Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.

Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.

¡Hola a todos y todas!

¿Cómo han estado? Les cuento que a mí me ha parecido una eternidad desde el último capítulo que escribí hace dos semanitas. Y vaya, he estado revisando y ya vamos en el capítulo 11, y ya me tendría que ir preocupando porque ya se me están acabando las reservas, me queda sólo contenido para dos meses más. ¡Dareka tasukete!

Pero bueno, pasando a otra cosa mariposa, me encuentro finalmente en esta historia que tanto disfruto traer aquí para ustedes, y que espero que disfruten leer tanto como yo disfruto escribirla. Y pues, viva la perseverancia, que ya hemos pasado los primeros diez capítulos.

Bueno, ahora si les traigo chisme largo, entonces, ya saben, si quieren leer la otra historia que viene incluida que es la de la niña de quince que está atrás de la computadora, nos vemos en la parte de abajo. Por el momento, lean, disfruten, y abajo nos estamos leyendo.

Catálisis

Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.

Parte 1: Los tiempos de la guerra

11

El aguijón

El hábitat de los altos mandos disfrutaba el paisaje más amplio del sitio de construcción: incluía un panorama árido de Okayama, campos diezmados de minas y fundidoras, y el anillo rudimentario, con incontables transportes de androides y provisiones rodeándola como moscas. Su estructura curveada recibía los rayos del sol que se filtraban a través del escudo protector.

Después de meses de ir y venir a las fábricas, Maki nunca se había sentido tan agradecida de tener un cuarto de mando artificial.

Hacía varias semanas locales, se había hecho una fiesta enorme para celebrar la terminación del eje primario, aunque el motivo de celebración parecía más una galleta voladora que la estructura en forma de trompo. Desde entonces, varios grados del hemisferio superior habían sido equipados con soportes estructurales amarrados por los soportes de gravedad, y se empezaron a poner las bases del revestimiento en una porción amplia del caso curveado. Los androides de construcción ya podían dedicarse a construir los primeros espacios interiores, servirían de referentes de posición, hasta que se pudieran dividir las cabinas con mamparas.

Los obreros serían los primeros en habitar los módulos inmensos de soporte vital. Inmediatamente después del anuncio de Eli en la arena, miles de obreros habían sido transferidos hacia la fundadora de acero 7, la segunda estructura más grande que se veía desde el hábitat del alto mando, sólo después de la estación de combate. Había obreros supervisando la producción de las concavidades gigantes en forma de rebanada de pastel, que, cuando estuvieran armadas conformarían el reflector parabólico de la estación, donde estaría la central de poder (aún no se sabía cuál sería su función). Los obreros recibían ordenes de los valientes que habían obtenido los puestos de capataces, que a su vez les rendían cuentas a los oficiales. Todos ellos terminaban declarando ante Eli, que tenía un centro de mando lujoso conectado a la fundidora por medio de tubos y puentes. También tenía una cápsula de pico curvo con motores y capacidad de combustible limitados para poder transportarse a la estación y a toda la región, claramente con la supervisión de una escolta de soldados imperiales.

Pero al parecer, los drones estaban muy inconformes con su situación. Les habían prometido que trabajarían en la estructura de trompo. Sin embargo, Eli ignoró su frustración, pensado que podría ser benéfico para el final de la producción.

Maki, el redondo profesor Kimuri, y varios miembros del Grupo de Armas Especiales observaban cómo sacaban de la plataforma de la fundidora uno de los componentes en forma de medio gajo. Tres de las nueve rebanadas estaban completas; las otras seis estaban en etapas de manufacturación.

Casi desde el origen del Consejo de Asesoría Estratégica, nadie se ponía de acuerdo sobre la función del reflector parabólico. Su construcción estaba basada en un estudio meticuloso de los planos de la colonia de Eli, pero desde un principio, todo mundo involucrado en el proyecto aceptó el hecho de que su función iría tomando forma conforme el proyecto fuera avanzando. Hasta la misma General Eli Ayase admitió que la colonia y sus mejores ingenieros no tuvieron tiempo de diseñar el arma correctamente, ni siquiera antes de que la Batalla de Okayama interrumpiera su investigación.

