Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.

Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.

Hola a todos, primero que nada, admito que se me olvidó por completo que hoy tocaba actualizar, de no ser porque me llegó un recordatorio que programé desde diciembre al correo que abrí de pura casualidad seguro que no me acordaba hasta mañana, pero bueno, las circunstancias pasaron como pasaron y aquí estoy con este nuevo capítulo, en el que prácticamente se terminará de desenlazar todo lo que ha pasado hasta ahora en esta primera parte de esta historia.

En este capítulo, veremos que estará pasando con Maki y Eli en sus complicadas aventuras construyendo la estación de combate, y veremos cómo la pasa Hanayo en Numazu que sigue bajo la amenaza de un ataque. Pero no digo más que no quiero estar arruinando lecturas, así que, como siempre ya saben que nos vemos abajo, y los dejo seguir con su lectura. Por favor lean, y espero que disfruten leer este capítulo tanto como yo escribirlo.

Catálisis

Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.

Parte 1: Los tiempos de la guerra

13

Un engrane en la maquinaria

Maki despertó de su sueño con las comunicaciones insistentes de su comunicador personal. Tanteó en la oscuridad para hallar su dispositivo, lo tomó, y lo encendió. Desactivó la imagen y escuchó la voz insistente de su asistente.

—Nishikino-san, tenemos un motín en las cabinas del nivel uno, y del nivel dos, y en la estructura y… —dijo Riko todavía enumerando, bastante nerviosa para ser ella— Anarquía total.

Maki maldijo entre dientes y se puso de pie.

—¡Pensé que habíamos acabado con este tema! ¿Y ahora qué demonios quieren?

—No sabemos que quieren ni cómo empezaron. De un momento pasaron de trabajar como siempre a destruir todo el trabajo que habían terminado…

—¿¡Destruir!? ¿Cómo que destruir?

—Más de medio año de trabajo, Nishikino-san. Y siguen destruyendo más, ni la infantería de marina puede contenerlos; son demasiados y se juntan por montones. No parecen humanos. Temo que si no los detenemos de inmediato podrían desacoplar los medios gajos.

Maki se levantó como resorte.

—Nos vemos en la estación de comunicaciones, pero antes háblale a la General Eli; con un poco de suerte, despertarás a todo su equipo como me despertarse a mí.

—Como usted mande, Nishikino-san.

Hizo la señal para prender las luces, se echó agua en la cara, se puso tan solo la túnica blanca por encima del pijama y salió a prisa de su habitación.

Habían pasado meses enteros sin incidentes. El reflector parabólico estaba casi terminado, se había revestido el casco y los espacios interiores tenían mamparas para hacerlos habitables. También mejoraron las condiciones de los obreros, y se hizo todo lo posible para evitar la sobrepoblación. Incluso la general se portó permisiva, aunque cuando no estaba dándole órdenes a sus oficiales, estaba encerrada en su transbordador con un contingente privado de obreros.

Y ahora esto.

Maki no podía explicarse cómo la situación se había salido de control. ¿Acaso la CEPI había enviado saboteadores entre los obreros? Eso explicaría la falta de ataques de la presidenta Nozomi. Era la única explicación evidente.

Su asistente caminaba con pasos largos y ansiosos por toda la habitación cuando Maki entró, sin detenerse. Luego de un breve saludo, Riko señaló hacia la consola.

—Nishikino-san, los reportes de control de tránsito indican que la general salió en su transporte.

—¿Qué? ¿Salió en su transporte? ¿A qué hora?

—Más o menos a la misma hora que inició el altercado.

Se agachó frente a la consola para leer los monitores. Maki supuso que Ayase iría a la zona de construcción, pero vio que había salido del espacio de la ciudad capital por completo.

—¿Ya la localizaron en el comunicador? —Ladró por encima del hombro.

—Sí, Nishikino-san. Señal clara.

Maki encendió la holotransmisión y apuntó hacia la cámara; después giró el micrófono.

—¿A dónde cree que va, general? —le preguntó con enojo contenido.

—Perdonará que me tenga que ir, Teniente Comandante Maki, pero tengo una cita importante que atender.

—Sea lo que sea puede esperar Eli. Sus trabajadores están destruyendo todo lo que hicieron. ¡Todo!

La general se inclinó y fingió comprensión.

—No hable mal de ellos, Maki. Sólo están siguiendo mis órdenes.

—¿Sus órdenes? ¿Se ha vuelto loca? Traiga su patético caparazón de regreso aquí, ahora mismo.

