —entrecerré los ojos.
—Recuérdame, ¿por qué no te mando a paseo?
—¿Porque soy fantástico? —mi atención se desvió hacia la puerta. Lástima. Una luz se formaba en el centro, como si traspasar la madera le estuviera costando trabajo.
Tenía la boca desencajada por el asombro. Sherlock se bajó de la cama y le agarré del antebrazo. —Adónde vas —susurré. Posó su mano sobre mi agarre, fijo en la luz. Esta se paró a dos pasos de nosotros. Pude ver cómo se transformaba en… un fantasma.
—¿Mary?
—Hola, John. ¿Sherlock?
—No eras tú a quien vi anoche —sentenció sin mover una pestaña.
—Bueno. No podía dejar que le contaras que sigo aquí —me señaló con la cabeza. No conseguí articular. Tampoco solté a Sherlock—. Veo que seguís como siempre —sonrió—. He de admitir que os veo cada día. Y a Rosie, mi pequeña Rosie. La echo tanto de menos. Pero mi tiempo aquí se acabó —Sherlock dio un paso al frente.
—¿Qué te impide marcharte? —Mary se llevó un dedo a la barbilla y miró fija al suelo por unos segundos. Entonces fui yo quien se adelantó. La atravesé con todo mi cuerpo.
