Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.


CAPÍTULO 22: CAMBIOS

POV CORIOLANUS

Me despierta el sonido del teléfono móvil, miro a mi lado y me encuentro con Lucy durmiendo tranquila cerca de mí. Hemos hecho esto todas las noches y nos ayudado a sentirnos más tranquilos, en ocasiones las voces del otro nos han despertado; o si no nos dábamos cuenta lo que pasaba, nos hemos convencido más rápido de que nada es real al comprender que estábamos bien.

Nos pasamos gran parte de la noche practicando y nos hemos dormido tarde. Aún así, es demasiado temprano como para que alguien llame, miro la pantalla y aparece un nombre conocido.

Cierto, en un día normal ya debería estar estudiando.

Para no despertar a Lucy, me voy al balcón.

−Satyria ¿Cómo está todo?

−Por aquí bien, Coryo. Tus compañeros te están empezando a extrañar.

Considerando que era de los más participaban en las clases, no me extraña.

−Y los demás profesores no han dejado de alabarte durante la primera semana de tu ausencia.

Desearía decir que extraño a todos, pero considero esto como unas pequeñas vacaciones junto a Lucy y mi familia. Con Tigris en casa casi permanentemente hemos vuelto a pasar más tiempo juntos como en los viejos tiempos.

−Solo serán unas semanas –le digo.

Satyria me pregunta cómo me ha estado yendo y sobre Lucy. Le cuento casi todo sin entrar en detalles. Su evolución de salud favorable, que se está adaptando con bastante facilidad al estilo de vida del Capitolio, que ha recorrido la ciudad y le ha gustado; también, lo buena que es en la música y que es muy inteligente, porque cada cosa que le enseñamos la aprende con una rapidez increíble, sin cuestionar casi nada. Ella afirma que tuve mucha suerte de que ella y yo fuéramos seleccionados juntos.

−¿Por qué ha llamado, profesora?

−La Doctora Gaul me informó que necesita que vengas a La Academia con tu vencedora.

−¿Con Lucy Gray? ¿Qué quiere hablar con ella?

−Se supone que no debo decírtelo, lo siento. No considero que sea algo grave, pueden venir tranquilos. El chofer irá a buscarlos después del mediodía. Estén listos para entonces.

−¿En el laboratorio?

No me gustaría que Lucy estuviera dentro con la cantidad de cosas extrañas que hay allí, mientras la mujer juega con ese conejo mutante capaz de arrancarte una parte del cuerpo, o algo peor.

−La reunión será en una de las oficinas, los esperaré a ambos en la entrada y los guiaré hasta ella.

−En ese caso, nos veremos en un rato. Gracias por avisar.

Entro y Lucy ha traslado parte de su cuerpo a mi lado de la cama, y sostiene mi almohada con sus manos; su cabello habitualmente recogido, ahora cae suelto, aparto unos mechones largos que cubren su rostro tratando de no despertarla. Decido esperar un rato para llamarla y hacer otras cosas. Organizo todos los trabajos terminados y los coloco de forma ordenada en folios para entregarlos dependiendo de la materia y profesor.

El sueño de Lucy parece demasiado profundo. Se siente reconfortante poder tener esta imagen todos los días, me invade paz y tranquilidad saber que está a salvo y conmigo. Lástima que no vaya a durar mucho tiempo.

−Lucy –cuando veo ya son las nueve y media, me recuesto a su lado y la llamo. –Es hora de levantarse.

Ella empieza a moverse y sé que me está escuchando. Estiro mi mano y acaricio su rostro. Hace algunos ruidos suaves y quejidos.

−Prometiste que prepararías el desayuno, cariño –le recuerdo.

Abre los ojos perezosamente al comienzo y luego de unos segundos centra su vista en mí.

−Solo cinco minutos más –recostándose en mi pecho, abrazándome y volviendo a cerrar los ojos–. Justo así.

−Si me sujetas de esa forma, no puedo negarme.

−Perfecto, porque no te lo permitiré.

Nos quedamos varios minutos así, sin hablar, ni hacer nada, hasta que Lucy levanta la cabeza y me mira completamente alerta ahora.

−Te amo.

Y sin darme tiempo a contestar, me besa y sale de la cama animada. Hasta que nota que, en vez de mi pijama, llevo una camisa y pantalón de vestir.

−¿Qué haces vestido tan formal?

−Me cambié mientras tú dormías. Tenemos un compromiso de último momento, pero hay tiempo, será luego del mediodía.

