Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.

Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.


¡Hola a todos!

Como siempre es un honor volver a estar escribiendo esta historia que tanto disfruto traer para ustedes. Y pues, creo que es la primer aves desde hace como tres semanas que acabó de terminar de escribir el capítulo, en defensa mía creo que es el más largo hasta el momento, y de hecho, según hojeé, creo que será uno de los tres más largos de toda la historia. Y pues, pasando a la historia que si no terminaré haciendo un cuento peor que el de la vez pasada, espero que lean, disfruten, y que si les gusta dejen su comentario en la parte de abajo.

Para los que disfruten leer chismes de esta chamaca, nos andamos leyendo en la parte de hasta abajo.


Catálisis

Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.


Parte 1: Los tiempos de la guerra

6

Prisioneras de la fortuna


Cuando Nico Yazawa le dijo a Maki que ella y su equipo selecto tendrían que usar respiradores en Kogawa, Maki supuso que los vapores cáusticos del laboratorio de los separatistas eran tóxicos y nada recomendables para la salud. Pero esa no era la verdadera razón.

—Estos científicos hacen experimentos muy raros; sus "inventos" ocupan del metano para mantenerse con vida—explicó Nico con indiferencia. Maki se reprochó a sí misma no haber pensado en eso, pero tuvo que decidir que las máscaras no afectaban el estatus operativo de la misión. No solo eso, sino que las máscaras de gas resultarían ser el factor más importante para su éxito.

Nico también le informó a Maki que los científicos separatistas, con su constante exposición a los gases, habían perdido el sentido de la vista y habían de apoyarse de lentes infrarrojos, por lo que no podrían reconocer a los soldados infiltrados. Sin embargo, lo que la contrabandista no esperaba fuera que el equipo de Maki estuviera compuesto solamente de soldados de operaciones especiales de inteligencia del Imperio, en lugar de soldados comunes del ejército. Quizá los miembros del cuerpo de ingenieros recibían solamente el entrenamiento básico. Claro, a Maki no le gustaría recibir órdenes de ningún soldado realmente capacitado. Como fuera, los operativos que eligió la teniente comandante eran antiguas Fuerzas Judiciales del Imperio que habían participado en incontables misiones de pacificación antes de la guerra, así como muchas misiones de movilidad desde entonces. El grupo de seis estaba liderado por la asistente personal de Maki; la había visto en el puente del crucero con ella. Su nombre era Riko Sakurachi. Era una tiradora cruel y despiadada, y aunque antes de la guerra había trabajado con los Iluminados, desde el inicio de la misma estaba al servicio del Consejo de Asesoría Estratégica, particularmente vigilando la seguridad de Maki Nishikino. Se decía que podía ser responsable del asesinato de varios objetivos separatistas altamente valiosos en el Centro. Era alta, con el cabello tinto, y aunque no hablaba, su mirada reflejaba solamente frialdad. A pesar de eso, Nico notó que jamás cuestionaba las órdenes de Maki y que era evidentemente capaz de lograr cualquier trabajo que la teniente comandante pidiera.

Nico no había hecho las paces con que la convocaran al servicio del Imperio, a pesar de que Maki le aseveró que no esperaba más que una pequeña e insignificante colaboración, y que se encargaría de que le dieran una buena compensación. Su tripulación estaba mucho menos conforme con lo del reemplazo temporal, hasta que Maki malversó suficientes fondos como para pagarles un par de semanas de "descanso y recuperación" en Ibaraki, donde precisamente se había hecho el intercambio de personas.

El remolque ágil y hábil de Nico era perfecto para esquivar bloqueos y pasar a través de zonas conflictivas. Estaba equipado con un propulsor a velocidad sub-sonido clase dos y un par de cañones de plasma que se usaban poco, pero que se mantenían meticulosamente. Maki lo inspeccionó detalle a detalle y al abordar ordenó que se le realizará un escaneo con sensores; a pesar de que se veía viejo, parecía que Nico había sabido conservarlo operativo. Su alivio se volvió aún mayor cuando observó la pericia con la que Nico manejaba su remolque tras tantos años de experiencia conduciendo la nave, y, cuando vio la relación tan cordial que Nico mantenía con los agentes separatistas del puerto de Kogawa, se convenció de que era una contrabandista de lo más confiable.

El cargamento eran reactores químicos, equipo de laboratorio y bacterias vivas en frascos empacados al vacío. Esos iban ocultos en los interiores acolchados de los contenedores; la tripulación debía guiarlo a través de la aduana hacia el complejo de investigación de la CEPI.

Maki había expresado su preocupación de que una tripulación tan grande pudiera levantar sospechas entre los oficiales y el personal de la aduana e inmigración, pero Nico le había dicho que no era algo que no hubiera hecho antes, que no tendría por qué ponerse nerviosa. De hecho, el comandante del escuadrón de androides de la entrada no hizo más que echar un vistazo rápido a los manifiestos de embarque y golpetear los contenedores con los nudillos. Una vez que el comandante de la aduana dio la orden, los ocho miembros del grupo condujeron las cajas a través de puertas herméticas cerradas y hacia un corredor ancho que daba al complejo de investigación. Riko iba empujando un contenedor junto con Maki, y Nico pensó que, por la forma de caminar de las dos, seguramente se delatarían a sí mismas, pues parecía que la primera escoltaba a la segunda. Maki, ignorando las preocupaciones, felicitó a Nico por haber sabido exactamente cuántos oficiales esperar y haber descrito perfectamente el área de llegadas. Le dijo que la realidad era casi idéntica a la imagen mental que se había hecho.

Pero, por desgracia, toda la perfección de su entrada no fue suficiente para calmar los nervios implacables de Nico, que estaban más elevados que nunca. ¿Qué pensaría la presidenta Nozomi de ese golpe traicionero?

