Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.

Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.


Hola a todos

Como siempre es un placer estar trayendo para ustedes otro capítulo de esta historia que disfruto tanto. En este capítulo, veremos que fue de Nico, un poquito de Maki y nuestra almirante favorita nos honrará de nuevo con su presencia.

Sin más, espero que disfruten, lean y espero que disfruten este capítulo tanto como yo disfruté escribirlo.

Nos leemos en la parte de abajo.


Catálisis

Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.


Parte 2: En busca de la paz

17

Valor inesperado


La cantina Shirome no era el tipo de establecimiento donde los clientes, especialmente los regulares, hacían entradas espectaculares. Por eso, a Nico, que iba llegando para verse de nuevo con Riko, le sorprendió el recibimiento que tuvo por parte de los clientes del lugar. Los dos "vigilantes" no sólo la dejaron brincarse la fila, sino que también la condujeron hasta dentro. La imagen era casi hilarante, pues Nico era aproximadamente medio metro más baja que ellos. Pensó que quizá su ropa nueva o su actitud habían tenido que ver con que la hubieran elegido a ella y no a los demás perdedores buscando pescar trabajo. Todo el mundo en el lugar, desde los meseros hasta la pareja que servía tras la barra, incluso un par de los músicos de la banda, la miraron cuando entró a la habitación. Hasta sus enemigos y rivales la voltearon a ver. Ese momento habría sido el pináculo de su carrera, de no ser porque se dio cuenta de que las miradas eran más cautelosas que congratulatorias, tal vez incluso con miedo. Los ojos de todo tipo de contrabandistas y demás malhechores la siguieron de camino a la mesa que Riko había reservado. La tensión se sentía en la atmósfera densa; las pocas felicitaciones que recibió sonaban titubeantes.

Riko no había llegado todavía, así que Nico se dejó caer en su silla, pidió un trago e intentó comprender las miradas furtivas y las conversaciones susurrantes que, tan iban dirigidas a ella, que casi le zumbaban los oídos.

Antes de que llegara su trago, un contrabandista de mala fama conocido como Molo se acercó a su mesa. Era un viejo lobo de mar, grande y musculoso (de hecho, como la mayoría de los que estaban en ese negocio; Nico era una clase de excepción). Se decía que Molo había saboteado a cuánto rival pudo, incluyéndola a ella, aunque que hoy tenía menos suerte que cualquiera de ellos.

—¿Te importa si me siento?

La pregunta era retórica, así que Nico se limitó a arrastrar su silla al lado opuesto del viejo peligroso, en caso de que hubiera violencia.

—Me alegra la compañía. Aún después de lo de Akita.

La nueva oreja de Molo tenía el logotipo de una compañía de órganos baratos de reemplazo para veteranos de guerra que no podían costear las costosas cirugías o los implantes de piel sintética. La original la había perdido por deferencia a un sindicato criminal al que traicionó sin querer.

—Vimos tu remolque en uno de los cuellos de botella de las Regiones Occidentales hace un par de meses. Cuando hiciste la entrega grande.

—¿La entrega grande?

—El resto de tu tripulación vino aquí a celebrar —Molo echó un vistazo alrededor.

Nico pensó que era no era inusual que la gente se hubiera enterado de la operación en Asago.

—La suerte cambia para todos, ¿cómo en Akita no? —dijo Nico con un poco de burla. Molo ignoró el comentario.

—Así es. Pero muchos de nosotros nos preguntamos cómo lograste entrar y salir sin problemas. La coordinación fue demasiado perfecta, como si te hubieran guiado desde adentro, y no sólo eso, sino como si alguien poderoso te hubiera guiado desde adentro.

"Alguien como Maki" pensó Nico, alejando su silla un poco más del puño de Molo. Se había ganado su lugar entre los contrabandistas por ser escurridiza, no por ganar en peleas a puño cerrado.

—Sólo fue una entrega, de entrada por salida.

—¿O sea que nadie te advirtió?

—¿Advertirme qué?

Molo se reclinó y evaluó la reacción de Nico.

—¿No te enteraste de lo que masó en Asago?

—He estado un poco… desconectada. —Nico extendió las manos, palmas hacia arriba, en señal de ignorancia.

