Naruto Y Hinata en:

LA JOYA DE BYAKUGAN


22. El Sigue con Nosotros


—Di algo, por favor —le pidió, tras varios segundos de silencioso escrutinio. Naruto cogió aire y lo soltó despacio, relajando un poco su expresión.

—Ojalá solo fueras Hin.

La frase le provocó un pinchazo en el pecho; a pesar de todo, mantuvo la compostura.

—Perdóname, tendría que haber confiado en ti y contártelo.

—Hubiera sido lo más prudente, sí. Pero entiendo que, si pensabas que yo era el asesino de tu hermano, prefirieras guardar silencio. Eso no significa que no me moleste. ¿Sabes en qué situación me has puesto? ¿Eres consciente de que te he deshonrado de todas las maneras posibles? Cuando tu hermano se entere, lo mínimo que hará será castrarme.

Así que eso era lo que realmente le preocupaba. Hinata sintió un ramalazo de decepción que encendió la furia de sus ojos.

—No temas, por mí no sabrá nada. Mañana me marcharé de Innis Rasengan y no tendrás que verme nunca más. Tu vida volverá a la normalidad... No he hecho más que causarte problemas desde que aparecí, ¿verdad?

Naruto gruñó por lo bajo tras aquella afirmación. Se acercó a ella de dos zancadas y la tomó de la cintura.

—No permitiré que te alejes de mí. Después de todo este tiempo, ¿aún no me conoces?

—Ya no estoy bajo tu protección —susurró ella, con el corazón disparado ante su cercanía—. Ahora es Neji quien tiene mi tutela.

Naruto cambió su gesto al escuchar la pena en esas palabras. Su mirada se suavizó y acarició su mejilla con ternura.

—Y yo... ¿qué tengo yo, entonces?

Hinata inclinó la cabeza y cerró los ojos para disfrutar del contacto de aquella mano áspera. Una vez más, su cuerpo respondía con vida propia ante ese hombre. Se estremecía ante su olor, su calor, el sonido de su voz, su forma de mirarla. No podía ocultarlo más... ni ante él, ni ante sí misma.

—Tú tienes mi corazón —confesó, en un susurro—. Siempre lo has tenido. Incluso cuando te odiaba, cuando pensaba que tú eras el responsable de la muerte de mi hermano, lo ocupabas por entero. Solo podía pensar en ti, llenabas mi mundo y, de alguna manera, me diste fuerzas para seguir adelante. Contigo tenía una meta, algo en lo que volcar mis energías y mis ganas de vivir. Es cierto que, al principio, eras una obsesión malsana. Después, no sé cómo ha ocurrido, poco a poco la balanza se ha inclinado al lado contrario. Y mi odio se ha evaporado, dejando solo este otro sentimiento dentro...

Hinata agarró la mano que acariciaba su cara y la llevó hasta su pecho para que él notara los latidos desaforados de su corazón.

Naruto tragó saliva, estremecido con la revelación. Aquella era una de las cosas que más adoraba de Hinata: su descarnada sinceridad. Le decía lo que pensaba, lo que sentía, sin ningún tipo de doblez.

—Mi pequeño duende, ¿qué voy a hacer contigo? Has vuelto mi mundo del revés y ya no puedo concebir mi vida sin ti. ¿Cómo puedo evitar que te marches? No quiero perderte...

La joven notó que sus ojos se empañaban ante la confesión. Se puso de puntillas para alcanzar su boca y demostrarle con aquel gesto lo que su garganta estrangulada no le permitía articular. Sin embargo, apenas habían rozado sus labios, cuando unos golpes en la puerta los separaron con brusquedad.

—¡Hinata! ¿Estás ahí?

La inconfundible voz de Neji retumbó al otro lado. Naruto suspiró, frustrado. Era evidente que el tiempo que aquel halcón con apellido Hyuga consideraba apropiado para preservar la virtud de su hermana había expirado. Se separó de ella con desgana y abrió la puerta, forzando un gesto impasible que no delatara todo lo que bullía en su interior.

—Neji, no hacía falta que vinieras a buscarme. Ya habíamos terminado — explicó Hinata, caminando hacia él.

