Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.
Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.
Hola a todos y todas las personitas que lean esto.
Como siempre, es para mí un honor cada una de sus visitas y lecturas en esta historia que ya está a seis capítulos de llegar a su fin. En este capítulo, veremos una de las acciones más repudiables de Maki (la verdad es que aquí sí que se supera a sí misma), además de ver un poco de cómo Rin ha reaccionado a las amenazas que Maki le hizo hace dos capítulos. A parte, éste será el último capítulo en el que se darán pistas sobre la identidad de Sumiye, porque ya en el siguiente (no por casualidad el veintiséis, que es mi número favorito), revelaré su identidad y un poquito de su pasado. Pero ya no interrumpo más su lectura, para cualquier cosa nos vemos en la parte de más abajo, así que, sin más, por favor lean, y espero que disfruten de este capítulo tanto como yo disfruté escribirlo. Sin más nos vemos en la parte de abajo.
Catálisis
Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.
Parte 3: La verdad, al fin
25
Cardinalidad
Una antigua fábrica separatista de androides de combate, fundada por la mandamás de la Federación Comerciante, Shizuku Osaka, se había convertido en una estación secreta de investigación imperial. Menos de cien kilómetros al este había un estrecho que se había vuelto tan salado que cualquier persona hubiera podido caminar sobre el agua, pero aquí, más de sesenta metros por debajo del nivel medio del mar en Minamata, la intrusión de magma de un volcán submarino había pintado el paisaje de amarillo y naranja fosforescente. Afloramientos sulfurosos, fumarolas ligeras de lava y estanques lechosos de ácidos corrosivos verdes adornaban el infernal paisaje de la ciudad que antes había sido envenenada por mercurio. Las paredes negras y escarpadas las instalaciones submarinas terminaban de pintar el peligroso paisaje. El casco de un acorazado separatista permanecía hundido como un triste monumento a la batalla en la que un grupo de Iluminados había sido emboscado y casi aniquilado por completo a manos de la general Eli Ayase. Maki, quien había estado al tanto de mucha información de inteligencia durante la última década, se preguntaba por qué la fábrica de armamento del taller de Lisan no había sido reducida a escombros mucho antes del fin de la guerra de las Prefecturas, o de cómo Kotori o la Sentaku se habían enterado de su existencia desde entonces. Resultaba que no sólo estaba en los rincones más escondidos del país, sino que eran perfectas para la clase de experimentos de Brillo Eterno. Sin embargo, todos los días se censuraba información. El equipo de ingeniería de Maki estaba ahí, en Minamata; al ser absorbidos por el Proyecto Brillo Eterno, el objetivo de su trabajo había pasado de la generación de escudos al diseño y producción de armas.
También en Minamata se habían ensamblado los láseres prototipo para el disparo de prueba que sorprendió hasta a la Regente Minami. Ahora, Maki les había pedido que desarrollaran un arma cincuenta veces más grande que el prototipo con el que habían reducido a escombros el peñasco del océano. La petición los dejo atónitos, pero todos se habían puesto manos a la obra, y ahora estaban construyendo en un edificio lejano a la fábrica de droides, desde donde se veían los estanques pútridos.
Sin embargo, en este momento, estaban en la sala de juntas de la base submarina. La sala no era muy distinta al anfiteatro de Tokio donde la Célula de Consejo Estratégica se había reunido en los tiempos de la guerra a planear la estación móvil de combate, excepto porque no había un estrado elevado donde Maki pudiera pontificar como lo había hecho la Regente Kotori Minami en esos gloriosos años bélicos, imponente y despótica. Un proyector ocupaba el centro de la cámara y todos estaban de pie alrededor de él. Todos excepto Maki, quien había aprendido de las mejores (de la Regente y de la misma Sentaku) que, cuando uno se encontraba entre subordinados o personas de menor rango, lo mejor era sentarse. Incluso Umi lo sabía. En una nave de su comando, o en algún lugar donde ella tuviera control total, a la necia almirante le gustaba permanecer de pie, guiando con el ejemplo; sin embargo, en cualquier otro lugar, como en el cuartel de Okayama, siempre se sentaba. Entonces, Maki, vestida de modo adecuado para su nuevo rango de contraalmirante, con un elegante yukata y una larga capa blanca (el mismo atuendo que usaría en su próxima visita a la corte de la Sentaku), estaba sentada con las piernas cruzadas mientras un investigador tras otro hacía su intervención sobre el proyecto propuesto. Maki aún tenía que oír sobre los nuevos descubrimientos de Pana acerca del cristal celestial, además de transmitirle el alivio de que sus cálculos habían sido comprobados, y pedirle detalles adicionales sobre la energía generada por los cristales facetados. De todas formas, Maki estaba convencida de que el equipo de ingeniería tenía suficientes datos para avanzar sin la ayuda directa de Pana.
