Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.
CAPÍTULO 14: TIGRIS
POV LUCY
Por la tarde voy a la habitación de Tigris, para ayudarla con sus diseños. Coriolanus aprovecha el tiempo para organizar nuestros compromisos e idear planes en el comedor mientras conversa por teléfono con la Doctora Gaul, por lo que decidí dejarlo tranquilo.
Ella lo llamó mientras estábamos tomando algo en la cocina con Tigris, y él disculpándose se marchó, buscando sus cosas para hacer anotaciones, ella dijo que la acompañara mientras tanto.
−No te preocupes –me dice ella, notando mi rostro preocupado mientras miro constantemente a la puerta–. Solo deben estar hablando sobre los juegos. Todo es nuevo, hacen cambios constantemente. Debe estar muy presionado por todo, nunca sabe con qué cosa nueva vendrán.
−No es eso lo que me preocupa –reconozco–. Aún no lo olvido lo que me contó sobre esas serpientes, no puedo evitar sentirme ansiosa cada vez que se trata de ella.
−A todos los que la conocen les da miedo esa mujer, es una sensación normal. Y desgraciadamente, Coryo descubrió ese lado oscuro de ella de la peor forma. Cuando llegué a casa ese día, habían pasado varias horas y aún así, él estaba muy afectado por el suceso. Luego vino el ataque en la arena y fue peor.
−¿Él estará bien?
−Eso espero. Mientras mi primo la mantenga satisfecha con su desempeño, no pasará nada. No pienses demasiado en ello. Es muy inteligente, no hará nada que lo ponga en peligro de vuelta.
Eso prometió ayer mientras conversábamos sobre nuestros pasados y quiero creerle.
Asiento y me dedico a cortar los sumo cuidado y atención por las líneas exactas de los moldes de los vestidos.
−Me alegra que Coryo te haya conocido.
Dejo el molde cortado a lo largo de su escritorio con el cuidado de no romperlo, ni doblarlo y giro mi cabeza para mirarla.
−Me alegra haberlo conocido, también.
No solo se interesó en mí, me protegió, me alimentó, trató de mantenerme en pie, me consoló cuando estaba derrumbándome, también rompió las reglas por mí, incluso cuando no debía, solo para salvarme. Incluso aunque lo hiciera por una devolución de favores, no puedo ignorar todo lo que hizo por mí
−Ha cambiado bastante desde de que te conoció. Nunca creí que lo vería así con una chica.
−¿Qué quieres decir?
−Ya sabes que nosotros dos hemos tenido una vida difícil desde pequeños, solo que lidiamos con eso de forma diferente. En su caso, siempre trató de mantener una distancia prudencial entre él y otras personas, nunca habló de sus problemas con nadie que no fuéramos yo y Madame, a pesar de que tenía amigos. Pero, fue distinto contigo desde el primer momento, y poco a poco se fue enamorando. Realmente deseaba que vivieras, porque él hubiera quedado destrozado, si te pasaba algo. He estado observándolos todos estos días; me agradas, Lucy. Y a Madame también y no imaginas lo difícil que es ganarte la simpatía de ella cuando viene de alguien de los distritos.
−¿Tanto así?
−Sí, tiene sus razones, perdió a sus hijos...nuestros padres durante la guerra. Pero tú y tu compañero de distrito se ganaron su respeto. Por cierto, lamento esa perdida, sé que te llevabas bien con él.
−Jessup era una buena persona y amigo –contesto, hay noches en las que la muerte de él y los demás se repiten en mis sueños. Me hubiera gustado conocerlo antes, podría haber tenido al menos un buen amigo en el distrito; muy pocas personas son las que nos aceptan realmente, tienen sus recelos con nosotros, porque no somos como ellos. A Jessup no le importaba nada de eso–. Alguien muy noble y protector.
−Lo sabemos, es una lástima que haya sufrido de esa forma.
Ella no vuelve a tocar el tema seguramente para no reabrir las heridas que apenas estoy tratando de superar, lo cual agradezco, su rostro y el de los demás aún me persiguen en las pesadillas.
−No sé cómo agradecerles todo lo que están haciendo por mí.
−No nos debes nada, Lucy. Te ayudamos porque queremos que sientas cómoda. No mereces todo lo que pasaste, pero esperamos que te sientas bien con nosotros.
−Lo hago, Tigris. No te preocupes.
Tal vez sería más difícil si no los tuviera a los Snow a mi lado, tratando de animarme todo el tiempo. Sobre todo, si Coriolanus no me cobijara entre sus brazos para espantar mis temores cuando siento que estoy cayendo; me calmará con sus palabras y sus labios, trayéndome de vuelta a la realidad y recordándome que todo está bien.
