Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.
Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertence a su autor James Luceno.
¡Hola a todos!
Como siempre es un placer volver a estar escribiendo para ustedes en toro capítulo de esta historia. Y pues, primero lo primero, ¿verdad que sí? Feliz año de 2020 a todas las personitas que lean esto. Que sea para ustedes un año próspero y que todos los propósitos que se hayan planteado se cumplan. Y bueno, pues, por ser una ocasión bastante importante, sólo por esta vez me dedicaré a dar mi choro al principio en vez de hasta el final de este capítulo. En serio agradezco a todas las personitas que estuvieron leyéndome no sólo en esta historia sino en las otras que también estuve escribiendo a lo largo del concluso 2019. En serio de corazón esta niña les agradece a todos por la ayuda en estas porquerías que ha estado escribiendo. ¡Arigatou!
Y bueno, pues, ya no hago perder más de su sagrado tiempo, entonces, para no romper con la fórmula de siempre, por favor lean, disfruten, y no se preocupen que de todas formas ya me estaré explayando al final del capítulo con el choro de siempre. Sin más, no interrumpiré su lectura.
Catálisis
Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.
Parte 1: Los tiempos de la guerra
7
Vínculos
La pequeña Hanamaru se quedó dormida después de comer. Rin escuchaba a su Kayo y a Maki hablando del otro lado del carguero y se alegró de no estar presente en esa conversación. Ella creía que los gobiernos de toda índole solo servían para hacer creer a sus seguidores que estaban arreglando el caos del país, perfeccionando al mundo…, pero solo la Chikara Celestial era perfecta. Para los seres comunes, la vida no es más que un equilibrio entre orden y caos, día y noche, luz y oscuridad, pero la Chikara Celestial iba más allá.
Su admiración por la Chikara Celestial se originó en su profundo amor a la naturaleza. Rin se consideraba a sí misma fuerte e intuitiva, y entendía que su percepción y sus atributos no eran extraordinarios como los de un Iluminado. Los Iluminados, que por generaciones habían sido los protectores de Japón, habían derrotado a los Oscuros y habían instaurado con ayuda de la nueva monarquía los principios que habían guiado al país. Como guardianes de la paz, Rin los respetaba profundamente. A pesar de no contar con la Chikara celestial, Rin seguía las enseñanzas de los Iluminados sobre la generosidad, la compasión y la resolución pacífica de cualquier conflicto. En varios de los lugares que había visitado, había experimentado una conexión con la naturaleza que solo podía ser descrita como trascendental. Sí, era posible que esos momentos derivaran de meras creencias y sensaciones, pero eso no le importaba: si no podía conectarse con la Chikara Celestial, por lo menos podría sentirla, y eso le parecía suficiente. Ahora, con la guerra, había llegado el momento de comprobar si los Iluminados eran capaces de triunfar sobre el poder del mal que había convertido al Imperio del Japón en un conflicto irresoluble. ¿Prevalecerían los Iluminados, o se establecería la oscuridad hasta en el más brillante rincón del país?
Quizás, solo quizás, Maki había tenido razón en mostrarle Senboku a su Kayo. Durante su tiempo en la región de Shikoku, aún encerradas, habían logrado ignorar la guerra, concentrarse en la investigación mientras su pequeña crecía como si fuera un cristal brillante. Pero era imposible ocultar la cabeza en la nieve para siempre. Ahora que regresarían al Centro, lo más importante era entender todo lo que sucedía, y cómo sucedía…, la "verdad", como lo había dicho Maki.
Rin, que también era nativa de la misma prefectura, sabía perfectamente que Akita nunca había sido un lugar próspero, como el Centro, pero hacía 40 años, Senboku era menos que eso: era una ciudad casi despoblada. Hanayo fue la hija única de un matrimonio adulto en uno de los vecindarios pobres de la ciudad. Su padre era comerciante de suministros de su propia cosecha de arroz; su madre, maestra de primaria. De orígenes humildes, se podría decir. Aun así, cuando la señora Koizumi reconoció que su hija tenía talento, junto todos los yenes que pudo ahorrar para conseguir mantener el cerebro de su pequeña ocupado cuando no estaba en la escuela. Primero, le dio una flauta, que Hanayo dominó de inmediato, luego, un juego de química, y después, todos los libros que pudo comprar. Cuando les sobraban un par de yenes, cosa que solo sucedía en la temporada alta de la cosecha, se suscribían a un servicio de la arcaica Internet para que la niña tuviera un entendimiento más amplio del inmenso mundo, para que supiera que la vida iba más allá de la pequeña Senboku.
