Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.
Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.
Buenas noches a todos y todas las personitas que lean esto.
Les diré algo curioso; siento que pasó una eternidad desde el último capítulo, ¿será que la semana se me va muy lenta o que simplemente me estoy volviendo loca por la misma rutina repetitiva? Y eso me lleva a otra cosa, mi rutina no se debe a las circunstancias, nunca he sido una persona muy adepta a estar afuera; sin embargo, ahora que el ciclo escolar de mi hermano ha terminado, no tengo ningún respiro, ningún desahogo, todo parecer ser… igual… Aunque creo que este es choro de la parte de abajo entonces dejaré de estar molestándolos y regresaré a la historia que es lo que vienen a leer.
En este capítulo, creo que nos alejaremos un poco de Rin para que las cosas se calmen un poco después del capítulo pasado. Sin embargo, creo que, y ahora sí lo digo en serio, estamos en el momento cumbre de Maki. Creo que es precisamente este capítulo y el que le sigue sus momentos de mayor éxito en toda la historia. Ya les tocará leerlo por ustedes mismos.
Por otro lado, estuve toda la historia enalteciendo la imagen de Umi como si fuera una diosa en la tierra, la comandante más peligrosa del Imperio. Creo que ha llegado el momento de que se los demuestre a ustedes lectores. Intenten adivinar quién será su oponente final, ¿les parece?
Respecto a la acomplejada de Kayo, en la historia me parece como si fuese una parábola positiva; comienza arriba, hay un punto de inflexión en el vértice y vuelve a subir (perdón por las asociaciones tan raras de matemáticas; son mi debilidad). En este momento, quisiera que ustedes me dijeran donde se encuentra.
Y, ahora que lo veo, este es el tercer o cuarto capítulo al que le cambio el nombre sobre el original, se imaginarán por qué. No quisiera decir que éste es el clímax de la historia, pero se presenta un fenómeno al que no puedo nombrar de una mejor manera.
Con esta introducción que ha sido más larga que de costumbre, por favor, lean, y espero que disfruten leer este capítulo tanto como yo disfruté escribirlo.
Catálisis
Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.
Parte 2: En busca de la paz
22
Catálisis
La cantina de Shirome tenía un pequeño cuarto trasero reservado para fiestas privadas y para guardar sustancias ilegales cuando había redadas de las autoridades. En tiempos de antaño, la policía local de Toyama les advertía de las fechas de las redadas a los dueños, pero, desde que habían puesto a los soldados imperiales cerca, eso ya no era posible. Alrededor de la mesa principal estaban sentados Nico y más de una decena de pícaros, contrabandistas y canallas. A algunos como sus hermanitas, a Molo y a sus antiguos compañeros, los conocía desde antes de la guerra. Otros, sobrevivientes de la guerra en lugares tan remotos como Okinawa habían venido a este sórdido bar a poner su cuartel no oficial.
El holoproyector del cuarto trasero tenía más de diez años, y normalmente se utilizaba para pasar videos de entretenimiento, pero Nico lo estaba usando para mostrar un mapa de la zona este de la prefectura de Oita, una región en el límite de los territorios del Imperio y la Alianza Corporativa. Estaba a muy cerca de la prefectura de Fukouka y era el destino del momento para entregar armamento y material prohibido.
—Tres ciudades en la zona que sigue habitable —explicó Nico—. La pequeña ciudad de Usuki se encuentra en el único acceso a la prefectura por medio de la ruta sub-sonido de Kagawa, y pertenece a industrias Zaofu. Ahí está nuestra estación de destino. —La señaló en el holoproyector. —La capital, la gran ciudad de Oita tiene una estación de vigilancia a orillas del sistema, pero nuestros empleadores tienen agentes que trabajan allá y que nos van a pasar por el punto de revisión sin dificultades.
—¿Qué nos garantiza que así sea? —dijo aún desde las sombras una voz profunda. Era la colaboradora más reciente de Nico, a la cual había conocido en ese mismo cuarto un par de días antes.
Nico no tenía que voltear para reconocer la voz de Sumiye Kunikida, una mujer baja (aunque no tanto como Nico) pero imponente originaria de Shimane.
—Así ha sido siempre —contestó Nico.
—Y nos va a encantar saberlo, seguramente, cuando asalten nuestros cascos e incendien nuestras colas —Sumiye era una figura impopular para el Imperio; casi siempre tenía una opinión desfavorable a la política imperial, y había sido la responsable de varios movimientos de revueltas en su prefectura después de la instauración de la Sentaku—. Necesitamos un plan de contingencia.
Todas las miradas se posaron en Nico.
—Supongo que tienes razón… Por seguridad —dijo.
La chica que venía con ella, su acompañante Tsuki, negó con la cabeza. Había estado moviéndose como histérica en círculos alrededor de todos desde que la reunión había comenzado
—Tiene razón porque mientras todos ustedes han pasado toda su carrera evitando confrontaciones, ella ha volado directo a ellas. No estoy diciendo que tus habilidades no vayan a ser útiles, pero si nos vamos a embarcar en una misión en equipo, lo último que necesitamos es adversidad. Vamos a dejar que la experta se haga cargo.
Nico observó a Sumiye mientras seguía oculta detrás de todos. Su cabello era castaño y despeinado, aunque corto, y tenía un ligero mechón suelto que la hacía parecer audaz. No gritaba, pero la fuerza de su personalidad hacía que lo pareciera. Sólo asentía ante lo que acababa de decir su amiga, colaboradora o lo que fuera, que, en cambio, tenía unos ojos violetas oscuros, y un cabello café y opaco, que de ninguna manera podía lucir limpio.
—Muy bien, entonces, pensaremos en un plan de respaldo —dijo Nico, al fin.
—Eso me toca a mí —dijo Sumiye.
Nico miró alrededor para ver si había una objeción.
—Bueno, ahora que todo está solucionado.
Sumiye se dejó salir a la luz, y soltó una carcajada al techo, con las manos en la cintura.