Vuelvo a mirar hacia la puerta esperando que entre, porque la charla con esa mujer parece muy larga.
Tranquila, ella no puede dañarlo ahora.
Tratando de tranquilizarme, vuelvo la atención a su prima.
Nos mantenemos ocupadas con los moldes del vestido, el traje y seleccionando muestras de telas, mientras esperamos que él aparezca y conversando sobre distintos temas sin volver a tocar el asunto de los juegos. Tigris me pregunta sobre los distritos que he visitado, los lugares que he ido antes de llegar al Distrito Doce, también quiere saber qué hacemos en el Doce y como está integrada mi familia. Nada que no le haya dicho a su primo anteriormente. No se atreve a preguntarme como perdí a mis padres, pero se lo cuento sin tantos detalles. Ella me dirige una mirada compresiva y apoya su palma en mi mano.
−Tal vez no sirva de consuelo, pero nos tienes a nosotros, Lucy. Somos tu familia a partir de ahora. No te dejaremos sola. Sé que Coryo no lo hará, eres importante en su vida.
¿Por qué yo? Aún es difícil de procesar que se haya interesado en mí, considerando que debe haber cientos de chicas más adecuadas para él aquí. Cuando me mira a los ojos y me dedica una de esas sonrisas que se han vuelto más constantes en él últimamente, sé que es sincero sobre sus sentimientos.
−De hecho, habló sobre ti con Madame hace unos días y ella los apoyará sin importar que ustedes dos decidan en su relación.
Él no mencionó nada al respecto, pero tampoco me sorprende, seguramente para él era importante la aceptación por parte de toda su familia. El amor y respeto con el que se refiere a ambas es innegable.
−Aún resulta un poco extraño –reconozco–. Quiero decir, fui cosechada y mi único pensamiento era que iba a morir, pero no solo gané los juegos, sino también la posibilidad de estar junto a Coriolanus. El día que lo besé durante la despedida, lo hice porque, en mi desesperación, pensé que podría ser la única oportunidad que tendría, a pesar de llevar su promesa conmigo y tener un poco de la esperanza que me infundió.
−Ese día, él no pudo ocultar su felicidad –murmura Tigris como si me estuviera contando un secreto.
−¿En serio?
−Sí, tendrías que haberlo visto cuando me lo contó por la noche. Incluso eso pareció calmar todas sus preocupaciones y miedos durante el resto del día. Su experiencia en el amor es nula diría, por eso creo que le tomó un poco más de tiempo aceptar sus sentimientos y fue difícil para él que estuvieras en la arena y en el zoológico. Hizo todo lo posible para ayudarte. Habló tan bien de ti, que cada vez que lo entrevistaban, los patrocinadores llovían y el número de fanáticos se incrementaba fuera de la arena. La mayoría te adoraban y gritaban por ti.
Pienso en Coryo, preocupado por mí y los problemas que aún lo acechan; y a pesar de todo, bajo esas circunstancias trató de ser fuerte y estar para mí. Seguramente realmente la pasó mal al comienzo pensando que tal vez podía estar muerta dentro de los túneles, así como también a mí me torturaba la idea de que él pudo haber sido asesinado por los otros tributos durante esa primera noche. Y cuando lo vi sano durante nuestro reencuentro, me sentí feliz y completa, más que cuando recibí la señal de vida que me dio al enviarme las provisiones, o salvarme en la arena, el cual me enteré, fue un plan que tanto Lysistrata y él pensaron; entonces, ella empezó a enviar decenas de botellas de agua porque conocía bien a su tributo y sabía que él no quería matarme, más bien quería que yo ganara.
Mientras Tigris me sigue contando las cosas que ocurrieron y yo no pude ver, sentimos un golpe en la puerta y yo me pongo de pie, sabiendo de antemano quien es.
−Tigris, ¿Lucy está contigo? No la encontré en su habitación.
Al estar más cerca de la puerta, escucho su voz más clara. Él sabe que cada vez que no estoy con él, es porque estoy durmiendo, o estoy ayudando a su prima con la ropa.
Abro la puerta y se queda paralizado al verme. Trato de encontrar en su rostro alguna señal de preocupación o tensión, pero no encuentro nada.
−¿Me buscabas? –le dedico una sonrisa coqueta, esperando alguna reacciones que lo haga soltarse y sonreírme.
