Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.
Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.
Hola a todos y todas, muy buenas noches.
Admito que esta vez en especial sentí que pasó más de una semana desde la última vez que actualicé. Tal vez tuvo mucho que ver que este capítulo lo escribí el lunes, y que ahorita solo estoy agregando esto último que son mis comentarios y mis sentires.
Pero tal vez también tiene mucho que ver que estuve escribiendo un capítulo al día, y que de hecho ya tengo todo listo para actualizar cada dos semanas de aquí a la primera de abril, donde me darán una semana de vacaciones y podré escribir más para adelantar de aquí a que tenga vacaciones de nuevo.
Pero no los interrumpo más que esto parece ya el cuento de la parte de abajo, así que sin más, les pido que disfruten su lectura. Por favor, lean, y disfruten de esta historia tanto como yo disfrute escribirla.
En este capítulo, otro personaje que será importante en esta primera parte de la historia, hará su primera aparición, aunque ya ha sido muy mencionada antes.
Catálisis
Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.
Parte 1: Los tiempos de la guerra
8
Esclava de las ideas
—No puedo creer que pasamos todo el año pasado del otro lado del país nya—dijo Rin con energía.
—Mira esta porquería de cabello y créelo—dijo Hanayo con cansancio, que después remplazó con una sonrisa—. Si quieres otra prueba, mira a nuestra Hanamaru-chan.
Pasó sus dedos a través de su cabello, todavía largo y maltratado. Seguro que llevaría tiempo que regresara a su estado normal, pero con el tiempo volando, en las tres semanas que llevaban en Tokio no le había dado tiempo de ir a cortárselo. Ambas estaban sentadas en un sillón del cuarto principal de su departamento dentro del campus de la Universidad de Tokio, en el Instituto de Ciencias Aplicadas. El edificio, bastante pequeño para el tamaño de la ciudad, se elevaba desde el corazón de uno de los distritos más lujosos de Tokio, en uno de los niveles superiores de la enorme capital imperial.
Hanamaru reposaba sobre el muslo izquierdo de Rin, quien la puso con mucho más cuidado del necesario en el suelo para que practicara gatear. Hanayo reaccionó de inmediato.
—¿Estás segura de que está bien dejarla en el piso?
Rin se agachó a tocar el piso.
—Está limpio—dijo, y le sonrió a Hanayo con una sonrisa pícara, mostrando la reluciente punta de su dedo—. Además, es hora de que se acostumbre al lugar nya.
Hanayo sonrió con ternura mientras veía a Hanamaru escabullirse y de repente hacer intentos por levantarse del suelo ella sola.
—Va a caminar más rápido de lo que creemos. Y entonces será un manojo de travesuras nya.
Hanayo no respondió nada, estaba completamente absorta en sus pensamientos y viendo a la niña. Pero su mirada era una mezcla de alegría con ansiedad, y para Rin era fácil leerle la mente.
—Kayo-chin. De verdad lamento que las cosas hayan salido así. O más bien, que no salieran.
Su tono de voz, y la falta del característico nya la regresó al presente; exhaló.
—Rin-chan, estábamos tan cerca de lograr algo monumental en Kochi, tan cerca…—sacudió la cabeza con tristeza, revelando su motivo real—. Cada que pienso en eso, en Shizuku y los demás, y en como el Imperio bombardeó Imabari, pienso en cómo deben de estarla pasando si es que sobrevivieron.
—No Kayo-chin, no te aferres a eso. No había nada que hubiéramos podido hacer para evitar lo que pasó. Pero, te entiendo, yo también los extraño, no pienses que no, no pasa un día en que no piense en lo que pudo haberles pasado a Shizuku-chan y a…—Rin paró en seco, dejó sus palabras perderse y se acercó un poco más a ella, vigilando a Hanamaru por si tenía intenciones de meterse a la boca algún descubrimiento del piso—. Pero te aseguro que está viva, que todos lo están, y ya verás que algo sucederá pronto nya, nos contactarán todos nuestros amigos.
Sonrió con un poco de nostalgia y arrepentimiento. Hanayo no le correspondió la sonrisa.
—Quería que se llamara Shizuku, ¿verdad? —soltó con tristeza.
—Kayo-chin…
—Ya sé, ya sé. Me gustaría pensar que algo bueno va a pasar, pero nos metí en una situación complicada. Creo que prefiero aferrarme a mis amigos que a eso. Zaofu no se va a arriesgar a recibirme en su rebaño justo ahora, y sin un puesto de investigación no sirvo para nada.
Esta vez Rin sí se incorporó.
—Sirves para muchas cosas, mi preciosa Kayo-chin. Y no soy incapaz de trabajar, no lo olvides nya.
Hanayo se ruborizó un poco.
—No, no. Ya lo sé. Pero siento que tengo que compensarles esto. A las dos.
—¿A nosotras que? No estarás diciendo que es tu culpa que te metieran en prisión, ¿o sí? No vayas a decirme que sí, Kayo-chin, porque voy a tener que regañarte nya— dijo Rin fingiendo molestia al decir lo mismo. Hanayo no le siguió la broma, pero dejó su expresión triste esfumarse.
—Yo fui la que aceptó lo de Zaofu; tú por lo menos intentaste detenerme— dijo Hanayo levantando las manos.
—Lo hicimos juntas, Kayo. Nadie me obligó a ir. —dijo Rin con molestia— Y vamos a salir de esto de la misma forma, juntas.
—Está bien, hagámoslo juntas —dijo Hanayo mientras sus ojos por primera vez destellaban. —Creo que tengo un plan.
En el pasado, su Kayo nunca se hubiera atrevido a contar sus planes a nadie, pero ahora, con Rin, se abría como si nada.
—¿Sí? ¡Cuéntamelo nya! —dijo Rin con alegría y con una gran sonrisa.
—Voy a ver a Maki-chan.