Eli se veía alta y desafiante en la transmisión. Comenzó a negar con la cabeza.

—No se va a poder teniente comandante. Sólo necesitaba tiempo para distraer a sus efectivos de seguridad, y poder irme tranquila y con más tiempo.

Maki silenció el micrófono y disimuladamente volteó a ver a Riko.

—Vaya al puente de comando, y ordene que apunten hacia la cápsula de Eli.

Riko salió corriendo y Maki reanudó el sonido.

—¿Y se puede saber con quién es su cita tan importante?

Eli la dejó de ver, y pareció entrar en un estado de ensoñación.

—Con el amor de mi vida, me voy con mi Nozomi.

Maki se quedó boquiabierta. No lograba absorber lo que acababa de oír. Casi no le prestó atención cuando Riko le dijo por el transmisor personal que sólo mantenían entre ellas dos que el capitán del crucero había fijado como objetivo a la cápsula de Eli.

—Voy a darle una sola oportunidad de que se arrepienta y de la vuelta, Eli. Sus opciones son regresar o pasar el resto de la prefectura hecha pedazos.

Eli sonrió con sarcasmo.

—¿En serio creyó que traicionaría a la CEPI? ¿A mis principios? Acabo de matar dos pájaros de un tiro. No solo acabo de obtener toda la información acerca de su proyecto, sino que para cuando logren mitigar a mis obreros y a mis soldados, el trabajo de meses se habrá terminado. Habré anulado su amado proyecto. Es cierto, será una maniobra que costará muchos obreros, pero mis oficiales más importantes nunca dejaron el campo de batalla, y mis mejores ingenieros están aquí conmigo. Ahora, gracias a que usted fue tan gentil de mantener en secreto mi liberación, le aseguro que las Extensiones Orientales esperan todo menos un ataque sorpresa liderado por mí. Nos acaba de dar todas las herramientas que nos faltaban para ganar esta guerra.

Maki estaba estupefacta:

—¿Por qué dejó que la ayudara desde el principio entonces?

—En Tokio nunca hubiera logrado escapar a menos que lanzaran a toda la flota de la CEPI, mi Nozomi lo sabía tan bien como yo. Pero ahora, que me metió en medio de una región conflictiva, me ha hecho las cosas mucho más fáciles. ¿Por qué cree que accedí a trabajar con usted? ¿En serio cree que un par de meses en una cárcel de lujo habían logrado doblegarme? Mi lealtad está con la CEPI. Mi lealtad está con Nozomi. Mi lealtad está con la libertad de las prefecturas independientes.

—Su transporte está desarmado, regrese o morirá.

—Ah, pero gracias a que fue tan amable de proveerme con un sequito de obreros, técnicos e ingenieros, confío plenamente en mi cápsula. Verá, mientras mis obreros le construían su, ahora destruida, estación de combate, mis soldados me construían a mí un transporte mejorado. Le sugiero que observe su pantalla, teniente comandante.

—¡Riko, abran fuego ahora mismo! —dijo Maki, con rabia.

Mientras apagaba la transmisión y volteaba de ver el monitor al exterior, vio boquiabierta a Riko.

—¿Qué? ¿Qué? ¿¡Qué pasa!?

—Contacto negativo, Nishikino-san. El transbordador de la general saltó a velocidad sub-sonido.

Hanayo y Aiko Kurosawa discutían, otra vez.

Sólo estoy sugiriendo que podríamos desviar energía de la planta de producción para depurar un poco el generador de escudos —dijo Hanayo, intentando mantener la calma—. Esto nos permitirá agrandar la presencia del escudo; podría cubrir mucho más de la ciudad, quizás el tramo de las extensiones occidentales hasta la plaza histórica. ¡Es la mayoría del centro de la ciudad!

—Ni siquiera voy a considerarlo —dijo Aiko desde su escritorio—. Desviar energía reduciría la producción.

—Usted da por sentado que sus instalaciones van a ser capaces de sobrevivir los ataques… Le debemos esto a la población local, directora Kurosawa.

El rostro de la directora se arrugó de escarnio.

—Me dicen que su esposa está "adoptando" locales de su vecindario…

—¿Y qué tiene de malo?

—No tengo que hacer absolutamente nada por esta gente. Ya los compensamos por dejarnos producir en su pueblo. En las recientes elecciones, les dieron la oportunidad de votar si querían tener un escudo que protegiera la ciudad entera, y sus gobernantes corruptos prefirieron mejor remodelar sus oficinas. Así que no venga a decirme que le debemos a la población local.