A medida que se adentraban más y más en el complejo de investigación de Kogawa, empezaron a aparecer señales colgadas en muchas de las puertas selladas, advirtiendo a los visitantes que no entraran en áreas restringidas con riesgo de contaminación.

El destino de los contenedores era el laboratorio de investigación biológica, en donde tres científicos separatistas supervisaban la creación de una bacteria que evitara la infección del arroz. Al fin, se abrió el último par de puertas selladas y entraron a la habitación, donde los esperaba el trío de científicos, con máscaras similares a las que el grupo traía. Los tres estaban impacientes por desempacar la entrega que Nico traía desde el otro lado del país. Sacaron los objetos sus espumas protectoras, entusiasmados, y manejándolos como si fueran un bebé recién nacido.

—¡Qué maravilla! —dijo uno de ellos, gesticulando con un brazo, mientras que con el otro sacaba con cuidado del portaobjetos la bacteria— La conseguiste.

—Ochenta y nueve por ciento pura—dijo Nico, a través del enunciador de su máscara, con orgullo a pesar de las circunstancias.

—Perfecto Nico-chan. Como siempre, tu profesionalismo es impresionante.

Nico sintió como su temperatura corporal aumentaba en vergüenza mientras que gesticulaba detrás de la máscara. Era capaz de sentir la penetrante mirada de Maki desde atrás; igualmente veía el asco de Riko que estaba al lado de ella. Era justo lo que las imperiales no debían escuchar. A los separatistas de Nozomi les encantaba como les cumplía la gran Nico Yazawa.

Los comandos tomaban su posición mientras que los científicos se distraían desempacando. Riko dio una señal sutil para que uno de los miembros del equipo comenzará a desactivar las cámaras de seguridad con un pequeño dispositivo que traía en la muñeca. El otro comando prendió un dispositivo detonante similar que tenía implantando en la muñeca. En cuanto todos estuvieron listos, un científico separatista encontró la sorpresa que Maki había puesto: Un cilindro un poco más pequeño que un extintor, equipado con una sola válvula.

—¿Qué es esto? —el bacteriólogo de la CEPI le preguntó a Nico—Esta cosa no estaba en el manifiesto.

Nico, con una severa mezcla de entre vergüenza y temor, comenzó a hablar lo más tranquila que pudo fingir:

—Lea con cuidado. Nosotros solo subimos el cargamento.

Otro científico inspeccionó el dispositivo, después, miró fulminantemente a Nico.

—Capitana, ¿qué está pasando aquí?

Nico sintió en el tímpano el chillido agudo y ondulante del gas que salía a alta presión, y vio al contenedor exhalar una nube blanca. De no ser por los protectores de oído que Maki ya le había advertido que debía de traer, seguro que se desmayaba. Los tres científicos quedaron aturdidos, y aunque uno de ellos intentó tomar una alarma, fue interceptada por Riko que lo tiró al suelo y pisó su mano hasta hacerlo llorar; después con la habilidad de un profesional, la señorita Sakurachi quitó las máscaras protectoras de los tres bacteriólogos por lo que la nube blanca, que era realmente un severo paralizante, dejó a los tres separatistas desmayados. Los otros comandos entraron en acción de inmediato, arrancaron el resto de espuma protectora de los contenedores, y luego metieron sin ninguna protección a los investigadores a los contenedores, como si los fueran a enterrar.

—Tenemos que darles una terapia de oxigenación en cuanto subamos al carguero—dijo Nico parando en seco a Maki, que estaba guiando la operación—, de lo contrario morirán.

Maki ignoró la advertencia con un gesto despectivo de la mano.

—Los contenedores imitan un ambiente oxigenado que refleja las condiciones normales, con eso tendrá que bastar.

—¡Este no cabe en el contenedor! —dijo uno de los comandos. El más alto de los científicos no entraba, y el grito llamó la atención de Riko.

—Dóblalo—dijo con toda calma, asustando a Nico.

—¡Dijeron que nadie saldría herido! —intervino.

Maki le sostuvo una mirada penetrante, después, con un empujón, la quitó del camino.

—Te dije que éramos tu única opción Nico-chan. Sólo obedece, no es como que lo vayas a romper.

—Después de esto, los separatistas no me volverán a dar ningún trabajo—gritó la capitana enojada.

—No vas a volver a trabajar para los separatistas, ya olvídate de eso, olvídate de Toujou—le alcanzó a gritar Maki.

Nico, enojada a puntos inimaginables, tuvo que aguantar la lengua, sino que seguro Sakurachi le rompía la máscara de inmediato y la dejaba a morir. No sólo se moría de vergüenza por lo que estaba ayudando a hacer, sino por lo que pensaría Nozomi cuando se enterara de que la había traicionado y había venido a secuestrar científicos de la general Eli tan cerca de Wakayama; la decepción de la presidenta la horrorizaba. Obedecer era justo lo que no quería hacer. Por eso se había convertido en contrabandista en primer lugar. Siempre había jugado con sus propias reglas, y ahora, tendría que jugar con las de Maki.

A la señal de Maki, el equipo regresó los contenedores por donde llegaron. Volvieron a pasar todas las puertas corredizas y corredores hasta llegar de nuevo a la zona de aduanas. Estaban a metros de la salida, el carguero de Nico ya se podía divisar, pero uno de los androides señaló el último contenedor, el que contenía al investigador doblado.

—Hay algo colgando de ahí—dijo el androide, y de repente se dio cuenta de que era una mano con todos los dedos horriblemente apachurrados. De inmediato, desenfundó un arma de aspecto intimidante a Maki y a Riko, que eran las que traían ese contendor—. Ábranlo.

Pero, para cuando terminó de emitir la palabra, Riko ya se había puesto en movimiento. De un rápido manotazo le había arrebatado el arma al androide, y de un disparo sin vacilar había dejado una marca de quemadura tras el disparo de plasma que había perforado su pecho. El resto de androides y el comandante humano fueron rápidos en reaccionar, los comandos de Maki se aventaron detrás de los contenedores para protegerse. Se dispararon las alarmas y comenzaron a llegar más androides armados hasta los dientes desde el edificio contiguo.

