¡Hola!

Llevaba mucho tiempo sin escribir nada, pero he vuelto. Y obviamente, tenía que ser con un Drarry. Tenía mucho tiempo con esta parejita en la cabeza. Va a ser una historia muy oscura, se los aviso para que luego no reclamen, será un Harco, un Dark Harry, pero con final feliz porque tengo corazón de pollo. Habrá escenas explícitas, así que si eres menor de edad, no sé qué haces aquí.

Se aceptan críticas, pero por favor, sean respetuosas, ya les dije que tengo corazón de pollo.

Voy a estar actualizando un capítulo a la semana, porque voy a estar subiendo un Hansy en el que llevo tiempo trabajando. Por el momento solamente voy a publicar aquí, así que si ven la historia por otro lado, avísenme. He sufrido plagio antes y eso fue lo que me llevó a abandonar la escritura, hasta tuve que hacerme otra cuenta porque ya sentía que estaba pasando por una muy mala y larga racha y quise cambiar todo.

Espero que lo disfruten. Es una relación homosexual, si esto no te gusta, retírate.

Los personajes pertenecen a Rowling, todos ya lo sabemos. Pero la historia es mía.


Beauty's naked

La música oscilaba en ondas persuasivas a cada paso que daba, tratando de convencerlo de que lo que estaba a punto de hacer, era lo correcto. Una interminable hilera de cirios adornaba el lugar, colmando cada rincón de un efecto melancólico muy difícil de ignorar. La inquietud lo mantenía clavado al suelo, totalmente inerte, o quizás, era su miedo, su inseguridad, su falta de perspectiva, lo que le impedía realizar movimiento alguno. Estaba convencido, de que si avanzaba solo un poco más, le sería imposible dar vuelta atrás; había mucho en juego, había mucho que perder, había mucho que abandonar, había una elección, una decisión que no sabía si tenía el coraje de tomar y seguir. La luz era muy tenue, pero refulgente en los puntos exactos, se concentraba en las esquinas, difuminándose con prudencia calculada hasta el centro, en donde desaparecía en inocentes y enloquecedores destellos que ocasionaban momentánea ceguera al verlos directamente.

A donde quiera que mirara, un número selecto de personas se agitaba con gracia, como pérdidas en una especie de misticismo que él no alcanzaba a entender. En cada costado, dos barras delgadas de mármol ofrecían un sinfín de bebidas de aspecto extravagante, colmadas de colores llamativos que se percibían en todo su esplendor a pesar de la oscuridad. El ambiente fácilmente podía describirse como demasiado íntimo y distinguido, a todas luces te daba la impresión de que cada cosa era exclusiva y suntuosa, tratando de convencerte de que el excesivo precio que tenías que pagar para estar allí, valía la pena. La música cambiaba cada tanto, y con ello, las llamas de las velas que momentos antes apenas se movían, ahora chisporroteaban en su sitio, resplandeciendo decenas de colores; era un efecto interesante y en extremo fascinante. La melodía, pasó de ser bastante delicada a un frenesí descontrolado y dominante. Le provocaba moverse y así lo hizo.

Nadie lo miraba, se encontraban sumamente abandonados en sí mismos como para siquiera notarle, pero de cualquier modo, no podía evitar el sentirse observado, señalado. Desde que la guerra había terminado, tenía la sensación de que su cometido en la vida había llegado a su fin y que no tenía nada real que hacer. Desde el momento en que había estado plenamente confiado en sus facultades, estuvo seguro de que terminar con el asesino de sus padres era lo único por lo que valía la pena vivir. El único motivo por el que había sobrevivido… Todos habían retomado su camino, o inclusive, habían encontrado una justa razón para continuar. Habían tomado el obligado descanso y el sinfín de heridas ocasionadas, como una mera incitación a la vida, como si les hubieran entregado una hoja en blanco que llenar, como si de repente todos sus pecados hubiesen sido perdonados y pudieran tener una nueva oportunidad, desde el inicio, desde los cimientos de todo, pero esta vez, siendo exactamente lo que querían ser. Tenían lo que él nunca tendría. Su segunda oportunidad se la habían dado al decirle que había magia en él, todo había sido grandioso a partir de ahí, tenía un objetivo, no era un bulto trastabillando mediocremente por la vida, no más, pero aun así, era diferente a los otros. Tenía una obligación, una meta a la cual llegar, un propósito, una senda que seguir. Sin embargo, en el momento en que todo terminó, en el momento en que levantó la varita y por fin cumplió con su cometido, se paralizó. Sus amigos salieron adelante, con el corazón roto pero funcional, con las entrañas sangrantes pero bien establecidas y adheridas a sus cuerpos. Y, él, no tenía nada de eso.

