Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.
CAPÍTULO 12: PAREJA
POV CORIOLANUS
−Ya no estás sola, ni yo tampoco. Nos mantendremos uno al lado del otro, trataremos de llenar los espacios vacíos de cada uno y de ser felices juntos. ¿Estás bien con eso?
Ella asiente levantando su cabeza.
En respuesta, sus labios se encuentran con los míos, pero solo por unos segundos, porque ella se aparta pronto al sentir un ruido fuerte fuera.
−¿Qué fue eso? –pregunta asustada sujetándose aún a mis hombros.
−Tranquila, seguro él está moviendo alguna cosa, o llegó un proveedor.
−Lo siento.
−Lucy Gray, los juegos acabaron –le recuerdo cariñosamente, mientras acaricio su cabello. En el fondo deseo encontrar alguna forma más eficaz de ahuyentar sus temores.
−Lo sé, no puedo evitarlo.
−¿Qué haré contigo? –pregunto más para mí mismo, que para ella.
−Solo quédate a mi lado.
Esta vez, elevo su rostro más con mi mano y la vuelvo a besar y eso la tranquiliza, porque pronto parece olvidar sus preocupaciones y se entrega al beso por completo. Cuando ambos estamos satisfechos, nos separamos.
−¿Quieres que te deje sola mientras controlas el estado del piano?
Ella asiente.
−No me molesta que te quedes, pero si quieres hablar algo con él, ve.
−De hecho, sí. Hay un asunto que debemos discutir.
−¿Sobre mí?
−No quiero decirte nada, mientras no sea seguro, pero sí –beso su frente antes de salir. –Vuelvo pronto. Familiarízate con el piano, mientras tanto.
−¿Volverás para escucharme?
−Por supuesto, prepara algunas canciones en lo que estás sola –ella se tomó su tiempo para empezar la canción anterior.
−De acuerdo –acepta.
Pluribus está conversando con uno de sus proveedores, espero a que éste se vaya para acercarme. Me vuelvo a sentar en el mismo lugar de antes y bebo del vaso de jugo que dejé intacto antes.
−¿Lucy se quedó dentro?
−No creo que podamos sacarla de allí en horas.
−Déjala. Está en su mundo, mi esposa era igual en ese aspecto.
−¿Es por eso que ella te agrada?
−En parte, percibo esa misma pasión y vitalidad en tu chica. Por otro lado, Lucy Gray tiene su encanto particular que hizo que casi todo el Capitolio la amara… incluso tú, que no sueles abrirte a casi nadie. Me recuerdas a tu padre, cuando conoció a tu madre… tienes esa misma mirada, ese mismo brillo en tus ojos.
−¿Mi padre?
Ese hombre duro, que apenas pasaba tiempo con su familia por el trabajo.
−¿Te sorprende? Antes de que se desatara la guerra él era diferente, cariñoso y atento con tu madre y contigo. Por supuesto, tú eras un bebé y no lo recuerdas. Luego de que empezaron los conflictos entre el Capitolio y los distritos, eso cambió. Tu padre hizo lo que consideró correcto para su Nación y para protegerte a ti, tu madre y toda la familia. Decidió luchar por Panem y en el trayecto se terminó alejando de sus seres queridos.
−Pero confió en las personas equivocadas.
−Por desgracia y eso acabó con él. Sin embargo, nunca dude del amor que sentía por ustedes, sobre todo por tu madre. Fue muy duro para él perderla, vino aquí varias veces solo para beber y descargarse. Debió sentirse en paz, sabiendo que se reuniría con ella al morir.
Desde que la guerra se desató, casi no tengo recuerdos de mi padre, pero es verdad que mi madre lo amaba demasiado y siempre trataba de mantenerlo presente de alguna forma y cada semana se enviaban cartas. Según este relato, la guerra se robó a mi padre, incluso cuando él estaba vivo.
−A veces, muchacho, las cosas no salen como uno quiere. La vida te lleva por caminos inesperados. Espero que tengas más suerte que tus padres.
−Hablando de eso, necesito tu ayuda con Lucy Gray. Quiero que se quede conmigo aquí… en el Capitolio.
