Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.
CAPÍTULO 23: ESTRATEGIA
POV CORIOLANUS
Lucy no suelta mi mano en todo el camino, aunque no estoy seguro si lo hace para darme ánimos o derrumbarse ella misma.
Satyria nos recibe con el uniforme común a todos los profesores y su aire sereno. Pero al ver a Lucy la abraza. Si bien es una de las más personas más afectuosas entre todos los profesores; lo que me asombra que ella le devuelva el gesto.
−¿Ya se conocen?
−De hecho, sí. Tu chica estaba mal tras su llegada desde la arena, le di comida y también algo de beber para que recuperara fuerzas. Ella estaba muy nerviosa porque no te veía, le dije yo que era cercana a ti, le aseguré que estabas bien y que pronto se encontrarían.
−Se quedó conmigo todo el tiempo que tú estuviste en el laboratorio, incluso fue a acompañarme mientras unas enfermeras me limpiaban y me hacían curaciones.
−No sabía –respondo. –Gracias por cuidarla, profesora.
−No fue nada, es una adorable jovencita –toma las manos de Lucy entre las suyas y ambas sonríen.
−¿Te sientes mejor?
−Me estoy recuperando, según los médicos aún no estoy completamente sana, continuo con una dieta, tomando medicamentos y tratando las heridas diariamente.
−Te ves bien respecto a hace dos semanas, se nota que los Snow te cuidan.
−Tuve suerte.
−No lo dudo –nos sonríe a ambos. –Por favor, síganme.
Nos guía al primer piso, hasta una de las salas audiovisuales. Unos Agentes de Paz están en la puerta, no nos revisan porque no llevamos nada extra aparte de nuestros abrigos, salvo la carpeta que le entrego a Satyria, al ver el contenido, me promete que se lo entregará a quienes corresponda y se retira.
−Pueden entrar –avisa uno de los Agentes de Paz.
−Gracias –contesto y sujeto el brazo de Lucy alejándola de ellos y tratando de ignorar la forma en que el más joven la examina.
Ingresamos y no vemos a nadie dentro, hasta que una voz femenina nos llama desde un cubículo.
−Qué alegría verlos, los estaba esperando.
−Nos disculpamos por la tardanza. Hubo bastante tráfico, nos quedamos al menos quince minutos varados –justifico.
La mujer sale de las sombras y nos invita a sentarnos alrededor de una mesa blanca redonda, en el centro hay unos sobres marrones y una notebook.
−El chofer me informó. Es mi culpa, elegí un mal horario para que los fueran a buscar, por desgracia, era mi única hora libre. Me preocupaba que les hubiera pasado algo.
−¿Por qué?
−Hubo un accidente de tráfico en cadena hace un rato, aún estaban tratando de averiguar las identidades de algunos. Afortunadamente, las victimas no fueron ustedes.
Lucy mira todo su entorno con sorpresa y fascinación, seguramente porque nunca vio tantas pantallas y equipos de última tecnología, la pantalla en la pared está encendida y aunque no tiene activado el volumen ahora, están transmitiendo el noticiero, nuevamente, deben estar hablando de Lucy Gray, ya que transmiten imágenes de ella en la arena.
La Doctora Gaul sonríe ante su interés, pero no dice nada, hasta que Lucy recuerda que tenemos compañía y vuelve a centrar su atención en la anfitriona. Se sienta de forma adecuada, sonriéndole amable y empezando su show, esta vez poniendo en práctica todo lo que Madame y yo le hemos enseñado.
Por respeto, ella espera que empiece a hablar.
−Es un placer conocerla en persona, señorita Gray.
−Lo mismo digo, Doctora Gaul. Recuerdo haberla visto un par de veces a la distancia.
−¿Se siente mejor?
−Me siento considerablemente bien, gracias por la preocupación y las atenciones que me dieron en este tiempo.
−Veo que el señor Snow está educándola bien.
−Es un excelente mentor. Estoy aprendiendo mucho gracias a él y su familia.
Lucy me mira de reojo y sonríe de lado. Yo asiento y le devuelvo la sonrisa. Lo está haciendo bien.
