Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.


CAPÍTULO 19: SNOW

POV CORIOLANUS

Estamos igual que la primera noche, en el sofá frente a la estufa encendida, viendo la leña arder.

−No lo había notado hasta ahora, pero me duele todo el cuerpo, Coryo.

−Caminamos mucho, Lucy. Aparte aún no estás en óptimas condiciones, has recibido mucho maltrato las últimas semanas.

Me siento culpable, tal vez esta larga salida fue demasiado para ella.

Ambos estamos recostados a lo largo del sofá con una almohada bajo nuestras cabezas y tapados con unas mantas.

Aparto unos mechones de cabello de su rostro y mantengo mi mano en su cuello.

−¿Mañana me acompañaras?

Tiene cita con su médico en el hospital, le quieren repetir estudios para comparar mejoras o deterioro.

−Claro, iremos temprano, vendrán a buscarnos. ¿Qué te hace pensar que te dejaré sola? Técnicamente, es mi responsabilidad.

Ninguno comió demasiado esta noche, porque volvimos bastante llenos de nuestro picnic, pero Lucy comió con gusto carne y sobre todo la sopa que preparó Tigris, porque era liviana y caliente.

−¿Qué pasa por tu mente ahora? –le pregunto notando como ella parece estar inmersa en sus propios pensamientos.

−Solo recuerdo todo lo que hicimos. Hoy fue un gran día.

−Somos novios.

−Esa fue mi parte favorita –confiesa.

Pero hubo alguien antes que yo, quien probablemente le hizo la misma pregunta. De alguna forma, quería superar cualquier expectativa de Lucy, ganarle a esa primera experiencia, para que la nuestra quedara grabada en su memoria. No pienso reconocerlo o decirlo en voz alta, ni quiero meter a nadie más en la conversación hoy, menos personas del pasado.

−Tú eres mía y yo soy tuyo ¿no es así?

−Sí. Nuestros destinos están ligados el uno al otro irremediablemente –agrega.

−Espero que siempre sea así.

Ambos sonreímos, hasta que Lucy se pone seria y alerta.

−La canción.

−¿Decidiste que me la merezco?

−Después de todo el esfuerzo de hoy… Claro, guapo.

De pronto, abandona el sofá sin darme tiempo a retenerla un rato más. Me siento y miro hacia atrás por encima del respaldo, sosteniendo la manta que estuvo a punto de caerse por el movimiento. Veo a Lucy buscar la guitarra y sacarla de su estuche.

−Estoy dudando sobre trabajarla con el teclado, o la guitarra.

Cierto. La he visto intentando con ambas alternativas.

−No importa lo que decidas, seguro estará bien.

−Ni siquiera la has escuchado, podría ser un completo desastre.

−Es imposible, tú eres muy perfeccionista.

En algo nos parecemos.

La tensión en su rostro es evidente.

−¿Estás nerviosa?

−Un poco.

−Ven conmigo y relájate. No te voy a juzgar negativamente por lo que escuche.

−Bien… poniéndolo de esa forma. Pero que conste que solo lo hago porque te lo prometí, no me haré responsable del resto.

Se sienta en la alfombra del suelo y yo la imito posicionándome frente a ella. Me quedo en silencio mientras practica unos acordes en la guitarra y su expresión tensa se suaviza a medida que queda conforme con lo que hace.

−¿Listo?

−Cuando tú lo estés.

Ella asiente, lee por última vez su libreta y luego la cierra.

Empieza los primeros acordes, siento que todo se detiene y solo soy capaz de concentrarme en ella, lo que toca, lo que canta y cada uno de sus movimientos. Cuando ella está con su música, se convierte en otra persona. Está canción sin duda es más personal, más sentimental tal vez. Solo me quedo mirándola expectante, deseando descubrir con que me va a sorprender esta vez.

¿Hablará sobre nosotros y la forma en la que nos empezamos a vincular? Tal vez mencione algo sobre su vida en el Distrito Doce, o la naturaleza. No sé qué esperar.

Todos nacen limpios como un silbido

Frescos como una margarita

Y no un tanto locos.

Permanecer así es una vereda difícil de arar

Tan áspera como un brezo

Como caminar por fuego.

Empiezo a imaginar cada detalle, es fácil crear una imagen mental de ello. A continuación, ella empieza a adentrarse en aspectos más personales.

Este mundo es oscuro y este mundo da miedo

Yo he recibido algunos golpes

Entonces, no te sorprendas de que sea cautelosa.

Es por eso que yo te necesito

Tú eres puro como la nieve recién caída.

