Disclaimer: Love Live y sus respectivos personajes pertenecen a su respectivo autor.
Disclaimer 2: Star Wars. Catalyst: Una historia de Rogue One pertenece a su autor James Luceno.
Hola a todos y todas las personitas que lean esto.
Como siempre es un honor traer otro capítulo para esta historia que ya está en sus últimos cuatro capítulos. Sin embargo, ahora que empieza agosto, quiero dar información importante sobre el ritmo de actualización, así que para esa parte nos vemos más abajo. Por cierto, aprovecho para desearle feliz cumpleaños a Chika-chan
En este capítulo, por fin veremos a Umi siendo feliz volando cápsulas y volando toda una montaña, de hecho. Y por fin Hanayo abrirá los ojos ante lo evidente.
Así que, sin más, por favor lean, y espero que disfruten de este capítulo tanto como yo disfruté escribirlo.
Catálisis
Por más de tres años, la guerra civil por la separación de las prefecturas ha sacudido a Japón. Ahora, con el proyecto secreto del Imperio del Japón, el fin de la guerra es inminente, pero más allá del amanecer de esperanza y de paz, la noche más oscura comienza a deslumbrarse.
Parte 3: La verdad, al fin
27
Exponentes
Umi sacudió la palanca con fuerza hacia atrás, haciendo que la cápsula diera un brusco giro completo, esquivando un par de cápsulas de combate que los locales habían desplegado en cuánto sus radares la detectaron acercándose. Gracias a los inhibidores de escaneo que tenía su cápsula personal, La Nube¸ logró eludir como si fuera un fantasma los sensores que habían colocado los militantes en las montañas. Cuando volaba en su cápsula se sentía como una nube, liviana, ágil, pero con la capacidad de causar un enorme diluvio. Surcaba los cielos con su motor experimental, y llegó a la montaña en menos de diez minutos. Se sentía libre, libre de las ridículas leyes que habían considerado que su cápsula era demasiado peligrosa para volar cerca de zonas civiles.
Los contrabandistas le hicieron el favor de colocar su base lo suficientemente lejos para poder dejar caer todo lo que su nave podía dar, y si era necesario, o incluso si no, les iba a tirar la montaña encima. Ya había sido suficiente. Merecía volar con libertad.
Las cápsulas enemigas comenzaron a dispararle con poca precisión. Umi consideró que se trataba de pilotos inexpertos. Era cierto que su nave, de la cual ella misma había vigilado las modificaciones, era por mucho la más mortífera del Imperio, pero casi sentía lástima por las escasas habilidades de vuelo de sus enemigos.
Movió la palanca para girar y cambiar el vector, e intentó reposicionarse detrás de sus perseguidores. La computadora de navegación detectó otras dos cápsulas enemigas acercándose. Por un ligero segundo pensó que tal vez debió de ir acompañada por una o dos cápsulas imperiales, pero borró ese pensamiento de inmediato. Era su momento, y seguramente no se repetiría en mucho tiempo. Quería sentir la adrenalina de la guerra, quería ver como sus habilidades abrumaban a los pobres militantes locales. No eran nada contra la disciplina del Imperio. No debían serlo.
Las dos cápsulas recién llegadas intentaron atacarla por el frente, mientras las perseguidoras intentaban atacarla por atrás. Consideró, quería divertirse, pero finalmente sólo eran una distracción para los contrabandistas y comandantes que se ocultaban en las cavernas. No podía dejarlos salir. El combate aéreo era irrelevante.
Las dos cápsulas recién llegadas se colocaron en posición de ataque. Umi casi sonrió.
Sin despegar la vista del frente, como si tuviera memorizados todos esos botones que no había podido tocar en meses, colocó toda la potencia de escudos en el casco frontal de la cápsula. Después, desactivó los impulsores y jaló la palanca bruscamente hacia atrás. El brusco cambio de dirección, en vez realizar un cambio de vector común, generó turbulencia y confusión en sus dos perseguidores traseros, y se concentró en los dos recién llegados, que tomaron evasión para evitar caer en el bullo que había quedado en la posición anterior. Umi se reposicionó rápidamente con un giro de ciento ochenta grados, y usando el casco inferior reforzado que de por sí tenía su cápsula, comenzó a disparar las baterías láser ligeras para desgastar los escudos de sus enemigos. Cruzó por encima de ellos, y, en vez de cambiar el vector para regresar al ataque, activó el posquemador para acelerar rápidamente y dejar atrás a todo el grupo de cápsulas enemigas.
