Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.

Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.


Hola a todos, muy buenas noches, muy buenas noches.

Primero que nada, perdón por lo de la semana pasada, tuve que haber actualizado, pero la verdad es que lo olvidé por completo (la magia de las últimas semanas de clases, intensas al mil por ciento aún desde casa). Ahora sí ha comenzado la segunda parte "En busca de la paz". Sin más, porque no quiero rellenar, ya no interrumpo su lectura.

Por favor lean, y espero disfruten de este capítulo tanto como yo de escribirlo.


Catálisis

Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.


Parte 2: En busca de la paz

15

Congruencia


Cuando terminó sus asuntos en la superficie, Maki volvió al astillero de Okinawa. Seis años atrás había ayudado con su diseño e ingeniería. Era una de las obras que había realizado el Imperio antes de la guerra como contingencia en ante la crisis de la ahora inexistente CEPI. Tras el embate de la guerra, el que había sido un crucero flotante enorme y pulido, estaba marcado y quemado por los láseres y devastado en la proa por misiles incendiarios.

El crucero de remodelación y reparación colgaba en las ruinas de la igualmente devastada Okinawa, en donde había todavía suspendidos pedazos de cruceros y desechos de cruceros imperiales y separatistas y residuos de cápsulas junto con todos sus contenidos. Los androides de reparación se movían por todas partes, cortando, soldando y puliendo. Miles de remolques y transbordadores iban y venían. En los muelles que seguían intactos, se desmantelaban o se remodelaban cruceros flotantes imperiales de la guerra, así como otros vehículos de la línea (la mayoría de diseño y construcción de la Federación Comerciante), que habían sido reemplazados por unidades más nuevas. Varios androides llenaban el área de carga de los transportes con una amplia selección de material bélico y arsenales de armas y municiones con destino a depósitos imperiales en lugares más remotos.

La cápsula que la llevó a Okinawa estaba atracada en el extremo distal de uno de los brazos más largos del muelle, pero en lugar de regresar a ella, le pidió al piloto del transbordador interno que la llevara a un crucero flotante en reparación, cerca de la plataforma. El inmenso vientre triangular de la nave estaba marcado con heridas nuevas hechas por los separatistas en la región de Chugoku, recién conquistada por la almirante al mando.

Una rampa de atracción hizo que el transbordador flotara a través de un campo de contención magnética hacia el hangar ubicado dentro del enorme crucero. Maki se acomodó la túnica y lideró a su cuadrilla de soldados imperiales prestados marchando a lo largo de la rampa. Había practicado para que en esa clase de momentos su marcha fuera impecable, y así lo fue. Aún así, en cuanto dejó el transbordador, lo primero que vio fue a la imponente y seria almirante Umi Sonoda vestida de gris, con botas lustradas perfectamente a la altura de la rodilla, con las piernas bien juntas en posición de firmes y las manos detrás de la espalda. Su expresión era mortalmente seria y detrás de ella había prácticamente toda una legión de soldados imperiales en estricta formación. Sólo bastó con que Umi moviera ligeramente la cabeza para que más de trescientos soldados rompieran formación al mismo tiempo. Marchaban impecablemente y de la misma forma se abrieron paso a través del hangar.

Maki sonrió mientras se acercaba a Umi, como para minimizar el despliegue de poder que la almirante se había molestado en armar. Umi sabría que los cuatro soldados que la iban escoltando realmente no eran de ella, pero aun así los trató como si lo fueran, con una cortesía implacable. También notó el gesto de Maki, y, sólo para reafirmar su poder, ordenó que todo su escuadrón de cápsulas de combate despegara. Y aun así, con todo y la presunción de su espectáculo, el saludo que le dio a Maki fue impecable y humilde.

—Ha de sentirse bien ser una leyenda viva —le dijo a Umi, intentando saludarla sin ser directa. Umi le hizo el favor de concederle una sonrisa apretada al comentario.

