Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.

Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.


¡Hola a todos y todas las personitas que lean esto!

Como siempre, el simple hecho de tenerlos en esta parte ya es un honor para mí, por lo que voy a ir directo al capítulo de la historia, que por cierto, es el primero de esta tercera y última parte, que abarcará del capítulo 24 al 30. En el capítulo pasado, Maki amenazó a Rin de una forma bien feíta, Umi se dio cuenta de que está atorada en una trampa de Maki, Haruka se escapó de la batalla junto con Tsuki, ¡ay! Y Maki obtuvo el ascenso que estaba esperando desde hace como veinte capítulos. En este capítulo, veremos que pasó con Hanayo todo este tiempo, creo que en el capítulo pasado no se le dio una linda conclusión a sus dudas personales después de poner a disposición de Maki toda su investigación. También veremos un poco de la relación de Umi y Kotori, que de hecho fue lo más divertido de escribir, y un poco de lo que pasó con Nico y Sumiye; por cierto, decidí hacer un ligero cambio y revelaré todos los misterios relacionados con la última en el capítulo 26, que de hecho ya está escrito, y lo publicaré según el calendario dentro de dos semanitas. Sin más por el momento, por favor lean, y espero que disfruten de este capítulo tanto como yo disfruté escribirlo. Nos leemos en la parte de abajo.


Catálisis

Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.


Parte 3: La verdad, al fin

24

Derivadas


Algunos locales, a los que les importaban sus patrimonios milenarios, habían hecho enormes esfuerzos por preservar algunas estructuras de la antigua bahía de Uchiura que habían construido y habitado las antiguas veinte generaciones. Por la prisa de reubicar a los antiguos locales que fueron desalojados y completar la construcción de las instalaciones de Brillo Eterno, la petición de crear un nuevo templo fue rechazada. No obstante, algunos de los caminos originales que habían construido los antiguos habitantes con años de tallado y orfebrería seguían ahí, serpenteando a través de parcelas de jardín, alrededor de áreas embellecidas, al lado de esculturas totémicas y montajes geométricos de madera y piedra. Para resaltar, quedaba un templo enorme que se había mantenido por generaciones. Hanayo casi nunca se atrevía a salir de las instalaciones para ir al antiguo pueblo, así que esos caminos eran nuevos par ella; los seguía sin realmente darse cuenta, como si sus pies y piernas simplemente la llevaran. Tampoco se daba cuenta del calor, de la ligera brisa que le revolvía el descuidado y maltratado cabello, de las filas de transito sobre ella, o del débil rugido del pueblo. Todos los que estuvieran alrededor, todos los empleados de Brillo Eterno, podrían haber estado observándola, pero no pensó en ello. Se movía como sonámbula; era una sonámbula.

Maki seguía celebrando que el rendimiento de los cristales celestiales alterados se había amplificado más allá de las expectativas de cualquier miembro de su equipo y acorde con los cálculos y predicciones de Hanayo. Sin embargo, cuando Hanayo pidió grabaciones de los resultados de la prueba junto con detalles sobre la construcción de los dispositivos contendores y los capacitadores de almacenaje, Maki dijo que todo eso seguía en proceso de aprobación de seguridad. Cuando Hanayo pidió información sobre las aplicaciones subsecuentes de energía, recibió la misma respuesta engañosa o por lo menos ambigua.

—No puedo darte toda esa información Pana-chan, por lo menos no aquí —le decía con una sonrisa que intentaba ser comprensiva—. Cuando vaya a verte te daré los resultados que quieres.

En una vuelta de ángulo recto, en uno de los caminos, había un mirador a la bahía, que ahora se veía cien años avanzada tecnológicamente en comparación a los dos años anteriores. Todo había cambiado; la playa, o mínimo casi la mitad de su terreno, se había convertido en la pista de aterrizaje de las instalaciones que regían la vida de Hanayo.

