Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.
Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.
Hola a todos y todas las personitas que lean esto.
Por primera vez en bastante tiempo, tengo un capítulo adelantado, y le podré dar una revisión como Dios manda. Apenas lo terminé de escribir ayer, pero a final de cuentas es un avance. En el capítulo de hoy; continuaremos con las aventuras de Nico, Rin y Ai en las lejanas tierras del norte, mientras Hanayo sigue atorada en las mentiras de Maki y la investigación; creo que también toca un poco de interacción entre Rin y Hanayo de nuevo, ya habían pasado uno o dos capítulos, aunque realmente, éste no es un capítulo muy feliz; de hecho, creo que es uno de los más tristes de la historia, tal vez incluso el más triste de esta parte dos. No muere nadie, ni siquiera hay una discusión real, pero es el punto máximo de la manipulación de Maki hacia Hanayo… Así que, para no arruinar la experiencia de la lectura, dejaré que lo descubran por ustedes mismos. Por favor, hónrenme leyendo este capítulo y espero que lo disfruten. Sin más, nos vemos en la parte de abajo.
Catálisis
Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.
Parte 2: En busca de la paz
21
Verdad profunda
La investigación en Wakkanai había concluido.
A Rin y a Ai les había tomado casi doce semanas descubrir la veta. Estaba trescientos metros por debajo de la superficie, en un pasaje estrecho. Bajaron a un pozo con ayuda de arneses, y de ahí se arrastraron de rodillas hasta un corredor inclinado hacia abajo. Sus máscaras de respiración y las lámparas que llevaban en la frente proyectaban sombras extrañas en las ásperas paredes. Rin usaba una pequeña herramienta punzocortante para extraer fragmentos de la veta, pero al final, el kit de análisis de campo que Hanayo le había dado confirmó sus sospechas.
—No es una veta de cristales celestiales, es una veta de fluorita con algunas incrustaciones de cristal celestial, pero no es nada extraordinario nya—le dijo a Ai con decepción cuando volvieron a la superficie y el análisis estaba completo. —Son muy parecidas, pero la fluorita es más densa y resistente. Y Chikara sólo se manifiesta a través de los cristales celestiales.
Era decepcionante, pero no iban a decaer en ánimos. Usando como referencia algunos de los estudios arqueológicos, le pidieron a Nico que las llevara a áreas muy altas en los montes de Wakkanai. Algunas áreas se veían prometedoras, pero las grietas no se debían a fallas de deslizamiento lateral. Asimismo, la presencia de otras vetas de fluorita aseguraba que no encontraría muchos cristales celestiales; era raro que aparecieran al mismo tiempo.
Para entonces, el campo de investigación era su hogar y los miembros del equipo arqueológico tiraron la casa por la ventana con una fiesta de despedida. Le regalaron varios libros a Hanamaru y dejaron muy en claro que extrañarían mucho las creaciones culinarias de Nico.
Rin no les dijo nada a los arqueólogos acerca de los cristales celestiales falsos; no sabían que ese era el propósito de su expedición con Ai. Les enseñó mapas que indicaban sitios antiguos, posiblemente sin estudiar. Hanamaru no sabía que, a pesar de lo cercanos que se habían hecho todos, era poco probable que se volvieran a ver algún día.
Mientras Nico hacía las preparaciones en la espaciosa cabina del carguero, Rin por fin dijo lo que había estado pensando desde hace días.
—Casi desearía mentir sobre la falta de cristales celestiales, o al menos decirle a Maki que necesitamos más tiempo para explorar y evaluar nya.
Ai y Nico le lanzaron miradas inquisitivas desde sus asientos de aceleración
—Es nuestra obligación hacia Chikara proteger lugares como este de la explotación —continuó—, igual como lo hicieron los Iluminados con tantos otros lugares. Deberíamos asumir la responsabilidad ahora que no están nya.
—Desafortunadamente, no es nuestra decisión —dijo Ai, con una sonrisa triste e irónica al mismo tiempo.
