Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.


CAPÍTULO 3: UN NUEVO COMIENZO

POV CORIOLANUS

Lucy no despierta ni siquiera, aunque la toco, o le hablo y no sigo insistiendo. El avox baja del auto para ayudarme a sacarla y cargarla en mis brazos. Nos acompaña hasta la entrada del hospital donde hay una camilla y unos enfermeros esperando por la nueva vencedora.

Eso fue rápido.

Una enfermera se acerca a mí preocupada por ver a la vencedora en ese estado, pero la tranquilizo diciendo que solo se sentía muy débil y se quedó dormida en el camino. Me piden que la ubique en la camilla y el avox se marcha una vez que le asegura que estaremos bien y le pido que le pasa el mensaje a quien corresponda.

No pierdo tiempo, sigo a Lucy durante todo el trayecto que ellos me permiten, un hombre empieza examinar las leves heridas de su rostro, iluminar sus ojos y hablarle. Él consigue que ella despierte y abra un poco los ojos. El equipo médico parece aliviado. Consigo hacer un espacio para hablar con Lucy y ella me mira un poco confundida. Me inclino para estar más cerca de su rostro.

─Llegamos.

─¿Dónde estoy? –mira alrededor y luego de vuelta a mí.

─Estás en el hospital. Escúchame, Lucy. No puedo entrar contigo, pero estaré esperando justo aquí. Algunos doctores y enfermeras se van a encargar de ti, quieren saber cómo estás o que te ha pasado. Tal vez empiecen a realizarte algunos estudios, no temas.

Supongo que puede ser bastante impresionante y aterrador para alguien de distrito, tengo entendido que la medicina en los distritos no es tan avanzada; incluso en la época donde los suyos no tenían un lugar fijo para vivir, seguramente solo podían recurrir a medicina naturista en casos de emergencias.

–Deja que ellos te controlen y responde todas las preguntas que te hagan. Estaré contigo pronto.

─Está bien –acepta.

─Hasta pronto –la despido y permito que ellos se la lleven a la sala de emergencias.

Pasan varias horas y sigo sin recibir noticias. Sentado en la silla del pasillo empiezo a dormirme un poco, probablemente por el efecto de la posca o el cansancio acumulado durante los últimos días. Entre los problemas en La Academia, la preocupación por la seguridad de Lucy en la arena y los nuevos impuestos, ha sido una semana difícil. Siento que alguien toca mi hombro y levanto la cabeza rápidamente esperando que sea el medico de Lucy para avisarme de su estado, sin embargo, en su lugar me encuentro con Sejanus cargando algunas bolsas y mis pertenencias, aquellas que dejé a cargo de los Agentes de Paz. Con el apuro de traerla al hospital me olvidé completamente de pedir mis cosas.

─Hola –me saluda.

─Sejanus –asiento a modo de saludo–. No creí que vinieras, pensé que estabas haciendo reposo.

─Estaba, pero me siento mejor y la herida afortunadamente no fue tan grave. ¿Qué pasó con tu brazo?

─Igual. Pronto me sacarán los puntos, supongo.

Se sienta a mi lado y lo ayudo con todo lo que trae y la muleta.

─De todas formas, tengo cita con un doctor aquí hoy.

─¿La Doctora Gaul también te envió un mensaje?

─No, la vi hace unas horas en el festejo. Me lo dijo en persona y me entregó algunas cosas para ti y Lucy Gray, pidiéndome que te las trajera.

De una bolsa saca dos vasos grandes de café y terrones de azúcar en bolsitas.

─En el camino compramos esto, creo que lo necesitarás por lo que acabo de notar. Tiene azúcar, pero puedes agregarle más si quieres.

Me pasa uno de los vasos y yo gradecido por el gesto, acepto el café, es justo lo que mi cuerpo necesita. Luego de unos tragos me siento más despierto y alerta.

─Gracias –sonrío un poco.

─No es nada ¿Tienes alguna noticia? Estuve en La Academia con mi padre cuando los periodistas estaban encima de ustedes, tu chica me preocupó.

