Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.

Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertence a su autor James Luceno.


¡Hola a todos y todas!

Espero que se encuentren muy bien, y les agradezco porque si leen esto quiere decir que ya se están pasando por esta historia. Por fin hemos legado con el capítulo 4, que será muy importante, por cierto, pues es la introducción de la tercera protagonista de esta historia. Así pues, por favor lean, disfruten, y espero que el capítulo disfruten leerlo tanto como yo escribirlo. Y pues, para los que les guste leer el chorro mareador, nos vemos abajo.


Catálisis

Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.


Parte 1: Los tiempos de la guerra

4

Armas secretas


Tokio era una ciudad tan densamente poblada, que a veces la lista de invitados de un evento a puertas cerradas podía medir cientos de nombres. La junta especializada, que tenía lugar en el Anfiteatro de Planeación Estratégica, en la cumbre del Centro de Operaciones Militares del Imperio del Japón, le daba un nuevo significado a la palabra "exclusivo". Había solamente 108 personas autorizadas. Hacía un año, antes del comienzo de la guerra, del reclutamiento de un gran ejército y de la nueva alianza con la orden de los Iluminados, la sola idea de tener un Consejo de Asesoría Estratégica habría parecido un ardid para que los miembros de la Cámara de Consejeros siguieran hinchándose con las arcas del Imperio. Pero ahora, a la luz de la nueva información sobre el estado de la maquinaria de guerra separatista, de los avances de la general Ayase y la separación inminente de las prefecturas del Borde gracias a la política de Toujou, el comité se consideraba a si mismo, en opinión de sus asambleístas, crucial para sus esfuerzos contra la Confederación Externa de Prefecturas Independientes.

La teniente comandante Maki Nishikino, la persona a cargo de remodelar y expandir el edificio, estaba sentada entre el escenario del anfiteatro, viendo piso tras piso palcos reservados para los miembros selectos de la cámara de Consejeros, y representantes de los sectores industriales que se habían mantenido leales al Imperio: Ingeniería Kazashi, la responsable de fundir los enormes cruceros del imperio, Motores Mayuko, responsables de darles a sus cápsulas los propulsores sub-sonido, y Electrónica Yamato, la responsable de las comunicaciones, por mencionar algunos.

Maki recién había cumplido los treinta y cinco. Era alta, con ojos violetas brillantes, labios estrechos y un cabello de un rojo ardiente ondulado. La habían transferido del Cuerpo de Ingenieros hasta la Unidad de Armas Especiales de la organización; tenía puesta la misma túnica blanca que usaban algunos miembros de los servicios de seguridad e inteligencia.

Los asientos no fueron asignados por rango, prefectura de origen u orden de importancia. Maki sabía dónde se sentaba la mano derecha de la emperatriz Honoka, Kotori Minami, y estaba decidida a acercársele. La mujer, con porte elegante y una túnica carísima estaba al lado del escenario con varios de sus asesores (igualmente vestidos como para llamar la atención), frente a una pared curva transparente que daba al sur del Distrito de la Cámara de Consejeros de Tokio. La ciudad era tan grande que cubría por debajo, sobre y por encima de la tierra, dividida en niveles donde pocos podían aspirar a llegar a los más altos, y los peores criminales dominaban los más bajos. Aún los niveles más altos, que eran pocos, alcanzaban decenas de miles de personas, y en los niveles inferiores, el número simplemente crecía. En los meses desde que comenzaron los informes semanales, Maki había logrado avanzar diez filas hacia su meta, y estaba segura de que la alcanzaría para el primer aniversario de la Batalla de Okayama, la primera batalla que iniciaría con la guerra de las Prefecturas, y que, después de dos sangrientas batallas, volvía a estar en manos del Imperio.

El cuarto era una mezcla de uniformes y ropa de civil. A la izquierda de Maki estaba sentado el jefe de inteligencia naval, Taiki Sonoda; a su derecha, el director de la Comisión para la Protección del Imperio, Hayate Tukoi. Alrededor, había militares de alto rango, ingenieros estructurales, diseñadores de naces y físicos teóricos y experimentales. La mayoría eran del Centro, pero había suficientes en el Borde Medio como para que no se notase una discriminación latente. Maki conocía a algunos de los científicos como asociados de la Junta de Producción de Guerra. A otros los conocía por simple reputación.

