Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.
Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertence a su autor James Luceno.
¡Hola a todos!
No sé cuánto tiempo haya pasado entre el último capítulo y hoy, pero garantizo que es un chorro. Entonces, pues, les pido que no ejecuten a esta chamaca que tanto se tarda, y también les pido que por favor lean, disfruten y comenten de este capítulo, esperando que disfruten leerlo tanto como yo disfruté escribirlo. Sin más, para saber los chismes de esta niña, nos vemos en la parte de abajo.
Catálisis
Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.
Parte 1: Los tiempos de la guerra
3
Aislamiento
Dos guardias con gruesas y peludas chamarras y gorros perfectamente colocados escoltaron a Hanayo desde una celda con paredes de piedra hacia una habitación de yeso blanco y techo alto arqueado. Había trozos de albura crujiendo en las fauces de una chimenea grande, y el aceitoso humo que emanaba de ella chocaba contra los candelabros que pendían arriba, llenando la habitación de un olor a incienso bastante peculiar. Una mujer de estatura promedio, aun así más alta que Hanayo, y con muy buena figura, estaba sentada detrás de un escritorio, tallado por el desgaste. Estaba peinada de raya en medio, y aún así con el cabello un poco desalborotado, el pelo estaba relamido con lo que parecía ser grasa y tenía dos trenzas idénticas entramadas con estambre de colores y unidas entre sí. El cabello era de un tono púrpura y sus ojos, que tenían en ese momento una mirada fría, refulgían con un tono esmeralda al lado del fuego. Sus ojos eran brillantes, y se veían aún más brillantes por el montón de moras que tenía en los cachetes, cuando terminó de tragarlas, llamó a Hanayo a sentarse en una silla desvencijada frente a su escritorio.
Hanayo le mostró las manos esposadas con los brazos extendidos.
—¿Está segura de que no quiere ponerme esposas?
La sonrisa que en ese momento reveló la mujer transmitía un poco de picardía:
—No creo que pueda hacer mucho daño aquí, Doctora Koizumi—dijo, con un marcado acento de Shikoku—, a menos que el Imperio del Japón le haya plantado una especie de arma secreta.
Hanayo la miró fijamente, después, se dejó sumir en la silla. Todos le habían estado haciendo la "ley del hielo" desde hacía dos semanas, aunque le habían permitido a Shizuku realizar una visita rápida.
—Usted tiene unas nociones algo… extrañas sobre las funciones del Imperio. —Hizo un gesto de desdén con las manos, llevando después una de ellas al mentón.
—Es la tragedia de vivir lejos del Centro, Doctora—Pausó, luego, continuó con el mismo tono. —Soy la capitana Toujou, la gobernadora Ena Toujou me ha enviado a supervisar personalmente su interrogatorio.
—Otra Toujou—dijo Hanayo por lo bajo—, parece que todo queda en familia, ¿no es así capitana?
—Todo está conectado, Doctora—dijo divertida, tomando uno de los elementos decorativos de la oficina—, ¿está usted cómoda, necesita algo?
Hanayo pasó las manos por su cabello, tenía años que no había tenido el pelo tan desaliñado o tan sucio, se sentía seco y grasoso, y ahora, que se tomaba más tiempo para pensarlo, no veía nada, sus anteojos no los había recuperado desde el día que la capturaron.
—Una diadema para el cabello no me vendría nada mal, que me regresaran mis anteojos tampoco. Tal vez una cobija más, ¿sabe? En las noches aquí hace frío—dijo pensativa, mientras miraba al piso. El patrón era perfectamente geométrico, y aun así simple.
—Me encargaré de que se las den—dijo la capitana con una sonrisa deslumbrante, volteó a ver un recipiente que tenía a un lado y tomó más moras.
—Creí que en Shikoku había leyes contra el arresto arbitrario, capitana—dijo Hanayo, todavía pasando sus manos por su cabello; todo era borroso.
—Nueva constitución, ¿qué le puedo decir? Podemos hacer lo que queramos, cuando queramos, donde sea, a quien sea—dijo la capitana acomodándose en su asiento, con un tono un poco brusco.
—Con esa actitud, veo que será terrateniente mucho antes de lo que usted piensa.
—Un pequeño beneficio de mi línea de trabajo, y de mi enlace consanguíneo como usted tuvo la perspicacia de notar.