Rin asintió con la cabeza e inhaló entrecortadamente, al borde de las lágrimas. Luego, le quitó importancia a su estado emocional con una carcajada.
—Honestamente, no me quiero ir nya.
—Entonces dile adiós a la bahía de Uchiura y a Tokio de una vez por todas —dijo Ai—. Convence a Hanayo de no renovar su contrato y regresen a lo que realmente aman hacer.
—Su único contrato es consigo misma —dijo Rin con una risa burlona—. Además, está haciendo un trabajo importante. Y aún si no fuera así, no creo que al Imperio le encante que nos vayamos, no después de haber invertido en hacerle un edificio a su gusto.
—¿Qué puede hacer el Imperio? ¿Demandarla?
—Nadie sabe de lo que son capaces nya—Miró hacia la lejana Wakkanai por última vez—. Deberían convertirla en Zona Protegida del Legado.
—No va a servir de nada —murmuró Nico, casi a su pesar—. El estatuto del Legado ya no protegerá nada.
—¿Desde cuándo? Estamos hablando de protecciones milenarias Nico-chi.
—No desde que llego el imperio —dijo, intentando jugar con Hanamaru para evitar verlas a los ojos.
—Se supone que los Estatutos del Legado son inviolables, incluso para Honoka.
Rin reflexionó un poco antes de contestar
—Sí, pero también lo eran los estatutos que protegían a la bahía de Uchiura nya…
Nico levantó a Hanamaru en brazos, y la llevó con ella a la cabina.
—Prepárense para saber exactamente de lo que es capaz del Imperio de Honoka —dijo Nico, mirándolas a los ojos antes de saltar a velocidad sub-sonido.
—Esto no pude ser Kinpoku —dijo Ai cuando Nico trajo de vuelta el carguero y alcanzaron a ver a una distancia considerable el lado oeste de la isla. Miró hacia Rin, que tenía a Hanamaru sobre las piernas. Ambas miraban aquel paisaje despojado de todo—. En general toda esta isla estaba cubierta de vegetación la última vez que estuve aquí; ahora parece un desierto.
—Te aseguro que es Kinpoku —dijo Nico—. El Imperio es muy rápido cuando algo le interesa.
El salto desde Wakkanai había sido tortuoso, pero Rin por fin estaba en las Extensiones Occidentales. Nico había mantenido la nave lejos de Kinpoku, pero los escáneres mostraban cientos de cargueros, buques y todo tipo de transportes de extracción obteniendo recursos que salían directamente de la superficie. Lejos de los cargueros, los láseres de un enorme crucero flotante estaban destruyendo una porción de territorio. El cielo y los océanos del lado oeste de Kinpoku estaban tan contaminados que habían adoptado un color marrón.
—Algunos conglomerados mineros asociados a la Alianza Corporativa tenían concesiones para extraer cantidades muy limitadas de mineral —dijo Nico—, pero ahora el Imperio está sacando todo lo que encuentra; tiene a antiguos empleados separatistas trabajando como empleados en toda la región.
—¿Empleados o esclavos? —preguntó Rin con una sonrisa triste.
—Hay una delgada línea entre ambos. Cortaron todas sus comunicaciones con Haruka Konoe y cerraron todas las salidas. Los empleados compran las raciones para subsistir en las tiendas imperiales, pero adquieren deudas y no se pueden ir. Se convierten en esclavos de sus propias deudas. Lo mismo que ven aquí está sucediendo en Asago, tal vez en más lugares. Deforestación, excavaciones a cielo abierto, extracción desenfrenada.
—¿Por qué? —preguntó Rin— Con tantos lugares por escoger…
—¿Cruceros flotantes más grandes? —sugirió Ai—, ¿mejores instalaciones militares?
Rin miró a Ai, y luego a Nico, que tenía esa mirada triste que la hacía parecer menos inocente que antes.
—¿Qué te hizo decidir traernos aquí, Nico-chan nya? ¿Acaso este lugar y Asago son dos de los lugares donde Maki te "usó"?
La expresión facial de la pequeña piloto era impasible, ni confirmaba ni negaba nada.