El plan era ensamblar la concavidad parabólica en el aire y maniobrarla con un tayo tractor gravitacional hacia el pozo gigantesco que habían delimitado en el polo sur del hemisferio sur del trompo, ahí estaría el "aguijón" como le llamaban algunos. Pero el reflector debía poder desplegarse hacia afuera del casco para facilitar el movimiento y la puntería del "aguijón" de protones que proponían algunos de los científicos.

A Maki le pareció muy extraño que Nozomi Toujou no hubiera lanzado un ataque perentorio al sitio de construcción. No podía seguir siendo un secreto que los planos de la estación de combate estuvieran en manos del Imperio. Su teoría era que Nozomi y su Confederación estaban demasiado ocupados con su propia versión de un arma definitiva como para preocuparse por las demás. Eso hacía que el proyecto ya no se tratara de igualar fuerzas (con el mismo proyecto o con lo que fuera que Nozomi estuviera planeando), sino de ver quién terminaba primero el arma.

Los ingenieros estructurales de proyecto debían estar a cargo de la construcción, ensamblaje e instalación del reflector; pero como el componente era crucial para el desarrollo del arma, la responsabilidad cayó sobre Maki, que seguía intentando cumplir su promesa de involucrar a Hanayo. Maki se encargaba de realizar el resto de la estación para poder mantener el control del proyecto, era la única forma de vencer a todos los burócratas.

Le había alegrado enterarse de que el Departamento de Justicia había optado por retirar los cargos de espionaje que había falsificado contra Pana. Lo que no le alegró tanto, y de hecho le molestó bastante, fue que Umi Sonoda hablara con Hanayo y se interesara tanto por su situación desesperada. Maki no la conocía bien, sólo tuvieron una conversación breve cuando Umi fue la gobernadora de Kanto. Muchos seguían llamándola gobernadora, aunque había sido oficial de la Marina, sobrina del jefe de inteligencia del país y una despiadada piloto de combate. Todo sobre ella le indicaba a Maki que podría tener problemas con Umi. No era ningún secreto que tenía una relación bastante cercana con la Emperatriz Honoka Kousaka, pues habían sido amigas desde muy jóvenes. Tampoco era ningún secreto que muchos de sus camaradas judiciales la idolatraban como una diosa. La única razón de que no hubiera entrado al Consejo de Asesoría Estratégica desde el primer día (de hecho, la razón de que no lo liderara ella) era que había estado capturada en una prisión separatista en los lugares más remotos del país, de la que no se sabía bien si se escapó o la rescataron, haciéndola aún más alabada y popular. Era conocida por haber combatido cara a cara contra Eli, y de haber luchado codo a codo con varios Iluminados; por eso había intentado mantenerla eludida de todo lo relacionado con el proyecto y la idea de la mano de obra, a pesar de los rumores que pudieran decirse. A Maki no le convenía tener a la diosa de los tribunales metiendo las narices donde se encontraba su peor enemiga.

Los rumores decían que había sido Umi misma la que convenció a la Emperatriz Honoka de hacer una estación de combate, y que estaba bien informada de las investigaciones de cristalógrafos como Hanayo porque pensaba en un arma similar, incluso antes de que llegaran a sus manos los planos de los ingenieros separatistas. Por si fuera poco, su cargo como Almirante de la Flota Imperial la mantenía informada prácticamente en tiempo real sobre el estatus de la obra. Los mismos cruceros flotantes que cuidaban Okayama estaban bajo el mando de Umi. Entre los miembros de las más altas elites, corría el rumor de que Umi se estaba preparando para tomar el liderazgo del proyecto entero.

Maki no podía permitir que eso pasara. Le ponía los pelos de punta el simple hecho de pensar que tendría que rendirle cuentas a Umi, y determinó que la única forma de evitarlo y hacerse ella con el cargo era amarrar a Pana. Pero tener un as bajo la manga no garantizaba la partida.