─Se derrumbó tan pronto como ingresamos al auto camino aquí –confirmo–. Pero la veo bastante sana más allá de eso, no tiene ninguna herida grave a la vista.

─Es una buena noticia. Sabía que sobreviviría. Ella definitivamente tiene algo. ¿Por qué no estás con ella?

─Porque nadie ha salido a hablarme desde que llegamos.

─Seguro tomara algo de tiempo. No te preocupes, debe estar bien.

−He pasado por tu casa hace unos días –digo deseando poder cambiar de tema, no quiero pensar en lo que le están haciendo a mi chica dentro–. Lamentablemente, no pude verte.

─Me contaron. Gracias por la visita, de todas formas. Había tomado medicamentos fuertes y me dormí más temprano. Espero que mi padre no te haya hecho pasar un mal rato, tiende a ser algo intimidante con las personas.

─No fue tan malo –trato de sonar sincero, pero creo que falló, porque me mira con cierta sospecha–. Tu madre me ofreció pastel recién hecho.

─No lo dudo. De hecho, esto para ti.

Señala la bolsa que está entre medio de nosotros. Tal vez a Lucy le apetezca comer algo cuando se sienta mejor.

─Agradécele de mi parte.

─No es lo único.

Me pasa la mochila y una bolsa con el sello de La Academia.

─La doctora Gaul, te envía todo lo que Los Agentes de Paz le confiscaron al salir de la arena y hay un sobre, es el dinero en efectivo de sus patrocinadores. Ella se quedará unos días más acá y tal vez lo necesite.

Abro la bolsa y encuentro la comida que le envié, una pequeña botella de agua, un sobre grueso que no pienso abrir ahora y buscando en lo más profundo, encuentro el primer pañuelo que le regalé envolviendo la polvera de mi madre. Mi mano se dirige directamente a tomarlo, recordando el momento en el cual se lo entregue con la condición de que me devolviera al salir de la arena viva.

Realmente sería como tenerte conmigo, ¿no?

Adelante. Llévame contigo. Tómalo.

Su llanto se calmó por mis palabras y el perfume a rosas de la polvera.

Está bien, pero es un préstamo —tomó la polvera, la metió en su bolsillo y le dio una palmadita—. Ayuda a aclarar mi mente. De alguna manera, ganar los Juegos es algo demasiado grande como para concebirlo. Pero si digo: "Necesito llevar esto de vuelta a Coriolanus", puedo aferrarme a eso.

Una sonrisa se forma en mi rostro sin que realmente lo pretenda cuando acaricio la superficie de la polvera y pienso en que Lucy realmente sobrevivió y volvió a mí.

─Realmente te gusta esa chica ¿no, Coryo? –comenta Sejanus a mi lado bastante sorprendido.

Debo estar de demasiado buen humor por la victoria, el premio y el futuro, porque por primera vez ni siquiera me molesto por esa pregunta personal, que internamente me venía haciendo hace días.

─¿Crees que eso sea posible?

─El amor tiene formas misteriosas. No hay una regla para eso, ya sabes. Ahora que tienes la oportunidad de conservar a Lucy Gray, tomate la libertad para explorar esos sentimientos. Tal vez hasta sea posible para ustedes estar juntos, la aceptación que recibe aquí es increíble.

Luego se pone de pie con un poco de ayuda mía y me dedica una última mirada antes de dirigirse a Ma, que lo está esperando a pocos metros de distancia. Cuando ella se da cuenta que soy yo, me saluda con la mano.

─Envíale mis buenos deseos… y felicitaciones a ambos. Por cierto, mi padre dice que en pocas semanas recibirás buenas noticias. Debes estar atento, ya está preparando todo para ti.

Tras una breve despedida, lo observo mientras se aleja.

No tengo tiempo para pensar en lo que me dice, porque unos segundos después escucho una puerta abrirse.

─Señor Snow.

Me pongo de pie rápidamente.

─Hemos terminado de realizarle todos los estudios, lo llevaremos con señorita Gray.

─¿Ella se encuentra bien?