—No es una posición que una solicita, teniente comandante —le dijo todavía con la sonrisa apretada—. Se gana con méritos, debería de intentar conseguirlos alguna vez.

Maki le devolvió la misma sonrisa. El comentario no había sido para nada sutil.

—Lo tendré en mente. Gracias por tomarse el tiempo de verme.

—Mientras estemos en reparaciones, apreciaré cualquier oportunidad de romper la monotonía. Precisamente las cápsulas que ve que están despegando van a dar un patrullaje en la zona. Me les uniré en cuánto terminemos.

Maki miró alrededor del enorme hangar. Intentó dar un acercamiento igual de mordaz que el de la almirante.

—Qué raro, me resulta casi íntimo en comparación a lo que estoy acostumbrada. No es como que me importe, pero también es impresionante, nadie dijo que no.

Umi no pasó por alto el sarcasmo, pero no quito su gesto apretado:

—Ah, claro. Su trompo volador gigante. Yo prefiero avanzar hacia adelante, y no estar atorada en el mismo lugar.

Maki fingió seriedad. Había calentado un poco a la vieja peliazul.

—Por supuesto. Es esencial luchar por la buena causa.

—Siempre es preferible estar haciendo algo productivo que estar enredada en tantas complicaciones. Ayuda a envejecer con dignidad.

—¿Eso es lo que ha escuchado del proyecto? ¿Complicaciones?

—No me equivoco, ¿o sí? Lo dijo la general Ayase, lo dijo la Sentaku y lo dirá usted.

—¿Hay algún lugar donde podamos hablar en privado?

Umi señaló un pasillo extenso e hizo un gesto para que Makl la precediera. Salieron del hangar, y entraron en un pasillo amplio. Maki relajó su paso para que Umi, mayor que ella, se viera en la forzosa de caminar al lado de ella.

—Por lo que usted aparenta, estoy mal informada de la situación en Okayama.

—En efecto. Ya empezamos a trabajar en la fase tres y se está comenzando a generar el reactor de hipermateria y los generadores de escudos.

—¿Y su mano de obra?

—Reorganizamos a la comuna de Eli. La nueva líder ha accedido a proveernos con mano de obra a cambio de protección. Ha designado nuevos capataces para supervisar a los soldados y a los obreros. El proceso no ha sido más que conciliatorio. De hecho, ahora han dejado de lado la belicosidad y son una constructora oficial del Imperio.

—Entonces la felicito —dijo Umi en lo que a Maki le pareció un tono de falsa alegría.

—Pero como sabrá, el éxito conlleva nuevos retos.

—Rara vez es lo contrario.

Se detuvieron frente a un mirador inmenso para observar una nueva nave principal de flota. Un acorazado flotante, en su día inaugural.

—Sin nuevos retos, ni "complicaciones" o "procesos conciliatorios". Sólo resultados. Construido en menos de un año. —Umi lo presumió como si lo hubiera construido ella misma.

—Qué mal, obsoleta desde el primer día —dijo Maki en tono despectivo.

—Pero es temporal, ¿no es así, Nishikino-san? Aún así, creo que servirá hasta que por fin consiga terminar y desplegar la estación de combate. —recalcó el "por fin":

Ambas oficiales habían comenzado a rodearse mientras hablaban.

—El aguijón, nuestra arma principal, tendrá más poder que diez de esos juntos.

—Termínela y ciérreme la boca —dijo la almirante retadora.

Reanudaron el camino hacia la oficina secundaria de Umi, o eso fue lo que supuso Maki. Cuando se abrió la escotilla, Umi la invitó a pasar a una cabina relajada y decorada con buen gusto. Maki esperó a que la almirante se sentara para elegir una silla.

