Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.
CAPÍTULO 13: PASADOS REVELADOS
POV CORIOLANUS
Durante los días siguientes, pasamos la mayor parte del tiempo en el salón techado de la terraza donde estuvimos la primera noche conversando y durmiendo. Siguiendo las indicaciones de Lucy la ayudé a instalar el teclado electrónico aquí, y también trajimos algunas guitarras, entre ellas una eléctrica. Ella pensó que de esa forma no molestaría tanto a mi familia.
Incluso mirando al cielo
mi corazón continúa latiendo
¿Por qué es tan dulce?
...
El solo hecho de pronunciar tu nombre
me hace tararear una melodía.
Estoy enamorado seguramente, si tú, si tú
Seguramente lo estoy; si tú, si tú, oh.
Observo a Lucy que ahora está tocando unos acordes con la guitarra acústica, y haciendo anotaciones en su nueva libreta. En ocasiones, tatarea o canta y escribe la letra de una canción. Aunque no estoy seguro si es material nuevo, o una vieja canción que está intentando recordar, su repertorio previo es bastante extenso.
Aprovecho esos momentos donde ella está concentrada en lo suyo para finalizar trabajos atrasados de La Academia, que he dejado abandonados a causa de los juegos; y la particular tarea que me dejó la doctora Gaul.
−¿Por qué no bajas, Coryo? ¿Estar conmigo no te desconcentra?
−Debería, pero por algún motivo me relaja escucharte. Aparte esto no es tan importante, o al menos no es urgente.
−Eres extraño. En casa muchas veces me debo ir la pradera para no molestar a los niños mientras estudian.
−No lo soy, solo me gusta pasar tiempo contigo. Mientras sea posible, lo haré.
Lucy se recuesta en el sofá para tomar un descanso sin dejar de mirarme, aunque nos separen un par de metros, ya que estoy sentado en una de las sillas alrededor de la mesa.
−¿Acaso tengo un fan? –bromea.
−Soy tu admirador, lo sabes –contesto.
−En ese caso, debería dedicarle un par de canciones a mi admirador número uno.
−Esperaré ese momento con ansías.
Ella se ríe.
−Es una promesa. Lo haré durante el show de la fiesta. Tendré que cantar por media hora ¿no? Son ocho o nueve canciones. Pero, no sé qué elegir, ni que le puede llegar a gustar a la gente del Capitolio.
−Les va a gustar cualquier cosa que cantes, Lucy. Pluribus dijo que escuchó a muchos impresionados incluso con la última canción.
−Bueno, pero esa queda descartada –dice.
−Me refería a que amarán cualquier canción, ya hablen sobre la naturaleza, consuelo, amor, desamor o un enfoque más alegre. Selecciona un poco de todo y deja las canciones más animadas para el final. Si tienes dudas, podríamos preguntarle a Pluribus Bell que le gustaba escuchar al público de su bar antes de la guerra, o que cantaba su esposa y los demás músicos. La mayoría de los asistirán, es probable que hayan ido a escuchar una buena presentación en su bar, mientras bebían y se divertían. Incluso mi padre y el decano Highbottom.
−¿Ese hombre que te odia a muerte y siempre trata de humillarte? La vez que hablé con él luego de la victoria y me felicitó, parecía estar conteniendo la furia que sentía por dentro. Y las anteriores veces que lo vi, me pareció alguien muy serio.
−Yo también me sorprendí, sobre todo porque era amigo de mi padre, hasta que hubo algún tipo de malentendido y nunca se reconciliaron.
−¿Y solamente por eso se desquita contigo? ¿Por qué no puede hacer nada contra un hombre muerto?
−Exactamente por eso, al menos desde mi punto de vista. Yo nunca hice nada contra él, pero siempre pareció despreciarnos a los Snow, sobre todo a mí.
Contesto mientras rememoro la explicación de Pluribus al respecto, el día que buscamos los instrumentos.
Como ya te dije, él y tu padre eran tan unidos como ladrones cuando estaban en la universidad. Pero sí recuerdo, hacia el final, hubo una especie de disputa lamentable, muy poco característica de ellos.
Casca estaba furioso, diciendo que había estado borracho y que todo era una broma. Y tu padre dijo que debía estar agradecido. Que le había estado haciendo un favor. Tu padre se fue, pero Casca se quedó bebiendo hasta que cerré. Le pregunté qué estaba mal, pero todo lo que dijo fue:
Como las polillas a una llama.