En cuanto hubo silencio en la habitación, Maki se asomó un poco entre dos cabezas y divisó la científica de Kanto que tenía la palabra en la fila de adelante:

—Primer Ministro Minami, estimados colegas; me complace anunciarles que la fase uno del proyecto está terminada.

La doctora Izumi era una especialista en inteligencia artificial, con un casco en forma de domo, que diseñaba robots de espionaje y vigilancia y que estaba en colaboración íntima con los Iluminados. Tenía adherida al brazo un regulador que le ayudaba a mantener su presión sanguínea estable:

—Presten atención al holoproyector, por favor.

La mayoría lo hizo, el holoproyector del centro era enorme, sin embargo, otros prendieron un dispositivo de transmisión 3D que proyectaba los datos de la unidad enorme del escenario desde los asientos más exclusivos con reposabrazos. No se permitían holocomunicadores personales en el anfiteatro, y hasta los proyectores estaban en cuarentena de la Holored.

Arriba del escenario había un aro reluciente de metal, de un tamaño enorme, casi del mismo tamaño que todo el distrito industrial de la ciudad; estaba suspendido en lo que parecía ser el cielo. Izumi se levantó de su asiento para mirarlo un segundo, después, volteó hacia la cabina de control del último piso del anfiteatro.

—La vista alternativa, por favor.

Esperó a que el aro girara sobre sí mismo hasta que se convirtió en una línea vertical.

—Mucho mejor. Ahora, por favor expanda el cuerpo para que podamos ver la imagen en contexto.

El aro se hizo más pequeño a medida que la imagen se alejaba y comenzaron a entrar en el cuadro los modernos cruceros flotantes, depósitos de materiales, y enormes soportes metálicos que tomaban de diversos ángulos al aro en cuestión para que no cayera contra el piso.

—Cuarenta kilómetros de polo a polo, una hazaña increíble por si sola. Imaginen ustedes que, esto, en área es equivalente casi a la superficie de la ciudad de Tokio. —Izumi hizo un ligero giro en el aro, como si estuviera jugando con su obra maestra.

El anfiteatro estalló en aplausos. Incluso Kotori Minami esbozó una sonrisa de satisfacción. Sin embargo, Maki había pasado bastante tiempo en el sitio de construcción, y sentía que el holovideo no hacía justicia a la obra en proceso que se erguía sobre la prefectura de Okayama. Pero tendría que ser suficiente con eso, ya que muy pocos miembros del consejo tenían permitido visitar el proyecto. Para negarle la entrada a cualquiera sin acceso autorizado, o en el peor de los casos, algún inesperado de la CEPI que osara meterse en la región, había varios cruceros flotantes a la vista como cuñas en el aire, además de los que había repartidos en los alrededores de la zona conurbada de la ciudad capital.

—Lo que vemos es el producto de incontables horas de labor de máquinas recién diseñadas en su mayoría. Como podrán ver, algunas son controladas por operadores del ejército estacionados en nuestros puestos de mando. —Señaló tres puntos brillantes en el holocampo. —Aquí, aquí y aquí. —Volteó hacia la cabina de control y dijo—: El aspecto dos, por favor.

La audiencia estalló en una variedad de murmullos cuando el campo desapareció. En su lugar, se formó un panorama de la ciudad de Okayama y sus alrededores, repletos de navíos de construcción de todo tipo. Mineros, transportistas, auxiliares y remolques, yendo y viniendo como abejas erigiendo un panal.

—Nuestra cantera, por así decirlo —dijo la doctora—. Nos provee de metales, material orgánico, incluso agua. Hemos remolcado varios depósitos iguales; los trajimos al sitio con los rayos tractores de los cruceros flotantes desde el centro de la ciudad, y en otros casos, hemos vaciado las aldeas vecinas para seguir surtiéndonos.

El holovideo cambió de nuevo y mostró una imagen de plataformas enormes, con un tránsito pesado de cruceros.