Subió hasta que la Nube se ocultara entre las mismas en el cielo, y ahí dio un giro completo para bajar y reposicionar su vector en el valle. Preparó los misiles incendiarios, y, sin activar el piloto automático, ajustó la computadora de tiro. Era su parte favorita. Contactó a la Tormenta para saber dónde disparar.
—Compartiré mi posición —dijo por el comunicador—. Necesito que hagan un escaneo térmico rápido. Comenzaré el ataque en menos de dos minutos.
—A sus órdenes almirante —dijo el oficial ejecutivo desde el puente de mando. Se puso a pensar; la lealtad de ese hombre era su mayor virtud, pero a veces la exasperaba que no fuera capaz de mostrar emoción alguna. Reconsideró; no, eso lo pensaba por estar volando, no mostrar emociones era lo que hacía grandes a los oficiales bajo su cargo. —Escaneo completo. Le envío las coordenadas.
Levantó el visor de su casco para poder apuntar manualmente a las posiciones que recién habían aparecido en la computadora de tiro. Cerró su ojo izquierdo para mejorar su enfoque y colocó la mano en el gatillo. Tenía tres misiles disponibles. Tenía que ser rápida y colocarse en posición defensiva mientras los otros tres se preparaban para salir.
Disparó el primero. Vio como los escombros, en vez de salir disparados hacia arriba, comenzaban a caer a las profundidades. Se reposicionó y disparó el segundo justo donde se había formado el agujero. Disparó el último a una cueva en la montaña que les había servido como entrada a los contrabandistas.
Volvió rápido al cielo e hizo un escaneo rápido. Tres de las cuatro cápsulas ya se habían recuperado, seguro que podría destruir un par antes de volver a disparar contra la montaña.
—Oficial, realice otro escaneo térmico en busca de salidas de calor, voy a dejarlos encerrados antes de enterrarlos bajo escombros y metralla —dijo por el comunicador mientras bajaba en picada justo entre las tres cápsulas —Sentirán terror del Imperio. Será la consecuencia de su insurrección.
—A sus órdenes, almirante.
Redirigió la energía a los escudos traseros esta vez. Pasó rozando por la tierra con las cuatro cápsulas persiguiéndola, y su repentino regreso al aire hizo que una de ellas se estrellara en el suelo del valle.
Vio a la que seguía intentando zafarse de la turbulencia. Voló directo hacia ella con los láseres activados. Incluso ignoró las alertas de las dos cápsulas que la seguían todavía. Disparó y un par de segundos después la cápsula atrapada también estalló. Umi pasó entre sus escombros y después volvió a cambiar de vector. Los misiles estaban listos de nuevo. Ignoró a las dos cápsulas y bajó en picada hacia el valle de nuevo. Volvió a disparar un misil incendiario a la montaña, que se comenzó a venir abajo, mostrando más agujeros en suelo. Disparó otro misil al agujero. Tenía un plan con el último. Dirigió la cápsula a la cima de la montaña, y lo disparó a punto de alcanzar la cima. Después, dio media vuelta y cruzó entre las dos cápsulas que fueron aplastadas por los escombros. Aprovechó la potencia de sus escudos traseros para salir ilesa y vio como los escombros y las cápsulas destruidas cayeron al hoyo junto con los demás contrabandistas. Más calmada, preparó los misiles convencionales. Ya se había divertido; ahora era momento de ir en serio.
Disparó otros dos misiles al primer punto al que había disparado. Quería hacerse espacio suficiente para que su cápsula pudiera entrar. Después de tres tandas de misiles, finalmente el agujero fue suficientemente grande como para que la Nube entrara sin problemas.