−¿Debemos ir al hospital?

−No, a La Academia.

Por un momento se altera, luego se recompone.

−Tiene sentido, el día se acerca cada vez más. ¿Es por la entrevista?

−Supongo. Lo descubriremos cuando lleguemos allí.

Ella cierra los ojos, e intenta serenarse.

−Oye, estoy contigo, te juro que no es para nada malo.

−Lo sé, solo que me cuesta lidiar con los recuerdos.

Me levanto y la envuelvo con mis brazos, atrayéndola a mí. La comprendo, la cosas que vimos y escuchamos allí el mes anterior fueron desagradables.

−Si te sirve de consuelo, yo también preferiría no ir.

Ella se ríe un poco.

−No importa, hay ciertas cosas que no puedes controlar. ¿Estaremos juntos?

−No te dejaré sola –prometo.

Yo la acompaño a la cocina y termino unos trabajos, mientras la observo moverse de un lado a otro cocinando, en un día normal la ayudo, pero hoy quería hacerlo sola. Ella no me molesta, Madame entra a saludar y dice que estará en el tejado regando las plantas mientras tanto.

Saca algunas latas de verduras conservadas y usando varias sartenes las prepara y condimenta por separado; con la carne cortada muy fina hace una especie de arrollado con relleno de verduras. En el horno, prepara unas tartas dulces, aprovechando las frutas que de no prepararse de inmediato se van a echar a perder. El olor a comida se hace más fuerte y me abre el apetito, Lucy es una buena cocinera. Me conformo con mi taza de té, por ahora.

Hasta que sirve dos platos y los deja frente a mí.

−Arrollados de carne, huevos fritos, garbanzos con repollo y trozos de salchichas cocinados al horno.

−¿Esto es un desayuno o un almuerzo, Lucy? –es demasiado solo para el desayuno.

−Para nosotros ambas –contesta–. No volveremos hasta la tarde, entonces, comamos bien.

Guardo todos los papeles en una carpeta y la dejo a un costado.

Lucy me ofrece unos cubiertos sin dejar de sonreír. Los acepto y acerco el plato a mí. Me tomo tiempo para saborear la comida, siendo consciente de su mirada fija en mí, esperando una opinión, expectante. No es por criticar a Tigris, pero Lucy tiene un estilo particular de cocinar, su comida sabe diferente y es igualmente deliciosa. No me extraña, porque ella y el Covey deben conocer platos de diferentes distritos. Cada distrito tiene su peculiaridad.

−¿Hay algo que no hagas bien? –pregunto bromeando.

−Seguramente, pero soy buena cocinando. Eso dicen todos.

−Teniendo una familia tan grande, debes ser la mejor. La carne tiene buen sabor.

−¿No está muy condimentada? En casa acostumbro a hacerla así, pero no sé cómo lo prefieren ustedes.

−Está perfecta, me gusta así –la tranquilizo y me llevo trozo a la boca.

−Voy a buscar a Madame. ¿Dijiste que no le gusta mucho lo dulce ¿no?

Ella mira la torre de hotcakes que dejo a un costado de mí para después. Creo que los rellenó, aunque no presté atención con qué.

−No mucho, pero no creo que te rechace eso.

−Ya vuelvo –avisa y desaparece de mi vista.

Cuando regresa con Madame, todo está en la mesa, yo me adelanté y serví un plato para cada una de ellas. Lucy se sienta a mi lado y Madame en una punta. Lucy bebe de jugo, pero no se atreve a comer hasta que Madame lo hace.

−Delicioso, querida. ¿Quién te ha enseñado?

Lucy suspira aliviada de que le guste.

−Es otro de mis talentos, pero en mayor medida, aprendí gracias al Covey y su diversidad culinaria; o sola, por ensayo y error.

−Encantador, es bueno saber que desenvuelves bien en varios aspectos, eres una chica bastante madura y preparada para tu edad –Lucy agradece. Miro de reojo a Madame y realmente parece estar disfrutando la comida, sonrío por impulso–. ¿Has visto a tu prima, Coriolanus?

−No la hemos visto, Madame. Debe estar trabajando abajo, porque desayunó y se fue.

−Mi nieta no se toma ni un descanso.

−Al menos está haciendo lo que realmente le gusta –comento–. No habrá forma de sacarla de su mundo ahora. De todas formas, le prepararé una bandeja y se la llevaré antes de irnos, esperaba que ella también pudiera comer algo.