Suficiente para borrar la sonrisa de Rin.
—¿A Maki-chan para qué?
Hanayo la miró con extrañeza, luego, dedujo los motivos de su esposa y le sonrió.
—Mira, gracias a ella estamos en Tokio de nuevo —señaló con la cabeza con dirección a la pequeña Hanamaru que seguía como traviesa gateando por todo el lugar—. Le debemos todo esto.
Rin se mordió el labio inferior, visiblemente irritada.
—Entiendo tu punto Kayo-chin nya. Y a pesar de que hasta cierto punto es cierto que Maki-chan nos rescató, la orden vino directamente del Imperio.
—En ese caso, le debemos todo esto al Imperio.
Rin buscó con cuidado, a ver si encontraba una explicación lógica a los pensamientos de su esposa en su rostro. No encontrarlos la hizo preocuparse. ¿Y si Kayo quería entrar voluntariamente a la guerra después de todo lo que Maki las había llevado a ver en Senboku?
—Sólo creo que hay que tener cuidado con Maki-chan. Se presenta como parte del Cuerpo de Ingenieros, pero es una soldado hecha y derecha.
—Sí, ya lo sé, yo también lo noté —dijo Kayo con tristeza. Al parecer a ella le dolía más que a Rin ver como sus amigos se convertían de científicos brillantes en soldados de armaduras brillantes—Por eso mismo no iré a verla por nada relacionado con trabajo.
—¿Entonces para qué la vas a ver nya? —dijo Rin un poco confusa.
—Porque ella ya me rescató a mí en Imabari. Ahora me toca a mí rescatarla a ella de la guerra.
El escáner de la entrada del Centro de Detención Militar de Máxima Seguridad de Tokio leyó las insignias de la túnica de Maki, y con un pitido de aprobación se replegaron las primeras puertas de acero, permitiéndole el paso directo hacia un ancho corredor repleto de soldados armados. "Una tonelada por cada puerta", Maki se regocijó de sí misma por el trabajo que había llevado a cabo meses atrás cuando supervisó la remodelación de ese ineficiente centro de detención para convertirlo en una de las construcciones imperiales más protegidas. Llegando al final del corredor principal, dos soldados la interceptaron y la escoltaron hacia otra puerta, que conducía a la plataforma levitatoria que bajaba a las entrañas del edificio principal. Maki lo sabía porque esa había sido una modificación a la antigua estructura que ella misma había incorporado.
Llevaba un mes desde su regreso a Tokio, después de su peligrosa misión en Kagawa. Casi diario se reunía con científicos y académicos, e iba a presenciar informes de planeación estratégica. Después del último reporte, recibió un mensaje de Kotori Minami, quien le decía que debía hablar con ella. Se había enterado del rescate hacía ya varias semanas, y seguramente querría preguntarle cuando Pana comenzaría a trabajar en el arma, pero eso ni siquiera la misma Maki lo sabía. Desde el viaje a Akita y en su regreso a Tokio, había estado hablando con toda la familia de Hanayo constantemente, pero había tenido la precaución de no mencionar ni preguntarle directamente si quería unirse al programa; ni siquiera le había mencionado el proyecto en el que se encontraba trabajando. Lo que no entendían los funcionarios burocráticos como Kotori Minami, o incluso las mismas Honoka Kousaka o Nozomi Toujou, era que Hanayo no funcionaba como los demás. Ella se la pasaba restándose valor a sí misma, y no sería capaz de aceptar nada hasta sentirse segura de ella misma. A Hanayo no se le ofrecía nada directamente, porque por timidez y vergüenza lo rechazaría. Con Pana, había que esperar a que se convenciera a sí misma primero de que tenía que hacer algo al respecto, después, irla orientando y ayudándola a decidir hasta que se pudiera cerrar el trato. Y era hasta ese momento cuando se podía comenzar a contar con ella. Pana debía estar plenamente convencida de que era su destino contribuir a la estación de combate, y era el deber de Maki hacer que no perdiera el llamado de su "vocación". Sabía que con el tiempo ella misma iría regando las semillas, y, una vez que estuvieran plantadas en su mente, Tokio se encargaría de regarlas por las dos.
Hasta que eso sucediera, Maki sabía que tenía que hacer algo para seguir probando su utilidad ante Kotori Minami y ante la Emperatriz Honoka, y era por eso mismo que se encontraba ahí, en el Centro de Detención. Había tenido una idea que había derivado del encierro de Pana en Imabari. Aunque sabía que se metía en algo realmente peligroso, ahí estaba, dispuesta hablar con la Comandante Suprema del Ejercito Separatista, Eli Ayase.
La general extranjera esperaba detrás de una reja de rayos láser, en una habitación sin ventanas ni decoración. Había evadido su captura durante la primera y en la segunda batalla de Okayama, pero cuando intentó realizar una avanzada desde Chimane, fue capturada y llevada a Tokio por los Iluminados, para su interrogación. Aún sin su pilar, los ejércitos de la CEPI no habían perdido la gran cosa, pero sin quien los mantuviera unificados, sería solo cuestión de tiempo antes de que los comandantes y soldados humanos perdieran su estabilidad.
—Quiero que suspendan la vigilancia mientras esté adentro con ella —le dijo Maki a los dos soldados que cuidaban la entrada de la habitación.
—¿Quiere que dejemos activa la reja láser? —preguntó uno de ellos con amabilidad, mientras que la teniente comandante pasaba.
—Desactívela un rato, quiero que la general se sienta cómoda.
El soldado asintió amablemente.
—Como ordene, teniente comandante.