−Estoy de acuerdo, el señor Snow es uno de nuestros mejores descubrimientos, solo debe aprender a explotar sus habilidades, estoy segura que destacara en cualquier cosa que haga.
Hace una pausa y me mira, antes de que los nervios aparezcan, Lucy me ofrece su mano, la tomo y procuro mantener la calma.
−Confío en que será así, nunca he conocido a una persona tan inteligente como él –coincide.
Espera que diga algo más profundo o inapropiado respecto a mí, pero no lo hace.
−Por supuesto en algunos distritos la gente no se caracteriza por ser muy inteligente.
−Por desgracia, debo darle la razón. De serlo no habría habido guerra, me refiero a los rebeldes, fueron manipulados por el Distrito Trece en su momento.
−Es un buen punto de vista, señorita Gray. Imagino que los suyos...
−No apoyábamos a nadie, solo tratábamos de sobrevivir y ser nosotros mismos. Pero incluso huir no sirvió de nada, la guerra nos tocó a todos, muchos de nosotros quedamos huérfanos en medio de ataques rebeldes, una verdadera tragedia.
−No hay duda de que usted es diferente. Interesante chica, Snow.
Esta es la estrategia de Lucy para ganarse la confianza de ella. Sabe cuanto desprecia a los distritos y lo utiliza en su favor, aunque, en parte sé que ese es su pensamiento.
−Es una chica particularmente curiosa e interesante. Cada día nos sorprende con algo nuevo. Se está adaptando rápidamente al Capitolio y la gente.
−Es llamativo considerando que hasta a una familia de distrito que viene a vivir aquí, le toma meses acostumbrarse o nunca se acostumbra del todo –con lo último sé que se refiere a Sejanus y me tenso al recordar los eventos pasados.
−Me sé adaptar a los cambios de lugares y creo que antes he estado aquí con el Covey, a veces vienen a mi mente algunos recuerdos. Seguramente no me acostumbraría tan rápido a esta ciudad, si hubiera vivido en un solo lugar toda mi vida. No considero que sea un cambio drástico para gente como nosotros.
−Tiene lógica. ¿Conoce muchos distritos?
-Bastantes, es agradable conocer la diversidad que ofrece Panem.
Hay algo en la mirada de la Doctora Gaul, que no puedo decifrar, pero no parece completamente malo, como si estuviera analizando la posibilidad de descubrir de donde es realmente Lucy Gray.
−En una entrevista dijo que perdió a su madre. ¿Qué pasó con su padre?
−No conozco a mi padre biológico, y no sé dónde lo conoció mi madre, ya que murió antes de siquiera empezara a cuestionarme mi origen.
−¿No le gustaría saber quién es?
−¿Tendría algún sentido averiguarlo? Él probablemente nos abandonó, o tal vez esté muerto igual que muchos otros. Sea cual sea la alternativa, no volverá, o no me quiso en su vida.
−Tal vez, sí; tal vez, no. Al menos sabría algo de su pasado y eso no tiene nada de malo, todos merecemos saber de dónde venimos. No importa, no lo tome personal. Lo que pasa es que hay tan poca información sobre usted que siento curiosidad, en los registros solo figura que fue adoptada por un hombre del Distrito Doce, que murió hace un año; no se sabe mucho más.
−Formalmente, Michael Sullivan era nuestro tutor.
−Comprendo –responde mientras anota algo en su libreta. –Ahora les explicaré el motivo por el que su presencia era requerida. No creí que fuera un asunto que pudiéramos resolver por teléfono. Se realizó otra modificación, las entrevistas serán para ambos, individuales y en pareja. El orden de las mismas lo decidirá el canal ese mismo día. Lo que es seguro es que la única transmitida en vivo será la segunda. Abran el sobre más grande –pide.
Del mismo saco tres juegos de fotocopias.
El primero a mi nombre, el segundo es para Lucy, y el tercero para ambos.
−Necesito que los lean y memoricen. Considérenlo una guía, es muy probable que solo alcancen a hacerles solo cinco o diez preguntas a cada uno, pero deben saber que contestar en caso de que les toque.
En las individuales, hay una posible pregunta y su respectiva respuesta.
−¿Debemos contestar esto tal cual? –pregunta Lucy adelantándose.
