Nota de autor: La canción del capítulo se llama "Dust To Dust" y es del grupo "The Civil Wars", los mismos que cantaron algunas canciones de "The Hunger Games". Tiene muchas buenas canciones, deberían escucharlas.

Particularmente, esta me pareció interesante, porque la canción es linda y creo que refleja bastante el modo en que Coriolanus quien siempre construyo un muro a su alrededor que lo "protegía" del mundo, se abrió por primera vez a alguien fuera de su familia, luego de conocer alguien casi con sus mismas heridas, mostrando así hasta sus debilidades y sus penas, y es algo que se puede apreciar en el libro, también.

Saludos,

Lucy.


Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.


CAPÍTULO 11: PRIMERA SALIDA

POV CORIOLANUS


Al día siguiente, Pluribus Bell, quien está ordenando unas cajas parece sorprenderse al vernos juntos, o más bien ver a Lucy fuera y libre en su bar. Luego de saludarnos a ambos, se detiene frente a ella y toma su mano.

−Es un honor volver a verte, Lucy Gray.

Lucy centra su atención en él y sonríe.

−Te recuerdo. Fuiste a verme al zoológico.

−Sí, era yo. No tuve oportunidad de presentarme ese día.

−Eres Pluribus Bell. Lamento no haberte podido agradecer por la guitarra antes.

−No fue nada, me pone feliz que alguien como tú le dé un buen uso después de tantos años. Siéntense, les serviré algo.

Lucy baja la mirada sorpresivamente al suelo y yo miro en la misma dirección.

Boa Bell con un nuevo collar rosa con moño e identificación huele en el aire mirando a Lucy y se frota contra su pierna.

−¡Hey! Hola, pequeña.

−Creo que le agradas –comenta él sonriente.

−Igual que a todos –agrego.

Luego moviendo la cola se sienta frente a mí y maúlla, y cuando me agacho para alzarla, empieza a ronronear. Nos sentamos en unas sillas de la barra del bar. Lucy Gray acaricia el cabeza de Bao Bell, ahora sentada en mi regazo, ronronea apoyándose en la mano de su nueva amiga.

Me río.

−Definitivamente, le gustas.

−No más que tú –comenta Lucy sonriéndome–. Al parecer, te adora.

Mi mano se detiene en el sedoso pelaje del lomo de la gata.

−Es una vieja amiga –reconozco–. ¿Tienes mascotas en el Doce?

−¿Aparte de la serpiente que deje ir? Si, una cabra. Antes habíamos adoptado un perro que fue abandonado por un vecino, pero el pobre se murió hace un par de años.

−¿Tienen una cabra? –pregunta Pluribus sorprendido.

−Es una fuente de ingreso, más que una mascota. Pero los niños del Covey están bastante encariñados con ella.

La única manera en la que una cabra puede convertirse en una fuerte de ingreso es por la leche que produce y sus derivados. Lo que me hace pensar en qué tipo de vida lleva ella en ese distrito y donde vive.

−¿Hacen algo aparte de eso y de cantar para la gente? –pregunta él con interés.

−En ocasiones trabajamos en El Quemador. Es… ¿cómo decirlo? El mercado negro del distrito y es más accesible que los locales del sector de los comerciantes. Hay muchos puestos allí que ofrecen diferentes productos y servicios. A veces, si tenemos suerte, quienes somos menores de edad, trabajamos por tiempo limitado para alguien. La mayoría de nosotros no tiene edad suficiente para trabajar en las minas, o un empleo formal. Es más complicado desde que murió nuestro "protector", el hombre que nos crío.

Lucy desde el comienzo dijo que se ganan la vida como pueden, y de alguna forma no logro evitar sentirme mal por las necesidades y dificultades que pasaron siendo tantos y quedando huérfanos a causa de la guerra o sus consecuencias. En algún punto, la gente del Capitolio no es tan diferente a la de los Distritos.

−Tomen, sírvanse. Va por mi cuenta.

−Es muy amable de tu parte, gracias –Lucy con su habitual costumbre de agradecer los gestos de las personas que la ayudaron, hace que las personas se sientan cómodas ante su presencia.

−Debió ser un gran shock estar haber caído en el Capitolio.

−Definitivamente, fue un gran cambio.

Le dirijo una mirada de advertencia a él, esperando que no mencione nada sobre los juegos que le pueda traer malos recuerdos; y él me guiña un ojo, como indicándome que entendió, porque no vuelve a decir nada sobre eso.