La general Ayase tenía una estatura superior a la media. Sus facciones eran duras y recias, pero sin perder elegancia. Tenía una cicatriz en el cachete izquierdo, según sabía Maki, resultado de un enfrentamiento con dos Iluminados. Sus ojos celestes eran ilegibles detrás de sus enormes párpados, y sus labios finos estaban en línea recta en lo que parecía ser un gesto de indiferencia, pero no lo era. Un implante cibernético remplazaba su de antebrazo izquierdo para abajo, resultado de otra gran batalla en la que había resultado victoriosa. Una de sus piernas todavía tenía la férula que le habían colocado cuando se fracturó ambas intentando escapar en la batalla de Chimane, aunque la otra ya se había recuperado. Estaba sentada en la cama de la celda, y cuando la teniente comandante entró, se puso de pie.
Desde que se originó el Consejo de Asesoría Estratégica, Maki se dedicó a estudiar a la sociedad de Rusia y su lenguaje, con la limitada información que quedaba en la moderna Holored, exclusiva de Japón. Después de todo, Eli había crecido allá y tenía grandes influencias culturales e incluso de pensamiento derivadas de su país. Todavía había palabras, estructuras gramaticales y frases que a Maki le costaba pronunciar, pero podía conversar y proferir un saludo formal que tomó a Eli por sorpresa.
—Si piensa conversar inteligentemente en ruso, tendría que enfocarse en dividir las sílabas que forman nuestras palabras y en la pronunciación que utiliza —dijo Eli, por el contrario, hablando un perfecto japonés, después, emitió una risita que molestó un poco a Maki— Entendí lo que quiso decir sin problemas, pero lo que dijo en realidad se traduce como "Saludos a todos los ancianos de su colonia. Mis deseos más intensos hacia su majestad". Es usted muy atrevida.
—Debería de intentar presumir menos, general. Pero tiene razón, haré lo posible por mejorar.
—Agradezco su esfuerzo, sin duda—Eli continuó con su escrutinio. Maki la siguió y se sentó en una silla común y corriente, y entrelazó los dedos sobre la mesa que la separaba de la general de ojos azules.
—Soy la Teniente Comandante Maki Nishikino, del Cuerpo de Ingenieros del Imperio.
—¿Ingenieros? —Eli no ocultó su duda— ¿No es usted una soldado, o analista de inteligencia?
—No, general. Me especializó en diseño y construcción, igual que usted alguna vez.
—Alguna vez, tal como usted dice —dijo Eli con recelo—. Antes de involucrarme de más en este conflicto, cuando me dedicaba a programar a los androides. Me pregunto por qué querría una ingeniera aprender nuestro idioma.
—Primero, porque me fascina su sociedad desde hace tiempo. He querido felicitarla desde que introdujo pensamiento autónomo a sus androides de combate. Las computadoras centrales de control fueron en su tiempo una revolución, un auge de la tecnología; una computadora capaz de controlar un ejército era la promesa de defensa, pero, hay que admitirlo, su debilidad es que eran definitivamente una gran extensión de la estructura jerárquica japonesa. Y todos vimos qué pasó en la batalla de Chiba. Una sola persona fue capaz de neutralizar a todo el ejército con un tiro de suerte, costándole millones de yenes a la Federación Comerciante. El ejército de androides separatistas mejoró exponencialmente desde que implementó el procesador individual, claro reflejo de su propia filosofía; pero ni usted ni su unidad de investigación reciben el crédito que merecen. El mero hecho de que usted esté encarcelada aquí me dice que los líderes de la CEPI no la aprecian como deberían, o nunca hubieran dejado que el Imperio se le acercara en primer lugar.
—Chimane estuvo muy mal defendida, es cierto —concedió Eli—. Pero ese fue mi error, subestimé a mis oponentes, y aquí estoy pagando el precio.
—A pesar de esto, estoy segura de que usted tenía toda clase de armas en sus fábricas de Okayama como para rellenar los huecos del ejército separatista.
—Eso también es cierto.
—Pero lo que más me interesa es esa estación de combate que estaba construyendo en alguna parte de la galaxia.
Eli rechinó discretamente la boca cuando Maki terminó su oración.
—Discúlpeme usted, no sé de qué me está hablando.
Maki se recargó en su asiento y asintió.
—Apreció sus razones para decirme eso, general; su lealtad es la razón de que siga teniendo ese puesto, pero me refiero a una estación del tamaño y forma de una ciudad pequeña —Maki esperó a que se formara un silencio incómodo, después, cuando la general aún le mantenía la mirada inexpresiva, añadió—: Ya sé, ya sé, se está preguntando a usted misma "¿Acaso olvide purgar los datos de la computadora del cuarto de guerra de Kurashiki?". La respuesta es no, no lo olvidó. No logramos extraer ni un ápice de información de ese sistema. —Eli sonrió débilmente— Otra gran obra de sus ingenieros, claramente. Pero, de todas formas, sabemos mucho sobre el proyecto.
—No hay ninguna estación de combate. —La piel de Eli se enrojeció en enojo.
—Tal vez todavía no, pero permítame preguntarle, ¿ese diseño es otra obra del genio de su ejército, o el diseño original salió de Nozomi o de Shizuku Osaka? —Maki la paró en seco de nuevo, impidiéndole hablar—. No me malinterprete, general, los planos tienen su estilo impreso en todas partes: la superestructura, la arquitectura, el reflector parabólico… —esperó un poco, ante la mirada inexpresiva de Eli— ¿No? ¿No le suena?
—Lamento decepcionarla, teniente comandante, no me suena para nada —el brazo de la general, el orgánico se movió en un gesto despectivo
—Detesto cuando las personas no son capaces de admitir sus méritos —dijo Maki con un tono despectivo—. Pero comprendo que su estadía en este lugar deplorable impida que piense con claridad —dijo Maki con un gesto alusivo a las inmediaciones—. No es por presumir, general, pero está en una obra que precisamente supervisé yo. Aun así, este lugar fue diseñado para escoria de lo peor, no para gente como usted. Comprendo que la falta de aire fresco y de sol confundan los recuerdos. Después de meses aquí, el cerebro cede y ya no distingue la realidad de las alucinaciones. ¿Tiene alguna idea de cuánto tiempo lleva Nozomi construyendo esta estación?