—Disculpe la pregunta, pero, ¿me dirijo a usted como comandante de flota, almirante, gobernadora o Hogo? —La habían ascendido de comandante de flota a almirante antes de que terminara la guerra, había sido gobernadora de una prefectura antes de que el conflicto estallara, y se había enterado de que recientemente le habían dado el título de Hogo, un nuevo rango que la Sentaku le había dado solo a una docena de sus oficiales y comandantes más valiosos. Por encima de los Hogo sólo estaban la Migite Takami y la misma Sentaku. A nivel político, la regente Minami también estaba por encima, pero en términos prácticos, ahora incluso ella estaba a la par de Umi

—Sigo prefiriendo almirante.

—Almirante será, entonces.

Umi la observó un momento antes de decir:

—Hábleme sobre esos nuevos retos que la trajeron hasta aquí desde Okayama.

—Como le decía, estamos entrando a una nueva fase, y la necesidad de materia prima y recursos aumenta.

—¿Se le acabó el metal que le robó a la CEPI?

Maki ignoró el comentario.

—Es mejor mantener este tipo de operaciones lejos de ojos curiosos, así que hemos buscado en los sectores menos poblados.

—En la Región de Kyushu y en las Islas Remotas, me imagino.

—Efectivamente. Después de hacer varias inspecciones cuidadosas, he seleccionado varias reservas que se adecúan a nuestros propósitos.

—¿Usted las seleccionó?

—Sí, para el proyecto. Pero aún así, el asunto de la obtención de los materiales tendrá que manejarse con delicadeza.

—Con sus métodos a usted no le acomoda la palabra.

Maki se encogió de hombros, dándole la razón.

—Fue la palabra que la Regente Minami utilizó. Quiere evitar cualquier cosa que pueda molestarle a los consejeros, o fomentar que inicié una campaña de propaganda mala contra el Imperio. Lo que menos necesitamos es otra CEPI.

—Una precaución razonable. Ciertamente no queremos que nadie empiece a fijarse en el proyecto. Ahora, varias compañías mineras que tenían nexos con Nozomi y su confederación han logrado conservar sus concesiones en decenas de reservas. ¿Por qué simplemente las retiran y se quedan con eso?

—Es lo que queremos hacer, pero con la justificación adecuada.

—La estación de combate será el arma más poderosa que el mundo haya visto jamás—Umi se llevó la mano al mentón, pensando—. Como tal, podría convertirse en el blanco de ataque de cualquier remanente opositor a la Sentaku de aquí a Hokkaido. Por lo tanto, tendrá que prestar atención especial a mantener ese ardid suyo.

Maki evaluó la defensiva de la almirante.

—Si me permite realizar una observación, almirante Sonoda, suena escéptica.

—Lo estoy, y de frente le digo que tengo mis reservas —dijo Umi, mirándola desafiante a los ojos—. Sin embargo, estoy dispuesta a dejar mis dudas de lado por ahora.

—Entonces, ¿puedo contar con su ayuda?

—Ambas servimos a mi Sentaku, ¿no es verdad?

—Por supuesto que sí.

—Y dígame, ¿mi Sentaku está al tanto de su plan de inventar justificaciones para apropiarse de reservas separatistas?

—Aún no lo sabe.

Umi sonrió.

—No se quede preocupada. Ella lo sabrá. Yo misma me encargaré de informarle.


Toyama era una ciudad levantada gracias al contrabando. Con varias salidas a la costa cerca, aún antes de que se revolucionara el viaje a la velocidad sub-sonido, ya era común el contrabando en toda la zona occidental del país por medio del agua. Era de los pocos lugares neutrales en la guerra, y la enorme influencia que tenían las altas familias criminales eran tan altas que ni imperiales ni separatistas por igual se habían atrevido a tocarlas. Con el comienzo del viaje a velocidad sub-sonido, un par de túneles que pasaban por ahí fueron rápidamente expropiados por los contrabandistas, y se volvieron un peaje que cualquiera que quisiera cruzar a salvo tenía que pasar. Así, la ciudad prosperaba. Algunas familias oriundas del lugar tenían antepasados de hasta veinte generaciones de aquel oficio, antes de que el megaescudo se levantara, e incluso antes del bombardeo en los tiempos remotos de la Segunda Guerra Mundial. Aquellas familias se enriquecieron de bloquear el paso y cobrar las remesas para cruzar desde Yamaguchi hasta Aomori. Además de estar atestada de pináculos majestuosos, parapetos, domos colosales y pabellones dignos de la realeza, la ciudad era conocida por su abundancia de mausoleos en honor de los padres, madres, hijas e hijos que murieron en la línea del deber ilegal, y que ahora eran recordados como héroes locales. Las tumbas eran del tamaño de mansiones, con torres y cápsulas de azulejo, campanarios, almenas y presencias holográficas de los difuntos. Los epitafios 3D se reproducían constante e ininterrumpidamente y sus costos de producción y mantenimiento se asemejaban a cualquier show de entretenimiento masivo. Los sarcófagos dentro de los osarios nunca estaban desprovistos de flores frescas o de tazones de agua y comida que los vivos les ofrendaban a las almas de sus seres queridos.

