Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.

Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.


Hola a todos!

Primero que nada, perdón, sé que se me fue el tiempo por dos días, como siempre ya abajo les estaré explicando más detalladamente que tanto está pasando con mi vida que no me dejó corregir el capítulo esta semana. Les juro que no creí que andar en cuarentena me pudiera tener tan ocupada…

En este capítulo, veremos que sucedió con Hanayo y su nuevo trabajo, y como le está yendo a Maki con su proyecto de usar a Eli para que le construya su estación de combate.

Cabe recalcar que, en este capítulo, se encuentra mi cita favorita de la obra original. De hecho, esa si la copié así literalmente y toda la cosa. Les doy una pista, la dirá Kayo-chan. Y pues, sin más por el momento, por favor lean, disfruten y espero que este capítulo les guste tanto como a mí me gustó escribirlo.


Catálisis

Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.


Parte 1: Los tiempos de la guerra

12

Ciencia mundana


Rin no había investigado nada sobre Numazu. En Tokio, varios de sus amigos le dieron opiniones, pero, en cuanto entraban en detalles, los dejaba de escuchar. Había conocido ciertas partes de la prefectura en sus tiempos como exploradora, de hecho, había sido en la misma prefectura donde había conocido a Hanayo, pero la ciudad nunca la había conocido, y quería que el lugar la tomara por sorpresa. Lo único que hizo fue mostrarle a su Kayo y a Hanamaru un par de imágenes, a la primera para calmar su ansiedad, y a la segunda para explicarle el cambio. Extrañaba sentirse intrigada.

Con todo y la influencia de Maki y el apoyo de la Almirante Umi Sonoda, tardaron otros tres meses antes de que Hanayo pudiera liberarse por completo de la burocracia. En cuanto terminaron de firmar contratos, hacer juramentos, firmar declaraciones, buscar vivienda y sacar permisos de viaje, abordaron una cápsula de pasajeros hacia el Borde Medio, gastos pagados por Comunicaciones Cocoa. Hanayo no le había contado mucho a Rin sobre el puesto, pero ella por sí misma había leído varias cosas sobre la compañía y su buen récord de contribución a las buenas causas.

Descendieron de la cápsula en el puerto de Shikouka, y las subieron a un deslizador; desde la ventana el paisaje aéreo de la ciudad de Numazu parecía un campo enorme de flores de todos colores y formas. Rin vio estructuras entretejidas como cestas, y domos que parecían naranjas gigantes. Nada era cuadrado, todo tenía líneas curvas y las figuras torcidas. Los edificios tenían escaleras externas envueltas alrededor como enredaderas. Las áreas residenciales parecían granjas de horticultura en forma de hojas.

Los nativos de la ciudad se veían igualmente diferentes a los tokiotas. Tenían un aire campestre que, a pesar de no asemejarse a las aldeas que Rin había visitado en medio de la nada, a Rin le recordaba a la gente de Imabari, con la excepción de que el clima era casi lo contrario al de la fría ciudad. Su amabilidad intrínseca sorprendió a Rin desde el primer momento, cuando llegaron a la ciudad en el desilizador. Tenían un movimiento especial basado en un antiguo ritual religioso: movían la cabeza hacia adelante y atrás en señal de aceptación, una forma muy divertida y gentil de mostrar aprecio.

Los locales que encontraron en su camino se enamoraban inmediatamente de la pequeña Hanamaru, que ya caminaba por todas partes con sus pequeñas piernas, y con el triple de vocabulario que antes. Hanayo, con tanto tiempo libre que había tenido, se había encargado de enseñarle demasiado. Un representante de Comunicaciones Cocoa las recibió saliendo de la aduana y los escoltó hacia otro transporte para recorrer la ciudad hacia las instalaciones de la compañía.

Hanayo estaba más callada de lo normal desde que salieron de Tokio. Rin supo por instinto que se sentía fuera de su elemento, aún más insegura. Pero cuando la volteó a ver, su Kayo soltó una ligera sonrisa, quizá porque sintió su escrutinio y su preocupación.

