Naruto Y Hinata en:

LA JOYA DE BYAKUGAN


16. Cerca


Los tres viajeros llegaron de noche a la aldea que se asentaba a orillas del lago Awe, porque así lo habían planeado. Ni Minato ni Sasuke eran bienvenidos en aquel lugar que podía considerarse una extensión de Innis Rasengan. Hinata contempló la silueta en sombras del castillo, al otro lado de las aguas, y pensó en lo cerca que estaba de Naruto en aquellos momentos... Y en lo lejos también.

Solo tenía que cruzar el lago para poder encontrarlo, pero le aterraba tenerlo de nuevo frente a ella. La había dejado abandonada, se había deshecho de ella como si fuera el ser más indeseable sobre la faz de la tierra y aun así no había podido dejar de pensar en él todos los días. A todas horas.

—Hinata, no te entretengas. —Minato llamaba su atención, haciéndole gestos con la mano—. No queremos que nos descubran.

Se había quedado embobada mirando el castillo y los dos hombres ya se habían detenido junto a una de las cabañas, desmontando de sus caballos. Se reunió con ellos, apartando la mirada de la bruma azul que se elevaba del lago y daba al paisaje un aspecto algo tétrico, pero indudablemente bello.

Era curioso. Innis Rasengan siempre le había parecido un sitio oscuro, lleno de sombras no solo por su aspecto, sino por todo lo que representaba para ella. Pero, desde el primer día, a pesar de sus impresiones, el lugar le había resultado sobrecogedor por su belleza casi mística. Aquella noche no fue distinta y tuvo que hacer un esfuerzo por apartar los ojos del paisaje que la hipnotizaba.

Desmontó y siguió a sus acompañantes al interior de la cabaña, donde alguien les había abierto la puerta sin poner objeciones. Minato había dicho que tenía amigos leales entre los Namikaze y que los acogerían a pesar de la prohibición de no dar cobijo a un desterrado. A Hinata, después de conocer toda la historia, no le extrañó. Tanto Sasuke como Minato no se merecían la suerte que habían corrido y era lógico que quienes los habían conocido bien fueran del mismo parecer.

En el interior, Hinata encontró una atmósfera confortable que sus huesos, cansados y ateridos de frío, agradecieron. El fuego crepitaba alegre en el hogar y olía a comida... para ella, más que suficiente.

—¡Hin!

La chica miró a su anfitrión, que estaba saludando a Sasuke cuando reparó en su presencia y se sorprendió tanto o más que ella por la coincidencia.

—¡Karashi!

Su compañero de fatigas en las porquerizas, el primer amigo que hizo en Innis Rasengan, la miraba sin poder creer que estuviera allí, junto a los dos desterrados del clan Namikaze.

—Cuando el laird regresó sin ti, todos pensamos que no volveríamos a verte. —El chico se acercó y esbozó una sonrisa que dejó ver su dentadura mellada—. Me alegro de que no sea así.

Hinata también le sonrió, de corazón. Al hacerlo, la confusión se adueñó de la mirada de Karashi.

—Hay algo diferente en ti. ¿Qué... qué te ha pasado?

—Es largo de contar —contestó, sin impostar la voz como solía hacer, cosa que no hizo más que acrecentar la turbación del muchacho—. Lo primero, y ante todo, quiero pedirte disculpas por haberte engañado.

Karashi dio un paso atrás, aturdido por lo que ya estaba averiguando sin ayuda de nadie. Hin solía llevar siempre la cara muy sucia, su voz engolada confundía y casi siempre bajaba la vista cuando hablaba con alguien... Descubrir lo que había debajo de la mugre y la impostura le hizo pensar que era más tonto de lo que ya se creía. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?

—No te sientas mal, no eres el único al que ha engañado. —Minato acudió a su rescate—. Ven, siéntate y te lo contaremos todo. Vamos a necesitar tu ayuda.

—¿Para... para qué? —Karashi no podía dejar de mirar a la chica.