Sostuvo una corta y perfecta relación con Ginny, una relación que nunca se sintió correcta pero que al final parecía ser lo que todos esperaban que fuera. Se había dedicado a llenar las expectativas de todos y a cumplirlas. Y eso, lo había hecho feliz o eso pensaba, hasta que en un día común, se encontró con él. Se encontraba a media calle, paseando con una chica de larga cabellera negra que estaba seguro de haber visto antes; sonreía como nadie, como nadie que él hubiera visto. Tenía una sonrisa franca y demoledora, estaba radiante. Su felicidad lo había golpeado como un rayo, le había removido hasta lo más hondo y por primera vez en toda su existencia, se sintió vivo. Draco Malfoy, tenía la misma apariencia sofisticada que recordaba y que siempre lo acompañaba; no obstante, se le notaba distinto, no como él. Desde luego, no como él. Harry Potter, se veía como siempre se había visto, como si todas las vivencias que le habían golpeado una y otra vez nunca hubiesen significado nada. Se había visto minimizado por la persona menos pensada, y no pudo hacer otra cosa más que sentirse abrumado y totalmente descolocado, ajeno. Sintió la envidia, la codicia que ni siquiera de niño se había permitido sentir y lo quiso para él, no sabía exactamente cómo lo iba a conseguir, pero aquel sentimiento próspero e impetuoso, sería suyo.

En pocas palabras, así era como había llegado allí. Al lugar que Malfoy, visitaba cada viernes. Le había costado averiguarlo, afortunadamente, tenía dinero para cien vidas y, las personas tenían tan pocos escrúpulos que no le había resultado nada difícil el obtener toda la información que necesitaba.

Aunque dar el paso estaba siendo en exceso complicado, mucho más de lo que había imaginado. Estar ya ahí, rodeado de todo ese ambiente descontrolado y enteramente extraordinario, había logrado asustarlo. Petrificarlo. Tal vez, no valía la pena perder todo, quizás, esa sonrisa maravillosa era tan solo un pequeño sueño quimérico que tenía que dejar ir. Finalmente, cada ser humano sobre la tierra, mágico o no, se enfrentaba a la desgracia de tener sueños imposibles, sueños irrealizables que solamente tenían la facultad de exprimirnos de felicidad, si no se les dejaba escapar de nuestra mente. Sueños peligrosos.

Una mujer bajita de caderas anchas pasó a su lado, por poco derribándolo en el acto. La siguió con la mirada, convencido de que tenía que salir de ahí antes de que alguien lo reconociera, eso planeaba hacer, estaba resuelto, hasta que en una canallada del destino, lo vio.

Allá, en donde el resplandor se concentraba, en donde el pequeño gentío bailoteaba sin parar entre el ir y venir de luces iridiscentes, estaba él. Su cabello rubio casi plateado lo delataba, parecía suave, sedoso, ideal. Desde su sitio, se le veía inalcanzable. Nadie pensaría, que solo se necesitaban un poco más de veinte pasos para hacerle frente y, volver cada pensamiento que había tenido durante meses, un hecho.