Sus esfuerzos dieron frutos. Para cuando entró a la secundaria, Hanayo ya era excelente en matemáticas y ciencias, y sus maestros la describían como una prodigio. Aprendía idiomas, artes y trucos de magia sólo para divertirse, y terminó por construir su propio receptor de la moderna Holored con tan solo quince años. Pero lo más impresionante es que postulaba teorías y fórmulas antes de que se las enseñaran, y a veces resolvía problemas matemáticos de formas excéntricas que rebasaban su entendimiento académico. Sus profesores quedaban impactados en varias ocasiones por sus respuestas, y fue una de ellos quien la inscribió al Programa de Promesas del sector de Akita, y después, de Tokio. Hanayo, pesimista como era, no se sentía capaz de todo esto, pero tímida como siempre había sido, no se pudo negar al entusiasmo de sus maestros, ni mucho menos el de su madre.
Para algunas mujeres, era traumático que una hija se les fuera al Centro, pero la señora Koizumi no cabía de alegría. Consideró que era destino de toda su familia que su hija se codeara con la crema y nata de los intelectuales del país. Después de todo, había nacido bajo un arcoíris; Senboku no le ofrecía más que entrar al magisterio como su madre y hacerse con los arrozales de su padre. El señor Koizumi en un principio no aprobó la invitación de Tokio, y Kayo mucho menos; sentía que no tenía por qué presumir su inteligencia o recibir educación de científica. Podía tener al universo entero en su cabeza. No tenía nada en contra de ser profesora, podría explorar el conocimiento y el mundo material como quisiera, y sus ideas no tendrían límites para llegar a donde quisieran, sin tener que rendirle cuentas a nadie nunca.
Por este mismo pensamiento Kayo casi no hablaba, aunque podía llegar a ser una buena conversadora sólo por el miedo a que la gente le pudiera preguntar cosas. Temía más la atención que el fracaso, y no le gustaba celebrar su cumpleaños, mucho menos recibir loas y regalos. Se la pasaba restándose valor a sí misma, pero lo hacía solo por el miedo a quererse y sobrevalorarse. Parecía estar pérdida en el tema del romance; fingía no estar interesada, aunque realmente la confundía que su cabeza tuviera pensamientos de ese tipo en vez de sus cosas profundas.
A pesar de no haber querido estar en el Programa de Promesas en un principio, no pasó mucho tiempo antes de llegar a destacar entre los demás genios del programa, e incluso así, Hanayo no dejó de ser la chica tímida que siempre había sido. Fue precisamente cuando ya estaba inscrita en el programa que le llegó la noticia de que su madre había muerto tras una enfermedad breve. Su muerte y la de su padre, dos años después en un accidente vehicular fueron un furo golpe para Hanayo. Resintieron tan profundo en ella, que estuvo a punto de renunciar a todo para regresar a reclamar los arrozales de su padre y quedarse cosechando y comerciando por el resto de su vida. Al morir las dos personas más cercanas a ella, el sentido de permanencia y continuidad de Kayo se había roto.
Conoció a Maki Nishikino no mucho después. Cuando Hanayo había terminado derribada con la muerte de sus padres, Maki la acogió y forjó una importante amistad con ella. Rin la conocería mucho después
Empezó a frecuentar el Instituto de Ciencias Aplicadas antes del comienzo de la guerra, y parecía estar en buenos términos con varios profesores y compañeros de Hanayo. Aunque a Rin nunca le pareció así, Hanayo siempre alegaba que Maki era tan inteligente como cualquier otro estudiante en el programa. Aun así, a Rin le costaba imaginárselas de amigas: A su Kayo había que arrastrarla a las fiestas (a veces ni eso era suficiente). A la otra había que sacarla de las fiestas a rastras, después de todo, ¿qué mejor lugar para formar relaciones con gente poderosa? Era por esto mismo, que, además, a Maki, su reputación la precedía.
