Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.
Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.
Hola a todos y todas las personitas que lean esto.
Como siempre es un honor traer otro capítulo para esta historia que ya está en sus últimos capítulos.
En este capítulo, por fin conoceremos la verdadera identidad de Sumiye, veremos a Umi siendo feliz por tener casi la victoria en la bolsa, y tendremos un enternecedor momento en el que Hanayo por fin cambiará para bien y se perdonará a sí misma por todos los errores que ha cometido.
Así que, sin más, por favor lean, y espero que disfruten de este capítulo tanto como yo disfruté escribirlo.
Catálisis
Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.
Parte 3: La verdad, al fin
26
Punto de inflexión
La alerta estalló cuando la Tormenta llegó a la capital de la prefectura. En los casi seis meses que llevaban las campañas en Oita, Nico nunca creyó que llegaría un momento en el que la esperanza se viniera abajo. A fin de cuentas, desde el principio siempre había sabido que no iban a ser capaces de ganarle en fuerzas al Imperio, sólo querían abrumarlos hasta que tuvieran que retirarse. ¿Cómo era posible que la táctica de usar una potencia de fuego abrumadora podía funcionar en tantas ciudades? Ya nadie se atrevía a poner un pie fuera de las cavernas. La resistencia que ella había organizado, su resistencia, había pasado de ser la esperanza, la luz que hacía sonreír a la prefectura, a ser simples ratas de montaña, esperando no ser encontradas e intentando molestar tanto como fuera posible cuando los seres grandes y fuertes no veían. De nuevo se sentía como antes, como una agachada más. Ahora que sentía que había cambiado, le dolía sentir que había regresado a ser la contrabandista de siempre.
—Los escudos de la capital son los más fuertes de la prefectura. Resistirán más que el resto. Sin embargo, ya no tenemos las fragatas voladoras que distraían a la Tormenta —dijo Cocoa parada al lado de uno de los pocos comandantes de las milicias locales que restaban —. Calculando la potencia de las baterías láser de la Tormenta, considerando el desgaste en Saiki y en Usuki, el bombardeo sin escalas comenzará aproximadamente dentro de tres días. Cuando eso suceda, los escudos serán capaces de aguantar, sin una distracción adecuada, aproximadamente entre una o dos semanas antes de ceder por completo. Con las defensas antiaéreas de la capital, tal vez podamos darles una semana más de tiempo. La gente tiene aproximadamente ese tiempo para poder huir de la ciudad, y nosotros tenemos ese tiempo para mover a nuestra gente a posiciones clave en las ciudades antes de que ella sea capaz de establecer batallones de soldados imperiales.
—Sin embargo, podremos retrasarla un par de días si somos capaces de detonar la bomba de pulso electromagnético lo suficientemente cerca de la Tormenta. No seremos capaces de apagar el enorme crucero, pero sí lo forzaremos a recurrir a su energía de reserva. La gastará toda en mantenerse en el aire y no podrá disparar. —dijo el comandante.
—No funcionará —dijo Sumiye acercándose. —La Tormenta es un crucero flotante antiguo. De la primera generación después de que lograron levantarlos del agua. Por eso mismo, cuenta con trenes de aterrizaje superiores a los de los cruceros actuales que ya no los necesitan. Está diseñado para acuatizar y aterrizar para cargar combustible. Se colocó encima de la zona más habitada de la ciudad. Si lo desactivamos, nada le impedirá dejarse caer encima de la gente. Es una provocación.
—¿Propones que entonces dejemos que permanezca disparando hasta que queme los escudos por completo?
—Propongo que organicemos una última campaña. Los habitantes de la capital se encargarán de dejarla lo menos habitable posible para Umi mientras la resistencia encuentra una forma de sacar a los más que se puedan de aquí.
—¿Propones que huyamos? —dijo Nico, mirándola con incredulidad.
—Te lo dije antes, Nico-chan, necesitábamos un plan de contingencia. Me dijiste que eso me lo dejarías a mí. Mientras la campaña se ha estado desarrollando, hemos tenido a un equipo de técnicos preparando nuestra retirada. —dijo Sumiye con el ceño fruncido. —Golpe, retirada y reagrupación. Nuestro golpe aquí ya ha sido demasiado fuerte. Ahora mi responsabilidad es sacar a la mayor cantidad de personas posibles de aquí. No voy a dejar que todos mueran por un ideal que no comparten
El planteamiento de Sumiye la dejó pensando de nuevo.