Pero en vez de contestar, hace algo que me sorprende. Me toma entre sus brazos, alzándome y obligándome a rodear su cuello con mis brazos y apoyar mis pies sobre sus zapatillas, ya que él es más alto que yo, tal vez me lleva unos quince centímetros. Luego, planta un beso en mis labios, provocando que cierre los ojos y ese últimamente habitual hormigueo me recorra desde los labios hasta cada rincón de mi cuerpo como si se tratara de electricidad y que la calidez de su propio cuerpo me reconforte nuevamente. Él está bien y parece feliz, más que feliz, está eufórico, me lo demuestra con beso y caricia. Tal vez la conversación no fue tan mal y no lo hizo sentir incómodo nuevamente. Le devuelvo el beso por los siguientes minutos, consiguiendo que me olvide del mundo y mi atención se centre en sus cálidos y sus suaves labios rozando los míos, hasta que la voz divertida de Tigris nos interrumpe.
−¡Hey, chicos! No quiero sonar aguafiestas, pero estoy aquí presente, y Madame podría verlos si siguen besándose en la puerta de esa forma, no me quiero ni imaginar su expresión horrorizada.
Ante la mención de Madame ambos no detenemos, él sujeta levemente mi labio inferior con sus dientes y labios, para luego alejar su rostro del mío y cerrar la puerta su pie, sin embargo, no me suelta, me carga de la misma forma que lo hizo cuando me llevó al hospital, y yo estaba demasiado débil como para reaccionar y luego se sienta en la silla al lado de Tigris conmigo en su regazo. Continúa rodeándome con sus brazos sin intención de soltarme, lo miro a los ojos, incapaz de controlar los latidos acelerados de mi corazón, o de hablar por la cercanía y los efectos del beso.
−Es extraño verte de tan buen humor –comenta Tigris, diciendo justamente lo que yo pensaba.
−¿Cómo no estarlo? Recibí excelentes noticias.
−Ahora siento curiosidad. ¿Qué te ha dicho?
−Tenemos tiempo, Tigris. Me preocupaba no alcanzar con todos los preparativos, pero tendremos dos semanas más antes de la entrevista. Tu entrevista, Lucy, será algo simple, no necesitarás prepararte tanto para eso. Y posteriormente, poco más de una semana extra para el banquete en tu honor en la mansión del Presidente.
Eso me sorprende.
−¿No iba a ser en La Academia?
−Ese era el plan inicial. Lo que sucede es que piensan invitar muchas personas y el lugar va a resultar pequeño. Aparentemente muchos quieren conocer a la famosa Lucy Gray, entre ellos, todos tus patrocinadores, que no son pocos.
−¿Y por eso estás tan feliz? –pregunto sospechando que no es el verdadero motivo.
−No, porque eso también significa que estaremos un mes más juntos, incluyendo la semana en el Distrito Doce, después del banquete.
Toco de forma juguetona la punta de su nariz y sonrío.
−Ahora estamos hablando el mismo idioma, guapo. Eso sí es importante.
Coriolanus se ríe, el sonido de su risa es ligero y agradable, si tan solo intentara divertirse más a menudo, pero lo hace conmigo y eso me basta. Le doy un suave y corto beso en los labios y me aparto ante de que Tigris se sienta incómoda y nos detenga.
La forma en la que Coriolanus me hace sentir, como si fuera el ser más importante del mundo para él, los cambios de reglas que él pensó para favorecernos, la forma en que se arriesgó por mí, los consejos y las palabras de aliento, no solo me conmovieron, también me enamoraron. En primer lugar, nunca imaginé que tendría un mentor, como tampoco que acabaría conociendo el amor aquí con él. Y aunque también extraño a mis primas, no quiero alejarme de él tan pronto. Un mes para compartir con él, parece el mismo paraíso, porque nadie sabe cuánto tiempo pasará hasta que nos volvamos a ver.
−Un mes ¿no?
−Un mes ¿por qué?
−¿Puedo escribirle una carta a mis primas? Deben estar muy preocupadas por mí.
Él sopesa la posibilidad unos segundos.
−No creo que haya ninguna regla contra eso, le pediremos a Pluribus Bell que la envíe, conoce gente de todos los distritos.
−Gracias.
Probablemente sea mejor que se la envíe a un Agente de Paz amigo, él podrá hacérsela llegar a mi familia apenas la reciba. Las casas de las Veta son bastante difíciles de identificar, porque la mayoría no tienen numeración, pero si llega al cuartel de los Agentes de Paz directamente, será más fácil.
−Es lo menos que puedo hacer –Coryo acaricia mi cabello y deja de apoye mi cabeza en su hombro, lo que me trae calma y paz–. Volviendo al asunto. Como dije, hubo cambios. Y esto que diré te incumbe a ti, Tigris.
−Habla.
−Le dije a la Doctora Gaul que te encargarías de la ropa, que ya habíamos comprado tela y otros materiales para confeccionarla. El cambio de fechas de los eventos, te dará tiempo suficiente para terminar todo, y también te enviará ayuda y otras máquinas de coser con el objetivo de ir adelantando el trabajo. Quiere que todo salga perfecto y en tiempo.