Nico apenas alcanzó a lanzarse al piso; sobre su cabeza decenas de rayos de luz volaban por el aire. Los comandos abrieron fuego con una hueste de armas que habían ocultado bien. Nico vio a tres agentes humanos azotar contra el piso como si nada fuera. Había tres hoyos perfectamente marcados en su sien. No salía sangre, solamente se veía el resto de la quemadura causada por el plasma. Y Riko, responsable de los disparos, seguía disparando sin piedad alguna cubriendo a su jefa, que era la única, sin contar a la misma Nico, sin arma en mano. La voz de Maki retumbó en sus oídos.

—¡Cambio de planes! —gritaba—¡Con dos nos la tendremos que arreglar!

Nico no entendía para nada a que se refería, hasta que vio a Riko empujando el contenedor pillado, el del científico doblado, hacia un grupo de androides que avanzaba a toda velocidad. Sin aviso alguno, el resto de los comandos se abalanzó hacia la pista de los hangares y un destello cegador borró el color del mundo alrededor por un segundo.

La bomba que Riko había puesto en el contenedor convirtió a varios androides y a uno que otro humano de la pista en cenizas, circuitos y carne picada. El resto quedó malherido o inconsciente. Nico sobrevivió, pero la explosión la dejó noqueada, y cuando despertó, vio a Maki preocupada arrastrándola hacia su propio carguero mientras el resto del equipo metía los dos contenedores sobrantes a la bodega del remolque de Nico.

—…nadie herido—Nico balbuceó mientras que Maki la soltaba con cuidado sobre una pila de objetos en la cubierta helada de la bodega—. Se supone que nadie saldría herido.

Lo último que vio antes de perder la conciencia fueron los ojos violetas de Maki una vez que se quitó y lanzó la máscara lejos.

—Ay, la naturaleza impredecible del engaño—dijo, mientras otro de los comandos advertía el salto a velocidad sub-sonido—. Te felicito Nico-chan. Hoy te inauguraste como agente del Imperio. Riko-san, dígales que tomen la ruta de Shikoku, vamos directo a la prefectura de Kochi.


En la madrugada, las damas de compañía llegaron a despertar a Rin y le dijeron que tenía órdenes de salir de Imabari inmediatamente. Ninguna sabía por qué, dos de ellas lloraban sin control, temiendo lo peor, mientras que la tercera, la más vieja, vestía y arropaba a la pequeña Hanamaru de seis meses en cobijas; la besó y se la entregó a Rin. La misma les dio un abrazo a las otras dos y las dejó llorando al pie de las escaleras. Dos soldados la escoltaron hacia abajo. El sol de septiembre brillaba más alto en el cielo que hacía un mes, pero el viento tenía todavía la calidez del verano. Rin temblaba mientras la subían al transporte.

—¿A dónde nos llevan nya? —preguntó. Como no esperaba ninguna respuesta, su sorpresa cuando el guardia le contestó fue evidente.

—A la prisión de Imabari.

El corazón le golpeó en el pecho. ¿Sería una transferencia? ¿Las meterían a las tres en la cárcel porque Hanayo se negaba a jurar lealtad a la CEPI? Peor aún, ¿quizás habrían ejecutado a su Kayo-chin? En ese caso sí que Rin sacaría las garras. Desde que se la llevaron a los cuatro días de nacida Hanamaru, había vuelto a saber casi nada de ella, la despedida había sido extremadamente dolorosa.

La incertidumbre se apoderó de ella. El transporte traqueteó por las calles de la ciudad hasta que la prisión se hizo visible, yerma y fría a pesar del verano. Llevaba tanto tiempo viéndola a través de su ventana, que estar en frente de ella se sentía irreal, como una construcción sacada de sus pesadillas, y aun así era el lugar donde diario estaba su Kayo.

Se abrieron los portones y detrás de ellos estaba Hanayo, flanqueada por dos guardias de prisión. Más delgada de lo que se suponía que una mujer que había estado embarazada hace poco más de medio año debía estar, y con el cabello horriblemente destrozado por la orzuela, aunque más largo que nunca. A pesar de la condición física, los guardias no hicieron esfuerzo para detenerla cuando corrió hacia las dos, casi tropezando por la torpeza con la que caminaba sin los anteojos, y cuando por fin llegó frente a Rin y la pequeña Hanamaru, las abrazó por largo rato.

—Soñé mucho este momento —dijo, y se separó de ellas para contemplarlas. —Déjame cargarla.

Rin dudó. Seguro que hasta la bebé sería capaz de flaquear a su Kayo, y sin los anteojos tal vez y la tiraba.

—Creo que no es el mejor momento nya—dijo nerviosa.

Hanayo le respondió con una mirada de puchero, pero después asintió y se acercó para verla.

Rin le destapó la cara que estaba cubierta por la cobija, y al verla, Rin vio la sonrisa más grande que hubiera visto en Hanayo desde que la conoció. Ni siquiera cuando se había propasado con amasake había sonreído tan ampliamente.

—Es hermosa—respondió Hanayo, viendo su carita con ternura—. Sus ojitos se aclararon, parecen más miel que cuando recién nació.

—Tienen rayos de color nya.

—Es polvo de estrellas, Rin-chan.

—Kayo-chin, ¿qué está pasando nya? —Rin se atrevió a preguntar y a romper el conmovedor momento— ¿Por qué estamos aquí? ¿Nos van a…?

—No lo sé, no me han dicho nada. Me sacaron de mi celda antes del amanecer.

—A nosotras también. Eso me preocupa nya…

—No te preocupes. —Le mostró las manos desarregladas y sucias—. Mira, no tengo ataduras. Nadie me ha apuntado con un láser en todo el día.