—¿Qué hay de la tierra? ¿Qué hay de creer que tus acciones importan? ¿Qué hay de tus ideales?
—No seas hipócrita, Nico-chan. —le dijo Sumiye serena, pero con la voz imponente— ¿Crees que muriendo aquí compensarás todo el daño que llegaste a hacer alguna vez en Asago o en Kinpoku? Si te quedas, sólo terminaras matando a tus hermanas. Tú y yo estamos dispuestas a morir aquí, hace años que me convencí a que estaba dispuesta a morir por mis ideales. ¿Pero ellos? ¿Qué hay de tus amigos? ¿Los vamos a condenar? Te lo dije antes, mis acciones importaron, y seguiré haciendo que importen de nuevo en mi prefectura.
—¿Dejando que el Imperio gane aquí?
—El Imperio ya perdió aquí. Lo que quería ya no lo tiene.
—¿Y si solo somos una piedra en el zapato del Imperio, cuando vamos a terminar de tumbarlos?
Sumiye se rio un poco.
—¿No has pensado que, cuando esto por fin termine, deberías de buscar a Haruka? Sus ideas son demasiado parecidas. Se lo dije a ella alguna vez, y ahora te lo digo a ti; no somos una CEPI. A tu amiga, a Nozomi, le llevó años formar su Confederación, con los recursos de la Federación Comerciante, de la Alianza Corporativa, del Banco de los Verde y varios gobiernos locales. Nosotros no tenemos nada, más que nuestra esperanza. Y si te dejas morir aquí, tu esperanza, tu sonrisa, todas las ideas que representas con tu causa, van a morir contigo.
—¿Y qué hay de lo que sentimos, no te sientes cobarde con hacer esto?
—Nozomi me enseñó el valor de saber vivir para luchar otro día. Yo pensaba igual que tú. Me mostró el valor del futuro cuando me rescató del Ejército Imperial.
Nico entendió el punto de la otra mujer, pero simplemente no podía dejar todo por lo que había luchado. Si se iba, se irían también sus deseos de cambiar.
—Tú llévate a mis hermanas. Yo tengo que quedarme aquí, se lo prometí a Haruka, se lo prometí a los comandantes. Se lo prometí a…
—Se lo prometiste a tu papá, Nico-chan. Por favor, te lo ruego, no dejes que Umi acabe con esa chispa de esperanza que irradia de ti.
En el calor de la discusión, ignoraron la alerta de una cápsula modificada acercándose a la montaña.
Una deslizadora llegó desde una de las cavernas más profundas, varios de los amigos de Nico, los refugiados y sus hermanas subieron a él. Sumiye retrasó su partida con la mano.
—Tú eres una Iluminada, ¿no? Todo lo que sabes de Chikara, todo lo que conoces de la guerra, todo lo que sabes de mí. ¿Tú eras parte de la Orden? ¿Tú conspirabas con Nozomi?
—Admito que me dejé manipular tanto como todos en Japón. Ignoré a Nozomi, y la repudié cuando ella fue la única que pudo haber salvado a mi Orden. —Se detuvo. Esta vez no sonreía.
—Tú no te llamas Sumiye, ¿cierto?
—Confío en ti, Nico-chan. —le dio un abrazo, Nico también la envolvió. —You. Me llamo You.
—¿You?
—Ahora que confío en ti— tomó algo de su bolsillo y lo puso en su mano—. Hay pocas personas que tienen una de estas. Cuídala mucho.
Nico no sabía si se refería a su secreto o al aparato, pero prefirió pensar que era al segundo.
—Es una baliza de comunicaciones antigua —dijo Nico, examinando el aparato con forma de brújula.
—Es única en su clase —le dijo You con una sonrisa—. Siempre te mantendrá comunicada con la esperanza. Además, tiene con ella todas las grabaciones de Nozomi.
—¿Cómo se usa? —dijo con nerviosismo Nico, tomando el aparato. Desde sus comienzos como contrabandista no había visto una como esas.
—Eso te tocará averiguarlo a ti. No dejes que nadie te la quite nunca.
—Cuídalas mucho —dijo Nico, mirando a sus hermanitas.