Todos quieren ser un héroe

El pastel con la crema

El que hace y no sueña.

Trabajando duro

Basta alguno para cambiar la cosa

Como la leche de cabra a mantequilla

Como cubitos de hielo a agua.

Este mundo se hace el ciego cuando los niños mueren

Yo me convierto en polvo,

pero tú nunca dejas de intentarlo.

Entiendo porque dijo que sería mejor si no la canta en el Capitolio por ahora. Muchos sabrían interpretar entre líneas lo que quiere transmitir y a quien.

Lucy duda unos instantes sobre como continuar, pero cuando levanta la mirada para encontrarse con la mía, parece ver algo que la convence y continua sin dejar de tocar la guitarra. Es como si acabara de pensar los siguientes versos.

Es por eso que yo te amo

Tú eres puro como la nieve recién caída.

Frío y limpio remolinando sobre mi piel

Tú me ocultas

Te sumerges justo en…

lo profundo de mi corazón.

La canción finaliza, o al menos lo que ha compuesto hasta ahora, parece haberse tomado un especial cuidado en los últimos versos, saboreando cada palabra y sintiéndola dentro de ella, permitiendo de esa forma transmitirme todas sus emociones y las sienta en mi propio cuerpo.

Todo se queda en silencio repentinamente, tras unos acordes finales y deja la guitarra en el suelo, como una forma de indicarme que no hay nada más.

Mis ojos se cierran casi involuntariamente y mis manos se cierran en puños. No me doy cuenta que estoy derramando lágrimas, hasta que siento sus manos en mis mejillas y ella aparta las pequeñas gotas con sus dedos.

Es por eso que yo te amo

Tú eres puro como la nieve recién caída.

Vuelve a repetir.

−¿Coriolanus?

Tal vez esté demasiado conmovido; o es mi antiguo "yo", aquel al que este tipo de sentimiento le parecía un invento antes de conocerla, lo que me impide hablar. Pero solo atino a abrazarla y apoyar mi cabeza en su hombro. Ella me rodea la espalda con sus brazos. No es hasta que escucho su voz que vuelvo a levantar mi cabeza y nuestras miradas se encuentran.

Tú dices que me amas
Tú dices que te importo
Y cuando tú estás conmigo
Mi futuro está ahí.

Nos dejamos llevar por la emoción
Nos perdemos en los ojos del otro
Y olvidamos lo que lamentamos
Mientras dejamos de lado nuestros sentimientos.

Cuando las cosas se pongan difíciles en el mundo
Iré a donde sea que tú estés
Correré a ciegas en la oscuridad
Iré a donde sea que tú estés
Donde sea que tú estés
Juro que ahí estaré
Donde sea que tú estés
Juro que ahí estaré.

Olvídate de la violencia
Olvídate del mundo
Yo te veo sonreír
Y me quedo sin palabras.

Nos dejamos llevar por la emoción
Nos perdemos en los ojos del otro
Y olvidamos lo que lamentamos
Mientras dejamos de lado nuestros sentimientos.

Cuando las cosas se pongan difíciles en el mundo
Iré a donde sea que estés
Correré a ciegas en la oscuridad
Iré a donde sea que tú estés
Donde sea que tú estés
Juro que ahí estaré
Donde sea que tú estés
Juro que ahí estaré

Ahí es donde estaré
Juro que ahí estaré.

Esta canción la ha cantado anteriormente, incluso antes su entrevista practicando.

−La vida nos ha golpeado mucho, Coryo –empieza–. Pero incluso bajo esas adversas situaciones, sobrevivimos. Y somos conscientes de que lo nuestro no se dio de una forma normal –cuando empieza a hablar ella vuelve a abrir los ojos y clavar sus ojos casi dorados en los míos.

−Definitivamente, no hay nada normal en nosotros –coincido.

−¿Somos dos extraños pájaros?

−Eso creo –ella se ríe recordando la conversación del zoológico–. Dos personas excepcionales, que por razones del destino se encontraron –sigo explicando.

−Y la vida no fue amable con ninguno de los dos hasta ahora–continua.

−Todo eso fue precisamente lo que nos unió.

−¿Y qué haremos al respecto?

−Daremos pelea y venceremos sin importar que tengamos que enfrentar –afirmo–. No dejaremos que nadie, ni nada nos separe.

−No será fácil al comienzo, pero si lo deseamos con todas nuestras fuerzas y luchamos por conseguirlo, no habrá nada imposible para nosotros –finaliza.

−Sobrevivimos a un infierno, eso debe contar ¿no crees?