Estaba bastante borracho. Supuse que arreglaron sus problemas eventualmente, pero tal vez no. Ambos comenzaron a trabajar poco después, y no los vi mucho, al menos no juntos.
Lucy guarda la guitarra con cuidado en su estuche y se sacude su nuevo pantalón de jean mientras se sienta.
−Ven –me llama–. Tomemos un descanso.
Pero en vez hacerme sentar a su lado, pide que me recueste con la cabeza en su regazo, recordándome al día que ella me salvó de las llamas y se quedó a mi lado hasta que un equipo médico vino al rescate.
−Tal vez le recuerdas a él. ¿Tu padre era como tú físicamente?
−Un poco, supongo. Mis memorias sobre él, se van desdibujando con el tiempo por la corta edad que tenía cuando murió y casi no tenemos fotos de él.
−De todas formas, no importa. Nada justifica que te trate así, por un problema que fue exclusivamente con tu padre. Ignóralo, Coryo. Al menos ahora ya sabes que el problema no lo tiene contigo, sino que es algo del pasado, un pasado que no te involucra directamente. Aunque no estoy segura si eso es bueno, o malo en tu situación.
Lucy acaricia mi rostro apartando el cabello de mi frente con cariño.
Trata de sobrevivir lo que resta del semestre antes de tu graduación, siendo más inteligente que él y sin meterte en problemas.
−Solo me he metido en problemas por ti ¿lo sabes? Los juegos acabaron y tú sobreviviste, prometo comportarme a partir de ahora.
−Más te vale, porque no quiero que nadie te haga daño.
Dirige su mano a mi hombro herido y levanta la manga de la camiseta dejando a la vista la cicatriz.
−No de nuevo –su mirada se vuelve triste–. ¿Te duele?
−Casi nada. ¿Tú te sientes mejor?
Ella asiente.
−Me siento más fuerte, si es a lo que refieres.
−Es una buena noticia.
−¿Por qué?
−Te debo una cita –le recuerdo–. Decidí darte unos días para que descansaras. Pero realmente me encantaría hacer algo más que estar encerrados aquí.
−Eso es verdad. Desde que fuimos a comprar las telas, no hemos dejado este lugar. Bien, ¿cuándo quieres salir?
−¿El martes en la tarde? Entre semana no nos cruzaremos con mucha gente, estaremos más tranquilos.
Los fines de semana, las familias y jóvenes aprovechan a disfrutar del aire libre y demás actividades de esparcimiento, porque entre semana, trabajan o estudian con horarios fijos.
−¿Debo vestirme y maquillarme de forma extraña para que no me reconozcan?
−No, pero podríamos usar gafas de sol oscuras y sombreros para pasar más desapercibidos. Aunque nada demasiado llamativo.
Pienso en la reacción de todos esos seguidores de Lucy aclamando por ella fuera de la arena, si la llegaran a reconocer en las calles; y definitivamente no quiero compartirla con nadie los días que salgamos juntos y solos.
−Es una lástima, quería usar mi vestido arcoíris –bromea.
−Tienes prohibido usar vestidos coloridos –contesto riendo un poco.
Pienso que no la reconocerán tan fácilmente si usa algo neutro, considerando que ella atrapó las miradas del Capitolio, por sus alegres colores.
−Como mi chico diga. Tengamos nuestra cita en dos días –finalmente acepta.
Luego se pone a juguetear con mi cabello y lo permito.
Me sorprende la calma que me invade cuando estoy con ella. Excepto con Tigris, nunca me pude sentir tan cómodo con nadie realmente. Tal vez ella no sea, desde la perspectiva del Capitolio, la chica más atractiva, pero lo es para mí y eso es suficiente. Por otro lado, ese encanto natural suyo, esa voz y ese talento, al igual que esa osadía, no en un sentido negativo, sino ese "algo" que la hace diferente del resto, es lo que provocó que todos se sintieran fascinados con ella. Pero también está ese otro lado de ella que nadie conoce, ese lado que me empieza a mostrar y tengo deseos de proteger y consolar.
−Ahora sonríes más seguido –confiesa Lucy–. Te ves lindo.
−¿Estaba sonriendo?
−Al parecer ni te das cuenta.
Me siento en el sofá haciendo que nuestros rostros queden muy cerca el uno del otro.
−Estoy empezando a hacer muchas cosas por ti, Lucy, que hacen que cada día resulte más difícil reconocerme a mí mismo.
−¿Y eso no te molesta?
