Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.

Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertence a su autor James Luceno.


¡Hola a todos!

Como siempre es un honor volver a estar escribiendo para ustedes otra vez con esta historia que tanto disfruto traer para ustedes. Les confieso que este capítulo, creo que al igual que el anterior ya lo tenía escrito desde hace como dos semanas, por lo que lo único que estoy realizando en este lamento es este comentario en negritas que siempre pongo ya hasta el final. Primero que nada, la siguiente actualización sale con fecha del día 29, por lo que de una vez adelanto todo lo relacionado con las festividades. No tengo planeado subir nada este año en Navidad, porque este año estoy aquí de visita con mi familia hasta Chetumal para celebrar las fiestas, y pues no me esta dando tiempo de nada, de hecho por eso preparé este capítulo con tiempo. Así que, sin mas por el momento, si quieren leer todo mi choro marcador se los dejo abajo que este del principio ya salió mas largo que de costumbre. Así que, sin mas por el momento, por favor lean, disfruten y comenten si les gusta el capítulo. Los veo en la parte de abajo.


Catálisis

Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.


Parte 1: Los tiempos de la guerra

5

El comienzo


El primer llanto del bebé hizo eco en los techos altos de la habitación de Rin. Era costumbre en Kochi que un nacimiento dentro de las paredes de Imabari fuera motivo de celebración, especialmente si coincidía con el mes de la primavera. Precisamente era un cuatro de marzo el día que la hija de Hanayo había nacido. Desde el patio de abajo, lanzaban cohetes hacia lo oscuridad de la noche, y el cielo iluminaba de igual forma con todas las estrellas que se divisaban. Un pequeño grupo de personas que se habían enterado del nacimiento de la bebé decidió salir a festejar, a pesar de que todavía faltaban semanas para que el frío terminara por completo. Estaban dispersos alrededor de fogatas y puestos de comida que vendían arroz y dulces.

Nombraron Hanamaru a la bebé. Reposaba tranquila sobre el pecho palpitante de su mamá, con el calor y los latidos a los que estaba acostumbrada. En frente de ellas estaba Rin, con unan gran sonrisa.

El parto había sido laborioso, pero no difícil. Hanayo aguantó más de lo que todos creían que lo haría, aun cuando le gruñía a cualquiera que tuviera en frente. Estaba más pálida que nunca, cansada y empapada de sudor, pero con todo eso, se veía en mejores condiciones que Rin, que seguía procesando la experiencia.

Aun abatida, en los últimos días antes del parto, Hanayo se preguntaba a sí misma si ese punto de su captura habría sido un beneficio. En cualquier otro lugar, ella, Rin y Hanamaru estarían rodeados de androides con buenas intenciones, pero sin ninguna humanidad, en un ambiente tan estéril como sus extremidades adaptadas, y totalmente contradictorio con la bebé que estarían llevando a la vida. ¿Sería extraño sentir gratitud?

La capitana Toujou nunca llegó con la diadema ni con sus anteojos. Era obvio el esfuerzo que hacían los custodios para que Hanayo se viera como cualquier otra habitante de la región de Shikoku. Había palidecido en demasía, y estaba extremadamente desaliñada. En cuanto el doctor de la prisión había dicho que faltaba menos de una semana, la habían transportado con especial cuidado hasta el otro lado de Imabari, donde había estado Rin. Había sido escoltada por el mismo doctor y dos guardias más, que supuso que la devolverían en cuanto pudiese levantarse al día siguiente.

La partera que recibió a Hanamaru y la arropó, sacó a Hanayo un momento de sus pensamientos, al momento de hablar a Rin.

—Puede quedarse con Hanayo-san y con la bebé, o darles un momento para reposar.

Rin, que seguía tan pálida como lo había estado Hanayo al momento del parto, asintió y caminó lentamente, para dejar en paz a la mujer.

—No sé si tengo fuerzas para irme—Hanayo desde la cama miró a Rin con amor y cansancio.