—Cuando hayamos terminado de extraer todos los minerales de la zona, llevaremos todo directo a la zona de la capital, directo a las fundidoras que hemos recreado, para producir acero y otros metales estructurales. Al reutilizar las fábricas de androides que Armaduras Taki tenía en la ciudad, pudimos poner en marcha las fundidoras justo a tiempo para el inicio de la producción en masa. Como ustedes recordarán, esta prefectura era uno de los princípiales centros de producción del ejército de la CEPI, antes del inicio de la guerra y durante su reconquista apenas hace unos cuantos meses. —Una vez más, se dirigió a la cabina de control. —Por favor, el esquema original.

Una enorme plataforma, con una concavidad enrome en el centro apareció sobre el holoproyector.

—Nuestra meta, señoras y señores—dijo Izumi—La estación móvil de combate.

La emperatriz Honoka en persona le había presentado el esquema al Consejo de Asesoría Estratégica durante su segunda sesión. Pero el hecho innegable era que la idea no era resultado de la inteligencia e investigación del Imperio, sino de los separatistas. La General Eli Ayase, la líder militar de la CEPI, recientemente capturada en la batalla de Chimane a manos de los Iluminados (en un intento por recuperar Okayama), sostenía que la presidenta Nozomi Toujou le había dado los planos básicos para su ejército, y que sus ingenieros solo la habían perfeccionado.

Según Eli, ella no tenía idea de que los separatistas tuvieran un proyecto entre manos, pero la mayoría de los miembros del consejo decidieron no creerle por razones obvias, además de que sus servicios de inteligencia estaban seguros de que las huestes de Nozomi, con ayuda de sus compañías aliadas a la Confederación, construían desde hace tiempo una estación de combate en alguna parte secreta de Japón, y la buscaban por todos lados para localizarla y destruirla. La evidencia le parecía especiosa a Maki, pero ponerla en duda pondría en peligro el patrocinio del Imperio hacia el propio proyecto, a pesar de la autoridad que la Ley de Poderes de Excepción había conferido sobre Honoka, reinstaurando de cierta forma el poder de la vieja monarquía. Si la estación de combate era tan potente como los científicos predecían, era de vital importancia que el Imperio tuviera una primero.

Había preguntas al aire acerca de cómo cayeron los esquemas originales en manos de la emperatriz, pero la mayoría admitía que estos habían sido hallados durante o un poco después de la segunda batalla de Okayama. No por los Iluminados, claro está, que, a pesar de su intervención en la guerra, no tenían ni representación en el consejo, ni estaban enterados de él. Hasta a Izumi, que era tan cercana a Iluminados de alto rango como You Watanabe o la misma hermana de la emperatriz, Yukiho Kousaka, se le hizo firmar el Acta de Secretos Oficiales, e iba a tener que quedarse calladita cuando lidiara con miembros de la orden de los Iluminados.

—Ahora que hemos terminado de contemplar el meridiano principal —dijo la científica de Kanto—, podemos proceder con la fabricación de una plataforma levitatoria provisional, junto con una serie de bandas latitudinales para fortalecerla. Estas bandas se colocarán de polo a polo de una forma ovoide, para después añadir el casco y las divisiones de las secciones internas. Estos espacios estarán sellados y oxigenados perfectamente para que se pueda trabajar por dentro sin ningún problema.

—¿Y de dónde tiene planeado sacar a los trabajadores? —preguntó alguien en la fila de enfrente.

—Estamos explorando nuestras opciones. —Izumi dio una pirueta en dirección de la voz

—He visto presupuestos millonarios de mano de obra —dijo la misma persona.

Una persona sentada unas cuantas filas por delante de Maki habló antes de que Izumi pudiera contestar:

—El subcomité del consejo está considerando darles a los sobrevivientes de Okayama el trabajo que nuestro ejército no puede realizar.

Antes de que nadie pudiera opinar, la túnica reluciente de Kotori destacó entre los demás al ponerse de pie de su cómodo sillón. Su báculo tenía una figura en la empuñadura, y cuando lo asió, golpeó el suelo para callar a la gente.

—Quiero advertir a todos que no se adelanten. Surgirá un número adecuado de empleados cuando haya necesidad.

Maki observó a la primer ministro, ataviada con adornos en su túnica y destacando entre la multitud con su cabello gris. Tenía entrecerrados los ojos con ternura, y su cabeza estaba en un ángulo en el que estos mismos apuntaban directamente al público.

