Disclaimers: Todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins.


CAPÍTULO 4: HOSPITAL

POV CORIOLANUS

A lo largo del día siguiente, Lucy recibe muchas cartas y regalos de parte de los patrocinadores y ciudadanos del Capitolio. La Academia a su vez envía un hermoso arreglo de flores y una canasta de comida y frutas para ella. Como el doctor lo permitió luego de pasar dos días bajo tratamiento con buenos resultados, separo algunos de los alimentos más livianos y permito que elija lo que quiera; pero acepta casi cada cosa que le ofrezco sin quejarse, no sin antes insistir en que coma junto con ella.

–Desearía que hubieras aparecido más seguido, Lucy –le digo mientras la observo comer tanto como puede–. Podría haberte proporcionado más alimentos en la arena, pero hiciste bien en esconderte.

Recuerdo a los tributos que formaron una alianza e intentaron matarme a mí y Sejanus, que se organizaron para acabar con la vida de Lamina y otros chicos. Probablemente Lucy no hubiera podido contra tantos tributos armados e hizo bien en mantenerse protegida hasta el grupo se redujo luego del ataque de las serpientes. Incluso las serpientes le proporcionaron cierta seguridad mientras estuvieron vivas.

–Ese fue tu consejo. Pero te preocupó mucho no verme ¿cierto?

–¿Cómo no iba preocuparme? No hay cámaras por los túneles, no había forma de que supiera si seguías viva, o si alguien había decidido cazarte dentro.

─Estuve cerca de ser encontrada, hasta que al parecer algo más distrajo a los que formaron la alianza y se desviaron hacia el lado contario. Tal vez mi escondite fue tan bueno que no sospecharon que yo estaba ahí.

–¡Oh, Lucy! –la imagen de ella siendo atravesada por un tridente viene a mi mente torturándome. No pensé en tal escenario antes, nunca imaginé que estuvo tan cerca de ese peligro.

–Pero aún tenía las armas que agarró Jessup al inicio de los juegos. Me estaba preparando para utilizarlas de ser necesario, había empezado a practicar para familiarizarme con ellas y practicando mi puntería con algunas maderas o sillas rotas que estaban en esas zonas. Descubrí que soy bastante mala en ese aspecto.

Eso me hace reír un poco.

–Jessup agarró cuchillos y lanzas –trato de hacer memoria, porque en esos minutos todo fue muy rápido.

–Sí, para nosotros.

No creo que quiera hablar de la muerte de él, por lo que evito mencionar el hecho.

–¿Conocías a Jessup de antes, Lucy?

–¿A qué viene esa pregunta?

–Supongo que solo quiero cambiar de tema. Aparte tengo curiosidad –y debo reconocer que hubo momentos en los que sentí celos, al imaginar cosas estúpidas que no pasaron.

–Jessup... no, no lo conocía. Es decir, a veces nos hemos cruzado en el distrito porque todos conocen al Covey y cantamos en todos los lugares que nos permiten. Pero nunca nos hablamos realmente. Igual lamento que haya muerto de esa forma. Los últimos tres días realmente los sufrió.

–Tenía rabia –le informo –, debido al lugar de la mordida, el proceso se aceleró y no iba a poder vivir mucho más sin un tratamiento. Estoy seguro que Lizzie hubiera hecho algo por él de haberse dado cuenta lo que pasaba antes.

–¿Hablas de su mentora?

Asiento.

–Ella sabía del asunto porque viene de una familia dedicada a la medicina. No cree que lo haya mordido una rata. Probablemente fue alguno de los pocos animales que siguen vivos en el zoológico. De todas formas, eso sirvió para alertar a los encargados y harán algo al respecto.

–Jessup dijo que no sabe que lo mordió, estaba dormido y de repente sintió dolor. Estaba muy oscuro, por lo que no pudo ver nada. Escuchó el ruido de algún animal alejándose. Ese día, el día de su muerte, ya no era él mismo, se volvió loco, quiso atacarme y por eso escape, luego pareció entrar en razón por unos segundos. En realidad, él ya no sabía lo que estaba haciendo, mucho menos lo que le pasaba. Probablemente morir ese día, fue lo mejor para él. Por otro lado, estoy casi segura que Reaper se contagió de él.

Ese dato me toma por sorpresa, luego recuerdo que ella mencionó que dos días antes de entrar en la arena, le escupió en la cara estando infectado. Por lo que no me parece tan descabellado su razonamiento.

–No lo noté hasta los últimos días de los juegos –agrega─. Él estaba empezando a tener los mismos síntomas. Iba a morir de una forma u otra. Le ahorré experimentar la peor parte, lo consideré un acto de piedad. No me hubiera gustado verlo perder la razón como Jessup. El resto ya lo sabes.