Redujo los motores a mínima potencia, y redirigió toda la energía a las baterías láser pequeñas; era momento de acabar con la resistencia. Vio provisiones abismales de recursos, comida, armas, municiones e incluso combustible. Comenzó a destruirlas de inmediato. Todavía tenía que encontrar el centro de mando principal.
—Oficial, necesito que haga un escaneo del espectro electromagnético en busca de su centro de comando —dijo desde el comunicador mientras seguía destruyendo lo que suponía eran sus bodegas, haciéndose espacio para poder ir más profundo en el sistema de cavernas—. Y vaya autorizando a los batallones el descenso a esta zona. Vamos a necesitar apoyo terrestre para asegurarnos de que todo haya sido destruido.
—A sus órdenes almirante. Hay una caverna donde hay una potente señal de comunicaciones, sospechamos que es el centro de mando principal
—Deme las coordenadas —dijo Umi tranquila, saliendo del agujero para regresar a la superficie.
Las coordenadas llegaron a la computadora de la nave poco después. Preparó los misiles de contusión, a esos tenía que sacarlos con vida. Pero, como criminales de guerra, no tenían por qué salir ciento por ciento ilesos, así que también preparó los misiles convencionales para derrumbarlos primero.
El punto era justo en donde iniciaba la elevación de una meseta, en una cueva no tan profunda, para poder mantener las comunicaciones, supuso Umi. Comenzó a disparar y vio como el anticuado equipo de comunicaciones comenzaba a estallar. Ya viendo como la cueva comenzaba a derrumbarse, disparó los misiles de contusión contra los presentes. Ya habría tiempo de interrogarlos. Aterrizó su cápsula afuera de la cueva, y bajó de la misma, sin quitarse su casco.
Entró a la cueva que se derrumbaba, con su pistola láser en mano, para neutralizar a cualquier contrabandista o local que hubiera quedado consciente. Habló a través del comunicador de su casco.
—Acceda a los radares de mi casco y deme el registro de estas personas. Busque coincidencias en las bases de datos, haga lo necesario. Sacaremos sólo a los que sean de valor como prisioneros de guerra.
—Señora, encontré a la Capitana Nico Yazawa y al comandante Naotsugu del Comando Estratégico de Oita.
—Está bien oficial —dijo Umi, sacando su arma y apuntándole al hombre—. Tenemos suerte. Ya encontramos a la persona a la que busco.
Disparó directamente al pecho del hombre y se acercó a mirarlo. Veía la valentía en su rostro. Anotó en su mente que pediría que le dieran un entierro digno cuando todo esto terminara. Había sido un rival formidable. Volteó a ver a la capitana. Parecía una niña. Había causado más problemas que cualquier niña que hubiera conocido. Pero sólo ella podía ayudarle a terminar con la racha de victorias de Maki. Ajustó su arma a la modalidad aturdidora y disparó un orbe aturdidor contra el cuerpo inerte de la capitana.
—Sólo para asegurar que no te despiertes antes de tiempo —dijo Umi al cuerpo inerte—. Tienes mucho que contar todavía, capitana.
Nico volvió en sí lentamente; le punzaba la cara y veía borroso.
—¿Disfrutaste la remojada? —preguntó una dura voz femenina.
Con esfuerzo, enfocó la vista en la oficial imperial alta, imponente y de pelo azul que se encontraba de pie a unos metros.
—¿Dónde estoy? —preguntó Nico, débil.
—En la enfermería de prisioneros de la Tormenta —dijo la oficial—, actualmente en órbita estacionaria en la capital de Oita. —Se acercó al pie de la camilla de Nico—. Pasaste una semana en terapia de recuperación con células regenerativas y mírate, aquí estás, como nueva.
Nico se dio cuenta de que traía el uniforme rojo de prisionera; sus manos y pies habían sido esposados con brazaletes eléctricos.
Dirigió sus ojos aún nublados a las insignias cuadradas, rojas y azules, fijas al uniforme gris de la oficial.
—Usted es la Hogo Sonoda —dijo.
Una breve mirada de sorpresa pasó por el semblante severo de Umi.
—Me alegro sinceramente de saber que tu cerebro sigue funcionando.