A la chica. Era una mujer... ¡por los clavos de Cristo!

—Hinata debe regresar a Innis Rasengan y hablar con el laird.

—¿Hinata?

—Sí, Karashi. Mi nombre es Hinata Hyuga, y necesito que me ayudes a entrar de nuevo en la fortaleza. No sé si mi presencia será bienvenida o el laird habrá prohibido mi entrada igual que hizo con Sasuke y Minato.

El chico se pasó una mano por el pelo, agobiado con tanta información.

—Eres una Hyuga... Eres una mujer...

Hinata se acercó a él y le cogió las manos para que se tranquilizara. Lo miró a los ojos y le sonrió con dulzura, lo que consiguió que el corazón del muchacho se acelerara.

—Soy yo. Soy la misma persona a la que enseñaste a retirar los excrementos de los cerdos de manera que no me manchara demasiado.

—Pero no sirvió de nada, porque siempre estabas sucio. Y ahora estás limpio... limpia.

—¿Y no me prefieres así? Ya no huelo mal.

—No lo sé. Así me aturdes.

—¿Me ayudarás? —insistió ella, apretando sus manos.

Él las miró, intentando asimilar la situación. Tras unos segundos, levantó la vista con los ojos alarmados.

—¡No puedes volver allí! El laird te matará.

—Lo que me temía, también te ha vetado —susurró Sasuke, que ya se había tomado la libertad de servirse un buen plato de lo que fuera que borbotaba en la olla colgada del fuego y estaba dando buena cuenta de ello.

—No —aclaró Karashi—. El laird no ha dicho nada de Hin, pero lo conozco. Cuando descubra que lo ha engañado, que nos ha engañado a todos, se pondrá furioso. Es mejor que no vuelvas... Deberías regresar con los tuyos.

A Hinata le enterneció que Karashi se preocupara por ella. Sabía que Naruto se iba a poner furioso, pero si lo pensaba bien, ¿cuándo no había estado furioso en su presencia? Tenía que verlo, costase lo que costase. Minato y Sasuke la habían convencido de que solo aunando fuerzas con el laird de los Namikaze podrían salir del atolladero en el que estaban metidos. Hinata necesitaba su protección, porque los verdaderos culpables del ataque a Byakugan no habían aparecido y, por lo tanto, ella aún estaba en peligro.

Por otro lado, Minato le había hecho ver que Naruto también se había puesto en una situación muy comprometida al no desmentir los rumores que lo señalaban como el asesino de Tokuma Hyuga. Tarde o temprano, alguien tendría que pagar por ello y el rey Indra impartiría justicia. Si no encontraban al auténtico culpable, Naruto sería acusado formalmente.

Eso era algo que no podía permitir... Al igual que no podía permitir que sus dos nuevos amigos continuaran en el destierro por unos crímenes que no habían cometido. Al menos, en el caso de Sasuke. Minato le había recomendado mantenerse al margen de ese otro asunto, alegando que ya se resolvería por sí mismo y no había necesidad de que ella se creara más enemigos por interferir. Pero Hinata no podía con las injusticias... y aquello lo era. Así que, quisiera Minato o no, Naruto tendría que escucharla.

Si es que antes no la ahogaba con sus propias manos al descubrir quién era en realidad.

—Voy a regresar, Karashi, lo quieras o no. Pero sin tu ayuda me costará más trabajo. ¿Qué me dices?

—¡Oh, de acuerdo, de acuerdo!

La sonrisa que iluminó el rostro de Hinata dejó atontado al muchacho. Ella se inclinó y le dio un pequeño beso en la mejilla, consiguiendo que su cara alcanzara el tono rojo.

—Y ahora, ¿podemos tomar un poco de ese guiso que huele de maravilla? ¡Me muero de hambre!

Karashi asintió, aunque en realidad no se había enterado de lo que le había preguntado. Le había dado un beso. Y era una chica... ¡Una chica!

