Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.


CAPÍTULO 21: PREPARACIÓN

POV LUCY

En los últimos días Coriolanus y Madame se están tomando muy seriamente el asunto de educarme para saber cómo comportarme con la gente que conozca en las próximas semanas y en ocasiones en el baile de pareja. Coriolanus me ofrece un cuaderno para hacer anotaciones, mientras Madame me da explicaciones y yo escribo tratando de memorizar todo.

Las lecciones de etiqueta son las más importantes y las más complicadas. A pesar de que yo he tenido que tratar con multitudes o gente importante en mis años de vida en el Distrito Doce, pienso que son demasiadas reglas y formalidades las que manejan en la gran ciudad de Panem. En los momentos que él me siente tensa, apoya su brazo en mi espalda, besa mi mejilla o se disculpa con Madame pidiendo un descanso para ambos.

Como ahora que ambos decidimos ir a la cocina para preparar café, ya que está cayendo la noche y ambos estamos cansados.

−Lo lamento.

−Está bien, me advertiste que sería así.

Tigris está en la planta baja trabajando a la par de las costureras y algunos asesores de moda a partir de nuestros diseños. Cuanto más se acerca el día de la entrevista, más presionados se sienten por acabar el vestuario rápidamente.

Pongo los granos de café molido en la cafetera, esperando que esté listo, mientras veo a Coriolanus sacar algunas cosas de la heladera para preparar emparedados.

−Mañana prepararé el desayuno –aviso.

−Como quieras –acepta.

Ahora ha dejado de tratarme como una invitada y ya se no queja cuando quiero ayudar, soy una más de la familia para todos. Eso es algo que me hace feliz.

−Te prepararé algo delicioso.

Tigris me informó sobre todo lo que le gusta a él, probaré alguna de esas recetas.

−No puedo esperar.

−Tendrás que ser paciente –acaricio su cabello. Sus rizos rubios son muy lindos y con sus ojos azules y su piel tan blanca parece un ángel. Al menos, es mi ángel guardián.

Estamos saliendo más seguido ahora, el doctor dice que me estoy recuperando; aunque los resultados de los análisis no han salido del todo bien, están mejor respecto a los anteriores. Lo que más le sigue preocupando son las quemaduras de mis manos, ha dicho que no deje tomar la medicación, ni de desinfectar mi mano y aplicarme todas esas pomadas que me aplico sin falta cada día.

−Coryo…

−¿Sí?

−No sé qué haría sin ti.

−Yo sí, si no nos hubiéramos conocido, tal vez tú no estarías viva y yo seguiría viviendo la misma monótona y aburrida vida de siempre, sin cambios, ni emociones.

−¿Qué significa eso?

−Me cambiaste –responde–. Alteraste mis esquemas y mis prioridades. Esa energía positiva y alegre que transmites es contagiosa.

−O tal vez solo aplica a ti, porque te gusto.

−Tal vez, no voy a negar que frente a ti bajo la guardia y me vuelvo vulnerable. Es la primera vez que me enamoro de alguien. Dicen que el amor cambia a la gente y estoy empezando a creerlo.

−Eso es mutuo –le dedico una sonrisa.

Nunca me he derrumbado frente a nadie, incluso en mis peores tiempos, intenté reservar esa parte para mí misma, pero nunca vi necesidad de fingir frente a él.

Él me devuelve la sonrisa y me da un beso en la frente. Colocamos todo en platos y selecciono algunas frutas para lavarlas. Empiezo a morder una manzana y coloco las demás en las bandejas que llevaremos al living.

−¿Siempre es así? ¿Tú y tu prima se encargan de todo? –pregunto curiosa.

−Sí, Madame nunca se terminó de acostumbrar. Toda su vida, tuvo sirvientes que la ayudaban. Los primeros años tras quedar huérfanos, nuestra abuela nos cuidaba más y estaba enfocada en el presente. Pero, con el tiempo nosotros nos acostumbramos a manejarnos solos y ser independientes. Tigris empezó a trabajar en el último año de secundaria, durante el último semestre según recuerdo.