—No eres la única a la que le hubiera gustado quedarse más tiempo en Wakkanai —dijo—. Supongo que estoy intentando acostumbrarme al nuevo programa.
El rostro de Hanayo estaba inundado por la luz de las pantallas y holoproyecciones en el cuarto de computación. Todo tipo de información brillaba a su alrededor: cálculos, los resultados de experimentos recientes con difracción de electrones, vistas ampliadas de cristales celestiales, y textos extraídos de los archivos de los Iluminados.
Hanayo había hecho y firmado todos los juramentos de seguridad que Maki le había impuesto; por eso, hablar con alguien del proyecto soñado de la Sentaku, incluso con Rin, era un crimen que atentaba contra la seguridad de ambas. Pero todo sería en vano si no encontraba la manera de ampliar la investigación en la que llevaba todo un año, pero que la había fascinado la mitad de su vida. Aun si podía extraer más poder de los cristales celestiales, ¿podría el equipo de Maki contenerlo y usarlo? Más allá de su legado personal, ¿cómo podía quedarse de brazos cruzados sabiendo que la anarquía y la violencia podían condenar el proyecto aún antes de implementarlo? Había huido de la violencia durante la guerra, y aún en busca de la paz, la seguía el conflicto.
Su mente se llenó de pensamientos acerca de Rin y Hanamaru, la necesidad de proteger su futuro. ¿Cómo pudo permitir que se alejaran tanto de Uchiura? ¿Cómo pudo permitirlo Maki, que estaba consciente de la creciente insurgencia y las redadas aleatorias en zonas inocentes? Después del ataque en Numazu, las pesadillas la atacaron por meses, viendo la carnicería de los androides de la CEPI. ¿Cómo podría permitir que Rin y su pequeña volvieran a pasar por eso? ¿Lograría perdonarse a sí misma si les pasaba algo impensable? ¿Perdonaría a Maki?
Kochi, Senboku, Numazu y ahora Yabu, y tantos otros lugares que no conocía…
Tenía que lograr un cambio; era su obligación mejorar las circunstancias actuales.
Buscó el cristal celestial miniatura que llevaba consigo a todas partes. Era amarillo, pequeño, único como un copo de nieve. Cada cristal era tan único como un copo de nieve, o como un iris humano. Se calentó en su mano, pero por investigaciones anteriores, sabía que no percibiría un cambio de temperatura. También sabía que no serviría para calentar toallas, ni cualquier otro objeto inanimado. Respondía sólo a seres vivos, incluso plantas y hongos; esto hacía más irónico y misterioso el hecho de que los Iluminados los usaran como la fuente de sus proyectores celestiales.
Sostuvo el cristal contra la luz de las pantallas y se maravilló ante su mezcla de transparencia y opacidad. Los antiguos Iluminados se referían a esta cualidad como "el agua celestial".
El potencial en cuanto a energía era innegable; el inspector Kurosawa lo había demostrado desde los primeros experimentos pzicoeléctricos. Sin embargo, unas instalaciones de encendido o una planta de energía tendrían que ser más que un proyector celestial gigante, el cual, además de tener un cristal dentro, parecía tener una matriz de emisión, circuitos moduladores, plasma y un superconductor que canalizaba la energía de vuelta al mango. Por definición, los proyectores celestiales no deberían de permitir que su energía pudiera atravesar acero de un metro de grosor, pero sí podían. Eso hacía más creíble la idea de que la misma Chikara misma aumentaba su poder.
¿Para actuar a través del cristal celestial?
Si la respuesta estaba en algún lugar de los archivos del antiguo templo, alguien tendría que descubrirlo, y tal vez nunca podría; gran parte de los secretos de fabricación de proyectores celestiales había sido transmitida por medio de la tradición oral. Quizá las respuestas estaban en un antiguo texto sagrado de los Iluminados, pero ni siquiera ella tenía permiso de ver eso.