—No se apure —dijo el doctor que la había acompañado—, podrá quedarse el resto de la noche.

Hanayo no ocultó su alivio, y sonrió una vez más antes de que Rin le diese un beso en la frente, y otro en la cabeza a la pequeña Hanamaru. Era una niña preciosa, de buen peso y tamaño, muy saludable según el médico que la revisó. Tenía el cabello castaño de Hanayo, y según ella misma, tenía los ojos de Rin.

Dos de las parteras amables condujeron a Rin hacia la habitación continua. En ella, estaban los compañeros de Industrias Zaofu de Hanayo, sus amigos: Shizuku, Sora, Mako, y hasta Haruo; todos la abrazaron, la felicitaron y le dieron palmaditas congratulatorias en la espalda. Todos morían por ver a la niña, pero las parteras no se lo permitieron (los llamaron "magos desgreñados" y "científicos locos", pero en un tono de complicidad bromista).

De la nada, a las manos de Rin, llegó una taza lleno de un líquido que reconoció de inmediato: Amasake, se dijo a si misma. Era raro en el Centro desde el comienzo de la guerra. Una vez que todos (cada uno de los científicos y Rin) tenían su taza, estallaron los brindis, los tragos y los sorbos. A Rin se le subió el trago casi de inmediato, no tenía nada que ver la reclusión en la que se había encontrado, ni las condiciones de Hanayo; siempre le pasaba lo mismo, aún con algo tan ligero como el amasake. En este caso, la luz de las antorchas y las caras de emoción de sus amigos le ayudaron a sobrellevar la bebida en la medida de lo posible. Shizuku, quien con más facilidad, había perdido sus cinco sentidos, se acercó a Rin cuando todos los demás no estaban poniendo atención.

—Creí que le iban a poner Shizuku si era una niña. —dijo con la mirada completamente pérdida.

—¿Cómo sonaría esto en la hija de Kayo-chin nya? —dijo Rin igualmente ida, aunque mucho menos que la compañera de Hanayo— La hija de una flor tiene que ser una flor, no lo que sea que signifique tu nombre.

—Para tu información, en Shikoku, Shizuku significa gota de agua, algo muy acorde a la estación del año en la que está naciendo tu niña.

Rin no lo dudaba. Era muy común en Shikoku que a los recién nacidos se les nombrara en honor a las estaciones del año. Esto hacía que nombres relacionados con el agua llegaran en el invierno.

—¿Para la siguiente, quizá? —Shizuku insistía.

—Lo platicaré con Kayo-chin nya.

De repente, la habitación se quedó en silencio. Rin dio media vuelta. La capitana Toujou estaba parada justo detrás de ella. La severidad de su expresión al llegar se disolvió en una sonrisa honesta.

Rin se acercó a susurrar a Shizuku:

—¿Y esa quién es? —dijo ella, confundida por la llegada de la militar ante un parto.

—Es la capitana Toujou, —dijo Shizuku tan nublada que a Rin le costó trabajo que esa misma sonrisa fuera de quien tenía encerrada a Hanayo. La capitana se acercó y le dio un abrazo más fuerte que cualquiera de los colaboradores de Hanayo, y aceptó una taza de amasake, que engulló como si nada fuera de un solo trago. A pesar de su semblante feliz, sus ojos estaban sumamente rojos, y sus ojeras daban a entender que no había dormido bien.

Pidió pasar a ver a Hanayo, y, de mala gana ante la intervención de un militar, las parteras la condujeron a su habitación.

Hanayo se encontraba todavía desplomada en la cama, sin dormir, viendo a la bebé, que no había parado de llorar. La capitana Toujou se acercó a ella:

—Debería reposar, doctora—le dijo, mientras que tomaba a la bebé en sus brazos, y la veía con mucho cuidado—. Es hermosa. Los ojos de Rin Hoshizora.