Se permitió tomar un mechón rebelde de su cabello y enredarlo en su dedo con aburrimiento mientras el primer especialista hablaba de presupuesto; el siguiente habló de las limitaciones de tiempo para completar el proyecto; el tercero analizó minuciosamente los materiales que necesitarían para producir los inductores de energía y bobinas de enfoque lo suficientemente grandes. Otro analizó los requisitos para fabricar amortiguadores de flujo y enfatizó la importancia de duplicar el radio de las celdas electroquímicas que habían incluido en los prototipos. Ni siquiera puso mucha atención cuando Kasumi Nakasu habló de los cálculos sobre los cambios de enfoque que serían necesarios en los proyectores de energía para generar el superláser del arma.
Los pensamientos de Maki estaban en otra parte.
¡Qué lejos había llegado desde esas juntas iniciales! De sentarse en los asientos baratos a estar cerca del escenario, ¡ahora ella estaba a cargo! Todo lo que había anticipado finalmente sucedería. Su queridísima Pana-chan ahora había estado contribuyendo sin saberlo a los disparos de prueba, y ahora que su investigación parecía ser capaz de alcanzar límites nunca antes vistos, no había manera de saber cuan grande sería el potencial del arma una vez que el láser estuviera ensamblado a la estación en Okayama. Había ganado. Definitivamente había ganado; se convertiría en un elemento tan esencial como la misma Kotori para la corte de la Sentaku, tan elegante como ella y sus preciosos kimonos. Estaría al mando de un arma que permitiría que incluso la Migite Chika Takami se fuera a descansar en la playa, y que mataría de envidia a Umi para siempre.
Almirante Nishikino.
Estaba escrito.
Permaneció sentada con una sonrisa de victoria; casi no dijo nada hasta que la profesora Tomori Kanako tomó su lugar frente al proyector para mostrar un desglose del arma láser en sí, y para continuar su resumen con la petición de hacer una pregunta no relacionada con el tema.
—Adelante —dijo Maki. Sólo por hoy quería ser complaciente con todo el equipo.
—¿Qué clase de astillero tiene una nave nueva en construcción? ¿Hay algún proyecto que vaya a desplazar a los nuevos cruceros flotantes comúnes?
—Eso está muy lejos de nuestro tema, Tomori-sensei. ¿Por qué pregunta?
La antigua profesora de Maki miró a sus colegas en busca de apoyo. Sólo Kasumi Nakasu asintió con una sonrisa para animarla.
—Es evidente para todos nosotros que un superláser del estilo del que estamos exponiendo haría parecer pequeña a cualquier arma o cañón actual, incluyendo al acorazado volador separatista más peligroso que jamás hayan podido haber inventado en las épocas de Nozomi Tojo. Para un arma cincuenta veces más grande que el prototipo que destruyó el peñasco, se necesitaría que el eje colimador tenga por lo menos tres kilómetros de longitud. —Se rio por los nervios y por la incredulidad—. Y eso sin contar los disipadores o los capacitadores de energía. La catálisis para acelerar un condensador de ese tamaño tendría que ser de magnitudes exponenciales; ni siquiera el armazón de amplificación del cristal podría generarse en cualquier lugar de esta prefectura.
Maki se encogió de hombros.
—No caiga en especulaciones, maestra. Pero sí, imaginen que es una nave capital nueva y mejorada.
La cara de la profesora mostró preocupación, mientras su mente intentaba imaginar una nave así. Kasumi tomó valor para reemplazarla.
—Luego está el tema del cristal en sí.
—¿Qué hay con él?