—¿Qué te parece hasta ahora Rin-chan?

—Si todo va a ser así, vamos a estar bien —dijo Rin—. Mejor que bien nya.

—¿Y tú, Zuramaru, la estás pasando bien?

Hanamaru asintió mientras veía por la ventana con sus ojitos bien abiertos, emocionada poniéndose casi de pie sobre su asiento. Quizá solo estaba contenta porque percibía el entusiasmo de Rin. Hanayo la miró con ternura, la volvió a sentar y tomó su manita con amor.

El deslizador serpenteó varias veces a través de calles limpias y ordenadas, esquinas, recovecos, espirales, arcos y círculos. En Numazu no había cuadrículas. Finalmente llegaron a las oficinas de Comunicaciones Cocoa. Su falta de personalidad resultó decepcionante después de haber visto el resto de la ciudad. No habían hecho esfuerzo alguno por imitar la arquitectura orgánica de la ciudad; estaba rodeado de murallas con entradas de seguridad. Dentro del edificio principal cuadrado, la belleza colorida de Numazu se disolvió en tonos grises y un sombrío sentido del deber.

Las hicieron esperar en un cuarto inhóspito con muebles incómodos y arte genérico en las paredes. Al fin, un joven al cual se le notaba que no era local entró y se presentó como el representante legal y secretario ejecutivo de la compañía y de Aiko Kurosawa. Su rostro afilado reflejaba elegancia y aristocracia. Su sonrisa forzada cuando vio a la pequeña Hanamaru le dio a entender que había pasado muchísimo tiempo desde la última vez que había visto a un niño. Vestía con un traje que se veía costoso, y condujo a la familia a una oficina enorme, con ventanas que daban a las colinas boscosas contra el cielo azul verdoso.

Kurosawa estaba sentada detrás de su escritorio enorme. Rin pensó que sólo se levantaba cuando verdaderamente tenía que hacerlo, y sorpresivamente lo hizo. Su cabello rojo le llegaba a media espalda, con una cola de caballo que acentuaba sus pómulos prominentes. Tenía un vestido negro apretado que marcaba su figura, y botas de tacón que la hacían ver incluso mucho más alta que las otras dos, que ya de por sí eran bajas de estatura.

Rin percibió que Kurosawa y el joven secretario tenían más que una relación de trabajo.

Hanayo se presentó primero, y luego presentó a su chica y a Rin. El apretón de manos de Kurosawa fue cortés y casual, pero Hanamaru se sintió observada e intimidada, y se escondió detrás de la pierna derecha de Rin. Rin no pudo evitar observar la sonrisa forzada que había puesto cuando Hanayo presentó a Rin como su esposa.

—Espero que su viaje haya sido placentero —dijo, todavía con la misma sonrisa cortés, similar a la del joven —Odio entrar por el centro de la ciudad. Que desagradables seres son los ciudadanos locales.

Rin le quiso decir que le habían parecido personas muy amables, pero se abstuvo.

—El viaje estuvo bien, sin contratiempos.

—Sin contratiempos es lo mejor que se puede lograr estos días. Debería ofrecerle algo de beber.

Hanayo rechazó la oferta que la directora había hecho por obligación, pero, sólo por diversión, Rin no se negó. Después de que Kurosawa de mala gana le sirviera a Rin, todos se sentaron menos Hanamaru.

—Bien, supongo que tuvo tiempo de sobra para revisar la información, lo mejor sería que empezara de inmediato.

—Lo hice —dijo Hanayo—. Pero nunca me dijo si usted tuvo tiempo de revisar las notas que le envié.

Kurosawa se movió inquietamente.

—Sí… las notas… Le voy a ser honesta, Doctora Koizumi, no entendí ni la mitad y las dejé.

—Con gusto podría explicarle todo.

—Miré; dejemos las cosas claras desde ahora. Sé muy bien quién es usted, y sé de todo lo de sus logros. Pero no me interesa escuchar sus tonterías, teorías, o como sea que quiera llamarlas. No quiero meterme en eso de innovar. No estamos aquí para reinventar la física ni la química, y eso. Esto es un trabajo sistemático, nada más.