Hanayo sabía que era peligroso sentir afecto hacia sus carceleros; había intentado todo lo posible para mantenerse a una distancia emocional sana de Toujou y los demás guardias de Imabari. Pero hoy particularmente, con el sentimiento, la rebasó la calidez que la asaltó cuando se sintió en familia. Era irresponsable de su parte, pero había creado un vinculo significativo con la cultura de Shikoku, con sus carceleros, y hasta con Toujou:

—No somos enemigos, ¿sabe? —dijo, después de dejar a la bebé de nuevo en la cuna, con mucho cuidado; la había conseguido dormir al fin. Parecía que había leído la mente de Hanayo.

—No es que quiera verla como enemiga, pero los barrotes de mi celda, y la falta de mis anteojos, nublan mi mirada.

—Sólo son las circunstancias…

—Lo sé, capitana, pero dicen que a nadie le gusta ser víctima de ellas. —Hanayo sonrió débilmente. Ella continuó asintiendo de manera más solemne. Parecía extremadamente afligida.

—Hace no mucho tiempo, Shikoku era una prefectura más afiliada al Imperio. Ahora apoya a los separatistas. Gente es capturada día con día, importantes dignatarios, líderes militares, y hasta científicos como usted terminan capturados. Dígame, ¿por qué tendría que pesar un asunto externo entre nosotras?

—Pesa mucho mi estadía en la prisión de Imabari.

Los ojos de la capitana Toujou le dieron la razón, a pesar de su renuencia.

—Un trato con los separatistas parecía razonable para Shikoku al principio. Le darían a Ena Toujou apoyo necesario para dar su golpe de estado, a cambio de unirse a ella y de entregarles a usted. Pero viendo las circunstancias, el precio que se ha tenido que pagar…, —carraspeó un poco— no estamos tan seguros de querer perderla.

"¿Otro tipo de manipulación?" Sin Rin, la mente de Hanayo no podía discernir.

—¿Quiere decir que se encariñaron conmigo? —dijo débil.

La capitana Toujou rio.

—Sus colaboradores han seguido trabajando en su ausencia. A los tenientes les han informado que con usted podrían tener un avance significante. ¿Ha considerado trabajar con nosotros, es decir, para Kochi? Esta guerra me ha dejado de importar, y sé que a otros les pasa lo mismo. Pero para nuestra prefectura, podría convertir las instalaciones en una estación de energía para Imabari, y tal vez después para todo Shikoku.

—No sé que opine Zaofu de eso…

—Sí, sí, ya leí los términos de su contrato. No puede meterse en temas locales, y menos si son de política.

—Desafortunadamente.

—Pero, yo le pregunto—dijo rascando su barbilla—, ¿dónde está Zaofu ahora? ¿Por qué no se han comunicado con nosotros para preguntar por usted?

—No creo que Ena Toujou los haya enterado, siquiera.

La capitana rio y le pasó la mano por el cabello, para después levantarla extrañada, seguro que hasta a ella misma le había sorprendido lo mal que ya estaba, débil y quebrado.

—Sakura, su androide de laboratorio. Sabemos todo de la transmisión ráfaga que envió a las oficinas de Ōita.

Hanayo suspiró con decepción.

—Entonces no sé por qué no me han buscado—dijo—, ¿en serio vino hasta acá solo a arruinar el momento?

La capitana Toujou levantó las manos en señal de disculpa.

—En serio lo lamento, no era mi intención hacerla sentir mal—dijo con arrepentimiento—Le repito. No somos su enemigo. No tenemos nada en contra de usted. Nuestra molestia va contra la Cámara de Consejeros y la emperatriz Honoka.

—Yo también tengo esas molestias. Cada vez su poder se parece más al de las antiguas dinastías. Pareciera que con la guerra nos convertimos en un imperio absolutista.

—Entonces, ¿qué le parece si le doy una buena noticia? Quédese aquí en Shikoku. Ayude a estas personas a desarrollar la prefectura, críe a su hija lejos de los problemas y embrollos del Centro. Sentimos que es una de los nuestros, sobre todo ahora que su hija será registrada aquí en Kochi, una ciudadana legítima de la prefectura.