—Tendría que ser enorme, casi como un edificio pequeño.
Maki fingió indiferencia.
—El tamaño no importa tanto como la manera en la que se corta y faceta el cristal, Kasumi.
—¿Esa es idea de la Doctora Koizumi, no Nishikino-san? —interrumpió de nuevo Tomori.
Maki guardó silencio.
—Esta es su investigación, ¿no es verdad? —continuó la profesora. Volvió a buscar el apoyo de sus colegas. Esta vez, incluso Kasumi retrocedió—. Nadie más podría ser el responsable de esto. He visto los datos extravagantes, casi como si estuvieran en otro idioma. Los ángulos y la fuerte influencia de neutrones son una clara obra de su trabajo. Los condensadores usados para controlar la energía del cristal facetado son la base de un sistema teórico de reforzamiento de escudos de defensa que me planteó hace varios años.
Maki se enderezó en su silla.
—Bueno, ahora sí estamos locamente lejos del tema, ¿no? Profesora Tomori, le convendría recordar que nosotros, el equipo de ingeniería, somos sólo un eslabón de una cadena muy, muy larga. Puede pensar en la Doctora Koizumi como un eslabón adyacente. Ella es simplemente una teórica. Por supuesto que los rumbos separados de nuestra investigación pueden llegar a coincidir ocasionalmente, pero ella no es parte de esta evaluación.
Tomori comenzó a hablar; luego hizo una pausa; luego, volvió a empezar.
—Eso me lleva a mi última pregunta.
—¿Pregunta o inquietud, doctora?
—Un poco de ambas, pero tiene que ver con el tema, creo. —Hizo aparecer un esquema del arma propuesta en el proyector—. Debido a las limitaciones de estas instalaciones, estamos muy poco equipados para construir algo remotamente de este tamaño. ¿Vamos a continuar aquí o nos van a transferir a algún lugar adecuado para ejecutar el trabajo?
Maki sacó su as bajo la manga.
—En realidad, vamos a moverlos a todos —dijo, abruptamente jovial—. No tengo libertad para revelar el destino todavía, pero creo que será una sorpresa para todos ustedes. Considérenlo su merecida recompensa, digamos, por el maravilloso trabajo que han hecho aquí.
Los ingenieros intercambiaron miradas. Algunos estaban emocionados; otros, claramente aprensivos.
—En nombre de todos, lo esperamos con ansias —dijo el profesor Kimuri—. No puede ser menos acogedor que Minamata.
Maki soltó una gran sonrisa.
—El placer de una persona puede ser el disgusto de otras. Eso lo tendrán que decidir ustedes mismos.
Se puso de pie para indicar el fin de la reunión.
—El mayor Kusuda llegará pronto para hablarles de la siguiente fase y del programa de las próximas semanas. Si son tan amables, esperen aquí en lo que llega desde el edificio administrativo.
Fuera de su sala, dos de sus guardias personales esperaban en posición de firmes, y la siguieron mientras se apresuraba por el ascensor de vuelta a la superficie. Se dio cuenta de que Kasumi la siguió, de nuevo, corriendo; alcanzó a entrar con ella en el elevador.
—Su transporte la espera, señora —dijo el más bajo de los dos guardias, intentando incitar a Kasumi a que retrocediera. —¿Quiere que la acompañemos a subir hasta la superficie?
Maki hizo un gesto de despido.
—Tú quédate —volteó a ver al otro. —Tú vienes con nosotras. —Una vez que subió el ascensor, la volteó a ver con molestia. —¿Ahora que quieres?
—Quiero que ya me digas, de una vez por todas, qué es lo que están planeando; he estudiado los movimientos de recursos, son impensables, muy sospechosos. Yo estudio datos Maki-san. Hay algo muy grande. Y si no me dices nada, aquí y ahora, lo voy a divulgar con toda la comunidad científica de Japón.
Por un momento, a Maki le paso la imagen de Rin en el rostro de Kasumi.
Le arrebató la pistola láser al soldado, y le dio dos disparos aturdidores directo en el pecho a Kasumi. El soldado se le quedó mirando con sorpresa.