Era cierto. Después de la entrega, ella y la tripulación temían que el Imperio tomara represalias, incluso con la promesa de Riko, así que decidieron esparcirse y evitar entrar en contacto. Nico y sus hermanas se dirigieron a un área del Borde Exterior que estaba bajo control de la ahora reducida a cenizas Alianza Corporativa, donde podrían gastar varios de los yenes que habían ganado. Sólo regresó a Tomoya porque Riko insistió; fue de gran alivio no encontrarse con holoproyecciones de "Se busca" con su cara a lo largo del camino.

—El Imperio descubrió un depósito enorme de armas, municiones y sabrán las estrellas que más. Por lo que hemos escuchado, se apropiaron de doce empresas mineras de la Alianza Corporativa y el lugar está fuera de límites hasta nuevo aviso. Eso jamás sucede en una zona protegida del Legado.

—¿Zona protegida del Legado?

—Sí, son pequeños poblados protegidos contra la explotación de cualquier tipo. Sólo se pueden hacer cosas de bajo impacto; tienen aún más restricciones que una zona de patrimonio nacional.

No se molestó en ocultar su sorpresa.

—¿Cuándo pasó todo esto?

—Un par de días después de que te fuiste.

—Es la primera vez que escuchó esto, Molo —Nico sacudió la cabeza.

El contrabandista se recargó sobre la mesa y bajó la voz.

—Pero sabemos quien si sabía… Tu amiga, la rarita con la que te viste aquí. Alguien la reconoció como agente de operaciones encubiertas.

—Solía serlo, pero ahora parece que se ha unido a la marina. Además, sólo fue una entrega… pero, ¿por eso la gente me mira raro? ¿Creen que yo armé todo esto?

—¿Te miran raro? Bueno, admito que la mitad te tenemos una envidia enorme y la otra mitad te quiere romper la cara, pero no tiene nada que ver con que seas simpatizante del Imperio.

—¿Simpatizante del Imperio?

—Calla —Molo la interrumpió—. La mitad a la que pertenezco espera que nos jales a la acción, o que por lo menos nos recomiendes con tu amiga.

—No es mi amiga —dijo Nico pausadamente.

Justo entonces, vio a Riko entrar mientras seguía digiriendo la información y pidiéndose a si misma tranquilizarse. Molo se dio cuenta de que Nico volvió a ver a la puerta, miró sobre su hombro y sonrió.

—Ahí está. Tal vez y pueda hablar con ella personalmente y…

Riko, que ya estaba muy cerca, se limitó a pararse lejos de Molo.

—Muévete. —dijo secamente.

—Oye, no sé quién te creas que eres, pero…

—Dije que te muevas —dijo Riko; Nico temió que todo fuera a terminar en un desastre. Riko nunca estaba desarmada, y el carácter de Molo la irritaría muy fácilmente.

Molo se puso de pie

—Yazawa, ¿qué le sucede a esta…

Un ligero chirrido retumbó en la cantina; los clientes ni siquiera callaron; Riko movió el cuerpo inerte de Molo con su bota, disgustada. Se abrió paso hasta sentarse junto a Nico.

—Que desagradable sujeto, ¿de qué hablaban?

Nico le echó una mirada, tratando de ignorar que estaba como si nada después de haber aturdido a un hombre en un lugar en el que claramente no se permitían armas.

—Cuando me contactaste, no dijiste nada sobre lo que sucedió en Asago. Una zona protegida del legado, ni más ni menos…

—Vaya, si tanto amabas el lugar, debiste decírmelo antes —Riko dijo en tono jocoso, casi en burla.

—No es eso, ¿sabes las restricciones legales que tiene ese lugar?

—No tienes de que preocuparte. Mis superiores tratarán todo con cuidado para que no salgamos manchadas ni tú ni yo.

Nico no quiso ahondar más en el tema. Después de todo, ¿qué le importaba Asago? Sólo había hecho una entrega. En lugar de seguir con el reclamo, dijo.

—Te ves bien. Me comienzo a acostumbrar a la trenza.

Riko se pasó la mano por la misma.

—Me comienza a agradar, no te quedó tan mal como la vez anterior.

—¿Cómo se enteró el Imperio del cargamento? —No logró resistirse a preguntar.

—No tenemos ni idea. Revisamos a todos los involucrados, el soplón no salió de nuestro lado. Seguramente fue alguien del poblado quien les informó, algún ambientalista que no quería armas en la ciudad.

Nico lo consideró, como si quisiera aceptarlo y ya.