—No está solucionado ni tantito, Nico-chan —dijo, haciendo círculos con la mano—. Está en el aire; sigue "precipitándose". —Se quedó callada un momento, luego dijo—: ¿Qué vamos a llevar?
—La mayoría de los cargueros irán abastecidos de municiones y misiles, aunque algunos de ustedes, los que tienen remolques, van a acarrear armamento pesado —Antes de que Sumiye pudiera volver a interrumpir, Nico agregó —. Sumiye y Tsuki van a dirigir ese grupo.
La carismática revolucionaria de Shimane le concedió una sonrisa sincera. Tsuki, apenas e hizo una mueca. Nunca sonreía.
Nico se sorprendió de saber que el proyecto de apropiación había reanudado operaciones tan pronto; esta vez lo había oído directamente de Maki, quien, Nico ahora estaba segura, había supervisado las misiones de Riko desde el principio. Maki no lo admitió ni antes ni después de la excursión con Rin Hoshizora, su hija y su amiga Ai, aunque Nico no le preguntó. Durante una incómoda sesión informativa en Tokio, Maki se había enfocado en Rin y en si había hablado con su esposa acerca de una investigación o no. Tenía los reportes que Rin había transmitido desde Wakkanai, pero le interesaba saber más sobre sus conversaciones en el campo de los arqueólogos y a bordo de la nave de Nico. Esto dejó atónica a la piloto, pero hizo lo que pudo para no revelar ningún detalle importante. Hasta donde sabía, los meses en Wakkanai habían sido parte del proceso de negarle a Rin un acceso de seguridad al proyecto de investigación imperial de Hanayo, una treta, por así decirlo.
Nico no mencionó la desviación a Kinpoku y a Asago. Tomó precauciones para que no escanearan su carguero y había eliminado los rastros de viajes secundarios de la computadora de navegación. Pero quedaba la posibilidad de que identificaran la firma del carguero en uno que otro puerto aéreo, y tarde o temprano se sabría de sus omisiones. De cualquier manera, no había roto ninguna ley. Especialmente en el territorio de Asago, era común que los grupos ambientalistas se acercaran, por lo que Maki podría estar dispuesta a aceptar el interés de Rin y Ai por ir a averiguar lo que pasaba allí.
Nico esperaba que la reunión significara el anticipado fin de su relación, pero Maki se había acercado para informarle sobre sus planes en Oita. Con lo que Maki no contaba era con la presencia de Sumiye, a quien Nico había contactado hacía cuatro días invitándola a una cita urgente en la cantina de Shirome.
—Nuestro punto de inserción en la pequeña ciudad de Usuki está en algún punto de esta región —Circuló un área de la ciudad con el dedo—. Vamos a entrar con el azul del mar en la espalda y Usuki en el otro extremo. —Agrandó la imagen y señaló una zona en la parte iluminada—. El aterrizaje es aquí, en los cuarteles generales de Industrias Zaofu. Sus computadoras de navegación recibirán las coordenadas de salto cuando la carga esté completa y salgamos del sitio de despegue. Cuando hayamos pasado el cuello de botella, vamos a tener que mantenernos muy bien agrupados. Cápsulas de combate imperiales nos van a perseguir cuando nos vean, así que tenemos que coordinar los tiempos y ser muy precisos.
Maki estaba convencida de que esta misión era lo mejor que le podía pasar a Nico: "Gracias Nico-chan, por ayudar al Imperio a tomar algunos poblados con riqueza de recursos y por ayudarme a mí a espiar a Rin Hoshizora. Después de esta incursión, podrás retirarte, con toda la comodidad posible, de tus muchos años en servicio como mi mascota, mi idiota útil. Y siéntete libre de invitar a tus amigos y aliados; hay mucha ganancia involucrada".
Lo que Maki no sospechaba es que el viaje con Rin, Hanamaru y Ai la había cambiado; ya no era la misma contrabandista egoísta de antes, y no iba a dejar que una prefectura entera cayera por un par de miles de yenes. Otro factor con el que Maki no contaba es que, de todas sus amistades, la desesperada Nico recurrió a una de las más poderosas y antiguas, la cual la había puesto en contacto, casi por arte de magia, con Sumiye.
—Entonces, la misión es aterrizar con la carga, esperar a los imperiales, y luego hacernos a un lado mientras acusan a Zaofu de comprar armas robadas —dijo Tsuki; estaba molesta, y los otros amigos de Nico la miraban caminar como si estuviera enterrando un hoyo a su alrededor —Sumiye, ¿por esto estamos perdiendo el tiempo cuando en Shimane hay gente siendo esclavizada por los abusos imperiales?
Sumiye se quedó pensando.
—No, Tsuki-chan. Estamos aquí porque nuestra amiga, Nico-chan, necesita ayuda para esta misión, y le quiero hacer el favor—dijo, aún escuchándose en toda la sala, rodeada de contrabandistas. —¿Es todo, Nico-chan?
—Básicamente —dijo Nico.
Sumiye entornó los ojos azules y asintió de modo conspiratorio.
La zona de aterrizaje podría haber tenido escrita la palabra "traición" en medio.
Hanayo estaba sentada frente al servidor especializado de las instalaciones, el cual estaba vinculado con el eje de comunicaciones de Maki en algún lugar del país. Su dedo índice dudaba cerca de la tecla "TRANSMITIR", que sellaría su trato con la Sentaku y definiría su transición. Una cosa era desangrar cristales celestiales hasta sacarles todo su poder; ahora, también podrían hacerla responsable de las consecuencias.
Hizo la silla para atrás, se puso de pie, y se alejó de la consola.
De nuevo.