—¡Qué asco! ¿Si viste cómo se desplomó? —dijo Maki, intentando evitar ver el cuerpo en el suelo. —Podemos decir que, sólo adelanté lo inevitable. Sí, digamos eso. ¡No imagino como Riko hacía esto por diversión! ¡Y matando de verdad! ¿No es cómo que esta cosa pueda ir más rápido? ¡Tengo ganas de vomitar!
—Sí señora.
El ascensor ascendió más rápido hasta la superficie.
—¿Quiere que la acompañe a subir?
—Continúo yo sola. —dijo, sintiéndose mareada.
—¿Qué hacemos con los demás, Contraalmirante? —preguntó, señalando hacia la base submarina.
—Usted y el otro soldado, asegúrense de que Tomori, Kimuri, que todos, sean reubicados de manera permanente —contestó Maki sin dejar de caminar. —Y que Kasumi los acompañe.
¿Cómo hacía la gente para convencerse de actuar contra su naturaleza, de hacer algo completamente distinto de quienes imaginaban ser? ¿Cómo racionalizaban la mentira, la traición? ¿Recurriendo a la ética situacional o creyendo que protegían del dolor a algún ser amado? ¿Abriéndole a alguien los ojos frente a lo que no se ve o no se reconoce? Si ella intentara explicarle sus acciones a Hanamaru, ¿por dónde empezaría? ¿Dónde tenía que buscar para encontrar las palabras que hicieran que sus acciones parecieran sensatas, si no es que honestas? ¿Kayo-chin se plantearía lo mismo que ella en sus tiempos libres?
Kayo-chin. Para este caso en particular, necesitaba eliminar a Kayo-chin de la ecuación; borrarla, como la había visto a ella borrar cálculos con un movimiento de la mano. Lo que ella estaba haciendo lo hacía para saciar su propia curiosidad, aunque también lo hacía por Kayo-chin y por Hanamaru. Pero esa necesidad de saber, la necesidad de llegar al fondo de sus inquietudes, no era ni por su hija ni por su esposa, era sólo suya y ella sería la única responsable de sus acciones.
Había pasado de desconfiar de Maki a temerle; de tolerarla con cierto repudio a posiblemente odiarla. La pelirroja se había equivocado; seguramente pudo haber logrado alejarla de los asuntos de su Kayo-chin con tan sólo expresar preocupación por el estatus de su investigación, pedirle distancia, pero la amenaza implícita a ella y a su familia lo había derrumbado todo. Ya no fingiría; y si estaba parada sobre sus patas traseras, en posición de combate, era por culpa de Maki.
Había intentado correr por la hermosa bahía de Uchiura para poder tranquilizarse por más de una hora; quería sudar hasta que la preocupación saliera de su cuerpo, vuelta tras vuelta alrededor de los terrenos del parque en el atardecer, pero no sirvió de nada. Cada vuelta sólo reafirmaba su decisión de actuar. Por primera vez en meses, habían ido de visita a las instalaciones. Hanamaru estaba con Hanayo, aunque, conociéndola, era más probable que estuviera realmente con la hija de Kurosawa-san. Durante semanas, Rin había estado andando de puntillas cerca de su Kayo-chin, tratándola con pinzas, pero esperando profundamente que notara su comportamiento y la confrontara. En lugar de eso, su esposa también se había distanciado; quizá pensaba que estaba enojada con ella por no haberle dicho antes de su visita a Yabu con Maki. O que estaba decepcionada, o simplemente muy aburrida. Desde su regreso de Wakkanai con Ai y con Nico, Hanayo parecía más ausente y preocupada que nunca. Incluso su apariencia, estaba más decaída que cuando estuvo encerrada en prisión. Incluso anteponía su trabajo a pasar tiempo con su hija o con ella. Con el paso de las semanas, Rin comenzó a pensar que quizá Hanayo no estaba diseñada para confrontarse con nadie, preferiría guardarse todo lo que pensaba antes de atacar con una falsedad.
Pero ella no era así; no estaba diseñada para guardarse nada, para ser complaciente o sumisa con nadie, y mucho menos con alguien tan despreciable como Maki Nishikino.