Contemplando la playa y el bosque exótico detrás de ella, Hanayo sentía como si estuviera confrontando una exteriorización de su conciencia y las preocupaciones dispersas que la atormentaban.

Maki era astuta, pero definitivamente debió haberlo pensado mejor antes de dejarla esperando, con su mente intranquila y con deseos voraces de información. Para distraerse, había acudido a la base de datos de las instalaciones, que albergaba enormes registros de información acerca del Proyecto Brillo Eterno, incluyendo detalles sobre el personal, requisitos, distribución de yenes e incluso los nombres de subcontratistas. Teniendo cuidado de ocultar sus huellas, Hanayo llegó hasta el eje de transporte, en un esfuerzo de dar seguimiento a las operaciones mineras que se estaban realizando en los poblados remotos de Kinpoku y Asago. Se desconcertó al saber que, mientras algunos envíos de minerales en bruto podían rastrear por completo, la mayor parte de minerales condensadores no parecían haber llegado a ninguna de las plantas procesadoras del programa, ni en ninguna de las prefecturas donde Maki había dicho que estaban alistando instalaciones de energía. En lugar de eso, era como si los minerales raros estuvieran desapareciendo a través de una especie de hoyo negro operativo, cerca de la prefectura de Okayama. Eso la hacía preguntarse si estaban maquillando los registros a propósito para ocultar anulación de costos y gastos burocráticos, o si estaba sucediendo algo más malvado.

Mientras se alejaba del mirador de la playa, pensó que quizá Rin había recorrido el mismo camino que ella; seguro lo había recorrido con Hanamaru. Pero, de hecho, cualquier cosa parecida a un camino entre ella y Hanayo había desaparecido igual que los minerales. Era como si hubieran tomado una ruta paralela la una a la otra, yendo al mismo camino, pero sin nunca llegar a tocarse. Desde su reciente regreso al departamento de Tokio, Rin se había vuelto tan distante como la había acusado de estar a ella a su regreso de Yabu. Se comportaba reservada; ya no le interesaba escuchar sobre la investigación, incluso cuando Hanayo intentaba involucrarla, incluso después de pasar largas semanas transcribiendo sus notas personales. Hanamaru estaba atrapada en medio de las dos, en un abismo que su joven mente no podía comprender.

Era seguro que Rin había visto a través de su mentira. ¿La habrá visto mover y cruzar los dedos? ¿Había diagnosticado por instinto la enfermedad que Kayo se había causado a sí misma, y había decidido mantenerse a sí misma y a su hija, a salvo del contagio?

Quizás, en algún lugar de aquel remoto santuario, habría un camino tallado que pudiera mostrarle cómo regresar al rumbo correcto.


—Industrias Zaofu y la ciudad de Usuki ahora pertenecen a la Sentaku —le dijo Umi con el ceño fruncido a la holopresencia de la Regente Kotori Minami—. Las milicias locales de Saiki y de la capital de Oita han logrado aguantar más de lo esperado, pero la corriente ha cambiado de curso durante las últimas dos semanas y esperamos alcanzar la victoria absoluta también ahí.

El retraso en la respuesta de Kotori no tuvo nada que ver con los muchos kilómetros que separaban Tokio de Oita. En su mente, la Regente le daba vueltas a las noticias.

—Tal vez deberías de concluir tus avances mientras sigas en la delantera, Umi-chan; esta incursión ya ha sido demasiado larga y costosa. Además, según entiendo, la mayoría de los empleados de Zaofu se organizaron para destruir precisamente todas las operaciones e industrias mineras por las que has estado luchando tanto. Ya no queda nada en Usuki, conquistaste un cascarón vacío. ¿Qué nos asegura que no harán lo mismo en Saiki y en la capital?

Umi no esperaba menos. Nada le gustaría más a la alzada peligris que verla retirarse.

—Algunos sí terminamos lo que empezamos, Kotori.