Como si el dilema moral no fuera suficiente, seguía sintiéndose mal por haberle escondido la verdadera naturaleza de su investigación a Rin. Había revelado sólo lo suficiente para que dejara de preguntar, pero no sabía mentir; no tenía práctica en ese arte. Incluso, algunos cercanos, como Rin y Maki, sabían descifrar cuando mentía con solo mirarle las manos. No le gustaban ese tipo de juegos, porque siempre había sido una pésima jugadora; ella tenía que decir lo que pensaba. Siempre intentaba simplificar sus pensamientos; mentir generaba complicaciones en vez de simplificaciones. Lo más cercano que podía hacer a mentir era tragarse sus pensamientos. Algunos podrían ofenderse, tenían ese derecho, pero nadie podía acusarla jamás de ser una mentirosa. Y ahora, había participado en una falsedad que podría amenazar su relación con la familia que intentaba mantener y proteger.
Pero había aceptado. Si presionaba esa tecla, a partir de ese momento, sería corrupta. Y si no lo hacía, sería mediocre.
Maldijo. Se ordenó a sí misma recobrar la razón, y llevó su silla de vuelta hacia la consola.
¿Cómo podía alguien trabajar a merced de conflictos morales y emocionales?
Una vez que el equipo de Maki lograra contener la producción de energía, su parte del proyecto estaría completa y podría hablar libremente con Rin. A pesar de todo lo que le había prometido a Maki, su deber principal siempre sería hacer feliz a su esposa y a Hanamaru, y darles el futuro pacífico que merecían. Todo lo que había hecho era para ellas.
Se lo había estado repitiendo como eslogan las últimas semanas, cada vez que la culpa la distraía de su trabajo y las implicaciones de su investigación se amontonaban como fantasmas hambrientos. De no haber sido por esos fantasmas, habría podido llegar antes a su descubrimiento. En vez de eso, pasaba la mitad de su tiempo preguntándose si había estado siguiendo ideas falsas o hipótesis incorrectas.
No había encontrado más que miles de maneras en que sus aproximaciones teóricas podían fallar.
Y entonces, un momento de descubrimiento puro. Una catálisis.
Por mucho tiempo había sospechado que los cristales más grandes tenían que facetarse con ciertos grados de inclinación, no sólo para eliminar oclusiones y vacuidades, sino también para minimizar la difracción resultante al introducirle energía con un láser. Con el facetado adecuado, la energía liberada por un cristal podría amplificarse en gran medida y, con ayuda de dispositivos contenedores, se podría colimar toda esa energía en un haz de increíble poder. Era la hipótesis, al menos. También sería posible incrementar el rendimiento de energía forzando los átomos a realinearse, lo cual obligaría al cristal a cambiar sus propiedades. Los comentaristas Iluminados de antaño hablaban a menudo de aspectos de Chikara que podían ser de luz o de oscuridad, de día o de noche. Realinear las redes cristalinas de acuerdo a un eje oscuro o nocturno permitiría controlar mejor la tendencia casi deliberada a difractar. La tecnología había hecho posible que los cristales la obedecieran. Que entregaran su asombroso potencial sin destruir todo a su alrededor.
Se podía extraer toda esa energía con un sifón, contenerla y ponerla en uso como energía enriquecida. Sin contención, la misma energía podía causar un acontecimiento catastrófico. Pero ahora, era capaz de moverla a libertad.
Ella y el inspector Kurosawa habían hecho estudios preliminares basados en sus cálculos. Por motivos de espacio y de seguridad, no pudieron construir un prototipo de contención en la bahía de Uchiura, así que la misión del equipo de Maki era, una vez que Hanayo transmitiera la información, ensamblar un dispositivo basado en sus esquemas, para ver si los resultados correspondían con las predicciones de Kayo.
El escrutinio del funcionamiento interno del cristal se había hecho parte de su conciencia en todo momento. ¿Era posible comparar las permutaciones en la red cristalina con los cambios emocionales que siente un ser pensante? ¿Serían capaces los seres pensantes de forzar materia inorgánica a palpitar de acuerdo a sus caprichos y antojos?
¿Existían las mentiras piadosas?
El Imperio de Honoka mentía a sus ciudadanos al ocultar información sobre los poblados que estaba despojando. ¿O estaban simplemente salvaguardando una verdad incómoda? ¿Acaso su mentira equivalía a lo primero, a sacrificar a unos para salvar incontables otros? Y, al final, ¿podrían unas instalaciones basadas en los cristales celestiales hacer realidad el sueño de la Sentaku de tener energía renovable, de una vez por todas? ¿Qué prefectura elegiría como ejemplo?
El único problema de todo esto era la información que había encontrado sobre la extracción de recursos en los poblados que Rin visitó al regresar de su viaje en Wakkanai. Al contrario de lo que Hanayo esperaba encontrar, no había nada ordinario acerca de los materiales que existían en Asago y en Kinpoku. Aunque a veces eran utilizados en proyectos de construcción; los minerales más abundantes en esos dos poblados se usaban principalmente para aislar el núcleo de inmensos reactores de hipermateria y para disipar el calor en el eje colimador de armas superláser, como las de los cruceros flotantes.
Hanayo sacó la preocupación de su mente y miró la tecla de "TRANSMITIR" en la consola.
Escuchó apenas los golpecitos en la puerta
—Adelante —dijo por lo bajo. Últimamente siempre hablaba por lo bajo.
—Doctora Koizumi, ¿puedo pasar por favor?
—Dia-chan, adelante, adelante—dijo, Hanayo, genuinamente alegre de encontrar una excusa para alejarse de la mortal tecla de la consola.
—Doctora Koizumi, disculpe; quiero saber por qué Hanamaru-san y Hoshizora-san ya no vienen a las instalaciones, por favor.
Hanayo se vio sorprendida por la pregunta, y se tardó demasiado en poder darle a la niña la respuesta.
—Rin-chan y yo decidimos que sería mejor mandar a Hanamaru a una primaria normal en Tokio— intentaba convencerse a sí misma.
—Pero hay una primaria en Uchiura, yo estudio ahí.
Hanayo forzó una sonrisa.
—No lo había pensado. Eres muy inteligente Dia-chan.