"Entrelaza los dedos a nivel del pecho cuando duda de lo que está escuchando; su cabello se mueve involuntariamente cuando está interesada. Asoma su lengua cuando se equivoca…" Maki recordó lo que había aprendido en todas las reuniones.

Izumi mandó proyectar hologramas del último crucero experimental de la CEPI, junto con la de los planos del esquema. Los ingenieros del Imperio habían sugerido que la estación de combate estaba inspirada en el orbe de control central de la enorme cápsula de comando central de androides de la Federación Comerciante que llevaba décadas funcionando, aún antes de la guerra.

—Imaginen que en vez de las enormes antenas de comunicación que hay en los brazos generales de la cápsula central, se logra construir una especie de trinchera, con bahías de hangares para nuestras cápsulas de ataque y acoplamiento, generadores de rayo tractor, proyectores, torres emisoras y enormes estaciones de comunicación. También tendrá emplazamientos de cañones, proyectores de escudos de energía y plataformas de energía sub-sonido en toda su superficie. Funcionará como ligeras colonias a lo largo de la superficie. Salvo una capa habitable de varios kilómetros de espesor que tendrá centros de mando, armerías y bloques de mantenimiento, podremos dedicar todo el espacio interior para el reactor de ignición, los motores de impulsión a una velocidad similar a la del sonido y por supuesto, el arma.

Maki miró a Minami-san. Se acariciaba el mentón con las uñas pintadas mientras caminaba alrededor de las imágenes proyectadas, que le doblaban la altura.

—¿Cuál es el estatus del arma? —preguntó la primer ministro, curiosa al ver la imagen del arma.

Izumi giró hacia alguien en la audiencia y le hizo un gesto con las manos para que se acercara.

—Me temo que eso ya no está en mis manos, confío en que el profesor Kimuri podrá responder esta pregunta.

El hombre que se incorporó para referirse al asunto era el científico en jefe del Grupo de Armas Especiales. Era casi tan ancho como alto, y con todo y sus gafas de seguridad tenía un aire de serenidad, curioso para ser el desarrollador de las armas que pulverizaban a los separatistas.

—Con respecto al arma… —comenzó a hablar con acento muy marcado del Borde de Japón; había sido de los que habían llegado a los territorios del Imperio antes de que los separatistas comenzaran sus conquistas—, hasta los esquemas son imprecisos. Pero tenemos razones para sospechar que los separatistas tenían en mente un arma montada en un reflector parabólico por la parte inferior de la estación. Según los planos realizados por el grupo de investigación de la General Ayase, el arma realizada es capaz de pulverizar superficies terrestres con facilidad, tal vez incluso sea capaz de quebrantar el flujo de materia en un área determinada.

—¿Existe un arma así? —preguntó Kotori, y volteó abajo para ver a Kimuri—, ¿está dentro de nuestras posibilidades fabricar una de esas?

—Bueno, desde el origen del Imperio, hace ya varios milenios, jamás habíamos tenido la necesidad de investigar esto; mucho menos de invertir dinero —Aclaró Izumi, parándose como podía al lado de Kimuri—. Dicho esto, después de la crisis de hace once años en la prefectura de Chiba, el Grupo de Armas Especiales del Imperio desarrolló los planos de una estación de combate automatizada. Un punto fijo que desde Tokio regularía todo el territorio del Centro y del Borde Medio.

—Me parece que también hay planos para una plataforma de asedio—dijo Kimuri distraído. Izumi admitió la observación asintiendo.

—Sobra mencionar que los proyectos se quedaron en el diseño, Minami-san.

—Supongo que son… juguetes, al lado de esto—Kotori, con sus ojos brillando intensamente, hizo un gesto despectivo a lo que le mencionaban antes, mirando los esquemas del arma.

—Supone bien—dijo el profesor Kimuri.

—El arma será el reto más difícil—dijo Izumi—. El reactor de fusión, los motores sub-sonido, el propulsor experimental, los generadores de escudo, todo lo demás en general, es solo el armamento y sistemas de defensa que Ingeniería Kazashi ha producido en masa para nuestros cruceros flotantes. Pero el arma… El arma no va a ser sólo una versión ampliada de un láser, no… Si se logra, será algo digno de ver.

—¿Cuánto tiempo tardarán en desarrollar este "hito" de tecnología? Necesito una fecha, mi emperatriz necesita una fecha—dijo Kotori, aclarándose la garganta antes de decir lo último.