—Está bien, digamos que te la compro. Pero ¿por qué querría el Imperio apropiarse de las empresas mineras de una zona protegida del Legado? Parece que la más beneficiada de esto es Maki.

—No lo sé. Pero te aseguro que mientras estés conmigo estás protegida, así que seguiremos como siempre.

—Sí lo sabes—dijo Nico cansada, aunque desistió—. No importa, ¿tienes otra entrega para mí?

—¿Por qué crees que estoy aquí? No me caes tan bien como para venir a verte sólo porque te extraño. Aunque Nishikino-san sí que te extraña; nunca la había visto ponerse así por alguien; aún quiere esa visita en Tokio.

—Vaya, entonces, ¿si sigo trabajando contigo no tengo que verle la cara a Maki?

—Por el momento.

—¿Hay trabajo para todos?

—Así que por esto te hablaba el mastodonte —dijo, mirando el cuerpo todavía inerte de Molo a su lado. Alcanzó a gesticular una mueca de asco—. Bueno, justo ahora no, pero quizás habrá. Suponiendo que me asegures a mí y a mi jefa que son de confiar.

Nico ya ni siquiera dudó que Maki estuviera involucrada. Pero mientras no la viera y Riko fuera su intermediaria, era dinero muy fácil.

—Algunos lo son. ¿A dónde tengo que ir esta vez?

—De regreso a las prefecturas de Occidente. ¿Conoces Kinpoku?

—Jamás he oído hablar de ese lugar.

Riko reaccionó con una ligera sonrisa.

—Que bueno. Así no tienes que preocuparte por él.


El crucero flotante imperial Tormenta, la nave capital de la flota de Umi Sonoda, seguía esperando en Asago cuando recibió un mensaje de Tokio. Lo dirigió hacia el holoproyector de su cabina. La abogada que representaba al conglomerado minero de Asago se llamaba Nana Nakagawa, y su belleza era tan impactante en presencia holográfica como en persona. Umi la conoció a ella y a su genio legal único en sus días de general adjunta. Lamentablemente, para el gusto de la almirante, la totalidad de sus casos durante la guerra se habían centrado en defender organizaciones separatistas, y éste no era le excepción.

—Mis clientes me aseguran que no tuvieron nada que ver con el cargamento de armas ilegales que descubrieron tus fuerzas —dijo Nakagawa.

Umi estaba parada frente a la cámara, con la mano derecha recargada en el mentón y la izquierda en el codo del brazo derecho.

—Puede que no, abogada. Estamos llevando a cabo las investigaciones adecuadas sobre el origen de las armas, quién las consiguió y para qué. Estoy segura de que la verdad saldrá a la luz, y que tus clientes tendrán la oportunidad de que los defienda en la corte.

—¿Cuándo, gobernadora? ¿Dentro de un año? ¿Dos años? La Alianza Corporativa habrá perdido toda oportunidad de recuperar la mínima inversión en ese tiempo. Todos mis esfuerzos por concertar una audiencia preliminar han sido en vano.

—Eso es algo en lo que no puedo ayudarte. Ni siquiera por los viejos tiempos.

—¿Y esto no tiene nada que ver con que mis clientes se dedicaran públicamente durante la guerra a vender provisiones a la CEPI, a que fueran los principales proveedores de alimento y de recursos naturales de la fallecida presidenta Tojo? ¿A qué la expresidenta de la Alianza Corporativa tuviera un asiento en el consejo separatista? —le peligris entrecerró sus ojos, que eran del mismo color. Umi adoptó una postura mucho más severa.

—No veo por qué el Imperio tendría necesidad de aplicar represalias de esa índole.

—Mientras tanto, mis clientes han tenido que cederles todas sus operaciones mineras.

—Tu Alianza Corporativa debería de estar agradecida de haber pagado una fianza y seguir teniendo trabajo. El banco de los Verde, la Federación Comerciante y otras megacorporaciones afiliadas a la Confederación de Nozomi no han tenido esa suerte.

—Trabajo, pero para el Imperio. —Nana pausó un momento —. Me parece interesante que, en cuanto el Imperio se adueñó de las operaciones, todas las restricciones ambientales en vigor desaparecieron en el aire —chasqueó los dedos, y acomodó sus anteojos. —. Como sabrás, mis clientes intentaron, desde antes de la guerra, que las regulaciones del Legado se modificaran, y ahora se esfuman de la nada.