Resuelta a saber la verdad, Rin interrumpió su quinta vuelta a la bahía y trotó hacia las instalaciones, reduciendo gradualmente la velocidad hasta una caminata rápida, jadeando, sudando copiosamente, con las manos sobre sus adoloridas costillas. El edificio estaba silencioso, excepto por el zumbido ubicuo, casi sobrenatural, que siempre tenía, como su propia respiración rítmica. Hanamaru por fin se había quedado dormida, Hanayo tampoco estaba ahí, Nadie sospecharía al verla dirigiéndose a la estación de comunicaciones; lo había hecho todo el fin de semana como una parte de su rutina. Para quien la viera, no sería nada más que correspondencia personal. Algunos de los comentarios de Maki la habían hecho preguntarse si ella y su familia estaban bajo vigilancia o si su comunicador personal estaba intervenido. De cualquier forma, no le importaba, ya no. Maki había pintado la línea sobre la arena, pero Rin sería la primera en cruzarla.
Aun así, esperaba que sus sospechas resultaran ser falsas, que sus inquietudes fueran exageradas. Es más, esperaba que su necesidad de un clima dramático y de cambios sísmicos no causaran una catástrofe natural. Si es sucedía, la vergüenza caería sobre ella por permitir que las dudas la cegaran.
En la consola, inició sesión con la cuenta de Hanayo y accedió a la base de datos de las instalaciones relacionadas con el proyecto Brillo Eterno. La lista contenía cientos de nombres, así que le pidió al sistema que encontrara Minamata, el cual se abrió en la pantalla junto con su conexión de comunicador. Cuando intentó comunicarse con las instalaciones, no hubo respuesta, ni siquiera un tono de ocupado. Un mensaje con voz digital le dijo que la conexión ya no estaba activa ni viable. ¿Habían cerrado las instalaciones? ¿Primero Yabu, ahora Minamata? ¿Era obra de los anarquistas? ¿Habrían reubicado a Tomori-sensei? Había prometido avisar si eso pasaba, pero Rin no había oído ni una sola palabra sobre la vieja profesora de Kayo. Le ordenó a la base de datos que encontrara a Tomori Kanako.
Falló.
Tomori ya no estaba en el sistema.
Con el corazón aporreándole el pecho, recordó las inquietudes de Tomori acerca del paradero de Kasumi; introdujo su nombre en el sistema. Otra vez falló. Ahora Rin se preguntaba si ambas habían abandonado el programa.
¿O podría ser que las hubieran quitado, bajo advertencia de terminar cualquier contacto con empleados de Brillo Eterno?
Se recargó en la silla giratoria de su Kayo, aterrada hasta los huesos, repasando todo por última vez. Luego, buscó su comunicador personal e hizo una llamada. No le gustaba la idea de arrastrar a Ai al asunto, pero las dos estaban hechas de lo mismo, y sólo Ai podría ayudarla.
Cuando su imagen apareció en el comunicador de Rin, Ai sonrió.
—Hola, justo estaba pesando en ti, Rin-chi.
Ai preguntó por Hanayo por Hanamaru, e incluso le preguntó si Rin había tenido más comunicación con Nico Yazawa, a la cual no habían podido contactar desde pocas semanas después de que terminara la operación.
Obligándose a hablar lo más calmadamente posible, incluso reprimiendo su característico nya, Rin respondió sucintamente y fue directo al grano.
—Surgió algo y necesito tu ayuda. ¿Todavía tienes tu cápsula personal?
—Estoy a bordo justo ahora —dijo Ai—, ¿esto tiene que ver con nuestra misión de exploración?
No le había contado nada a Ai acerca de la conversación con Hanayo acerca de su viaje secreto con Maki, mucho menos de la amenaza de la imperial.
—Indirectamente. ¿Podrías arreglar saltos a Yabu y a Minamata?
Ai frunció el ceño.
—Seguramente sí, pero primero tendrás que decirme dónde está Minamata. Nunca he oído hablar de ese lugar.
Rin se inclinó sobre el tablero de la consola.
—Estoy enviando las coordenadas ahora nya.
Ai dirigió la mirada hacia algo fuera de la cámara; luego, pasó un momento tratando de entender lo que había recibido.
—Guau. Nunca he estado ni cerca de esa zona. Es casi tan remoto como Okinawa.
—¿Crees que podrías lograrlo nya? —preguntó Rin.