—Una cualidad admirable, eso es seguro Umi-chan, pero en este caso, no estoy convencida de que deberías haber tomado este camino en primer lugar —dijo con una sonrisa confiada que hizo que a la almirante le hirviera la sangre.

Umi se estabilizó para contestar. Abrió las piernas y plantó las botas firmemente en el suelo del puente de mando.

—¿Está todo en orden? —preguntó Kotori antes de que Umi pudiera pronunciar una palabra—. Tu transmisión se está interrumpiendo, como si estuvieran agitando tu proyector.

Umi logró mantener el equilibrio.

—El gobierno local de Saiki y de Oita ha estado empleando tácticas defensivas para atascar nuestras comunicaciones.

Kotori soltó una ligera carcajada.

—Mientras Umi-chan siga teniendo la ventaja…

De hecho, el mes que Umi llevaba en Oita había incluido algunas de las batallas más feroces desde el fin de la Guerra de las Prefecturas; también, habían causado más víctimas que algunas de sus campañas para erradicar a los separatistas más rebeldes que se atrincheraban en las Extensiones Occidentales o sus misiones con la Migite Takami.

Del otro lado de los miradores de la nave, el cielo de Usuki estaba tachonado de líneas de energía de baterías láser y explosiones cortas que se apagaban de inmediato. Las fragatas voladoras de Saiki estaban demasiado lejos para divisarlas a simple vista, pero los escáneres y proyectores del puente de mando del crucero flotante mostraban que había por lo menos cinco de esas fragatas voladoras enviando cápsulas de combate y láseres contra los otros escuadrones de cápsulas de combate imperiales, que habían sido desplegadas desde los dos cruceros flotantes que habían llegado desde Fukuoka para apoyar a la Tormenta.

Era cierto que Usuki estaba de rodillas, pero no estaban subyugados. Necesitarían luchar contra grupos de guerrilla por meses antes de que pudieran acuartelar una fuerza de soldados imperiales para ocupar el lugar. El martillo incesante de las naves capitales del Imperio había sido capaz de agotar los escudos defensivos de la ciudad; una vez que destruyeron los generadores y las defensas antiaéreas, Industrias Zaofu demandó un cese al fuego para impedir bajas de sus empleados. Como había señalado Kotori, los locales empeoraron su situación y la de Umi al destruir casi todo lo que tuviera algún valor industrial, agrícola o comercial.

Algo similar había pasado en Saiki, que aún no se rendía. Umi también había tenido recursos insuficientes para instalar un ejército de ocupación. Tampoco podía permitirse dejar la Tormenta como centinela en Usuki mientras iba a subyugar Saiki. Oita, la capital homónima de la prefectura, era la más recóndita dentro de los puntos de la campaña, pero las milicias locales se estaban preparando para lo que Umi asumía que sería una guerra extendida a nivel del suelo, además de las cinco fragatas voladoras que todavía les restaban.

—Con Saiki a punto de car, necesitaré que me des un batallón adicional de soldados imperiales —logró decir, sin balancearse demasiado en el fuego de cápsulas de combate que acosaban a la Tormenta.

Kotori ya movía su cabeza de lado a lado.

—Eso es imposible, Umi-chan. No es solamente que yo no quiera hacerlo, simplemente no tenemos suficientes soldados para distribuir. A menos, claro, que sugieras que te envíen a un batallón de cadetes de las academias.

—¿Y por qué no, Kotori? Necesitan ser probados en campo en algún momento. A mis dieciocho años, mi padre ya me hacía volar con el escuadrón de cápsulas de la Tormenta.

Kotori comenzó a decir algo, pero cambió de opinión y volvió a comenzar.

—¿Estás segura de que todo está en orden? Nos está costando mucho estabilizar tu transmisión.

Umi se dio cuenta de que no tenía caso permanecer inmóvil en la pasarela del puente de mando.

—La transmisión será mejor en mi cabina personal. Iré para allá de inmediato.

Kotori soltó un sonido de fatiga.