−Afortunadamente, ahora no se tendrán que preocupar tanto, has salido victorioso en los juegos y eres uno de los mejores estudiantes, confío en que ahora tanto Tigris como tú lograrán algo grande dentro de lo quieren.

−¿Tigris?

−Cierto, no te dije. Hace dos días, tu prima quería que yo fuera para que me probara el vestido de la entrevista, ya que solo les falta hacer algunos ajustes. Cuando entré al salón y la vi entusiasmada enfrascada en una conversación con una pareja de diseñadores de alrededor de treinta o cuarenta años. Están encantados con ella y aparentemente le dijeron que pensara en la posibilidad de trabajar con ellos en el futuro. Pienso que esto puede convertirse en una gran oportunidad para dar a conocer su talento y le va a abrir puertas.

−¿Son conocidos?

−No estoy segura, pero si los enviaron para ayudar, deben serlo. Me parecieron muy amables. La mujer me ayudó con el vestido y le hacían a Tigris algunas sugerencias para hacerme ver más deslumbrante ante las cámaras. Los tres estuvieron cerca de una hora discutiendo sobre eso, mientras hacían pruebas sobre mí con el vestido puesto.

−Le preguntaré a Tigris más tarde. De todas formas, no dudo que ella pueda sacar algo bueno de esto. ¿Y tú?

−¿Yo qué?

−¿Qué harías si pudieras?

−Ni siquiera vivo en el Capitolio, Coryo –me río.

−Aún –contesta él–. Mi prioridad ahora es que regreses conmigo.

−¿Cuál era la anterior?

−Conseguir la beca, de ese modo, también podría ayudar a mi familia.

−Entonces fue solo por eso que accediste a ser mentor ¿no es así?

−No, ya me habían seleccionado, al ser la primera experiencia, nadie sabía que esperar. Yo creí que me sumaría algunos puntos y que negarme no me hubiera dejado bien parado al ser una decisión de los directivos. Eso fue antes de que sucediera el incidente en la arena, aquello que llevó a que el padre de Sejanus ofreciera ese premio especial para salvar a su hijo de un castigo. Ahora ya no importa. Si lo piensas, simplemente era lo que tenía que suceder para que nos conociéramos. Como tú siempre dices, el destino nos unió.

−Después de todo lo vivido ¿no te arrepientes? La beca probablemente la hubieras conseguido incluso sin tu participación en los juegos.

−No, porque todo lo malo que pasamos, me llevó a conocerte y valorarte. Ahora repito ¿qué te gustaría hacer si lográramos traerte de vuelta al Capitolio de forma definitiva?

−¿Por qué preguntas?

−Creo que deberías pensarlo, si eso llegara a pasar tendrías más posibilidades de desarrollarte en lo que desees. Todos tenemos un sueño, algo en lo que creemos ser buenos. Puede que quieras hacer algo más aparte de cantar.

Trato de encontrar en una respuesta a su planteo. Nunca lo he pensado, estando atrapada en un distrito minero, las opciones para las mujeres son limitadas, ese tiende a ser un trabajo para hombres.

−Viviría de la música y terminaría la secundaria, primero.

−¿Algo más?

−También tengo una inclinación hacia las materias humanísticas y sociales –confieso.

Él me dirige una mirada aprobatoria.

−Es un comienzo, tienes muchas opciones dentro de esa rama –hace una pausa y continua–. Volvamos con Madame antes de que venga a sacarnos de aquí por la fuerza.

Agarramos las bandejas y salimos de la cocina.

−Te daré una buena noticia, falta poco para acabar con la teoría. Ahora practicarás conmigo y verás que será más fácil para ti.

−¿No te reirás si fallo?

−Por supuesto que no. Soy tu mentor, debo ayudarte y guiarte. Aparte, es mejor que cometas errores conmigo, que frente a esas personas. Este es el momento ideal para equivocarte tanto como quieras; así aprenderás que debes hacer y decir en ciertas situaciones.