Hanayo volteó hacia el techo y vio que tenía goteras que manchaban las paredes.
—Debería intentar sellar las paredes, vendría muy conveniente. Generalmente un poco de concreto basta para esa clase de goteras.
—No sabía que, además de ser investigadora, usted también fuera albañil—la capitana Toujou giró levemente sobre su silla para seguir la mirada de Hanayo, que no pudo impedir su enojo.
—¿Dónde quedó Rin-chan? ¿Eh, capitana? ¿Qué hicieron con ella?
—No se preocupe, mi querida doctora, está bien resguardada. Seguramente descansando plácidamente.
—Creo que no entiende lo que le quiero decir—la expresión de Hanayo, usualmente delicada y calmada se endureció.
—La entiendo perfectamente doctora, ¿cuántos meses faltan para que nazca su criatura?
—Dos… Más o menos, si no es que después de todo el alboroto por el que me han hecho pasar a estas alturas no la han asesinado…
La capitana Toujou emblandeció un poco su semblante, para indicar que las preocupaciones de Hanayo no le importaban un bledo.
—¿La criatura es de ella?
—¡Por supuesto que no, le estoy diciendo que está dentro de mí!
—Sólo digo porque, según tengo entendido, las mujeres de Tokio son capaces de concebir su progenie de maneras muy peculiares, contratan personas que lo hagan por ellas, ¿no es así?
—No en el Tokio que yo conozco.
—No son de los que moran en las nubes, entonces…
—Rin y yo somos dueñas de un departamento pequeño, en uno de los campus de la universidad.
—¿En verdad? ¿Una mujer de su talento, de su condición? —La capitana consideró la información.
—Exijo que Rin esté conmigo durante el parto, si es que se les ocurre seguirme reteniendo aquí—dijo sin ninguna vacilación; por un segundo, parecía que su timidez había desaparecido por completo.
—No hay nada que exigir doctora, no somos bárbaros, después de todo. —La miró sostenidamente un momento—. Ya nos habíamos conocido, ¿sabe? Hace tres meses, cuando llegó a Shikoku, me di el lujo de asistir al evento de bienvenida de Zaofu aquí en Imabari.
—Disculpe si, en las circunstancias en las que nos encontramos, prefiero no acordarme.
La capitana frunció el ceño, pero sin enojo. Volteó de nuevo y volvió a llenar su boca con moras. Después, sin escrúpulos, se limpió con una de las mangas de su uniforme monocromático.
—Dígame, ¿se siente como uno de los roedores que usa en sus experimentos?
—No uso animales en mis investigaciones.
—Bueno, el punto es que no tiene por qué quedarse aquí. El tiempo que pase aquí, sufriendo usted, Rin y haciendo sufrir a su criatura es decisión de usted misma. Podría salir hoy mismo, es más, en este momento la escoltaría inmediatamente con su esposa, y de seguro en menos de una semana la estaría escoltando a su cápsula.
—Claro, solo tengo que confesar que soy una espía del Imperio del Japón y jurarle obediencia a la CEPI, ¿no es así? —Hanayo sonrió irónicamente, sin alegría y negó con la cabeza.— Siento decepcionarla, pero sólo soy una empleada de Industrias Zaofu, no trabajo para el Imperio del Japón, y no pienso trabajar para la presidenta Nozomi Toujou.
Ninguna frase había hecho sonreír como tal a la capitana:
—"La ciencia es imparcial", digamos.
—Ni más ni menos—Hanayo volvió a cruzar los brazos.
—Con los asuntos del país, así como están, nadie gana nada con mantenerse neutral doctora, se lo prometo.
Hanayo inclinó la cabeza, la miró y dijo con honestidad, tal vez incluso con una pequeña sonrisa de malicia:
—Me pregunto qué le ofreció la presidenta Nozomi al nuevo gobierno de Shikoku. Apuesto que prometió remolcarlos un poco más cerca del centro.
—Respeto, intercambio comercial, representación justa en la CEPI… Ya sabe, todo lo que no se recibía como prefectura afiliada al Imperio—Toujou se encogió de hombros.
—Las palabras se las lleva el viento, capitana, sobre todo un viento como el viento de aquí. La gente de Shikoku sería la que ganaría más con la neutralidad. Sigan haciendo lo suyo sin meterse con nadie. Sugiéraselo a Ena Toujou, claro, si no le duele perder el puesto que han conseguido en el concejo de la CEPI.