—Te prometo que las devolveré con tu madre antes de que tú puedas salir de todo este embrollo —dijo You llevándose una mano a la cabeza en un peculiar saludo. —Adiós Nico.
Subió a la deslizadora, y salió a una enorme velocidad a través de la oscuridad del túnel. Nico regresó con los comandantes y miembros de la milicia local. Los comandantes la miraron con aprecio.
Y entonces, como si hubiera sido una señal, todo se vino abajo.
Umi caminaba de un lado a otro en el puente de mando de la Tormenta, viendo la ciudad capital de la prefectura; finalmente, después de tanto tiempo en una campaña que había sido más violenta de lo que esperaba, había logrado llegar a la capital. A pesar de que todavía no podían derribar las fortificaciones de la ciudad, desde el mirador Umi veía como la ciudad ardía desde dentro, con el enorme escudo de energía protegiendo lo que ahora parecía tornarse en un cascarón vacío. Con cada ángulo diferente, se revelaban nuevas áreas de devastación, flamas ascendiendo e incluso explosiones que impactaban en el mismo escudo que Umi intentaba agotar. El horizonte se tornó gris y negro por el humo que emergía de las ruinas de la ciudad que todavía no lograba conquistar.
El oficial ejecutivo le informó:
—La mayoría de la infraestructura está deshecha, destruyeron las presas y permitieron que todo fuera inundado, las instalaciones de minería, ganadería y agricultura están destrozadas, todas las instalaciones eléctricas están en llamas, las reservas de alimentos fueron envenenadas y la zona residencial fue enormemente incendiada. No queda nada, los bancos fueron saqueados, y todas las reservas de combustible de la ciudad se usaron para potenciar las explosiones. Cuando logremos atravesar el escudo, nos encontraremos sólo con restos de la ciudad.
—Me sorprende que no intentaran destruir sus propias defensas antiaéreas.
—Podrían. Destruyeron hasta sus propias casas, antes de huir, en respuesta a que el gobierno local hizo un "llamado a la aniquilación".
—Esperemos que se hayan llevado a sus mascotas —gruñó Umi, sin detener el paso.
—Al parecer se llevaron todo lo que pudieron, junto con manadas enteras de animales.
Umi se detuvo y se rio.
—¡Qué leyenda tan maravillosa para las generaciones venideras! Esto será material para libros de texto. Todos recordarán la vez que Umi Sonoda llegó a Oita.
—La leyenda crece, almirante.
Umi aspiró.
—¿Y a dónde se dirigen las masas postapocalípticas?
—Se adentraron al valle detrás de la montaña, en este momento están huyendo en cápsulas desarmadas. Será fácil impedir su éxodo.
Umi se acercó a los miradores delanteros para observar a los convoyes de transportes viejos, canoas, e incluso autos anticuados intentando salir por la parte oeste de la prefectura.
—Déjelos ir —contestó después de un momento—. Entre menos población menos tropas tendremos que desplegar para ocupar la ciudad. —Volteó de nuevo hacia su asistente—. ¿Cómo están las cosas en Saiki?
—La situación sigue en deterioro, almirante.
El oficial le mostró hologramas de la ciudad; la superficie estaba repleta de cráteres de bombardeos, inundaciones, edificios colapsados, y muchos de sus domos de protección de vida estaban partidos cual cáscaras de huevo. Había sido devorada por el fuego de cápsulas imperiales y no imperiales por igual a tal grado, que en el cielo empezaron a formarse nubes de escombros por todas partes.
—Nuestros zapadores lograron infiltrarse en el Comando Estratégico y lo volaron en pedazos. —dijo hablando con prisa —. Pero no todo son buenas noticias, la Alianza Corporativa busca tomar acciones legales contra el Imperio por lo de Zaofu. La abogada Nakagawa ha hecho llegar varios citatorios y ha intentado establecer comunicaciones.
"Un premio más por la gloria" pensó Umi.
—Manténgala esperando —dijo, haciendo un gesto vago con la mano hacia los documentos —. No quiero verla antes de regresar a Tokio. ¿Qué más?
—La zona independiente de la Alianza Corporativa está reforzando sus fortificaciones. Temen que el ataque continúe con ellos.
Umi apretó los labios y lanzó sus palabras como si no fueran nada.