Toyama tenía una cantidad interminable de tránsito de personas y cápsulas que solo era equiparada por su cantidad de hoteles lujosos, cantinas y casinos. Nico Yazawa siempre desdeñaba los lugares más lujosos en favor de una cantina rascuache del centro llamada Shirome, cerca de donde estaba la casa de los demás Yazawa. No difería mucho de las demás cantinas que había en otros cientos de lugares del país, tal vez incluso del mundo; tampoco era ni más repugnante que la famosa Aozora de Tokio, ni más inspiradora que la Samawa de Hiroshima, pero tenía bebidas fuertes, atención de calidad, y los que servían sabían de la importancia de la discreción.

Nico estaba sentada junto con dos hombres y una mujer que se veían mucho mayores que ella, pero en realidad eran incluso menores. La mesa estaba cerca del bar, pero lejos de la banda, para que los cuatro pudieran conversar sin necesidad de gritarse. Nico tenían una bebida helada y sospechaba que al día siguiente tendría una resaca horrible.

—Uno pensaría que, ahora que los separatistas se han ido, habría más oportunidades —dijo uno de ellos, el de tez más clara.

—Ah, la guerra se empieza a sentir como una época dorada. —dijo la mujer, una contrabandista que había salido directo de Tokio y a la cual Nico había reclutado aún antes de la operación con Maki. —Con todo y el traqueteo que tuvimos que aguantar.

—Nada más pasamos de un desastre a otro —concluyó el tercero, esperando la respuesta de la capitana. Nunca llegó

—¿Qué ya a nadie le interesan las gangas? —preguntó la mujer, arrastrando un poco la voz.

—El trabajo está ahí, sólo que no hay suficiente para todos —argumentó el otro.

—Ya, ya. No es de extrañarse que todo se haya puesto tan competitivo —por fin soltó Nico. Estaba pensando en sus hermanitas, que ya habían crecido lo suficientes para llevarlas en la tripulación.

—Escuché que las peras se han puesto de moda por Tohoku. ¿Y si desviamos unas pocas provisiones para que se vuelvan más difíciles de conseguir? —sugirió la mujer.

Nico la miró con duda y un poco de ebriedad.

—Crear un mercado negro, dices…

—Sólo pera empezar —continuó la contrabandista. —Podríamos empezar por desviar un par de cargamentos. Y cuando los cosechadores empiecen a sentir la presión, les metemos un impuesto por cada kilo de fruta que produzcan y embarquen, así nos ahorraremos incluso el esfuerzo de tener que seguir desviando los envíos. Después, las daremos al precio que queramos. Ya saben, diversificar y todo eso…

—No sé, suena demasiado laborioso —dijo uno de los hombres.

—¿Y por peras? —añadió con algo de burla su compañero.

Nico solamente exhaló en señal de aburrimiento.

—Estoy harta de esa canción —gritó para que la banda escuchara, y de inmediato cambiaron de pieza—. En serio que me sigue a todos lados.

—Deberías hacer tu propia banda —dijo la mujer.

—A lo mejor ganaría más que en mi situación actual —sonrió Nico. Pensó en algo mejor para las niñas.