Tenía la mirada perdida en uno de los gajos, pensando en Eli y su filosofía de obligar a sus obreros a hacer trabajos indignos de sus habilidades para que lo hicieran aún mejor, durante ese momento y cuando llegara el verdadero trabajo duro. Eso le dio a Maki una idea.

Mientras Rin de desplazaba entre la muchedumbre del centro, se preguntó por qué Tokio no tenía más escaleras reales y menos bandas deslizadoras. Era imposible hacer ejercicio en un lugar que no te permitía siquiera elevar tu frecuencia cardiaca, mucho menos sudar. Era una ciudad en donde la atmósfera y el clima estaban regulados, y las estructuras más altas funcionaban con gravedad artificial. Estaba protegida por un paraguas de defensa, no semejante (no había obra igual) pero sí que funcionaba con el mismo principio que el megaescudo que había bloqueado al país hacía cincuenta años y que lo mantenía "protegido" y aislado del resto del mundo; impenetrable ante cualquier tipo de arma por dentro y por fuera, y sin ninguna abertura que permitiera que algo o alguien pasara sin ser chamuscado por completo. La emigración y la inmigración terminaron casi por completo, por eso la general Ayase era casi una celebridad entre los japoneses, pues había sido la única persona que había entrado a Japón desde el extranjero en esos cincuenta años, se decía que con ayuda de Nozomi, una Iluminada.

A pesar de lo mal que lo pasaron en Imabari, Tokio le parecía demasiado seguro, aún con las falsas alarmas y la verdadera e inminente posibilidad de un ataque sorpresa. Le hacía falta lluvia, viento, ciclones, huracanes, una que otra avalancha, en fin, fuerzas naturales e impredecibles, la voluntad de Chikara.

Había adelgazado desde su regreso a la ciudad, después de su encierro en Imabari, en diferencia de Hanayo que había tenido el proceso completamente opuesto. Antes de ir a Kochi, solía ir a las instalaciones del templo de los Iluminados y hacer ejercicio ahí, absorbiendo la energía del elegante y majestuoso lugar, rodeada por la fuerza de Chikara. Pero, una vez que la situación se puso tensa antes de iniciar la guerra, no había manera de acercarse al templo sin tener un permiso oficial.

Se preguntó a sí misma, ¿la guerra habría afectado la forma en la que los Iluminados percibían a Chikara en Tokio, con todo y su abundancia de vida sensible? ¿Las batallas de prefecturas remotas interferían con su voluntad?

La idea le pareció demasiado aterradora para seguir pensándola.

Rin quería ir más de prisa, pero había demasiadas personas en su camino. Tenía tan arraigado el hábito de ejercitarse, de brincar y soltar su energía, que lo necesitaba para nutrirse, así que intentó irse por otra parte, y se metió a un corredor hacia la esquina sureste de la Plaza, donde por fin encontró un poco de espacio personal. Rin y Kayo habían sido las dos hijas únicas, aunque en diferencia de Kayo, su madre todavía vivía y se mantenía decorosamente como artista en Osaka. Había tenido que pedir préstamos para financiar la educación de Rin, pero ella le pagó la deuda con un trabajo de exploradora para diversos proveedores de la Holored. Consistía en cargar una cámara pesadísima y caminar por lugares donde el terreno era demasiado difícil (o costoso) para los androides de vigilancia, y generar videos en 3D.

Después, trabajó como especialista de impacto ambiental y agente de verificación de superficies. Estos puestos la llevaron a convertirse en líder de equipos de reconocimiento, además de cartógrafa. A los veintinueve años, ya había conocido diez de las cincuenta maravillas del Centro, dieciséis de las treinta maravillas del Borde Medio (una de ellas cerca de Senboku), y doce de las veinticinco del Borde Exterior. Visitó varias prefecturas del Legado en regiones remotas del país, pero todavía no había viajado realmente por el Centro ni se había aventurado hacia la remota Okinawa, tampoco había entrado más allá de las primeras aldeas de Hokkaido. Tantos lugares por ver…

Casarse nunca fue parte del plan, mucho menos tener una bebé. Pero cuando Kayo estuvo embarazada de Hanamaru, especialmente antes de su cautiverio, a Rin se le habían abierto los ojos ante Chikara como se imaginaba que sólo era posible para un Iluminado: experimentó una profunda conexión con la vida de la bebé, más allá del mero entendimiento. Y aunque siempre apoyaba a Kayo en su investigación, en secreto le daba gusto que ya no intentara sintetizar o replicar a los cristales celestiales; le parecía una imitación burda de la voluntad de Chikara, como recurrir a la magia en un esfuerzo para simular su poder.