—Podría ser complicado, Rin-chi. Hay múltiples consultores de viaje cerca de esa ruta sub-sonirdo. Tendría que pensar una excusa ingeniosa. —Hizo una pausa, luego dijo—: Lo haré, pero no puedo decir con seguridad cuando podré hacerlo suceder.
—Siento tener que pedirlo nya. No puedo hacerlo yo.
—No lo sientas, Rin-chi, pero, ¿puedo preguntar por qué necesitas ver esos lugares? ¿Los han apropiado como a Asago y Kinpoku?
—Quizá sea mejor si no te lo explico.
Ai asintió, más seria que de costumbre.
—Entonces tomaré las precauciones necesarias.
Una explosión en el cielo hizo retumbar las cavernas donde la resistencia que habían formado Nico y Sumiye se ocultaba. Saiki había sido derrotada después de semanas de conflicto constante, aunque había quedado tan vacía e inútil como Usuki. Se decía que la Tormenta, la nave capital de la Hogo Umi Sonoda, seguía sobre la ciudad, intentando apagar los incendios y contener la destrucción que sus habitantes habían causado. Nico pensó que lo que decía Haruka era cierto, lo que no lograron defender, había terminado en llamas. Se permitió sentir melancolía, pero sólo por un breve periodo de tiempo, pues las fuerzas del Imperio comenzaban a acercarse a la capital de la prefectura. A pesar de que, legalmente, Zaofu había abandonado la Alianza Corporativa y había pasado a ser propiedad del gobierno de Honoka, la mayoría de sus empleados, y de ciudadanos de Usuki, ahora eran parte de la resistencia. Se preguntaba si algo parecido sucedería con los sobrevivientes de Saiki. ¿Habría suficiente espacio en las cavernas para todos? Tendría que haberlos, Nico no dejaría que hubiera gente buena que se quedara sin la protección de su resistencia. Después de todo, ¿cuál era el punto de luchar contra el Imperio si no existiría nadie para contarlo?
Volvió a pensar lo que dijo en su mente, incluso se permitió reír por lo ridícula que se sentía pensándolo. Apenas hace un año, ella era una contrabandista más, que sólo se preocupaba por sí misma y por su familia, y ahora aquí estaba, desafiando de frente a la ley, corriendo a las adversidades, con tal de defender una prefectura que no redituaría sus servicios. Volvió a reírse, viendo hacia toda la gente que trabajaba incansable en la base improvisada de la resistencia. Sus dos hermanas estaban entre esas personas, y entonces dejó de sentirse ridícula. Se sintió feliz: las había llevado a hacer algo bueno, en vez de condenar la vida de poblados enteros por un par de miles y de yenes. De nuevo, se permitió sonreír.
Y ahora, además, se permitió sentir. Recordó las palabras que Rin y Ai le habían dedicado en aquella caverna lejana en Wakkanai, antes de verse metida en este embrollo. Chikara; Rin y Ai siempre hablaban de Chikara. Nico no era ignorante sobre ese asunto, en diferencia a la mayoría de sus amigos; sabía que Chikara era cien por ciento real; incluso le había tocado ver de primera mano como Nozomi usaba esos increíbles poderes cuando trabajó con ella por primera vez. Era real, pero no creía poder sentirla, no como Rin, como Ai, y mucho menos como Nozomi. Y entonces sintió aquella sensación de trascendencia de la que le habían hablado Rin y su amiga en aquella cueva. Casi le pareció irónico pensar que, en una cueva llena de cristales colores hermosos no había podido sentir nada, y ahora, en una caverna sucia y hacinada había sido capaz de sentir algo. Era capaz de sentir esa chispa que mencionaban Rin y Ai; pensó que se volvía loca. Se permitió recordar. Cuando su padre murió ella era apenas una niña de diez años, y su madre y sus tres hermanos menores quedaron desolados. Y entonces fue cuando cometió el error de convertirse en contrabandista. No, no iba a ser hipócrita; nunca se arrepentiría de dedicarse al contrabando, no era un error. El oficio ilegal le había dado los recursos para construir de nuevo el hogar destruido que había dejado atrás en Okinawa. Incluso había podido mover a su familia a una ciudad bella como Toyama. Había habido momentos malos, embrollos de los que ahora se reía contándolos como anécdotas de cantina, pero que en sus tiempos le pudieron haber costado la vida; los momentos buenos superaban los escasos años de mala cosecha.
