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N/A: The Owl House y sus personajes son propiedad de Dana Terrace y Disney. Todos los derechos reservados a sus miembros y a la autora original de la serie.


Capítulo XI: King, el poderoso y… magestuoso.

««Las brujas y magos temblaron con miedo al escuchar otro lejano alarido proveniente desde afuera de la mansión en donde se ocultaban. Las familias —residentes de las Islas Hirvientes— se abrazaron con terror, esperando lo peor; el no sentir miedo no era una opción para alguno, sabían exactamente su destino gracias a lo que había sucedido ya con los más poderosos y experimentados hechiceros del lugar, nadie le podía hacer frente a aquellas inimaginables criaturas solo vistas en las peores pesadillas de los locos; la descendencia mágica en todo el territorio se había reducido en gran cantidad tras la guerra. El viejo sol que había resplandecido durante siglos no era ahora más que una estrella desgastada, cansada de haber vivido durante milenios; era cuestión de minutos para que dejara a los habitantes en oscuridad, al borde de la desesperación. La destruida isla solo podía albergar súplicas o uno que otro lamento sordo… llevado por el viento. La neblina —que poco a poco iba haciendo acto de presencia en el ambiente— no era un consuelo para ninguno.

Con anterioridad muchos antes que otros intentaron combatir a los enemigos, usando sus mejores hechizos, técnicas de combate, estrategias inteligentes… llegando inclusive a unir fuerzas para tener una mísera oportunidad de salir victoriosos pero… nada había resultado como los poderosos planearon. Nadie podía hacerles frente a excepción de uno. Suplicaban por ello… que… aquel elegido estuviera en camino para liberarlos de su desdicha.

—… entonces los cielos se tiñeron de oscuridad y pude escuchar cómo los gemidos de aquellas desgraciadas almas suplicaban piedad por doquier. Han pasado más de diez siglos. Los daños han sido notorios en sobremanera contra la naturaleza, el castigo que habremos de padecer será justo… —retomó la palabra aquel anciano quien sostenía el libro antiguo. —… su ira ha despertado, la muerte está llamando a la puerta, insistente de llevarse nuestras almas. Los señores del abismo tomarán venganza de nuestras acciones y entonces… —no pudo terminar la frase, debido al bramido que otra criatura emitió.

De pronto, algunas siluetas voladoras se contrastaron con la luz del sol, permitiendo a los magos y brujas distinguirlas desde dentro del mansión a través de las ventanas difuminadas. Horribles gritos provenientes de las bestias se escucharon a diestra y siniestra; las familias temblaron aún más, los niños comenzaron a llorar en silencio por el miedo infundido. Cuando el anciano estaba a punto de continuar, una enorme explosión se produjo en el exterior, provocando que un candelabro cayera al piso y se hiciera trizas. La multitud generó bulla, mirándose los unos a los otros con incertidumbre; afortunadamente nadie se había lastimado gracias a una hechicera quien usó su telequinesis para hacerlo a un lado justo a tiempo.

—… llegó la hora de saldar cuentas. Observé entonces a un gigantesco Cerbero emerger del fuego maldito, devorando a todos los destructores sin compasión o pudor, torturando a los brujos, nigromantes, adivinos, oráculos, magos y neófitos, bebiendo su sangre y comiendo sus entrañas.

—¡WRRRRRRAAAAAH! —

Un rugido escalofriante se escuchó enfrente de la entrada principal —desde el lado de la intemperie—. Acto seguido, comenzaron a golpear las puertas con ímpetu, acompañado de gruñidos salvajes. La multitud retrocedió rápidamente, colocándose detrás del más sabio de ellos, sabían que pelear contra ellos solo acarrearía mayor dolor en su muerte. El terror que desprendían todos era tan intrigante que inclusive algunos miembros no pudieron evitar orinarse en los pantalones; las puertas fueron golpeadas con más y más fuerza, no sabían cuanto más aguantarían esos conjuros de protección. No tenían que asomarse para saber que más de una criatura permanecía allá afuera, ansiosa por despedazarlos con brutalidad. No obstante, algunos de ellos se llenaron de coraje, y con decisión se prepararon para pelear, anteponiéndose al anciano mago; los demás los miraron como algo maravilloso o divino, verdaderos héroes, o quizás solo con lástima por el destino de sus vidas.

—Y he aquí que hubo un gran terremoto como el que nadie alguna vez pudo sentir… los guerreros que los enfrentaron cayeron en combate… —los golpes y alaridos se fueron propagando cada vez más a medida que el anciano seguía recitando. Un sentimiento de angustia se apoderó de su cuerpo. —¡El día de la venganza ha llegado! ¡¿Y QUIEN SERÁ CAPAZ DE RESISTIRLA?! —gritó con miedo.