Eli iba a decir algo, pero lo pensó dos veces:
—Pongamos las cartas sobre la mesa, general. La han interrogado miles de veces. He escuchado cada minuto de sus interrogatorios.
—Como lo haría cualquier ingeniera… —Eli dudó con una sonrisa de complicidad.
—Es cierto, mis deberes exceden mi cargo. Vienen con el paquete del alto rango y la influencia. Así que, de una ingeniera a una antigua ingeniera, le pido que se deje de bromas y que me diga dónde están construyendo la estación.
—¿De qué le sirve que le hable acerca de algo que desconozco?
Maki exhaló en evidencia de su desesperación.
—Mire, Eli-san. La presidenta Nozomi no vendrá a salvarla de esta prisión; me queda claro que si realmente le interesara ya lo hubiera hecho. Entonces, hablemos de algo más urgente, ¿le parece? Los miembros de su colonia. ¿Sabe? Algo de su ejército que muchos ignoran es que su naturaleza es ser trabajadores. Cuando el Taller de Armas de Lisan les propuso diseñar armas y fábricas de androides para la Federación Comerciante de Shizuku Osaka, seguro que no lo pudo rechazar; era la manera perfecta de mantener a sus soldados y obreros ocupados y contentos, ¿no? Parece que esos dos van de la mano. Los proyectos grandes y esa sensación tan cómoda de plenitud por haber superado el reto. Por algo usted selecciona cuidadosamente a cada miembro de su milicia. Cualquiera que conozca a su ejército sabrá que es preferible mantenerlos ocupados, de no ser así, se comenzarán a pelear entre sí, su famosa arena de combate desbordará sangre porque los obreros buscan un mejor estatus y sus fosas se llenan de cadáveres repugnantes. Me imagino que no quiere que eso suceda. Los nuevos no alcanzarán la madurez ni los ascensos entre tanta mortandad. Seguramente usted lo sabe de primera mano; lo aprendió en su tiempo iniciando en el ejército, en su camino de soldado a general, ¿o me equivoco? Me preocupa su ejército, es más, me preocupa en general la prefectura de Okayama en su ausencia. La hemos reclamado como territorio imperial, es cierto, pero los obreros profesan lealtad hacia usted, no a nosotros, ni siquiera a Nozomi, sino a usted. Yo me preguntó, ¿cuánto tiempo durará su lealtad? ¿Cuánto pasará antes de que desciendan hasta la barbarie, y tengamos que intervenir de forma más violenta? ¿Qué soldado u obrero pretenderá usurpar su mando? ¿Qué tanto cree que la esperen sus oficiales antes de formar nuevas colonias? ¿Quién va a revisar a los nuevos reclutas para que sean dignos de formar parte de su movimiento?
—Yo soy una general separatista, ¿por qué le importaría al Imperio la integridad de mi colonia?
—Porque sé que más allá de ser la Comandante Suprema del Ejército Separatista, usted es la gobernadora de Okayama, y la ingeniera en jefe de la colonia constructora más importante del país; y a menos que reaccione pronto, dejará de serlo.
—¿Y usted tiene la solución, ingeniera? —Eli resaltó especialmente la última palabra.
—De hecho, no es como que me importe, pero sí, sí la tengo. Y tiene todo que ver con la estación de combate que dice que no diseñó, a pesar de lo que ya sabemos. Digamos, que, hipotéticamente, romperá todo lazo con la CEPI y con la presidenta Nozomi. Y que sólo cooperó con ella para velar por el bienestar de su gente y de su colonia, para mantenerlos contentos y bien alimentados. Digamos que, también hipotéticamente, no tiene nada en contra del Imperio.
—Hipotéticamente.
—Digamos también, que el Imperio comparte la opinión de que, uno de sus ciudadanos siendo productivo, es un ciudadano del Imperio de Japón feliz.
—Supongamos.
—En ese caso, la Emperatriz le permitiría conservar su puesto como gobernadora y general de su milicia, y la escoltaríamos inmediatamente directo a Okayama para que tome el cargo de su gente.
—¿Con qué propósito, ingeniera? ¿Al Imperio por qué le importaría eso? Le repito, soy una general separatista, ¿tiene idea de cuántos Iluminados han muerto por mis propias manos? ¿Cuántos soldados he ordenado que mueran? La tasa de mortandad de su ejército se debe casi en su totalidad a mí. Le podría contar cada una de ellas…
—Si está unida a nosotros eso no nos debería de importar. Lo que al Imperio le importa es que queremos que acceda a construir la estación de combate… para nosotros.
—¿Para ustedes?
—Esto es lo que tendría que hacer. Jurará lealtad al Imperio, su milicia abandonará a la Confederación Externa de Prefecturas Independientes, y dejará el campo de batalla para regresar al campo del diseño, donde se encargará de construir para nosotros esa estación de combate que diseñó. Considérelo, general, regresaré luego para conocer su respuesta.
—Teniente Comandante —Eli se despidió en señal de respeto, levantándose y haciendo media reverencia.
—Espero que disfrute su día, general.
Maki salió y la reja láser se volvió a activar detrás de ella. Los soldados que antes se habían retirado regresaron para dar vigilancia a la general. Sabía que Eli no se iba a atrever a atacarla mientras estuvieran conversando, y ahora que había dejado la semilla en su cabeza, solo sería cuestión de tiempo para que creciera.
La petición de Pana Koizumi de verla en privado terminó de eclipsar su alegría después de haber manipulado a la general Eli a la perfección. Pero no podía tratarse de otra cosa más que una solicitud para unirse al Gran Ejército del Imperio. A Maki no le importó si su decisión derivó de su gratitud por haberla salvado, o de que finalmente se había dado cuenta de que, sin Zaofu, sus opciones de trabajo como científica habían pasado de ser escasas a nulas justo ahora. Ya tenía a Eli bajo la manga, y a Pana a punto de unírsele. Kotori y la Emperatriz Honoka no podrían hacer otra cosa sino alabar su habilidad para tomar las riendas y hacerse cargo de todo. Sería la nueva líder del proyecto de la estación de combate.