−Eso significa que vas en serio con ella –el hombre sonríe, provocando que se le formen pequeñas arrugas alrededor de los labios–. Ya vas encontrando tu camino, Coriolanus.
−Tenemos una relación –confirmo–. Solo queremos encontrar una forma de que lo nuestro funcione.
−Lo imaginé en cuanto los vi hoy. Te ayudaré… los ayudaré –corrige.
−Dijiste que tenías algunos contactos y como esperabas, ella ganó los juegos. Ahora es la vencedora más popular. Haz lo que sea necesario, yo te apoyo. Ambos saldríamos beneficiados en este asunto.
−Definitivamente… –considera la alternativa por unos segundos antes de hablar–. Sin embargo, ahora tengo un incentivo extra para pedir que la conviertan en ciudadana del Capitolio, o le permitan venir cada tanto. Si puedo ayudar al hijo de un viejo amigo y esa chica, lo haré.
−Te lo agradezco. Entonces… ¿cuál es tu plan?
−Podemos recurrir a pedirle ayuda a dos hombres que me deben unos favores y son amigos míos.
−¿Son tan importantes?
−Están en altos cargos del Gobierno, particularmente uno de ellos es muy cercano al Presidente. Cualquier cosa que le pidamos, él la hará posible. En este caso, se trata de Lucy Gray, todos la aman. Será fácil, Coriolanus. Aunque no te puedo prometer que tengamos una respuesta positiva tan pronto.
−Tranquilo, sé cómo funciona esto, no es de un día para el otro.
−¿Y qué harán mientras tanto?
−No sé. ¿Nos comunicaremos por medio de cartas cuando ella esté en su distrito? Dudo que todos tengan teléfonos en sus hogares como aquí. Ella no tiene, al menos.
Pluribus arquea una ceja y sonríe.
−Espera…
Él abre unas cajas que dejó en el pasillo y por el tamaño, no recuerdo haberlas visto al entrar.
−¿Es lo que trajo el proveedor de recién?
Me acerco y me pongo de rodillas frente a él.
−Sí, hoy fue día de entregas. Han venido varias personas durante la mañana y esto es lo último que esperaba esta semana.
−¿Qué buscas?
−Algo que ustedes dos necesitarán mucho ahora. Recibí algunos artículos del Distrito Tres.
El Distrito Tres se dedica a la actividad tecnológica, al igual que los pequeños tributos de este año, todos suelen ser muy hábiles e ingeniosos con la tecnología. Son educados desde pequeños para seguir desenvolviéndose en esa tarea durante la vida adulta.
−No hay nada en esta caja, debe ser la que está cerca de ti.
Acepto el cuter y abro la caja. Pluribus se coloca a mi lado y empieza a buscar dentro de la caja entre una gran cantidad de pelotitas de telgopor, pronto encuentra lo que busca y me indica que lo acompañe a una mesa de la esquina. Coloca la caja mediana entre nosotros.
−¿Es un dispositivo para comunicarse?
Trato de adivinar.
−Sí, pero no de los clásicos.
Trata de encontrar la forma de abrirlo sin dañar la caja y cuando la abre debajo de unos papeles con los instructivos, nos encontramos un par de dispositivos que en apariencia no son especiales, ni tan atractivos. Parecen una versión más moderna de los antiguos Walkie Talkies con los que los niños solíamos jugar con nuestros amigos a los espías. Tal vez funcionen de una forma similar, pero hay demasiada distancia entre el Capitolio y cualquier Distrito como para que lo soporte.
−Sé lo que debes pensar, muchacho. Pero es una nueva tecnología y realmente innovadora. Soporta grandes distancias, se proyecta un holograma y puedes comunicarte únicamente con la otra persona que tiene el otro dispositivo.
−El Distrito Doce está muy lejos, son miles de kilómetros.
−No importa, va a funcionar igual.
−¿Es como un dispositivo móvil? –pregunto notando la pantalla ahora en negro del centro, acompañada por algunos botones de comando en la parte inferior.