—Lo que queda de él —logró decir Nico mordazmente —. Y no gracias a usted.
Umi la estudió abiertamente.
—Admito que me fue muy divertido comandar el ataque contra su base en la montaña. Sus fortificaciones tenían defectos muy sencillos y todo su sistema de túneles se vino abajo con un par de misiles incendiarios. Después, la Tormenta cubrió con una línea de fuego las rutas de escape por la meseta y derrumbamos las montañas sobre las bodegas más profundas. Al principio no me interesaba buscar sobrevivientes, pero cuando el análisis dijo que tú estabas en el puesto de comando, decidí que eras demasiado valiosa para dejarte morir enterrada ahí. Yo misma traje tu cuerpo inconsciente a la nave.
Nico no recordaba nada de eso.
—¿Por qué se molestaron en gastar tanto por una simple contrabandista? —dijo Nico, gesticulando con el mentón hacia el pabellón de terapia de células regenerativas—. Ni en sus soldados suelen hacer este tipo de terapias.
—Quería hablar contigo, antes de que empieces lo que sin duda será un largo tiempo en prisión. Tú, la contrabandista que fue capaz de comenzar una de las rebeliones más agresivas desde el fin de la guerra.
—No voy a decir nada, prepárese para tener una conversación con usted misma —Nico estaba demasiado débil para darle importancia incluso a la Hogo.
—Entendido, pero veamos cómo nos va —dijo Umi, encogiéndose de hombros. —Tal vez saquemos oro de toda esta basura. Como ya te dije, me da curiosidad saber si tus acciones en Oita, con todo lo que lograron, fueron a petición de la Contraalmirante Maki Nishikino.
Nico se le quedó viendo a la Hogo por un largo rato, preguntándose cuánto sabía.
—¿Amnesia repentina? —preguntó Umi con sorna.
—Más bien estoy evaluando mis opciones —dijo Nico con cautela—. Así que esta testaruda consiguió convertirse en contraalmirante.
—¿Acaso eso sugiere que sigues bajo las órdenes de Maki Nishikino?
—No estoy bajo las órdenes de nadie.
Umi frunció el ceño.
—¿Todos esos viajes por suministros sin ningún beneficio personal? ¿Todo ese esfuerzo para una prefectura que ahora está bajo protección imperial? ¿Todo sólo por placer personal?
—Sólo le diré una cosa. Suerte con su desintoxicación y convirtiendo ese lugar en algo remotamente habitable otra vez. Los locales hicieron un trabajo maravilloso.
Umi se permitió una sonrisa.
—Al menos Oita servirá como un punto de partida para ataques al resto del Sector Corporativo.
Nico sintió que las fuerzas, y las ganas de luchar, le regresaban
—El Imperio no se detendrá hasta que domine cada rincón y cada isla remota de Japón ¿no?
Lo que dijo Umi le causó escalofríos
—¿Y por qué habríamos de detenernos ahí? —dijo con una sonrisa amplia. Luego retomó su semblante serio—. Tus amigos contrabandistas lograron escapar por el río con el resto de locales. Pero no te preocupes. Tarde o temprano los atraparemos.
—No esté tan segura. Son muy buenos en lo que hacen —dijo, recordando a You y cómo había logrado eludir su identidad como Iluminada por más de un año.
Umi se puso en posición de firmes.
—Si damos por hecho que estás siendo honesta respecto a la Contraalmirante Nishikino, me gustaría saber qué te hizo pasar al otro bando después de que ayudaste al Imperio a conseguir a Kinpoku y a Asago.
Nico hizo una mueca; así que Umi y Maki se habían puesto de acuerdo desde el principio.
—¿Qué diferencia hace eso?
—¿La Contraalmirante Nishikino la traicionó? ¿O acaso hizo algo para caer de su gracia?
La risa de Nico se transformó en una tos seca.
—Si se mira de cierta manera, ella misma fue responsable de mi cambio de rumbo —dijo cuando pudo—, pero, ya que tiene tanta curiosidad, lo que me cambió fue un viaje a Wakkanai que hice con un par de mujeres exploradoras.
Umi se paró en seco a un metro de la camilla.