"El frente del anfiteatro me espera".
Ya había decidido y practicado que estrategia tomaría con Pana cuando el momento llegara. Primero, se negaría a interceder por ella, no por falta de empatía o amabilidad, ni por ignorar la valiosa amistad que tenían desde hace tiempo, sino porque no quería ser responsable de que Pana cambiara sus principios o su postura ante la guerra. Después de dejarla decaerse un poco, y mantenerla roja de la vergüenza (como siempre viéndose tan linda), iría dejando que explicara su punto de vista poco a poco, e iría "accediendo" paulatinamente a su petición. Se imaginó escoltándola personalmente al Anfiteatro de Planeación Estratégica para prestar su juramento de seguridad ante Kotori y los demás, tal vez la importancia incluso llamaría la atención de la Emperatriz Honoka; pero sabía que las cosas no funcionaban así. Tendría que meterla antes en algún programa subordinado, como en un grupo de investigación de escudos de defensa, antes de transferirla finalmente al Grupo de Armas Especiales.
Todo a su debido tiempo.
Maki le pidió que se vieran en su oficina, en la sede del Cuerpo de Ingenieros. Ni ella había ido a esa oficina en muchísimo tiempo. Su verdadero lugar de trabajo estaba en el Anfiteatro, pero ante Hanayo tenía que disimular. Ella lo merecía; era demasiado trabajo, pero valdría la pena. La esperó detrás de su escritorio. Hanayo entró con algunos kilos más de los que tenía la última vez, y con el cabello, mejor tratado, pero todavía largo.
Maki se levantó, le dio un fuerte abrazo hasta hacerla ruborizar y la invitó a sentarse.
—Que bueno verte saludable y en forma. ¿Cómo está Rin y… tu bebé?
—Hanamaru —la científica añadió tímidamente.
—Hanamaru, ¿ya se adaptaron a la vida en el Centro?
—No ha sido fácil, especialmente sin nada que hacer.
—Es difícil imaginarme a la gran Pana Koizumi sin un proyecto, un equipo de investigadores e instalaciones para que hagas tu magia. —Maki adoptó una postura de simpatía, ante lo que la científica le sonrió igualmente con simpatía.
—Es justo por eso que estoy aquí Maki-chan. Espero que mantengas la mente abierta a lo que te voy a proponer. —Aunque su tono de voz era tan bajo como siempre, se veía decidida. Era en serio.
—¿Proponer? —Maki levantó la ceja, sorprendida. Lo que ella tenía que decir no era eso.
Hanayo sacó una tableta de su bolsillo y la prendió sobre el escritorio, se formó una imagen en tercera dimensión de la simulación de instalaciones de algún tipo.
—¿Qué estamos viendo, exactamente? —dijo Maki, mirando la maqueta holográfica, confundida.
—Nuestro proyecto. —dijo Hanayo con tanta emoción que Maki retrocedió.
—¿Nuestro proyecto? —parpadeó.
—Es un bosquejo para un nuevo centro de energía. Muy superior a cualquier cosa que haya hecho Zaofu. Tenemos que cambiar varias cosas porque el diseño es propiedad de Zaofu, y tengo que esperar a que expire mi contrato de no competencia. Pero mientras tanto, podríamos reunir un equipo del mejor talento y conseguir fondos. —su carita relucía con muchísima emoción y su voz era más profunda. Maki no la veía así desde que le platicó de Rin por primera vez.
—¿Fondos? —El holograma giraba igual que su cabeza. No supo en qué momento fue ella la que se ruborizó.
—Seguramente tienes acceso a gente millonaria de todos los sectores —dijo Pana—, tus padres y la gente que has conocido en el Programa. Tal vez incluso podríamos hablar con el Imperio, si no es que no se han gastado todo en la guerra. El punto es que, al final, ya que todo el mundo conozca el potencial y la cantidad de energía que generaremos y distribuiremos, estaremos en condición de dictar nuestros propios términos y amasar la fortuna que queramos. Imagínate el futuro que le puedo dar a mi Hanamaru si esto funciona. —definitivamente ya estaba en estado de ensoñación.
Maki se dio cuenta de que tenía la boca abierta y la cerró.
—La propuesta es que hagamos negocios juntas…
—Ya sé, ya sé, es mucho pedir, y no sé si realmente lo valga —por un segundo creyó que había sacado a Hanayo de su sueño, pero tardó poco en volver— Tendrías que renunciar al Cuerpo de Ingenieros, pero estarías haciendo algo sin precedentes, todo es tan nuevo que no tendrías tiempo de mirar atrás. Cuando menos te lo esperes, tú y yo estaremos encabezando una recuperación de energía limpia y barata en las zonas que esta guerra ha destruido, como mi Senboku.
Maki estaba pasmada, tal vez incluso un poco dudosa. Por un breve momento, sintió que su destino se abría ante sus ojos, una ventana hacia un futuro que jamás imaginó, una vida completamente distinta. Pero tan rápido como se abrió la ventana, Maki la cerró por sus años de entrenamiento y su ansiedad.
—No puedes estar hablando en serio. Creo que no entiendes mi posición Hanayo.
Vio que la científica retrocedió. Seguro que por la sorpresa de que la llamara por su nombre, y no Pana.
—Sí, créeme que sí lo entiendo Maki-chan. Y sí es en serio, es muy en serio. Sé que esta es tu vida, pero… —se puso rojísima— Sólo creo que te mereces más que… esto. —Hizo un gesto vago para señalar que se refería al Cuerpo de Ingenieros.
