Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.
CAPÍTULO 5: BUENA SUERTE
POV CORIOLANUS
−Tigris –me detengo frente a ella, sintiéndome algo nervioso.
¿Por qué ha venido sin avisar?
−Hola. Lamento haber interrumpido, Coryo.
−No importa. ¿Cómo te dejaron pasar? ¿Por qué estás aquí? ¿Pasó algo malo contigo o Madame?
−Estaba preocupada por ambos y decidí venir a verlos. Y no, todo está bien en casa. Ambas estamos muy felices por ti y Lucy. El primer día estábamos esperándote para recibirte y festejar, hasta que Sejanus nos llamó y dijo que había estado contigo en el hospital y que debías quedarte para cuidar a Lucy Gray todo el tiempo que ella estuviera internada.
−No sé si eso estaba entre mis obligaciones, pero quise quedarme, ella no se sentía bien y no confía mucho en los desconocidos. Se siente más tranquila si estoy con ella. Lamento haberlas hecho esperar, debí avisarles.
−Lo entendemos, tienes mucho para preocuparte ahora mismo. ¿Ella está mejor? ¿Qué han dicho?
−El doctor ha mencionado que sufre de deshidratación, anemia y algunas contusiones. Han tratado sus heridas, pero no presenta ninguna de gravedad, afortunadamente. Le darán de alta pronto.
¿Y qué pasará después?
−La doctora Gaul la dejó a mi cargo, así que la llevaré a casa tan pronto como eso pase. ¿Puedes preparar la habitación de invitados para Lucy?
−Será un placer –contesta con evidente entusiasmo.
−¿Crees que Madame tenga algo contra esto?
−Lo dudo, Coryo. Esa chica extrañamente, se ha sabido ganar su simpatía incluso sin haberla conocido en persona. ¿Vas a necesitar algo más?
−Vamos a tener que comprarle ropa y en lo posible que sea de abrigo. Pensé que tú te podías encargar, entendiendo más del tema que yo. Sus patrocinadores resultaron ser extremadamente generosos.
Mientras ella estaba en la arena pensaba en el frío que debía estar sintiendo, sobre todo durante las noches con ese liviano vestido arcoíris.
−Sí, pero no creo que le guste la ropa que suelen usar las chicas aquí. Tal vez debería preguntarle antes. Déjamelo a mí, lo descubriré pronto. Esto va a tomar tiempo ¿verdad? Hablan de que harán una entrevista con la vencedora en dos semanas.
−Así es, todo depende de su estado. Supongo que su intención es explotar a la nueva vencedora lo suficiente, para que los Juegos del Hambre ganen popularidad, porque incluso planean algo en el Distrito Doce.
−¿Eso no es demasiado?
−Probablemente, pero ella está acostumbrada a estar en el centro de atención y es inteligente. Lo hará bien. No se lo menciones, aún no lo sabe.
Tigris hace una seña sobre sus labios, como si los sellara con un cierre invisible. Me río por unos segundos, hasta que ella suelta:
−Luces más feliz que hace unas semanas, eso es bueno –no hace ningún otro comentario al respecto.
−¿Tienes tiempo, Tigris? Lucy quiere conocerte.
−Por supuesto, vine para eso y para liberarte un poco. Ve a ver ese doctor ahora, el que debe examinar tu brazo, mientras yo cuido a tu chica.
−¿Qué pasa con tu trabajo?
−Me dieron el día libre, porque no iba a haber nadie en la casa hoy. Bastante conveniente en las circunstancias actuales.
−Gracias.
De vuelta en la habitación, notamos que Lucy parece estar absorta en un libro que le dejé en su mesa para que lo leyera. Uno de los tantos regalos que recibió. Pero cuando nos escucha, cierra el libro, levanta la mirada y nos observa. Me acerco primero y luego Tigris me sigue los pasos y Lucy le tiende la mano para que la tome, algo que mi prima hace de inmediato.
−Hola, Tigris –saluda Lucy con total naturalidad–. Eres la prima de Coryo, estaba ansiosa por conocerte. Tenía curiosidad, él habla mucho de ti.
−Espero que te haya hablado bien –Tigris me observa de reojo sonriendo.
−Definitivamente. Eres muy linda, también –dice intercalando miradas entre ambos–. Por cierto, son parecidos excepto por los ojos.
Si bien compartimos el mismo color de piel y cabello, nuestros ojos difieren entre azul y gris. Hay muchos que piensan que somos hermanos, en vez de primos cuando nos ven juntos.
−Sí, el parecido presta a confusión a veces –reconozco.
A mi lado Tigris parece estar encantada con Lucy Gray, igual que casi todos.
Mientras las escucho conversar, pienso que tal vez esto sea posible. El Capitolio adora a la nueva vencedora, Tigris y Madame también. Y si un Snow es capaz de aceptar a una persona de distrito, es todo lo que se necesita para ganarse al menos el respeto de los demás. Solo debo encontrar una manera de mantenerla cerca, incluso si dos lugares tan distantes nos separan.