A Rin no le sonó reconfortante, pero se limitó a esbozar una pequeña sonrisa.

—¿Podrían transferirnos a una prisión peor? ¿Existe un lugar peor nya?

—Aquí en Kochi no, pero seguro que la CEPI se las ingenia.

Uno de los guardias les ordenó que se subieran al transporte. Así lo hicieron; los conductores encendieron el transporte, que comenzó a levitar sobre el nivel del suelo, y comenzaron a avanzar de prisa. Las plataformas del transporte crujían cada que chocaba con una piedra; el movimiento brusco y violento de los asientos hizo que Rin se mordiera la lengua por accidente. Cuando Imabari se quedó atrás, Hanayo se asomó para ver alrededor.

—Vamos hacia el puerto de cápsulas.

—¿Crees que…? —Rin abrió los ojos con sorpresa.

—Todavía es muy pronto para creer nada.

Rin contuvo el aliento al contemplar la estación circular de aterrizaje y depegue que aparecía poco a poco en su campo de visión…, junto con cincuenta androides de combate de los separatistas formados a la orilla del campo, recibiendo instrucciones de un comandante humano alto y de uniforme morado impecable.

—Así que Ena Toujou cambió de opinión sobre lo de entregarme a la presidenta Nozomi… —dijo Hanayo anonadada.

Rin hizo lo posible por no soltarse a llorar. De una prisión a otra. ¿Qué es lo que quería la CEPI? ¿Usarla a ella y a Hanamaru para presionar a su Kayo a unirse a esa guerra?

Frente a los androides de combate había varios jinetes de Kochi al mando de la capitana Toujou, ataviada con su uniforme café de siempre, y con un gorro cubriendo sus trenzas. Su cabello morado ondeaba con el viento. En cuanto Hanayo y Rin bajaron del transporte, ella desmontó y se acercó a ellas. Parecía demasiado triste.

—Siento mucho tener que dejarlas ir.

—Yo siento varias cosas en este momento nya—dijo Rin realmente molesta y con una mirada asesina.

—Me dio a entender que retirarían los cargos y nos iríamos de aquí—dijo Hanayo con una mezcla de enojo y decepción.

—Entendió mal doctora—dijo de una forma solemne.

Como si esas palabras hubieran sido la señal, un carguero comenzó a descender desde lo alto hacia la zona de aterrizaje. La resguardaba de cerca una decena de cápsulas diseñadas para destruir drones de vigilancia y cualquier cápsula pequeña no autorizada.

El comandante presionó un botón en el aparato de su muñeca y los androides tomaron sus rifles a la altura del pecho.

Hanayo intentó divisar el emblema que portaba el carguero ligero en la parte inferior, y, a pesar de que se veía viejo y descuidado, lo logró.

—¡Zaofu!

—¿Desde cuándo Zaofu usa cargueros así de descuidados nya? —Rin protegió sus ojos de la luz para poder ver mejor.

Hanayo, emocionada y con una indescriptible alegría en su rostro, ignoró la pregunta.

—¡Sabía que no podían dejarnos así!

Rin sacudió la cabeza como para asegurarse de no estar soñando. Abrazó fuertemente a Hanamaru mientras el carguero de Zaofu se posaba sobre sus trenes de aterrizaje y les aventaba a todos arena en la cara. Se abrió la rampa de abordaje; una figura solitaria, con una túnica blanca con el logotipo de la compañía y una falda lisa negra descendió de la plataforma. El cabello rojo hacía inconfundible a la persona.

Cuando Rin la reconoció, sintió que la mandíbula se le caía hasta el piso. Volteó a ver a su Kayo, que también estaba boquiabierta.

—¿Maki Nishikino, nya? —dijo ella hablando en voz baja.

Hanayo asintió, incapaz de decir palabra o de mirar hacia otra parte.

—Pero…

—Tendremos que jugarle al tanteo. No hay más—dijo Hanayo casi tartamudeando.

El comandante de los androides y la capitana Toujou se acercaron a Maki primero. Los tres pausaron en silencio. Vio que Maki abrió los ojos, como si estuviera extremadamente sobresaltada.

—¿Pre… Presidenta Nozomi? —dijo, realmente nerviosa.

Los tres pasaron un momento en silencio, midiendo la situación antes de continuar.

—Soy la capitana Toujou —replicó con molestia—La gobernadora Ena Toujou me autorizó encargarme de este asunto.

—Todas esas Toujou son iguales—dijo con desdén—. Ahora que la veo mejor, no tiene el porte de la presidenta—añadió con un tono despectivo. —¿Y tú que haces aquí? —le dijo al otro comandante.

—Estoy aquí de parte de la CEPI para asegurarme de que se cumplan los términos del acuerdo.

Maki bufó y dio varios pasos hacia la rampa de abordaje.

—Por favor, traigan a nuestros invitados —ordenó hacia el interior de la cápsula, de donde salieron una mujer con una mirada asesina, con el mismo uniforme de Zaofu, y un par de científicos muy nerviosos, con máscaras de respiración; También salió una niña de dos coletas y cabello negro igualmente (si no es que mucho más) nerviosa; sus ojos carmín buscaban desesperadamente a una persona. Cuando la mirada carmín se cruzó con la mirada esmeralda de la capitana, por un segundo la niña se echó para atrás asustada, mientras que la capitana simplemente se limitó a sostenerle una mirada tranquila. La mujer llevó a los dos científicos hacia donde esperaban Toujou y el comandante.

—Identifíquense

—Soy el doctor Taiki Kitou—dijo el más alto—, y este es mi compañero de laboratorio.

—Necesitó más confirmación. —La capitana volteó hacia Maki.

Maki sacó una tableta de entre sus bolsillos, y se la dio a la capitana con la pantalla encendida.

—¿Satisfecha? Es más, quédesela, no es como que me importe, tenemos muchas como esas.