—Podremos si es que Sasuke nos ha dejado algo... —rezongó Minato, que rebuscaba en la olla mientras el aludido no parecía en absoluto arrepentido por su falta de modales.

Hinata se sentó a su lado y le pegó un codazo por no esperar a que todos estuvieran sentados a la mesa.

—¡Au! ¿Y eso por qué? —protestó.

—Por mal acostumbrarme. Todo el camino me has hecho creer que tenías más consideración hacia mí, y ahora mírate, devorando como un lobo sin preocuparte por si queda comida para los demás.

—Eso no es verdad. Hay más en la olla... Y, de todas maneras, este otro es para ti. ―Señaló otro plato que había cogido y que aún no había tocado. La miró y le guiñó un ojo—. ¿Creías que te iba a dejar sin cenar, con lo delgaducha que estás?

—Eso, y a mí que me parta un rayo —protestó Minato, que solo había podido llenar su plato hasta la mitad con lo que había dejado Sasuke en el puchero.

Los demás se echaron a reír, incluido Karashi. El muchacho acudió junto a sus invitados a la mesa y sacó un trozo de queso, pan y una jarra de vino.

—Menos mal que Karashi sabe complacer a un pobre anciano como yo... —murmuró Minato mientras se llenaba la copa hasta el borde.

—¿Anciano? —preguntó Hinata, alzando una ceja—. Vamos, nadie osaría llamar anciano a Minato Namikaze, asesino de gigantes.

—¿Cómo te has enterado de mi mote?

La joven guiñó un ojo a Sasuke antes de contestar.

—Eso no importa. Lo que queremos saber Karashi y yo es por qué te lo pusieron. ¿Cuándo fue? ¿Y qué pasó? ¿Realmente mataste a un gigante?

Minato les dejó ver una sonrisa resignada. No había contado esa historia desde hacía años... Pero a Hinata no podía negarle nada. Además, ella escuchaba con tanta atención, que era un verdadero placer relatar sus aventuras.

—Fue en la batalla de Stirling, el 11 de septiembre de 1297, nunca se me olvidará. Aquel día, comandados por William Wallace, los escoceses obtuvimos la victoria más importante hasta aquel momento sobre los ingleses.

—¡Wallace! —exclamó Karashi, interrumpiendo su relato—. ¿Estuviste bajo sus órdenes? ¿Era tan alto como decían?

—Lo era. Portaba una espada tan larga que pocos hombres hubieran podido levantarla. Cuando lo vi aparecer, atravesando nuestras filas para ponerse al frente de las tropas, supe que en aquella ocasión teníamos una posibilidad. Su rostro era pura determinación, llegaba dispuesto a vencer o a morir. Y todos los que allí nos encontrábamos pensábamos seguirlo hasta el final.

—Mi padre también estuvo en aquella batalla —susurró Hinata, imaginando la emocionante escena que Minato describía.

—Sí. Él y la mayoría de nuestros aliados. Akimichi, MacNab, Graham... Todos estábamos allí. Fuimos testigos de cómo Wallace rechazaba cualquier intento de negociación con los ingleses para provocar una batalla. Nos superaban en número por cinco a uno, sabíamos que era una causa desesperada, pero ninguno retrocedió. Vimos cómo nuestros enemigos cruzaban el puente de Stirling y formaban en la explanada, frente a nosotros. Tal vez pensaban que Wallace respetaría las normas de la caballería...

¡pobres ilusos!

—¿A qué te refieres? —preguntó Karashi, que no comprendió lo que quería decir.

—El puente fue un elemento estratégico fundamental —explicó Minato—. Era demasiado estrecho y los ingleses, que se encontraban al otro lado del río Forth, solo podían pasarlo de dos en dos. Así que cuando los primeros dos mil hombres lo atravesaron, en lugar de esperar a que siguieran cruzando el resto de sus tropas, Wallace ordenó atacar. Los masacramos. Y sus compatriotas, al otro lado del río, miraban impotentes cómo parte de su ejército sucumbía sin que pudieran ayudarlos.