—Te escoltaré de regreso al salón, entonces —replicó, mordaz, sin dejar de mirar a uno y a otro alternativamente, buscando en sus caras algo que delatara la naturaleza de la conversación que habían mantenido.

Naruto consideró más oportuno guardar silencio; no quería que Neji se pusiera más a la defensiva de lo que ya estaba. Dejó que los hermanos se adelantaran y se quedó a solas en la alcoba, mareado con sus propios pensamientos, recordando palabra por palabra lo que Hinata acaba de confesarle. Si antes estaba decidido a no dejarla marchar, después de escuchar de sus labios que él era el dueño de su corazón, su determinación aumentó.

Hin se quedaría, ya era parte de él. Por mucho que intentara resistirse, por mucho que amara a su añorado hermano, ella ya era una Namikaze. Aunque todavía no lo supiera.

Después de debatir y exponer lo que cada uno sabía acerca del ataque a Byakugan, tanto los Hyuga como los Namikaze llegaron a la conclusión de que iba a resultar muy complicado averiguar quién se hallaba tras ese horrible crimen. Hinata relató su experiencia y tanto Naruto como Neji se mostraron consternados al conocer los pormenores de su huida. La joven no mencionó la carta que aún tenía en su poder... Decidió que se la mostraría primero a su hermano, como le había prometido a Natsu. Y tendrían que seguir a partir de ahí, porque estaba claro que Neji tampoco había averiguado mucho cuando visitó Byakugan, nada más regresar del frente.

—Nuestra gente estaba desperdigada —le confesó a los presentes, aunque miraba a Hinata directamente—. No quedaban soldados Hyuga, habían caído en el enfrentamiento... o habían desaparecido.

—¿Pudiste... pudiste confirmar lo que dicen de Tokuma con tus propios ojos? — preguntó Hinata, en un susurro.

Todos los allí reunidos guardaron silencio y miraron a Neji. El guerrero, sin embargo, pareció ahogarse con la respuesta. Sus ojos se empañaron y tragó saliva antes de bajar la vista.

—Enterramos a Tokuma como se merecía —contestó Angus por él, con la voz enronquecida por la emoción—. Al igual que al resto de nuestros hombres.

A Hinata se le encogió el alma al comprender que Neji había encontrado el cuerpo de su hermano... a saber en qué condiciones. Se le llenaron los ojos de lágrimas que derramó en silencio, conteniéndose para no acudir junto a él y abrazarlo. Estaban presentes los hombres de confianza de ambos lairds y no quería abochornarlo.

—¿Y Natsu? ¿Kabuto y los demás? —consiguió preguntar, notando que las palabras le arañaban en la garganta al salir.

Neji al fin pareció encontrar fuerzas para contestar. Levantó la mirada antes de hablar.

—No sabría decirte... —musitó—. Algunos... algunos de los cuerpos, con el fuego...

Se le quebró de nuevo la voz. En sus ojos podía leerse el tremendo sufrimiento que aquello le había causado. Era su gente, su clan, y no habían podido defenderlos.

—No tuvimos tiempo de hacer averiguaciones, Hinata —volvió a intervenir Angus —. Después de dar sepultura a los que pudimos hallar, abandonamos Byakugan para buscarte. Por desgracia, aunque por fin te hemos encontrado, no podremos dedicar a este asunto el tiempo y la energía que merece. Indra nos reclama.

—Sí —corroboró Naruto—. Yo también estoy deseoso de esclarecer este asunto, me gustaría saber quién ha incriminado a los Namikaze en esta sucia artimaña. Pero tenemos un plazo limitado para reunirnos con el rey, así que las investigaciones tendrán que ser pospuestas.

Todos estuvieron de acuerdo en que se dedicarían a ello en cuerpo y alma cuando regresaran del frente... si regresaban. Minato guardó silencio una vez más en lugar de hablar de la sospecha que enturbiaba su ánimo. Aún no podía poner rostro al traidor que buscaban y dar un nombre. Sabía que si contaba lo ocurrido tantos años atrás en la batalla de Stirling, tanto su sobrino como Neji querrían indagar en los hechos. Lo último que deseaba era distraerlos de la misión que en esos momentos era más importante: la guerra contra los ingleses.