—¿Y por qué no la trae de regreso?
—Porque ya está estudiando allá. Tal vez el año que entra todo pueda volver a la normalidad —dijo sin que la niña entendiera todo lo que había detrás.
—¿A la normalidad?
—No me gusta la idea de tenerla tan lejos.
—A mí tampoco —dijo la niña —. Ella era como otra hermanita.
—¿Tienes otra hermanita? Pensé que eras hija única.
—Ruby siempre está en casa con mi madre y con la tía Aiko. Yo siempre estoy con mi padre porque soy la mayor.
—Ya veo, ¿entonces apenas y convives con ella?
—Sólo cuando está despierta a la hora en que mi padre y yo llegamos a casa. Aunque casi siempre es muy tarde para ella. Dentro de dos años podrá ir a la escuela conmigo y entonces la conoceré más. La extraño mucho.
Hanayo se dejó llevar por la plática de la niña.
—Yo también. Digo, a mi Zuramaru y a Rin-chan.
—¿Y por qué no las trae de regreso con nosotras?
—A veces pienso en oprimir esta tecla y dejar todo atrás. Una vez que la oprima, seré libre para irme con ellas. No me gustaría volver a separarme de mi niña nunca más —dijo en estado de ensoñación. A veces, se le olvidaba que Dia era una niña apenas cuatro años mayor que Hanamaru, la pequeña se esforzaba por sentirse como una adulta, y viendo su situación familiar, no le sorprendía.
—¿Y por qué no la ha oprimido todavía? —la niña se acercó e intentó oprimir una tecla en el teclado de Hanayo. —Ojalá hubiera algo así con mi padre. Para que nos pudiéramos ir a casa con Ruby, con mamá y con la tía Aiko.
Otro factor inesperado, ¿qué pasaría con el inspector una vez que su parte en el proyecto terminara? ¿Lo echarían, así como habían acabado con toda la bahía antes? ¿Era parte del bien común? ¿Otra mentira piadosa?
—Si lo aprieto perderé el control de todo en lo que tu padre y yo hemos estado trabajando el último año, podrían hacer cosas feas con nuestro trabajo—dijo Hanayo —¿Tú que elegirías Dia?
—Yo oprimiría el botón —dijo casi de inmediato.
—Lo mismo pensé yo, lo mismo dijo el inspector. Tal vez sea lo correcto.
Intentó detenerse a sí misma antes de oprimirlo de inmediato. Se sintió sucia, perversa; quería hacer cómplice de sus corrupciones a una niña de ocho años con el falso deseo de recuperar su familia. La había manipulado para convencerse de sí misma que hacía lo correcto. No era una mentira piadosa, era una porquería. Retrocedió, y se disculpó con la niña que pareció no entender nada. Dia quedó confundida, aunque aceptó la disculpa de la llorosa doctora. Después de limpiarse las lágrimas, le habló de nuevo.
—¿Quieres que te invite algo de comer? También llamamos a tu padre, el inspector necesita comer.
La pequeña asintió, y dejó que la doctora tomara su mano y la condujera fuera de la fría y oscura oficina. En cuanto salieron, el hermoso paisaje de Uchiura reemplazó la esterilidad de la oficina. Era una playa bella, a Hanayo le regresaron los pensamientos de Rin. Su enorme dilema.
¿Rin comprendería? ¿O la acusaría no sólo de haber abandonado toda prudencia y criterio científico para cumplir el reto, sino también de haberlas arrastrado a ella y a Hanamaru a sus disparates? ¿Cuál sería entonces su legado?
Rin no lo vería como una mentira piadosa, o como un factor externo, ni siquiera como un escape o una porquería. Lo vería como lo que era: traición.
El transbordador de Umi cruzó el cielo despejado de la pequeña ciudad de Usuki como ave rapaz. Siguió a su escuadra de soldados por la rampa y, al bajar, se encontró de frente con el director general de Industrias Zaofu, acompañado de cientos de elementos de seguridad acomodados en una formación tan apretada como se esperaría de un batallón imperial. Había también un par de docenas de androides de seguridad de la Alianza Corporativa, y la almirante comprendió de inmediato que era superada en número, pero la Tormenta, el crucero flotante de Umi, estaba un par de cientos de metros por encima de ellos; además, en el cuartel general del crucero había un grupo complementario de tripulación y soldados.
—Bienvenida a Usuki, Hogo Sonoda —dijo el director general de Zaofu, dando un paso al frente. Era un hombre más o menos de la edad de Umi, esbelto y lampiño; llevaba puesto un uniforme ajustado color púrpura, con el logo de la compañía—. ¿A qué debe Zaofu el honor de recibir a un emisario del Imperio?
Umi no estaba para andarse con rodeos. Quería terminar rápido y regresar a la región de Chugoku; había una presentación de Maki Nishikino a la que ella quería asistir.
—Puede considerarlo un honor, pero sospecho que cambiara de opinión muy pronto.
—¿Entonces vamos a obviar el protocolo oficial?
—¿Para qué perder tiempo? —dijo Umi—. Estamos buscando a un grupo de insurgentes que pasaron por su barrera y aparentemente recibieron asilo aquí.
—Sí, eso fue lo que dijo cuando su crucero flotante entró a nuestro espacio aéreo. Pero, de hecho, sólo permitimos el aterrizaje de su transbordador como mera cortesía. Antes del suyo, no habíamos recibido ningún vehículo en nuestra ciudad. No sabemos nada de este grupo de insurgentes que busca.
—Le sugiero ahorrarse las evasivas, así como yo me estoy ahorrando la cordialidad —dijo Umi con las manos en la espalda—. ¿Cree que vendríamos sin pruebas? Tenemos datos de rastreo. Sabemos exactamente cuándo y dónde entraron los insurgentes.
La cara del director se hizo más larga de lo que ya era.