—¿El gigante al que mataste era un inglés? —Esta vez fue Hinata la que interrumpió el relato, con los ojos abiertos y asombrados.

—Sí. Surgió de entre las filas enemigas con una enorme espada, más grande que la del propio Wallace. Un mandoble de los suyos era capaz de terminar con dos escoceses a la vez.

En ese punto, Sasuke sonrió, porque sabía que el curtido guerrero estaba exagerando solo para darle más emoción a su historia.

—¿Y pudiste con él? —preguntó Karashi, deslumbrado por tal hazaña.

—¿Acaso lo dudas? —respondió Minato, hinchando el pecho con orgullo—. En esa época yo era mucho más joven y fuerte, muchacho. Me costó lo mío, no vayas a pensar que fue fácil. Pero conseguí doblegarlo y acabar con él para evitar que continuara mermando nuestras fuerzas.

—Mi padre me contó que en aquella batalla estuvo a punto de morir. Que un inglés le atacó por la espalda...

Minato miró a Hinata y parpadeó, volviendo a un pasado que había borrado de su memoria. Había olvidado aquello, pero era cierto.

—Sí, es verdad. Yo estaba cerca y fui testigo de aquello. Aunque...

—¿Aunque, qué? ¿Acaso mi padre exageró la historia? —preguntó Hinata, al ver que el guerrero dudaba. No le importaba, por supuesto. Estaba convencida de que todos los que contaban sus batallas adornaban el relato para que resultara más heroico de lo que en realidad había sido. Minato y su padre no eran diferentes, y ella tampoco deseaba que lo fueran. Prefería sus épicas historias a las verdades que se escondían tras sus vivencias en la guerra.

—No... Olvídalo. Mi memoria ya no es la que era, tal vez no lo recuerdo bien — dijo, haciendo un gesto con la mano para restarle importancia.

Minato no le dijo que él recordaba aquella escena de manera muy diferente. Cierto que un inglés había intentado atacar a Hiashi Hyuga por la espalda, y que había salvado la vida gracias a la intervención de uno de los suyos. Pero, y tal vez por eso Minato había decidido borrarlo de su cabeza, hubiera jurado que aquel aliado, al que no había podido ver bien la cara, en realidad no estaba protegiéndolo de un soldado inglés.

En medio de aquel caos, Minato lo vio levantar su hacha contra el laird de los Hyuga y lanzarla directa a su espalda. Y, en el último momento, el arma impactó en el cuerpo de aquel soldado inglés que se cruzó en su camino. ¿En verdad le había salvado la vida a Hiashi? ¿O pretendía acabar con él y, gracias a un capricho del destino, un inglés había terminado muerto en su lugar? Minato no entendió en aquel momento lo que sus ojos habían visto y seguía sin comprenderlo. Por eso lo había olvidado. No quería que una duda tan negra y tan fea le echara a perder el recuerdo de aquel glorioso día en el que el ejército escocés se había alzado con la victoria.

Ahora, mirando los ojos de Hinata, todo había vuelto con una facilidad asombrosa. Y, tras conocer lo sucedido a los Hyuga, Minato no podía volver a olvidar aquel suceso. Porque algo le decía que todo estaba relacionado, y que aquel escocés sin cara de su recuerdo era el traidor culpable del ataque a Byakugan. Tenía que esforzarse y tratar de enfocar esa lejana imagen... Debía averiguar la identidad de aquel hombre para poder ayudar a Hinata y a Naruto.

—No te atormentes —le dijo Sasuke a Minato, al ver que el guerrero parecía desolado por su falta de memoria—. Aunque, después de ser testigos de tus lagunas mentales, tal vez sí deberíamos empezar a llamarte anciano...