—Por favor que sea rápido, gobernadora. Tengo mucho que hacer.

"Como limpiarle las botas a Honoka con la lengua" pensó Umi con molestia mientras sorteaba las escaleras que la llevaban a su cabina personal. Una vez en posición, se plantó contra la consola y metió las botas debajo para sostenerse.

—Sigue siendo inestable, pero mejoró un poco —dijo Kotori.

Umi continuó donde se había quedado.

—No se puede lograr una ocupación duradera sin suficientes tropas. Si no tienes soldados que me puedas mandar, envíame un escuadrón de cápsulas de combate. No puedo salir yo sola a subyugar toda una ciudad; tú misma lo dijiste, no se ve bien para el Imperio.

Kotori frunció el ceño, con ira.

—Pides demasiado. Son incluso más escasos que los soldados.

Umi hizo una mueca hacia la cámara.

—Si no te conociera mejor, Kotori, pensaría que estás intentando frustrar mis esfuerzos.

Kotori abrió mucho sus ojos color avellana.

—Al contrario, Umi-chan. Estoy haciendo lo posible por defender tu temeridad política.

—¿Temeridad política, dices?

—Tu fanfarroneo, si así prefieres decirle. La cámara de consejeros y los representantes de las prefecturas están indignados.

—Y todos ellos son una ficción, Kotori —dijo Umi con desdén—. Honoka no está sufriendo una revuelta. Además, mi fanfarronería, como la llamas, es parte del costo de completar el proyecto de la estación de combate.

—Puede que eso sea cierto —dijo Kotori, de nuevo con su sonrisa mordaz—, pero otros involucrados en el proyecto están cumpliendo sus responsabilidades sin pedirme imposibles.

"Maki Nishikino" supuso Umi.

Kotori se había vuelto la carta poderosa de la contralmirante. Quizá las dos estaba coludidas para intentar debilitarla. Definitivamente, Kotori no sabía del papel que Maki había jugado en la transformación de Oita en un campo de batalla, pero decirlo no le serviría de nada.

—Tú llevas años defendiendo, primero que los gobernadores, y ahora que los hogos, obtengan control total de los sectores —decía Kotori con una sonrisa burlona—, pero al parecer eres incapaz de subyugar una sola prefectura llena de precarios sin ayuda de Tokio.

Umi se enderezó y cruzó los brazos.

—Toda la prefectura de Oita le va a pertenecer a Honoka antes de su cumpleaños, con o sin tu ayuda. Y si tengo que ir a juicio por tomar mi cápsula y reducir Saiki a cenizas personalmente, pues iré a juicio.

Kotori amplió su sonrisa.

—Me aseguraré de tranquilizar a Su Majestad, la Sentaku.

—No necesita que tú la tranquilices, Kotori. Estoy segura de que, si lo intentas, podrás constatar que tengo todo su apoyo. Los recursos de Oita, sin importar en qué estado los adquiramos, no son nada comparados con la necesidad de enviar un mensaje a todo el Sector Corporativo, para que sepan que su supuesta autonomía depende de las conveniencias del Imperio y que ese privilegio puede ser revocado cuando a Honoka le parezca.

Kotori tardó un largo momento en responder.

—Te concedo que una ocupación duradera es importante. Enviaré lo que pueda. Te lo prometo.

—Sé rápida Kotori —dijo Umi con desdén—. Tengo cosas que hacer fuera de este basurero.

Apenas desapareció la holopresencia de la Regente, Umi se alejó de la cámara y se apresuró de regreso por la escalera hacia el puente de mando que seguía sacudiéndose.

—Valoración de daños de batalla.

—Los escudos siguen en pie —dijo su oficial ejecutivo, para ponerla al día.