−¿El cambio? Creo que puedo acostumbrarme si te mantienes a mi lado. Eres precisamente lo que faltaba en mi vida, solo que no era consciente de eso, hasta que te conocí. Y como te dije, voy a hacer todo lo necesario para que estemos juntos.
−¿Cómo? ¿Qué fue lo que hablaste con Pluribus Bell? No tuve oportunidad de preguntártelo antes.
−Te lo contaré.
Luego de escucharme con atención sin interrumpirme habla.
−Entonces, estás diciendo que podrían dejar que me quede definitivamente, o venga cada tanto ¿verdad?
−Exacto, pero considerando que no estaríamos comprándote una vida en el Capitolio como sucedió con Sejanus y su familia, tal vez tome algo de tiempo y deban hablar con los que te conocemos al respecto. También, debería pedir permiso para visitarte mientras tanto hasta ese momento llegue, si es que me lo permiten. Los contactos de Pluribus tienen bastante poder de decisión en esos asuntos y eso ayudará. Cuando le conté sobre nosotros dos, decidió ayudarnos. Él está dispuesto a contratarte en su bar, o más bien requerir tu presencia aquí de antemano, Lucy.
−Esto parece demasiado irreal.
−Lo sé.
−Pero, espero que sea posible –termina.
−Por eso debes ganártelos a todos en esa fiesta. Demuéstrales lo que vales, que se den cuenta lo diferente que eres de cualquier otro tributo y vencedor que haya pasado por los juegos y permite que ellos sientan que te necesitamos aquí. No es que no lo hayan notado, pero hazlo más evidente.
−Es mi especialidad –asegura–; aunque solo sea una pantalla, o una pequeña parte de mí. Haré lo mejor que pueda, Coryo, si eso facilita las cosas en el futuro.
−Gracias.
−Como ya te dije, si estoy contigo, no me importa donde sea. Nunca sentí apego al Distrito Doce, ni a ningún lugar, de todas formas. Solo me adapto a los cambios.
−Debo reconocer que eso es un alivio. Pero ¿Qué hay de tus primas?
−¿Hay alguna posibilidad para ellas? –pregunta esperanzada y me doy cuenta que a pesar de no sentir apego al distrito en el que vive ahora, si ama a su familia.
−Tal vez la haya siendo que son menores que tú y si aún no han entrado sus nombres en la cosecha. Pero tendrías que esperar a tu mayoría de edad, para tramitar algún tipo de adopción, o resolverlo de otra forma. Pluribus mencionó algo al respecto.
−Sí, mis dos primas son pequeñas ninguna tiene más de 10 años. Maude Ivory es la mayor. Y cuatro miembros del Covey, no comparten ningún tipo de lazo consanguíneo con nosotras, incluso aunque insistiera, dudo que fueran capaces de cambiar de vida, porque uno está casado y formó su familia, otro creció en el distrito la mayor parte de su vida, es más apegado al mayor y no habla mucho con el resto.
−¿También está Billy?
−Sí, luego están Billy Tapeu y Clerk Carmine, que son hermanos. Billy nunca dejaría que su hermano viniera a "territorio enemigo". Pero si puedo decidir sobre mi propia sangre, ellas me seguirían si se los pido.
−¿Territorio enemigo?
−De esa forma, él se refiere al Capitolio–Lucy aclara aparta la mirada avergonzada–. Billy es, en palabras simples, todo lo que ustedes detestan, y todo lo que yo terminé odiando al descubrir. Trato de mantener a todos los niños lejos de él y yo misma me he apartado por seguridad. Él ya no tiene nada que ver con nosotros desde hace meses. Clerk, en cambio, es un chico bueno y trato de protegerlo, darle consejos, porque temo que si sigue los pasos de su hermano mayor saldrá perjudicado.
Ahora entiendo a lo que se refería con que no puede prometer que no haya problemas en su distrito. ¿Será que la persona que puede ser un problema es ese chico? Creo que no quiero saber la respuesta ahora.
−No comparten ambos padres ¿verdad?
Deben ser medios hermanos, ya que no comparten el mismo apellido.
−No, solo a la madre, el primer esposo murió y luego de varios años empezó una relación con el padre de Clerk. Somos todos, solo quedamos seis, más el niño que encontramos dentro de una caja al costado de una carretera.
−¿Quién podría abandonar a su propio hijo de esa forma?