El comentario de Sasuke relajó la tensión en el rostro de Minato, que no tuvo más remedio que echarse a reír. Mejor que pensaran que no era capaz de recordar en lugar de tener que revelar sus sospechas. Antes, tenía que estar seguro y averiguar la identidad de aquel traidor. Por el bien de todos.

Con las primeras luces del alba, Karashi y Hinata se dirigieron al embarcadero. El aspecto de la chica volvía a estar camuflado bajo una camisa demasiado grande para ella, una capa raída y un rostro rebozado de manera estratégica de hollín y de barro. Habían decidido decirle a Naruto la verdad, pero era preferible que fuera él quien se enterara primero del engaño y ver cómo reaccionaba antes de hacerlo público entre los muros de Innis Rasengan.

Al llegar al bote que trasladaba a los aldeanos que, como Karashi, trabajaban en la fortaleza, se encontraron con el asombro de Bors, el barquero, que no daba crédito a lo que veían sus ojos.

—¿Qué hace ese aquí? —le preguntó a Karashi, como si Hinata no estuviera presente.

—Es mi compañero en las porquerizas.

—Ya sé quién es. —Al decirlo, Bors escupió al agua como muestra de desprecio—. El laird no lo quiere en su hogar, de lo contrario, no se lo habría llevado.

—¿Y cómo lo sabes? —le interrogó Karashi, mucho más tranquilo que ella—.¿Acaso te ha prohibido que le dejes pasar?

El hombre se quedó pensativo, mirando a uno y otro alternativamente.

—No me lo ha prohibido. Pero todos sabemos que este mequetrefe le da dolor de cabeza. Es un grano en el culo de nuestro laird... No querrá verlo.

—Eso tendrá que decidirlo él, ¿no crees?

Bors volvió a escupir. Antes de dejarlos subir a la barca, les apuntó con un dedo.

—Si me gano una reprimenda por esto, os perseguiré, a los dos, y os daré tal paliza que no podréis levantaros de la cama en una semana. ¿Queda claro?

Ambos asintieron y subieron al bote. Hinata se situó lo más lejos posible del aquel guerrero Namikaze que la había detestado desde que se conocieron. No había sido tan difícil, después de todo. Aunque, sin la ayuda de Karashi, jamás habría llegado tan lejos. Ese bruto de Bors no hubiera consentido que volviera a subir a su barca.

El corazón empezó a latirle con fuerza según se aproximaban a la fortaleza. No solo por la tarea que tenía por delante... confesar su verdad a Naruto iba a resultar complicado. También iba a poder reencontrarse con su familia adoptiva y estaba deseando verlos. Había echado mucho de menos a Kizashi, a Mebuki y a Sakura. A ellos también tendría que explicárselo... ¿Cómo se lo tomarían? ¿La odiarían por haberlos engañado? Ellos le habían dado todo su apoyo desde el día en que Kizashi la pilló metiendo la mano en su morral, y ella les había pagado con mentiras y más mentiras.

—Tranquilo, Hin —escuchó que le susurraba Karashi, muy bajito—. Todo saldrá bien.

—¿Qué cuchicheáis vosotros dos? No me fío ni un pelo de vuestras intenciones ―espetó Bors—. En cuanto lleguemos, me esperaréis junto a la orilla. Yo mismo iré a avisar al laird.

Y así lo hizo. El bote se detuvo frente al gran portón de entrada y el guerrero saltó para tomarles la delantera. Con una mirada, les repitió que no debían moverse de allí.

—Espero no estar metiéndote en un lío, Karashi.

—Bah, me gustan los líos. La vida sería muy aburrida y rutinaria si no tuviéramos estos sobresaltos.

—¿Soy un sobresalto para ti?

El muchacho esbozó una sonrisa de dientes mellados.

—Vas a ser un sobresalto para muchos de los habitantes de aquí, Hin. Y yo no pienso perdérmelo...

Bors encontró al laird desayunando en el gran salón. Caminó con paso decidido y se plantó frente a su mesa mirándolo con seriedad. —¿Qué ocurre?