─No podemos darle esa información todavía, debemos esperar todos los resultados. Solamente puede pasar a verla y si quiere, también acompañarla. La hemos traslado a una habitación individual y tuvimos que hidratar artificialmente de forma urgente. La deshidratación es algo normal en su situación, seguramente se sentirá mejor en unas horas.

La habitación a la que la trasladaron queda bastante lejos y en los pisos superiores, pero cuando entro a verla, la encuentro dormida, o sedada debido a la morflina, con una bata hospitalaria reemplazando el vestido y su trenza desecha. En este momento, no puedo hacer otra cosa más que quedarme a su lado esperando que reaccione. Y aunque me obligo a beber el segundo vaso de café que me trajo Sejanus y comer algo de la comida de Ma, termino quedándome dormido poco después.

Despierto por la mañana sintiendo el calor de los rayos de sol que iluminan mi rostro y la sensación agradable del toque de alguien sobre mi cabeza. Muevo la cabeza somnoliento y confundido.

¿Ya es de día?

Aunque estoy sentado, mi cabeza está apoyada entre sábanas blancas y un colchón. Luego, recuerdo donde estoy, y mi mirada se dirige directamente a la dueña de esa mano.

─Lucy…

Sus ojos brillantes color ámbar se centran en mí con gran concentración. Ella sonríe levemente y su mano abandona mi cabello.

─Buenos días –pero antes de que aleje mi mano, lo impido llevándola de vuelta a mi mejilla depositando un beso en su palma aún con marcas de las quemaduras.

─No, es relajante. Se siente bien.

Permito que ella siga jugueteando con mi cabello y proporcionándome leves caricias a mi cabeza por unos minutos más mientras mis sentidos van despertando. Ninguno habla hasta que pasa un tiempo considerable, como tampoco ninguno parece ser capaz de apartar la mirada del otro. Ambos parecemos debatir internamente sobre si esto es un sueño o no. Incluso desde nuestra despedida, el miedo de no volverla a ver seguía latente en mí, ¿habrá sido igual para ella?

Decimos nuestros nombres casi al mismo tiempo, lo que resulta divertido de algún modo y rápidamente reconozco esa misma mirada que me dedicó en el salón Heavensbee luego del beso.

En un impulso casi desconocido esta vez soy yo quien lo inicia, sus labios responden de inmediato al contacto, y se aferra a las mangas de mi camisa. Al comienzo es un beso casi tímido que va tomando fuerza mientras los minutos pasan, y afortunadamente esta vez no hay nadie que nos interrumpa. Cuando al fin nos apartamos, ambos respiramos agitadamente y yo siento como mi corazón parece querer salirse de mi pecho cada vez más. Me limito a acariciar su rostro unos segundos y antes de atraerla a mí y abrazarla, pudiendo sentir los rápidos latidos de su corazón.

─Te extrañé, Lucy Gray.

─Y yo no pude dejar de pensar en ti. Tenía tanto miedo por ambos.

─¿Lo sabes? –murmuro en voz baja mirándola directo a los ojos.

─Eras tú.

─Lo era, pero estoy bien ahora.

No puedo hablar de esto aquí. Parece que ella se da cuenta que es tema prohibido, porque no insiste.

─Los Agentes de Paz me obligaron a entregarles la polvera. No quería, lo siento. Dijeron que me la devolverían, pero no sé si…

─Ya la tengo –interrumpo–, tengo todo. Gracias por cumplir tu promesa.

Le dije que no me volvería a sentir completo sin la polvera de mi madre, y es verdad, pero solo quería que ella tuviera algo a lo que aferrarse, como un amuleto de buena suerte para no rendirse.

─Funcionó ¿verdad? Porque estás aquí.

−Funcionó –afirma sonriéndome más–, porque tú también estuviste conmigo, aunque no te pudiera ver. Gracias.

─Al menos ahora estamos a mano –confirmo, recordando que fue ella quien me salvó la vida en primer lugar.

De alguna forma, hay un lazo invisible e inquebrantable que nos une a partir de este momento; y un pacto que solo conocemos nosotros.