—No es fácil de calcular, Minami-san. Varias de las mejores mentes del Imperio están trabajando en ello. Sin embargo, el arma requiere de algo verdaderamente innovador en el campo de manejo de energía. Tendría que ser un descubrimiento de proporciones mundiales.

Maki se reclinó confiada y un poco prepotente en su silla; confiaba en que el destino le había sonreído, y le había dado los medios para avanzar a primera fila.


—No hace falta que estés de pie, teniente comandante —dijo Kotori Minami, dándole la bienvenida a Maki a su amplia oficina en la Cámara de Consejeros—. Por favor, toma asiento.

Maki evaluó la habitación, y tomó el mejor asiento.

—Gracias, primer ministro.

—Una disculpa por no haberte podido atender antes.

—Nada que disculpar, imagino que ha estado ocupada, con la guerra y todo… —dijo con un vago gesto despectivo, restando importancia.

"Ahí va, a entrelazar sus dedos"

Kotori entrelazó los dedos frente a su pecho y analizó a Maki desde el otro lado del imponente escritorio de metal.

—Mis asistentes me informan que tu visita tiene algo que ver con "el proyecto". —dijo ella, remarcando con secretismo lo último.

—Tiene todo que ver con el proyecto. —confiada, Maki sonrió de oreja a oreja.

—¿Qué parte del proyecto, exactamente?

—El arma—con estas simples palabras, Maki logró su cometido.

El cabello de Kotori se revoloteó un poco, la primer ministro le prestaba atención.

—Bien, en ese caso, la disculpa por no haberte atendido antes es doble.

Maki nunca había convivido personalmente con Kotori. Habían estado en la misma habitación juntas y la había observado aquí y allá, en la ópera antes de la guerra, en la Cámara de Consejeros, en varios lugares, varias veces. Incluso la invitación que recibió Maki (la orden, mejor dicho) para unirse al Consejo de Asesoría Estratégica había salido de Kotori Minami, aunque Maki dudaba que la ministro se acordara (o supiera siquiera) que lo había hecho.

La vida de Maki había cambiado desde que la habían transferido del Cuerpo de Ingenieros, y le pidieron que tomara innumerables juramentos. De entrada, asumió que su comunicador personal estaría intervenido; que habían entrevistado a sus padres, a sus amigos más cercanos, a sus sirvientes, y a cualquier persona que se relacionara con su pasado. Incluso sospechaba que todo lo que veía en la Holored era rastreado. Aunque usaba la túnica blanca, en público seguía siendo parte del Cuerpo de Ingenieros. Sólo sus socios dentro del grupo sabían de sus obligaciones como coordinadora de Armas Especiales. Esta nueva tarea también requería que volviera a la escuela, cosa que no fue tan complicada para ella: debía tomar cursos intensivos sobre las armas que Rothan le había dado al Imperio para armar a su ejército, y también sobre las armas que Lisan, Taki y otros les producían a los de la CEPI. Al graduarse, supervisó a un grupo de expertos de investigación, que seguían ordenes directas del grado superior del Ejército del Imperio. Como primer ministro del Imperio, Kotori Minami no tenía ninguna autoridad sobre ella, pero Maki supuso, correctamente como siempre, que le sería útil fingir que estaba bajo su mando, aunque fuera para no olvidar en dónde estaban paradas.

Minami-san continuó hablando:

—Si se trata del arma, debiste mencionarlo en la junta, Maki-chan. —le dijo en un tono recriminatorio.

—Si, debí hacerlo —dijo Maki fingiendo pena—. Pero sentí que era más prudente discutirlo en privado.

El cabello de Kotori se sacudió con un ligero tremor.

—Bien. Henos aquí.

Maki fue directo al grano.

—La doctora Izumi tenía razón, las mentes más brillantes del Imperio están desarrollando el arma de la estación. Todas menos una.

El movimiento extremadamente ligero del cabello de Kotori se incrementó. Le pedía a gritos que ya soltara la sopa.

—Su nombre es Hanayo Koizumi.

—Koizumi… ¿Debería sonarme el nombre? —Kotori cruzó los dedos, jugando con ellos.

—No tiene por qué conocer a todo mundo, primer ministro.