–No creí que quisieras hablar de eso tan pronto.

–Bueno, no es que sea agradable. Pero ¿a quién más se lo puedo contar sin que piense mal de mí?

–Nadie puede culparte por luchar por tu vida.

–Muchas personas dirían lo contrario. Solo espera que regrese al distrito y empezarán a hablar de mí, peor que antes.

–Entonces, no vuelvas –mis labios sueltan esa frase de forma automática.

–¿Qué?

Me doy cuenta de lo impulsivo que fui y que es demasiado tarde para detenerme.

Ambos estamos sentados en el borde de su cama, ella me encara, sorprendida y repentinamente avergonzada.

–No vuelvas, Lucy. Quédate conmigo. Te cuidaré y te apoyaré. Incluso cuando no puedo ofrecerte mucho ahora, te entregare todo de mí. Puedes tenerme, si eso quieres.

–Coriolanus –a pesar de su sorpresa, puedo ver como una pequeña sonrisa amenaza con aparecer en su rostro.

Tomo su rostro delicadamente entre mis manos, evitando tocar las zonas donde tiene raspones y heridas.

–Los juegos terminaron, podemos olvidar las formalidades en privado.

–Coryo... –ella parece saborear la palabra con los ojos cerrados como si hubiera deseado decirme así desde siempre, tal vez tratando de procesar todo lo que le dije. La forma en que lo dice hace que mi corazón se salga de control.

–Bien. Dime, Coryo. Frente a las cámaras sigo siendo tu mentor, pero fuera de ellas, me temo que no me conformo simplemente con eso, porque te quiero como nunca he querido a nadie. Cuando nos despedimos, me aseguraste que yo era el único chico que ocupaba un lugar especial en tu corazón, que yo sería todo en lo que pensarías en la arena.

–Y lo sigo sintiendo así –responde.

–Lo sé, puedo verlo. Aquí tienes mi respuesta, tú eres la única chica que ha clavado hondo en mi corazón. Los días que no te veía en la arena, no solo estaba preocupado por ti, te extrañaba; durante las noches, mis pesadillas estaban plagadas de decenas formas en las que podía llegar a perderte. Y las dos semanas anteriores... cuando tú estabas triste, enferma, débil, o llorabas; yo también sufría. Sin embargo, debía ser fuerte, porque me necesitabas entero y no iba a permitir que me vieras débil, ¿Cómo te iba a poder transmitir confianza y tranquilidad si yo mismo no la sentía al verte así?

–Sobreviví, Coryo. Ahora estoy contigo y quiero seguir formando parte de tu vida. Pero ¿Cómo?... Nosotros pertenecemos a mundos diferentes.

–Encontraré una forma de que esto funcione, te lo juro. Solo dime que quieres lo mismo, y me ocuparé del resto.

Ella sonríe abiertamente y baja el dedo de su mano de la punta de mi nariz hasta mi boca.

–Eres un pájaro extraño, Coriolanus Snow; y curiosamente irresistible para mí –sonrío ante su evidente coqueteo–. No sé cómo lo has hecho, pero algo cambió dentro de mí cuando te conocí. Así que… hasta que encuentre las palabras adecuadas, luego de recuperarme y estar más lúcida, quiero que sepas que cualquier futuro que te incluya a ti, suena bien para mí. Sigo pensando que esto podría funcionar.

–Pensé que bromeabas esa vez –reconozco sorprendido.

–A veces las bromas ocultan algo de verdad; y en mi caso era que me gustabas mucho.

–Solo querías incomodarme –replico.

–Quería mandarte una señal, no es mi culpa que seas tan susceptible.

–Solo a ti, por lo que sí es tu culpa.

Es todo lo que necesito saber por ahora y mis labios atrapan los suyos tan pronto como termino la frase. Ahora se sienten más suaves que ayer y más cálidos. Pero cuando está a punto de devolverme el beso, golpean la puerta y nos vemos obligados a separarnos rápidamente. Cuando ambos dirigimos la mirada a la puerta, vemos a alguien asomarse por allí.

–Tigris.

Una expresión de reconocimiento y curiosidad recorre el rostro de Lucy, quien nunca la vio personalmente, pero escuchó mucho sobre ella por mí. Mi prima se marcha antes de que yo pueda decir nada para retenerla.

–Ve con ella, tal vez sea importante.

–Lo siento.

–Está bien. De todas formas, estamos en el lugar equivocado. Dile de mi parte que quiero conocerla y agradecerle personalmente.

–Lo haré.