Aunque las buenas noticias siempre eran bienvenidas, estaba claro que el combate en los cielos de Oita seguía poniendo a prueba el temple de ambas partes. La flota completa de Oita estaba formada por una docena de fragatas voladoras protegidas por poderosos escudos de Industrias Zaofu, que tenían que atacar una por una. Al mismo tiempo, Umi tenía que administrar sus pocas cápsulas de combate para evitar que los contrabandistas pudieran entregar apoyo médico, armas e incluso soldados voluntarios de ciudades vecinas. Esos mismos contrabandistas tenían que estar encerrados en una prisión imperial, como otro motivo para la apropiación imperial de Oita y sus recursos. Sin embargo, cada que las fuerzas especiales de Umi intentaban acercarse a la capital de Oita, los obligaban a retroceder para apagar fuegos, literales y de otros tipos, encendidos por las milicias reconstituidas. Todo podría acabar si tan solo pudiera volar. Tal como le había dicho Kotori y la misma Honoka después de una de sus primeras misiones con Chika Takami, su cápsula modificada se había convertido en una excusa para que los alborotadores llenaran de quejas el Palacio Imperial. Amaba volar, pero desde entonces la Tormenta era su única forma de permanecer lejos del suelo.

Al igual que los soldados de las guerrillas, las fragatas voladoras de Oita (misceláneas de módulos y armamento de la época de la guerra) corrían para disparar o para destruir cápsulas, sólo para saltar a velocidad sub-sonido y reposicionarse en áreas mejor defendidas. Sin los refuerzos que pedía, Umi no veía como podría tomar la capital en menos de seis meses y eso no funcionaría, no con Maki aún suelta.

—Los escáneres de larga distancia detectan un par de cargueros de contrabando insertándose en la capital de Oita —le dijo su oficial.

Umi volteó hacia las pantallas de la cabina de mando.

—¿Cómo es que siguen evitando nuestros bloqueos y patrullas de escaneo?

—El comando estratégico de Saiki debe estarles proporcionando puntos de salto a velocidad sub-sonido desconocidos para nuestras computadoras de navegación.

Umi caminó hacia los miradores trapezoidales para mirar la proa ojival de la Tormenta, como si entrecerrando los ojos pudiera alcanzar a ver las naves rebeldes.

—Esto no lo está poniendo en escena un principiante. Dígame de nuevo, ¿quién los está liderando?

El oficial extrajo una imagen de una pequeña mujer desde su tableta.

—De acuerdo con la información de la Contraalmirante Nishikino, es la misma contrabandista que dejó Asago y Kinpoku listos para nosotros. La Capitana Nico Yazawa.


La banda de contrabandistas y mercenarios voluntarios de Oita había conducido sus cargueros hasta un ancho valle que avanzaba a lo largo de una extensa llanura en las afueras de la capital de Oita. Allí, en las afueras de la ciudad, las montañas a su alrededor formaban un sistema de cuevas y cavernas profundas que las milicias locales habían instalado como cuarteles temporales. No habían podido defender Usuki, pero Saiki todavía estaba intentando mantenerse con vida, y la capital estaba lejos de rendirse. En varias de las cavernas, habían instalado bodegas con suministros, en algunas otras, más profundas, habían instalado enormes sistemas de ventilación que permitieran conservar una temperatura decente en todo el sistema. Y en las exteriores, se instalaron refugios para resguardar a los contrabandistas, militares locales y soldados voluntarios de otras ciudades e incluso de otras prefecturas. El carguero de Nico se escabulló entre las patrullas de cápsulas de combate imperiales que habían enviado los cruceros flotantes desde el espacio aéreo de Usuki. Desde prefecturas tan remotas como Okinawa o Hokkaido, los voluntarios habían traído municiones, suministros médicos, alimento y, en algunos casos, grupos de soldados de la libertad de distintos lugares del país. En este momento, Nico llevaba con ella un grupo de revolucionarios de Shimane que habían ayudado a Sumiye a liberar su prefectura durante la guerra.