Angus, al percatarse de la pena que bañaba los rostros de Neji y Hinata, derivó la conversación a los planes del rey Indra y a lo que les esperaba una vez se unieran al ejército que comandaba.

Y funcionó.

Neji relajó su expresión circunspecta para centrarse en lo que allí se decía, y la joven Hinata se excusó, harta de oír hablar de batallas, de estrategias y de los malditos ingleses, y abandonó el gran salón.

Puso rumbo a las cocinas, necesitaba ver a Mebuki. No había tenido ocasión de acercarse a ella en el transcurso de aquella celebración y no quería posponerlo más.

Encontró a la mujer ayudando a lavar los platos y las jarras que habían usado en el banquete. Se acercó a ella ante la mirada aturdida del resto de los criados, incluida la de Suiren, que la contempló con resentimiento. Hinata, simplemente, ignoró a la muchacha que tantos problemas había causado.

—Mebuki.

La interpelada levantó la vista para encontrarse cara a cara con aquella dama que era y no era su Hin.

—Mi señora... —susurró, con una mezcla de orgullo, admiración y pena.

—No, Mebuki, por favor. Sigo siendo yo, no soporto que me mires como si fuera alguien inalcanzable. Necesito que me abraces, que me perdones por no habértelo dicho. Lamento de corazón haberme aprovechado de la bondad de tu familia y por nada del mundo querría que pensaras que me he estado riendo de vosotros.

—No lo pienso —contestó—. Por desgracia, sí que eres inalcanzable ahora. Mírate —le dijo—, ese vestido es precioso y yo tengo las manos empapadas de agua sucia y jabón.

—¡Oh, Mebuki! ¿Crees que me importa más un estúpido vestido que mi familia? —le preguntó, con lágrimas en los ojos, lanzándose a sus brazos.

La mujer la acogió con alivio al darse cuenta de que no había perdido del todo a la criatura que había adoptado como suya. Le manchó el vestido con sus manos mojadas y le posó un beso en la coronilla. Ahora, su pelo olía a flores y ella era una dama, pero Mebuki reconoció en aquel cálido gesto a su Hin.

—Sé que aquí estáis muy a gusto, y que la lealtad que os une al laird Namikaze es grande. Pero quiero que sepas que en mi hogar siempre tendréis un lugar. Esté donde esté, siempre seréis bienvenidos... sois parte de mi familia.

—Somos simples criados —protestó Mebuki, que no terminaba de encontrar adecuada la relación que Hinata pretendía seguir manteniendo.

—Para mí no. Sois mucho más, y si alguna vez me dejas demostrártelo, lo comprenderás.

La joven había llegado a conocer muy bien a los St. Haruno. Sabía que no aceptarían vivir en ningún lugar sin ganarse el sustento. Eran gente trabajadora y orgullosa, no podría trasformar sus vidas así como así, aunque eso fuera, precisamente, lo que más le apetecía hacer. No quería que Mebuki siguiera fregando cacharros, ni que Sakura acarreara los cubos de agua para el baño de los señores.

Podía hablar con Neji para que ofreciera a Kizashi un puesto en el ejército Hyuga, y Mebuki y Sakura podrían vivir con ella, ayudándola a gobernar Byakugan durante la ausencia de su padre, haciéndole compañía hasta que la guerra terminara. Pero, para eso, debían abandonar Innis Rasengan con los Hyuga cuando se marcharan de allí, y no estaba segura de que eso fuera lo que deseaban. Apreciaban mucho al laird Namikaze, y ella no pretendía inmiscuirse en sus vidas. Pero también quería que supieran que, si la necesitaban, Hinata respondería por ellos.

—Muchas gracias, mi niña —le dijo Mebuki, con la voz estrangulada de emoción. Después, se soltó de su abrazo, algo envarada por la situación, y volvió a su tarea con energías renovadas—. Y ahora, márchate a descansar. Ha sido un día muy largo y lleno de sorpresas para todos. Aunque te pese, este ya no es tu lugar... Vamos, esta noche dormirás en un colchón blando, así que haz el favor de soñar cosas bonitas por todos nosotros.