—¡WROOOOOAAGGGG! … … … … … … … … …. —… … … … …. —… … … … …. —

Un silencio sepulcral se hizo presente en esos momentos. Los aldeanos se miraron a sí mismos un poco confundidos tras medio minuto de silencio. Lentamente, el sabio caminó hasta quedar a dos metros de las puertas principales aun resguardadas por la magia, tragó en seco indeciso de pegar su oído a la puerta derecha para tratar de adivinar lo que sucedía afuera. Solo pudo escuchar desde su posición un leve gemido proveniente de la criatura, de pronto, una llamarada chocó violentamente contra la madera, esta vez la bestia jadeó con dolor. El impacto del fuego había dejado una considerable abertura en la madera; el mayor contempló cómo el rastro de fuego azul se extinguió lentamente. Los magos y brujas se miraron entre sí, confundidos por lo acontecido.

Sin pensarlo, se acercó con suspicacia hasta la abertura y observó a través de esta. Fue ahí cuando se inmutó al observar al responsable de los hechos: Un ente de gran tamaño y bien trabajada figura física; tenía su pelo negro y una cola no tan larga con un color blanco en la punta de esta, una armadura que cubría sus puntos más vitales y de arma un hacha de doble filo que sostenía con ambas manos; el ser tenía un cráneo de búfalo cubriendo la mitad de su rostro y un collar del cual colgaba la moneda del azotador que había sido robada por él mismo. Sus ojos amarillentos y brillantes concluían con una iris de color púrpura.

El mago observó cómo estaba de espalda a las puertas. El cuerpo de la criatura que había gemido anteriormente se encontraba carbonizado; delante de él una temible horda de asquerosas criaturas, tal vez provenientes del mismo infierno: bestias aladas tal gárgolas, con rostros horripilantes, anatomía asquerosa, hijos de caos y la desesperación, con colmillos afilados y un olor tan pestilente que inclusive los cadáveres agusanados de esa aldea olerían mejor.

—No teman más queridos súbditos, he escuchado sus suplicas y he venido a liberarlos de su destino.

—¿Ese es? —masculló uno de los magos que se asomó al reconocer la voz.

—¡Es él! —gritó una joven bruja con lágrimas en los ojos.

—¡Alabado sea el sol! ¡Estamos salvados! —otro más.

—Escuchen, bestias, es un mal día para ustedes, ríndanse ahora o enfrentarán la ira de King: El rey de los demonios. —anunció el ser con pelo.

—¡Urra! —

—¡Señor King, es maravilloso! —

—¡Oh poderoso señor King, usted es tan fuerte y tan guapo! —se desmalló una hechicera al verlo en su pose heroica.

—¡Oh no! Discúlpenos divino rey King, no quisimos causar problemas. —se disculpó una de las criaturas aladas.

—No fue nuestra intención, nos iremos de inmediato. —

—Esa armadura le queda muy bien, oh salve rey demonio. Lamentamos los inconvenientes. —

Y tan rápido como lo dicho, todos los seres del abismo se fueron del lugar aterrados y gimiendo de dolor aun sin siquiera haber recibido un ataque del imponente King mientras los hechiceros y magos se acercaban regocijantes al rey de los demonios para pedirle autógrafos y tomarse fotos con él.

—Gracias, gracias, hay mucho King para todos, no se amontonen. No toques, no toques el collar por favor. —pidió el rey mientras abrazaba a sus fans.

Todo había sido un éxito rotundo pues el poderoso, glorioso, majestuoso, atractivo, fuerte, invencible y…»»


—Wooo, wooo, wooo. Espera, espera, espera. —interrumpió Luz. —¿En serio escribiste eso? —comentó con una pequeña risita mientras se tapaba su boca con una mano.

—Emmm… sí ¿Por qué? —decía la pequeña criatura, mirándola confundido.

—Jajaja, con razón ese lagarto bien vestido rechazó tu segunda parte.

—¡¿Qué?! Es obvio que no sabes nada sobre literatura de calidad, Luz, si así fuera, sabrías apreciar esta obra de arte. —dijo indignado, cruzándose de brazos con los ojos cerrados.

—¡Luz! ¡King! ¡La cena está lista! Bajen pronto o no les tocara nada y saben que hablo en serio. —se hizo escuchar la voz de Eda desde la cocina.

—Uhh, la cena. —se relamió la humana. —Bueno… poderoso y adorable Rey salvador de las Islas Hirvientes ¿No vienes? —al momento de caminar hacia abajo.

—¡Yo no soy adorable! —

—¡Ki-ing! —cantó la bruja su nombre. —¿Quién quiere lamer el cucharo-ón?

—¡Mmmm-iiieeeeyyy! —gritó con emoción —¡Yo quiero! —y tan rápido como pudo dejó su libro beta sobre el suelo y bajó tal cual haría un adorable niño de 5 años.