—Pero —Hanayo volvió a intentarlo con gentileza—, ¿no le interesaría que el trabajo se pudiera realizar mejor y con menos costos?

—Esto es justo lo que esperaba de usted —dijo Kurosawa, poniendo las manos sobre el escritorio—. Le voy a ser franca, por este tipo de cosas yo no quería contratarla. Se lo dije a mis superiores, pero es obvio que tiene amigos influyentes que me obligaron a aceptarla. Llevo muchos años, de hecho, desde el comienzo de esta fábrica, haciendo bien mi trabajo, y no quiero tener problemas con nadie. No me voy a meter en un duelo de inteligencia con usted; además, me parece que, con todo y sus papeles científicos y patentes, usted está del otro lado del escritorio, y yo de este.

—Al parecer ya nada tiene sentido en esta galaxia —dijo Rin, quien se había quedado callada y con el ceño fruncido.

Kurosawa se quedó boquiabierta y volteó a ver a Hanayo.

—¿Su esposa siempre es así de irreverente?

—Lo siento, directora. Dice lo que piensa, a veces incluso lo que yo. — dijo Hanayo.

—Doctora Koizumi, nos estamos metiendo en un terreno peligroso. —advirtió la directora.

—No necesariamente. Escuche, sólo quería decirle que Comunicaciones Cocoa está desperdiciando dinero con los cristales de cromo, cuando podrían ahorrar muchísimo más con seaborgio sintetizado; hasta la mitad del costo de producción por el doble de ancho de banda.

—¿Me va a empezar a discutir desde su primer día? —Kurosawa le lanzó una mirada de advertencia.

—No estoy intentando discutir nada —dijo Hanayo apenada—. Solo intento hablarle de una colega a otra.

La cara de Aiko se encendió de ira.

—¡No soy su colega, Doctora Koizumi, soy su jefa! Comunicaciones Cocoa no es Zaofu, no somos investigadores, somos proveedores. Necesito a una supervisora de calidad, no a una genio. A menos que se guarde sus teorías y especulaciones, le sugiero que nos ahorre a ambas el dolor de cabeza y se regrese a Tokio. Le voy a preguntar esto solo una vez, Doctora, ¿será una buena soldado o no?

—Yo no soy una soldado —dijo Hanayo, cerrando los ojos.

—Empleada, trabajadora, subordinada, como quiera usted llamarla, la pregunta es simple, ¿sí o no?

Rin contuvo con todas sus fuerzas el impulso de tocarla, o expresar de alguna manera su opinión. El trabajo era decisión de Hanayo, no de ella, y decidió no intervenir en absoluto. Hanamaru empezó a ponerse inquieta, cosa rara en ella. Hanayo la cargó y la puso sobre su muslo. Rin contuvo el aliento, y finalmente, la respuesta:

—Dígame que tengo que hacer.


El tiempo se sentía más lento en Okayama. La única forma de mitigar el tedioso ambiente era transportarse al sitio de construcción y a las diversas fundidoras. Pero después de una hora en el calor y la peste, el viaje al centro de mando hacía que las instalaciones se sintieran como el mejor lugar del universo.

Maki pasó semanas enteras en las que sólo esperaba que el día terminara.

Ya se había fabricado el último de los gajos de la estación, pero el reflector en sí no estaba completado aún, ni ensamblado. Además, el área de almacenamiento seguía en proceso de acabados. Los androides que construían las cabinas iban mucho más lento de lo que se había calculado, aunque ya había varias selladas y habitables, llenas de obreros.

Mientras tanto, Hanayo estaba atorada en Numazu, más infeliz y frustrada que en Tokio, o por lo menos así lo esperaba Maki. Consideraba que un conseguirle un trabajo sin salida en Comunicaciones Cocoa le serviría de orientación para llegar a su destino. Habría querido que Nico Yazawa transportara a Hanayo, a Rin y a su hija al Oriente del país, para apretarle un poco la correa y para usarla de espía, pero no hubo manera de encontrarla por ningún lado, así que Maki decidió que lo mejor era que viajaran en una nave de pasajeros, discretas, como gente normal.