Dio vuelta en un callejón y comenzó a trotar, pero la interrumpió un grupo de androides empecinados en hacerla entrar a un teatro.

Por mucho que le gustaba salir del departamento, no estaba disfrutando de su libertad como pensó que lo haría. Tenía una sensación permanente de que había olvidado algo muy importante cuando no estaba con Hanamaru; la bebé ya casi tenía un año y siete meses, y no dejaba de platicar y desafiar prematuramente a Kayo y a ella. Rin estaba fascinada con la idea de cultivar la mente de Hanamaru, pero al mismo tiempo, sentía que la que más aprendía era ella misma.

Quizá los días de sentirse completamente sola ya habían quedado atrás. Ahora tenía la familia más hermosa del universo. Sus hermosas flores.

Mientras caminaba por un distrito comercial de tránsito muy denso, intentó pensar en la última vez que tuvo tiempo libre; recordó que había sido la noche que había golpeado a la colega de Hanayo, en la reunión. Kasumi las contactó un par de días después, rojísima de vergüenza para disculparse, echó la culpa al alcohol, e invitó a comer a Hanayo y a toda la familia para limar asperezas, invitación que decidieron no aceptar. Hanayo se disculpó igualmente, y ahí quedó el asunto entre ellas. Pero con Rin no, y bien sabía que entre la gente tampoco: las acusaciones se habían vuelto un hato de chismes de lo que había pasado en Kochi.

Rin apoyaba férreamente las decisiones de Hanayo, pero estaban a punto de quedarse sin dinero y tenían más deudas que nunca. Aún con la libertad, Hanayo estaba todo el tiempo intranquila y miserable, y Rin temía que cayera en depresión severa. Aunque no con Hanamaru, con la que pasaba la mayoría del tiempo, jugando y enseñándole a caminar. La había apodado "Zuramaru" porque lo único que la niña sabía decir era "zura". Maki Nishikino, entre otros, había prometido darle trabajo a Hanayo, pero nadie había cumplido. Rin propuso que se fueran a Osaka a esperar el fin de la guerra con su madre en cuanto pudieran salir de la ciudad.

La guerra escalaba cada vez más. Tres prefecturas: Aomori, Aichi y Shizouka, se acababan de unir al conflicto, la primera se había unido a la CEPI, la segunda se había convertido en un campo de batalla, y la tercera había aceptado que se construyera una enorme base militar imperial. Rin se sentía bajo vigilancia en todas partes a donde iba. La guerra había desplazado a millones de refugiados a Tokio. En ausencia de oportunidades de trabajo, muchos se vieron obligados a vivir en centros de reubicación atascados de gente sin esperanza. Esa misma mañana, las noticias en la Holored mostraron el arresto de un grupo separatista en Tokio. Varios muertos, muchos más heridos.

De repente, recibió un mensaje en la pantalla de su comunicador personal. Remitente desconocido:

"Ella aún puede cambiar de opinión, no es demasiado tarde."

Esa "ella". ¿Se refería a Kayo? ¿De qué bando provenía el mensaje? ¿Fue producto de los rumores sobre ella? ¿Lo pudo haber enviado la Almirante Umi Sonoda, con quien Hanayo ya había formado una relación de simpatía?

A lo mejor había sido un mensaje que se había enviado por error al dispositivo equivocado, pero, aun así, las palabras le llegaron profundamente.

Se detuvo a ver un aparador de ropa deportiva y notó por segunda vez a un hombre encapuchado que había pillado espiándola desde que se detuvo en la joyería. Rara vez se veía algo así en esos niveles de la ciudad, por eso Rin se percató de su presencia en primer lugar. Este espécimen traía botas mullidas de piel, una boina y un abrigo rojo largo, además de su capucha. Ahí estaba por segunda vez, muy lejos de donde lo había visto la primera.