Seguramente habían cortado y tallado algunos de los cristales que llevaron a las instalaciones, quizá para eliminar oclusiones y así intensificar el rendimiento de su poder. Entonces, tal vez podrían tallar ejemplares más grandes, igual que como se hacía con las piedras preciosas para maximizar la refracción de la luz. Hasta entonces, ni los esfuerzos combinados de su equipo y el del inspector Kurosawa habían logrado inyectarle energía al cristal sin debilitar su estructura, casi de la misma forma en la que la radiación afectaba a las células vivas. Un problema más urgente era el de cómo controlar el impulso innato que tenían los cristales de difractar errática y peligrosamente la energía.
Se quedó mirando su pequeño cristal.
¿Acaso tenía algún tipo de resistencia hacia ella? ¿Qué sacrificios tendría que hacer para descubrir sus secretos?
Sus pensamientos se volvieron a desviar hacia Rin. ¿Cuánto tiempo sobreviviría Hanayo vivir en la mentira con tal de lograr el bien común? ¿Estaba cegándola su fascinación por la investigación y por la ciencia? ¿Los cristales estaba aprisionándola de alguna forma?
Sólidos, inmutables, inescrutables… Tal vez las supersticiones eran ciertas y sólo se podían develar los secretos del cristal celestial si se miraba en cierta dirección al amanecer, o si se observaba la neblina en ciertas prefecturas remotas. Tal vez tenía que extraerlo ella misma de su cueva… Una vez, un comentarista Iluminado llamó al cristal celestial una piedra somnolienta que necesita despertar para cumplir su propósito, pero ese mismo comentarista advirtió que era fácil insultar al cristal, y que los Iluminados debían tener mucho cuidado.
Hanayo sabía que nunca podría interactuar con el cristal como los Iluminados, por medio de Chikara, pero, como le había dicho a Rin, ella tenía la ciencia de su lado, junto con máquinas poderosas que podrían encargarse del cristal átomo por átomo, y forzarlo a actuar según sus órdenes.
Al principio de su relación, cuando Rin hacía trabajos de exploración independientes, ella y Hanayo pasaban meses sin verse cada vez que se separaban. Cada vez que se reunían después de esas ausencias, se sentían algo incómodas; les tomaba uno o dos días volver a encontrase como pareja de nuevo. Era algo que habían aprendido a aceptar y ninguna de las dos le daba mucha importancia. A partir de que Rin había decidido pausar su carrera y apoyar a Hanayo para llegar a formar una familia, ya ninguna de las dos se había tenido que preocupar por esas separaciones, ya no existían las ausencias en su relación.
La captura y separación obligatoria de Hanayo en Kochi había sido completamente diferente.
Rin no sabía que esperar después de estar lejos de Kayo casi cuatro meses con Hanamaru, Ai y Nico, sobre todo después de lo que había visto en Asago y en Kinpoku. La devastación desmesurada que había presenciado afectó su postura sobre lo que decía la Sentaku y lo que realmente sucedía lejos de Tokio. Había estado tentada a contarle inmediatamente a Hanayo lo que había descubierto, pero decidió esperar un poco, hasta que las tres se sintieran cercanas de nuevo para compartir sus preocupaciones; así, al menos la información no saldría en cascada.
Casi en cuanto aterrizó en Uchiura sintió que algo no estaba bien. El abismo de siempre amenazaba con aparecer, pero el hecho de que Hanamaru estuviera ahí lo hacía más profundo; no sólo era entre ella y Hanayo, sino también entre la pequeña y su madre. Hanayo parecía preocupada y Rin quería pensar que era por las exigencias de la investigación, pero, mientras más observaba su comportamiento, más le parecía que había motivos para inquietarse. Nunca antes había pensado que si Hanayo no quería hablar de la investigación era porque fuera demasiado difícil para ella; al contrario, no le paraba la boca y no le molestaba usar térmicos técnicos, aunque sabía que Rin no entendería ni la mitad. Luego, se lo explicaba con palabras más y más simples, hasta que empezaba a tener sentido. Esto también era parte de su dinámica y la razón por la que Kayo le confiaba sus notas personales para que ella las transcribiera.