Toujou asintió y el comandante aprobó la transacción. Se guardó la tableta en el bolsillo, y señaló hacia donde estaban parados.

—Supongo que no hay necesidad de que se los presente.

Maki negó con la cabeza. Sonrió y caminó animosamente hacia ellos. Le ofreció la mano a Hanayo y dijo.

—Doctora Koizumi, me alegra verla con buena salud. —Se volteó hacia Rin sin dejar de apretar la mano de Hanayo— Y usted, señora Hoshizora, que gusto verla, ¿esa es la bebé?

Rin abrió la boca para responder, pero no emitió sonido alguno.

—¿Puedo asomarme?

Hanayo le destapó la cara brevemente para que la viera.

—Es preciosa, ¡es idéntica a usted, doctora Koizumi! Menos por los ojos, claro.

Maki retomó su tono de negocios y regresó hacia donde estaban Toujou y el comandante.

—En nombre de las industrias Zaofu, debo decir que este incidente ha sido lamentable, empezando por que el Imperio secuestrara a sus investigadores separatistas. Por suerte, estuvimos en posición para negociar su liberación, al igual que la de la doctora Koizumi y su familia, que nunca debieron ser sometidos a ninguna especie de trato indigno, mucho menos al de la prisión.

La capitana Toujou sonrió solemnemente.

—La guerra da pie a toda clase de comportamiento indigno— Dicho esto, miró con tristeza a sus antiguas prisioneras—. Pero no hablo sólo por mí cuando digo que ha sido tono un honor conocer a Hanayo Koizumi y a Rin Hoshizora; de hecho, espero que las dos puedan perdonar nuestra falta de hospitalidad.

—Sigo intentándolo—dijo Hanayo con una débil sonrisa.

—Recuerde que Hanamaru es una ciudadana legítima de esta región—dijo la capitana Toujou.

Los ojos de Maki se entrecerraron con desprecio.

—Prepare el carguero, capitana Yazawa—le dijo a la niña, que, para sorpresa de todos los presentes, menos para la capitana Toujou, comenzó a caminar con torpeza subiendo por la rampa, viendo con vergüenza por última vez a la misma—. Doctora Koizumi, señora Hoshizora, ¿serían tan amables de apresurarse a abordar?

—¡Espero que todos sus viajes rindan fruto! —gritó la capitana Toujou, y la plataforma se cerró detrás de ellas.

Una vez adentro, Maki jaló a Hanayo y la apretó en un fortísimo abrazo, sin dejarla respirar. Hanayo comenzó a ruborizarse.

—¡Que gusto verte, Pana-chan!

—Maki-chan, no entiendo…

—Luego. Te explicaré todo a su debido tiempo, ahora hay asuntos más importantes que atender —dijo, y tomó tiernamente su mano. Pasaron la tres a la cabina principal, donde tres soldados con cortes casi al ras estaban sentados en varias estaciones de trabajo. Todos miraban con atención a Hanayo y a Rin mientras se amarraban los cinturones a uno de los sillones de aceleración. Rin protegió a Hanamaru con un abrazo.

—Avísale al comandante Hayate en cuanto despeguemos —le dijo Maki a la mujer de mirada fría, que se acercó a la estación de comunicación, mientras que Maki se acomodaba en su lugar— Dile que solo espere a que despeguemos y salgamos del campo. Nico, vete preparando para dar un salto a velocidad sub-sonido; saldremos por el Borde Exterior, llegaremos sobre el océano, y retomaremos el transporte en la ruta de Fukushima. Después avanzaremos hacia Tokio, pero encárgate de transbordar donde acordamos.

A Rin le pareció curiosa la instrucción de Maki; era una ruta demasiado complicada, aún para evitar a la CEPI. Casi como si quisiera llegar por el otro lado del país.

El carguero salió disparado hacia el cielo claro de Kochi, y Hanayo salió disparada hacia atrás en su mismo asiento. Miró hacia las ventanas de estribor de la cabina y vio aparecer a las nubes.

—¡Prepárense para tomar acción evasiva! —advirtió Maki.

Hanayo vio un repentino cambio en el campo de nubes, seguido por un vistazo de un enorme crucero flotante de los separatistas, repleto de armas. De pronto, el cielo se iluminó de rayos de luz que apuntaban al lado contrario.

—¡Honrar los términos del intercambio! Sí, cómo no—gritó Maki viendo desde la ventana el fuego cruzado.

El carguero se sacudió por los disparos, y comenzó a esquivarlos con gran agilidad. Hanayo apretó a Hanamaru contra su pecho. Un destello como de supernova saturó la habitación; el carguero rodó sobre estribor, completamente rodeado de escombros.

—¡Necesitamos más altura Nico! —gritó Maki; después, gritó con más fuerza sobre los gritos de Hanamaru— ¡Agárrense! ¡Quizás haya más cruceros enemigos!

Ese caos seguro que se convertiría en una batalla. Rin cubrió a su Kayo y a su Hanamaru con el brazo. Kayo miró hacia estribor y vio un crucero del Imperio con forma de daga saliendo de velocidad sub-sonido, listo para dar apoyo al otro que se encontraba resistiendo el fuego separatista. Una voz surgió desde la bocina de la estación de comunicación.

—Teniente comandante, estamos en posición. A su orden.

Maki giró hacia la consola.

—Justo a tiempo Hayate, Había androides y una cápsula de combate en la superficie. Están listos para defender la prefectura de un ataque terrestre. Puede que la cápsula ya esté en el aire, el comandante está ahí. Cuando termines con él, destruye la ciudad de Imabari.

—¡Maki, no! —dijo Hanayo angustiada—. Se acabó, tu ganaste.

—Todavía no—dijo Maki mirando hacia sus ojos lilas—. Un golpe así le daría a las legiones aliadas al Imperio la oportunidad que merecen para reclamar el poder de nuevo para nosotros. Además, le prometimos a Zaofu darles de vuelta sus instalaciones.

