Disclaimers: Todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins.
CAPÍTULO 2: DUDAS
POV CORIOLANUS
La acompañé a su casa tan pronto como dejamos de llorar o de hablar de temas delicados, pero ella se sentía demasiado débil y opté por llevarla en brazos por una senda segura del pequeño bosque que divide su casa en la Veta de la pradera.
Maude nos abre la puerta sorprendiéndose de lo pronto que hemos llegado, normalmente a no ser que no estuviera nadie del Covey en su casa, no nos aparecíamos hasta la noche. La bajo segura al suelo de madera, y luego de dejar todas nuestras cosas contra una pared de la entrada, la ayudo a recostarse en el sillón, tapándola con una fina manta para que descanse. Ella me mira con sus ojos húmedos e hinchados y se me encoge el corazón.
−Trata de descansar, te sentirás mejor cuando despiertes.
−¿No te irás?
−Me quedaré toda la madrugada, también. No te preocupes –me inclino para besar su frente y acariciar su cabello.
Cuando me alejo, veo que ella cierra los ojos y se acomoda de costado para dormir. Maude nos observa a ambos, pero no dice nada y le hago una seña silenciosa para que me siga a la cocina.
−¿Dónde están los demás?
−Han salido, hicieron planes con amigos.
−¿Lo sabías?
Sé que, de todos, es la persona más cercana a Lucy, se tienen un gran aprecio juntos.
−Te lo dijo –afirma−. Lo siento, ella me pidió que guardara el secreto, ya que, quería decírtelo ella misma.
Su cabello castaño lacio, cae a sus costados, como si quisiera ocultar su rostro para que no note que ella también se siente mal por la situación.
−¿Crees que haya alguna farmacia abierta a esta hora? –pregunto.
−Tal vez. ¿Qué necesitas?
−Un test de embarazo, solo que no puedo ir, ni puede ir Lucy; o sospecharan.
−Entiendo, iré a conseguir algunos. Será mejor si nos sacamos la duda ahora.
Es normal en los distritos ver a chicas menores de edad embarazadas, no sospecharán de ella considerando que tiene casi dieciséis.
Le entrego dinero, sin saber lo que salen exactamente aquí y ella toma un abrigo rápidamente y se va antes de que cierren el comercio.
Vuelvo con Lucy y me siento a un costado de ella en el suelo, incapaz de apartar mis pensamientos de nuestra conversación.
¿Y ahora qué haremos?
−¿Coryo? –su voz me llama, y abre un poco los ojos.
La miró sin apartar mi cabeza de mis rodillas y ella estira la mano para acariciar mi rosto, se siente bien, su roce siempre es tierno y delicado cuando pretende calmarme.
−No es seguro aún –comenta.
−Pronto lo sabremos –le informo–. Envié a tu prima a la farmacia.
Lucy se altera.
−Si me voy de aquí sin saber que pasa contigo, no podré dormir por noches enteras.
−¿Y si da positivo?
−Encontraremos una solución. No te abandonaré, como tampoco dejaré que te sometas a un aborto, aunque esté mi carrera en juego –su mano se detiene en mi brazo.
−Pero objetivamente hablando, sería lo mejor.
−Puedes morir en el proceso por una hemorragia o quedar con daños irreparables, Lucy. Me niego a perderte, como perdí a mi madre. Y tampoco tendría corazón para matar a un hijo nuestro, ninguno de los dos sería capaz.
−Lo sé, ninguno de los podría hacerlo. Entonces ¿lo mantendremos oculto? ¿Por cuánto? ¿Por catorce años?
−El tiempo que sea necesario. Ya pensaremos en algo. Escucha con atención, cariño –le pido–; existen posibilidades de que me asciendan y de ser así, tendría algo más libertad, tal vez hasta podría verte más seguido, o por más tiempo cada día. Podemos hacerlo funcionar.
−Desearía que fuera una falsa alarma.
−Tal vez lo sea y ni siquiera debamos considerar medidas extremas. Voy a prepararte un té, incluso aunque te niegues a comer, deberías tomar algo.
−No deberías estar cuidando de mí, no debería preocuparte de este modo.
−¿Y que supone que hacen los novios, si no es cuidarse mutuamente cuando se sienten mal? Tú harías exactamente lo mismo por mí.
Lucy sonríe débilmente.
−¿Qué hice para merecerte?
−No apuntes tan alto, estar conmigo es como una maldición dadas las circunstancias.
−Pero te amo. No me importa si eres o conveniente para mí, aparte en este momento yo soy peor para ti.
−No hables así de ti misma. ¿Está bien? Ambos somos responsables de esto y si se confirma, asumiré las consecuencias de mis actos.
Me pongo de pie, dejándola sola, esto ya es lo suficientemente difícil de por sí, como para que sigamos discutiendo sobre quien es el más culpable de los dos.
Cuando vuelvo a su lado con té de hierbas, miel y azúcar, ella se sienta con la espalda bien apoyada en el respaldo y me coloco a su lado y bebo de mi propia taza.
−El tuyo está más dulce –supongo que necesita algo que la active.
Ella lleva la taza a su nariz y sonríe.
−Está caliente.
−Deja que se entibie un poco.
−No, está perfecto, tengo frío.