—Sus datos deben ser incorrectos, Hogo Sonoda. —Señaló la pista de aterrizaje y edificios alrededor. —Como puede ver, las únicas cápsulas que hay aquí pertenecen a Industrias Zaofu. La invito a revisar los hangares si quiere, pero no va a hallar lo que busca. Además, espero que me crea cuando le digo que las ciudades autónomas de la prefectura de Oita nunca autorizarían la entrada de enemigos de la Sentaku Kousaka.
—¿Ni siquiera por las alianzas con la señorita Haruka Konoe?
—Claro, la alianza con la señorita Konoe es otra cosa. Hasta donde tengo entendido, la Alianza Corporativa conserva sus permisos como lo que es, un gremio de diferentes proveedores de materias primas.
—Al menos desde el fin de la guerra. No hay que olvidar que la señorita Kanata Konoe, hermana de Haruka, era parte del círculo más alto de la Confederación. —dijo Umi fríamente.
—Es cierto, pero la guerra es otra historia, Hogo Sonoda. Con el Imperio y la Confederación peleando por la supremacía, nuestro sistema de ciudades y distritos autónomos se convirtió en un santuario para todos los que quisieran mantenerse al margen de la lucha.
—Excepto en que Zaofu no tuvo problema en firmar el acuerdo de independencia de contingencia propuesto por los separatistas, además de distribuir armas a todo aquel que se las pidiera, como usureros buscando oportunidades por todas partes.
—Nosotros preferimos pensar que somos simples empresarios —dijo el director, inclinando la cabeza hacia un lado.
Umi generalmente sabía cómo sacarles sus secretos a las personas, pero podía ver que no llegaría a ninguna parte con el director de Zaofu. Ni siquiera porque tenían un crucero flotante encima.
—¿Puedo sugerirle otra teoría, Hogo Sonoda?
—Puede intentar.
—El Imperio está utilizando a estos supuestos insurgentes como pretexto para algún asunto secreto —dijo con una sonrisa calculadora.
Umi por poco le sonríe de manera similar. Parecían tener las mismas habilidades. Estaba a punto de responder cuando su asistente apareció con un comunicador en la mano.
—Urgente desde la Tormenta, Almirante.
Umi se alejó del director y encendió la transmisión.
—Almirante, los objetivos han sido identificados y localizados. Parece que, en lugar de aterrizar, dieron una vuelta a la ciudad y ahora se están adentrando a la ciudad de Saiki a toda velocidad.
Umi hizo una pausa para digerirlo.
—Continúen rastreándolos, pero no disparen. Regresaré al crucero inmediatamente. —Sin una palabra más, dio media vuelta y subió marchando por la rampa del transbordador, seguida por su ayudante y el contingente de soldados.
El transbordado extendió las alas y empezó a subir antes de que Umi se hubiera puesto bien el arnés. Era obvio que Industrias Zaofu había descifrado la trampa; tal vez por eso les habían negado el permiso de aterrizaje a los contrabandistas. Pero, entonces, ¿por qué los papanatas de Maki iban a Saiki en vez de salir de la prefectura. También era posible que hubieran matado a los contrabandistas y vendido sus cargueros. De un modo u otro, Umi no simpatizaba en absoluto con esos ladronzuelos. Sería tratados como insurgentes para perjudicar a Zaofu y a la Alianza Corporativa más fácilmente. Pero si el gobierno de la prefectura de Oita se había atrevido a vender las armas en lugar de entregarlas…
—Hogo, nuestros escáneres indican que cápsulas escoltas del punto de control de la ciudad capital se dirigen a Usuki —reportó el técnico de comunicaciones del transbordador—. Las cápsulas son rápidas y están fuertemente armadas
—Alerten a la Tormenta, que vaya a las estaciones de combate y que se reubique para protegernos mientras regresamos a bordo. Si alguna de las escoltas se nos acerca demasiado, el timonel tiene mi permiso para destruirlas.
Apenas terminó de hablar, el técnico siguió.
—La Tormenta está recibiendo una transmisión del Ayuntamiento Independiente de Saiki.
Umi se desabrochó el arnés y se acercó al tablero de comunicaciones.
—Haga que la Tormenta redirija la comunicación hacia aquí.
Tuvo que esperar sólo un instante para que una mujer un par de años más joven que ella, de cabello rojo cobrizo y ojos verdes, apareciera en la imagen.
—¿Con quién tengo el gusto? —preguntó la mujer con voz suave.
Umi se presentó.
—Hogo Sonoda. Habla Haruka Konoe, presidenta de la Alianza Corporativa. El gobierno local me informa que se le ha denegado el permiso de permanecer en la ciudad de Usuki; de hecho, la junta del lado este de la prefectura de Oita ha decidido que tiene que abandonar el sistema de inmediato. No intente mover su crucero hacia la capital.
—Konoe-san, es un gusto finalmente conocerla en persona. Nunca imaginé que sería en esta clase de circunstancias. —dijo Umi haciendo una reverencia como pudo. —Sin embargo, estamos persiguiendo a enemigos del Imperio, presidenta. Yo decidiré a dónde puedo ir y a dónde no.
—Tenemos a las cápsulas rebeldes en nuestros escáneres, Hogo Sonoda, y le pedimos que nos deje lidiar con ellas —dijo Haruka—. Después de todo, nos encontramos en un territorio que pertenece a Industrias Zaofu, asociado a la Alianza Corporativa. Y, a diferencia del Imperio, el protocolo judicial de la prefectura de Oita todavía funciona. Serán extraditados a usted cuando las circunstancias sean oportunas.
—Temo que eso no será suficiente, presidenta. Arréstenlos y ya veremos que hacer después.
Haruka se enderezó y cuando habló usó un tono menos suave.
—Usted está violentando la soberanía de ciudades de una prefectura autónoma. Salga de Oita o aténgase a las consecuencias.
Umi silenció la transmisión y volteó hacia el técnico del sistema de valoraciones.
—¿Dónde están nuestras presas?