—Bueno, me muevo dentro de las leyes y la política, no en la ciencia y la tecnología.

Para ser precisas, se movía entre dinero ilícito del Imperio y su función era que a la emperatriz no se le subieran los humos, las dos lo sabían. Pero si Kotori quería jugar, entonces jugarían.

—Hanayo Kozumi es una de las mentes más brillantes del Centro. Es matemática, ingeniera, teórica, y física experimental. Hoy en día, es la autoridad eminente en cristales y en uso de fuentes de energía mejoradas.

—¿Cristales? —Kotori le lanzó una mirada en blanco.

—Sí. Lleva diez años experimentando con varios tipos, pero recientemente se ha enfocado en el uso de energía con cristales celestiales.

La expresión de Kotori no cambió:

—Los conozco de nombre. Por lo que sé, son extremadamente escasos.

—Lo son, sobre todo los más útiles, que son los grandes. —Maki suspiró enfáticamente, como si estuviera cansada—. Si tan solo se pudiera persuadir a los Iluminados de compartirnos información, todo sería muy distinto.

"Va a asomar la lengua"

Kotori sacó con un poco de humor la lengua, mojando un poco sus labios con la punta de la misma.

—Estos… Cristales celestiales, ¿son importantes para los Iluminados?

—Son la fuente de energía de sus poderes, entre otras cosas.

—Con razón. Tanta exclusividad debe frustrar a la Doctora Koizumi en demasía.

—Por eso intenta sintetizarlos.

Los ojos ambarinos de Kotori se abrieron más:

—Parece una empresa osada; según he escuchado, el cristal es "viviente".

—Yo he escuchado lo mismo.

—¿Qué te hace pensar que la investigación de la Doctora Koizumi tiene algo que ver con el arma de la estación?

—Le confesaré que no estoy familiarizada con el estado de su investigación actual. Pero Armas Especiales analizó su investigación anterior, y todo indica que las teorías de la Doctora Koizumi podrían descubrir un nuevo modo de enriquecimiento energético. Estamos estudiando formas de adaptar su investigación a nuestro trabajo.

—Me imagino que adaptarla significa, hacerla arma.

—Exactamente. Sin embargo, necesitamos conocimiento sobre la investigación actual de la Doctora Koizumi para comprender cabalmente su trabajo, sin mencionar que su investigación sobre síntesis no publicada puede venir con un avance increíble al proyecto.

Kotori se puso de pie y caminó hacia el mirador de su oficina. Se tomó un momento para desglosar la información.

—¿De dónde conoces a la Doctora Koizumi, teniente comandante?

—Nos hicimos muy buenas amigas en la región de Tōhoku, en el Programa de Promesas.

—¿Tú estuviste en el programa de superdotados? —El tono de Kotori revelaba escepticismo; Maki lo dejo pasar, estaba demasiado ocupada ascendiendo cinco rangos para darse el tiempo de molestarse por tonterías, aunque seguro que después se ofendería porque esta corrupta la considerara tonta.

—Sí, una temporada, antes de que me ofrecieran un puesto en el regimiento de diseño del Cuerpo de Ingenieros.

—Ah, es cierto—dijo Kotori, volviendo a sentarse en su silla—. Si mal no recuerdo, tu equipo es responsable de la remodelación de varios cuarteles militares aquí en Tokio. —Estuvo en silencio un momento, y dijo—: Dime, ¿tú crees que los separatistas estén haciendo una estación de combate?

Maki movió la cabeza de lado a lado, mientras pensaba.

—La presidenta Nozomi ha dejado evidencia, sí, cantidades masivas de ciertos recursos escasos, aún después de la destrucción de su crucero experimental. También ha habido asaltos informáticos para adquirir datos científicos…, y entre esos datos está la investigación publicada de Hanayo Koizumi.

—¿Por qué no se invitó a la Doctora Koizumi a unirse al Consejo cuando este inició?

—En ese momento, ya estaba bajo contrato con Industrias Zaofu.

—Ah, muy neutrales, pero enriqueciéndose con ambos lados del conflicto. —Kotori frunció el ceño, antes de animarse a pensar—: No tenemos más opción que inducirla a romper su contrato.

—Por desgracia, me enteré hace poco que está capturada en una prisión en Shikoku, especialmente está en Kochi.