—Es... es el alfeñique, señor. Ha regresado.

—¿Qué?

—El mocoso, está otra vez aquí, en las puertas del castillo. Ha venido con Karashi.

Naruto sintió que el corazón se le paraba en el pecho. Cuando recuperó su latido, un pánico irracional invadió todo su ser ante la sola posibilidad de volverlo a tener delante de sus narices. Creía estar a salvo de su magia de duende; si no lo veía, podía controlarse, podía volver a ser un hombre completo y sin fisuras. Con él merodeando a su alrededor otra vez, aquello iba a resultar imposible. Se moría por salir corriendo hacia las puertas para verlo... pero no se movió del sitio.

—Ve a por él y enciérralo en las mazmorras.

—¿Solo al chico, o a Karashi también?

—Solo a él.

Continuará...


Contexto Histórico:
La batalla del puente de Starling, la que habla el personaje de Minato,A finales del siglo XIII Escocia estaba a punto de ser invadida por su mayor enemigo, Inglaterra. Sin embargo, cuando la derrota parecía inevitable, surgió de la nada un hombre que se convertiría en el mayor héroe de Escocia, William Wallace.

Los escoceses no solo consideran a William Wallace su mejor guerrero sino también su mejor representante ya que encarna todo lo que significa ser escocés.

Pero volvamos a la batalla del puente de Stirling, que cambiaría el curso de la historia de Escocia. ¿Cómo fue posible que un ejército tan pequeño como el escocés derrotara de forma tan aplastante a uno tan poderoso como el inglés?

El 11 de septiembre de 1297 dos ejércitos se enfrentaban a lo largo de un valle. A un lado se encontraba el ejército de los ingleses, considerado hasta ese momento el mejor ejército de Europa de la mano del rey Eduardo I de Inglaterra y, al otro, los escoceses luchando por la independencia de su nación.

Estos últimos se veían superados en número por cinco a uno y la victoria parecía clara a favor de los ingleses cuando un hombre surgió de la nada y se colocó al frente de los escoceses, es William Wallace.

Una de las claves de la gran victoria escocesa fue el conocimiento de William Wallace sobre el terreno, un valle dividido por el río Forth y sobre el cual cruzaba un puente de madera. El puente, conocido después como el famoso "Puente de Stirling", apenas tenía anchura suficiente para que dos jinetes cruzaran a la vez. Los escoceses no tenían prisa por cruzar, y su estrategia era simplemente esperar a que fueran cruzando los ingleses.

Por otro lado, el número dos del ejército escocés, Andrew de Moray, que posteriormente perecería en la batalla, y sus jinetes se habían posicionado en uno de los flancos ingleses al otro lado del río.

Llegando el momento oportuno, William Wallace dio la orden de ataque. En primer lugar los arqueros apuntaron hacia los jinetes ingleses e, inmediatamente después, Moray apareció con sus jinetes para partir en dos la infantería inglesa y así aislar a los jinetes. A continuación era el turno de William Wallace y sus guerreros, los cuales corrieron furiosos hacia los jinetes aislados sobre el puente y, con sus lanzas (en Escocia son conocidas como schiltroms), acabaron con ellos.

El líder inglés John de Warenne, VII conde de Surrey, viendo que los escoceses les ganaban con holgura, envió refuerzos, provocando que el puente cediera y se desplomara llevándose consigo a cientos de ingleses que perecieron ahogados en las aguas del río Forth.

La idea de William Wallace de luchar en ese paraje fue un triunfo. Ese día los escoceses ganaron una batalla pero también ridiculizaron a su peor enemigo, Inglaterra.

Roberto I de Escocia ungió con el título de Lord protector de los designios de Escocia al mayor guerrero que haya tenido Escocia en su historia, William Wallace, conocido también, como el "Guardián de Escocia".

Esta batalla esta adaptada en la película "Corazón Valiente" una gran película.