Estaba lista para contactar a Hanayo, cuando su joven secretaria entró corriendo al comedor. La teniente Riko se veía mucho menos amenazante en su día a día, de hecho, no parecía realmente ser peligrosa cuando no tenía un arma en mano. Lucía, caminaba y hablaba como cualquier teniente común, y no como la asesina que realmente era.

—Nishikino-san, tenemos problemas en las cabinas del primer nivel. Los obreros mueren por docenas.

Maki se limpió la boca con la servilleta y se levantó.

—¿Los ingenieros ya revisaron las pruebas de atmósfera y presión?

—Todos los sistemas están bien, Nishikino-san.

—Entonces, ¿qué es lo que sucede? —Maki sacudió la cabeza, perpleja.

—Parece ser que no hay suficiente trabajo para todos.

—¿Qué no hay suficiente trabajo para…? —Maki se interrumpió a s misma—. Primero la general Eli los frustra dándoles trabajo pesado, ¿y ahora los pone a pelear por el poco trabajo que hay?

—La General Ayase dice saber perfectamente lo que está haciendo.

Maki apretó la mandíbula.

—¡Pero si fue Eli la que insistió en reclutar a nuevos obreros antes de que tuviéramos trabajo para ellos! —Maki se relajó un poco— ¿Qué tan mal está la situación?

—Me informaron que la situación podría ponerse explosiva. Ya hubo varios incidentes.

—¿Qué clase de incidentes?

Riko sonrió levemente.

—La infantería de marina tuvo que aplacar a un grupo de obreros que se rehusó a seguir órdenes. El sitio parece una explosión de sangre, fluidos y entrañas. Mire, si le interesa aquí lo tengo en video— sacó su tableta y reprodujo el video.

Maki volteó hacia otro lado.

—¿Estás loca o que Riko? —dijo con molestia—. Acabo de comer, por favor guarda eso. ¿Por qué no hay soldados de la colonia supervisándolos?

—Se están haciendo de la vista gorda, Nishikino-san.

Maki se molestaba más y más.

—¡Esto es asunto de seguridad! ¿Por qué me preguntan a mí?

—Al parecer, usted es la única que puede razonar con la General.

—Querrás decir que soy la única dispuesta a hablar con esa loca.

—Y ella esta dispuesta sólo a hablar con usted.

—Bueno —dijo Maki con resignación—. Está bien. Tendré que hacer la llamada.

Ambas salieron del comedor hacia el cuarto de comunicaciones del centro de mando. Cuando por fin lograron subir a Eli a su cápsula, Maki se colocó en la plataforma del holoproyector, y miró hacia la cámara. La imagen de Eli apareció después, bien peinada y perfectamente uniformada.

—General Ayase, tenemos problemas para controlar a sus obreros. Están peleándose entre ellos por qué tareas realizar y se niegan a seguir órdenes de cualquier tipo. Además, parece que sus oficiales y capataces están como de vacaciones.

La imagen de la general a través de la distancia no mostró emoción alguna.

—Yo no veo ningún problema —dijo en ruso, luego, y, ante la interrogativa de la mirada de Maki, lo repitió en japonés.

—Se están matando entre sí, general. ¡Se están matando!

—Mis soldados, mis obreros y yo no apreciamos la vida tanto como ustedes, teniente comandante, es parte de nuestra filosofía. ¿Ya olvidó cuántos obreros vio morir cuando regresamos a Okayama?

—Ojalá pudiera, Eli-san.

—Y eso fue solo por entretenimiento y deporte. Tal vez por puestos. El trabajo es algo serio.

—¿Y por qué no interviene?

El brazo mecánico de Eli, recientemente renovado con una capa de piel artificial, hizo un gesto en el aire

—Para sacarles el mejor provecho a mis obreros, debe permitirles llenar su necesidad de competir por tareas.

Maki le lanzó una mirada feroz a la cámara.