−Lo mismo nos preguntamos. Fue un milagro que encontramos al pequeño bebé aún con vida en pleno invierno. Tal vez la chica era muy joven, no estaba casada y no supo cómo manejar la situación; o tal vez sus padres le quitaron a su hijo para dejarlo morir, se han dado casos. Quien sabe, el origen de Tam Amber es un misterio.
−¿Y qué hay de tu origen, Lucy?
−El mío también lo es. No sé donde nací –reconoce con cierta tristeza–. Puedo ser de cualquier lugar, o de ninguno. Mis padres murieron durante la guerra a mano de los rebeldes, y yo no tenía la edad suficiente como para cuestionarme esos asuntos. Luego nadie quiso hablarme sobre ello, o no lo sabían. Y el padre que me crío, no era mi padre biológico, pero amaba mucho a mi madre y a mí.
Cuando pensaba que mi tributo era un misterio, no imaginaba a que nivel. Ella no solo no sabe a dónde pertenece, tampoco sabe quién es su padre biológico y ahora reconoce que la muerte de sus padres tuvo que ver con un ataque rebelde.
−¿Fue cerca del Distrito Doce?
−Sí, por eso hice entender al periodista que ahí la enterraron a mi madre, pero no creí necesario aclarar que más bien sus restos están en la frontera del distrito. Luego, los sobrevivientes estuvimos un tiempo dirigiéndonos a otros lugares y eventualmente, volvimos sin darnos cuenta. Y fue ahí donde algunos miembros adultos del Covey lograron escapar a tiempo sin nosotros, o unos pocos fueron asesinados, o convertidos en Agentes de Paz, no lo sabemos con certeza, porque los "borraron". Espero que sea la segunda opción y que estén en alguna parte de Panem, sirviendo a la nación.
−¿Por el Distrito Doce?
Asiente.
−Los consideraron rebeldes en un primer momento, solo nos perdonaron a quienes éramos menores de edad. Pero ya no quedaban muchos de los nuestros, de todas formas. La mayoría murieron durante la guerra o en los años posteriores por causas naturales, o debido a sus edades avanzadas. Tampoco los puedo culpar, durante ese tiempo no había pasado mucho desde el fin de la guerra y supe que entraban rebeldes solo para intentar iniciar otra rebelión, y confundieron a nuestros con ellos. Estuvimos en el lugar y momento equivocado, fue mala suerte.
Me quedo en silencio intentando procesar todo su relato. Es la primera vez que se abre tanto contándome cosas de su pasado. Si descubrieron su inocencia, es poco probable que los hayan matado, tal vez su distrito decidió "educarlos" de alguna forma y los convirtieron en Agentes Paz, pero probablemente ellos no sepan cómo localizar a sus sobrinos o hijos, porque se los llevaron antes de siquiera saber el destino de los niños.
−Dijiste que durante mucho tiempo intentaron mantenerse alejados de los distritos.
−Y lo hicimos, pero en un par de lamentables ocasiones nos cruzamos con las personas equivocadas, o en medio del desastre. Por eso… creo que te comprendo, entiendo tu pérdida, entiendo que te resulte difícil hablar sobre ello y es completamente natural.
−Es complicado, pero creo que también te debo una explicación, luego de contarme sobre ti.
−No tienes que hacerlo solo porque…
−Quiero contártelo.
Ella no dice nada para detenerme.
−Según nuestra abuela, mi madre tuvo un embarazo de riesgo, los doctores le indicaron hacer reposo estricto, pero las preocupaciones por la guerra y la vida de mi padre, solo empeoraron las cosas. Durante esos últimos meses la recuerdo sufriendo y recostada en la cama de su habitación.
−¿Tuviste un hermano?
−Una hermana, que nació casi muerta. Mi madre no sobrevivió al parto, tampoco. Tuvo una terrible hemorragia en el proceso y no pudieron hacer nada por ninguna de las dos.
−Lo siento, eso debió ser más duro.
−Lo fue, ¿cómo iba a pensar que ella iba a morir por dar a luz a mi hermana?
−No es lo que se espera en esa situación. ¿Qué sucedió después de eso?
−Mi padre estuvo algunos meses con nosotros, y luego se volvió a ir por asuntos relacionados con la guerra. Él era militar, uno bastante respetado –explico–. Él invirtió toda la fortuna de la familia en el Distrito Trece, para acabar con la guerra, pero él no tenía idea en quienes puso su confianza y ellos acabaron traicionando al Capitolio. Supongo que mi padre lo supo, e intentaron deshacerse de él; o igual que los tuyos acabo entre medio del conflicto camino a casa. Lo próximo que supimos fue a través de la carta que recibimos, informándonos de lo sucedido, con algunas de sus pertenencias y una bandera para hacerle honor a su memoria. Creo que nuestra abuela se perdió a si misma cuando mi padre, su último hijo vivo murió. A veces, piensa que sigue en el pasado donde todos éramos más felices y estábamos juntos.