—No quiero que las fuerzas que me dieron de Fukuoka pierdan el tiempo suavizando las cosas en Usuki y en Saiki. Ordene a los capitanes iniciar un ataque por tierra en el lado oeste antes de que a los locales se les ocurra empezar su propio llamado a la aniquilación.
—Sí, almirante.
—¿Qué hay de los alborotadores? ¿El ejército de contrabandistas? ¿Ya fueron frenados? —Umi retomó su trote inquieto
—En las últimas semanas no se han detectado cápsulas entrando a reforzar en la prefectura.
—¿Los que ya están aquí siguen reforzando a las milicias locales?
—Sí, los contrabandistas siguen dando apoyo militar y organizan a los civiles en los llamados a la aniquilación.
—Así que colaborando con los perdedores, ¿no? —Umi sonrió con diversión y colocó una mano en el mentón.
—Eso parece.
—Bien, hay que darles lo que piden. ¿Tenemos inteligencia sobre alguno de sus puntos de reabastecimiento? ¿En qué sector de la capital se están ocultando?
El oficial sacó una tableta de su bolsillo y proyectó el modelo holográfico de un valle amplio, rodeado por montañas escarpadas, un bosque oscuro y con una desembocadura en el río.
—¿Y esto dónde se supone que es? ¿Por qué es importante?
—Ahora puede parecer irrelevante. Pero los drones de reconocimiento hicieron un análisis térmico a las montañas, y descubrieron esto.
El modelo presentó un aproximamiento, y apareció ante los ojos de la Almirante un extenso sistema de cavernas y cuevas dentro de las montañas y con varios túneles cruzando por el valle. Varias de las salidas correspondían con los puntos de salto que habían tomado por sorpresa a las navicomputadoras de la Tormenta. Los tenían atrapados
—Con que están usando la montaña de guarida… —pensó Umi, con la emoción inundando su cuerpo. —¿Dónde está?
—En las afueras de la capital, aproximadamente a veinte kilómetros.
—¿Dice que los contrabandistas los están organizando?
—No sólo eso, también interceptamos una transmisión del Comando Estratégico de Saiki con el de la capital. Los contrabandistas y la milicia comparten la misma base. La resistencia entera se oculta como ratas dentro de las cavernas.
—¿Hay algún crucero flotante más cerca que nosotros?
—Somos el más cercano
—Perfecto —dijo Umi con verdadera emoción. —¿Para qué perder el tiempo con los ataques en tierra? Que mi cápsula personal esté lista para despegar, y encárguese de transferir mi comunicador. Veinte kilómetros son suficiente distancia para que pueda dispararles hasta desaparecerlos. Les voy a tirar la montaña encima —Umi sonrió con maldad discretamente—. Incluso podríamos decir que es como si ellos mismos se lo hubieran buscado.
Hanayo estaba sentada en el sillón de su residencia en las instalaciones. Levantaba la mirada de sus notas de vez en vez, en reconocimiento del hecho de que ella y Hanamaru estaban e la misma habitación, cosa que no sucedía frecuentemente aun después de renovar tensiones con Rin. La niña tenía sobre el regazo una hoja de papel en la que intentaba dibujar, y trabajaba arduamente en una miagen abstracta, hablando consigo misma, tranquila pero animada.
Hanayo tenía su propio cuaderno en mano e intentaba resolver una ecuación que la había eludido durante semanas. Ahora que había encontrado la manera de alterar la estructura interna de los cristales celestiales, imaginaba que los cristales celestiales habían hecho lo mismo con ella. Era parte de su teoría que el contacto prolongado con cristales celestiales podía alterar ciertas capacidades cognitivas, pero la manera en la que se alteraba su mente era muy diferente a lo que su teoría había previsto.
A pesar de que no había sabido nada de Maki, una nueva sensación de urgencia se coló en su investigación, como si alguien le susurrara al oído "apúrate, apúrate…".
Desde que le transmitió a Maki los datos sobre el facetado, sintió una febrícula constante; parte de su mente estaba ocupada por completo en resolver cálculos casi inconscientes. El cristal que antes había sido reacio a sus intentos por investigarlo ahora le daba pistas. No tenía duda de que los cálculos tenían que ver con el cristal, pero la naturaleza del problema aún no se le había revelado. Aún sin saber a ciencia cierta, las ideas plagaban su mente y documentaba todos sus sueños en un cuaderno. Había trazado un mapa de su subconsciente desde hacía mucho tiempo y por lo general lograba descifrar sus sueños, pero los más recientes sucedían fuera de l mapa, en regiones desconocidas de su mente. Se sentía como la adolescente retraída que había sido, cuando experimentaba sensaciones que no estaban dentro del panorama. Su diario tenía varias páginas de extensión; muchas de sus entradas sucedían a media noche o después de una siesta, interrumpidas aquí y allá por garabatos que se convertían en cálculos, pensamientos al aire y notas microscópicas que ni ella podía leer a veces.