−¿Piensa enviar a otras costureras?
−Sí, a un consejero de moda, que pueda darte algunas recomendaciones, antes de empezar el trabajo, o nos dé una idea más aproximada de lo que se espera de estos eventos.
−Eso definitivamente sería muy conveniente. Deberíamos preparar una de las habitaciones vacías para instalar todo. ¿Cuándo será eso?
−En tres días, mientras conversábamos se comunicó con otras personas y llegaron a ese acuerdo.
−¿Hay algo más que debamos saber? –pregunto.
−Sí, pero forma parte de tu entrenamiento, debemos organizar los tiempos muy bien ahora que la agenda está mejor definida. Lo principal son lecciones de baile y etiqueta.
−Ya habíamos empezado con las lecciones de etiqueta.
−Así es, pero continuaremos. Definiremos lo otro con Madame. Y el último asunto… cuanto antes definas que canciones quieres cantar en el banquete en tu honor y que instrumentos tocarás, es probable que puedan conseguírtelos para ese día. Dije que seguro querrás tener un piano y una guitarra a mano, ellos verán que pueden hacer.
Desde que llegué al Distrito Doce, estuve acostumbrada a ser el centro de atención durante las presentaciones, por mi voz, y mi habilidad para animar y tocar instrumentos, pero tener un público más grande en el Capitolio es realmente abrumador y estando sola, voy a tener que hacer un gran esfuerzo para lucirme en los próximos eventos.
Esta vez lo haré por Coryo, quien ya se ha jugado hasta su seguridad por mí. No puedo hacer nada que lo perjudique, o lo deje mal parado. Y si de verdad eso va ser útil para que ambos podamos estar juntos, ese show se convertirá en un medio para conseguirlo.
−¿Sabes bailar, Coryo? –no le pregunté antes y tengo bastante curiosidad. Él no sabe que contestar.
−Yo...
−Es buen bailarín, Lucy. En La Academia nos daban clases de baile para eventos formales.
−Tigris, solo fueron clases, nunca tuve tantas oportunidad realmente de hacerlo.
−Solo porque tú te negabas, invitaciones espontaneas no te faltaban. Pero cuando practicamos los dos juntos para mi graduación, o durante la misma resultaste ser una gran pareja.
−No digas eso, fue bastante vergonzoso.
−No creo que digas eso cuando estés bailando con tu chica. Tienes tres semanas, practica con Lucy, recuerda lo aprendido y enséñale... todo lo que necesitas es más práctica y por supuesto, cierta conexión con tu pareja, que ambos se muevan en sintonía con la música y con el otro.
No sé cómo bailan en el Capitolio, por lo que no comento nada, ya que debe ser muy distinto a lo que el Covey suele bailar individualmente; inclusive el baile de pareja suele ser más alegre. Trato de hacer memoria por si he visto alguna vez parejas bailando en televisión, pero no viene nada a mi mente.
Acaricio los dedos de la mano que Coryo mantiene rozando casi mis rodillas.
−No tengo idea que hacen ustedes aquí, pero estoy dispuesta a aprender, tengo una ágil memoria en el baile.
−Estoy segura que sí, eres buena en eso.
Le dedico una sonrisa a Tigris, quien inclina su cuerpo más hacia mí y murmura:
−Ya que es estás, haz que mi terco primo se suelte un poco ¿sí?
−Haré lo posible –respondo.
−¡Puedo escucharlas! –recrimina él medio en broma, medio serio.
−Lo sabemos –contestamos casi al mismo tiempo riendo.
Él cierra los ojos y yo apoyo mi mano en su mejilla cariñosamente, acariciando con mi dedo pulgar su mentón y su labio interior para tranquilizarlo.
−Ustedes dos son iguales, me van a volver loco en el futuro.
−Pero así nos amas –dice Tigris con satisfacción, apoyándose en el respaldo de su silla y cruzándose de brazos–. Acéptalo y acostúmbrate.
−Si no queda otra opción...
Cuando abre los ojos nos observa a ambas y nos sonríe. Baja su cabeza hasta que sus labios quedan justo debajo de mi palma apenas recuperando su aspecto natural a causa de las quemaduras y deposita un beso en el centro sorprendiéndome por su delicado gesto, mirándome con sus preciosos ojos azules claros como el cielo durante el día.
En ocasiones, él puede ser muy dulce. Instintivamente, rodeo su espalda con mis brazos y él me atrae más cerca de vuelta en un acogedor abrazo, sin decir nada más por los siguientes minutos.