−¿En qué sentido?

−Somos fuertes, no nos pueden derrotar tan fácilmente.

Asiente.

−Lo somos y debemos seguir siéndolo. Pero tenemos que aprender a hacer algo más complicado.

−¿Qué cosa?

−Dejar el pasado en el pasado, para no seguir torturándonos por lo que no podemos cambiar. Dejemos que este amor sea nuestra vuelta de página, un nuevo comienzo. Ya nos hemos sentido un tiempo suficiente solos, pero ahora nos tenemos el uno al otro. Tratemos de ser felices con lo tenemos y con lo que podemos crear con el paso del tiempo.

−¿Crees que sea posible?

La guerra ha dejado secuelas y traumas en todos.

−Podemos intentarlo.

Pienso en como Lucy Gray le devolvió el color a mi vida desde el momento que apareció; en todo lo que he hecho durante estas semanas, porque por primera vez alguien me importaba de verdad, más allá de mi familia; y que está extraña chica hizo que me replanteara muchas cosas que antes no había siquiera considerado.

−Si te mantienes a mi lado, lo lograré.

Ella se ha convertido en poco tiempo en mi cable a tierra, de eso no hay dudas.

−Siempre lo estaré –responde.

Sonrío.

−Por mi parte, te puedo jurar mi lealtad y completa devoción.

Lucy me devuelve la sonrisa y refugia en mi pecho.

−En ese caso, seamos leales, incondicionales y devotos al otro.

Nos quedamos en silencio o conversando; con ella cantando y yo admirándola. Hasta que llegada la madrugada, le propongo bajar. La acompaño a su habitación y le devuelvo el peluche, la carta, la flor y el algodón de azúcar. Pero en vez de entrar y cerrar la puerta, simplemente se queda mirándome.

−Esta noche –empieza dudando, luego cierra los ojos y toma el valor suficiente para hablar–… ¿Podemos estar juntos?

Su pregunta me toma desprevenido.

−No me malentiendas. Yo nunca… No soy así.

Noto como sus mejillas se colorean demasiado por la vergüenza.

−No iba a decirte nada –la calmo y apoyo mi mano en su hombro.

−Es solo que no quiero no arruinar y terminar mi día con pesadillas y me siento más protegida cuando estoy contigo.

−Lo entiendo. Ven a mi habitación cuando estés lista –no sería la primera vez–. Esta vez, te esperaré despierto.

−Gracias, novio mío –besa mi mejilla y desaparece de mi vista rápidamente. Apoyo mi mano en la puerta ahora cerrada.

Novio mío.

Ese nuevo apodo me hace sonreír.

Seguramente Lucy va a demorar entre que se bañe y busque su ropa para dormir. De todas formas, me dirijo a la habitación para hacer lo mismo.


Cuando escucho que golpea la puerta, pasa bastante tiempo, entra con una bata puesta y el pelo completamente recogido.

−¿Te hice esperar mucho? –pregunta al observarme leyendo un libro, solo para intentar mantenerme despierto.

−No te preocupes, puedes venir.

Corro las mantas del lado izquierdo para que se acueste y cuando ella toma un lugar a mi lado, yo me acerco más y la rodeo por los hombros con mi brazo al notarla temblando.

−¿Tienes frío? –pregunto.

−Un poco, acabo de salir de la ducha.

−Al menos no te lavaste el cabello –veo que sigue tan lacio como se lo dejó mi prima.

Lucy se quita la traba la pelo y lo deja caer a sus costados.

−Aprendí que nunca debo dormir con el cabello mojado o húmedo.

−Porque te puedes enfermar.

−En el Distrito Doce, sí.

−¿Qué estás leyendo?

Cierro el libro se lo paso.

−Orgullo y prejuicio –murmura.

−Libros clásicos para la clase de literatura. Aún tengo una larga lista de libros pendientes.

−¿Es por mi culpa?

−Se podría decir que sí –contesto–. Mi responsabilidad desde que empezaron los juegos es cuidarte, los mentores nos atrasamos en La Academia durante todo este tiempo. Pero eso no significa que los profesores sean tan benevolentes con nosotros. Afortunadamente, nos han dado más tiempo para las entregas de los trabajos.

−Y yo pidiéndote que dediques todo tu tiempo a mí, me siento culpable.

−Tranquila, esa es una elección mía. Me sentiré peor cuando tú no estés a mi alrededor. Me pregunto si siquiera podré concentrarme en algo.

−Debes concentrarte en eso, ¿o cómo piensas graduarte? Te falta tan poco.