−Pueden cambiar alguna cosa o decirlo con sus palabras; quiero prevenirlos, por si se quedan sin saber que responder. Solo les pido que no se salgan demasiado de lo que está escrito. Todo debe salir según lo planeado.
Las preguntas de las hojas no son personales, solo sobre el desarrollo de los juegos desde la cosecha y nuestra participación en ellos.
−Por supuesto, también les harán preguntas personales, pero no estoy a cargo de eso. Solo me interesa que cada uno responda de forma adecuada todo lo referente a los Juegos del Hambre, también el papel que cumple el Capitolio y los distritos. No mucho más que eso.
Ambos dejamos las fotocopias en la mesa casi al mismo tiempo y peleamos por agarrar el restante, nuestras manos tocan y la Doctora Gaul se ríe.
−Tal para cual –comenta en voz baja.
Nos sonrojamos.
−Antes de que lean, me gustaría que revisen el contenido del otro sobre, entenderán mejor el enfoque una vez lo vean.
Lucy lo agarra con rapidez y me lo pasa, su mano tiembla levemente, lo noto cuando nuestras manos se juntan.
Este es más pequeño, pero bastante pesado y firme. Es papel grueso definitivamente. Lo abro sin pensarlo demasiado.
Cuando veo las fotos, mis antiguas sospechas se confirman, ese día en el hospital mientras besaba a Lucy escuché el sonido de una cámara. Lo que encuentro ahí, no es nada más, ni nada menos que las fotos del momento, junto a otras de nosotros menos comprometedoras y un pequeño chip que sostengo entre mis dedos.
−¿Nos puede explicar qué es esto?
−Esa memoria contiene vídeos –explica y la inserta en su computadora portátil y su contenido se reproduce automáticamente en la pantalla gigante de la pared. Nos estuvieron siguiendo en más momentos de los que creí posible.
−¿Nos mandó a espiar? –pregunto.
−Ni yo, ni La Academia tuvo nada que ver con esto, ¿por qué lo haríamos? Yo ya sabía que probablemente pasarían a otro nivel de relación a estas alturas y sinceramente me daba igual, son libres de hacer lo que quieran en privado.
−Entonces ¿quién fue?
−Todo este material ha llegado a manos de Capitol TV la semana pasada, a través de diferentes informantes anónimos, un amigo me avisó sobre esto y pedí que lo mantuviera en secreto. Entre los tres debemos decidir qué hacer con estas pruebas.
−¿Por qué no las han publicado? Desde el punto de vista de un canal, esto debe ser un chisme jugoso –dice Lucy, considerando la posibilidad.
−Lo es, pero resulta imposible. Nosotros controlamos que queremos que se sepa y que no. O en este caso, cuando. Cualquier cosa que digan o no en esta época, es porque La Academia al estar directamente relacionada con Los Juegos del Hambre, lo ha autorizado. Prometieron que nos darían tiempo, pero en Capitol TV, todos está muy ansiosos por sacar a luz su romance, piensan que sería beneficioso para que la gente vea los Juegos del Hambre de una forma más positiva y menos... siniestra.
−¿Y usted qué piensa? –interrumpo.
−Pienso que es algo tonto –responde . –Sin embargo, no niego que podría funcionar para atraer el interés de la gente. Es evidente a las personas no les gusta ver chicos matándose entre sí para sobrevivir, a la población en general le mueve el show y el sentimentalismo. Objetivamente hablando, considero que se sentirán conmovidos con su relación. Todo empezó como un trágico romance y pese a todo tuvieron su final feliz.
−¿Se ha olvidado que Lucy Gray no es del Capitolio? –pregunto sorprendido, sabiendo lo mucho que esta mujer detesta al mundo, ahora actúa como si no le importara el origen de mi novia.
−Por supuesto que no, pero técnicamente su chica tampoco es de los distritos. Es un punto a su favor. Además, todos la adoran, esto nunca había pasado en toda la historia de los juegos.
−¿Eso significa que no ve ningún inconveniente en que lo hagamos público?