Maki ingresó al servicio del gobierno (Rin nunca supo si se graduó del programa o la corrieron por problemática), y subió como la espuma hasta la cima del Cuerpo de Ingenieros. Supervisaba proyectos enormes en regiones aisladas y en las grandes ciudades. En cambio, Hanayo siguió estudiando después de graduarse, tuvo pasantías de investigación y dio clases. A los veinticinco ya había publicado copiosamente y se había ganado su reputación como académica destinada a la grandeza. Años atrás, la misma Maki le había ayudado a conseguir una cátedra honoraria en el Instituto de Ciencias Aplicadas de la Universidad de Tokio, junto con un gran estipendio y un departamento que no tenía que pagar. Para entonces, ya había determinado todos sus campos de interés: los redujo a cristalografía y fuentes de energía, aunque siempre decía que los cristales la habían escogido a ella y no al revés. Comenzó a viajar por todo el país en busca de cristales raros; conoció a Rin durante una de esas expediciones. Ella estaba en Shikouka, guiando un equipo de exploración que había recorrido recientemente un sistema extenso de cuevas con cristales únicos, producto de la filtración de agua de las lluvias a través de capas de suelo y piedra. A veces emergían como lágrimas relucientes en la punta de las estalactitas. No eran cristales celestiales, pero tenían suficientes similitudes con el cristal vivo como para llamar la atención de la joven científica. Por suerte o destino, o tal vez incluso por la voluntad de la Chikara Celestial, Rin estaba a cargo de cuidar a su Kayo durante su expedición. La científica no podía decir que fue amor a primera vista, porque, como después le confesaría la propia Hanayo, sentía como si se hubieran conocido de toda la vida. Por parte de Rin, aunque no había babeado por ella en primera, si le había parecido atractiva desde el principio.
Allí en Shikouka, Hanayo dormía hasta que la despertaran, y se quedaba despierta hasta que la mandaran a dormir. No le importaba tener hambre si no le daban de comer, y no paraba de comer hasta que el plato quedara vacío. Cuando llegaba a hablar, no había quien le cerrara la boca, podía hablar casi sin cansarse por horas, pero también podía quedarse sin hablar durante días enteros, que se pasaba encerrada dibujando o teorizando. Organizaba, desordenaba y volvía a organizar sus materiales constantemente, y tenía problemas con las pendientes pronunciadas. Cuando llegaban a platicar, al principio, muy esporádicamente, pero cada vez con más frecuencia, a veces Rin sentía que estaba hablando con un androide, tímida, cortés, pero inerte, aunque muchas otras, sentía que no había ninguna persona más humana. Rin sabía apreciar su vasta extensión de cultura, pero le gustaba y enamoraba más su capacidad de mantener atención durante largos periodos de tiempo; nadie la había escuchado antes como Hanayo. Con el tiempo, Rin entendió que lo que interpretó en un principio como timidez (tal vez incluso hostilidad) de su parte, era solo una barrera para mantener su distancia mientras descifraba que quería Rin de ella y viceversa, y resolvía la lógica y las ecuaciones de su prerrelación.
La expedición duró seis meses, y, para cuando terminó y regresaron a Tokio, las dos ya eran pareja. Rin dio el primer paso, pero se acostumbró rápidamente al ritmo lento de Hanayo. Para cuando Hanayo pudo racionalizarlo, Rin se había convertido en el centro de su universo. Se abrió camino a su corazón de la forma más violenta e inesperada, y, por primera vez, Hanayo estrenó esos sentimientos de película romántica que durante su adolescencia se había convencido que no tenía.
En los años previos a la guerra, con las inminentes amenazas del movimiento separatista que comenzaba a fortalecerse, a Rin le preocupaba que el enforque de investigación de Hanayo tendiera a lo militar. Pero viéndose a ella y a su esposa en retrospectiva, no había nada de qué preocuparse. Varios de sus compañeros y profesores comenzaron a aceptar puestos en el gobierno, pero ella, complacida con su empleo como catedrática, sólo dejó la Universidad cuando aceptó la oferta de Zaofu para seguir investigando cristales y energía para ellos. Precisamente, la última vez que habían visto a Maki había sido unos días antes de partir hacia la región de Shikoku, donde le habían hablado sobre el embarazo. Y ahora, su compañerita de clases se aparecía para salvarlas.