—Claramente no saben nada de bandas —dijo el primero de los hombres.

Nico se quedó con la idea, no de una banda, pero sí de cumplir el otro sueño de toda su vida.

Los colegas, amigos y competidores de antaño llenaban la cantina, y llevaban la tarde entera embriagándose, unidos por su miseria. En el bar, la pareja que era dueña servía y preparaba tragos a diestra y siniestra para contrabandistas con turbantes, tocados, atuendos holgados y uno que otro cuchillo fino. Alrededor de ellos, meseros y meseras ataviados seductivamente ejercían su oficio y, como por arte de magia, mantenían el alcohol fluyendo sin interrupción.

Nico pensó en su madre y como desde que apenas empezaba en las andadas del contrabando, hacía como veinte años, se veía realmente preocupada por ver como su hija se desaparecía por semanas desviando cargamentos, de cereales, en Okinawa. Tal vez la fruta no era una idea tan descabellada después de todo…

A pesar del desplome reciente de su economía, se consideraba suertuda de haber sobrevivido a la guerra. Incluso luego de que el asunto del rapto y rescate de Maki la volviera una persona non-grata para los separatistas, logró mantenerse ocupada y a flote. Tal como lo sospechaba, Nozomi hizo una de sus apariciones que la tomaban por sorpresa poco después, y recordaba como en vez de ver enojo, todavía veía tristeza en sus brillantes ojos verdes. La captura de Ayase le había venido mal a Nozomi, se veía tan deprimida que ni fue capaz de castigar a Nico por su traición. La dejó ir, aunque perdió todo contacto con la CEPI después de eso. Se creía que Nozomi había muerto en Wakayama, pero Nico no le daba fe. Era demasiado molesta como para dejarse matar tan fácilmente.

A Nico, casi al fin de la guerra, la habían arrestado en Iwate por bloquear el comercio de ciertos productos, pero el Imperio, específicamente Maki, había pagado su fianza. Le destrozaron dos de sus cargueros, pero la misma Maki la ayudó a comprar sus reemplazos al costo. Perdió una tripulación, ganó otra, la volvió a perder, y se salvó por poco de la invasión de Shizuoka, solo para caer en la toma relámpago a Mie. El fin de la guerra la tomó desprevenida en la misma Kochi, donde estaba de mandadera del patriarca de una familia criminal. Después de eso no pudo levantarse del pozo, apenas podía encontrar trabajo.

Tenía fe en el nuevo orden del país, si todo el poder lo tendría Honoka no tardaría en crearse una enorme red de contrabandos, esa mujer era demasiado ingenua. Aún así, se tomaba cualquier molestia para no meterse en confrontaciones imperiales, ni en causas ideales de ninguna índole. Ahora operaba como intermediaria; movía mercancía entre los productores y los proveedores. Se había convertido en lo que le esperaba en su natal Okinawa, una vulgar transportista, con un sueldo miserable de transportista. Y justo cuando no podía caer más bajo, quién la buscaba sino…

Una conmoción repentina la arrancó de su tren de pensamientos.

Dos ebrios discutían por un "acompañante temporal" o por un trago, probablemente la segunda opción. Ambos desenfundaron sus dagas curvas, pero estaban demasiado bebidos como para siquiera blandirlas en la dirección correcta. Un grupo de clientes los detenía, más preocupados por recibir una acuchillada accidental que por la integridad de los borrachos.

Por lo menos, el ruido de la pelea detuvo la música por un rato.

—¡Algunas cosas nunca cambian! —Nico les gritó a sus compañeros por encima del hombro.

—Mira lo que va a pasar —le señaló discretamente la tokiota.

Nico siguió la señal con la mirada hacia la puerta principal, justo a tiempo para divisar a dos soldados imperiales entrar. En cuanto ubicaron a los ebrios de las dagas, avanzaron hacia ellos y los agarraron del cuello para arrastrarlos a la salida. El público abucheó y profirió todo tipo de maldiciones coloridas.