No está frio dentro, pero Lucy no ha comido casi nada en días y eso me preocupa, toco su brazo y su piel está helada, incluso a pesar de que mantiene la manta doblada pegada a su cuerpo.
−Lucy, esta noche vas a comer, quieras o no. No importa que luego vomites la comida, debes alimentarte.
De hecho, ella está más pálida de lo normal. La última vez que como ahora fue para los Juegos del Hambre cuando aún estaba en el zoológico y no comía casi nada.
−¿Y si no? –contesta con voz débil.
−Si no, te daré de comer yo mismo. Me estás preocupando demasiado.
Ella se limita a beber su té en silencio por los siguientes minutos.
−Lo intentaré.
−Me quedaré contigo hoy y mañana. Me debo reportar antes del mediodía, pero puedo venir en la tarde un rato.
−¿Entonces no te irás por mucho tiempo?
−Solo por unas horas. Volveré para acompañarte.
Ella sonríe y deja la taza ya vacía en la mesa baja. Se aferra a mi brazo y entrelaza nuestros dedos, apoyando su cuerpo a mi costado.
−Me sentiría peor si no te tuviera a mi lado –admite.
−¿Te sentiste muy sola estas semanas?
−Mucho, pero no quise decirte nada para no preocuparte. Tú también tienes tus propios problemas y compromisos. Aparte, no creí que fuera esto la última vez que te vi y no le di importancia.
Se refiere a ese día que estuvimos juntos en el subsuelo y me dijo que había bajado a descansar porque se sintió mal. Pensé que no era grave considerando lo que pasó en esas horas, razón por la que ni siquiera se lo mencioné a Sejanus. Ella omitió el hecho que le venía pasando seguido.
−Lucy Gray –murmuro−, la próxima vez no me ocultes nada. Necesito saber cada pequeña cosa que te pase, porque no puedo estar contigo todo el tiempo para descubrirlo por mí mismo y cuidarte.
−¿Estás molesto?
−Un poco, más conmigo mismo que contigo, por ponerte en esta situación.
Palmeo mis piernas, coloco una almohada encima y ella entiende lo que le pido, así que se acuesta justo encima de la almohada y la tapo con una manta extra que encuentro en un estante al lado del sofá.
−¿Mejor? ¿Aún tienes frío?
Lucy me mira desde su posición.
−No tanto.
Sonrío.
−Bien, ahora duerme –le pido.
Acaricio su rostro con una mano, apartando el cabello; y con la otra, sujeto su mano con firmeza. Luego de unos minutos de caricias y una breve charla. ella se duerme.
Me entretengo viendo la televisión a un volumen súper bajo para no despertarla. Como siempre, nada interesante. Uno diría que luego de cinco años algo en el Capitolio, habría cambiado, pero todo sigue igual. Ni siquiera en Los Juegos del Hambre se ha aportado ningún cambio significativo, al parecer los pocos progresos que hicimos con Lucy Gray y Sejanus quedaron estancados ahí. Los tres no existimos para el Capitolio, con Sejanus nunca fuimos mentones, ni Lucy fue tributo y vencedora. Sin embargo, la doctora Gaul, no quiso abandonar la idea de los mentores, las apuestas y patrocinios. En cuanto al trato que les dan a los tributos no estoy al tanto, tal vez ahora si los alimentan desde el primer día, al darse cuenta que unos tributos débiles por la falta de comida y agua no duran en la arena.
La nueva cosecha será en breve, un mes como mucho y la historia se va a repetir. Lo mismo de cada año, más muertes y sangre, pero ya no hay ninguna Lucy Gray para darle vida a los Juegos del Hambre. Ningún tributo ha logrado captar la atención o ganarse el amor de la gente con su sola presencia como lo hizo ella en su momento.
Bajo la mirada y se me forma una pequeña sonrisa al verla dormir. Al menos ambos sobrevivimos a ese infierno, ahora estamos lejos de doctoras dementes y decanos vengativos. Muchas cosas han cambiado desde entonces, una vez que me resigné a mi destino en el Distrito Doce, fue más fácil aceptarlo. No sé para quien fue peor, si para Sejanus, o para mí, ya que nos afectó a niveles diferentes. Ser Agente de Paz lo llevé mejor de lo que esperaba, a diferencia de Sejanus; pero yo seguía con un pie en el Capitolio, el único lugar que siempre consideré propio hasta hace unos años atrás, a diferencia de él no conocía otra cosa; y me resultó complicado aceptar que nunca volvería allí, ni vería a mi familia. Tal vez, si no fuera por Lucy, quien ha sido un gran apoyo para mí en este tiempo, seguiría igual.
Mientras pienso en eso, alguien entra por la puerta sin avisar y al ver que es su prima siento alivio. Le hago señas para que no hable y ella asiente, simplemente se acerca a mí y me pasa una bolsa de papel marrón que guardaba en el bolsillo de su abrigo y baja la mirada para ver con cierta tristeza a su prima, antes de dejarnos solos nuevamente.
Sin hacer apenas ruido, me fijo que trajo un recipiente para muestras de orina y tres pruebas de embarazo diferentes. Abro una de las cajas para leer el indicativo y leo que es preferible realizarlo a primera hora del día. Es definitivo, mañana sabremos la verdad. Podemos suspirar de alivio, o preocuparnos por como enfrentaremos esta situación en el futuro, dependiendo de unas simples rayitas en estas pruebas.