Sus sentidos se activaron inmediatamente. El encapuchado no lucía amenazante, pero no le gustaba que la siguieran. Aceleró el paso y caminó lo más rápido que pudo para llegar al ascensor justo a tiempo. Subió tres pisos, cambió el elevador y subió a otro para estar segura. En cuanto salió volteó en todas direcciones y no lo vio. Estaba segura de que lo había perdido, cuando de pronto apareció de la nada con las manos metidas en los bolsos de su abrigo.

Mientras se sumergía en la multitud para intentar huir, se alegró de haber dejado a Hanamaru y a Kayo en la casa; Hanayo seguramente hubiera gritado de miedo y ya hubiera alertado a todo mundo. Avanzó lo más que pudo y se metió en un callejón lo más rápido posible… y se topó de frente al encapuchado, al final del callejón, avanzando hacia ella. Dio un giro sobre su talón y regresó por dónde había venido. Para su sorpresa, se lo topó de frente otra vez. Dio un vistazo hacia atrás, por encima de su hombro y confirmó su sospecha: eran dos, vestidos idénticamente. Ambos le cerraron el paso.

Buscó algo que pudiera usar como arma, porque pedir ayuda no conseguiría más que un montón de miradas curiosas. ¿Querían asaltarla, secuestrarla, o algo peor? ¿Eran agentes de quién sea que le envió el mensaje?

Los encapuchados se acercaron a pocos metros; Rin se quitó la diadema de orejas de gato, y decidió que no quedaba más que prepararse para luchar con uñas y dientes.

—No se ponga a la defensiva, señora, no tiene caso. —dijo el de la izquierda

—Entre más pronto se deje, más rápido terminamos —dijo el de la derecha.

Ambos esperaban a abrir sus abrigos y Rin supo que venían armados, pero de anillos, pulseras, aretes y demás bisutería.

—Vimos que buscaba joyería damita, venimos a ofrecerle variedad y a muy buen precio.

Rin entornó los ojos con desesperación, y decidió llevar una pulsera a Hanayo para evitar más problemas.

Hanayo terminó de organizar sus notas y se disponía a ver cómo le iba a la pequeña Hanamaru en su siesta (un acontecimiento raro en la casa de la familia), cuando sonó el comunicador del departamento. Al tomar la llamada, una imagen azulada de Maki apareció en el centro, emanada del proyector.

La señal tenía poca calidad y se interrumpió. Hanayo intentó cambiar los ajustes del dispositivo para ver si mejoraba algo. Al parecer, Maki hacía lo mismo; al final tuvieron que reducir el tamaño de la transmisión para poder escuchar algo. Como era obvio, el comunicador estaba enrutado de tal forma que el código fuente era imposible de rastrear.

—Maki-chan, ¿en qué parte del país estás? Ni siquiera llega bien la imagen.

—Lejos de Tokio, Pana-chan.

—Sí, ya veo. ¿Proyecto de ingeniería?

—Sí, a una escala sin precedentes. —Maki estaba de uniforme, parada frente al mirador de un crucero flotante. Sonreía ampliamente.

—¿Militar?

—¿Tú que crees, Pana-chan?

—Es una instalación en tierra o un crucero flotante.

—Un poco de ambos.

Hanayo tenía muchísima curiosidad, pero sintió que no obtendría más detalles.

—Me da gusto saber que por lo menos alguien tiene empleo.

—¿Cómo la estás pasando?

—Horrible. Me estoy volviendo loca.

—¿Qué hay de Rin y la niña?

—Está dormidita. —dijo Hanayo con ternura—Si estuviera mejor nuestra señal, te la mostraba. Pero Rin, está tan bien como puede, dadas las circunstancias. ¿Supiste lo del Departamento de Justicia?

—Sí, me informaron.

—Al parecer, ese es otro punto en la lista de cosas que tengo que agradecerte, Maki-chan.