—¿Desde cuándo pueden arrestarte por una pelea de cantina? —Nico preguntó con sarcasmo.

—Nuevas órdenes de la Sentaku —contestó uno de sus compañeos.

—Antes los soldados eran los que empezaban las peleas… Digo, una cosa es que la Sentaku prohíba las rutas tradicionales de contrabando, pero, ¿una discusión cantinera?

—La preservación del orden.

Los músicos de la banda retomaron la canción en donde la habían interrumpido,

Nico estaba a punto de fondear su trago, cuando la contrabandista le dijo:

—Creo que acaba de entrar tu contacto.

Nico echó un vistazo a la puerta de nuevo; reconoció de inmediato a la persona, aún sin el uniforme y con el cambio de peinado. Su cabello tinto era irreconocible, y a pesar de intentar ir ataviada como una contrabandista más, por su manera de caminar se delataba a sí misma de inmediato.

—Sí, es ella.

—¡Recuerda incluirnos en tus planes! —le dijo la contrabandista en un tono amistoso, mientras Nico se ponía de pie.

Se abrió paso en entre la gente, tambaleándose un poco aquí y allá, para llegar a donde estaba sentada la nueva visitante de Shirome. Se había sentado en una esquina, lo más lejos posible de la banda, y Nico lo tomó como una buena señal. A pesar de no ver el arma, casi aseguraba que en algún lugar secreto había de llevarla. Casi no sabía nada de ella, pero la conocía lo suficiente como para saber que nunca iba sin algo con qué defenderse.

—Odio esta canción —dijo su contacto en cuanto la vio acercarse.

"Otra buena señal" pensó Nico. Le sonrió con complicidad y se sentó.

No había visto a Riko desde la operación en Kogawa y en Kochi; su presencia le trajo recuerdos de la familia tan extraña a la que había ayudado a escapar de la segunda ciudad que habían visitado: una científica que no quería nada que ver en la guerra, su mujer combativa y la niña. Nico se preguntó qué sería de ellas.

Riko se veía igual que antes, excepto por unas cicatrices en el entrecejo que no estaban allí hace dos años, y claro, la enorme trenza con la que se había peinado para no ser tan reconocida.

—Eres difícil de encontrar, Nico-san.

—Pero me encontraste de todas formas.

—¿Te invito algo de beber? —Riko llamó a un mesero. Nico levantó su vaso a medio llenar.

—Todavía tengo —Pensó que sería lo mejor no nublarse más el juicio, por lo menos no frente a Riko.

Riko se pidió a sí misma un trago de amasake y se puso cómoda.

—Te ves bien Nico, considerando la situación.

—Tú también. Admito que la trenza me gusta.

Riko pasó la mano por su cicatriz.

—Fue en Okayama. Estaba combatiendo a un grupo de obreros renegados y un salvaje se lanzó a mi cabeza. Estoy esperando a que el seguro de veteranos me pague la curación.

—¿No seguiste haciendo carrera militar?

—Claro que sí. Pero no ha sido lo mismo; quizá si hubiera sido parte de la armada uniformada lo habría sido, pero sólo por un pelo me salvé de que me metieran al uniforme rojo y azul como a todos los reclutas de la academia. Me fui por… algo diferente.

—¿Has sabido algo de nuestra… antigua amiga?

—¿Te refieres a Nishikino-san? —Riko la estudió. Nico asintió con gran aprensión, a pesar de sus intentos por ocultarlo. Incluso notó la mirada extrañada de Riko.

—Ni pío. Sólo supe que sobrevivió a la guerra y está entera. Según sé sigue con los ingenieros, construyendo cosas grandes.

—¿Nada de contacto con ella? —insistió Nico.

—Tú lo sabes. ¿Qué tal tú?

—Medio año antes de que terminara la guerra, más o menos, me enteré de que me estaba buscando; así que me volví… infrecuente, digamos, en mis círculos. Es la primera vez que estoy en Toyama desde entonces.