Se quitó el pelo de la cara y cambió su atención del cuaderno a Hanamaru, tan absorta en lo que hacía que parecía estar en otro universo. Cuando hizo una pausa para contemplar su dibujo, Hanayo se levantó del sillón y se arrodilló en frente de ella.
—¿Me enseñas tu obra, Zuramaru?
La miró sorprendida y asintió.
—Es para ti, mamá.
—¿Para mí? —Hanayo se señaló a sí misma. Ella asintió de nuevo.
—Es un dibujo de Akiko-san intentando llegar a casa.
Akiko era la heroína de su cuento favorito para antes de dormir, La Escalera Milenaria. En el dibujo estaba su interpretación de la escalera en espiral de mil peldaños que desciende hasta la fuente mágica, en donde Akiko recibió los poderes mágicos que le permitirían volver a su hogar.
Hanayo lo había escuchado tantas veces, incluso desde que ella era niña, que podía recitar el pasaje de memoria.
"Cuando al fin entraron al templo, cruzaron el umbral hacia el interior. Delante de ellos, vieron la escalera descendente, la legendaria escalera milenaria que Akiko y sus amigos se habían propuesto hallar. Se pararon sobre el primer escalón y se asomaron al primer peldaño, y se asomaron a la oscuridad. Mil peldaños, dijo Akiko. Hay que bajar a través de la escalera milenaria hasta alcanzar la Fuente Mágica. Quien beba de ella tendrá el poder de salir disparado hacia el cielo, a través de la escalera, a través del cielo, hasta poder llegar a su hogar."
Al borde del dibujo de la escalera, adornando la hoja de papel, había símbolos y figuras extrañas que Hanayo identificó como versiones de los garabatos matemáticos que dejaba por todas partes en las instalaciones e incluso en Tokio.
Se fijó más de cerca en el dibujo de Akiko, desaliñada y con el pelo corto y sucio. Se preguntó si no habría querido representarla a ella, en lugar de a su heroína.
—Akiko-chan se parece un poco a mí —dijo Hanayo.
—Puedes ser Akiko-san si quieres.
Hanayo la miró con tanto amor en el pecho que se sentía tanto desgarrador como maravilloso. Recordó la primera vez que miró sus ojitos color mielen la habitación de la prisión, en la ciudad de Kochi. Sus ojos manchados de colores la habían cautivado por completo desde ese día y de nuevo el día que salió de la prisión de Imabari. Pensó en todas las veces que ella y Rin le dieron la fuerza para sobrevivir sus largas y frías horas en la celda, las promesas incontables que se hizo a sí misma de darles las vidas más hermosas posibles. Su hermosa esposa. Su hija perfecta. ¿Cómo fue que se permitió a sí misma caer tan profundo en su investigación que su hija, que su Zuramaru, apenas la conocía? ¿Cómo fue que puso primero a los cristales celestiales? Se suponía que todo lo que hacía, que todo lo que trabajaba, era para ellas, pero ahora todo parecía ser sólo para sí misma. Todo para sentir la pasión del descubrimiento puro.
Hanamaru brincó de susto cuando la jaló de repente hacia un abrazo apretado.
—Te amo, mi Zuramaru —le susurró al oído y se limpió una lágrima con el dorso de la mano—. Perdóname por estar tan ocupada trabajando, se me había olvidado decirte lo mucho que te quiero.
La niña le devolvió el abrazo y asintió en sus brazos.
—Si mamí. ¿Ya podemos seguir a Akiko-san en su camino a casa?
Maki regresó desde Minamata hasta la central de mando en Okayama. Durante el camino siguió pensando en Kasumi y el resto de científicos asesinados.