−Veo que estás quedándote con los Snow ahora. Es bueno verte fuera, espero que estés pasando unos buenos momentos tras tu victoria.

−En realidad, estuve varios días internada. Este es... –ella parece estar haciendo una cuenta mental del tiempo que pasó desde el fin de los juegos, o tal vez desde que le dieron de alta–. Es mi tercer día fuera del hospital ¿no? –ella me dirige una mirada.

−Sí, el tercero y la tuvieron cuatro días bajo observación en el hospital. Consideraron que estaba lo suficientemente bien como para estar en nuestra casa, pero debe seguir cuidándose y siendo atendida. Tal vez se quede un poco más de tiempo.

−¿No hay una fecha exacta?

−Nada seguro. Esa decisión depende de los médicos y posteriormente, La Academia. Mientras tanto, se queda con nosotros.

Tomo su mano entre la mía y ella entrelaza sus dedos con los míos en respuesta.

−Espero que se sienta cómoda.

Ella me sonríe.

−No me puedo quejar si estoy contigo –reconoce.

Devolviéndole la sonrisa e ignorando la presencia de Pluribus alzo su mano y beso el dorso de su mano.

−Planeo quedarme mucho tiempo a tu lado, no te canses.

−Ya veremos –acerca su rostro al mío murmurando en tono desafiante y provocativo–. Tú tampoco te canses de mí, cariño.

Con su mano libre aparta un mechón de cabello fuera de lugar de mi frente y lo acomoda con cuidado.

Esa suave caricia de sus dedos contra mi piel de mi rostro, hace que una especie de electricidad me recorra todo el cuerpo. Por unos segundos, o tal vez minutos, me quedo sin hacer ningún movimiento más.

−Tú y tus rizos rebeldes.

−Pero te gusta –últimamente parece encontrar relajante juguetear con mi cabello cuando estamos cerca el uno del otro.

−Tú me gustas –con sus manos en mis mejillas me da un beso sin importarle que tengamos compañía.

Luego, se aleja, se acomoda bien en su asiento y mira en dirección a Pluribus, quien está dándonos la espalda, ordenando los estantes con nueva mercancía para no molestar.

−Disculpa… ¿En qué estábamos? –dice como si nada, aunque a mí me toma más recuperarme de sus caricias y su beso.

¡Por Dios, Lucy Gray!

Si yo doy un paso, ella da los nueve restantes. Ya me debería familiarizar con sus arrebatos, pero mi cuerpo aún no se acostumbra a todo lo que siente cuando ella hace cosas como estas.

El aludido se da vuelta para mirarnos, mientras yo me sonrojo aún más; él solo sonríe como si encontrara curiosa la situación, hasta que centra su atención en mi chica.

−Solo pregunté cuanto tiempo te quedarías en el Capitolio y como lo estabas llevando.

−Oh, no tengo ninguna queja, Coriolanus y su familia me hacen sentir bien. Respecto a lo demás, no me acostumbro. Aún no me hecho a la idea que sobreviví los juegos y todo lo que sucedió en el proceso. Supongo que solo necesito tiempo, ahora que todo acabó.

−Lo imagino, has pasado por muchas cosas. Pero no pudiste caer en mejores manos, te lo aseguro. ¿Qué los trae por aquí?

−Necesitamos un par de cosas, y Lucy Gray quería venir a agradecerte en persona, algo que ya hizo.

Le paso una lista de víveres y la lee, asintiendo.

−¿Van a necesitar algún instrumento de vuelta? –pregunta sin que tengamos tiempo de pedirle el favor.

−¿Se los prestarías?

−Por supuesto, estoy seguro que también te harán cantar para el banquete, o la entrevista. Y no hay mucho tiempo, debes practicar. Terminen de comer y se los mostraré.

Minutos más tarde cuando entramos al cuarto donde él guarda todos los instrumentos, los ojos de Lucy se iluminan, como los de un niño ante una infinidad de juguetes nuevos, pero este debe ser el paraíso para un músico, y definitivamente eso debe significar para ella que creció en este ambiente.

Se aferra a mi mano con tanta fuerza de la emoción, que yo me río y doy unos pasos adelante para que ella avance y no se quede bajo el marco de la puerta.

−Adelante, disfrútalo –la animo.