Los ataques aéreos sobre Shizouka jamás terminaban, sólo iban y venían desde hacía cuatro meses. Día y noche, los cielos de Numazu quedaban enmarcados con batallas en lugares cercanos. En todos los lugares donde la flota de Defensa de Chūbu enviaba cruceros para reforzar su protección, los separatistas igualaban sus naves, una por una.

Una y otra vez, Numazu se veía asediada por androides suicidas que se lanzaban desde el cielo y una vez en la superficie, se reconfiguraban para asesinar a cientos de civiles y devastar miles de edificios.

—Un jardín deshojado nya. —se lamentaba Rin.

Ella y Hanamaru habían sido trasladas de la unidad habitacional de Comunicaciones Cocoa a un área asegurada adentro del perímetro del domo de defensa. El ambiente hogareño al que apenas comenzaban a habituarse fue reemplazado por los confines estériles del dormitorio a la orilla del hangar de cápsulas de la compañía, en desuso y casi vacío. Aun sin poder transportar sus dispositivos vía aérea, Kurosawa seguía exigiendo que la producción avanzara sin cambios ni interrupciones, lo cual sólo hacía que sus bodegas rebasaran su capacidad y que el lugar se llenara de contenedores apilados por doquier.

Había rumores de una evacuación inminente de todo el personal no residente a la primera tregua, pero las pausas eran tan escasas y breves, que huir era un riesgo mucho mayor que simplemente agacharse a esperar que las fuerzas del Imperio prevalecieran.

Hanayo adoptó un tono más conciliatorio con Kurosawa, que terminó sonando sentencioso.

—¿Comunicaciones Cocoa le ordenó no desviar la energía? ¿O fue decisión propia?

—¡Eso no le incumbe, doctora Hanayo!

—Miles de vidas peli…

Una explosión enorme interrumpió la discusión. Ambas miraron desde la ventana, boquiabiertas: una torre de humo negro emanaba de las colinas, mientras el escudo traslúcido que protegía las instalaciones titiló hasta desaparecer

—Sucedió lo que todos sabíamos que llegaría a suceder, Aiko-san. El generador ya no está —dijo Hanayo, solemne—. Cualquiera podría morir ahora. Incluso usted.

La holopresencia de la primera ministra opacaba el cuarto de Maki; sabiendo que se venía una reprimenda, pidió que la transmisión la enlazaran directo a sus aposentos para que nadie tuviera que ver la vergonzosa situación en la que se encontraba.

—Eres una incompetente —dijo Kotori a través de la transmisión. Su cabello se movía amenazante con el viento; aún en la transmisión su kimono verde destacaba aún más sus ojos ambarinos—. Dame una razón para que no te regrese a Tokio en este momento para que te degrademos.

—No podía verlo venir. Nadie, ni siquiera usted se lo hubiera esperado —dijo Maki con más soberbia de la que esperaba Kotori—. Considero que merezco una audiencia con la Emperatriz para explicar lo sucedido.

—Lo que menos quiere es verte en este momento —dijo Kotori exasperada, casi aburrida—. Tampoco yo quería, honestamente. No tienes idea del problema en el que me ha metido la confianza que te di, Maki-san. Inteligencia rastreó a Eli hasta Kagawa. No me sorprendería que mañana mismo ya estuviera en el campo de batalla.

—¿Hay alguna forma en la que pueda compensarlo? —preguntó Maki, resignada.

—¿Qué tan mal está el daño? —preguntó Kotori, con un tono menos duro que el anterior.

—Si Nozomi no viene a destruir lo poco que nos queda, y si conseguimos mano de obra tan eficiente como lo fue el ejército de Eli, lograríamos reponernos en medio año.

—Prácticamente sería un año perdido —dijo Kotori molesta— ¿Cuál es el estatus del arma?

—Seguíamos sin tener nada. Todo era estructural.

—Bueno, por primera vez tu incompetencia sirve de algo—dijo Kotori molesta—. La CEPI sabrá tan poco como nosotros.

Kotori silenció la transmisión, pero no la cámara. La imagen de un soldado apareció hablando con ella. Pasaron como cinco minutos antes de que reanudara la comunicación con Maki.

—Se nota que Eli no se tomó ni un día de descanso. Hemos perdido toda la zona Oriente del país, la prefectura de Aichi ha sido reforzada enormemente; no me sorprendería que dentro de unos días la costa de Shikouka caiga.

—¿No es posible reforzar Shikouka? Según sé es una costa importante. Acabamos de instaurar una base por ahí —dijo Maki, tratando de ocultar su preocupación.