—Recuerda mi ofrecimiento, Mebuki —musitó Hinata, con una sonrisa cariñosa.

La mujer la miró a los ojos y le devolvió el gesto de corazón. —Lo recordaré siempre, mi señora.

Cuando regresó al salón, Naruto ya no estaba. No pudo evitar buscarlo por toda la sala con los ojos y sentir un pinchazo de decepción al comprobar que se había retirado sin despedirse de ella. Neji se acercó en cuanto la vio aparecer y le ofreció su brazo para escoltarla hasta sus aposentos.

—Él no está.

—¿A quién te refieres?

—Al hombre que buscas... A mí no me engañas, Hinata. ¿Qué está pasando aquí?

Ella esquivó sus ojos y se mordió el labio inferior. No le gustaba mentir a su hermano, pero también era consciente del daño que le haría si le contaba todo lo ocurrido entre el laird Namikaze y ella.

—No sé de qué estás hablando —le contestó, con la voz temblorosa por el embuste.

Neji se detuvo en mitad del pasillo que conducía a sus habitaciones. Una tea que prendía de la pared arrojaba una luz ambarina a su espalda, consiguiendo que su rostro quedara en sombras, con lo que parecía más serio de lo que ya era habitual en él.

—Hinata, no tenemos tiempo para juegos. Trato de averiguar lo ocurrido en Byakugan y, aunque tú hayas cogido cariño a esta gente, yo no descarto su implicación en el ataque. No sé lo que hay entre el laird Namikaze y tú, pero es evidente que algo pasa. Y no me fío de él. Tú misma lo creías el asesino de nuestro hermano... ¿qué te ha hecho cambiar de opinión?

La joven se ruborizó. Neji, si bien no era tan sensible como Tokuma, era igual de intuitivo. Y lamentaba que la hubiese descubierto tratando de ocultarle cosas.

—Él no es un asesino. Y no tiene nada que ver con lo ocurrido en nuestro hogar.

—¿Cómo lo sabes?

Hinata miró a un lado y a otro del pasillo, verificando que se encontraban a solas.

—Ven a mi alcoba, quiero enseñarte algo.

Lo condujo hasta los antiguos aposentos de Kushina, donde ahora habían trasladado sus escasas pertenencias. Cerró la puerta una vez dentro y buscó en su hatillo el pergamino que Natsu le había entregado cuando escapó de Byakugan.

—Tokuma encontró esto y se puso muy nervioso. Estábamos con tío Hagoromo y tuvimos que marcharnos a toda prisa de Landon Tower. Para Tokuma, era prioritario llegar a Byakugan y pertrecharnos para repeler un ataque, pero alguien nos traicionó. Abrieron las puertas desde dentro y el enemigo, fuera quien fuera, consiguió entrar.

Neji leyó aquellas letras y su gesto fue cambiando según sus ojos avanzaban por las líneas de tinta.

—¿De dónde sacó Tokuma esta carta?

—No sé de dónde la sacó. Pero está claro que la persona a la que se refiere odia a nuestro padre. A Naruto prácticamente lo crió su tío Minato, y ese guerrero me ha ayudado sabiendo quién era yo, solo por el cariño que le tiene a nuestra familia. Estoy convencida de que ninguno de ellos es el hombre del que habla el anónimo. Es evidente que, sea quien sea, iba a por mí. Ese es el motivo del ataque a Byakugan. Y lo que me rompe el corazón es que el canalla no diera conmigo y matase a Tokuma en mi lugar.

Neji clavó en ella sus ojos grises y se estremeció.

—No se te ocurra volver a decir algo así. ¿Me has oído? Estoy seguro de que Tokuma hubiera dado su vida por ti mil veces más, al igual que yo.

—Su vida no era menos valiosa que la mía —apuntó ella con dolor.

—Por supuesto que no. Pero él entregó la suya en un acto de amor incondicional, así que no lamentes seguir con vida. Debes honrar su memoria agradeciendo que sigues aquí, colmándonos de felicidad a todos los que te queremos.