¿Cómo no agradecerle esto? Incluso Rin, a quien nunca le había terminado de agradar, le daría las gracias por siempre. ¿Cómo era posible que siquiera sospecharan de sus intenciones? Sí, había llevado a Kayo a esa visita rápida a Senboku por alguna razón retorcida, pero había arriesgado mucho por ellas, y de no haber aparecido…, ni siquiera un Iluminado hubiera podido ver el futuro para saber qué hubiera pasado con su familia.
Rin estaba escuchando la conversación del otro lado de la habitación. Más bien, era un monólogo de Maki hacia su Kayo, que rara vez hablaba. Rin sabía que había de estar hecha un manojo de confusiones, pero tuvo que resistir sus instintos maternos para no intervenir. Después de todo era su esposa, no su mamá. Además, con más de un año de experiencia, era lógico que Maki tuviera un mejor entendimiento del mundo real que ellos.
Los eventos del año que habían pasado del otro lado del país se cristalizaban en memorias, mientras Rin cedía hasta dormirse junto con la respiración tibia de Hanamaru en su mejilla. Pensó que, si Tokio realmente había cambiado tanto, quizá necesitarían la ayuda de Maki más que nunca.
Fin del capítulo
¿Qué tal les pareció esta primera actualización del año? En lo personal no me gustó que el capítulo quedara tan corto, pero como dije desde la vez pasada, creo que entrará entre os tres más cortos de toda la historia, así que no crean que estaré dando estas cosas tan simples así de seguido. Creo que más que nada este capítulo fue Rin explayándose acerca de sus sentimientos hacia Maki, Hanayo y un poquito de la historia de la misma Kayo-chin. Les prometo que esta pausa que pudo haber sido este capítulo se acabará en el siguiente, en el que presentaré un personaje, sí, creo que solo uno, porque el otro llega dentro de dos o tres, de los que me faltan para completar a los más importantes (ya ha sido mencionada pero no ha aparecido personalmente, eso llegará en el capítulo que entra). Y pues, creo que ya entraré a la escuela pronto, y tengo todavía como dos capítulos preparados, entonces después del de la próxima semana, volveré a una actualización que ya no será semanal, pero procuraré administrar los capítulos que ya tengo escritos y mi tiempo para poder seguir dándole seguimiento a esta historia cada dos o tres semanas, al fin y al cabo no creo que nadie la extrañe así de a de veras.
Y pues, pasando a otros temas, ¿creen que con su ciudad destruida Kayo cederá ante Maki? ¿Cómo irán a terminar Rin-chan y Maki-chan? ¿Cuándo me dignaré a hacer que Nozomi, Eli, Honoka y Umi hagan su aparición? Creo que no todo, pero por lo menos dos de tres de esas preguntas las responderé en el próximo capítulo.
Por cierto, creo que no me había puesto a decir esto, pero Hanamaru, aunque no diga nada y sea una recién nacida, me encanta como hija de Hanayo y Rin, creo que hasta físicamente podría serlo (es que vean el cabello de Hanayo, los ojos de Rin, es la más bajita de las Aquors, ¡ay! Adoro estar haciendo esto). En lo personal me gusta bastante que así lo sea, queda muy bien, mínimo en lo personal. Me gustaría saber su opinión (de esto y de cosas más importantes, como la historia) en sus esperados comentarios.
También, si alguien comentara, me gustaría saber, si tienen una mejor idea para nombrar a la Fuerza (no será un tema muy tocado en esta historia, pero no me gusta mucho cómo suena la Chikara Celestial. Digo, Chikara es fuerza en japonés, pensé en dejarla simplemente como Chikara, eso también me gustaría que ustedes me lo comentaran)
Les cuento, pasando a esa sección del capítulo que nada tiene que ver con la historia (creo que hay le tendría que dar un nombre, el que sea) que, no hay nada que contar, porque eso de no tener tanto trabajo da bastante calma, aunque también algo de impotencia, tengo que admitirlo.
Por cierto, cosa que también se me estaba olvidando, quiero desearles a todos feliz día de Reyes, precisamente por eso mismo ya me voy a dormir, que mi hermanito ya me anda molestando con que si no me duermo no van a llegar.
Y pues, creo que ya no le hago más al cuento entonces, pues creo que hasta aquí llego con este capítulo.
Sin más, me despido, les repito que les deseo un feliz 2020, los quiero a todos y todas, gracias por acompañarme hasta esta parte, y ahora si: Oyasuminassan _