—Ahora estoy intrigada. ¿Estas mujeres de alguna manera te ayudaron a abrir los ojos, el corazón… qué parte de ti?
—El efecto que las acciones del Imperio están teniendo en las vidas de las personas a quienes aún les importa.
La decepción jaló hacia abajo las comisuras de los labios de Umi.
—Por favor, capitana. Intentemos no ser ingenuas. ¿A dónde fueron tú y tus acompañantes exploradoras en este viaje que te cambió la vida?
Nico comenzó a preguntarse si Umi la había drogado con suero de la verdad. Incluso si no, cabía la posibilidad, aunque pequeña, de que algunas respuestas honestas le compraran cierta indulgencia.
—Empezamos en Wakkanai, ya se lo dije.
—Conozco Wakkanai. En el norte.
Nico no se sorprendió. Umi parecía experta en todo.
—Las mujeres hicieron un poco de topografía y cartografía. Expresaron interés en visitar algunas Zonas Protegidas del legado, así que las lleve a Asago y a Kinpoku.
—A visitar lo que habías hecho, quieres decir —Umi sonrió de nuevo —. ¡Eso debió haber sido muy depurativo!
—Sus reacciones me hicieron cuestionarme severamente.
—Honestamente no sé si debería burlarme o llorar —Umi la miró con burla—. Yo que te consideraba como Nico Yazawa, una contrabandista talentosa y una hábil mercenaria. Ahora me doy cuenta de que eres más bien una acompañante cursi.
Nico intentó reponerse en la camilla.
—Lo de acompañarlas fue idea de la Contraalmirante Nishikino.
—¿Para qué? —Las cejas de Umi se arquearon con nuevo interés.
Nico dejó de luchar contra las esposas.
—La idea era asegurarse de que no se metieran en problemas. Una de ellas está casada con una científica importante y yo tenía historia con la familia.
—¿Qué científica? —preguntó Umi, endureciendo la mirada.
—Su nombre es Hanayo Koizumi.
Los ojos de Umi se abrieron ante la genuina revelación y se llevó los dedos al mentón.
—La especialista en energía.
Nico no respondió de inmediato. ¿Acaso había encontrado un punto en común con la Hogo?
—¿La conoce? —preguntó finalmente.
—¿Qué clase de historia tienes con la familia de Hanayo Koizumi?
—Ayudé a rescatarlos de Kochi durante la guerra. Fue cuando conocí a la Contraalmirante Nishikino. No sabía que la doctora Koizumi seguía involucrada con ella, porque en ese entonces me pareció que no quería tener que ver con cuestiones militares.
Umi no se molestó en esconder su sorpresa.
—¿La doctora Hanayo Koizumi está trabajando con Maki Nishikino?
—Eso dijo Rin, su esposa.
Umi parpadeó.
—Así que fue gracias a Hanayo que logró obtener su nuevo conjunto de insignias en la túnica. —dijo para sí misma.
Nico se arrepintió inmediatamente de haber divulgado la información. ¿Acaso había puesto en peligro a Rin, a Hanayo y a Hanamaru abriendo la boca? Cualquiera que fuera el motivo de la evidente rivalidad entre Umi Sonoda y Maki Nishikino, Hanayo Koizumi parecía formar parte de ello.
Umi le sonreía.
—Tú y yo hemos sido manipuladas por una estratega bastante brillante. La Contraalmirante Nishikino te reconectó con Rin Hoshizora para estimular tu traición en Oita y tu traición me condujo al engaño de Maki.
Los pensamientos de Nico se aceleraron. ¿Había forma de advertirle a Rin? Umi la examinaba, claramente planeando su propia estrategia.
—Me has causado bastantes problemas, capitana. —dijo la Hogo después de un largo rato. —Pero estoy dispuesta a darte una oportunidad de redimirte.
Hanayo estaba sentada en el cuarto de Hanamaru, en las instalaciones de Uchiura. Era la noche fría de un viernes, y ella y Rin apenas habían llegado de Tokio dos horas antes. Hanayo había limpiado de dispositivos de audio y cámaras ocultas de vigilancia la habitación, y miraba concentrada las computadoras compactas y los proyectores que había traído de otras partes del edificio.