—¿Qué demonios hace en Shikoku? —Kotori se molestó de nuevo—. Shikoku es parte de la CEPI, por lo menos casi todo, bueno, de hecho, con lo de Kochi, ya todo lo es.

—Lo sé, lo sé—dijo Maki, intentando calmar al demonio que acababa de despertar—, pero Shikoku, o bueno, por lo menos Kochi, era miembro del Imperio cuando la doctora Koizumi aceptó supervisar las operaciones de Zaofu ahí. Hicieron un trato con los antiguos líderes de Kochi para poder minar y construir, a cambio de un paquete de ayuda bastante generoso.

—Una mala decisión, por donde sea que se vea. —dijo Kotori recelosa. —¿Por qué fue arrestada?

—Le inventaron cargos de espionaje.

—¿Para persuadirla de cambiar bandos?

—Eso creemos.

—Shikoku tuvo una década entera de inestabilidad. Aún desde poco después de la crisis en Chiba ya estaban inconformes. Cuando fui la presidenta del Cámara de Consejeros, me tocó hablar con los representantes de Shikoku, e incluso ellos se mostraban inconformes. Se quejaban de que el Imperio los ignoraba, y ahora, los militares han dado un golpe de estado, y pusieron a la tía de la presidenta Nozomi Toujou como gobernadora de Kochi. —Calmándose, considero la nueva información un momento— ¿Cómo reaccionó Zaofu al arresto de la Doctora Koizumi?

—La inteligencia imperial ha estado vigilando a Zaofu, por supuesto. Hace ocho semanas aproximadamente, se interceptó una transmisión encriptada. Al parecer, la envió una hipercomunicación desde una cápsula de Zaofu en Shikoku hacia las oficinas centrales de la compañía en la prefectura de Ōita. Ya están enterados de la toma de las instalaciones y del arresto.

—¿Y bien? ¿Cuál fue su respuesta?

—Naturalmente, querían tomar medidas, pero les he pedido yo personalmente que se abstengan de realizar entradas espectaculares.

—¿Con qué autorización previa hiciste eso, teniente comandante?

—En este caso, me temo que tuve que darme esa ligera libertad, primer ministro. —Maki sonrió ligeramente.

Kotori entrelazó los dedos y se inclinó hacia adelante:

—¿Y con qué propósito harías algo así, señorita Nishikino?

Maki no se sintió amenazada por la postura de Kotori; de hecho, sintiéndose más animada, siguió explicando.

—Creo que, si la rescato yo, podríamos persuadirla de compartir su investigación con el Grupo de Armas Especiales.

Kotori, confundida, retrocedió un poco:

—¿Por qué necesitaría persuasión? Tú misma me dijiste que estuvo en el Programa de Promesas del Imperio, ¿no es así? Seguro que estará más que dispuesta a cooperar.

Maki entonces se vio obligada a contarle a la mujer de cabellos grises el mayor defecto de su amiga la castaña:

—Excepto que la mujer es pacifista. Una objetora de conciencia, si gusta llamarla así.

—Si eso es cierto, entonces no tenemos de que preocuparnos acerca de que le dé sus servicios a la CEPI. Que se pudra en el embrollo en el que ella misma se metió. —Dijo Kotori, exclamando con desdén. Maki sabía que estaba a punto de perderla, así que cambió su acercamiento.

—En circunstancias normales pensaría lo mismo que usted. Sin embargo, la doctora Koizumi está embarazada, y, a menos que algo extraordinario haya sucedido, está a días de dar a luz.

Kotori torció la lengua en una línea recta. Se tomó un momento para contestar. Su cabello se movía ligeramente.

—¿Me estás queriendo decir que, quien quiera que esté a cargo de Shikoku puede usar a su familia para convencerla?

—En la guerra y en el amor, Minami-san… En la guerra y en el amor… Y si la presidenta Nozomi tiene una estación de combate y nosotros no, haga usted misma las cuentas.

—Veo su punto—Kotori rascó su barbilla. —. Pero aún así, es probable que lo deje pasar, o permitir que Zaofu se adelante y recupere sus instalaciones y a ella antes.

—De nuevo, estoy de acuerdo. Pero tengo una idea para que Zaofu haga exactamente eso, y nosotras hagamos lo nuestro también.