—Aún se dirigen a Saiki, almirante.
—Informe a la Tormenta que espero un informe completo de las defensas de esta prefectura en cuanto llegue.
—Sí, almirante.
—¿Tenemos comunicaciones a larga distancia?
—Sí, almirante, aunque Zaofu está generando interferencia.
—Entonces contacte al grupo de inteligencia naval en Fukouka mientras aún se puede y pídale al almirante del sector que envía los refuerzos que pueda a Oita lo más pronto posible.
—¿Algo más, almirante?
Umi asintió.
—Pida a la Tormenta que se prepare para dar un salto a velocidad sub-sonido a Saiki en cuanto nos hayamos acoplado.
En Saiki, la presidenta de la Alianza Corporativa, Haruka Konoe, quien acababa de hablar con Umi Sonoda, le dio la bienvenida a Nico Yazawa y a su variado grupo de contrabandistas y mercenarios.
—Los imperiales se negaron a retirarse, Capitana Yazawa, justo como usted lo predijo. Exigen que la arreste a usted y a su pintoresco grupo y que los entreguemos a ellos.
—Esa sería la peor idea… —comenzó a decir Nico.
—Sí, lo sería Haruka —interrumpió Sumiye—, porque somos los aliados que Oita necesita ahora. Además, no ganas nada con arrestarnos, más que atrasar lo inevitable. El Imperio tiene a Industrias Zaofu y a los restos de lo que manejaba tu hermana en la mira.
—Estamos al tanto, Capitana Kunikida —dijo Haruka, mirándola con cuidado. —Tú fuiste la que me pidió que viniera personalmente, ¿no es así?
—Efectivamente.
—Me imagino que en tu prefectura se sufre ahora que pertenece a Imperio, ¿me equivoco?
—La opinión de Tsuki-chan es la que más vale para mí, y no ha visto una mejoría de cuando estuvo asociada a la Confederación.
—Tuvimos razones para que Zaofu no las hiciera estallar en cuanto entraron, aunque algunos miembros del gobierno querían que lo hiciéramos.
Nico lo aceptó.
—Si el Imperio no puede utilizarnos para demostrar que están albergando insurgentes, encontrarán otra manera de subyugarlos. —dijo Nico con solemnidad.
—¿Entonces por qué no simplemente nos invaden?
Sumiye forzó un suspiro.
—La Sentaku es una mujer muy inteligente con cara de ingenua. No quiere que parezca que sus militares están buscando un conflicto tan pronto después del anterior. Está esperando que usted y la Alianza les ayude a los ciudadanos de Oita. Como sea, esta prefectura está contra la pared. Esta campaña es una victoria segura para Honoka. Si la Alianza ayuda a Oita, será el fin de Haruka Konoe, pero si no los ayuda, generará desconfianza en el Sector Corporativo. Sea como sea, su Alianza se va a debilitar con esta campaña, y Honoka conseguirá de alguna forma u otra, los recursos de Oita. Jaque mate.
La presidenta asintió para mostrar que estaba de acuerdo.
—Ya corrimos la voz; estamos esperando que lleguen refuerzos desde el resto del sector.
Sumiye se le acercó.
—Kanata era una mujer con ideales. Lucha por esos ideales, Haruka. Si tienes la oportunidad de luchar, hazlo —dijo Sumiye—. Eso fue lo que hicimos en Shimane.
—¿Y ganaron ustedes? —preguntó Nico.
—Al final —dijo Sumiye—. Pero tuvimos que pagar un precio… Un precio terrible. Y todavía no logramos una victoria definitiva
Nico y Haruka intercambiaron miradas. Era la primera vez que Nico veía a Haruka en persona, aunque ya habían hablado antes. Sumiye la había contactado con ella poco después de que Maki seleccionó Oita como el próximo objetivo del Imperio.
Mucho antes de la guerra, la prefectura se había convertido en el cuartel general de corporaciones desagradables, evasores de impuestos, piratas y comerciantes de armas. Muchos de los habitantes del lado oeste se unieron al movimiento de Nozomi antes de la guerra, por lo que se había convertido en un lugar de incidentes y escaramuzas durante la era de paz, pero las confrontaciones sólo empeoraron durante la misma guerra. Tomando en cuenta la actitud del Imperio hacia prefecturas independientes como Wakayama, era de sorprenderse que la prefectura de Oita siguiera siendo autónoma durante tanto tiempo; si el Imperio decidiera absorberlo, ganaría no sólo a Industrias Zaofu, sino también un sistema lleno de conglomerados deplorables y reprobables, leales primero a sí mismos y después a la Alianza Corporativa. Además, Oita se convertiría en escenario de incursiones más profundas al Sector Corporativo para finalizar los ideales de independencia y comercio libre que representaba Haruka.
Nico había considerado rechazar la oferta de Maki, pero hacerlo la ponía en riesgo de sufrir una reubicación como la que había alejado del tablero a Riko, o habría tenido que regresar a Okinawa y pasar el resto de su vida mirando sobre su hombro. En lugar de eso, había optado por hacer como que le seguía el juego, cuando en realidad había estado informando a Haruka y a Sumiye de los planes del Imperio.
—Sigo sin entender su parte en esto —les dijo la presidenta, mirando sobre todo a Nico—. Usted misma lo dijo, incluso sin excusa alguna, el Imperio encontrará la forma de justificar sus acciones aquí. Entonces, ¿por qué no se va tan lejos como lo permita su propulsor? Digo, sé que la capitana Kunikida tiene fama de ser impulsiva, pero ¿usted?
Nico no estaba lista para confesar haber sido la idiota útil de Maki ni para hablar de efecto que habían tenido en ella Rin, Ai y Hanamaru. A partir de Wakkanai, había estado pensando en todo lo que la había llevado a un momento de la vida en que le daba cuentas a gente como Maki. Ahora, lo único que deseaba era una oportunidad para irse con sus hermanas y hacer las cosas bien.