—¿Para qué doctora? ¿Para seguir viviendo bajo techos que gotean, durmiendo en camas heladas, bebiendo té rancio? ¿Cree usted que aquí no se desea lo que las prefecturas del Centro y del Borde Medio tiene al alcance de los dedos? Usted es una persona comprensiva, doctora, ¿preferiría que Shikoku se mantuviera primitivo y alejado, como un museo para los turistas élite de Tokio?
—Y si la CEPI perdiera la guerra, ¿qué le espera a Shikoku?
—No perderemos, se lo aseguro—dijo por lo bajo, pero después, volviéndola a ver, habló—. Para ser una mujer tan neutral, parece tener una gran fijación con los ganadores y los perdedores.
—Me importa un bledo saber quién gane o quien pierda. Sólo sé que es un error pensar que Shikoku va a beneficiarse de esta guerra. —Hizo una breve pausa y continuó—. ¿Cómo cree que responderá Zaofu cuando se entere de que sus instalaciones fueron tomadas? Han invertido muchísimo tiempo y yenes en Shikoku.
—Seguro que la presidenta Nozomi estará ansiosa de renegociar los términos del contrato original con ellos—dijo con un tono bastante serio, casi como si algo así ya hubiera pasado.
—Supongo que soy el artículo de intercambio en esta negociación—dijo Hanayo, mirando a la capitana con sus ojos lilas.
—Algo por el estilo, según estoy enterada—dijo la capitana, pensativa por unos segundos. Después, se reincorporó, y volvió a hablar—¿Qué sabe usted sobre el Gran Ejército del Imperio?
—Gracias al cielo, nada en absoluto—dijo Hanayo, mirándola con recelo.
—¿Dónde se originó el ejército del Imperio?
Hanayo, volvió a sonreír, e incluso rio un poco:
—En serio, ¿por quién me toma?
—¿Cuánto tiempo llevan la emperatriz Honoka y los Iluminados planeando esta guerra?
—Eso, se lo puede preguntar a ellos, capitana. Conmigo pierde su tiempo.
La capitana se reclinó de nuevo sobre su silla, colocó de nuevo una mora en su boca y comenzó a masticarla.
—A decir de todos, su investigación ha sido muy productiva. ¿Es eso cierto?
—Vamos progresando, sí.
—En materia de enriquecimiento de energía…
—Gracias a la generosidad de la antigua gobernadora Aiko y a la abundancia de recursos en Shikoku, es correcto.
—Escuché que fabrica sus propios cristales, tengo algo de experiencia en ese campo, y suena maravilloso.
—Sí, es un proceso complicado, pero si logramos crear cristales similares a los cristales celestiales… Bueno, será una revolución en materia de energía. Podremos llevar energía barata a prefecturas en desarrollo. —Dijo Hanayo, como si olvidara que estaba en una celda y no en su laboratorio.
—Como Shikoku, por ejemplo.
—Como Shikoku, por ejemplo. —repitió Hanayo, volviendo a mirar a la capitana.
—Pero también es cierto que la energía tiene varios usos: la puede usar para iluminar una ciudad, pero también puede hacerla pedazos.
—Si tuviera motivos para sospechar que Zaofu se dedica a la fabricación de armas, le prometo que no estaría trabajando con ellos.
—¿En serio? —Lo consideró—. Muchos de sus amigos dicen que la desterremos, o que se la entreguemos a Zaofu. Su amiga, la profesora Shizuku estuvo ayer todo el día por aquí. Pero verá, usted es demasiado valiosa como para soltarla así nada más, especialmente con todas las acusaciones de espionaje. Entienda que, a pesar de su neutralidad, no nos podemos permitir que usted se inclinara hacia el Imperio y quisiera prestarle sus talentos. ¿Entiende nuestro dilema?
—No me está entendiendo, capitana.
—Tal vez no, doctora, pero aquí en Shikoku el tiempo sobra, así que no nos molesta "perderlo", como dice usted. Tenemos suficiente tiempo para indagar y para llevarla a juicio ante el Tribunal. Y todo el tiempo que "perdamos", usted lo está perdiendo con su esposa. Entiendo su postura, pero una pensaría que usted pensaba en darle una mejor vida a la criatura que trae adentro, creo que se le acaba el tiempo—Hanayo sintió precisamente como se movía—. Bueno, Ena Toujou está considerando este asunto con sus asesores, y con la presidenta Nozomi y la General Ayase en persona. Si se dictamina su inocencia, usted podrá salir de Shikoku, claro está.