—El caso no tenía fundamento, solo acusaciones absurdas. Intenté dejárselo en claro a la Almirante Sonoda, pero insistió en hacer una investigación.

—De hecho, ha sido bastante comprensiva y cordial. Diría que, a su manera, es muy gentil. Está maniatada con lo del permiso de salir de Tokio, pero me ha ayudado mucho de otras maneras.

—Yo que tú no confiaría mucho en sus promesas.

—Lo sé, pero es mi única esperanza.

—No, no la es, por eso te hablo. Creo que encontré un trabajo para ti.

Hanayo se iluminó con una sonrisa. Apenas podía creer lo que escuchó. Pero apagó su sonrisa.

—¿Militar?

—No, no, nada de eso. ¿Has escuchado de Comunicaciones Cocoa?

—Hacen dispositivos comunicadores portátiles, ¿no?

—Sí, y tienen una fábrica enorme en Numazu. Justo ahora trabajan en mejorar la posición de sus cristales para que su señal llegue a áreas remotas cuya infraestructura se vio afectada por la guerra. El Imperio ha financiado bastante la investigación, pues es en beneficio de varias prefecturas miembro que están luchando por sobrevivir.

—Numazu está cerca de Aichi, ¿no? —Hanayo había buscado un mapa en uno de los artículos de las noticias de la semana mientras escuchaba.

—No es el lugar más seguro del país, pero la ciudad está bien protegida. Acabamos de construir una base cerca de ahí.

Hanayo se ruborizó como de costumbre.

—Esto es muy inesperado, Maki-chan. Tendría que revisar su investigación y su producción…

—La Directora Kurosawa puede enviarte todo lo que necesites, si te interesa…

—¿Directora…?

—Aiko Kurosawa. CEO o uno de esos títulos de letras. Tendrías que rendirle cuentas a ella.

Hanayo no supo que decir.

—Pana, Pana-chan. Sé que esto puede parecer un retroceso para alguien como tú, pero a veces hay que dar un paso hacia atrás para poder dar dos hacia adelante o algo así. El sueldo es mejor que el que le podrían dar a alguien como Rin en Tokio.

—Sí, sí, haría lo que sea por ser útil. Pero, es sólo que estoy acostumbrada a no tener jefes y a poder supervisar mi propia investigación.

—Bien, bien —Maki reconsideró un poco su acercamiento. —Oye, mírate esas ojeras, Pana-chan. Me preocupo mucho por ti, pero no quiero ponerte en una situación de la que te arrepientas. No soy tu mejor amiga para eso.

—No, tú no te preocupes por eso.

—De todos modos, seguramente Comunicaciones Cocoa te dejará trabajar a tu manera. No todo mundo tiene a Pana Koizumi como su supervisora de calidad. Además, puede ser algo temporal, en lo que llega algo que esté más a la altura y en sintonía con tu talento.

—Necesito discutirlo con Rin —dijo Hanayo pensativa—. Quiere que nos vayamos a Osaka con su mamá en cuanto se levanten las restricciones de viaje. No ha estado muy bien de salud.

—Lo que consideres mejor, por supuesto.

—Es que, me siento tan inútil, pero quiero que Rin esté contenta y… Y mi bebé, la adoro y me encanta pasar todo mi día con ella, pero cuando se queda dormidita me quedo pensando en qué está haciendo la inútil de su madre por su futuro y… ¡Dareka tasukete! —gritó Hanayo, mientras Maki sonreía con simpatía. Después se calmó y sólo añadió—Numazu…

—Es una prefectura interesante. Con un clima mucho mejor que Imabari, claro está….

—¿Qué tan urgentemente necesitan mi respuesta?

—Lo más pronto posible. Te puedo conseguir una semana, a lo mucho.

—Nunca he sido buena con esto de ser espontanea. Tú siempre has sido buena decidiendo lo mejor por mí. ¿Qué opinas de esto? —Hanayo exhaló.

—Opino que aceptes la oferta. Usaré mis influencias en la aduana para asegurarme de que puedas salir de Tokio y regresar a trabajar, aunque sea en un trabajo inferior a todas tus capacidades.