Se permitió reflexionar; sus mejores momentos, sin necesidad de ser sus momentos más productivos económicamente, habían sido cuando movía los recursos de Nozomi de un lado del país a otro, antes de la guerra. En cambio, sus peores momentos habían sido cuando había sido la agachona e idiota útil de Maki, cuando había cobrado sus años de bonanzas entregando poblados y vidas inocentes en manos del Imperio. Tal vez y sí era parte de ella ser una rebelde. Tal vez sí era una soldado de la libertad que se había convertido en contrabandista, y ahora había "recobrado el camino".
No iba a morir en Oita; tenía sueños, y ahora podría cumplirlos no sólo con la conciencia tranquila, sino con el deseo de generar una verdadera mejoría que ayudara a alguien más que a ella o a sus cercanos. No iba a dejar que nadie muriera en Oita. Cerró el puño con vergüenza ante sus pensamientos. Una parte de la contrabandista sinvergüenza tocó la luz.
—No, no —dijo Sumiye acercándose y tomando la mano que Nico tenía extendida al aire—. Así no se hace Nico-chan.
Tomó su mano, abrió el puño que Nico tenía cerrado, y condujo su mano al suelo, la plantó ahí, y la miró de nuevo con sus ojos azules.
—¿Ahora sí lo sientes? No sólo el calor, sino a Chikara, ¿la intentabas sentir?
—Hice un viaje hace poco que me hizo recordar que existía por primera vez en mucho tiempo. Lo había olvidado junto con Nozomi.
—Lo intentaste enterrar junto con Nozomi-sama. ¿Nunca te preguntaste cómo hizo para grabar todos esos mensajes antes de morir?
—Es Nozomi. Lo sabe y lo puede todo. Ni siquiera me termino de creer el hecho de que una persona, Iluminada o no, haya sido capaz de acabar con su vida. Es, por mucho, la persona más poderosa del Universo. —paró en seco y puso una sonrisa orgullosa—. Ese título suele ser mío en la mayoría de cosas, así que Nozomi debería de considerar un honor que se lo esté dando.
—También tienes ese título como la densa número uno del Universo —dijo Sumiye con una risa que irritó a Nico.
—¡No me digas densa! —hizo un puchero— ¡Ya no quiero sentir nada!
Sumiye levantó la mano izquierda intentando excusarse, mientras con la derecha seguía manteniendo la mano de Nico en el suelo.
—Está bien, lo siento —dijo con una sonrisa burlona—. Concéntrate, aquí es más sencillo. Piensa en cómo todos nosotros estamos conectados, por esa fuerza invisible a la que a veces llamamos destino. Esa fuerza invisible y poderosa, déjala materializarse, permítete sentirla, hazte parte de esa relación con todo lo que te rodea, déjate fluir en ella, y deja que fluya en ti. —Sumiye cerró los ojos, como si estuviera sintiendo sus propias instrucciones—. Ese poder invisible, esa oportunidad de fluir y dejar fluir, esa es la esencia de Chikara.
Nico se concentró tal como lo decía Sumiye, y sintió algo completamente diferente a lo que había sentido antes. Era mucho más leve, pero era el flujo que describía, cuando abrió los ojos, vio a Sumiye todavía con los ojos cerrados, con una sonrisa tranquila.
—Lo anterior que sentías era sólo optimismo. ¿Crees que no me he dado cuenta? Tú y la mayoría de los contrabandistas que trajiste contigo no son la basura que se han convencido que son todas sus vidas. Después de esta incursión, y no sólo por las represalias imperiales, siete de cada diez de las personas que están aquí no podrán regresar a las vidas que tenían antes. Es el llamado de la libertad, y va más allá de la adrenalina de estar rompiendo las reglas dentro de esta caverna. —dijo todavía con los ojos cerrados—. Siento la esperanza que está naciendo en todos ustedes. En tus hermanitas. Esto es lo mejor que pudiste haber hecho por ellas.
—No creo que piensen lo mismo cuando no puedan conseguir trabajo en ningún lado.