—Los habitantes son inofensivos Maki-chan nya—dijo Rin—. Separatistas o no.

—Tal vez. Pero estamos en guerra, y ellos son del bando equivocado—Maki respondió con una mano en la barbilla, condescendiente.

Cuando se disponían a dar el salto a velocidad sub-sonido, vieron como el suelo debajo de ellos comenzaba a verse asediado por los pesados cañones aéreos del crucero volador. No pudo ver más porque el carguero saltó a velocidad sub-sonido, y todo se hizo opaco al entrar en el túnel transparente.

Hanayo seguía consternada cuando saltaron a velocidad sub-sonido. Pensar en que la capitana Toujou y todos sus demás amigos arderían bajo bolas enormes de fuego la desarmaba por completo. Rin debía sentirse igual de abatida, pero no lograba mirarla para comprobar su pensamiento.

Maki se arrancó de su arnés una vez dado el salto, arrancó el logotipo de Zaofu de su túnica y lo lanzó al suelo.

—¡Vaya que estás horrible! —dijo al acercarse a las dos, y colocar sus brazos en los hombros de Hanayo—¡Tendremos que poner carne en esos lindos cachetes de nuevo! Pero creo que podría acostumbrarme a verte con el cabello más largo, ¿eh? —Después, se volteó hacia Hanamaru y Rin—. Y la niña…

—Hanamaru nya.

Maki lo repitió solo por repetir.

—¿Está saludable?

—Mucho.

—Bueno, por lo menos algo puede decirse de los separatistas.

—Se puede decir mucho de los separatistas Maki-chan—dijo Hanayo; luego, al darse cuenta del mensaje que le había dado a una imperial hasta la médula, se ruborizó bastante—. Por lo menos si hablamos de Hanamaru-chan.

—Me lo contarás en su momento Pana-chan. Ahora es tiempo de una explicación. —Se sumió en una silla desde donde podía verlas a ambas—. Zaofu se rehusaba a negociar con el nuevo régimen de la ahora difunta (con suerte) Ena Toujou. Los cargos de espionaje en tu contra los ponían nerviosos. Zaofu dudaba si eres una agente del Imperio o no —Ante la mirada decepcionada de Hanayo Maki levantó las manos—. Ya sé que suena cruel, pero ya sabes cómo son estas corporaciones: les importa el dinero, no la gente. En fin, naturalmente, el Imperio intervino. Zaofu aceptó que nos hiciéramos pasar por sus emisarios siempre y cuando eso lograra que le devolvieran sus instalaciones más rápido.

—¿Esto fue un operativo imperial? —preguntó Hanayo con incredulidad evidente.

—Lo fue. Estoy en verdad sorprendida de que la presidenta Nozomi no hubiera enviado más tropas a supervisar el intercambio, pero no me voy a quejar de un poquito de buena suerte inesperada.

—Maki-chan, no sé cómo agradecértelo—dijo Hanayo con la cara blanca de asombro.

—Bueno, no podíamos permitir que la doctora Pana Koizumi se enmoheciera en prisión en una ciudad desolada. —Maki sonrió con sinceridad—. No me imagino lo que les pasó. —dijo, de nuevo tomando el aire serio—. La posición en la que estabas… Lo siento, tuve que tomar esta decisión por ti, ya sabes, como en los viejos tiempos. Espero que no lo tomen a mal.

Hanayo sacudía la cabeza, intentando medir la dimensión de lo que sucedía. Aún con la bebé en brazos, Rin la miraba preocupada.

—Pero todos estos recursos, ¿sólo para liberarme? No es lo correcto…

—Como siempre, te estás infravalorando mucho Pana-chan. Eres amiga mía, hubiera dado más por sacarte de ahí. Además, esta operación surgió de lo más alto de la cadena de mando.

—Ni siquiera sabía que alguien en el poder supiera de mí—dijo Hanayo ruborizándose más que co el comentario anterior.

—No es como que importe tanto, pero fui yo obviamente quien les habló de ti, y en cuanto les explique quien eras y lo que había pasado, mis instrucciones fueron hacer todo lo que pudiera para liberarte lo antes posible.

—Pero sigues en el Cuerpo de Ingenieros, ¿qué no?

—Claro, pero mis obligaciones se han diversificado de manera considerable gracias a la guerra. Se necesitan estaciones de comando, armamento, una flota…

—¿Y destruir Imabari era parte de tus obligaciones nya? —Rin no titubeó.

—Digamos que la Emperatriz se sentía incómoda con la colaboración de la prefectura de Kochi con los separatistas.

Rin le sostuvo una mirada desafiante hasta que miró hacia otra parte. Hanayo exhaló fuertemente.

—Intentamos mantenernos lejos, no inmiscuir en todo esto, y ahora mira donde estamos. —Hanayo tenía una mirada triste.

—Tú no le hiciste nada malo a Kochi, Pana-chan—dijo Maki comprensiva.

—Esto es como si lo hubiera hecho; mira que sucedió, por mí se destruyó una ciudad entera.

Maki entrecerró los ojos con frustración.

—Si quieres azotarte por esto, no es como que me importe que lo hagas, adelante—carraspeó—. Pero mientras más rápido te acostumbres al mundo real, mejor.

—¿Qué significa eso nya? —dijo Rin en el mismo tono desafiante que antes había usado.

—Significa que estamos en una guerra. Y la guerra se termina cuando alguien gana, y nosotros estamos determinados a terminar esta guerra.

—¿Y los perdedores no importan nya? —Rin seguía en el mismo tono.

—Hasta cierto punto, ellos pueden decidir —suspiró Maki—Siempre se les aceptará de vuelta en el Imperio. Así como Kochi, el primer paso para que la región de Shikoku vuelva a la normalidad.