Ahora, de repente, Hanayo no podía explicar lo que hacía. Podría haber decidido pasarlo por alto porque ella tenía notas de campo propias que compilar para Maki, y más bien, porque no necesitaba saber todo a profundidad. Pero Hanayo la había alentado a quedarse en el departamento en Tokio en lugar de en las instalaciones. Ella iría de ida y vuelta todos los fines de semana, le dijo. Así, Hanamaru podría ir a una escuela primaria real en lugar de tener un tutor en casa.
Ella no se había negado a quedarse en el departamento, y cuando regresó a las instalaciones después de varias semanas sólo encontró que el ambiente había cambiado mucho; tenían una vibra diferente, casi militar. Había soldados imperiales y los científicos reaccionaban con normalidad al secretismo inminente. Hanayo le explicó vagamente que hubo una infracción al sistema mientras ella no estaba, y que habían reforzado la seguridad. Las nuevas medidas dictaban que sólo el personal autorizado podía acceder a algunas áreas comunes del complejo. Sólo Hanayo tenía acceso a todo el edificio. Información que antes enviaban al consejo de supervisión por la Holored, ahora se enviaba por un servidor de red de área local del Imperio.
El secreto era ubicuo.
Pero ella no podía reprimir sus preocupaciones.
Hanayo, su Kayo, estaba manteniendo su distancia, y quería saber por qué.
—¿Te arrepientes de haberme animado a aceptar la tarea de Maki nya? —le preguntó, mientras limpiaban la mesa un sábado por la tarde después de comer, y Hanamaru miraba un holovideo. Había insertado la pregunta donde su esposa no lo esperaba, así que a Hanayo le tomó un momento formular la respuesta.
—Sólo porque tenía que preocuparme por ustedes —contestó.
—Lamento que tuvieras que preocuparte. Te extrañamos muchísimo, Kayo-chin nya.
Ella esperaba que dijera lo mismo, pero en lugar de eso preguntó.
—¿Por qué? ¿Tú te arrepientes de haber ido? Suena como que Zuramaru la pasó increíble.
—Me alegra que hayamos ido, pero siento que tú y yo no hemos reconectado. —Examinó su rostro antes de añadir —: Pareces estar extremadamente lejos. Todavía te extraño nya.
—No es porque hayas estado lejos —dijo con más energía de lo necesario—. Es el trabajo; he estado bajo una presión tremenda.
Ella trató de tomarle la mano, pero Hanayo la alejó para tomar unos platos que faltaban por recoger.
—Eso es lo que no entiendo —dijo ella—. ¿Por qué de repente está bajo tanta presión? No era así cuando me fui nya. ¿Es por el intento de espionaje?
Se dio cuenta muy tarde de que le había regalado un pretexto.
—Sí. No. Sí y no. El consejo espera resultados. Tienen problemas financieros. Si no logro algo pronto, van a comenzar los despidos, y comenzarán por la gente de Uchiura. Gente como Kurosawa-san. Tú sabes que ese hombre y todos los locales de la bahía tienen familias que mantener. Míralo a él por ejemplo: Aiko, su esposa, Dia y su hija más pequeña.
—Pero tu equipo y el de Kurosawa-san estaban progresando —dijo ella, intentando esconder el tono de insistencia—. ¿Qué cambió eso nya?
Pretendió estar revisando a Hanamaru para ganar tiempo.
—La investigación llegó a una nueva fase y estoy luchando con los datos —dijo al fin.
—¿Te distrae tanto que estemos aquí?
—Tú sabes que no.
Sus respuestas ensayadas comenzaban a exasperarla; ya no lo podía esconder del todo.
—Por favor Kayo-chin nya. ¿Están exigiendo demasiado? ¿Es eso?
Esta vez notó una mirada molesta en su esposa
—¿Quién te metió esa idea en la cabeza? —la miró fijamente.
Rin respiró hondo, decidida a volver a empezar. Pelear era lo último que deseaba. Un cálido abrazo y un beso sincero podrían hacer que todo desapareciera.