—Lamento que Kanata no haya tenido suerte.

—Y seguramente eso no tuvo nada que ver con la nueva ansia del Imperio por conseguir metales para construcción pesada, ¿verdad? —dijo con una sonrisa amable, aunque dejó notarse el sarcasmo. —Ni con que sean dos de los minerales más abundantes en Asago.

—No sé de qué estás hablando.

Nana rio.

—Si tú no sabes, no me imagino quién podría saberlo. —Pausó de nuevo y se relajó. Adoptó un tono menos serio. —¿A qué estamos jugando, Umi-sama?

Umi decidió cambiar el tema

—Me dio mucho gusto conversar contigo, Nana-san. Debemos ponernos al corriente cuando esté en Tokio de nuevo.

—Sólo si regresamos a La Cúpula, a cambio de tu repentina cerrazón.

—Será una tarde, muy amena, estoy segura. Y, por cierto, Nana-san, sé que Shizuku Osaka, Emma Verde y Kanata Konoe eran amigas muy cercanas a ti. Es una lástima que las tres hayan elegido el bando equivocado durante la guerra, y peor aún, que hayan aceptado un asiento en el consejo separatista. De verdad lo siento.

En cuanto desapareció la proyección, Umi se dirigió hacia el mirador para observar a la previamente impecable Asago. A nivel del suelo, había un desfile de maquinaria pesada en movimiento: augurios, equipos de rayo tractor, sensores de detección, trituradoras, bandas transportadoras y almazaras. Androides del tamaño de edificios pequeños se dedicaban a demoler las construcciones, deshojaban las laderas y arrasaban con los suelos. Las operaciones mineras estaban a su máxima capacidad. No terminarían de explotar Asago hasta que cada depósito fuera vaciado y cada trozo de mineral fuera extraído hasta el lecho rocoso. Para entonces, sus construcciones se convertirían en recuerdos de una vida pasada, y sus ríos se convertirían en ácido de tantos residuos y estiércol; sus terraplenes se erosionarían y los bosques vivos y cielos cálidos aledaños a la pequeña ciudad se convertirían hasta quedar irreconocibles. La vida salvaje sobreviviría en áreas remotas, pero no por mucho tiempo. Y todo por los metales necesarios para construcción del reactor de hipermateria de la estación de batalla, su reflector parabólico, y, en cierto momento, su aguijón. La intuición de Nana era tan atinada como siempre, y no sería la única en atar cabos. Se podía controlar a los medios, pero no por completo. Cualquiera que prestara un poco más de atención se daría cuenta de que había un proyecto enorme en desarrollo. Pronto tendrían que tomar medidas de control.

Un mal necesario, según algunos.

Y entre esos "algunos", estaba ella.

Las operaciones de depuración y limpieza de las Extensiones Occidentales la habían convencido del valor de la superarma. La Sentaku, los hogos, y el ejército de oficiales y soldados imperiales no eran suficientes para subyugar a una nación entera. Sólo el temor podría imponerles un orden duradero. Y la estación de batalla era el símbolo perfecto para lograrlo.

Desafortunadamente, Maki Nishikino no era la comandante adecuada. Umi se preguntaba cuánto y qué le ocultaba. El hecho de haberle ocultado a Honoka sus plantes de hacerse con materiales de construcción para el proyecto sólo era señal de su ambición desbordada, de su impulsividad, de su falta de respeto a la autoridad, de su nula consideración por la cadena de mando. No. Simple y sencillamente, Nishikino no era la mujer para el trabajo, pero sí era la mujer ideal para cargar sobre hombros la responsabilidad de todos los imprevistos y errores que seguro plagarían el proyecto. Exponerla y reducirla no sería difícil, pero sería peligroso para Umi, a quien la Sentaku Honoka observaba de cerca para delegarle el control de la estación de batalla. Pero, para evitar la obligación de aceptar el peligro antes de tiempo, tendría que seguir aplazando la caída de Maki, hasta que llegara el momento propicio. Quizá podría pedirle a la Migite Takami que le echara un ojo. Umi y la Dama Oscura ya habían participado juntas en varias misiones exitosas, y tal vez el secretismo sería suficiente para generar intriga en la aprendiz de Honoka.