−Claro, de paso veremos que está haciendo. Y lleva una de esas tartas para que comparta con los demás.

−Estarán listas en media hora.

En los últimos días, Tigris se ha pasado días enteros con las demás costureras, les llevan comida y aperitivos para sus descansos, pero en ocasiones con Lucy preparamos alguna cosa más para llevarles. Por otro lado, resulta sorprendente todo lo que el Capitolio está invirtiendo en Lucy, en mí y los juegos. Es un cambio radical en lo respecta a todo el manejo de los Juegos del Hambre.

−¿A dónde piensan ir? –pregunta mi abuela.

−La Doctora Gaul quiere vernos a ambos para hablar sobre la entrevista. No dije nada antes, porque no sabía. Me llamaron esta mañana.

Me mira con desconfianza.

−¿Fue quien te envió a la arena para rescatar a tu compañero y creó las serpientes?

Ella no sabe todos los sustos que esa mujer me ha dado, la forma me ha utilizado, o todo lo que me ha arrastrado a hacer y es mejor que lo siga ignorando.

−Sí.

−Sé que es la Vigilante en Jefe, pero ten cuidado, Coriolanus. Trata de involucrarte lo menos posible con ella. Lo mismo va para ti, Lucy.

−Trataremos de no meternos en problemas –aseguro.

Sin embargo, los dos estamos atados de pies y manos por todo lo que hicimos.

Lucy asiente.

−Nos cuidaremos el uno al otro –agrega mi novia–. No sería la primera vez que nos salvaríamos mutuamente.

−Somos un buen equipo ¿verdad? –pregunto.

−Desde el primer día –afirma–. Estaremos bien, Madame. No se preocupe, sabemos lo que enfrentamos.

Cuando el chofer nos avisa que está esperándonos, bajamos con la comida para Tigris y las demás. Ella ha puesto la ropa para ambos en los maniquíes y le está haciendo algunos ajustes y costuras a mano.

Los otros están realizando diferentes tareas alrededor del salón.

−Vinieron.

−Solo de paso, queríamos dejarte esto –contesta Lucy.

Ambos llevamos las cosas a la mesa redonda donde generalmente comen y ahora solo hay algunas canastas con comida. Tigris deja todo y se acerca a nosotros.

−Esta vez, Lucy hizo todo –comento mientras ella ve lo que le trajimos.

−Gracias, Lucy.

−Pueden compartir, creo que alcanza para todas. Pero esto lo hice especialmente para ti.

Lucy abre la lonchera opaca y se la entrega.

−¡Qué lindo detalle!

−Es lo menos que podía hacer, muchas veces lo único que comía era lo que tú me preparabas. ¿Puedes calentarlo aquí?

−Instalaron un microondas para calentar las viandas que nos traen todos los días y la comida que traen desde sus casas. Nos tomaremos un descanso en un rato, prometo que lo probaré. ¿Van a pasear?

−Desearía que fuera eso...

−¿Algo anda mal?

Mi prima vuelve a guardar tapar la comida y dejarla en la mesa y nos mira alternativamente.

−No es nada, cuando volvamos te contamos. Sigue con lo tuyo y no te preocupes –intento quitarle importancia–. Ya casi están.

−Así es, ahora los estaba terminando. Se van a ver geniales. ¿No les informaron de los cambios?

−¿Cuáles cambios?

−Los van a entrevistar juntos, fue algo que se decidió entre ayer y hoy. No estoy segura.

Al notar nuestras caras de sorpresa, hace una leve mueca.

−Se acaban de enterar.

Por eso nos llamaron, para informarnos personalmente del cambio.

−¿Por qué harían eso? –pregunta Lucy.

−No sé los motivos, supongo que ahora les van a decir. Avísenme cualquier cosa que sepan, sobre todo si eso afecta nuestro trabajo.

−Te mantendré informada –prometo.

Salimos a la calle confundidos por el cambio repentino.

En principio, yo no iba a ser entrevistado, solo la actual vencedora tendría esa posibilidad. Como mentor debía entrenarla y acompañarla detrás de cámara. Durante mi última conversación telefónica con la Doctora Gaul, recibí la misma información. Esto es extraño considerando que prácticamente todo estaba definido.

Tomo la mano de ella y nos dirigimos hasta el auto negro habitual. El chófer deja atrás el edificio tan pronto como ponemos seguro en las puertas.

Sin importar cuál sea la razón, la sabremos ahora.