−Justamente eso es lo que tienen que hacer. Les harán preguntas sobre como floreció el amor en medio de una desafortunada circunstancia; a lo que deberán contestar con la verdad. Si hablan de ustedes como pareja, en consecuencia, hablarán de los Juegos de Hambre. Todos salimos ganando. Hippity, hoppity –al decir lo último me dirige una mirada a mí, esperando que entienda lo que pretende.
Si yo le pertenezco a Lucy, y ella me pertenece a mí; lo segundo es una forma disimulada de decir que la vencedora le pertenece al Capitolio. Dejar en evidencia eso, es lo único que le importa a esta mujer.
Lucy busca las otras copias y empieza a leer atentamente cada hoja.
−No hay respuestas preparadas aquí –comenta con cierto desconcierto.
Me acerco más y veo que efectivamente, solo hay preguntas y espacios punteados para rellenar.
−No hay ninguna, porque esta parte será personal, deben contestar con sinceridad. Conjeturo que van en serio, teniendo en cuenta que la petición dirigida al Presidente Ravinstill para que la señorita Gray viva en el Capitolio en un futuro.
−¿La petición le llegó? –pregunto, Lucy al igual que yo, está sorprendida por la rapidez con la que actuaron los amigos de Pluribus Bell.
−Sí, ya lo está considerando y pidió mi opinión. Él asegura que ansía conocerla en persona. Si quieren tener una respuesta positiva deben impresionarlo en las próximas semanas, ese es mi consejo.
Trato de reprimir la sonrisa que amenaza con formarse en mi rostro, aún así mis ojos deben delatarme. Hay algo escalofriante en la forma en que nos mira esta mujer al ver nuestras reacciones, tal vez acaba de descubrir otra forma para mantenernos atados y que hagamos todo lo que ella quiere. Ella se mueve alrededor de la mesa dando una vuelta, hasta que se detiene detrás de nosotros, pegándonos más y apoyando sus manos en nuestros hombros.
−Y si quieren mi ayuda, deben convertir estos Juegos del Hambre en algo inolvidable. Ya saben, podría mover algunas fichas para acelerar el proceso. Sin embargo, hay un protocolo que cumplir, la actual vencedora deberá al Distrito Doce y estar unos meses allí. Si las cosas salen bien, no sería mucho tiempo. Y estoy segura que usted, señorita Gray, será recibida con los brazos abiertos por todo el Capitolio y no solamente por su novio y mentor.
Mantenemos una expresión serena e imperturbable. Ambos somos buenos fingiendo cuando nos lo proponemos.
−No tengo apuro y sé que Coriolanus tampoco. Comprendemos que debemos ser pacientes, Doctora Gaul. Estamos dispuestos a decir públicamente lo que sentimos y haremos nuestro mejor esfuerzo en los eventos de las siguientes semanas o meses –la observo de reojo, hasta su expresión facial suena convincente.
Oficialmente ahora incluso nuestra relación será una fuente de entretenimiento. Pensándolo detenidamente me doy cuenta que fue así desde el comienzo, con las cámaras grabando con especial interés nuestra interacción, nosotros solos empezamos con esto y esto no hará más darle a la gente un tema más de conversación.
La Doctora Gaul vuelve a su asiento.
−Hay potencial aquí, eso me da esperanza, porque tienen justo lo que se necesita para darle vida a los Juegos del Hambre y me refiero a ustedes dos individualmente. Si cooperamos como equipo, les aseguro que será un antes y un después en muchos aspectos. Creo que podremos hacer grandes cambios, siempre para mejor.
Recuerdo como alabó la forma en que Lucy trató con decenas de serpientes mutantes venenosas sin mostrarse temerosa y tratándolas como si fueran una extensión de ella, vio algo en Lucy en ese momento que le atrajo evidentemente. Me pregunto si planea utilizarla como su ayudante en el laboratorio, aprovechando esa seguridad y valentía ante los peores escenarios, más allá de que aparentemente también quiera que ella haga lo mismo que yo este año y le toque ser mentora como parte de su entrenamiento.
−Ya tendremos tiempo de hablar sobre esto más adelante. Por el momento, les deseo suerte.
−¿Qué harán con el material que nos acaba de mostrar?
