Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.
CAPÍTULO 7: FAMILIA
POV CORIOLANUS
Adentro todo está a oscuras excepto por la luz que se filtra por las cortinas y para mi sorpresa no parece haber nadie. Dejamos las bolsas en una mesa del pasillo del recibidor.
−¿Les avisaste que vendríamos?
Ninguna de las dos contestó el teléfono cuando les llamé en el hospital para avisarles que en unas horas estaríamos con ellas, probablemente salieron y aún no han vuelto. Aunque es algo normal en mi prima, es poco común en Madame que se pasa la mayor parte del tiempo dentro de casa o arriba con sus flores.
−Lo intenté, pero no logré comunicarme y tuve que dejarles un mensaje. Creo que estamos solos.
Le ofrezco mi mano y ella la toma entrelazando nuestros dedos de la misma forma que hicimos en la arena el día del incidente.
−Ven, siéntete como en tu casa.
Avanzamos y llego al interruptor de luz y enciendo las luces del living, dos personas salen de las sombras tomándonos desprevenidos.
−¡Sorpresa! –gritan al unísono.
Mi familia ha decorado las paredes con antiguos adornos en tonos metalizados y ambas tienen puestos esos sombreros que solo reservan para ocasiones especiales o festejos navideños. Darme cuenta que son ellas me tranquiliza, mientras detrás de mí escucho la risa contenida de Lucy y puedo imaginarla alegre por el recibimiento.
−Solo somos nosotras, Coryo. No le haremos nada a tu chica.
Tigris me observa divertida, y ahí es cuando me doy cuenta que tan pronto como vi las sombras de ellas, me interpuse protectoramente entre Lucy Gray y quien fuera que estuviera en la casa.
−Lo siento, fue un impulso. ¡Aunque no tenían porque asustarnos así! –les digo.
Pensé que eran ladrones, o algo peor. Estas semanas en los juegos fueron como una pesadilla para todos los involucrados. Nadie nos puede culpar por reaccionar de esta forma.
−Acepto mi parte de responsabilidad, Coryo. Fue mi idea.
Me aparto del camino de Lucy más tranquilo.
Ambas se acercan a nosotras y nos ponen otro par de sombreros idénticos y me pregunto porque tengo que usar ese ridículo sombrero. Ya no soy un niño. Pero cuando giro la cabeza a mi lado veo a Lucy aceptarlo con gusto y cierto agradecimiento en su mirada, me quedo callado. Puedo soportarlo por un rato si hace felices a los demás.
Las dos no paran de felicitarnos y aunque Madame no es tan demostrativa, dice que está feliz y orgullosa de ambos.
Nos llevan al comedor donde han servido té, galletas, pan y un pastel de chocolate.
−Cuando llamaste, nosotras estábamos haciendo compras para recibir a Lucy. Pero apenas llegamos escuchamos tu mensaje y empezamos a preparar todo de forma apresurada para ustedes.
−¿Hiciste todo esto, Tigris? –pregunta Lucy.
−Hicimos. Necesité ayuda para terminar todo a tiempo –dice mirando a Madame.
−¿De dónde sacaron tiempo? –interrumpo–. Ayer te fuiste bastante tarde del hospital.
−Estuvimos gran parte de la noche trabajando en eso –aclara Madame.
Ella debe estar realmente de muy buen humor para ayudarnos en esas tareas; o tal vez volvió en sí por un momento y decidió consentirnos como cuando nuestros padres y su esposo aún vivían. No siempre, pero en ocasiones horneaba para nosotros cuando las criadas tenían sus días libres y nosotros queríamos algo.
−Sí. No sabíamos si vendrían hoy o dentro de dos días, pero preferíamos adelantarnos –continua Tigris y luego nos invita a sentarnos.
Con Madame en la punta, yo y Lucy en uno de los laterales y Tigris enfrentándome empezamos nuestra hora de té tardía. Cuando Lucy acaba su primera porción de pastel, Tigris le sirve otra sin que ella lo pida.
−¿Te gustó?
−Creo que es lo mejor que comí en mucho tiempo. ¿Qué tiene? ¿Mantequilla de maní?
−Sí –contesta.
−Está delicioso. Llevaba años sin probarla.
−Come tanto como quieras.
─Oh, no. Estoy bien con esto, gracias –dice empezando a partir con el tenedor el pastel–. Aparte nos hemos alimentado bastante bien con Coryo en el hospital. Pero no me puedo resistir a las cosas dulces cuando las veo.
Dicho eso vuelve su completa atención a su plato.
A Madame no se le pasa por alto la forma familiar en la que la chica se refiere a mí y me dirige una mirada indagadora, solo me encojo de hombros y ella vuelve su mirada a Lucy. Curioso por ese intercambio silencioso que tiene con mi tributo, puedo notar una sonrisa agradable en Madame y una expresión de aprobación al notar cuan educada es a la hora de comer y utilizar los cubiertos.
Es una buena señal, supongo. Solo falta que mi abuela la acepte, Tigris ya la adora.
Sin embargo, respetando los tiempos de Lucy para comer, no habla hasta que termina su pastel y toma más del té de jazmín.
−Lucy Gray Baird –mi chica observa a la mujer, completamente serena–. ¿O prefiere que la llame Lucy?