—¿Qué clase de esperanza queda para personas autónomas como yo, si el Imperio está decidido a derrotar a todas las prefecturas independientes? —dijo. Mirando hacia Molo, Tsuki (que seguía caminando en círculos) y Sumiye, agregó—: Todos nosotros vamos a terminar como empleados, prisioneros imperiales o muertos.
—Esa es la actitud, Nico-chan. —Sumiye le dio una fuerte palmada en la espalda—. Pero eso no es todo. Para el Imperio no somos nada más que grumos de lodo en sus botas. Incluso el ataque a Oita no es más que un atraque de prueba en medio de un esfuerzo por subyugar a todo el país. Y es ahí donde nos toca actuar, aun si es sólo para ponerlos un poco nerviosos: debemos rebelarnos ante la injusticia.
Nico la escuchó. Tal como Rin Hoshizora, Sumiye Kunikida era un ejemplo notorio de lo que podría haber sido. Pero, ciertamente, los aliados y los amigos a menudo llegaban cuando menos lo esperaba.
—Estoy de acuerdo con la capitana Sumiye —dijo.
La presidenta Haruka les dio una mirada abatida.
—Una cosa si les digo: nuestra Alianza juró proteger nuestras materias primas para que no se conviertan en provisiones de guerra del Imperio. Preferimos ver nuestras ciudades reducidas a ceniza que engullidas por imperialistas.
—Esos escenarios no son mutuamente excluyentes, Haruka-chan —Sumiye la miró con tristeza.
—Nos defenderemos hasta que ya no podamos más —asintió Haruka.
—¿Aún si es una batalla que no puedes ganar? —preguntó Nico.
—Aun así.
—Otra opción sería darle al imperio lo que quiere.
—No es una opción —dijeron al unísono Haruka y Sumiye. A pesar de que se notaban asperezas entre ellas, estaban de acuerdo en muchas cosas. Pensó que se conocían de hace años, y a juzgar por la ocupación separatista en Shimane, tal vez no siempre como aliadas.
—¿Una ocupación es la alternativa, no es así? —preguntó Konoe ante la sorpresa del unísono. —Usted me dijo que ha visitado poblados que han elegido ese camino, Capitana Yazawa, ¿cómo es la vida por allá?
—Prefiero luchar —Nico sonrió con sincera solidaridad. Volvió a mirar a Sumiye, a Tsuki y a sus colegas contrabandistas—. Por eso estamos aquí.
Haruka sonrió solemnemente.
—Lo que no logremos defender, Nico-san, quedará en ruinas.
El crucero flotante que Maki había decomisado para el uso del Grupo de Armas Especiales salió de la velocidad sub-sonido lejos de cualquier carril o punto de salto conocido. Ninguna boya de navegación notó su llegada; no había paradas de Holored que les permitiera comunicarse fácilmente con Tokio u Okayama, o cualquier otra prefectura. Estaban a mitad de la nada, con sólo mar rodeándolos.
Justo en medio de una peligrosa extensión del océano profundo, dos islas se miraban a la lejanía. Eran enormes peñascos, pedazos de tierra elevados.
Desde el puente de mando del crucero flotante, la profesora Izumi, el profesor Kimuri, la profesora Tomori y diez miembros más del equipo observaban en silencio la danza del mar, con sus explosiones de olas y sus hermosos espirales chocando contra los peñascos. Gracias a sus planeaciones, se había ahorrado la molesta presencia de Umi en la prueba.
La regente Kotori Minami quería hacer la prueba con el arma experimental más cerca del Centro; es decir, más cerca de casa, pero Maki no quería arriesgarse a repetir lo que había pasado en Yabu. Incluso si el despliegue de láseres gemelos con sistema de asistencia por cristal celestial estaba perfectamente ensamblado y calibrado, un paso en falso y el crucero caería con ellos dentro.
—La Sentaku no desea esto —dijo Maki señalando los láseres a través del mirador—. Ustedes recuerdan a la antigua Emperatriz Honoka: resistió todos los intentos de la cámara de consejeros de crear un ejército, mucho menos querría hacerle la guerra a la confederación de Nozomi. Ahora, todo ha cambiado. Aquellos en los que confía para buscar consejo y apoyo han propuesto una revolución militar, así que nos toca a nosotros dirigir el ataque. —Maki se apartó del mirador—. Si miramos la historia de cualquier cultura humana con raciocinio, lo único que encontraremos es violencia y masacre. Y no sólo en Japón. La violencia está grabada en los techos de cuevas y grabados en las paredes de templos. Caven un hoyo lo suficientemente profundo en cualquier prefectura y encontrarán los huesos de adultos y niños, rotos con armas primitivas. Todos nosotros peleábamos desde mucho antes de criar ganado.
Maki levantó la mano antes de que surgiera cualquier objeción, y continuó.
—Todos ustedes están excesivamente bien educados; puede que empiecen a recitarme listas de culturas y sociedades donde eso no sucede. Mi respuesta a eso es que esas culturas y sociedades no tienen que preocuparnos. El resto sí. La violencia es parte de casi todos nosotros, no podemos resistir el impulso, sobre todo cuando se involucra un ejército de soldados imperiales o una flota de cruceros flotantes. Por eso nos hemos embarcado en un camino nuevo, hacia una solución distinta. Tenemos la oportunidad de forjar una paz que perdure más tiempo de lo que el viejo Imperio llegó a existir.
—Paz a través del miedo —dijo Tomori.
—Sí —dijo Maki, y ahí se detuvo.
Por derecho, la profesora Izumi era quien tenía que hacer la cuenta regresiva, pero la científica le cedió el privilegio a Maki, ya que al fin había logrado obtener la investigación de Hanayo Koizumi.
—Mientras Maki contaba hacia atrás, todos dejaron de mirar las islas para ver las pantallas de los monitores; las computadoras mostrarían lo que sus ojos y sensores ópticos no podían percibir. En un lugar lejano, otras computadoras y monitores medirían la energía liberada y compararían los resultados con los cálculos que Hanayo había mandado la semana pasada.