Maki se tragó, apenas, sus ganas de ponerse a la defensiva y de decirle a esa ingenua niña que "esto" no era más que una treta, y que, en realidad, un día le impondrían a cargo del arma más poderosa que se haya creado jamás. Pero en lugar de hacer eso, se reincorporó y le dijo:
—Me honra y me halaga que me incluyas en tus planes, Pana-chan, pero mi compromiso es con el Imperio y está antes que cualquier cosa, especialmente ahora que el país está divido contra sí mismo.
A Hanayo se le caía la cara de incredulidad, pero logró reunir toda su empatía y asintió.
—Ojalá hubiera alguna manera de convencerte de que hay otras formas de contribuir a la paz.
Maki la miró fijamente, regresó al escritorio, y asintió:
—Lo mismo digo, Pana-chan. Lo mismo dijo.
Hanayo miraba a través de la ventana los ires y venires de la gente del campus. Se preguntó cómo era posible sentirse más libre en una celda de prisión que en su propio departamento. Cuando cerraba los ojos, volvía a tener justo en frente lo que tenía cuando se esforzaba como solo una idol lo haría para ver a través de los barrotes de su celda putrefacta en Imabari: copos de nieve enormes cayendo a lo lejos, pequeñas cápsulas girando por el cielo, las luces titilantes de la ciudad lejana y cortinas ondeantes de luz polar. Y ahora, estaba en Tokio, más infeliz que nunca. No podía ni refugiarse en sus pensamientos, como era su costumbre, para intentar hallar "un punto inmóvil dentro de un barril que gira" como decía uno de sus profesores.
Habían pasado semanas desde que Maki había rechazado su propuesta, y aunque sabía que, para ser ella no había sido para nada grosera, Hanayo seguía sin superarlo. En retrospectiva, se dio cuenta de que habían sido patadas en ahogado, un intento desesperado por salir lo más rápido y sencillo del atolladero. Pero, ¿de dónde había sacado tanta audacia para sugerirle a Maki así nada más que dejara la carrera que tantos años le había tomado construir? Por mucho que a Hanayo le pareciera aberrante el compromiso que Maki tenía con el ejército, ella no parecía tener el más mínimo interés en ser "rescatada".
"Pero si íbamos a lograr algo sin límites" pensó melancólica para sí misma.
Se alejó de la ventana y se movió hacia la habitación principal, con cautela de no pisar alguno de los juguetes de Hanamaru. Se había obsesionado con la idea de tener algo de orden en un departamento que estaba lleno de móviles, peluches, ropa y columpios, pero no había suficiente espacio para hacer eso. La pequeña Hanamaru era bastante tranquila, pero aun así, lo poco con lo que se entretenía desequilibraba el orden de Hanayo. Al no poder ordenar las cosas de su hija, intentó ordenar sus propias pertenencias. Arregló notas, libros, colecciones de discos CD's y DVD's antiguos, ropa, e incluso los cristales. Experimentó con diferentes categorías: sus libros por orden de importancia; sus colecciones por el orden de sus grupos favoritos y después por orden cronológico: sus apuntes por orden de importancia y después por el orden en el que los había realizado; y finalmente sus cristales, primero por orden, después por color. Todo para no admitir que ya no sabía en qué pensar, y no podía concentrarse. Sus pensamientos no aterrizaban, ni de día cuando estaba despierta, ni de noche cuando dormía. Rin se reía de ver como se ponía histérica, pero cuando charlaban comprendía su falta de inspiración, y como su ansiedad le estaba evitando una depresión.
Buscó algo en las cuatro paredes de la habitación; algo que todavía estuviera desordenado. Nunca había tenido problemas para disfrutar su "tiempo libre, pero ese tiempo libre era para tomarse un respiro de la investigación, no una condición permanente. Estaba dividida entre el amor incondicional que les tenía a Rin y a su niña, finalmente estando con ellas, y el peso de no poder asegurarle a su hija el futuro que ella quería.
La Shikoku que extrañaba tanto ya no existía en sus recuerdos, pero tampoco Tokio. Sin embargo, a pesar de los cambios que la guerra trajo al Centro, quizás allí sería posible evitar el conflicto incluso mejor que en Kochi. Eso significaba que tendrían que huir de escuchar las noticias en la Holored, y de cualquier conversación que tratara de la guerra o de política, pero eso lo hacían ya de todas formas. Quizá la guerra terminaría tan abruptamente como había comenzado y la vida regresaría a la normalidad, o por lo menos a lo que antes de la guerra era considerado normal.
No había sabido nada de Zaofu. Maki le había confirmado que la compañía temía contactarla por el asunto de los cargos de espionaje. Ella y Rin le habían dicho que una nueva oportunidad llegaría pronto, pero Hanayo hizo a un lado su paciencia y timidez habitual y se sintió obligada a hacerse cargo. Decidió comenzar por contactar a varios de sus profesores y a sus pocos amigos del instituto, ya que a casi todos los conocía del Programa. Varios habían huido a sus prefecturas de origen cuando estalló la guerra, pero varios de ellos (la mayoría de prefecturas que ahora eran de la CEPI) seguían en Tokio.
Sólo una accedió a verlo, el resto le dio excusas ridículas. Decidió que tenía que verse presentable, así que, desde que la profesora le había confirmado su cita, se dedicó a quitarse de sí misma su facha de prisión. No le había dado tiempo de cortarse el cabello de nuevo, o más bien no había querido darse el tiempo, pero había tratado la orzuela y se veía un poco mejor. Había tenido que gastar en comprar unos nuevos anteojos, pero el nuevo armazón púrpura le daba un aire maternal que el cobrizo no. Había vuelto a la costumbre de traer una diadema para evitar peinados elaborados, y su peso había mejorado bastante. Vestía con un vestido celeste que le llegaba por un par de centímetros debajo de las rodillas y un cárdigan amarillo pastel que había comprado hacía dos años, el mismo tiempo que llevaban pasados de moda.