Ahora tenía más fondos, un ejército de androides de trabajo mejorados y aleaciones avanzadas importadas desde mineras y fundidoras de las Extensiones Occidentales que habían conseguido. El recubrimiento de la estación avanzaba a pasos agigantados. Ya habían comenzado a construir los proyectores de escudos cerca del reflector parabólico del hemisferio norte y la trinchera ecuatorial de la esfera se preparaba para albergar baterías de láseres y generadores de rayos tractores. Hasta a los esclavizados constructores de la colonia de Eli les habían dado los incentivos para acelerar los acabados interiores.
La prueba de tiro exitosa le infundió un nuevo ímpetu al proyecto.
A veces, a Maki se le olvidaba que estaba construyendo un arma excepcional, no una ciudad que ella misma gobernaría algún día. Una prefectura propia, repleta de un poder que equiparaba al de la Sentaku, al del Imperio entero e incluso el del mismo ejército.
El único reto que tenía enfrente era el superláser. Ni las fundidoras orbitales en Okayama, con toda su longitud, podían fabricar ejes colimadores de tres kilómetros de longitud. Tendrían que encontrar un sitio remoto adecuado y redirigir los recursos para hacer llegar los resultados en secreto al centro de mando en Okayama.
Luego estaba la cuestión de los cristales celestiales.
Maki esperaba más de Hanayo luego de la prueba de disparo. Se preguntó si el silencio del científico tenía algo que ver con Rin. Se enteró de que Hanayo había estado preguntando acerca del paradero de los envíos de minerales de los poblados desolados, seguramente por la influencia que tenían en ella las sospechas de Rin. También se enteró de que Rin intentó contactar a Tomori Kanako. ¿Había cometido un error al advertirle que no se metiera en los asuntos de Pana? La gente respondía a las amenazas de distintas maneras. La mayoría se sentía intimidada, pero ella no. Una amenaza no significaba nada, a menos que se estuviera listo para llevarla a cabo. Lo de Rin era complicado, no sólo porque sentía cariño por ella, sino por lo que le pasaría a Kayo si ella desaparecía. Sentía celos por la relación de la pelinaranja con su Pana, pero la investigación podría verse más amenazada por las consecuencias de sus propias acciones que por la tendencia a la intrusión de Rin.
Quizá, finalmente, Hanayo se había convertido en el premio de una especie de concurso entre las dos. Quizá siempre lo había sido. Desde esa vez en que Hanayo le había contado con sus ojos lilas brillando sobre la chica que le había robado el corazón, a Maki le carcomía por dentro, pero ahora todo se había hecho más grande.
La única forma de saber quien ganaría sería meterse de lleno a la arena de combate y lidiar con el problema. Ya había preparado una explicación para Pana de por qué le habló a Rin; diría que lo hizo por preocupación de que la insistencia continua de Rin le hiciera romper sus juramentos de seguridad, poniéndola a ella misma y a Hanayo bajo riesgo de arresto por la Comisión para Preservar el Orden. Todo era para proteger a Pana, y a Rin, claro, por loo que revelarle la verdad era como ponerla más en riesgo, eso era todo.
Maki sólo tenía que volteársela.
Ahora bien, si Rin no lo hubiera dicho nada sobre las amenazas, si Hanayo hubiera cumplido su juramento y no hubiera mencionado nada sobre las mentiras que le dijo sobre el plan de la Sentaku…
Como fuera, ya era hora de ir a Uchiura a visitar a Rin y a Hanayo, y de ser necesario, silenciar todas las dudas.
—Terminé de transcribirlo todo nya —dijo Rin, en cuanto Hanayo entró a la residencia. Se levantó del escritorio cercano a la estación de comunicaciones y la interceptó—. Pero creo que deberías de revisar lo que hice.
Hanayo la miró confundida. No le había pedido que transdcribiera nada, ni Rin se había ofrecido a hacerlo.
—Sólo mira las primeras notas nya… —le dijo con una sonrisa forzada, dándole una tableta que ni siquiera era la que usaban normalmente.
En la pantalla, había escrito:
"Díme que las notas están bien, luego pídeme que salga a caminar contigo". No se había siquiera levantado, cuando Rin le dijo:
—Puedo hacerlas más detalladas, ya que las hayas podido revisar todas —La miró exhortándola a seguir fingiendo; Hanayo le siguió el juego.
—¿Qué tal si las reviso después? Ahora quisiera salir a caminar.
Rin forzó una risa.
—¿Tú? ¿Desde cuándo nya?