−Como prefiera, Madame –le dedica una sonrisa–. La mayoría de las personas del distrito me conocen como Lucy Gray, o Lucy simplemente.
−Lo tendré en cuenta en el futuro, querida –hace una pausa y continua–. Debo reconocer que cuando mi nieto confesó que no eras una chica de distrito me sorprendí, pero luego noté lo diferente que eras del resto. Y ahora puedo ver con mis propios ojos lo educada, agradable y amable que eres. No me extraña que hayas causado tan buena impresión en él desde el primer día.
−Sí, eso suelen pensar todos, incluso en el Doce –Lucy ríe un poco–. Agradezco sus palabras, Madame. Significan mucho para mí.
─Yo soy la que está agradecida, has salvado la vida de mi nieto. Eso nunca lo olvidaré. Aunque lo veía improbable antes del comienzo de los juegos, esperaba tener la oportunidad de agradecerte todo lo que has hecho por nosotros personalmente.
No le pasé el mensaje textual a Lucy durante la despedida, pero ella dijo que lamentaba que tuviera que morir. Lo cual de alguna forma significaba que ella había llegado a sentir simpatía por ella. Seguramente, se alegró al saber que sobrevivió.
−Solo hice lo que creí correcto, Coriolanus hubiera hecho lo mismo por mí.
Y posteriormente lo hice. Aún tuve la oportunidad de confesarle ese secreto y dudo que haya pensado siquiera en el episodio con las serpientes.
¿Debería decírselo ahora o cuando vayamos a su distrito?
Aunque probablemente daba advertirle debido a que la entrevista está cerca.
−Pero en la arena, algunos tributos de otros distritos intentaron matarlo solo por ser del Capitolio. A él y su compañero.
−Lo sé –los ojos de Lucy se tornan tristes–. Lo vi desde mi escondite, pensé que era él y sentí mucho miedo, hasta que me di cuenta que aún vivía unos días después.
−Madame, ese es un tema doloroso para todos, creo que sería conveniente no hablar del asunto –interrumpo al ver las reacciones de espanto y dolor en Tigris y Lucy.
−Tienes razón, fue una imprudencia mía –también se da cuenta que las jóvenes se sintieron afectadas y se disculpa–. A lo que iba es que ambos tributos del Distrito Doce, demostraron nobleza y compasión al salvarles la vida a sus respectivos mentores, aún corriendo el riesgo de salir lastimados. ¿Tus manos están quemadas debido a ese día?
−Así es. Están mejorando, ya no duele tanto. Los doctores y enfermeros en el hospital me han estado tratando las quemaduras diariamente, varias veces al día.
−Esa es una buena noticia. Las quemaduras tienen su proceso de curación y requieren ser constante. Estoy segura con la medicación adecuada pueden sanar correctamente y con rapidez.
Eso me recuerda que aún no le he mostrado lo que me dio el doctor para sus quemaduras.
−La familia Snow siempre estará en deuda contigo. Nunca olvidamos a las personas que alguna vez nos ayudaron. Mientras estés con nosotros, siéntete cómoda en nuestro hogar. Y en el futuro, si alguna vez necesitas algo, estaremos para ayudarte. Pero estoy segura que mi nieto no quiere perder contacto contigo. Tal vez nos volvamos a ver más pronto de lo pensado.
Sus últimas frases hacen que me paralice; porque es más observadora de lo que creí, o…
Tan pronto como como la miro, mi prima niega con la cabeza levemente, haciendo entender que no tiene nada ver con eso.
─Coriolanus, si deseas decir algo es el momento –dice Madame sonriendo.
¿Se refiere a una explicación sobre su afirmación, o quiere que diga algo como agradecimiento?
Por debajo de la mesa, Lucy toca por unos segundos mi brazo con su mano para llamar mi atención y la miro.
−Has sido el mayor afectado en este asunto, después de todo –agrega Madame.
Solo se refiere a eso.
−Por supuesto, siempre podrás contar con nosotros, Lucy Gray. Incluso aunque nos separen miles de kilómetros, seguiremos en contacto. Gracias por salvarme la vida y apoyarme cuando lo necesité.
Y a pesar de que hay muchas cosas que quiero decirle o agradecerle, eso tendrá que esperar para cuando estemos a solas.
Por el momento, apoyo mi mano sobre la suya y la sujeto con mis dedos, su mano se siente demasiado pequeña en comparación con la mía, pero aún así ella se aferra tanto como puede a la mía, cuando cierra su mano para alcanzar mis dedos y sonreírme.
−Y tú, gracias por no abandonarme, ni dejarme caer. No hubiera logrado nada de esto sin tu ayuda –ella se centra en mi familia tras decir eso–. Y también les agradezco a ustedes por la comida y por recibirme en su casa de esta forma. Con todo lo que me ha contado sobre ustedes, esperaba poder conocerlas en persona. Los tres fueron muy compasivos conmigo desde el comienzo y realmente lo aprecio. Espero que nos conozcamos y nos podamos llevar bien en los próximos días.
Sonrío por el esfuerzo que hace de mantener una buena relación con mi familia. Pero viendo las reacciones a mi alrededor, me doy cuenta que ambas ya están encantadas con ella, cada una a su modo. Tigris bastante entusiasmada, y Madame observándola con cierto aprecio. Nuevamente su carisma y simpatía hizo efecto rápidamente en su entorno.