Suelto su mano y apoyo la mía en su espalda para darle un suave empujón.

Ella me mira demostrando una felicidad que nunca vi hasta ahora.

No creo que haya nada que pueda ofrecerle o comprarle, que la haga más feliz que la oportunidad de poder poner sus manos en cualquiera de los instrumentos distribuidos de forma ordenada en estos estantes.

−Gracias, Coryo.

Ella me da un beso en la mejilla, antes de seguir a Pluribus Bell, que está dejando a la vista más instrumentos para mostrárselos.

Ambos se enfrascan una conversación sobre música e instrumentos. Me quedo cerca de ellos, pero me limito a disfrutar de la felicidad autentica que ahora ella siente.

−¡Incluso tienes un piano de cola! –exclama, mientras él quita una cubierta que cubría delicadamente el mismo.

─Mi esposa era la mejor pianista –comenta en tono nostálgico–. ¿Sabes tocar el piano, Lucy Gray?

─No tuve muchas oportunidades con uno de estos, pero tenemos un órgano en casa, y también sé tocar el teclado. Todos en el Covey tocamos al menos dos o tres instrumentos diferentes. A mí excepto los instrumentos de viento, no se me dificultan los demás que tenemos, porque me han enseñado desde muy pequeña y luego fui aprendiendo y perfeccionándome por mi cuenta.

−¿Quieres intentar con éste? –pregunta amable.

−¿No le molestaría? –él niega con la cabeza, la invita a sentarse en el taburete frente al piano. Lucy con cuidado levanta el atril y luego acaricia las teclas por encima felizmente.

El timbre suena y Pluribus se disculpa con nosotros para atender a los clientes recién llegados.

Cuando nos deja solos, da unas palmadas en el espacio vacío del taburete para que me siente con ella y obedezco.

−Esto es increíble, Coryo –comenta.

−Por eso te dije que vinieras conmigo. Sabía que lo amarías.

−¿Por qué los tiene guardados? Es una pena que nadie los toque.

−Es una larga historia. Su esposa era como tú, murió durante un bombardeo; y él pensó que dejando estos recuerdos atrás y escondiendo sus instrumentos, podría superarlo, supongo. Aparte, nadie se ha interesado en la música en el Capitolio desde la guerra, excepto por el himno.

−¿Hasta que llegué yo?

−Hasta que llegaste.

−Menos mal que no le pregunté nada sobre su mujer, por el modo en el que habló de ella, me pareció que era una fibra delicada y no quería importunarlo o entristecerlo –luego hace una pausa–. Y respecto a lo último, seguramente, todos estaban demasiado preocupados por vivir el día a día, sin morir en el intento.

−Y nos olvidamos de divertirnos –recuerdo cuando Pluribus dijo ella si sabía cómo divertirse.

−Es normal, así es la guerra. Se pierde más de lo que se gana en tiempos como estos. Si lo sabremos… tú y yo.

Ella coloca ambas manos sobre las teclas y empieza a tocar una armoniosa melodía, pero a medida que pasar los minutos, ella frunce el ceño.

−¿Qué sucede?

−Suena un poco desafinado, me pregunto hace cuánto tiempo no se le da un buen mantenimiento a esta belleza.

A mis oídos no escucho nada raro, pero no la contradigo, después de todo, ella es la experta.

−¿Puedes afinarlo?

−Claro, eso sería fácil para mí con los elementos adecuados, pero tal vez me tome algunas horas o días.

−¿Qué debes hacer?

−Debo ajustar las cuerdas para que tengan la tensión adecuada y controlar que el sonido sea el correcto.

─Suena complicado –debe haber cientos de cuerdas largas ahí dentro.

−Un poco, pero ya lo he hecho. El Alcalde tiene un piano como este, aunque menos elegante. A veces nos ha contratado para ponerlo en condiciones, e incluso tocar en eventos especiales.

−¿Visitas de gente del Capitolio?

−Así es. A veces, ellos van por asuntos oficiales y para cerrar negocios relacionados con las minas. Durante esas reuniones, el Covey brinda el entretenimiento. Necesito probarlo más.

−Hazlo.

Lucy centra su atención en el piano y tararea una melodía, o tal vez la letra de una canción.

Buscando las notas correctas, moviendo constantemente los dedos de forma tan natural y dejándolo caer delicadamente sobre las teclas con el mismo amor que tocó la guitarra. Cuando descubre las notas correctas las repite un par de veces antes de cantar.