—Tiene un argumento interesante, capitana.

—Para mejorar su día, que ya de por sí fue extraordinario, le informo que el Tribunal revisará su caso pronto y…—bajó la voz, como si quisiera mantener secretismo—, es probable que la exoneren…

Hanayo la miró con timidez, como si temiera que viera que tenía esperanzas.

—¿Y luego que pasará?

—Podrá salir de la prisión de Imabari y podrá regresar a su trabajo, sin contar que se reunirá con Rin y con Hanamaru-chan.

—¿Y podré salir de Shikoku? —preguntó con cautela, a pesar de sentir que cada minuto con la capitana era eterno, con el cansancio del parto.

—Todavía no le puedo prometer nada. Quizá Ena Toujou le conceda un perdón. —La capitana se encogió de hombros. —Algún día habrá otro golpe, que nos regresé al Imperio, otro líder, con ideales diferentes, así funcionan todas las prefecturas, no sólo Kochi.

—El eterno círculo vicioso.

La capitana Toujou se levantó, y se alisó el uniforme que traía, en ese momento Hanayo notó sus ojos rojos que contrastaban con el verde natural de sus iris.

—Quien sabe Kayo, quizá Nozomi o tu Honoka consigan la forma de romper con ese horrible ciclo de una vez por todas.


Dos soldados del Imperio con armaduras blancas escoltaron a Nico Yazawa desde la ataguía que unía su pequeño carguero con el crucero volador del Imperio. Había pensado en dar la media vuelta y huir cuando apareció el crucero en sus escáneres, pero decidió que no era buena idea rechazar la invitación de una nave gigante de guerra que se puso en su camino. Podía ser un poco imprudente a veces, pero no era tonta.

—Tú—llamó la atención del soldado que estaba a su izquierda—, si tú, el de blanco—ante esto, el otro soldado se atrevió a voltear a ver a la pequeña contrabandista que estaban escoltando—, ¿cuándo sabré a dónde vamos?

—Cuando lleguemos—dijo el de la derecha, secamente.

—¡Jaja! Siempre tan predecibles muchachos—dijo Nico, de nueva cuenta viéndolos con cautela. A veces ser cautelosa le había salvado la vida, aunque en veces ser despiadada también le era de ayuda. En esta nave de guerra, decidió que ocuparía la primera.

—Así nos entrenan—dijo el de la derecha; no esperaba que hablarán más allá de lo que el protocolo decía; ver como bromeaban la tomó un poco por sorpresa.

Nico era nativa de la remota Okinawa. Era baja, su cabello negro iba amarrado con dos cintas en dos coletas altas, y sus ojos carmín resaltaban con la desgastada ropa que traía. Tenía un brazalete de comunicación en su muñeca que había sido intervenido para no funcionar dentro del crucero. Y aunque decían que sus ojos carmín demostraban su lado severo, su sonrisa tenía alma. A pesar de su estatura, imponía lo suficiente como para que a sus cuarenta y tantos años casi nadie la confundiera con una niña.

Los soldados lo guiaron a través de varios corredores anchos y varios giros de noventa grados, hasta que llegaron a una escotilla abierta, que flanquearon después de indicarle que entrara.

Adentro había una oficial sin armadura. Era mucho más alta que Nico, pero lo que más imponía de ella era su cabello rojo como un tomate que contrastaba con el banco estéril de la habitación. A pesar de verse más alta que Nico, su postura firme no hacía más que hacer más grande la brecha. Su piel era blanca, y considero que la media de la población la consideraría atractiva. Le incomodaba su presencia; la miro de pies a cabeza. Tenía unas botas lustrosas a la altura de la rodilla, donde era cortada por una falda lisa, y por arriba vestía una túnica blanca. Detrás de la oficial, Nico pudo divisar las largas alas del crucero volador que lo mantenían en el aire, así como su enorme popa. Se imaginó qué estaría pensando su nueva tripulación de la situación en la que los metió su capitana.