Rin caminaba de un lado a otro detrás de ella, nerviosa, esperando su veredicto. Sin decir una sola palabra desde que las había recibido en la bahía de aterrizaje. Tras una semana desde su conversación en los senderos, los reportes de datos de Ai sobre Minamata y Yabu habían llegado apenas ese mismo día en la mañana. Durante la breve conversación entre la amiga de Rin y Hanayo, Ai le había dicho con una sonrisa que aquel era el salto más largo que había dado y que no era un lugar al que le gustaría regresar; después, ya sin esa sonrisa, usó las palabras "vil" y "corrupto" para describir lo que había visto. Sin embargo, Ai no había ofrecido teorías sobre ninguna de las imágenes y lecturas hechas por los sensores topográficos de su cápsula. Hanayo no se atrevió a preguntar nada: Ai ya estaba demasiado involucrada con lo que podría ser una conspiración o una confabulación de espionaje y Hanayo no quería regalarles a sus vigilantes invisibles más armas de las que ya tenían.
—Minamata no fue gradualmente eliminado —dijo Hanayo, al fin—; fue destruido.
—Anarquistas nya —alcanzó a decir Rin.
—No fue destruido por anarquistas ni por separatistas insurrectos —dijo Hanayo, acomodándose los lentes —, sino por baterías láser de tres cruceros flotantes —Hanayo se alejó de los ronroneos y gorjeos de los aparatos para mirarla—. Sería más acertado decir que restregaron las instalaciones.
Rin se había detenido y la miraba con asombro.
—Pero sabemos que eran instalaciones de Brillo Eterno nya.
—No hay duda sobre eso —dijo Hanayo, asintiendo con la cabeza.
—Entonces, ¿por qué habría de destruir el gobierno una de sus propias instalaciones? ¿Había alguna especie de fuga contaminante nya?
Hanayo gesticuló hacia el banco de instrumentos.
—No hay ninguna evidencia de ello.
—Quizá fue para evitar que el lugar cayera en manos de insurgentes nya —dijo Rin, tomando los hombros de Hanayo.
Hanayo volvió a asentir, sin levantarse.
—Es una fantasía agradable. —Señaló un holograma que flotaba sobre uno de los proyectores—. En Minamata hay una antigua fábrica del taller de Lisan, de unos diez, tal vez hasta treinta años de antigüedad, obviamente antes de la guerra. Estas instalaciones están más o menos intactas, quizás hasta funcionen, pero todo alrededor de ellas se echó a perder, incluyendo las instalaciones subterráneas de Brillo Eterno que habían sido reacondicionadas.
—¿Sabes cuándo sucedió nya?
—Es reciente, tanto, que la zona sigue caliente por el bombardeo aéreo. Yo diría que tienen, por mucho, un par de semanas. No más de un mes —Hanayo se quedó callada un momento.
Rin recordó el crucero flotante que había visto en Kinpoku, dirigiendo sus láseres hacia vastas áreas de un bosque.
—¿Yabu también nya? —preguntó con indecisión.
La expresión de Hanayo pasó de tristeza absoluta a enojo contenido.
—La destrucción de Yabu se debe, según los cálculos de Miyashita-san, a la difracción de los cristales celestiales.
Rin la miró boquiabierta.
—Pero tú me dijiste…
—Ya sé lo que te dije, Rin-chan —la cortó con molestia—. Lo mismo que me dijo Maki-chan: que los separatistas eran responsables, pero todo era mentira—. Apretó los dientes. Rin sintió que iba a explotar—. Han estado intentado convertir mi investigación en un arma.
—Kayo-chin —dijo ella, sintiendo que el aire la abandonaba por completo.
Hanayo se movió en su silla hacia otras pantallas y proyectores.