La luz aún no llegaba al piso del valle, pero el aire ya estaba caliente. Una capa delgada de niebla coronaba los largos, arremolinándose y despareciendo en el brillo de la mañana. Los motores del carguero de Nico hacían un silbido metálico al enfriarse, abejas del sudor pasaban zumbando y el suelo estaba lleno de hormigas negras, tan ocupadas como los humanos, haciendo lo que podían para no morir aplastadas en el ajetreo.

A pesar del regulador de temperatura en la bodega de carga, Nico sudaba profusamente bajo su traje ambiental; su cara brillaba mientras luchaba para sacar contenedores de su nave y depositarlos en brazos expectantes de locales o de androides, o bien, colocarlos en deslizadoras de repulsoelevación. La profundidad y la presión de las cavernas tenían algo raro; se sentía mareada. Filas de locales, foráneos y androides avanzaban desde la variedad de naves hacia las bocas abiertas de las cuevas, donde mucha de la mercancía sería almacenada hasta ser necesitada. Junto a Nico estaba Sumiye Kunikida, haciendo lo mismo en su propio oficio: gritaba órdenes, organizaba actividades, hacía que todo fluyera eficientemente y sin problemas.

—Le dijiste a Haruka en Saiki que ya habías hecho esto antes —le gritó Nico entre respiraciones.

Sumiye asintió y pausó para limpiarse la frente.

—En Shimane, durante la guerra.

—¿Estuvo tan mal como aquí? —preguntó Nico, levantando el mentón.

—Estuvo peor, no había un oponente directo, era mi propia gente luchando unos con otros, pero tuvimos ayuda de los Iluminados para arreglar las cosas. El hecho de que siga aquí es parte de la recompensa.

—¿Funcionó?

—¿Qué cosa?

—La oposición. ¿Fue suficiente?

—Ese no era el punto.

—¿Cuál era el punto?

—Creer que tus acciones importan, creer que estás haciendo lo correcto, que algo bueno saldrá de lo que haces, aún si no estás viva para ver los resultados. Eso fue lo que me enseñó nuestra amiga en común

Nico resopló.

—Que pensamiento tan alegre. Así era ella. Siempre me lo dijo. Lánzale tierra a la cara de tu enemigo, si es necesario que te pisen para evitar las injusticias, permítelo.

Sumiye detuvo lo que estaba haciendo y caminó hacia ella.

—Te diré como yo lo pienso, Nico-chan. Si podemos convencer a suficientes personas de empezar a lanzar tierra…

Al darse cuenta de que ella tenía que completar la idea, Nico lo considero y dijo:

—Tarde o temprano los enterraremos.

Sumiye le soltó una sonrisa sincera. Sus ojos azules brillaban ampliamente

—Y te dices a ti misma que eres sólo una contrabandista.

Nico iba a regresarle la sonrisa, pero se detuvo.

—Espera, ¿sólo yo lo digo?

Sumiye aún sonreía.

—No te preocupes. Nozomi siempre tuvo una muy buena impresión de ti.

Nico se alegró ante la mención de la cautivadora expresidenta de la CEPI, su antigua amiga, pero la alegría no le duró mucho. La realidad de su situación la golpeó. Los mensajes que Nozomi había dejado grabados antes de su muerte eran lo que había unido a Haruka, a Sumiye y a ella misma, pero seguramente ni siquiera su poderosa amiga había sospechado que habría una batalla como esta. Lo que estaba sucediendo no era lo mismo a la batalla interna que se había librado en la prefectura de Sumiye, y tampoco era como lo que había pasado en la Guerra de las Prefecturas. Y Sumiye tenía razón. El Imperio se estaba convirtiendo rápidamente en el otro, un enemigo gris de rasgos borrosos. Paras mantenerlo a raya, las distintas prefecturas tendrían que unirse, hacer todas sus diferencias a un lado. Era casi alentador presenciar el nacimiento de la esperanza, tan cauta y frágil como la de Oita. A pesar de todo, Nico se sentía como nunca, trabajando para un bien mayor, se sentía bien. Se sentía limpia. Y lo que decía Sumiye era cierto. Si los oprimidos podían unirse antes de que el creciente ejército del Imperio se volviera demasiado fuerte, o de que sus fuerzas se extendieran demasiado, entonces quizá, sólo quizá, podrían frustrar sus planes.