It's not your eyes

It's not what you say

It's not your laughter

That gives you away

You're just lonely

You've been lonely too long.

...

All your acting, your thin disguise

All your perfectly delivered lines

They don't fool me

You've been lonely too long.

...

Let me in the walls

You've built around

We can light a match

And burn them down

Let me hold your hand

And dance 'round and 'round the flames

In front of us.

Dust to dust.

...

You've held your head up

You've fought the fight

You bear the scars

You've done your time

Listen to me

You've been lonely too long.

...

Let me in the walls

You've built around

We can light a match

And burn them down

Let me hold your hand

And dance 'round and 'round the flames

In front of us.

Dust to dust.

...

You're like a mirror, reflecting to me

Takes one to know one, so take it from me

You've been lonely

You've been lonely too long.

...

We've been lonely

We've been lonely too long.


(No son tus ojos

No es lo que dices

No es tu risa

Lo que te delata

Que te lleva lejos

Simplemente estás solo

Has estado solo

durante demasiado tiempo.

...

Toda tu actuación, tu fino disfraz,

Todas tus perfectamente pronunciadas frases

No me engañan

Has estado solo

durante demasiado tiempo.

...

Déjame entrar en el muro que has construido aquí

Podemos encender un cerillo

Y dejar que se queme

Déjame tomarte de la mano

y bailar dando vuelta a las llamas

Frente a nosotros.

De polvo a polvo.

...

Mantuviste la cabeza en alta

Luchaste en la lucha

mostraste las cicatrices,

cumpliste la condena.

Escúchame,

Has estado solo

durante demasiado tiempo.

...

Déjame entrar en el muro que has construido aquí

Podemos encender un cerillo

Y dejar que se queme

Déjame cogerte de la mano

y bailar dando vuelta a las llamas

Frente a nosotros.

De polvo a polvo.

...

Eres como un espejo

Reflejándome

El ladrón juzga por su condición

Así que hazme caso

Has estado solo

Has estado solo

durante demasiado tiempo.

...

Hemos estado solos.

Hemos estado solos, durante demasiado tiempo).


Con el transcurso de la canción sé que su elección de canción no fue casual. Ella no solo descubrió lo que hay detrás de la máscara que me pongo frente a los demás, ella también considera que es un reflejo de mí, por circunstancias de la vida pasamos por situaciones similares, por lo que probablemente ella sea una de las pocas personas capaces de entender la perdida y dolor, casi al mismo nivel que yo.

Muchas veces me pregunté porque fui capaz de abrirme tanto con ella, intentándome convencer que era porque esos secretos se los llevaría consigo cuando muriera en la arena. Pero ahora entiendo que la verdadera razón, es porque sabía que me entendería y que podía confiar en ella.

Por unos minutos nos quedamos en silencio mirándonos, reconociéndonos y viéndonos en el otro. Mi mano se mueve inconscientemente hacia la suya.

Nunca había pensado seriamente en la soledad, pero la muerte de mis padres a tan temprana edad, dejó un vacío difícil de llenar, y también fue difícil para ella. La muerte de nuestros padres nos dejó huérfanos y solos, incluso si aún tenemos algún que otro familiar vivo. Y desde entonces sobrevivimos como pudimos. Posiblemente el mismo hecho, de reconocer que no éramos tan distintos, fue lo que nos unió.

Pero también puedo leer entre líneas y comprender que no importa cuán feliz o despreocupada ella se muestre, por dentro se siente sola y sufre en silencio tal vez porque debe intentar ser fuerte por sus pequeños primos, o simplemente no quiere que otros descubran este lado de ella. Esta es la verdadera Lucy Gray, la que se abrió conmigo y se quebró durante los días previos a la arena porque la situación la superó; y no la chica que da una gran y alegre actuación ante su público, los Agentes de Paz de su distrito, o incluso Panem. Por un lado, es una artista que vive de sus encantos y sus talentos; y por otro, es solo una chica normal con sus días buenos y malos, luchando a pesar del dolor y las dificultades que pueda enfrentar.

La atraigo a mi pecho en un cálido abrazo y ella se refugia en mi pecho.

−Ya no estás sola, ni yo tampoco. Nos mantendremos uno al lado del otro, trataremos de llenar los espacios vacíos de cada uno y de ser felices juntos. ¿Estás bien con eso?