Las tres se quedaron en silencio un rato, hasta que Hanayo preguntó:

—¿Vamos a Tokio?

Maki se levantó de su silla y asintió.

—Sí, pero antes quiero que vean algo.

Nico hizo que su carguero flotara en el cielo a una distancia de segura de la ciudad de Senboku y soltó el cinturón de su asiento.

—¿Puedes encargarte de esto? —le preguntó a Riko, que estaba en el asiento del copiloto.

—Lo intentaré, capitana Yazawa—respondió secamente, como si la pregunta le molestara.

Maki le había mencionado que había que tomar una ruta exageradamente larga, para que obligatoriamente hubiera que pasar por la región de Akita. También le había dicho que la científica, Hanayo, era originaria de la ciudad de Senboku, y Nico tenía curiosidad de ver su reacción hacia lo que estaba a punto de enfrentar. Cuando llegó a la cabina principal, vio a las tres presenciando atónitas la batalla que rugía por todos lados de la ciudad, desde el mirador de estribor. Cruceros y cápsulas de ataque imperiales y de la Alianza Separatista se atacaban con todo su poderío sobrevolando la superficie ahora seca y destruida de Senboku. Las explosiones florecían en el cielo, y a lo largo de los edificios y prados de la pequeña ciudad.

Nico notó que la mano derecha de la científica parecía escribir cosas en el aire. No estaba bien de salud, se le notaba por su apariencia tan harapienta, y después de varios meses de encierro, ver la destrucción de Senboku era el golpe que faltaba para que colapsara completamente.

"Justo como Maki planeaba" pensó Nico.

—Tu ciudad natal, de hecho, toda la prefectura de Akita, lleva dos meses, más o menos, bajo asedio —explicó la comandante—. Desafortunadamente, no podemos arriesgarnos a acercarnos sin tener que involucrarnos. El Imperio despachó a todos los elementos disponibles que tenían para enviar, pero la CEPI llevaba ya una ventaja abrumadora. Ahora, nos están dando nuestras propias cabezas de recuerdito.

—¿Por qué Senboku? Mi Senboku no tiene nada.

Nico perdió la cuenta de cuantas veces escuchó a Hanayo preguntar lo mismo, y la respuesta siempre era la misma.

—En general la prefectura de Akita tiene recursos. Está bien situada para poner puntos de salto a velocidad sub-sonido en las prefecturas cercanas. Además, es el punto perfecto para fortificar el dominio del norte del país. Para la presidenta Nozomi, solo importan las cifras; mientras más prefecturas se suman a la Confederación, más debilita a nuestro Imperio. Ninguna prefectura está exenta, ni siquiera una tan alejada del Centro como la tuya.

—¿Está así de mal en todas partes? —Ni siquiera era necesario verle la cara llena de lágrimas para dejar en evidencia que la doctora estaba devastada.

—Peor —fulminó Maki.

Rin la fulminó de inmediato con la mirada.

—¿Y no tuviste ningún miramiento para contribuir a esta destrucción en Kochi nya?.

Maki no respondió. Nico sonrió para sí misma, pasmada por las agallas de Rin. Desde que había conocido a Maki, hacía como una semana, se moría de ganas porque alguien la callara así. Si se pelearan a puño limpio, quizá le hubiera apostado a la mujer gato.

—Los separatistas no tienen la fuerza para ganar. Solo es cuestión de tiempo—dijo Hanayo mirando al piso.

Maki respondió sin apartar la vista del horror.

—El Imperio está haciendo todo lo posible con sus recursos, pero los diseñadores del Gran Ejército no supieron prepararse contra todo. Frecuentemente nos vemos superados en número o en armas. Tenemos un número limitado de soldados comparados contra lo que parece un número infinito de androides.

—¿Y los Iluminados? —preguntó Rin— ¿Qué no se supone que desde hace años son los protectores del Imperio nya?

—Hacen lo que pueden, como nosotros. Pero recuerden; Nozomi fue una de ellos, y es una oponente muy astuta. A veces parece que nos lee la mente, o que adivina todo correctamente. A pesar de esto, muchas prefecturas del Centro y del Borde Medio están comprometidas con ayudarnos a preservar nuestro Imperio. Varios fabricantes de cápsulas y muchas industrias se dedican a darle a nuestro Gran Ejército cápsulas y armamento de avanzada. Desgraciadamente, la investigación y el desarrollo no progresan como nos gustaría. Entre más permitimos que se prolongue la destrucción, más víctimas inocentes caen. Si no ganamos la guerra pronto, corremos el riesgo de que Japón se enfrente a su muerte.

Aún desplomada, acurrucada como niña pequeña en el regazo de Rin, Hanayo preguntó.

—¿Y qué pasará con Akita?

—Me atrevo a decir que el Imperio se retirará antes de sufrir más pérdidas, y Akita caerá en manos de la CEPI.

Hanayo volteó hacia otra parte.

—Ya no puedo ver esto.

Nico miró a Rin acercarse a su esposa y detenerse justo antes de empezar a hablarle. Cuando iba a volver a intentarlo, la bebé comenzó a hacer ruido y moverse incómodamente, por lo que las dos voltearon de inmediato a verla.

—Tiene hambre —dijo Rin—. Me la llevaré para que coma tranquila nya. Trata de tranquilizarte, Kayo-chin nya.

Nico se hizo la ocupada en la estación de comunicaciones para poder seguir escuchando la conversación. Maki esperó deliberadamente a que Rin saliera de la habitación para acercarse a la científica, y colocarse justo donde Rin estaba antes, acomodándola en su propio regazo tal como Rin lo acababa de hacer.

—Perdón por traerte aquí Pana-chan, pero debías verlo por ti misma. Ignorarlo no va a lograr nada. Tu hogar cayó en el conflicto; hay miles de personas sufriendo.

"Gran táctica de Maki" pensó Nico. Era brillante manipular a Hanayo para que se involucrara en la guerra de manera voluntaria. Pero al parecer la comandante no la conocía lo suficiente.