—Bienvenida a bordo, capitana Yazawa—dijo la oficial, sentándose en la silla a su lado.

—Gracias—sus nervios convirtieron la palabra en pregunta—. ¿Comandante?

—Nishikino. Es teniente comandante, pero gracias por notarlo—la oficial se puso un poco roja ante el comentario de Nico, pero de inmediato se le pasó y retomó el semblante serio.

La chica (le decía chica porque se veía por lo menos diez años, tal vez más, menor que ella) se veía un poco fuera de lugar a bordo del buque con ese uniforme, por lo que Nico se permitió a si misma relajarse un poco. De inmediato la envolvería con el carisma y encanto que la caracterizaban y saldría del problema. Era seguro una de esas veces que le pedían información sobre la distribución o movimientos de cápsulas de la CEPI. Miró alrededor sin pena alguna.

—Es mi primera vez a bordo de uno de estos—dijo de manera casual.

—¿Y bien? ¿Qué te parece? —la oficial con ese simple comentario dejó sin palabras a Nico. Ahora ella estaba roja.

—¡Oh, muy impresionante! —dijo, antes de volver a su color normal, y cruzar los brazos con algo de petulancia. —Pero también demasiado frío.

—¿Frío por lo austero o por la temperatura? —Nishikino se puso de pie; por lo rápido que había reaccionado, Nico sabía que ella no era la única nerviosa en ese momento.

—¿Austero? —Nico se permitió preguntar.

—Severo, incómodo, falto de calidez humana—dijo Nishikino con algo de molestia.

—Bueno, no he visto suficiente como para comentar…

—Quizá podamos arreglarte una visita privada cuando terminemos aquí—dijo Maki, interrumpiéndola de mala gana—, no es como que me interese tu opinión, es mera cortesía. Está en venta además, te puede interesar.

La seriedad de su tono la hacía sonar aún más extranjera.

—Un poco fuera de mi presupuesto, me temo.

—No me digas que no te va de maravilla en este negocio—dijo Nishikino, sorprendida

De nuevo, la disparidad entre el tono y el mensaje desconcertó a Nico; no parecía que esta chica supiera algo del negocio de la guerra que había dado el contrabando.

—Los negocios van bien.

—¿Sólo bien? ¿Me estás diciendo que no ganaste mucho dinero llevando provisiones a Chiba? ¿Y la entrega de provisiones en Iwate? Seguramente esa movida inteligente en Osaka te rindió algún lucro.

Nico iba a comenzar a responder, pero el miedo de todo lo que Nishikino sabía de ella le hizo reformular su respuesta.

—Está bien, no me da pena admitir cuando he perdido un argumento.

Nishikino sonrió.

—Muy bien por ti, el orgullo es una cualidad infravalorada.

—Evidentemente sabe más de mí que yo de usted.

—Es cierto, capitana, pero, emparejemos las cosas, ¿qué te parece? Dime, ¿qué puedo decirte yo de mí?

Nico decidió que no tenía nada que perder en causar un poco de incomodidad en la oficial, así que preguntó.

—Supongo que me gustaría saber con que facción del Imperio estoy tratando, porque ese uniforme me dice que esta nave no es suya.

—Que observadora. Estoy con el Cuerpo de Ingenieros.

Nico sabía que quizá no era mentira, pero tampoco era la verdad completa.

—¿Alguna vez has entregado algo en la estación de Kioto?

—Usted sabe que sí—dijo Nico con las manos alzadas.

—Comenzamos a entendernos—dijo Nishikino colocándose a la altura de Nico—. La estación de Kioto es mía. Bueno, no mía, pero yo fui jefa de los equipos de diseño y construcción. ¿Has ido recientemente a Tokio?

—No, no recientemente.