Nico arrastró un contenedor más pequeño y liviano hasta la escotilla y lo depositó en los brazos de un androide de carga con dos brazos enormes especializados para transporte de contenedores. El androide se movió sobre los rieles establecidos hacia la profundidad de las cavernas, donde más contrabandistas los recibirían y acomodarían.

En el valle, podían oír el eco de truenos distantes, el sonido de explosiones de metralleta de cápsulas de combate. Nico admitió que no era una batalla que cualquiera de ellos pudiera ganar, mínimo no por separado, pero quizás el Imperio terminaría por abandonar la idea de ocupar la prefectura si lograban mantener a los imperiales ocupados en docenas de frentes. Si seguían juntos. Si la esperanza tomaba la forma de una sonrisa.

¿Era demasiado pedir?

Al recordar su discusión con Rin y Ai en la cueva de Wakkanai, Nico hizo una pausa y miró a su alrededor. Cerró los ojos extendió sus sentidos en un esfuerzo por experimentar la sensación de trascendencia e interconexión que las dos mujeres habían descrito. Se sintió acalorada y pegajosa, además de ridícula por las miradas que tenía a su alrededor, por lo que dejó de intentarlo. ¿Se podía sentir a Chikara incluso en medio del conflicto? ¿Acaso estaba ese poder, que Nozomi manejaba, disponible para alguien que se había alejado tanto del camino del bien? Asumiendo que sobreviviera, tendría que visitar Uchiura para contactar a Rin y preguntarle.

Nico empujó el último contendor hacia la escotilla cuando su hermanita Cocoro se acercó a su carguero.

—Nico, ¿cómo vamos a mantener esto en marcha?

Nico dejó el contenedor en la orilla de la rampa.

—Ella está decidida, por lo que el grupo de combate de Oita no va a poder detenerlo. Nos vamos a empeñar en hacer inhabitable este lugar, pero a decir verdad, creo que ella podrá tocar el suelo antes de que terminemos con todo, a menos que logremos retrasarla con ataques de distracción. Mientras más prefecturas autónomas se unan a la lucha más posibilidades habrá de que lo piense dos veces antes de apostar guarniciones militares. Sumiye está haciendo los arreglos para que la capital pueda comunicarse con Saiki y con las milicias de Usuki.

—No vamos a retroceder, ya no —dijo Cocoa, su otra hermana.

—Sólo recuerden mantenerla adivinando niñas: golpe, retirada y reagrupación —agregó Sumiye desde cerca con fuerza—. Cuando sus tropas avancen, ataquen desde atrás. Cuando envíe a sus cápsulas a apoyar a sus tropas en Usuki, abran nuevos frentes en Saiki o aquí. Necesitan mantenerla tan desequilibrada como sea posible, para que no pueda plantar los pies en ningún lugar que no sea su puente de mando.

Nico se dio cuenta que donde ella y Sumiye deberían decir "los imperiales" o "ellos", habían personificado la batalla en la figura de la gobernadora y almirante de las fuerzas especiales, cuyo nombre Nico había escuchado era Umi Sonoda. Se trataba de una mujer de largo cabello azul, alta, con una mirada café peligrosa, e imponente, aunque un poco demacrada. Era uno de los emblemas militares del Imperio, mortal al volar una cápsula, franca propagandista, exgobernadora de su prefectura natal, cercana a Honoka desde niña y ahora una de sus hogos. ¿Quién podría decir si era peor que Maki? Tal vez era igual de responsable de la apropiación de los mundos que Nico había manipulado para caer en la subyugación. La revolucionaria se le acercó con un proyector portátil, hablando con su esposo y con su hermana desde su prefectura natal.