El futuro terrible que Umi planeaba para Asago estaba ocurriendo en Yabu, a menos de quince kilómetros de distancia. Con la excusa del proyecto Brillo Eterno, Maki había construido ahí las instalaciones para hacer experimentos físicos y adecuar la investigación energética de Hanayo Koizumi al diseño del arma de la estación de combate. Hasta tenía un gemelo del enorme cristal celestial con el que experimentaba Pana.

Pero las cosas no habían salido de acuerdo al plan.

Desde la seguridad de su transporte, Maki observaba una serie de explosiones poderosas reducir lo poco que quedaba de las instalaciones a escombros y cenizas. Las llamas se tragaban sin piedad la ciudad en las faldas de la montaña que albergaba al edificio. Y eso no era lo peor: una planta nuclear primitiva se derritió por completo durante las detonaciones y tormentas de fuego iniciales, lo cual desencadenó un éxodo masivo de cientos de miles de especies variadas que huyeron al otro lado del río, pues esperaban que este detuviera la conflagración.

La devastación era peor que si un volcán hubiera explotado en el centro de la ciudad.

—¿Perdimos a alguien? —preguntó Maki a su asistente.

—Es incrible, Nishikino-san—dijo Riko desde el módulo de comunicaciones del transporte—, pero los sistemas de seguridad permitieron que todos escaparan a tiempo. Lamentablemente, los locales no tuvieron tanta suerte. Mire, tengo un video de un par de ciudadanos cayendo ante el éxodo —acercó con alegría su tableta a su jefa.

—¿Cuántas veces te tengo que decir que no quiero ver esta clase de horrores? ¿De dónde obtienes siquiera estas grabaciones? —dijo Maki molesta. A pesar de su eficiencia, seguí sin caerle en gracia el instinto asesino y psicótico que Riko no había podido quitarse de sus tiempos como agente de operaciones encubiertas. —Dame un estimado de pérdidas.

—Más de diez mil, Nishikino-san. Y van en aumento. La radiación del rector cobrará más vidas que las explosiones y el fuego combinados.

Maki movió la mandíbula nerviosamente. Comenzó a tocarse el cabello

—¿A quién culpo?

—¿A Yazawa?

Maki se puso roja.

—¡No metas a Nico-chan en esto! ¿A quién culpo?

—Todo el equipo está allí. —Riko señaló hacia la cabina principal.

Maki levantó la frente en alto, y salió de la habitación, disgustada. Riko iba a tras de ella, con paso marcial. Los diez científicos del equipo, que ahora incluía a dos antiguos separatistas, estaban apretujados en la cabina de popa, muertos de miedo, de nervios, y de vergüenza. Varios de ellos tenían vendas y ungüento en sus heridas.

—Primero, díganme que no perdimos el cristal celestial.

—Es indestructible, Nishikino-san —dijo uno de ellos. —Una vez que se extinga el fuego, podremos recuperarlo.

Maki asintió, y volteó a ver a Riko, quien llevaba las notas de todo lo que sucedía.

—Bien, eso exonerará a varios de ustedes, pero alguien me tendrá que explicar cómo fue que un simple experimento destruyó todo lo que construí, sin mencionar una ciudad entera. Tenían toda la investigación a la mano, ¿se les pasó algo?

—La salida de energía es incontrolable —dijo la investigadora líder, la profesora Izumi, hablando en nombre de todos—. El cristal difracta el láser en lugar de rendir el pulso de energía que se espera. Es como una batería turboláser sin control alguno.

—¿Y por qué no pasó esto mismo en las otras instalaciones? Alguien malinterpretó los datos o no siguió el procedimiento adecuado.

Kasumi Nakasu, la analista de datos y especialista en sistemas, respondió:

—Los datos son muy difíciles de interpretar. Si sólo estamos replicando experimentos previos, entonces las otras instalaciones tienen otro método de extracción y recolección, Quizás usaron un láser distinto o encontraron una manera de canalizar el exceso de energía en condensadores de capacidad. A lo mejor tienen otra aleación de inhibición —sus ojos carmesís bailaban nerviosamente mientras explicaba —. En muchos casos, los datos no son específicos, y, cuando lo son, las ecuaciones están en una especie de abreviatura casi imposible de descifrar. Quien haya escrito estos datos no parece escribir matemáticas en japonés, o en algún otro idioma conocido.