Se vería con la profesora Tomori Kanako en el solario del edificio de astrofísica para comer juntas. Con más peso, Rin le dio permiso de llevar a Hanamaru con ella. Cuando salió a la calle, sintió una vibra en el ambiente de Tokio que no se sentía antes de la guerra. Desde los más altos rascacielos, hasta los distritos más bajos del centro de Akihabara, todos parecían estar en defensa activa del Imperio. Las pantallas que antes mostraban publicidad y entretenimiento ahora mostraban solamente noticias. Había filas y filas de tránsito atascado y enloquecido. Cruceros gigantescos despegaban y aterrizaban en todos los puertos; el calor de sus impulsores hacía olas en el horizonte. El personal militar era omnipresente, desde oficiales uniformados hasta escuadrones de soldados con armaduras azules y rojas.
El edificio de astrofísica también vibraba de actividad. Los visitantes debían de registrarse en la entrada con los de seguridad, y un androide los sobrevolaba y tomaba una foto para el archivo. Los profesores e investigadores se movían como en pandillas diversas con prisa; conversaban en voz baja, o terminaban las oraciones el uno del otro con entusiasmo explosivo. Otros oriundos del instituto se veían totalmente ensimismados, escribiendo o dictándole notas a sus asistentes mientras maniobraban para no chocar entre ellos en los corredores. Hanayo notó cuando iba en el ascensor que había varios niveles del edificio que estaba restringidos solo para miembros y personal de la facultad, y había soldados vigilando cada salida.
Oprimió a Hanamaru contra ella cuando subió el ascensor rumbo al solario, y espió un poco a la profesora Tomori antes de entrar. Estaba sentada en una mesa cuadrada al lado de las ventanas en dirección al sur. Su piel era ligeramente pálida, pero rebosaba de salud. Sus manos estaban llenas de pulseras. Sus labios brillaban carmesís por el brillo labial. Traía una túnica roja de cuerpo entero, y una capucha que cubría gran parte de su cabello canoso. Hanamaru la dejó en evidencia cuando comenzó a reírse.
Su antigua mentora se levantó a recibirlas dándole a Hanayo un fuerte abrazo.
—Hanayo-chan, que gusto verte de regreso aquí en Tokio. Casi no te reconocí con el cabello largo.
Ella dejó que sus manos recorrieran sus puntas y se sentó.
—Tal vez ya sea momento de que me lo corte de nuevo.
—No lo decía con esa intención —levantó las manos en señal de disculpa— Te queda bien. ¿Es la bebé?
—Sí, es mi pequeña.
—Sí, ¿cómo se llamaba?
—Hanamaru.
—Claro, Hanamaru, ¿cómo pude olvidarlo? Yo estuve con ustedes cuando escogieron el nombre. La hija de una flor tiene que ser una flor, dijo Rin-chan, cómo olvidarlo.
Hizo un gesto para mostrarle los sintetizadores de alimento.
—¿Qué te pido? ¿Qué puede comer Hanamaru-chan?
—Nada, gracias, no comemos a esta hora— Dudó cuando un platillo se mostró ante ella en el sintetizador. —Bueno, ¿no te molesta un plato de arroz?
—Para nada, querida. ¿Te molesta si yo sí pido para comer fuerte?
—En absoluto, adelante.
—Hablando de eso, ¿cómo esta Rin-chan?
—Bien, creo. Bueno, ahora ya tiene dos niñas que cuidar.
—¿Dos niñas? ¡Ah, ya comprendo! Vaya que he tenido la cabeza ocupada estos días.
Los ojos de Hanayo recorrieron la habitación soleada.
—Este lugar parece una colmena.
—Así está por todas partes. El instituto está reclutando estudiantes de programas universitarios, incluso antes de que se gradúen. Hay mucha gente trabajando en muchos más proyectos.
—¿Sigues en generación y mejora de energía?
—No, ya no. —dijo la profesora con poco interés.
—¿Qué? Pero si siempre fue tu pasión Tomori-sensei. —Hanayo mostró su sorpresa—. Seguía tu investigación cada que podía, estabas a punto de lograr un avance colosal.
—Las cosas cambian mucho Hanayo-chan —dio un trago a su bebida y después exhaló con fatiga.
—Sí, eso he escuchado por todas partes —dijo Hanayo melancólica, comiendo un poco de arroz, mientras la pequeña Hanamaru veía de lejos desde la periquera. —¿En qué trabajas ahora?
Tomori miró alrededor antes de contestar.
—Creación de escudos de energía. Pero no puedo decir mucho por ahora…, estoy segura de que nos podremos poner al corriente en el siguiente informe. —Sonrió para aligerar la tensión del momento.
—Informe, ¿qué informe?
Pausó un segundo para medir su reacción
—¿No estás? ¿No te has unido al proyecto de defensa?
Su cara de confusión no cambió.
—¿No has firmado el Juramento de Secretos Oficiales? —insistió.
—¿Qué es eso, Tomori-sensei? Nunca había escuchado tal cosa.
—Lo siento, Hanayo-chan, supuse que…, bueno, olvídalo. Sigues con Zaofu, entonces.
—Honestamente, no tengo idea Tomori-sensei. Al parecer, el cambio de régimen en Kochi no los dejó con un buen sabor de boca.
—Razón más para que te unas a nosotros.
—¿Unirme a qué, exactamente? Tomori-sensei, nadie puede darme una respuesta clara a qué demonios está pasando aquí. Es más, ¿qué es este lugar? Veo guardias y puestos de seguridad en todos lados. Esto no es un recinto de ciencia, es una base militar.
Tomori apretó los labios.