—Claro, imagino que con Nozomi y la General interviniendo tan de cerca en mi proceso, la única opción sería acostumbrarme a visitar Wakayama y el resto de prefecturas de la CEPI.
—No quisiera estar en su situación, doctora.
—Verá, tenemos una prueba en las instalaciones de ignición. Se trata de someter ciertos cristales a una presión intensa para forzarlos a producir una corriente eléctrica. Esos mismos cristales pueden encogerse muchísimo cuando interactúan con una corriente externa. Me pregunto en cuál de las dos situaciones estamos en este momento.
Los ojos de la capitana se nublaron, después, abriéndolos de un verde intenso, sonrieron con genuina calidez.
—Es usted una persona extraña, doctora Hanayo.
—No es la primera en notarlo, capitana.
—Así que se enorgullece de su necedad.
—Con Rin-chan a mi lado, es la única forma de ser que conozco
—Debe ser difícil vivir así… —Toujou inhalo profundamente.
—¿Con ética? —Intentó con ironía adivinar lo que querría decir.
—No—se puso de pie y golpeó su sien con la punta del índice—, con la cabeza llena de ideas.
Rin abrió con manos temblorosas la carta que le había entregado Shizuku. Estaba escrita sobre el papel extremadamente delgado, del más barato. Los márgenes de un lado estaban llenos de dibujos, de rostros y figuras entre fragmentos de ecuaciones, como si Hanayo se hubiera dividido entre dos tareas distintas con el limitado trozo de papel que se le había otorgado: Una parte de ella escribía a Rin, mientras que la otra resolvía lo que fuera que se le viniera a la mente en ese momento. Rin tuvo que girar la nota varias veces antes de encontrar el sentido en el que Hanayo quería que la leyera, aún con todos esos ángulos apenas puedo descifrar poco del contenido. El lado inverso estaba tapizado con letra diminuta, como si quisiera ahorrar cada milímetro cuadrado. La letra microscópica de Hanayo era tan críptica como sus teorías sobre cristales y cómo podrían generar energía barata, pero con tantos años de experiencia, Rin se había vuelto la intérprete experta de sus notas, por lo que apenas le tomó unos minutos comprender la totalidad de lo que escribía.
La carta decía lo siguiente:
La capitana Toujou, con la que ya llevo tres interrogatorios, me ha dicho que estrás "bajo resguardo" en un lugar muy seguro en el lado este de Imabari, pero en serio no podía estar calmada sin poder asegurarlo. Por fortuna, alcanzo a ver un poco de la ciudad desde la ventanita de mi habitación (la forma con la que la capitana llama a mi celda), aunque para lograrlo, me tengo que parar sobre varios banquitos apilados, ¿qué puedo decir? Supongo que la gente de Shikoku diseñó sus celdas para gente más alta. A veces, con la suciedad que se acumula en los barrotes, ni eso es posible, se ve simplemente un manchón. Pero aun así intento imaginarme el cuarto donde sea que te tengan, las cosas que ves, todo lo que tocas, y me gusta pensar que tú te has asomado hacia la prisión intentando verme como yo a ti te miro.
Rin paró de leer; no había hecho ninguna de esas cosas porque no tenía ni la más remota idea de donde buscarla. Toda la ciudad de Imabari se veía absolutamente igual, y no había ningún rasgo que destacar a la prisión donde recluían a Hanayo. Aún así, en cuanto lo supo, se levantó de su silla acolchada que estaba al pie de su amplia cama, y de dirigió rápidamente hacia el mirador de su ventana. Si tan solo pudiese cambiar lugares con Hanayo; no lo decía por lástima ni mucho menos, pero con su bebe a punto de nacer, las condiciones en la que la tenían eran poco saludables. Limpió un poco de escarcha del vidrio y dirigió la mirada más allá del patio y de la ciudad que se esparcía hacia adelante, hecha a mano sin mucha destreza ni planeación. Al centro del patio había una estatua enorme de un jinete ataviado con casco y capa. Su brazo derecho blandía un garrote de guerra. Más adelante, en las alturas, una decena de cápsulas de ala ancha parecía flotar tras el cielo gris. En la ciudad, se veía a algunos habitantes haciendo sus cosas sobre sus trineos, y curiosamente se notaba tráfico. La prisión se imponía levemente sobre una meseta al este, como cualquier otra construcción, solamente que un poco más ancha. El día que le había entregado la carta, Shizuku le había dicho también a donde mirar. Se parecía muchísimo al palacio que estaba conjunto, y a toda la zona histórica, tal vez de ahí la confusión. Ambas construcciones habían sido parte de la zona de gobierno en tiempos de antaño. Algunas luces titilaban en las luces de debajo de la prisión, pero en los niveles superiores, hasta el techo exagerado (tan escarchado que no recibía nada de la nieve) solo reinaba la profunda oscuridad de la noche. ¿En qué nivel, en qué celda? ¿Por qué no le había dicho más o menos a qué hora mirar, o que haría una señal con su vela para hacerle saber que todo estaba bien?