—Alguien entiende el cristal mucho mejor que nosotros. Nunca podremos desarrollar con éxito el arma sin la supervisión del investigador original —la profesora Izumi concordó.

Maki gruñó de exasperación y salió deprisa. Riko iba detrás de ella.

—Nishikino-san, ¿quiere que ejecute a alguien? Me encargaré de que la baja sea vista como una más del incidente.

—No será necesario Riko. —dijo Maki con exasperación.

Iban de regreso al módulo de comunicación, cuando Maki se dio cuenta de que Kasumi Nakasu las seguía.

—¿Y tú que demonios quieres? —le gritó a la analista.

—Me queda claro que Hanayo Koizumi está detrás de la investigación. Estos números son de ella, ella es la única que escribe ecuaciones así. No me lo puedes negar.

Maki, sorprendida por el atrevimiento, volteó y le dio un fuerte empujón a Kasumi. La analista, conocida por tener un carácter similar, no se quedó de brazos cruzados e intentó responder con violencia, sólo para ser interceptada por Riko.

—Riko, ya basta. —Riko soltó a la ingeniera, Maki le volvió a hablar— ¿Y qué importa si es cierto?

—Que la necesitamos aquí con nosotros.

Maki tembló de ira.

—Pana está ocupada en otra parte, Kasumi. Te sugiero que te dediques a ver cómo fue que te equivocaste, en lugar de estar pensando en opciones de empleo para Hanayo Koizumi, a ver si a la próxima haces algo bien. Pana tiene razón, ¿qué harás ahora que no tienes a quién convencer de que escriba el código por ti?

Kasumi retrocedió como si hubiera sido empujada por las palabras. Corrió a reunirse con los otros investigadores.

Riko ya la esperaba en el mirador del transportador.

—Esto no va a tardar en saberse por todas partes, Nishikino-san. ¿Hacemos control de daños?

—¿Podemos hacer que parezca un ataque?

—Ya parece un ataque. Uno como no se ha visto desde el fin de la guerra.

Maki lo pensó con cuidado. Podía echarle la culpa al reactor viejo o a los locales y contener a los sobrevivientes en capos de detención. Así podrían silenciarlos mientras parecía que estaban siendo protegidos de la radiación.

—Entonces déjalo así, Riko. Pero saca al equipo de aquí. Encárgate de todo. Yo tengo que ir a Numazu a encargarme de corregir las cosas del lado de Pana.

Fin del capítulo


Y bien… ¿Qué les ha parecido este capítulo? Por si alguien no ha jugado la historia del juego del All Stars, el verdadero nombre de Setsuna Yuki es Nana Nakagawa. Y de hecho, todas las integrantes originales del club de idols en el All Stars están de cierta forma relacionadas con la CEPI (con la excepción de Kasumi, a la que no le encontré forma de integrarla). Para esta parte de la historia, decidí integrar a Setsuna con su nombre real porque tengo planes para ella, no precisamente para un futuro cercano, pero, aún así, su aparición será bastante secundaria, al igual que la de todas las de PDP. Por otro lado, Riko me había dado bastante igual en toda la historia, pero curiosamente, hoy que estaba escribiendo le agarré un poco el modo, y me cayó bastante bien, tanto en sus interacciones con Nico como con sus interacciones con Maki. A pesar de todo, creo que lo que más disfrute de este capítulo fue la parte de Umi. Umi es una diosa, la sentí demasiado poderosa, en este capítulo. Pasando a las preguntas, ¿qué pasará con Nico ahora que hará otra entrega para Maki? ¿Qué pasará con Hanayo y su familia ahora que este "accidente" ha destruido una ciudad entera? ¿Umi logrará ganarle la estación a Maki? ¿Nico logrará obtener su grupo de idols? Descúbranlo, la semana que entra (ay, me sentí como anuncio chafa de telenovela)

Pasando a la sección que nada tiene que ver con la historia, les cuento que a pesar de que ya estoy "de vacaciones", he conseguido trabajo como maestra de mi hermano. De hecho, sus clases en línea están bastante pesaditas, entonces yo debería de estar dormida para poderle ayudar mañana, así que por hoy no ampliaré mucho esta parte.

Y ya terminando con este capítulo, como siempre les agradezco por haber llegado hasta aquí. Como siempre, gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo y nos leemos la semana que entra. Yo soy Aramaru, los quiero a todos y todas, cuídense mucho y ¡Oyasuminassan!