−Algo así, solo que las conversaciones o video llamadas no pueden ser espiadas por nadie. Es algo que queda entre tú y esa persona. Como el antiguo dispositivo para niños, pero mejorado. La batería dura una semana, dependiendo del uso. Pero tal vez deba encontrar zonas donde haya mejor recepción para comunicarse contigo. No podemos probarlos ahora, deberás cargarlo por un día entero antes de encenderlo. Llévatelos, si tienen algún problema podemos probarlos juntos. Es mi regalo.
−¿Por qué harías esto?
−Considéralo como un experimento, quiero saber si es tan bueno como prometen, y está es una buena oportunidad. Por otro lado, si conseguimos que Lucy Gray regrese al Capitolio, me lo compensarán para entonces. Los dos estamos de acuerdo en que esa chica es como una pequeña mina de oro.
−Definitivamente, ella trae buena suerte –confieso.
−Entonces, solo acéptalo. Lo van a necesitar. Créeme… vas sentir la necesidad de escucharla y verla una vez que hayas pasado un tiempo sin ella.
Lucy pasa la mayor parte de la tarde poniendo en condiciones el piano de cola con nuestra ayuda y aunque no puede terminar de afinarlo por completo, promete que estará perfecto en un par de días, con algunos ajustes más.
Cuando ya está anocheciendo, Pluribus Bell nos lleva a casa en su camioneta con todas nuestras compras y los instrumentos prestados. Mi familia nos está esperando en el living cuando llegamos; Madame invita a Pluribus a cenar con nosotros y él acepta.
−Quiero mostrarles algo –comenta Tigris cuando Pluribus se marcha y nos quedamos los cuatro solos–. Vengo trabajando hace semanas en esto.
Con la mesa ya desocupada, se dedica a esparcir varias hojas con bocetos de diseños de vestidos y trajes que había guardado de forma ordenada en una carpeta.
Lucy se sorprende por la perfección de cada diseño, incluso algunos pintados con colores vivos de acuarelas, lápices o marcadores.
−¿Tú hiciste todo esto Tigris? Son hermosos.
−Tú me inspiraste, Lucy. Estuve pensando mucho en esto, pero yo misma haré tus vestidos para la entrevista y la fiesta. Según la carta, ellos quieren verte de una forma diferente ahora que eres vencedora, e incluso pagaran por eso. Pero siento que no podremos encontrar algo adecuado para tu particular estilo aquí. Por lo que, hice estos diseños, que pienso que podrían gustarte, o que te quedarían demasiado bien.
−¿También piensas hacer mi traje? –pregunto–. No es que dude de tu capacidad, estoy seguro que harás algo grandioso. Pero ¿tendrás tiempo para acabar todo? Ni siquiera estoy seguro cuanto tiempo tenemos.
−Por eso mismo, he pedido varios días libres en el trabajo. ¿No dijiste que son dos semanas como mínimo? Creo que podré terminarlos a tiempo, con un poco de ayuda y algunas noches despierta, claro. Pero debemos conseguir todo lo necesario de inmediato. Debemos empezar ahora y no postergarlo.
Intercambio una mirada con Lucy.
−¿Estás de acuerdo?
−Puedo ayudarla, Coryo –reconoce.
−Está bien, Tigris. Mañana salgamos de compras –acepto–. Haz nuestros vestuarios. Nosotros te ayudaremos.
Las siguientes horas nos quedamos sentamos sentados viendo cada diseño y escuchando a Tigris explicándonos sus ideas para cada uno.
−¿Tu plan es vestirnos como pareja? –pregunta Lucy después de un rato.
−Son un equipo, deben lucir como uno. Hagamos algo que se pueda adaptar a ambos, que sea elegante, pero que al mismo tiempo los haga resaltar. Serán las estrellas de la noche y el centro de las miradas, debe ser algo especial. Vayamos descartando algunos diseños, priorizando otros y pensando que en gama de tonos y tipos de telas centrarnos. Será más fácil si decidimos algunos detalles ahora, de esa forma, sabremos a donde dirigirnos cuando vayamos a las tiendas.
En ocasiones, ninguno de los tiene demasiada idea de lo que habla Tigris, pero hacemos nuestro mejor esfuerzo por seguirle la corriente, diciendo lo que opinamos, mientras mi prima en el proceso hace modificaciones en algunos de sus bocetos, o breves anotaciones sobre los detalles en otro cuaderno. Lucy observa con atención todo lo que ella hace y se muestra mucho más activa que yo.