Se sumió en el cojín suave del mirador de la ventana. Se sentía molesta. La comodidad que ella tenía casi le parecía un insulto al lado de lo inconfortable que era la vida de Hanayo en ese momento, con todo y el bebe. De inmediato le invadió el ferviente deseo de estar con su Kayo, y acompañarla en el embrollo en el que las dos se habían metido.
La situación era tan descarada por parte de Ena Toujou que a Rin le habían sido asignadas damas de compañía, y para terminar de marcar su descaro, una de ellas era partera, ansiosa por presenciar el nacimiento de un bebe del Centro. Las damas reían como niñas y solo profesaban lealtad a la nueva gobernadora cuando sus soldados estaban cerca. En realidad, tenían tantas ganas de conocer a su Kayo como ella se moría por abrazarla. Alzó la hoja para ver mejor la luz tenue y siguió leyendo.
En la categoría de celdas de la prisión, me han dado la mejor, eso no puedo negarlo. Me han dado acceso a casi todas las comodidades, curiosamente a todas menos a las que he pedido, por lo que imaginarás que no veo nada sin los anteojos (tal vez por eso escriba peor de lo normal) y que mi cabello es un asco. Es impresionante lo que esta gente puede hacer con la piedra, y esta habitación (el edificio entero, honestamente) es de los mejores trabajos de cantería que he visto en varias prefecturas. Las paredes tienen un metro de espesor, los techos son altos arcos ovoides impecablemente geométricos, y las columnas enormes están lisas, sin adornos, como si los albañiles quisieran que se reconociera su obra. Los corredores siempre están repletos de ruido constante de manos cincelando.
Pero bueno, no todo puede ser perfecto. También están los barrotes, la falta de luz, la peste (y es que esto es lo que más apesta) y los trozos de nieve que están tan escarpados que es casi como si fuera otra pared. Cuando hace mucho frío de noche (casi siempre, ya que no tengo cobijas), puedo patinar sobre las baldosas del piso. Lo interesante es que descubrí patrones y hasta caras en las algas y el musgo que sale por la humedad, parece que los albañiles preservaron su obra extremadamente bien.
La capitana Toujou tiene razón, nunca sentí que tenía tanto tiempo libre. He estado haciendo cálculos mentales de todo tipo. Lo único bueno de la rutina flexible que ha conseguido mi embarazo es que me permite ir al baño y tener una porción de moras (parece ser que es lo único que están dispuestos a darme de comer) cada que lo desee. Aun con eso he tenido demasiado tiempo de sobra para meter en la cabeza toda esta clase de cosas.
A decir de la capitana Toujou, te están tratando de maravilla, pero me urgía estar segura. Shizuku vino a recoger la carta, y dice que no logra averiguar nada sobre las condiciones de tu alojamiento, me dijo que insistiría hasta poder llevártela. Cuando me recordaste lo de la cuesta de Numazu, me vinieron a la mente mil cosas de esa expedición…, sé que les debo la vida a ti y a tu inteligencia. ¿Te acuerdas del día que perdimos el pueblo? Lo veo como si lo tuviera en frente… La larga caminata, tus habilidades en todo su esplendor, tu curiosidad de exploradora… Qué bien la hemos pasado juntas, tantas experiencias, tantas aventuras…
Siempre logramos salir de las peores; esto no es nada, Rin-chan. Sólo tenemos que resistir y confiar.