—¿Me está diciendo que hay que dejarlos pelearse hasta la muerte?

—Exactamente eso es lo que quiero decir. Y tenga la certeza de que absolveré a todos sus soldados si se ven en la necesidad de matarlos. Ya podremos reclutar a más cuando los que vivan tengan hijos.

—¡Vaya, que magnanimidad, general! ¿Qué le parece si mejor nos ofrece una solución para que no tengamos que asesinar a nuestra mano de obra?

Eli hizo un gesto de rechazo altivo

—¡Que manden más, y que se las arreglen ellos!


Una alarma estalló a todo volumen e interrumpió la ponencia improvisada que Hanayo estaba impartiendo a sus compañeros de trabajo. Supuso que a Aiko Kurosawa le molestaría terriblemente si supiera que su trabajo de supervisora de control de calidad era tan estúpido y repetitivo que a pesar de todas las prohibiciones que había levantado, no tenía más que tiempo libre para pensar y teorizar, e incluso de ayudar a sus compañeros para poder tener esos momentos de ponencias. Sus palabras y ecuaciones quedaron suspendidas en el aire cuando todo mundo corrió hacia los refugios subterráneos:

—La matemática no sólo es ciencia, es poesía. Es la expresión de nuestros esfuerzos por cristalizar las conexiones invisibles entre las cosas. Es poesía que conecta y magnifica los misterios del universo. Pero las señales, símbolos y ecuaciones que usamos para expresar esas conexiones no son descubrimientos, sólo es la manifestación física de un entramado de secretos que siempre han existido. Todas las teorías le pertenecen a la naturaleza, no a nosotros. Igual que en la música, toda combinación de notas y acordes, toda melodía ya ha sido tocada por alguien, o por algo, en algún lugar de nuestro mundo, en algún lugar del Universo…

Era el segundo ataque a la ciudad desde que habían llegado a la prefectura. La mayoría de los conflictos explotaban más allá de la ciudad, cerca de la base militar del Imperio, pero otras, las habilidosas naves de androides de la CEPI lograban atravesar las barreras y entraban al espacio aéreo de la ciudad con escuadrones de androides voladores reconfigurables. Por suerte, las instalaciones de producción de hipercomunicaciones estaban protegidas por un escudo de energía que emanaba de un generador inmenso, similar al que cubría a Tokio, pero a una escala mil veces menor. El generador era penetrable, en diferencia al que había cubierto al país aislándolo por completo hacía ya muchísimos años, o el que cubría a Tokio que, aunque no calcinaba por completo a cualquier cosa que intentara traspasarlo, si dejaba quemaduras importantes. El de la compañía estaba bien protegido, situado en las colinas cercanas. Los pasillos laberínticos de servicio debajo de los edificios hacían las veces de refugios de evacuación para todo el distrito oeste de Numazu, incluyendo el vecindario de extranjeros donde vivían Rin, Kayo y otros empleados de la compañía, incluyendo a la misma Kurosawa.

Durante la pasada alarma de peligro, Hanayo se encontró por suerte a Rin y a Hanamaru, y pasó un par de horas terroríficas junto a ellas, hasta que sonó la notificación de que el ejército había llegado y ya estaban fuera de peligro.

Cada vez sentía más a pecho los ataques a Numazu por su cariño hacia el lugar; el ruido de tijeras podando las fachadas sustituyó el golpeteo incesante de piedras que la había acompañado en Imabari. Estas ciudades que eran tan calmadas a comparación de Tokio la reconfortaban como ninguna, pero los ataques la desmoronaban.

Ahora, ante este ataque, buscaba a Rin y a Hanamaru cuando el bombardeo empezó de verdad. Escuchó conversaciones en los túneles que decían que el campo de defensa estaba recibiendo un azote severo. Se detuvo en una estación de comunicaciones a ver un video 3D en tiempo real de escuadrones de androides reconfigurables y cápsulas de ataque disparándole al escudo para debilitarlo, mientras que las huestes del Imperio más cercanas a las montañas hacían todo lo que podían para evitar que otras cápsulas destruyeran el generador. El cielo se fragmentaba y destellaba luz cada que recibía golpes de energía de las armas de defensa.