—Vamos Rin-chan, por favor. ¿No quieres venir?
—Tú sabes que siempre me gusta salir con Kayo-chin nya.
Hanayo se dirigió hacia el ascensor, pero antes de entrar se detuvo a preguntar por Hanamaru.
—Está leyendo —contestó Rin—. Hicieron falta seis cuentos para poder mantenerla tranquila. Dia-san está con ella. El inspector Kurosawa saldrá hasta más tarde.
Hanayo dirigió una mirada a las pantallas del complejo y asintió. Ambas se hicieron de conversación casual, tomaron el ascensor al segundo piuso, salieron de las intalaciones por una de las puertas laterales y caminaron por un sendero que atravesaba el camino.
—¿De qué se trata todo esto, Rin-chan? —preguntó Hanayo en voz baja cuando estaban a una distancia considerable del edificio.
—No quería arriesgarme a hablar contigo adentro nya —dijo, fingiendo pasear.
—¿Arriesgarte?
—Creo que estamos bajo vigilancia Kayo-chin. Tal vez desde el principio nya.
Hanayo no intentó ocultar su incredulidad.
—¿Quién nos está vigilando?
—Maki, para empezar nya.
—¿Para qué nos vigilaría? No tiene por qué espiarnos, no tengo nada que ocultarle.
—Puede que no, pero estoy segura de que ella sí nos oculta muchas cosas. —Entrelazó su brazo con el de Hanayo para poder hablar más de cerca y más bajo. —Creo que corremos peligro nya.
—¿Aquí? ¿En Tokio? ¿Quieres que haga los trámites para que regresen a vivir aquí? Puedo inscribir a Zuramaru en la primaria del pueblo.
—No me refiero a eso, el peligro está aquí nya. En esta prisión de lujo que Maki mando construir para ti —Inhaló profundamente para calmarse, como si se estuviera convenciendo de decir algo—: Hace un par de semanas, tu mejor amiguita nos visitó de la nada a mi y a Hanamaru en el Centro de Tokio. Me advirtió que tuviera cuidado con socavar tu trabajo…
—¿Maki-chan te amenazó? —Hanayo giró la cabeza hacia ella, no incrédula, sino sorprendida.
—No exactamente, no. Pero sí me dio a entender que me harían responsable si gallaras en cumplir las expectativas del Imperio. Dijo un par de cosas que sonaban a que llevaba mucho tiempo vigilándonos de cerca.
Hanayo luchó con la idea.
—No pudo haberlo dicho así, no después de todo lo que ha hecho por nosotrasz.
—Vaya que lo dijo justo así nya. Y se pone peor: creo que el Imperio está desapareciendo investigadores del Proyecto Brillo Eterno.
A Hanayo le costó obligarse a seguir caminando.
—¿Primero lo del ecocidio, ahora desapariciones?
—Déjame terminar Kayo-chin —dijo Rin en un tono que no permitía contestaciones—. ¿Recuerdas que te dije que Tomori-sensei nos hablaría desde Minamata? Pues borraron su nombre de la base de datos del personal, al igual que el de Kasumi Nakasu. Por otro lado, Minamata no responde a ningún mensaje. ¿No crees que el Imperio pueda desaparecer investigadores para eliminar la posibilidad de que se filtre información?
—No puede ser, la amenaza son los anarquistas, los rebeldes, no los investigadores.
—Rehúsate a verlo todo lo que quieras, pero tú misma me dijiste que la seguridad es un problema enorme. Mira este lugar. Mira todo lo que tenemos que hacer para tener una conversación si tener miedo de que nos escuchen.
—Tú eres la que tiene miedo de que nos escuchen —dijo, lo más controlada posible—. A lo mejor estás viendo problemas donde no los hay. Quizá clausuraron las oficinas de Minamata o Tomori-sensei salió del programa.
—Intenté convencerme de que ese era el caso, pero ya sabes que no puedo. Le pedía a Ai-chan que fuera a Minamata y a Yabu y nos diga que encontró.
Hanayo se quedó en silencio, mirando la luna. Rin esperaba alguna acusación de que había pedrdido la cordura, un regaño por haber usado el comunicador de las instalaciones, o que Hanayo saliera en defensa del Imperio, a cantar loas sobre lo maravillosa que era Maki y como las había ayudado tanto. Pero esta vez parecía escuchar sin juzar, tan tranquila que preocupaba. Sólo miraba a la luna.