—Apenas y podemos conservar la zona centro; ha habido ataques fugaces en varias prefecturas del Centro mismo. Nos enfrentamos a la ira de todo el poder militar de la CEPI. —Kotori razonó después de un tiempo la preocupación de Maki—. ¿Por qué la preocupación? Tenemos costas más importantes. Será un golpe duro, pero no un golpe mortal. En diferencia al golpe que estamos dando en Akita, por ejemplo, pronto volverá a nosotros, y comenzaremos a tomar el norte.

Maki balbuceó antes de hablar.

—Tal vez y mandé a la doctora Koizumi a Numazu.

Kotori ahora sí frunció el ceño. Se veía furiosa.

—¿Por qué harías eso? Te metiste en una racha de metidas de pata, Teniente Comandante. Has fallado estrepitosamente. Pero te daré una oportunidad. Tres meses. Repara el daño de Eli. Si no lo logras para ese entonces, me encargaré personalmente de que te envíen a hacer remodelaciones en Osaka de aquí a que te retires.

La transmisión desapareció y la expresión contenida de Maki también. Comenzó a gritar de rabia, ¿cómo había sido posible que la General le hiciera eso? ¡Nunca hubiera conseguido la libertad de no ser por la misma Maki! Y Kotori, ¿por qué no la había defendido? Maki había conseguido una prefectura en su nombre, y le había construido en menos de un año casi una ciudad flotante entera. Sintió que todo se derrumbaba, y entonces, vio hacia su tocador; entre sus pocos objetos personales tenía una diadema que Hanayo le había regalado hacía ya varios años, pero que por protocolo nunca había usado.

Hanayo. Hanayo ya no era su as bajo la manga, era una necesidad. Si quería no caer hasta el pozo, y seguir teniendo la oportunidad de llegar a la cima, necesitaba conseguir a la neutral Pana-chan a la de ya.

(NOTA DE LA AUTORA: Nunca hago esto, pero es importante. Lo que le pasó a Maki fue cuatro meses y medio antes de lo que están viviendo Hanayo, Rin y Hanamaru.)

Hanayo salió corriendo de la oficina de Aiko Kurosawa sin decir palabra alguna. Corrió en busca de Hanamaru y de Rin; se topó con uno de sus compañeros, quien le dijo que la primera línea de defensa del Imperio estaba casi destrozada. El Gran Ejército Imperial se esforzaba por llegar a la superficie, pero las tropas separatistas llegaron primero. En ese preciso momento, un batallón de androides de combate marchaba por la ciudad, aniquilando todo a su paso.

Encontró a su esposa y a su hija poco después. Hanamaru traía puesto un casco demasiado grande para su pequeña cabeza y estaba amarrada a espaldas de Rin. Rin la acercó a Hanayo y se la pasó para que ella la cargara.

—Los androides de combate aterrizaron al este y al centro nya —explicó con prisa—. Nuestra mejor opción es ir al sur, a las colinas. A los separatistas no les importa esa área, ya destruyeron el escudo. Hanamaru-chan y yo hemos caminado la mayoría de los senderos que llevan a la cresta; no es difícil de subir, y podremos llegar a la cuenca del otro lado. Hay mucha agua y frutos, además de animales pequeños para cazar, podemos refugiarnos allí. La mochila que traigo tiene comida suficiente como para dos semanas, quizás más si comemos poco. Mientras tanto podremos irnos preparando para vivir con los recursos que hay allí. La temporada de lluvias empieza dentro de tres meses; para entonces, el Imperio habrá recuperado Shikouka. Si no, nos veremos obligadas a rendirnos ante quien esté a cargo nya.

—Al parecer ya pensaste en todo

—Tú sabes que sí nya.

Hanayo tomó a su hija en sus brazos, y Rin condujo a su familia a través del laberinto de túneles bajo tierra. Poco a poco, iban acercándose a la superficie y a las calles aledañas a las instalaciones. En donde el domo no cubría, la destrucción era absoluta y desgarradora. El humo se elevaba hacia el cielo que la guerra manchó. Explosiones distantes sacudían el piso en todo momento. Miles de ciudadanos salieron huyendo a las calles, cargados con mochilas y provisiones tan pesadas como las de su familia. No sólo a Hanayo y a Rin se les había ocurrido escapar a las colinas.

No habían avanzado ni un kilómetro cuando el río de refugiados se detuvo en seco. Desde las filas de adelante, llegó la noticia de que una falange de androides de combate avanzaba por el oeste, y el flujo de personas se desplazó hacia el sudeste, presa del pánico.