Cada día que pasa ellas dos se llevan mejor. Tigris debe estar feliz de tener otra chica de casi nuestra edad con la que compartir tiempo, y Lucy ha logrado congeniar bastante bien con ella desde el primer momento.
Un par de horas más tarde, los tres estamos demasiados cansados como para continuar. Lucy empieza a cabecear en mi hombro y Tigris empieza a bostezar.
−Creo que fue suficiente por hoy, chicos. Guardaré todo e iré a la cama. Mañana tendremos un día ocupado. Ustedes vayan a sus habitaciones.
Lucy se endereza y se pone de pie sin soltar mi mano.
−Ten una buena noche, Tigris –la despide Lucy–. Y gracias por todo.
Una vez que llegamos a su habitación. Ella se detiene en la puerta y me enfrenta.
−Si tienes alguna pesadilla o me necesitas, ya sabes dónde encontrarme. Si no respondo, solo entra.
−¿Me has escuchado?
−Ayer en la noche, sí. No eres ruidosa mientras duermes, pero supongo que habías despertado atemorizada.
−Sí, eso pasó. Desperté, me asustó no verte a mi lado. Recuerdo que grité tu nombre y me tranquilicé al recordar que estabas a salvo en la habitación de al lado.
−Casi me arrepiento de contarte lo que pasó esa noche.
−No es tu culpa. Las pesadillas, quiero decir.
−Puedes quedarte conmigo si vuelve a pasar, como la primera noche.
−Recurriré a ti, si me vuelvo a sentir asustada. Lo prometo.
−Tengo algo para ti –le digo.
Coloco sobre su mano uno de los paquetes que tomé del modular antes de venir aquí.
−¿Qué es?
−Un regalo de mi parte. Ábrelo.
Ella le quita el envoltorio y luego, abre la caja rectangular de madera bordo, dejando a la vista una delicada libreta de cuero rojo, con grabado de rosas. Lucy sorprendida la saca con cuidado de la caja y lo examina por dentro.
−Dijiste querías componer canciones, utilízalo para escribir y tomar notas.
−Coryo… es preciosa. Pero no debiste gastar nada por mí. No hace falta.
Ella sabe de la situación de la familia.
−Al menos permite que te dé esto. No es nada del otro mundo. Las rosas te recuerdan a mí ¿no? –ella asiente. –Cuanto estés en tu distrito, sola y tengas esto en tus manos, haz de cuenta que estoy ahí, recuerda a quien te la regaló. Llévame contigo.
Ella vuelve a guardar la libreta en su lugar y la atrae hacia su pecho.
Me da un corto beso en los labios.
−Te prometo que le daré un buen uso y te llevaré conmigo todo el tiempo, incluso aunque no tenga esta libreta en mis manos.
−No lo dudo.
−¿Me quieres decir algo más?
Niego con la cabeza.
−Duerme bien, Lucy.
−Tú también, Coryo.
Ella abre la puerta y entra, no sin antes dedicarme una última encantadora sonrisa.
−Buenas noches –es lo último que escucho antes de que cierre la puerta.
Me dirijo a la habitación contigua, y dejo la otra caja sobre escritorio, pensando que mañana tendré tiempo para averiguar cómo funcionan esos nuevos dispositivos electrónicos y probarlos junto con Lucy. El poder tener otro medio para comunicarme con ella en caso de necesitemos hablar directamente y en el momento resulta alentador. Porque más allá de la necesidad de la hablaba Pluribus, ¿cómo voy a saber si ella necesita algo urgente cuando las cartas demoran varios días en llegar? Esto solucionaría este problema de manera simple.
Incluso si la teoría de la trampa durante la cosecha resultará ser solo una suposición falsa, que tenga al Alcalde y su hija en su contra no me deja tranquilo y por más que me desagrade la idea, siento que debo informarle sobre esto a la Doctora Gaul, para que llegue al fondo del asunto. Pero definitivamente, no será ahora.
Al igual que Lucy, necesito tener unos días de tranquilidad lejos de La Academia.