Lucy sentada a mi lado, busca mi mano y entrelaza sus dedos entre los míos. Haciéndome sentir una agradable calidez dentro de mí.
−Y tú ¿cómo lo sobrellevaste?
−No sé si alguna vez lo hice –reconozco y la miro a los ojos–. Tuve que aprender a lidiar con esos sentimientos.
−Y te cerraste, para no volver a sufrir.
Sorprendido por su afirmación, no logro responderle.
−Yo también lo hice por muchos años. Me guardé esos sentimientos para mí misma y no solía dejar que nadie viera mi interior. Tal vez por eso siempre di una imagen equivocada a los demás, que no fueran los más cercanos, claro.
−¿Y eso cambió?
−No del todo. Aún así, siento que puedo confiar en ti. Te lo tendría que haber contado ese día que estábamos en el invernadero, pero seguía demasiada afectada por los juegos aún y demasiado sensible. No los juegos en sí, pero si los recuerdos que trajo a flote todo lo que vivimos. Las muertes, las explosiones en la arena y todo lo demás. Fue demasiado.
−Fue igual para mí. Por momentos, me sentía aterrado por todo y volví a tener pesadillas, hace años que no tenía ninguna.
−¿Sigues teniéndolas?
−Algunas noches.
−Deberías venir a verme cuando te pase. Dijiste que yo podía ir a buscarte cuando las tuviera, o me sintiera asustada. Hagámoslo parejo.
−Suena razonable.
−Hoy en la madrugada entré a tu habitación para asegurarme que estuvieras a salvo y no muerto como en la pesadilla. Me quedé unos minutos observándote en silencio, cuando me convencí que solo fue un mal sueño y que nada te pasaría, me fui. Estabas destapado y aproveché a cubrirte con las mantas nuevamente.
−¿Por qué no me avisaste?
−Estabas profundamente dormido y no quise despertarte. Me conformé con la tranquilidad que me dio verte.
Yo la rodeo con mis brazos, atrayéndola más cerca de mí y ella apoya la cabeza en mi pecho.
−Estaremos bien, ahora pensaré dos veces antes de hacer cualquier cosa, lo prometo.
Ella levanta la cabeza y me mira directo a los ojos.
−Tú y mi familia dependen de mí ahora –explico–. Seguiré atado a esto un tiempo más y soy consciente que cualquier error que cometa puede afectarlas.
−¿Esa mujer sabe lo que pasó entre nosotros?
−Sí, igual que el decano. Por eso no te sorprendas, si te dicen algo cuando los veamos.
−Puedo lidiar con eso.
−Sé que puedes, eres sorprendentemente inteligente.
−Por eso mismo, no diré, ni haré nada que pueda afectarte. Seguiré tus consejos y te obedeceré en todo.
−¿Pero eres consciente de la que nos sacó de situaciones incomodas o se lució fuiste tú? Tal vez sea yo quien necesite consejos y una guía ocasionalmente.
−Efectivamente. También seré tu salvavidas, si lo necesitas.
−Quedamos en eso.
−Somos un equipo, nos apoyaremos mutuamente –afirma.
Nota de autor: El fragmento de la canción pertenece a "If you" de Yesung, por razones obvias, omití el verso original en japonés.
Me tomé la libertad de escribir sobre el pasado del Lucy o el Covey, aunque puede que no sea canon, tampoco se dan tantos detalles, y quiero utilizar algunos elementos que serán de importancia para el futuro del fanfic, dejando pistas pequeñas pistas aquí.
Gracias por leer, seguir, votar o comentar la historia en cualquiera de las plataformas. También quiero avisar que además de tener cuentas en fanfiction o Wattpad, hace unos días he creado otra en una bastante nueva y desconocida plataforma, similar a Watpad, pero con mejor diseño y calidad (basándome en las historias que he leído), Inkspired.
Mi usuario es:
lucy_mellark
Probablemente, a medida que vaya corrigiendo, voy a subir mis fanfics más antiguos o incluso one shots ahí. Por ahora, subí dos capítulos de este.
Espero que tengan un buen día,
Lucy.