—Ni Minamata ni Yabu eran instalaciones de investigación de energía; eran centros de desarrollo de armamento especializado. Las computadoras de la base de datos de Brillo Eterno han logrado reconocer lo que alguna vez fueron ejes colimadores de láseres inmensos, bobinas de focalización e inductores de energía. —Empezó a tronar sus dedos con fuerza—. Esta clase de materiales se obtienen con minerales aisladores. Son los mismos envíos que han estado desapareciendo directo de Asago y Kinpoku. Por eso el retraso de Maki-chan al proporcionarme datos sobre los experimentos de energía (incendios de prueba, en lo que a mí respecta). Quizá también, cuando, durante la guerra, mencionó el trabajo que estaba haciendo en una instalación militar sin precedentes. —Cerró los ojos y suspiró—. Será una superarma, como nunca antes se ha visto, y con los descubrimientos que he realizado, el potencial es inimaginable. Ciudades enteras, Rin-chan. Ciudades enteras. He sido una tonta.
Igual de perturbada, ella apoyó una mano sobre el hombro de Hanayo.
—Kayo-chin. No podías saber nya. No podíamos saber.
Hanayo le lanzó una mirada exasperada.
—¿No? Si no hubiera sido tan ciega…
—¿Es posible que Maki supiera algo de esto? ¿O sería desear demasiado nya?
Hanayo se puso de pie y se alejó de los aparatos.
—Va a venir aquí —dijo con una repentina fuerza, volteando a verla para mirarla de frente—. Mañana en la noche. Lo hizo sonar como cualquier otra visita social, pero estoy segura de que quiere saber cómo estamos. Si tienes razón sobre la vigilancia, entonces sabe que hemos estado buscando la verdad.
Ella se mordió el labio inferior.
—¿Qué podemos hacer nya?
Ella pensó un par de segundos, luego dijo
—Siempre podemos aliviar sus sospechas.
—¿Cómo nya?
—Creo que podríamos admitir ciertas preocupaciones, sin ofrecer teorías sobre las desapariciones. Minimizamos todo —Se quitó los lentes y la volteó a ver. —¿Puedes ayudarme con eso?
Rin apretó los labios. La destrucción en Minamata y Yabu no explicaba las desapariciones de Kasumi y de Tomori-sensei. ¿Ese también sería el destino de Kayo-chin? ¿El de las dos? Tenía que sacarla de ahí antes de que la eliminaran de manera radical
—Definitivamente lo intentaré nya—contestó.
Fin del capítulo
Y bien, ¿qué tal les pareció este capítulo? No sé ustedes, pero cuando escribí la parte de Umi volando al principio, sentí la adrenalina que ella sentía. Es como si por primera vez en mucho tiempo estuviera haciendo lo que realmente ama hacer. Me agrada decirles que esta historia ya está terminada, y que ya sólo es cuestión de terminar mañana el capítulo 30 con una parte que quería añadir como preparación para la otra historia para tenerla lista.
Por otro lado, sé que es sábado, pero mañana voy a estar extremadamente ocupada, así que quise publicar este capítulo de una vez, aprovechando no sólo que es cumpleaños de Chika-chan, sino que este capítulo ya lo había corregido por accidente la semana pasada.
Pasando a cosas más importantes, este es el último capítulo que sale con el ritmo de actualización semanal. El capítulo que entra, el más largo de la historia, saldrá hasta dentro de dos semanas, porque ya voy a entrar a la escuela, y, voy a ser sincera, es absorbente y necesito más tiempo del que imaginaba necesitar para poder inspirarme y escribir algo lindo (lo descubrí el jueves que me puse a reescribir un capítulo de la primera historia con la que empecé). Ahora bien, me quiero disculpar, creo que la semana pasada me puse un poco sentimental, espero que me perdonen. Y espero como siempre que les haya gustado este capítulo.
Pasando a las preguntas, ¿qué irá a pasar con Nico-chan? ¿Logrará advertirle a Hanayo y a Rin? ¿Cómo irá a reaccionar Maki ante las sospechas de Hanayo y Rin? ¿Qué irán a hacer ellas?
Y ya sin más creo que terminaré porque ya se hace muy tarde. Yo soy Aramaru, los quiero a todos y todas, gracias por haber leído hasta esta parte y pues… ¡Oyasumi! Nos vemos dentro de dos semanas, y felicidades a Chika-chan.