—Eso era lo que había que hacer. Por lo menos si realmente no querías que ten encontrara.

—Sí, yo también lo pensé. —Nico se relajó un poco. Casi aseguraba que Riko seguía trabajando con Maki, pero parecía que estaba aquí por sus propios medios. —Sólo me había preguntado si te había enviado para cobrarme… sus servicios.

—¿Cobrarte? ¿Qué tendría que cobrarte? —ahora Riko era la que se veía un poco dudosa.

—Pues, me sacó de la cárcel y me ayudó a buscar un par de naves de reemplazo, pero es cierto, ¿qué tendría que cobrarme? —La bebida de Riko llegó a la mesa; Nico propuso brindar—. ¡Salud por habernos librado de Maki!

—Salud por las buenas bonanzas —dijo Riko con una sonrisa tranquila y madura. Terminó su bebida de un solo trago y retiró su vaso de enfrente. —Hablando de eso, ¿cómo te trata la paz?

—Mal. No gano ni una fracción de lo que ganaba durante la guerra. La paz no es buena para los contrabandistas.

—Entonces puede que tenga una solución para ti.

—Supongo que escuchar no hace daño. —Se inclinó hacia Riko, segura de que el alcohol hablaba por ella y por eso había aceptado. Riko bajó la voz.

—He estado trabajando… En un depósito imperial lleno de armas separatistas.

Nico se sorprendió genuinamente. No se la imaginaba haciendo negocios sucios allí por órdenes de Maki. Era demasiada iniciativa por parte de la mujer a la que había visto como la mandadera de la teniente comandante.

—Pensé que todo estaba siendo desmantelado o quemado en alguna fundidora u otra. ¿Para qué querría alguien viejos androides de combate, si el nuevo Imperio está rebosante de cruceros flotantes y de soldados?

—No están fundiendo todo. No tengo idea de por qué guardan tantas cosas, pero nadie las revisa ni las cataloga. Supongo que nadie tiene intenciones de hacerlo jamás.

—Ajá —dijo Nico lenta y cautelosamente.

—Estoy sustrayendo varias cosas y, ¡todo está en oferta!

—Pero la guerra terminó —Nico sacudió la cabeza, perpleja. Riko resopló en burla.

—La guerra está en pausa Nico-san. Hay grupos rebeldes a quienes les urge tener estas cosas para cuando comience de nuevo. Es nuestra oportunidad de hacer negocios con esas cosas, sino después ellos las conseguirán, y gratis.

—¿Ese es tu remedio, traficar armas? —Nico soltó una carcajada más fuerte de lo necesario—. Antes de que entraras, vi a dos soldados imperiales sacar a dos tipos a rastras por pelearse en un bar.

—No te preocupes por los imperiales. Todo lo tenemos bajo control.

—¿Tenemos? ¿Bajo control cómo, Riko?

—La gente con la que trabajo tiene control absoluto sobre su inteligencia y su logística: patrullas, cuellos de botella, inspecciones, etc. Todos los involucrados reciben una tajada justa de las ganancias para asegurarse de que nadie hunda a nadie. Solo tendrías que hacer algunas entregas.

—Quizá no estoy tan desesperada como crees, ¿ya pensaste eso? —Nico se apartó el trago de enfrente.

—Sí lo estás. Las dos lo sabemos. Maki lo sabe.

—¿Revisaron mi estado de cuenta?

—A lo mejor crees que te iría mejor colaborando con los líderes criminales, pero…

—No. Quiero empezar un grupo de idols —Riko se soltó a reír como loca, como loca y con sinceridad, aunque Nico hablaba en serio.

—Maki vendrá por ti Nico. Te ofrezco una alternativa. Sólo puedo decirte que estas operaciones son pan comido. De alguna u otra manera, estas armas van a terminar en el mercado negro o en manos de cárteles criminales. Pero, ¿no quisieras involucrarte antes de que eso pase?

Nico no pudo evitar considerarlo.