—Te podría dar una lista de lugares míos, para que visites la próxima vez que vayas. Incluso te podría acompañar—dijo, pero después de esto, reconsiderando, volvió a ponerse roja y replicar—, no es como que me importe que vayas, pero si te dieras la molestia…

Era turno de Nico de decidir que hacer, y, más por miedo que por grosería, decidió no aceptar la lista.

—¿Qué quiere conmigo el Cuerpo de Ingenieros? Cuando nos interceptaron, dijeron solamente algo sobre una conversación amigable.

—¿Hemos hecho algo más que eso?

Nico esperó.

—La cuestión es simple; tengo una propuesta para ti.

Nico deseó taparse los oídos. Informar era una cosa, pero las "propuestas" siempre resultaban ser un problema enorme.

—Por ahora sólo hacemos trabajos pequeños.

—Yo diría que es un trabajo pequeño, considerando como suelen ser—dijo Nisihikino sin quitar el dedo del renglón.

—Mire, teniente comandante…, solo soy una contrabandista más, como miles en este país, intentando ganarme la vida.

—¿La gran Nico Yazawa, haciéndose la humilde? Colaboradora constante de los Iluminados, piloto de reputación sin importar el cargamento, afamada escapista de situaciones impsibles… —pausó un momento, luego dijo— Constante en tus entregas a Kogawa.

Nico se mantuvo en silencio. La habían descubierto

—Seguramente sabes que, desde el principio de la guerra, Kogawa es una prefectura de la CEPI, capitana.

Nico tragó saliva e intentó respirar con normalidad, para después intentar hablar de la misma manera.

—No entregamos armas ni mercancía prohibida. Estrictamente equipo y provisiones. Son las ordenes que se me dieron personalmente.

—Sí, sí, puede ser. Solo quiero saber cómo es que entrega esta mercancía tan inocente, es todo.

—No comprendo…

—No te toca comprender en este momento, te toca escuchar y acatar lo que le estoy diciendo. —dijo Nishikino con algo de severidad, antes de continuar—Imagínatelo paso a paso y cuénteme. Sales de velocidad sub-sonido, seguramente por la ruta de Kanzai, te abren la puertilla antiaérea, ¿qué sucede después?

—Control aéreo nos da permiso para aterrizar —comenzó Nico—. Aterrizamos, descargamos las provisiones…

—¿Las descargan ustedes o envían a gente para que lo haga?

—Nosotros.

—¿Con grúas?

—Usamos contenedores portátiles. Dos tripulantes por contenedor, generalmente no más de cuatro por entrega.

—¿De qué tamaño son los contenedores? —Nishikino parecía curiosa, y señaló un banco de dos plazas que estaba al fondo de la sala donde es encontraban—. ¿Así de grandes?

—Son contenedores de repulsoelevación estándar. Dos metros por uno, uno punto cinco de profundidad—Nishikino sonrió después de las medidas.

—Me imagino que tú nunca empujas ninguno, ¿cierto? Todos son más grandes que tú—dijo con burla. Nico la miró con enojo.

—Continúe…

—Está bien, está bien, ¿Los conducen hasta las instalaciones de investigación contiguas al puerto o las descargan en el hangar?

—Las llevamos hasta adentro, ¿por qué? —. Su curiosidad y ansiedad se incrementó.

—¿De entrada por salida?

—Normalmente, sí.

—¿Cuánto personal hay en tierra?

Las perlas de sudor comenzaron a formarse en su frente. Se sentía frío, pero Nico logró disimular para no tener que limpiarse.

—Generalmente en el puerto, hay entre ocho o diez, siempre son androides dirigidos por un comandante humano.

—¿Inspeccionan los contenedores?

—Por lo general, no—dijo Nico, esperando que terminara rápido el interrogatorio—. O por lo menos, no últimamente.

—¿Ni cuando se van?

—¿Por qué habrían de hacerlo?