−Soy buen estudiante, Lucy. No me preocupa tanto.

−No me extraña ¿Qué tanto?

−Sejanus, yo, Lysistrata y Clemencia estamos entre los primeros de nuestra clase, bastante peleados diría.

−La chica de las serpientes. ¿Cómo está ella?

−Ahora no sé, pero el día que ganaste estaba mejor, si te sirve de consuelo; incluso me empezó a hablar cordialmente como antes.

−¿Ya no te odia?

−No, arreglamos los malentendidos.

−Me la tendrás que presentar, porque no la recuerdo.

−Es una buena chica, seguro le gustarás, mientras no menciones nada relacionado con serpientes.

−Luego de ese trauma, es comprensible.

Apoya su cabeza en mi hombro y lee las primeras páginas del libro.

−¿Qué sucede?

−¿Es bueno?

−No sé, es la primera vez que lo leo.

−Ayer terminé de leer uno que me regalaron. Era largo, pero lo terminé rápido, tenía un buen final.

−¿Te gusta leer?

−Bastante, a veces lo uso como un método para inspirarme, para escribir canciones o comprender sentimientos que tal vez nunca he sentido. Hay una biblioteca en la escuela del distrito, todo lo que leemos lo conseguimos allí.

−Te buscaré más para leer si quieres –prometo.

Si bien hemos sacrificado muchos libros viejos en nuestros peores tiempos durante los Días Oscuros. Mi familia siempre tuvo una colección bastante amplia, seguro encontraré algo de su interés.

−¿Tigris no te ha mostrado el despacho?

−No.

Y yo tampoco, porque daba por hecho que Lucy había entrado allí, cuando Tigris se ofreció a hacer un recorrido por la casa con ella.

−Ahí tenemos la biblioteca. Luego te llevaré.

Le quito el libro de las manos amablemente al notar como empieza a cabecear.

−Vamos a dormir.

−Por favor.

−¿Quieres que deje la luz prendida?

−No hace falta, nos tenemos el uno al otro para protegernos de las pesadillas.

Salgo de la cama, apago la luz general y vuelvo con ella. Se acomoda cerca de mí y me rodea con sus brazos. La luz de la mesa de luz ilumina nuestros rostros.

−¿La canción que compusiste tiene nombre?

−Sí, la titulé "Puro como nieve recién caída"

Ambos sonreímos.

−Gracias –le digo–. Me conmovió, no entiendo porque te sentías tan insegura al respecto.

−Porque te la iba a cantar por primera vez…a ti. Temía que no te gustara.

−Es perfecta.

Beso su frente.

−Serás el primero en escucharla terminada, también, incluso si estamos lejos.

−No, no quiero escucharla así.

−¿Entonces?

−Cuando nos volvamos a reencontrar.

−¿Por qué no con esos intercomunicadores?

−Porque ese será otro incentivo extra para traerte de vuelta a mí lo más pronto posible –explico.

−Es decir que cumplirá la misma función de tu polvera.

−Esa es la idea.

Lucy no deja de mirarme.

−Sí así lo quieres… el final de la canción será una recompensa no material para asegurarnos que volveremos a estar juntos, ¿trato?

−Trato.

Tomo su mano entre la mía y entrelazamos nuestros dedos.

Inclino mi cabeza y rozo sus labios, ella me devuelve beso al instante. Pero estamos demasiado cansados como para continuar.

−Te amo –murmura contra mis labios.

−También yo.

Lucy con ojos somnolientos apoya su cabeza en la almohada muy cerca de mí. Su cabello suelto roza mi rostro y mi cuello y la observo de reojo.

−Duerme –dice apenas abriendo los ojos para llamar mi atención–. Espero que esta noche, tampoco tengas pesadillas.

−Contigo a mi lado, lo dudo.

−Buenas noches –dice tratando de contener una sonrisa.

Me quedo un rato mirándola antes de siquiera pensar en dormir. Podría acostumbrarme a esto, a la sensación de su cuerpo tan cerca del mío mientras dormimos y la calma que siento al estar a su lado. La habitación se siente fría esta noche, pero ella me ofrece algo de su propia calidez. Con mi mano libre nos cubro mejor a ambos, cierro los ojos y luego intento dormir.

Mientras me voy quedando dormido me parece escucharla cantándome "La canción del Valle" nuevamente. Probablemente seguía despierta, después de todo. Simplemente me quedo en silencio escuchándola hasta que mis sentidos van desconectando de la realidad, su voz se vuelve más débil y me entrego al sueño deseando que su presencia aliviane mis miedos.