—¿Podemos retroceder un poco? Me preguntaste si lamentaba el viaje. De nuevo, no lo lamento. Pero sí pasó algo que he querido contarte desde hace semanas. —Continuó con determinación—. Después de Wakkanai, Nico nos llevó a Ai-chan y a mí a las Extensiones Occidentales, a un par de poblados que el Imperio está explotando sin piedad. La extracción desenfrenada los ha devastado en su totalidad nya.
Hanayo escuchó con cuidado, casi sorprendida; luego, forzó una mirada de indiferencia.
—Entiendo como eso puede ofender tu sentido de la justicia ambiental, pero el antiguo Imperio es culpable de lo mismo. Donde hay expansión se necesitan recursos. El Imperio de la Sentaku puede estar explotando algunos poblados, pero sólo para salvar muchos, muchos más. —Casi frunció el ceño—. Eres la última persona que necesita recordar la inmensidad de todo lo que hay allá afuera.
—Pero estos no son sólo poblados comunes. Son Zonas Protegidas del Legado, tienen estatutos de protección otorgados hace generaciones. Igual que aquí. La bahía de Uchiura, de repente, absorbido por algo más nya.
—También por el bien común —dijo Hanayo.
—Así te lo vende Maki —dijo ella sin poder reprimir un bufido de desagrado.
Hanayo la miró un largo rato, a través de los anteojos empañados. Después preguntó:
—¿Cuáles poblados?
—Asago. Kinpoku —le dijo animada. Podía oírla casi tomando nota.
—¿Qué tiene que ver esto con nosotras?
—Si el Imperio está saqueando lugares remotos en secreto, ¿cómo sabemos que no te están mintiendo sobre el propósito de tu investigación nya?
—No me están mintiendo.
—¿Por qué confías tanto en ellos? ¿O tienes pruebas? Más allá de la palabra de tu queridísima Maki-chan.
Hanayo se le acercó unos pasos, luego volteó:
—He visto pruebas.
—¿Cuándo nya? —Rin no esperaba eso.
—Cuando no estabas. Le planteé las mismas dudas a Maki-chan; tuvimos una larga plática. Aceptó mostrarme en persona que mi investigación está siendo replicada y puesta en práctica. Así que fuimos a Yabu.
Ella pasó de sorprendida a atónita, casi molesta.
—Tú y esa mujer fueron a Yabu mientras Hanamaru y yo estábamos en Wakkanai nya.
—Sólo fueron unos días.
—No me importa si fueron incluso un par de minutos, Kayo. ¿Apenas te pareció importante contarme esto nya? —Hizo una pausa para ordenar sus pensamientos y controlar su enojo. Luego dijo —: ¿Para eso me pidió Maki que supervisara la misión? ¿Sólo para llegar como hierba venenosa a ti en mi ausencia?
—Deja de acusarla de manipular todo —gritó levemente Hanayo, aunque después se calmó—. Es mi mejor amiga, nunca intentaría hacernos daño. Yo la busqué para hablar de mis… nuestras dudas. Exigí respuestas; ella dijo que podría verlo yo misma, así que le tomé la palabra.
—Y volaron a Yabu nya.
Hanayo quería apartar la mirada, pero Rin la siguió. Notó su arrepentimiento.
—Debí contarte antes.
Ella lo consideró.
—¿Dijo Maki algo de Kasumi Nakasu nya?
—¿Por qué Maki debería de mencionar a Kasumi Nakasu?
—Porque Tomori dijo que Kasumi-san había estado investigando en Yabu y que no había podido contactarla. ¿Sigue ahí?
—No —contestó Hanayo de inmediato, y se quedó callada un momento, caminando de un lado a otro y negando con la cabeza—. Las instalaciones donde se replicó mi investigación fueron destruidas antes de poder suministrarle energía a la capital.
A Rin se le salió de lugar la mandíbula por la impresión.
—¿Destruidas por quién nya? ¿Separatistas?
—Maki-chan prefiere llamarlos anarquistas. Ella nos quiere. Rompió su juramento de seguridad para decirme.