—¿Sí o no? —Nishikino insistió

—Al principio sí, sí los inspeccionaban, pero ahora que nos conocen, y que la misma Nozomi me ha dado el visto bueno, no—dijo Nico, con más fuerza de la que pudo controlar. Esperaba que esa loca se apareciera a salvarla, no por cualquier cosa le daba tantos materiales difíciles de conseguir en esa parte de Japón, y en esa época. Habían desarrollado una amistad interesante desde antes de la guerra.

—Eso es perfecto, capitana. Por cierto, puedes llamarme Maki, no es como que me importe — Maki sonrió con ganas otra vez—. Bien, a mí y a un par de mis camaradas nos gustaría ser miembros de tu tripulación, de manera provisional, por supuesto.

Nico sintió que el corazón se le sumía hasta el estómago. Apretó con fuerza los labios.

—Comandante Maki, lo de Kogawa ha sido una buena relación de negocios para mí. No quiero hacer nada que me haga arriesgar algo que tanto tiempo me tomo construir.

—No quieres arriesgar tu popularidad con los de la CEPI, más bien—dijo Maki sintiendo algo de asco de la contrabandista que ese momento todavía se encontraba sudando frío.

Nico hizo lo posible por aclarar sus palabras, pero sin meterse a si misma en peligro de ser ejecutada por los dos soldados que había afuera de inmediato.

—Procuro no tomar partidos, solo soy…

—Una contrabandista más, sí, ya pasamos por esa parte. Pero digamos que puedo ofrecerle que, a cambio de sus servicios, el Imperio no solo olvide sus tratos con los de la CEPI, sino que también se haga de la vista gorda con sus actividades más cuestionables.

No era la primera vez que le hacían esa oferta a Nico, pero ahora que era Maki, con esos violentos ojos amatistas la que se la hacía, sabía que no habría oportunidad de rechazarla.

—Carta blanca para evitar la cárcel, ¿entendí bien?

—Figúrese que siempre estaremos demasiados ocupados como para meternos en su vida.

—Voy a necesitar una nueva nave, supongo—dijo Nico en un tono sarcástico.

—La oferta de visitar Tokio conmigo aún está vigente—con esa indirecta Maki le contestó que ella era su única opción ahora.

—¿Y si decido no aceptar la oferta? —preguntó lo que quería evitar.

—Entonces tendremos que tener una charla demasiado desagradable con tu familia. Si no me equivoco son tu madre y tus tres hermanos, ¿no es así? Hiciste bien en sacarlos de Okinawa, eso siempre y cuando te comportes claro. En Toyama están más seguros.

—¿Tendrá que hablar con mi familia para convencerme? —le preguntó Nico, fingiendo lo mejor que podía—Tiene que saber no me interesa.

—No, para que intenten reconocer tus delgados restos. —Caminó hacia ella y le dijo—. Seguramente te preguntas en qué demonios te metiste.

—¿Tú no lo harías?

Maki puso una mano en su cintura, y después, se contempló a si misma de pies a cabeza.

—Las ligas mayores, Nico-chan. Las ligas mayores.

Fin del capítulo


Y bien, ¿qué les pareció este capítulo? Cuidado con este capítulo porque este en particular será realmente importante para el rumbo que está tomando la historia a partir de este momento. Estas dos personas del final, Maki y Nico, serán una singular pareja de amor-odio durante toda la historia, después de todo con ese movimiento Maki se hizo "dueña" de Nico. Ahora, la pequeña Hanamaru también se volverá un elemento muy importante para el desarrollo de la relación entre Rin y Hanayo.

Y pasando a los temas más importantes, creo que ya quedó claro que Maki no se andara con rodeos, ¿para que creen que Maki vaya a usar a Nico? ¿Hanayo irá a ceder a trabajar para los separatistas ahora que tienen con que manejarla? Repito, ¿Cómo funcionará Honoria como emperatriz? Precisamente ella, Kotori y Umi son, junto con Nozomi y Eli, las que equivaldrían a un rol más importante comparando con el rol en Star Wars de a de veras.