Un trío de transportadores del Imperio, llenos de soldados, se adelantó a la multitud, recibiendo fuego directo de los láseres de cañones separatistas que se habían instalado a toda prisa. Hanayo vio a dos de las tres cápsulas recibir disparos y explosiones hasta desplomarse. Se incendiaron hasta terminar reducidos a escombros. Cuerpos vestidos de azul con rojo caían con estrépito al suelo. Más adelante, un grupo de soldados del Japón logró descender de una cápsula. Se apresuraron a indicarle a la gente que no había paso hacia adelante.

—¡Todos deben regresar a la fábrica, ya mismo! —dijo uno de ellos, brazo al aire.

Rin miró a Hanayo.

—De ninguna manera haremos eso, ¿o sí?

—Por supuesto que no. Vámonos nya.

Se dirigieron de nuevo al sur; un puñado de locales se unió a ellos. Bordearon un grupo bajo ataque de los soldados imperiales y se escurrieron por un callejón que terminaba en una carretera sinuosa. Hanayo no podía respirar casi de lo rápido que iban corriendo. Sus piernas ardían como fuego. Hanamaru se mantenía en silencio porque no tenía nada más que hacer, sosteniéndose como podía de su mamá. El cielo se cubrió de disparos rápidos y continuos, destellos rojos de energía y explosiones cegadoras. El aire se llenó de partículas quemadas y de hollín, el sol se eclipsó y el día se convirtió en noche. Hanayo humedeció un pañuelo y le instruyó a Hanamaru que respirara dentro de él. A su derecha, apareció de nuevo el ruido de disparos de láser.

—Androides de combate —dijo Hanayo, reconociendo el sonido de las armas del Taller de Lisan.

Corrieron hacia el otro lado, pero se encontraron de frente con una docena de monstruosidades bípedas, con armas negras levantadas y listas para disparar.

Doblaron a la izquierda a la primera oportunidad y corrieron aún más rápido, hasta que les era imposible seguir respirando. Rin intentaba abrir cada puerta que pasaban, pero todas estaban cerradas o bloqueadas por montañas de cadáveres.

De nuevo, apareció un grupo de androides en frente de ellos y también por detrás. Disparos de armas láser rozaban por todos lasos. Estaban entre locales que caían abatidos en las calles.

Rin abrazó a Hanayo por detrás para proteger a su esposa y a su hija. Hanamaru sollozaba, con la carita presionada en el pecho de su madre.

En absoluta desesperación, Rin sumió su bota en la base de la pila de escombros orgánicos y comenzó a escalarla para intentar alcanzar el techo de un edificio cónico. Hanayo la siguió de cerca; sus zapatos de llenaron de todo tipo de fluidos y entrañas. Sentía como si fuera a vomitar, pero se contuvo. Aun así, la pila no era lo suficientemente alta para alcanzar el techo, por lo que sólo pudieron pegarse lo más posible a la pared, quedando enterradas entre cadáveres.

Se abrazaron a cuatro metros del techo, sin cornisas ni puntos de apoyo, sin lugar a donde huir. Debajo de ellas, los androides peinaban la calle, acabando con los pocos ciudadanos que seguían de pie, tapizando de rojo el suelo con la sangre de los ciudadanos, que aumentaba cada vez más. Incapaces de sentir nada, los androides pasaban por encima de los cadáveres, incluso pisándolos y dejando las entrañas de fuera. Todos los que venían corriendo junto a Hanayo, Rin y Hanamaru estaban deshechos o heridos en el piso.

De repente, un androide volteó hacia arriba e hizo contacto visual con Hanayo. De inmediato, se lo comunicó a sus compañeros. Los pies de los androides no estaban hechos para escalar por superficies resbalosas o de materia orgánica, pero lo intentaron de todas formas. Cuando se dieron cuenta de que no lograrían subir de ninguna manera, apuntaron sus armas.

Hanayo se hundió entre un torbellino de pensamientos funestos. La guerra que tanto había querido evitar no sólo la había alcanzado, sino que ahora le costaría la vida a quienes más amaba, así como a su Senboku… Pero si no hubiera sido tan ingenua, si hubiera aceptado el mundo real y hubiera aceptado investigar para la Almirante Sonoda… Y Maki, nunca le podría terminar de agradecer todo lo que había hecho por ella… Su hija, la niña por la cual hubiera dado todo caería por su culpa. Y Rin… Estaba tan sumergida en sus pensamientos que no notó cuando Rin se colocó frente a ella y Hanamaru.