—Actúas como si esto fuera una venganza personal —dijo Sumiye, después de despedirse y cortar la transmisión —Contrabandista, o soldado de la libertad ¿cuál de las dos eres?

"Sería mejor preguntar si soy una idiota o una pícara" pensó Nico, pero se lo guardó.

—Empecé siendo una; me convertí en la otra —dijo, sin especificar cuál fue primero.

Mirándola con una gran sonrisa, Sumiye asintió, luego, dejó que sus ojos azules se encontraran con los ojos carmesís de Nico.

—Sea como sea, Sumiye, tienes mi palabra de que estaré aquí hasta que terminé.

Fin del capítulo


Y bien… ¿Qué les pareció este capítulo? La verdad, es que, ahorita que lo terminé de corregir, me di cuenta de algo muy rarito. La parte de Hanayo es sólo una reflexión con ella misma, la parte de Umi y Kotori es una conversación y la parte de Nico y Sumiye está llena de acciones, suceden muchas cosas. La verdad es que, el nombre de la parte hace referencia a como Hanayo irá descubriendo la verdad de todo el enramado en el que Maki ya la ha metido. Como la misma Hanayo lo dice, Maki fue muy astuta, pero su gran error fue dejarla sin cosas que hacer; darle tiempo de ponerse a investigar y comparar notas. Por otro lado, creo que esta vez a las que dejamos descansar fueron a las protagonistas del capítulo pasado, Rin y Maki, aunque ya harán su regreso el capítulo que entra.

Por otro lado, la tensión de Umi y Kotori es muy divertida; generalmente, quienes me hayan leído desde que empecé a escribir, sabrán que no disfruto mucho escribir a Kotori, pero esta interpretación del personaje en el que no tiene que ser todo dulzura me viene bastante bien, más al ponerla como contraparte de Umi. Por cierto, otro detalle muy importante, ¿qué tan letal tiene que ser Umi que no se le permite volar en lo que es prácticamente una monarquía absoluta? Creo que más que nada ese detalle sirve para acrecentar su leyenda. Umi es uno de los personajes que más he pensado, y de hecho tengo pensado darle peso en una historia a futuro, siguiendo esta misma "línea temporal", pero de eso ya hablaré más adelante.

Por otro lado, Sumiye, creo que interviene poco en el capítulo siguiente, pero este en particular estuvo lleno de revelaciones que pueden ir rumbo a ella. La mejor parte de todo esto es que Nozomi ya volvió a aparecer en la historia, aunque no directamente. ¿Cómo será que Nozomi logró coordinar precisamente TODO lo relacionado con Nico, Sumiye y Haruka? Precisamente, ellas tres son la base para algo muy importante en la siguiente historia de la que hablé con Umi, especialmente Sumiye, he ahí la importancia de su identidad. El siguiente capítulo daré el último detalle importante de Sumiye, aunque me imagino que ya fue obvio desde este capítulo, por esa parte similar al final.

Me sentí mal por Hanayo, tengo que repetirlo, hay un capítulo que fungirá como su punto de inflexión, en el que volverá a ir para arriba. Pero verla, así, tan sola, me hace sentirme muy sola a mi también, me identifico un poquito a cuando me pasó algo similar hace un par de añitos.

En fin, no quiero hacer mucho más rollo, resulta que mañana es 13 de julio y será cumpleaños de Yoshiko-chan; como dije el capítulo pasado, tengo planeado escribir algo sobre ella, pero si quiero hacerlo tiene que ser mañana mismo. Voy a ver si el tiempo me da, y si no, pues ya lo haré en otra oportunidad. Como sea, no lo prometo, pero tal vez nos veamos mañana.

Y ya voy terminando con este capítulo, como siempre es un honor para mí que hayan llegado hasta esta parte. Yo soy Aramaru, los quiero a todos y todas, y ahora sí ya llegó el momento de decirles… ¡Oyasuminassan!