Y pues, les recomiendo poner atención a todos los detalles chiquitos porque es de ahí que surgen los conflictos más grandes de la historia. Algo muy interesante que quiero probar es el poder de los Iluminados, pero creo que no queda hasta ahora con ninguno de los sucesos de la historia (cabe aclarar que los Iluminados representan a la orden Jedi de Star Wars). En especial los relacionados con Honoka, Eli y Nozomi, que son las más importantes hasta el momento.

Lamentablemente creo que en esta historia por lo menos, Honoka será un personaje solamente mencionado, porque ninguno de estos asuntos llega a merecer importancia para ella. Pero creo que me estoy adelantando mucho, perdón. Es que recibí una review que me lleno de esperanza con esta historia en particular.

Por cierto, hablando de reviews, creo que ha llegado el momento de contestar el comentario que tan contenta he recibido, de Biso, que esta vez no me dejo esperando.

Biso47 (del capítulo 1): ¡Ay! No me acuerdo que día de la semana me llenaste mi bandeja de entradas creo que fue el viernesm pero ¡ay! Fue hermoso, en serio gracias ese día andaba super cansada y de malas, y cuando reviso mi correo me doy cuenta de que lo llenaste y también me llenaste de ánimos. Valió la pena que me dejaras como novia de pueblo las ves anterior. Por cierto, te debo leer un capítulo de Nico en Wonderland, pero, pues, creo que me daré un tiempito para leerla esta semanita que comienza.

Me alegra mucho que te haya parecido interesante la temática que maneja esta historia; la he estado pensando desde los tiempos en los que estaba menos ocupada (por ahí de Agosto). Me alegra que te guste Star Wars también, creo que hace mucho más comprensible la historia, aunque tal vez no es muy leída porque no hay mucho fan de Love Live que ande rondando por Star Wars también. La verdad es que estuve investigando y la historia que maneja el libro original esta demasiado alejada de las películas principales de la saga, es como una precuela del spin off de Rogue One, y es por eso mismo que, al ser completamente la historia del papá de Jyn Erso que era científico, está llena de esos términos raros, más de los que normalmente se suelen tocar en las películas (ay, como que ya me vi muy ñoña, ¿no? Mejor ya le paro). La verdad es que la redacción la base en el libro mismo, pero la caracterización si la tuve que adaptar un poco a Love Live. Me alegra que ese punto en particular te haya gustado. Si, ahorita en estéis primeros capítulos, bueno, hasta el de ahorita, Hanayo se supone que es la doctora concentradísima en su trabajo. Espero que continúes leyendo esta historia, que como siempre es un honor tenerte leyendo mis cosas raras que escribo. Bonito domingo y bonita semana, y, Feliz Navidad.

Y bueno, ahora pasando al momento en el que como de costumbre comienzo a hablar de todas esas cosas que nada tienen que ver con la historia, les cuento que me han traído bien ocupada ahora mi tía y mi prima (la que me dio el libro) porque precisamente las ando visitando a ellas. Aunque por aquí ha estado lloviendo, entonces yo doy gracias con que no haga nada de calor. Les cuento también que, ¡ay! Me estoy cansando un montón y aunque me traje la computadora no me da tiempo ya de escribir.

Y pues, pasando al choro marcador del que hablé al principio del capítulo, pues, les digo a todos que, ¡Felices Navidades! Les deseo a todas las personitas que lean esto que pasen las fiestas llenas de amor y rodeados de sus seres queridos.

Sin mas por el momento, yo soy Aramaru, los quiero a todos y todas, reitero desearles a ustedes una feliz Navidad, saben que siempre es un honor que lean a esta niña hasta tan abajo, y ahora si ha llegado el momento de decirles… ¡Oyasuminassan!

Pd. Se me hizo temprano, pero es que me voy al cine con mi mamá, con mi tía y con mi prima, entonces pues, si quiero publicar y algo me dice que si me espero ya en la noche me voy a hacer tonta.