Lucy gira la cabeza para observarme y decido que es tiempo de irme. Estará bien cuidada por Tigris. Siento que toma mi mano, le dedico una pequeña sonrisa, cuando me pregunta si me siento bien.
−Todo está bien. Pero debo irme un rato ¿tú estarás bien sin mí?
−¿Qué harás?
−Debo ir a ver un doctor. No tardaré –prometo–. Tigris se encargará de ti mientras tanto.
−No me preocupa eso, tomate tu tiempo, aparte un poco de aire fresco te vendría bien. No has dejado la habitación desde me trajeron aquí, ni siquiera has descansado bien.
−Descansaré apropiadamente cuando te den de alta mañana.
−¿Mañana?
−Bueno, mañana o pasado mañana. Espero que sea la primera opción. Trata de ponerte bien y haz reposo apropiado para que eso pase.
Ella asiente, luego vuelvo mi atención a mi prima que nos está observando sonriente.
−Ya sabes dónde encontrarme si algo pasa, Tigris. Puede ser que se sienta mareada o presente fiebre en algún momento, ha estado lidiando con eso los últimos días. Hoy particularmente ha resultado ser un buen día.
−Ve tranquilo, Coryo. Te avisaré a ti, o al personal si sucede algo.
Lucy deja ir mi mano de mala gana cuando me alejo, mirándome con preocupación, ella no sabe todo lo que ha pasado en la arena, pero aún no puedo decirle nada hasta que salgamos del hospital.
Tal como aseguro la doctora Gaul, él no me hace ninguna pregunta solo me examina y finalmente habla.
−Luce bien. Fue un buen trabajo. Debido a la forma y la profundidad sospecho que fue con un cuchillo o un arma blanca con mucho filo. ¿Siente dolor?
−A veces, pero estoy tomando medicación. ¿Podrá quitar los puntos de sutura?
−Lo haré ahora y le indicaré el proceso a seguir –toma una pinza y tijera y empieza a trabajar, cuando termina, empieza a anotar indicaciones en una hoja y luego a buscar algunos medicamentos del estante.
−Le daré medicación más fuerte para evitar que se produzca infección o sienta dolor; y unas cremas que favorecerán la cicatrización; si es constante, evitarán que quede cicatriz, o al menos que sea poco notoria. Le daré varias, solo por si acaso. Tengo entendido que su tributo sigue internada.
−Así es.
−Si tiene alguna herida esto le ayudara también.
−¿Incluso si son quemaduras?
−¿Para quemaduras?
−Sí, en las manos. Fue durante el bombardeo en la arena.
−Lo recuerdo, el hospital fue una locura ese día –dice con algo de pesar–. Tenemos algo mejor y más efectivo para ese tipo de quemaduras.
Busca en el fondo y selecciona varias cajas y las mete en una segunda bolsa.
−Esto será suficiente para poco más de un mes. Dígale que debe aplicarse pequeñas cantidades en las zonas afectadas dos o tres veces al día. Cuando note un cambio considerable puede ir reduciendo la cantidad de aplicaciones diarias pero no puede abandonarlo completamente, porque es importante que los tejidos se vayan regenerando.
−Se lo agradezco.
−No es nada. El Capitolio se hará cargo de cualquier cosa que ella necesite a partir de ahora. Vuelva por más de ser necesario para enviarle en el futuro a su distrito. Este año fue bastante accidentado para todos los involucrados, algo bastante inusual. De alguna forma, el gobierno pretende recompensar a los afectados por su descuido.
Probablemente todo eso se hubiera evitado si hubieran mandado a personas a verificar el terreno antes de llevarnos a un campo minado. Muchas muertes innecesarias no hubieran tenido lugar ese día. No solo murieron casi la mitad de los tributos, también mentores, Agentes de Paz y trabajadores de los medios de comunicación. La Academia considero que pudieron estar allí desde los Días Oscuros, pero inactivas; o que pudo ser un intento de ataque reciente. Nadie lo puede saber con certeza.
Me reservo mis propios pensamientos para mí mismo, porque no sé hasta qué punto, nosotros podemos hablar al respecto fuera de nuestro círculo y cualquier cosa que diga y haga pueden utilizarla en mi contra si llega a oídos equivocados.
Tras unas cortas indicaciones, él deja que me marche. Estoy a punto de volver a los pisos superiores, pero cuando recuerdo las palabras de Lucy, cambio de dirección hacia el jardín del hospital. Salir de ese encierro y respirar aire fresco, posiblemente sea lo que más necesito ahora.
Durante la noche cuando Tigris se marcha, le entrego dinero para que haga las compras necesarias para Lucy, el vestido arcoíris de ella, algunas de mis pertenencias. Por seguridad le pido que se lleve la mayor parte del dinero de los patrocinadores y lo guarde seguro en la caja fuerte de la familia. Ella a su vez nos ha dejado comida, agua y ropa para ambos.
−¿Estarás bien solo? –pregunta ella antes de subirse a un taxi que estaba aguardando frente al hospital–. Puedo hacerme un tiempo para venir mañana.