—¿Cuándo sabremos algo de ella? —dijo al fin.
Rin no ocultó su alivio.
—Sólo tiene que ver como justificará los viajes. ¿Podrías evaluar al menos los datos que te envié, aunque sea solo para que me tranquilice un poco nya?
—Tenemos que llegar al fondo de esto —masculló Hanayo por lo bajo.
—¿Al fondo? —Rin detuvo la caminata para pararse en frente de Hanayo. Vio que estaban frente a un mirador que permitía que se viera la bahía entera—. Después de todo lo que hemos pasado estos meses, creí que… Bueno, supongo que esperaba que te negaras a aceptar esto. ¿Qué cambio?
Los ojos lilas de Hanayo se entornaron ante la inmensidad del mar.
—Que yo también tengo mis sospechas.
Fin del capítulo
Y bien… ¿Qué les pareció este capítulo? Parece que por fin el misterio de Sumiye se ha resuelto. ¿Sospecharon de You-chan en algún momento? Mi plan original era usar a Nozomi representando a su personaje en la historia, pero, creo que Nozomi es demasiado peligrosa como para mantenerla con un rol activo, por eso la usé más que nada en las grabaciones y todo eso. ¿Qué irá a pasar con Nico ahora que Umi va por ella? Umi lleva todo este tiempo buscando una excusa para subirse a su cápsula e irlo a reventar todo, así que, pobre Nico. ¿Cómo irá a reaccionar Maki ante las sospechas de Hanayo y de Rin? ¡Adoré la parte con Hanamaru, fue hermosa! Y ese final, cuando Hanayo por fin acepta que ha estado sospechando de Maki, se siente amargo. Me gustó. Quisiera saber su opinión.
No me lo creerán, estuve escribiendo tanto esta semana que se me olvidó que apenas íbamos en el capítulo 26. Incluso corregí el 27 y le agregué comentarios personales. No entiendo como se me pudo haber olvidado si era el capítulo 26 en el 26 de julio, incluso lo había pensado así. Es lindo que el punto de inflexión de la historia sea mi número favorito. Si el capítulo 22 fue el clímax, este es más bien como el punto donde la parábola de la que hablaba antes cambia, ahora Hanayo vuelve a subir. Y por eso me gustó tanto su parte con Hanamaru, porque en la historia de la Escalera Milenaria precisamente bajan para subir y por fin poder llegar a casa; ahora, Hanayo por fin podrá regresar con su familia, y el hecho de verla convencida de que hacía lo correcto hace apenas como dos o tres capítulos hace que sea aún hermoso ver como recupera el camino. Y, yo que ya leí el capítulo que entra, y el 28 y el 29 y el 30 que ya está casi completo, si noto la inflexión en Hanayo, ya me dirán cómo la ven ustedes.
Ahora, la verdad es que, de cierta forma me preocupo, porque la historia de la que les hablé la vez pasado no quiero comenzar a escribirla de inmediato, quiero dejar que estos personajes descansen un rato antes de continuar, así que no sé qué haré cuando termine Catálisis. Supongo que ya tengo que ir reflexionando al respecto.
Y sí, me atreveré a decir que Catálisis tiene una mala recepción a comparación de literalmente todo lo que he escrito, pero no la voy a dejar. Por eso mismo me propuse a terminarla esta semana. Admito que la temática de Catálisis puede ser un poco aburrida porque toca muchos temas de una política que de verdad no interesa, de una ciencia que de verdad no interesa y de una guerra que de verdad no interesa. Creo que no es lo que alguien esperaría leer en una historia de Love Live, ¿no les parece? Y no, no me refiero a que escribir de ciencia, política o guerra sea malo, más bien me refiero a que el hecho de que todo esto se sienta tan irreal le resta un poco de interés. Por eso es que, a todas las personitas que lean esto, les doy las gracias sinceramente por sus lecturas. Creo que fueron en total como 6 lectores del capítulo anterior. A ver cuántos juntamos esta vez, pero los que se junten, muchas gracias. Por esas seis personitas terminé esta historia con mucho ánimo.
Y ya sin más creo que terminaré porque ya se hace muy tarde. Yo soy Aramaru, los quiero a todos y todas, gracias por haber leído hasta esta parte y pues… ¡Oyasumi!