—Cada vez te debo más, Maki-chan. No sé cómo ni cuándo voy a poder pagarte todo lo que has hecho por mí, por Rin y por mi Zuramaru.

Maki sonrió ante el apodo de la niña, o tal vez ante el comentario de Hanayo.

—Algún día te mostraré los planos de lo que estoy construyendo, y verás que podrás devolverme el favor dándome tu opinión al respecto.

Fin del capítulo.

¿Y bien? ¿Qué les pareció este capítulo? En parte, les confieso que Maki me empieza a dar un poco de miedo. Gracias al cielo no tengo amigos como Maki, vaya que siendo una persona de carácter tan débil seguro que caería redondita, como Pana, de hecho. Pero bueno, pasando a otra cosa, ¿qué creen que vaya a pasar con Hanayo? ¿Irá a aceptar la oferta de Maki? ¿Umi irá a interferir de alguna forma? ¿Cómo irá a hacer Eli algo más que ser una obrera? ¿Cómo le hizo para entrar a Japón en primer lugar? Bueno, varias de esas preguntas se quedarán como tal, entonces vayan tratando de teorizar. Si les gustase, me interesaría leer sus respuestas en las reviews.

Pasando a las especulaciones, ¿qué creen que pasará en el siguiente capítulo? ¿Maki llegará a cometer algún error? ¿Umi será la que se equivoque? ¿Qué pasará con Kayo y su familia?

Llegando finalmente a esta sección de la historia que nada tiene que ver con la historia, les cuento que estas dos semanitas me han tenido en altibajos como tenía demasiado (de hecho, desde antes de comenzar a escribir en FanFiction) que no me pasaba. Primero que nada, la semana inmediata después de que escribí el último capítulo, estuve tan ocupada que me olvidé de todo, fue un bajón académicamente hablando. Digo, yo suelo ser una alumna matadísima, y perdí un par de decimas que me costaron el 100 perfecto. Les confieso que estuve triste toda esa semana por eso. Pero luego fue el Love Live Fest, y no sé si ustedes hayan ido, pero por lo menos yo, que me aparecí un par de horas por la plaza Arboledas (no tan cerquita de mi casita, pero si de donde está mi escuela), me divertí muchísimo. Amanecí al día siguiente afónica, y eso que todavía no me curaba de la gripa. No quiero presumir por si alguien no pudo ir, pero en serio, invité a mi mami a venir conmigo, y no había gastado 400 pesos en demasiado tiempo (me acabé los ahorros de dos años con eso más la lightstick), y valió la pena cada centavo. Pero luego, casualmente, me explotó en cara todo, y en esta semana que fue de cierre de calificaciones, decaí feísimo, aunque ya estoy un poquito mejor, gracias al Altísimo. Se los juro que domingo, lunes, martes y todavía el miércoles estuve llorando sin razón, fue como si todo me explotara. Y tengo miedo, siempre los finales del primer año me huelen mal, y ahorita que estoy a un par de meses de terminar mi primer año de preparatoria, temo a un segundo año tan horrible como el de la secundaria.

Pero, pues, ya saliendo del chisme y pasando a cosas más interesantes, les aviso que dentro de dos semanas (específicamente de este miércoles 26 [me acabo de dar cuenta que el miércoles es el día de mi número favorito] en ocho) será el cumpleaños de mi preciosísima niña querida, la tocaya Hanamaru. Así que escribiré algo para publicar ese día, y no habrá actualización en esta historia prácticamente en un mes (¿se nota que ya ocupo una excusa para tener más tiempo de escribir capítulos de esta historia?). No, no es cierto, tal vez y si actualice, pero definitivamente si publicaré algo el día del cumpleaños de Hanamaru, se lo debo.

Y pues, ya después de todo el rollo que se han leído finalmente vamos llegando al final de este capítulo. Espero que realmente lo hayan disfrutado y que les haya gustado leerlo tanto como a mí escribirlo. Como siempre es un honor que hayan llegado hasta esta parte, los quiero a todos y todas, y nos leemos la próxima vez. Yo soy Aramaru, me despido, y aquí ha llegado el momento de decirles: ¡Oyasuminassan!