—¿¡No hay como escapar de esta locura nya!?

—¡Dareka tasukete!

Como si esa hubiera sido la señal, su voz parecía haber logrado un milagro: todos los androides comenzaron a apagarse al mismo tiempo. Al piso repleto de cadáveres se les unieron los esqueletos mecánicos vacíos.

La ciudad entera cayó en un silencio agonizante, tan inesperado que Hanayo se sentía tan desconcertada como aliviada.

—La computadora central de mando… —intentó explicar Hanayo entre lágrimas—. Las fuerzas imperiales… El Imperio la tomó. Todos estos androides tienen que ser de la época de antes de la guerra. Es la única explicación.

Rin la abrazó de la cintura. Hanamaru se había calmado, no decía nada, o tal vez se había quedado ronca de tanto llorar.

—No hace falta explicación.

Lo que ninguna de ellas sabía, era que la guerra que llevaba más de cuatro años atormentando al país, había terminado tan abruptamente como comenzó.

Fin del capítulo

Creo que ese final fue un poco intenso, pero por fin la guerra ha terminado, y con el fin de la guerra prácticamente estamos llegando al fin de esta primera parte de la historia, que de hecho abarca casi la mitad su totalidad. Estuve revisando y planeo hacer 30 capítulos, vamos en el 13 y todavía falta uno que servirá también como prólogo a la siguiente parte, en la que, adelanto, Hanayo y Rin se enfrentaran a nuevos desafíos, mientras que Maki tendrá que seguir enfrentándose a la burocracia para poder seguir escalando en el poder.

Pero bueno, estoy adelantando demasiado, ¿qué les pareció este capítulo? En lo personal, creo que es la primera vez en la historia que vemos a Maki fracasar. No se acostumbren, no pasará muy seguido.

Pasaron cuatro meses entre el escape de Eli y el fin de la guerra, ¿quién habrá ganado? ¿La CEPI o el Imperio? Lo que me gusta de este final de capítulo es que no deja en claro quien ha ganado, sólo que la guerra ha terminado. Por otro lado, ¿qué habrá pasado con Nozomi y Eli si ellas perdieron la guerra? ¿Qué habrá pasado con Honoka y sus amigas si fueron ellas las que perdieron? Son preguntas que creo que se estarán resolviendo dentro de dos semanas en el siguiente capítulo. Por otro lado, ¿qué habrá sido de Maki? Ya les adelanté que salió viva, pero, ¿cómo va a sobrellevar su fracaso? ¿Y qué pasará con Hanayo, Rin y Hanamaru? De nuevo otro lugar por donde pasaron fue destruido. Ya me emocioné, creo que estaré escribiendo varios capítulos esta semana.

Por otro lado, pasando a esa sección del capítulo que no tiene nada que ver con la historia porque son los berrinches de la vida de la autora, les comparto que la pandemia que estamos viviendo me ha tenido en casa, pero curiosamente me ha tenido en casa con todo menos tiempo. He estado saturadísima de trabajo, además de que he estado ayudando a mi madre en el suyo propio. Apenas y he tenido tiempo de sentarme a escribir. Pero, esta semana estoy de vacaciones, no sólo de la escuela, sino también de ayudar a mi Okasan, así que estaré escribiendo de nuevo como en Año Nuevo, para adelantar más capítulos que ya se me están acabando. Me quedan literalmente sólo el de dentro de dos semanas y otro más antes de que se me acaben. Voy a intentar escribir otros cuatro más para tener estabilidad de aquí a las vacaciones.

Espero que todos estén sobrellevando de la mejor manera esta situación que estamos viviendo, es definitivamente algo extraordinario que espero que nunca tengamos que volver a vivir. Les pido a todas las personitas que están leyendo esto que se cuiden muchísimo, y desde el Estado de México les envío un fuerte abrazo y mis mejores deseos.

Como agradecimiento especial, aunque no sea en esta historia donde dejó la review, quiero darle las gracias a Naoko que leyó y dejó su valoración en mi historia sobre el cumpleaños de Hanamaru-chan ¡Mil gracias!

Y bueno, ya pasando al final, para no quitarles más tiempo, les agradezco que hayan llegado hasta esta. Yo soy Aramaru, los quiero, y ahora sí… ¡Oyasuminassan!

PD: Estaba escuchando Oyasuminassan y justo cuando escribí Oyasuminassan Hanamaru dijo Oyasuminassan. Fue divertido.