Hinata se acercó a él y lo abrazó, enterrando la cara en su pecho.

—Duele demasiado, Neji. Cada vez que pienso en que no volveré a verlo o a hablar con él, me rompo por dentro. ¿Cómo lo soportas tú? ¿Cómo puedes respirar cada día, sabiendo que jamás volverás a tenerlo a tu lado?

—Respiro porque sí lo siento a mi lado... —le dijo, separándola un poco para llevarse una mano al corazón—. Lo llevo aquí dentro, siempre conmigo. Respiro porque también te tengo a ti. Yo... yo no sé decir las cosas bonitas que te decía Tokuma, ni sé qué palabras usar para que te sientas mejor. Sé que él y tú teníais una conexión especial que no compartíais conmigo... No es un reproche. Simplemente, vosotros estabais hechos de otra pasta y lo único que lamento es no saber reconfortarte como lo haría él. Pero jamás dudes de que te quiero más que a nada y que haría cualquier cosa por ti.

Hinata le miró con lágrimas en los ojos. Su enorme hermano, grande y fiero, confesaba que él no sabía decir cosas bonitas y lo hacía, justamente, con las palabras más sentidas y hermosas que jamás le había dedicado.

—Yo también te quiero, Neji.

Volvió a abrazarlo con fuerza hasta que el tierno momento fue demasiado para el guerrero. Con un carraspeo envarado, puso fin al abrazo y fijó su atención de nuevo en la carta que sostenía en la mano.

—¿Quién más la ha leído? —preguntó, mientras Hinata se limpiaba las lágrimas con los dedos y se obligaba a centrarse.

—Que yo sepa, solo Tokuma, tú y yo. No se la he mostrado a nadie más.

—Has hecho bien. Y la mantendremos en secreto hasta que descubramos quién puede ser el enemigo de nuestro padre.

—No creo que sea ningún Namikaze, Neji. Naruto está deseoso de encontrar al culpable, porque esa misma persona ha tratado de incriminar a su clan.

Neji la observó con suspicacia. Se cruzó de brazos antes de insistir en un tema que ella esquivaba a toda costa.

—Te noto muy preocupada por exculpar a los Namikaze de este embrollo. Hinata, ¿qué ocurre? ¿Qué hay entre el laird y tú?

—Nada.

—Nada... Eso sería lo lógico, dado que hasta ayer él no sabía que eras una mujer. Pero te conozco, Hinata. Te pones nerviosa en su presencia, lo miras demasiado. ¿Sientes algo por él?

Neji era brutalmente directo. No se daba cuenta de que aquel era un rasgo característico de su familia, pues ella tampoco era dada a los rodeos o las ambigüedades. Les gustaba llamar a las cosas por su nombre y decir lo que les pasaba en cada momento por la cabeza. ¿Qué podía esperar entonces del menos sensible de los tres hermanos? Bajó la cabeza, avergonzada, consciente de que no tenía escapatoria.

—Sí, así es. Supongo que preferirás que no te describa mis sentimientos hacia él, por lo que solo te confirmaré que existen.

Neji la miraba con los ojos muy abiertos. Aquello le superaba... Una vez más, echó de menos no ser como Tokuma. Seguro que él podría enfrentarse a esa situación mucho mejor de lo que iba a hacerlo él.

—Pues entonces —dijo, sin abandonar su postura autoritaria—, es una suerte que el laird haya tardado tanto en descubrir que eres una mujer. He llegado a tiempo de evitar una situación comprometida para ambos. Mañana nos marcharemos rumbo a Byakugan y tú tendrás tiempo de averiguar si esos sentimientos que dices tener son fuertes, o tan solo un capricho alimentado por la admiración hacia un guerrero notable como Naruto Namikaze.

Hinata escuchó aquellas palabras con un eco lejano. Su corazón se hacía añicos por dos motivos: por ocultar a su hermano que la situación de la que hablaba ya había tenido lugar y, sobre todo, por tener que abandonar Innis Rasengan al día siguiente.

Separarse del laird de los Namikaze era lo último que deseaba hacer. Pero no desobedecería a su hermano... eso jamás.

Continuará...