La polifonía se convirtió en un zumbido y todo cambió, hasta la temperatura fresca del ambiente se volvió asfixiante. Su espalda serpenteaba, parecía deshacerse en movimientos imposibles que comenzaban a provocarle sed. ¿Pero sed de qué? La voz que prosiguió a la música, lo hacía todo más indescifrable. Las frases de la canción se perdían tranquilamente entre su cuerpo hasta mezclarse en vibraciones perfectas y alucinantes. Un pequeño meneo de cadera hizo que la piel delicada y blanca se viera expuesta; la sed, en este punto, se volvió insoportable. Sus hombros delgados, cubiertos por una camiseta blanca de tela muy ligera que le quedaba bastante floja, le daba una apariencia juvenil y feroz. De nuevo, inalcanzable. Las piernas, largas y esbeltas, se desplazaban, pero los pasos eran tan cortos e incitantes que apenas si podía captarlo. Su cabello, suelto y rebelde, revoloteaba por su rostro y comenzaba a pegarse a su frente y a su cuello a causa del sudor. Un par de mechones discordantes rozaban la clavícula, iban y venían en llamaradas platinadas que lo hacían contener el aliento. Las manos, traviesas, recorrieron su propio torso en una fina caricia apenas perceptible. Las caderas no paraban de balancearse, ni siquiera cuando comenzó a girar. Estaba perdido. Perdido en esa cintura estrecha. En esos labios finos cuya forma le asemejaba a un corazón. Era bello, demasiado, pero había algo en él, ese algo que era lo que realmente lo había cautivado, era algo que lo acompañaba, algo que flotaba a su alrededor, que lo bañaba, que lo empapaba, pero también, era algo que no se fundía con lo demás, le pertenecía y no podía compartirlo ni obsequiarlo. La música no daba tregua, subía en intensidad y la voz se volvía cada vez más nasal y redentora. Verlo, lo estaba enloqueciendo, al punto de que no supo en qué momento se acercó, sino hasta que su aroma lo sacudió: la sal, pudo rememorar el mar y el bosque, el dulzor ácido de las manzanas verdes y el picante de la canela: era intenso, tóxico, y no tenía fin. Cada que sus piernas y su cabeza se movían, junto con esa cadera que escandalosamente repartía movimientos para cualquiera, lo tenía fuera de sí. De vez en cuando giraba, y la fragancia se volvía todavía mucho más venenosa. Debía de estar presentando un espectáculo demasiado lamentable, estando ahí de pie, fascinado con la imagen impecable de Draco Malfoy.

Un destello le iluminó la cara y se llenó de pánico, hasta que notó que Malfoy, tenía los ojos cerrados. No sabía que haría si lo viera, no se habían cruzado en años, no realmente.

Su rostro era de pura dicha. Sus caderas descendieron hasta lo absurdo y volvieron a ascender en un movimiento que se le antojaba indecente. No podía ser que estuviera bailando tan impúdicamente con tanta gente alrededor y que no sintiera ni la más mínima vergüenza. Todo en él denotaba confianza, belleza y sobre todo, libertad. Lo había descifrado. Libertad, eso era lo que a él le faltaba.

Alguien le dio un fuerte empujón, lo que no le molestó, porque nadie era consciente de él y sí lo eran, no les interesaba. Estaban ahí para disfrutar, hacían lo que querían, eran lo que querían ser y no les importaba en absoluto él, ni quién era, ni porqué estaba ahí.

Así que, impulsado por la osadía del momento, animado por la música, las luces, su fascinante aroma, su gracia al bailar y todo en Malfoy, se acercó lo suficiente y lo sujetó con determinación de las caderas. Él lo miró alarmado y se detuvo de inmediato. La tormenta en sus ojos se desató, y al final, pudo ver la pequeña chispa color azul intenso mezclarse con la plata. Sus labios estaban entre abiertos, el aliento era cálido y dulce. Comenzaba a sentir un gran escozor en donde las pieles se volvían una sola. Así, tan de cerca, era varios centímetros más bajo, pero no daba esa impresión. Después de unos segundos, pareció recuperarse del impacto que le había causado el verlo y continuó con su baile, esta vez sus movimientos eran más tranquilos, ya enteramente sabedor de su presencia y de su toque. Los ojos verdes se mantuvieron muy abiertos, intentando perderse en la tempestad.

—Te encontré —le dijo.

Una sonrisa, la sonrisa que había ido a buscar se dibujó en los labios color durazno y Harry Potter, mandó todo al carajo.