Solía salirse por la tangente, y, como de costumbre, recordaba mal las cosas a propósito. Las dos habían hecho muchísimo para sacarse con vida de esa expedición. Pero intentaba no dar crédito a ella misma, se infravaloraba a tal punto que a Rin incluso le llegaba a molestar un poco que lo hiciera. Es como si no se quisiera a ella misma, cuando destacaba por sí misma sin esfuerzo. Se acordó de la primera vez que la vio, en Kumamoto: "Esta niña es tan magnética que seguro que se la pasa despegándose cucharas todo el tiempo".
Continuó leyendo.
Asumo total responsabilidad por este embrollo en el que nos hemos metido (no por Numazu, ese sí que no fue mi culpa). Tú no estabas cómoda con venir a Shikoku, debí haberte escuchado. Sólo era cuestión de tiempo antes de que Shikoku se aliara con los separatistas, me temo que no supe predecirlo, lo lamento. O quizá lo hice y me negué a reconocerlo; en aras de la investigación, por supuesto, lo lamento de nuevo. Pero debes admitir que hemos hecho amigos entrañables estos meses…, y los cristales, todo lo que hemos descubierto en equipo… Con Shizuku, con Mako, con Sora, contigo… Estábamos a punto de lograr algo grandioso con la última tanda de cristales celestiales. A estas alturas, ya no hay límites: esto significa energía suficiente y sustentable para ciudades enteras, tal vez para prefecturas enteras. Me urge regresar al trabajo. Esto es para lo único para lo que realmente sirvo, y me urge poder tener a nuestro bebe juntas. Lamento que este prospecto se sienta tan lejano, por el momento.
Pero de nuevo, estoy hablando de mí. ¡Dareka tasukete! Más bien lo que me urge es estar contigo, que me abraces; haré lo que sea para que estés conmigo cuando nazca nuestro bebé. La capitana Toujou me dice todos los días que yo decido cuando irme. Pero esa "decisión" amerita que tengo que acceder a trabajar para la presidenta Nozomi y para la General Ayase, no para Zaofu. Olvidarán los cargos falsos de espionaje y podremos volver a vivir como hace algunas semanas. No puedo decidir sin ti, tú sabes que no puedo, ¿acepto los términos? Si me dices que sí, lo haré inmediatamente y sin miramientos, por ti y por nuestra hija. Sólo dímelo, cada vez se vuelve más complicado tener a la niña aquí dentro, pero, aunque mi cuerpo esté derribado, mi mente está libre y siempre contigo. Hasta siempre. Todo mi amor. Kayo
Dejó la carta en el sillón, junto a ella. Kayo sabía que ella nunca le pediría que actuara en contra de sus principios. Pero, aunque pudiera sonar como un plan para echarle a ella el peso de una decisión que ella obviamente no sabía tomar por si sola, Rin leyó toda su sinceridad, palabra por palabra. Tomó la carta para volver a leerla; sus ojos desbordaban lágrimas cuando terminó. Fue doloroso leer cada palabra, pero ese pedazo de papel representaba el gesto más romántico que Hanayo había hecho en años. Lo atesoró.
Sakura volvió en sí de golpe. Sus sensores ópticos registraron que un soldado con bigotes largos había removido el perno de restricción que otro soldado con el mismo uniforme le había colocado hacía 27 días, 19 horas y 54 minutos.
Había mucho silencio en la entrada del domo de aparcamiento en el que estaba la cápsula de la doctora Koizumi y Rin; precisamente en donde fueron atrapados por la red. Su cápsula, elegante y moderna, seguía inmóvil sobre la capa de hielo que ya se había formado sobre ella. Varios soldados circulaban la cápsula. Exhalaban nubes de aire helado. Uno de ellos se había percatado de los ruidos de Sakura reiniciándose y haciéndose un autodiagnóstico, pero prefirió no prestarle atención. La aleación que componía las extremidades del cuerpo de Sakura se había vuelto un poco más frágil con el frío extremo. Sus circuitos y conductores tardaban mucho en calentar.
De acuerdo en las instrucciones programadas por Hanayo, los sensores de Sakura buscaron dispositivos con los cuales comunicarse. Encontró un transceptor de hipercomunicaciones a larga distancia al lado de la cápsula, caminó hacia él, y sin nada de pena, comenzó a conversar con el aparato.