Los ojos de Kotori brillaron; miró a Maki intensamente:

—Esperaba que la tuvieras, teniente comandante, pero no quiero detalles. E insisto que tomes las precauciones adecuadas para distanciarte y asegurarte de poder negarlo todo.

—Naturalmente, ya lo hice, Minami-san.

Kotori sonrió de oreja a oreja, y dejó el tono serio para hablar con uno más dulce:

—Permíteme decirle que, si la investigación de Koizumi-san nos ayuda a tener un arma para la estación, contarás con mi gratitud y con la de la emperatriz Honoka, sin mencionar al Imperio entero.

Maki contuvo las ganas de brincar de emoción.

—Sólo cumpli con mi deber, Minami-san.

Fin del capítulo.


Y bien, ¿qué tal les ha parecido este capítulo? Ahora, creo que arriba he dicho que Maki es una de las tres protagonistas, pero creo que, como ustedes ya habrán podido imaginar, su protagonismo será un tanto diferente al de Rin y Hanayo.

Para empezar, en este primer vistazo a Tokio, creo que, al ser un evento a puertas cerradas, no se ha podido contemplar de lleno lo enorme que se supone que es la ciudad (en teoría representa un planeta que por sí mismo es una ciudad entera), pero ya habrá oportunidad de eso más adelante.

Ahora, creo que, sin tener ningún referente previo, entender toda la situación política de la guerra es demasiado complicado, pero creo que precisamente ese es un punto que disfruto demasiado, pues ese misterio e incertidumbre fue lo que predominó en mi misma la primera vex que leí la obra.

Ahora, pasando a otro tema, creo que es la primera vez que mencionó que la emperatriz es Honoka, de igual forma, tengo bien pensada la historia de cómo llegó a gobernar, pero creo que, mínimo a propósitos de esta historia, no es importante.

Cabe mencionar que, a pesar de que los Iluminados tienen una gran importancia para la situación política del país, creo que expresamente solo uno de ellos aparecerá en toda la historia, por lo que tampoco me puedo extender mucho en ese tema (Creo que más que ayudarme a explicar cosas, este capítulo me ha dejado en claro lo mucho que les tengo que mantener no dicho).

Pero ahora, pasando a lo técnico, ya que toda la gente que está hablando es, o muy poderosa políticamente o muy inteligente, espero que no haya molestado la predominancia de términos técnicos en la historia (Por el caso de que alguien no haya entendido, lo que quieren construir es una ciudad voladora con un arma capaz de vaporizar a otras, eso es todo).

Y pues, ¿qué les digo? Me iré de vacaciones la semana que entra, pero no se preocupen, que ya tengo preparado ese capítulo y ya solo me falta agregarle mis comentarios personales (estas cosas en negritas que les pongo al final, y que nunca adelanto porque me gusta esperar por si alguien comenta). Así que, por si a alguien que lea esto le interesa el ritmo de actualización, espero con normalidad continuar el domingo, que estaré precisamente con las personitas responsables de que esté escribiendo esta historia.

Y pues, creo que pasando a esa sección que nada tiene que ver con la historia porque ese es el desahogo de la autora, creo que no hay mucho que decir, pues apenas he pasado un reporte la semana pasada. Me la he pasado leyendo, escribiendo, comiendo y durmiendo, casi literalmente completando mi rutina del día. Me cae que ser así de retraída me tiene sin muchas más opciones que quedarme en casa esperando que mi hermano menor llegue de la escuela.

Y pues, pasando a la historia de nuevo, creo que será todo por hoy, así que, pues pasaré a la recepción de la misma. ¡Wuu! Ya casi llegamos a las 100 vistas, gracias a todos, eso de saber que, quien quiera que sean, se han pasado por aquí me inspira y me ayuda a continuar escribiendo.

Como siempre, si el capítulo les gustó (o si no les gustó) los invito a comentar que piensan de este universo que aquí andamos creando en un solo país.

Y pues, creo que aquí terminó todo, espero que haya disfrutado leer hasta aquí, y, sin más que decir, Aramaru les dice… Oyasuminassan.


PD: Biso, si lees esto, me dejaste toda la semana como novia de pueblo (es broma, se comprende que estés hasta reventar de ocupado, a mí también me pasa) Oyasumi a ti también. :)