Hanayo no logró encontrar ni a Rin ni a su pequeña, así que regresó por donde había avanzado a través del laberinto de pasillos, abatida y sollozando en voz baja.

—Doctora Koizumi, ¿no hay alguna ecuación que termine con esta sucia guerra?

Un local de la ciudad con el que trabajaba la reconoció y la guio hasta sentarla en el piso; se sentó con ella.

—Si los seres conscientes respondieran a las misas leyes de la naturaleza, quizá. Pero como estamos perdidos en nuestra entropía, no tengo muchas esperanzas.

Otra local se acercó y se sentó con ellos, mirando el cielo con tristeza.

—Pero seguramente los Iluminados conocen secretos para revertir el caos y podrán superar a la naturaleza en su propio juego.

—El poder de Chikara deriva de la naturaleza —explicó Hanayo, ensombrecida—. Ante tanto caos, incluso el poder de los Iluminados tiene límites.

Fin del capítulo


Y bien… ¿Qué tal les pareció este capítulo? Admito que lo disfruté bastante; es como un poquito de calma antes del siguiente que se vendrá muy intenso, tanto para Maki como para Hanayo y Rin. ¿Pueden adivinar cuál es la frase de la que hablaba al principio? Como pista, creo que es el diálogo más largo de todo el capítulo.

¿Qué creen que vaya a pasar entre Eli y Maki? Están bien intensas las dos, son bien densas. Por otro lado, está Hanayo, ¿cómo creen que le vaya a ir en su nuevo trabajo? ¿Creen que vaya a terminar cediendo ante los consuelos que le dará Maki? ¿o será que vaya a terminar calcinada en Numazu?

Por otra parte, quisiera disculparme por todo el tiempo que he pasado sin actualizar esta historia. No, no es que me haya desencantado ni mucho menos, pero verán, como ya sabrán la mayoría de las personitas que han leído mis otras historias, sabrán que amo a Hanamaru con todo el corazón. En serio, es el amor de mi vida; por eso, como lo he hecho cada año desde que empecé a escribir en FanFiction (empecé por ahí de julio de 2018) el 4 de marzo me encargo de escribirle una historia celebrando su cumpleaños. Pero resulta que este año fui un poco dedicada de más y le escribí una historia de casi 5,000 palabras. Yo suelo ser bien matada para la escuela, y por ende a mi parecer, esa semana las tres cuatro horas que le dediqué a escribir esa historia fueron horas que perdí de hacer tarea y todo eso. Sentí que me atrasé un montón. Afortunadamente con la cuarentena ya me dio tiempo de volver a adelantar un montón de cosas y volver a sentirme bien conmigo misma, entonces ya con esto podemos volver al ritmo de actualización de cada dos semanas. Que, por cierto, también, ya sólo me quedan dos capítulos antes de que se me acabe la reserva que hice por ahí de enero.

Y ahora, pasando a esa sección de la historia que nada tiene que ver con la historia, quiero compartirles que esto de las clases no presenciales está pesado. Me aburro mucho más que en la escuela, y eso que en la escuela soy bien apática y no le hablo casi a nadie… Serán un par de semanas bastante interesantes. Todas las personitas que lean esto cuídense mucho. Les deseo a todos que ustedes y sus familias estén sobrellevando esta crisis de la mejor manera posible.

Por otro lado, también quiero darle las gracias a yorukakusaku por haberle dado favourite a mi historia de Hanamaru. Por cierto, no es por hacer autopromoción, pero no está tan fea ni tan larga, por si a alguien le interesa pasar a leerla. Se llama "Un cumpleaños para recordar"

Y bueno, ya voy frenando mi cuento que me imagino que ya les he aburrido. Sin más por el momento, me despido de ustedes, les agradezco por haber llegado hasta esta parte, yo soy Aramaru, los quiero a todos y todas, y ha llegado el momento de decir… ¡Oyasuminassan!