—Estamos hablando de mover, qué, ¿androides de combate? ¿armas de Lisan? ¿Cañones de iones? ¿Misiles de protones? Mi remolque no es lo suficientemente grande como para llevar esas cosas.

—No te adelantes. Si fuera necesario, te podríamos dar un transporte adecuado. Sólo debes realizar las entregas.

—Así que Maki quiere un piloto de confianza.

—Nishikino-san quiere más que eso de ti—dijo Riko con una sonrisa pícara, pero luego desvió el tema de nuevo—. Pero ese no es el punto, ¿cómo es posible que no entiendas? Te estoy manteniendo oculta de ella. Después de un par de entregas, te daré una lista de precios. Tú puedes negociar tus asuntos como tú quieras. Tú escoge tu tripulación y tu transporte. Sólo tienes que informarme tu destino y tu ruta para limpiarte el camino de obstáculos y conseguirte autorizaciones. Seguramente los fracasados de tus amigos de por allá también necesitan trabajo —señaló con la cabeza en dirección de la mesa donde seguían bebiendo sus tres compañeros.

—No es cuestión de necesitar el trabajo o no. Es cuestión de no ir a prisión.

—¿Y qué vas a hacer, cambiar de profesión? ¿Vivir como algún perdedor que se emociona hasta de ver un atardecer? Intenta hacer un par de entregas, Nico-chan. Si no te gusta, toma tus ganancias y retírate. Ponte a practicar para tu grupo de idols…

Fin del capítulo


Bueno, ¿qué tal les ha parecido este capítulo?

De nuevo es algo parecido a una introducción a esta nueva parte de la historia, y algo muy divertido y que he disfrutado bastante es que no se sabe nada todavía ni de Hanayo ni de Rin ni de la pequeña Hanamaru. Las tres están ausentes en este capítulo. Por otro lado, volver a ver a Nico-chan es lindo, me ha agradado bastante volver a tener a la idol número 1 del universo por aquí, y mejor aún, ahora si deseando ser la idol número 1 del universo. ¿Nico logrará crear su grupo de idols? ¿En qué andará metida Riko? ¿Será que Maki está detrás de todo? ¿Cuándo estallará la tensión tan fuerte que se traen Umi y Maki? ¿Le ayudará a Maki a mejorar su situación actual el hecho de tener amarrada a Hanayo? ¿Cuándo veremos que Maki y Nico se junten de nuevo? De hecho, esa sí es una pregunta que ni yo me acuerdo exactamente de cuando se responde, creo que es dentro de dos o tres capítulos.

Mientras tanto, y pasando a la sección de la historia que nada tiene que ver con la historia, les confieso que finalmente me he quedado sin capítulos adelantados, sí, esa ración enorme que nunca creí que se me fuera a acabar ha llegado a su fin. Ya este es el último capítulo que tenía preparado, aunque también tengo ya casi terminado el capítulo siguiente, que estuve haciendo en Semana Santa, entonces, para compensar estas tres semanas que me tardé en actualizar, el próximo domingo vuelve a haber capítulo de Catálisis. Pasando a esa sección que a nadie le interesa llamada la vida de la autora, he entrado a período de exámenes finales, y la verdad es que, no intento justificarme por lo de la semana pasada, pero, la verdad es que no tuve tiempo de actualizar y me di cuenta de que se me olvidó subir el capítulo hasta el miércoles. Ese día dije "Si es cierto, tenía que actualizar desde el domingo" Perdónenme por eso, en serio, a pesar de no tener muchos lectores, valoro a cada una de las personitas que tengo por aquí, y no me gusta fallar con el ritmo de las dos semanas. Les ruego que me perdonen.

Y ya sin nada más que decir, voy terminando para no rellenar esto con más palabras. Espero que comenten si este capítulo les gustó y qué piensan de la historia. Sin más me despido, yo soy Aramaru, todos cuídense muchísimo, y nos vemos dentro de una semanita. ¡Oyasuminassan!