—Estuviste fuera mucho tiempo Hanayo-chan. La guerra lo cambió todo, no sólo para los que están en el conflicto, sino también para nosotros, los habitantes de esta ciudad. La presidenta Nozomi nos hizo ver la realidad, y muchos tuvimos que cambiar la teoría por la práctica. Pero, te diré, tener fondos ilimitados hace maravillas por la investigación.
—La guerra siempre favorece la innovación —Hanayo sonrió débilmente, dándole la razón. La profesora le devolvió la sonrisa—. Pero, ¿qué pasó con nuestro sueño de ayudar a las prefecturas en desarrollo con energía renovable, de incentivar microeconomías? La idea era ayudarlos en la producción del poder, no a que sigan siendo esclavos de los consorcios.
—A su debido tiempo lo haremos— dijo Tomori—, y podremos lograr mucho más de lo que pudimos lograr antes.
Hanayo se notaba cabizbaja.
—¿Y qué tal es trabajar para el ejército?
La mirada de Tomori se paseó por la habitación mientras contestaba.
—Nuestro contacto con ellos es limitado. Paso mi tiempo conviviendo con colegas y máquinas; calculamos, experimentamos, transmitimos nuestra investigación.
—Y los escudos que generan, ¿están diseñados como una especie de paraguas de defensa en las ciudades contra bombardeos aéreos?
—No, están diseñados para los cruceros de combate a gran escala.
Hanayo la miró fijamente, con más dudas que respuestas.
—No entiendo, esos cruceros tienen de por sí escudos que son capaces de soportar mucho más de lo que la CEPI es capaz de dispararles.
—Nuestro equipo se dedica a cosas más grandes, con cobertura más resistente y mucho más amplia.
—¿Más grande que un crucero flotante imperial? ¿Es para contrarrestar el nuevo crucero experimental en el que la presidenta Nozomi está trabajando?
—Eso parece, sí.
Hanayo lo consideró un instante, y después sacó de su bolsillo un plumón de pizarrón; tomó una servilleta y dejó que su magia fluyera. Estaba concentrada, en su estado de ensoñación:
—A corto plazo, podrías considerar maniobrar la energía de absorción de algún escudo hacia un disipador de calor, y luego usar radiadores de neutrinos para devolver esa energía a los generadores y a los proyectores mismos. Es similar a lo que hacíamos en Kochi con los cristales celestiales y los medios láser. Bueno, tendrías que tener mucho más cuidado de no bombear excesivamente. Quizá podrían poner varios generadores de escudos distribuidos al parejo a lo largo del casco del crucero entero para mejorar la cobertura.
—Que interesante…
Hanayo volvió a la realidad.
—Sólo estoy pensando en voz alta. Pero este tipo de investigación no se hace en Tokio.
—Vamos a hacer experimentos en unas instalaciones más nuevas.
—¿En dónde, se puede saber?
—Ni siquiera yo sé dónde.
—Secretos oficiales, aún hacia ustedes…, ¿a eso hemos llegado? —Se acercó a la bebé y la volvió a colocar en su regazo.
—Todos tenemos que prepararnos para el futuro… Pero, oye, estamos organizando una reunión en unas semanas, van a ir varios profesores y alumnos del Programa. ¿Por qué no vienes? Lleva a Rin-chan y a tu bebé — volteó a verla; la niña le devolvió la sonrisa. —. Estoy segura de que estarán encantados de verte.
—Antes de que los envíen a quién sabe dónde, ¿no?
—Efectivamente. —asintió.
Fin del capítulo
Y bien… ¿Qué les pareció este capítulo? En lo personal no lo recordaba tan largo, pero lo leí y corregí creo que como en veinte minutos, así que espero que a ustedes no se les haya hecho tan pesado.
Pero bueno, pasando al capítulo, ¿Eli irá a aceptar la oferta de Maki? ¿Cuánto tiempo más va a negar Hanayo "su destino"? ¿Qué tan lejos podrá llegar Maki en su manipulación? ¿Qué tan linda puede llegar a ser la bebé Hanamaru? ¡Ay, a mí me vuelve loquita!
En fin, cuidado con Eli, porque si acepta sería como estar traicionando a Nozomi, pero si no lo hace sería como estar condenando a su comunidad, ¿qué irá a decidir nuestra rusa densa favorita? En lo personal, cuando recién planee esta historia, hace más o menos como un año, había planteado a Kayo como el rol que tiene, a Rin con el rol que tiene y a Maki con el rol que tiene, pero todo lo demás lo he estado improvisando. Por ejemplo, originalmente Umi iba a ser la emperatriz y Honoka la primera ministra, pero les encontré un rol mucho más adecuado. Les cuento que esta semana estuve checando a las personajes de PDP, y también suenan interesantes como extras, ¡wuuu, ya tengo personajes de relleno! Ahora, fíjense bien, que creo que fuera de Hanamaru y una mención ligerísima a You-chan, he estado ignorando a Aquors, por algo habrá de ser.
Y pues, pasando a este punto del capítulo que nada tiene que ver con el capítulo, les comparto que mañana entro a la escuela (por eso la actualización más temprano), y me tratan bien feo mis maestros a los que adoro tanto (sí, soy medio masoquista, ¿no?), así que no tendré tiempo de andar escribiendo, pero, como dije al principio, ya todo hasta el capítulo 14 está listo (precisamente el fin de esta parte 1 de la historia) Si actualizo todas las quincenas, tendría suficiente contenido para de aquí a la primera semana de Abril, así que, si les gusta esta historia, ese va a ser el ritmo de actualización, aunque seguramente actualizaré en viernes, por el simple hecho de que un viernes cada quince días me hacen sufrir como loca y me tengo que desahogar de alguna manera. Volveremos a que esta sección sea tan amplia como el capítulo mismo jajaja.
Pero, ya no molesto, que seguramente están aquí para leer cosas más interesantes que todo este choro mareador, así que me despido por el momento, yo soy Aramaru, los quiero a todos y todas, y me despido con los ánimos arriba. ¡Oyasuminassan!