Cuando Maki llegó a cero, Izumi ordenó la ignición simultánea.
El modelo digital mostró los rayos gemelos colimados alejándose del crucero flotante. Luego, atrapados por la gravedad, los haces de luz se unieron en uno solo, cambiaron de vector y aceleraron más allá de la velocidad del sonido, para desaparecer al tocar la isla. Cuando miraron hacia el océano, ya sólo había una isla. Tan sólo el uno por ciento del poder del prototipo.
Maki se sintió dichosa, y no logró contener su grito de victoria. Estaba eufórica, pensando en lo mucho que Riko podría estar disfrutando imaginar todo ese poder concentrándose en un solo ser humano. Después, igual de eufórica, pensó en su inocente amiga, en Pana, en las ganas que tenía de mostrarle lo que juntas habían logrado, sin provocarle un infarto, o peor aún, provocar que huyera a exiliarse en uno de los confines más perdidos del país.
Su legado, o más bien, su contribución al arma más terrible jamás creada, era un hecho.
Fin del capítulo.
Y bien… Supongo que ahora queda claro porque el título de este capítulo es Catálisis. Este capítulo representa perfectamente el fenómeno que se ha venido desarrollando toda la historia. Estamos precisamente ante eso, ante la catálisis. Hanayo aceleró la reacción de Maki y viceversa, además, Maki aceleró la reacción de Nico, Nico aceleró la reacción de Sumiye y de Haruka, ellas dos están comenzando a acelerar la reacción de Umi, Umi acelerará la reacción de otras personas, y así entraran en un ciclo de catálisis que conducirá al desenlace de la historia. No es un clímax, mínimo no me gustaría verlo como tal. Es una catálisis que ha acelerado el clímax inevitable un par de capítulos más que hubieran quedado como relleno. Eso mismo fue lo que analicé ahora que leí el libro una vez más.
Por otro lado, el personaje de Sumiye oculta más de lo que aparenta; no quiero dar muchas pistas de ella porque prefiero plantearles una dinámica muy interesante. Resulta que revelaré un poco más de ella dentro de poco; si alguien logra o se acerca a descifrar el misterio que hay detrás de ella, le debo algo (no dinero, porfis, estoy quebrada), una historia ¿les parece? Solamente que por mi cuenta tengo planeado revelar ese misterio dentro de dos semanas, en el capítulo 24… No habrá mucho que decir en el capítulo 23, pero si quieren pueden esperarlo para recibir una pequeñísima pista.
Ahora, pasando a un par de cosas más, creo que algo que disfrute mucho de este capítulo fue a Umi; verla fuera de su "zona de confort" para meterla de lleno al campo de batalla en su arco final en la historia siempre es algo hermoso, además de que sus momentos en los que puedo escribirla haciéndola parecer una diosa siempre son de mis favoritos. Ahora que peleará contra Nico, ¿a quién le apostarán? ¿a la ágil contrabandista o a la despiadada almirante? Algo que también es muy curioso es como los miembros de su tripulación se refieren a ella como almirante y los demás se refieren a ella como Hogo.
Haruka fue un personaje que se salvó a la masacre que acabó con los separatistas, por lo que, de cierto modo (exceptuando a Nana que no es oficialmente separatista), ella es la primera separatista que conocemos después de que la guerra haya terminado. No sé si se dio a entender a partir de la narración, pero lo que quise mostrar es que Haruka no es ni de cerca tan hábil ni política ni militarmente a lo que eran por ejemplo Nozomi o Eli; es más, mi intención es plantearla menos hábil que las mismas Shizuku, Emma y Kanata. Siempre es divertido jugar con los personajes de las hermanas menores, como Yukiho (con la cual ya no se puede jugar porque en la historia ya se murió), Arisa (a la que le pasa lo mismo que Yukiho), Ruby (la cual, por cierto, ya existe en la historia), Leah (no mentiré, no se me ha ocurrido nada para ella ni para Sarah) y Haruka.
Creo que mientras Hanayo en la historia es una parábola, Nico es más bien como la función de una ecuación cúbica. Comienza bajo, poco a poco se va enderezando, y ahora que está comenzando su redención, se va a ir a la alza. Pero ya quiero dejar de lado todas las matemáticas que han abundado en este capítulo porque no quiero quedar mal con todas las personitas que me lean, entonces intentaré desviar el tema precisamente a Hanayo. ¡Ay! ¡Cómo me duele ver a Hanayo en este capítulo! Está a punto de tocar fondo, pero sigue bajando más y más. No me atreví a escribir el momento en el que se convence a sí misma de oprimir el botón. Por eso reemplacé con la narración de la parte de Dia (a la cual por cierto le he tomado ya bastante cariño). Lo que sí se sabe de forma segura, por la parte del final, es que Hanayo oprimió el botón, porque Maki tiene la información para hacer su arma.
¿Por qué no hablar de Maki? Después de todo es la mente maestra detrás de la catálisis. En el capítulo que entra hay un fragmento que me encanta acerca de cómo ha manipulado todo a su antojo, pero desde aquí adelanto que es en serio una delicia ver cómo condujo en una trampa triple a Hanayo, a Umi y a Nico, ¡al mismo tiempo! De la misma manera, ahora que ha logrado crear un arma, tiene a Kotori comiendo de su mano, ¿qué planes tendrá la pelirroja? Ya se imaginarán que como siempre Rin es su mayor fuerza de conflicto.
Y bueno, creo que ya me alargué más que de costumbre con esta parte del final, así que iré cortando todo este rollo. Como siempre muchas gracias por haber llegado hasta esta parte, y espero que en serio hayan disfrutado leyendo el capítulo tanto como yo disfruté escribirlo.
Buenas noches a todos, yo soy Aramaru, los quiero a todos y todas y, pues… ¡Oyasuminassan!