—Justo por eso no quiero nada que ver con la guerra—dijo Hanayo aún recostada, mientras que Maki acariciaba su cabello sucio y desgreñado.

—Creo que no estás pensándolo bien Pana. Tú crees que estás muy lejos de todo, pero no lo estás realmente. Desde tu laboratorio no te podrás alejar de lo que sucede fuera. ¿Sabías que Industrias Zaofu es una de las compañías que trabajan para ambas partes? —Maki señaló a Nico—. Pregúntale a nuestra capitana, ella sabe.

Nico asintió porque sabía que era inútil mentir frente a Maki. A pesar de que el hecho de haber traicionado a Nozomi aún dolía en su corazón, usó la cabeza fría para saber que si mentía frente a Maki significaba morir.

—He entregado algunas cosas de parte de Zaofu en planetas de ambos lados, sí.

—¿Ya lo ves? —le preguntó Maki, orgullosa de sí misma—. Si te importara realmente quien pagara tu investigación, estarías ahora mismo con un picahielo buscando cristales celestiales quién sabe dónde, no alegando que eres muy neutral, parada en un laboratorio sintetizador de millones de yenes de los traidores a la causa. —Maki volvió a ver a Nico—. Mira lo que le pasó a la chismosa de nuestra capitana, aquí presente; pensó que podía desentenderse de todo, y ahora está obligada a tomar partido.

—Obligada, sí—dijo Nico mirando a la doctora Koizumi—. La comandante elige qué detalles les cuenta, pero sí, es verdad lo que dice. Un día estás haciendo lo tuyo, y al día siguiente estás cumpliendo las órdenes de alguien más.

Hanayo no entendió el trasfondo, pero Maki bufó una pequeña risa.

—Eso fue justo lo que te hicieron los habitantes de Imabari, ¿no?

—Eso fue lo que intentaron, pero preferí quedarme en prisión.

—¿Y lograste mucho haciendo eso?

Hanayo se levantó del regazo de Maki, dejando en claro que la pregunta la había molestado.

—Por lo menos podía vivir con mi decisión—dijo, haciendo un gesto hacia el poblado de Senboku—. Ver todo esto no hace más que reforzar mi postura ante la guerra.

—Mira, Pana-chan. No es como que me importe alterar tu postura. No fue el propósito de traerte aquí. Sólo quiero abrirte los ojos ante la verdad. Llevas más de un año en una prefectura separatista, y el gobierno interino de Tokio ha cambiado mucho en ese tiempo. No esperes que te reciban con los brazos abiertos.

Fin del capítulo


Y bien… ¿Qué les pareció este capítulo? A mí me gustó mucho ver la interacción entre Nico y Maki. No lo sé, me gusta esta faceta en la que Maki es tan posesiva con todo mundo, pero al mismo tiempo tan brillante manipulando a la gente. A pesar de eso, aviso, a Kayo-chan si la quiere de a de verás, de hecho, a Nico igual, pero pues por simple costumbre se tiene que hacer la difícil con ella (misma razón por la que a Nico le di este rol en la historia, porque estará interactuando constantemente con Maki).

Creo que se está haciendo un relajo con las prefecturas, y espero que no sea pesado de leer. Eso sí es algo que me gustaría saber si alguien comentara, porque de por sí, créanme que para no perderme, yo literalmente tengo impreso y al lado de mí siempre que escribo un mapa de Japón en el que voy anotando datos y equivalencias (cosas raras que solo la autora hace), pero si veo que hay problemas tal vez ponga mi mapa como portada de la misma historia para que puedan irse guiando.

Y ahora, pasando a las preguntas del capítulo. ¿Logrará Maki convencer a Hanayo? ¿Cómo le ayudará Rin a evitarlo? ¿Dónde está Nozomi y por qué no ha hecho nada por sacar a Eli de prisión? ¿Algún día se dignará a aparecer Honoka-chan? ¿Cuántas Imabaris y Senbokus más arderán antes de que la guerra terminé? Y pues, creo que es todo por el momento respecto a las preguntas del capítulo.

Sin más en cuánto a la historia, creo que llega ese momento que a nadie le importa en el que me desahogo de las cosas raras que suceden en mi vida. Les cuento que ya estoy de nuevo en casita y he estado escribiendo estos dos días para retomar el rumbo que perdí la semana pasada. Y pues, ¿qué les digo? Creo que voy a darle con todo la semana que entra y la mitad de la que sigue para tener capítulos escritos suficientes como para que no me desaparezca tanto tiempo. Por primera vez en mucho tiempo tengo esperanza de que tal vez y si lo logre.

Y pues, creo que he sido demasiado injusta, porque, según yo, no he dado gracias a ShadowPena9, que desde octubre cuando yo estaba clavadísima en destruir mi vida y las pocas relaciones sanas que me quedaban con la escuela, ha estado dando su apoyo a esta historia, aunque sin comentar, el follow y el favourite siempre se agradecen, sí que sí, y que mejor momento para agradecer que ahora, que está acabando el año. Creo que ya no subiré nada hasta el 5 de enero, por lo que, de una vez y sin adelantar vísperas, les deseo a todas las personitas que lean esto un feliz 2020, en serio, los quiero muchísimo a todos. Gracias por ayudarme a haber alcanzado las 100 lecturas en esta cosa rara. Se aprecia demasiado. También un agradecimiento especial a Biso, que, en algún momento de la vida, solo él sabrá cuando, espero que lea esta historia.

Y pues, creo que es todo por el momento, sin más, nos vemos la semana que entra. Los adoro a todos y todas, les doy las gracias por leer cuentos hasta esta parte. Yo me despido, syo Aramaru, me honra que me acompañen en este hermoso trayecto, y creo que aquí les digo, por última vez en este 2019… ¡Oyasuminassan! :)