—Si algún día tú, o cualquiera de ellas tienen problemas de empleo, no duden en contactar a Haruka. Después de esto, se podría decir que les debe un par de favores.
—Creí que dirías que contábamos contigo —dijo Nico con una ligera risa—. Me caes bien, Sumiye.
—Y no debería —dijo con una sonrisa, permitiéndose por fin abrir los ojos—. Esto lo estoy haciendo por Nozomi-sama y por Haruka. Realmente, mi prefectura es lo más importante para mí; y, a diferencia tuya, yo no estoy dispuesta a morir defendiendo un lugar que no sea Chimane. Tsuki, Gobi, mi gente me necesita. Ya los ignoré demasiado. No debí irme. No me lo tomes a mal. Sufro cada vez que veo como el Imperio toma más y más prefecturas. Pero tengo responsabilidades. Es difícil tener responsabilidades. ¿no lo crees?
Y entonces Nico notó que la mano que antes tomaba la suya ahora tenía un ligero brillo, casi imperceptible, de un tono azulado tan claro como el mar que rodeaba Kinpoku. Justo como Nozomi. Justo como el flujo que describía, justo como Chikara.
Fin del capítulo.
Y bien, ¿qué les pareció este capítulo? Creo que esta vez, cosa rara, no hubo nada de Umi y su campaña en Oita, bueno, con la excepción de este último fragmento que se centró más que nada en Sumiye. Sin embargo, no la subestimen, porque ya va tomando la delantera. Ya escribí hasta el capítulo veintisiete (quiero tener ya toda la historia escrita para antes de que termine el mes), y precisamente, uno de los fragmentos que más me han gustado (y que yo he escrito sin tomar inspiración de la obra original) es precisamente de Umi. Por otro lado, hay un fragmento de este capítulo que yo también escribí sin basarme en la obra original, y es precisamente este último. Verán, en la obra original hay muchos más personajes y hacen referencia a un universo mucho más grande, aquí tengo que reducir todo a un solo país y a, aproximadamente, 40 personajes, para todo. El hecho de volver a meter a Nozomi al juego es uno de esos cambios que yo me tomé la libertad de hacer, y de hecho lo hice pensando en una historia futura.
Por otro lado, el fragmento de Rin me entretuvo bastante, fue como una declaración de guerra entre ella y Maki, las cuales han tenido una tensión enorme desde el comienzo de la historia, por lo que es divertido ver cómo van llegando a un desenlace.
El fragmento de Nico y de Sumiye me gustó bastante porque, comparándola con la primera vez que Nico apareció en la historia, con su actitud astuta y pícara, aunque temerosa, esta vez se ve mucho más enfocada. Incluso es como si contagiara su pasión por ver un mejor futuro, tal como lo hacen las idols (bueno, no tan exagerado, pero así va más o menos la cosa).
Creo que ya di una pista muy importante respecto a lo de Sumiye. Por si acaso, les recomiendo leer el capítulo en el que Umi le muestra a Hanayo la destrucción que causó Nozomi en Kochi, además de otro capítulo de los primeros de la historia en el que se mencionan a algunos Iluminados. Creo que esta pista ya es demasiado directa, pero por el hecho de ser la última me gustaría que alguien adivine. En lo personal, desde el principio había planeado todo lo relacionado con Sumiye, pero no lo había planeado así. En el plan original no iba a ocultar su identidad. Creo que también hay un detalle importante que se me olvidó resaltar el capítulo pasado, pero, aun si puede parecer un poco irrelevante, su apellido de nacimiento no es Kunikida, ese es su apellido después de casarse. Tsuki no está casada, dejaré eso a su consideración y ya no diré nada más que no quiero regalar el secreto.
Y ya sin más, para no terminar revelando todos los secretos antes de tiempo, creo que ya iré terminando con este capítulo.
Espero que les haya gustado leerlo tanto como a mí me encanta escribirlos. Sin más, nos vemos la semana que entra con el capítulo que sigue, que será el 26, y será publicado el 26 de julio. (Repetiré, el veintiséis es mi número favorito)
Ya me voy despidiendo, yo soy Aramaru, los quiero a todos y todas y pues… ¡Oyasuminassan!