−Seguirá guardado bajo llave hasta tres días antes de la entrevista. Cuando esto salga a luz, será un completo escándalo, la gente empezara a crear teorías, pero no aclararemos nada, tampoco saldrán del edificio, porque seguramente estarán atentos a cada uno de sus movimientos.
−Esas dudas y curiosidad incentivarán a la gente a que nos vea y no se pierda nuestras entrevistas –agrega Lucy.
−Ese es el objetivo principal. ¿Aceptan mi propuesta? Les daría algunos días más de relativa paz.
−Aceptamos –contestamos.
−Perfecto –ella ve su reloj de mano y nos vuelve a mirar. – Eso es todo. Sepan disculparme, tengo una clase que dar ahora mismo. Lleven sus guías y también esto.
Extrae la memoria de su computadora vuelve a guardarla en el sobre junto a las fotos y me lo entrega.
−Tal vez quieran conservarlo como recuerdo.
Sale de la sala, despidiéndose de nosotros y diciéndonos que la próxima vez que nos veremos será el día de las entrevistas.
Ambos nos quedamos en silencio tras su partida varios minutos, hasta que yo lo rompo.
−Nos tenemos que ir –le digo.
Los Agentes de Paz nos despiden y nos marchamos, sin mirar hacia atrás. En el auto ni siquiera hablamos, pero ella se recuesta sobre mi hombro y se aferra fuertemente a mi brazo.
−¿Quieren que los lleve a algún lugar antes?
−¿Nos puedes llevar al parque? Solo por una hora.
−Los dejaré donde deseen.
Nos detenemos cerca de una zona solitaria, y le prometemos que volveremos pronto.
Caminamos en silencio hasta una pérgola circular y nos sentamos en un costado cerca de las escaleras.
−¿Quieres hablar? –pregunto.
No contesta.
−Lo siento –me disculpo.
−Es aterradora, no importa que tan bien nos trate –reconoce. –No es que no me hayas advertido, pero esperaba que exageraras o algo.
Rodeo su espalda con mis brazos y la acerco a mí.
−No hablemos sobre lo que pasó si no quieres.
−De acuerdo. ¿Éste es tu escondite? –pregunta.
−A veces, casi nunca hay nadie, es una ventaja cuando quiere estar solo.
−Coryo...
Ella se atreve a mirarme y la miro esperando que siga hablando.
−Nos va a seguir utilizando y no podemos negarnos.
−No tenemos opción, Lucy. No ahora, al menos.
−Estaremos bien ¿cierto?
−Te lo prometo, porque nos protegeremos mutuamente. Además, ella cree necesitarnos, si seguimos sus reglas, no nos pasara nada.
−¿Cuáles son sus reglas?
−No mentirle y no crear problemas.
−Hoy no mentí.
−Sé que fuiste sincera. Solo no olvides esto –hago una pausa y me aseguro de tener toda su atención, –debemos ser más inteligentes y no desviarnos de la línea. ¿Puedes cumplir con eso?
−Sí, puedo.
−Siendo así, no temas –murmuro en su oído para que solo ella me escuche. –Nos concentraremos en encontrar una manera adecuada de revelar nuestra relación como nos indicó. Y lo que sea que venga en el futuro lo enfrentaremos juntos.
No nos quedamos mucho tiempo, solamente lo suficiente para distraernos y olvidar el momento incómodo, jugamos con una pelota de tenis que encontró en la habitación que ocupa, ni siquiera sé porque la lleva en su abrigo ahora. Nos reímos cuando el otro no la puede agarrar a tiempo y la debe ir a buscar, pero el hecho de concentrarnos en una actividad neutral, nos hace volver a nuestro eje nuevamente. Cuando creemos que pasa una hora, volvemos al auto y nos dirigimos directamente a casa.
El resto del día, ella decide ir arriba a dedicarle tiempo a la música, su propia terapia; yo la acompaño en la otra punta del sofá leyendo un libro y escuchándola. En algún momento me empiezo a sentir cansado mientras canta baladas. Lo último de lo que soy consciente es de su cálida y pequeña mano acariciando mi rostro y que me cubre con una manta para que no pase frío.
−Descansa, amor. Me quedaré a tu lado –susurra.
Con la seguridad que me da su compañía, me duermo casi de inmediato.