—¿Entonces Kasumi podría estar muerta nya?
—Puede estarlo. —Hanayo volvió a negar con la cabeza—. No debería estar hablando de esto.
Rin se sentía dividida. Aunque tal vez le debía una disculpa, necesitaba saber más.
—¿Me ocultaste esto porque no tengo autorización para saber nya?
—Hice un juramento —insistió ella.
—¿Entonces hay más cosas que no pues decirme nya?
—Sí. Lo siento, Rin-chan.
Rin se presionó la frente.
—No me importa el juramento —dijo Hanayo—. Pero, por la destrucción, he tenido que esforzarme el doble para encontrar la manera, cualquier manera… —la miró. Rin sintió su vergüenza aun detrás de los anteojos—. Quería decirte.
Ella lo intentó, pero no logró armar el rompecabezas; se sentía perdida.
—¿Cómo llegamos al punto de escondernos cosas, Kayo-chin nya? —preguntó, con los ojos rojos, conteniendo las lágrimas.
—Esta es una época crítica —dijo, acercándose a ella, igual con los ojos llorosos—. Tenemos que confiar en que el Imperio busca lo mejor para nuestro mundo en general. Hay fuerzas tratando de sembrar el caos y de mantenernos en un conflicto perpetuo. La Sentaku está decidida a encontrar la manera de detenerlo. Quiere unirnos a todos y prevenir otra guerra de todo el país.
Rin puso atención a cada palabra.
—No estoy acostumbrada a que Kayo-chin hable así —dijo, aunque no soltó su abrazo—. Suena a que te convirtieron nya.
—La única forma de avanzar es otorgando poder.
No la convencía del todo, pero le quedaba claro que Kayo se había convencido a sí misma.
Fin del capítulo.
Y bien… Este es uno de los finales de capítulo más amargos. Siento que es en este punto de la historia en el que se da el punto de inflexión de Hanayo. Está completamente convencida de que está haciendo lo correcto. Incluso fue capaz de dejar a su familia a varios kilómetros de distancia de ella, no sólo físicamente, con tal de lograr el avance que le ha pedido Maki. Que, por cierto, en este capítulo Maki brilló por su ausencia. Aunque ya regresará para completar sus fechorías el capítulo que entra. Por otro lado, creo que este es mi capítulo favorito para Nico; también es punto de inflexión, a partir de aquí, comenzará a cambiar para bien, aunque esa ya es historia para el próximo capítulo… Ahora, ¿qué tal les pareció a ustedes este capítulo?
¿Logrará Hanayo contener toda la energía del cristal para que Maki haga su arma? ¿Logrará Rin hacer que Hanayo se dé cuenta de la mentira que está viviendo? ¿Logrará Nico corregir todos sus errores? ¿Logrará Umi… Por cierto, ya tocará ver varios de mis momentos favoritos de Umi en esta historia a partir del capítulo que entra. Va a empezar a demostrar porque es tan temida dentro del Imperio.
Por otro lado, además de los momentos amargos entre Rin y Hanayo, también me pareció un poco triste la situación de Nico. A final cuentas, cuando ayudó a destruir esos lugares, todavía era una contrabandista más, y ahora, puede mirar hacia atrás y ver todo lo que ha ayudado a causar, ¿cómo irá esto a cambiar a Nico? Por cierto, Nico va a contactar a un personaje que había sido muy importante en los primeros capítulos, ¿creen que puedan adivinar a quién?
Como siempre, si este capítulo les ha gustado me honraría poder leer sus opiniones en alguna review. Y, sin más por el momento, creo que esta vez omitiré la sección de la historia que nada tiene que ver con la historia, porque la verdad es que esto de variar mi tiempo entre escribir y trabajar para mi madre hace que mi vida no tenga mucho que estar contando…
Creo que ya vamos llegando al fin de este capítulo, así que, agradezco a todas las personitas que hayan leído hasta esta parte. Yo soy Aramaru, los quiero a todos y todas, y ahora sí ha llegado el momento de decirles… ¡Oyasuminassan!