−No, tienes que trabajar. No pienso sobrecargar tu tiempo con nada más. Me las arreglaré solo.
−Entonces nos veremos cuando regreses con ella a casa. Le advertiré a Madame, quien como ya te dije, seguramente estará encantada de poder agradecerle de alguna forma todo lo que hizo por la familia.
−¿Y tú qué opinas?
−Ella es encantadora, buena y divertida. Y si te refieres a algo más profundo, me gusta la chica para mi primito –ella agita mi cabello desordenándolo.
−¡Hey! −con mi mano lucho por acomodarlo nuevamente y miro alrededor nervioso para asegurarme que nadie haya visto.
−Nunca cambias –Tigris se ríe.
−Tengo una imagen que mantener.
−¿Qué hubieras hecho si fuera otra persona la que te viera besándote con Lucy?
Encima lo menciona.
−Supongo que no hace mucha diferencia, creo que casi todos los que nos conocen saben que pasa algo. Lo que te conté parece ser el rumor más fresco esparcido en toda La Academia.
−Seguro que sí. Un mentor con su tributo, es como mínimo curioso e intrigante. No importa eso ahora, ya tendremos tiempo de hablar. Me voy –dice tras observar que el hombre ya guardó todos los regalos que recibió Lucy en el baúl y solo está esperando que terminemos nuestra conversación–. Cuídense... ambos.
Ella está recostada en la cama sosteniendo el libro sobre su pecho y con los ojos cerrados. Me siento a su lado sin hacer apenas ruido y trato de quitarle el libro sin que lo note.
−Volviste. ¿Tu prima se fue segura? –su voz me sobresalta, ya que pensé que ya estaba dormida.
Ella abre un poco los ojos, pero está demasiado cansada, hasta su voz suena débil.
−Sí, no entré al hospital hasta que vi el vehículo alejarse.
−Me agrada, fue bueno pasar tiempo con ella hoy.
−Para ella fue igual.
−¿El paseo te ayudó a despejarte un poco?
−Sí, bastante. Gracias –paso mi mano por su cabello y acerco mi rostro al suyo, haciendo que ella gire su rostro hacia un costado para estar más cerca de mí–. Ya has cenado, deberías dormir.
−Quiero, pero no puedo.
−¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?
−No sé, hablemos de cosas agradables hasta que me quede dormida.
−Me temo que no tengo muchos recuerdos felices.
−Creo que nadie los tiene desde la guerra, pero antes... ¿Qué hay de tu niñez? ¿Cómo era todo antes de que eso pasara? A veces recordar los momentos felices, me ayuda a calmar mis penas.
−Intentemos eso, si te ayuda. Ambos nos contaremos secretos de nuestras infancias, cuando todo iba bien.
−De acuerdo.
La conversación se torna en un intercambio recíproco de antiguas experiencias. Termino contándole mis primeros recuerdos familiares, como era el Capitolio antes de la guerra y sobre algunos viajes que hicimos en familia en el pasado, al menos los que recuerdo.
A su vez, ella me cuenta sobre anécdotas con el Covey y su madre, viajando de un lugar a otro, cantando, sin un lugar fijo donde vivir, porque nunca se quedaban demasiado tiempo en un solo lugar, era el modo de vida de ellos y se sentían libres, a veces pasaban dificultades, pero se tenían unos a otros para apoyarse, y los ayudaba para reforzar sus vínculos, todos se consideraban una familia, no necesariamente de sangre, pero sí de corazón. A pesar de la corta de la edad que Lucy tenía cuando esos eventos tuvieron lugar, sus recuerdos parecen demasiado vividos y fascinantes.
−¿Extrañas?
−¿Esos tiempos? Creo que sí, un poco. Pero no porque conociéramos muchos lugares o algo similar, realmente es lo menos me importa. Creo que al igual que tú, extraño a las personas que formaron parte de mi vida cuando era pequeña. Pero todo pasa por una razón. Si nunca nos hubieran detenido y siguiéramos esa vida nómada que llevábamos, nunca nos hubiéramos conocido.
−O tal vez, sí. Si terminaban viniendo al Capitolio y quedándose a vivir aquí. Me hubiera gustado conocerte bajo otras circunstancias.
Ella sonríe.
−Lo sé, hubiera sido mejor, menos trágico y desafortunado, al menos.
−Pero llegaste a mi vida de esta forma y la cambiaste por completo. Eres como mi amuleto de buena suerte.
−¿Me permites decir lo mismo sobre ti?
−Claro.
−Creo que simplemente fue cosa del destino que nos encontráramos –dice con voz débil a causa del cansancio–. Gracias, espero que puedas dormir un poco. Buenas noches, Coryo.
−Buenas noches, Lucy.
Sin soltar mi mano, cierra los ojos y se duerme casi de inmediato. Trato de resistir, pero acabo sumiéndome en un sueño profundo. Y por primera vez en semanas, debido a la influencia de la charla, mis sueños no están plagados de pesadillas, solo buenas memorias.