Mientras las máquinas tenían su peculiar charla, los sistemas de inteligencia de Sakura, imitadores de su cerebro, produjeron varios resultados de lo que pasaría después de lo que ella estaba haciendo. Por una parte, veía su fracaso si acaso los soldados descubrían que estaba llevando a cabo la encomienda de la doctora Hanayo: Una de sus predicciones terminaba en que le borraran la memoria y la programaran desde cero; la segunda, tenía que ver con la destrucción y desmantelamiento, terminaría como refacciones para calentadores de los soldados. Sin embargo, había una tercera, la más fuerte, en la que recibía los elogios de aquellos a quienes servía, en donde pertenecía. Ese pensamiento, ese código, la impulsó a seguir.
Luego de establecer una relación con la serie de comunicaciones hiperespaciales de la cápsula, Sakura transmitió información audiovisual del arresto de la doctora Koizumi y la toma de las instalaciones, protagonizada por soldados del nuevo gobierno de Ena Toujou. A su vez, el transmisor reenvió las imágenes a los recipientes adecuados en una emisión ráfaga. Para cuando los soldados se dieron cuenta, un disparo de luz cumplió su segunda predicción de inmediato, pero la encomienda estaba hecha.
Todo en un abrir y cerrar de ojos.
Fin del capítulo
Y bien… ¿Qué les ha parecido este capítulo? Les confieso que me ha cansado bastante escribirlo, pero me he dado el tiempo de corregirlo y me ha gustado el resultado. Quisiera saber su opinión si alguien me honrase dejando un comentario.
Mientras tanto, pasando a esa sección de todo capítulo que no tiene nada que ver con la historia, les comparto mi alegría. Se supone que mañana es mi último día antes de salir de vacaciones, pero como hoy ya no hubo tarea, pues, actividad para la tarde fue este capítulo. Pero ese no es el punto, estoy super contenta porque terminé mi semestre con un promedio de 99, ¡99!, es cierto, me maté estudiando desde principios de agosto, pero cuando veo el resultado, creo que es de los pocos momentos en los que me puedo sentir orgullosa de mí misma, sí, son de esos momentos en los que no me siento basura que puede ser desechada por cualquier persona. Pero es no importa, hablando de que me maté estudiando cada día, pues creo que he ahí la razón de que no escribiera en… Ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado desde el último capítulo, así que intuyo que es un montón. He estado durmiendo plácidamente y mis ocho horas estos días y he notado que estoy menos histérica, ¡yei!
Y bueno, ahora que habrá tiempo, creo que trataré de compensar mi ausencia con un capítulo cada semana, prometo por lo menos cumplir las próximas dos semanas. Después, intentaré preparar capítulos para de aquí a abril con lo que me quede de vacaciones, ya los iré subiendo en intervalos decentes para no desaparecerme por meses.
Y pues, aunque no lo parezca, estoy super enganchada con esta historia, en serio, repito por tercera vez, me encanta el reto, y planeo seguir con él. Por cierto, el próximo capítulo prometo que será interesante (Chale, ¿cómo que prometo mucho no?) No, ya, fuera de broma, el siguiente capítulo, aquí como adelantando cosas, va a ir hasta el Centro, en Tokio, hay varias personas importantes que conocer ahí.
Por cierto, como esos datos de la obra original que no creo que a nadie importe a menos que la hayan, la estén o la vayan a leer, Shikoku representa al sistema de Vaalt, y pues, todavía no hay mucho que decir, pero Tokio representa al mundo de Coruscant. Y pues, ya le metí varios cambios en cuanto a los personajes, por lo que no puedo meter tantos paralelismos con eso.
Y, ¡wuu!, debo varias cosas, tengo varias lecturas pendientes, entonces ya tengo trabajito para esta semana, que empezaré mañana mismo. Por cierto, estoy super emocionada por el Love Live Fest de febrero, ya veré si por mi casita todavía hay boletos.
Y pues, ya sin más por el momento, creo que dejo mi choro por hoy, los quiero a todos y a todas, gracias por honrar a esta chamaca leyendo hasta esta parte, y pues, aquí Aramaru les dice… ¡Oyasuminassan!
Por cierto, les comparto con decepción que la OCDE colocó a mi México super mal en la PISA, anduve checando, y pues, es de esos datos que decepcionan un poquito, pero bueno, no digo feliz Navidad porque prometo regresar antes. (De esos datos de los que te enteras cuando una de las personas con la que más hablas es tu maestra de Matemáticas).
