Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.


CAPÍTULO 24: FUTURO

POV CORIOLANUS

Despierto por la mañana con los primeros rayos del sol, y veo a Lucy dormida en el sofá de en enfrente. Aparentemente el cansancio nos ganó a ambos y no bajamos a la habitación. Me siento y me estiro sin hacer demasiado ruido para no interrumpir su sueño. Ayer tuvimos nuestro encuentro con la Doctora Gaul y ambos nos sentimos algo estresados por la charla. Aún no tengo seguridad si esto nos beneficia o perjudica, pero no tenemos opción.

Le dirijo una última mirada a mi chica antes de salir por la puerta e ir a la planta inferior. Le prometí a mi prima que le diría lo que pasaba. Ella nos vio llegar, pero al ver nuestra preocupación, decidió darnos nuestro espacio.


Tal como esperaba, la encuentro desayunando sola en la cocina. Levanta la cabeza rápidamente cuando me ve y mira a mis espaldas probablemente esperando que Lucy me haya seguido los pasos nuevamente como cada mañana.

−Vengo solo –le digo–, Lucy se quedó dormida arriba.

Me sirvo té y me siento junto a Tigris en la mesa.

−Es muy temprano y no vinieron a cenar en la noche.

−No quisimos, nos quedamos dormidos en los sofás –reconozco–. ¿Cómo va todo?

−Ya terminamos varios trajes y vestidos. El vestido del banquete de Lucy es mucho más detallado, ese tomara más tiempo y tu traje para el mismo lo hemos empezado ayer. Procuramos adelantar tanto como podemos cada día. Y es un hecho que necesitaran más para los eventos en el Distrito Doce, y eso será lo último que haremos. Pero esto no te importa en lo absoluto ahora; te veo preocupado, Coryo –observa.

−La Doctora Gaul quiere que hagamos nuestra relación publica y no solo eso, le dijo a Lucy que quiere que siga participando en los siguientes juegos, que los dos participemos, porque cree que podremos hacer grandes cambios juntos.

−¿Y ella no lo tomó bien?

−No estoy muy seguro, creo que la asustó bastante saber que debe involucrándose en esto desde otro lugar.

Esa mujer suele tener todo, menos buenas intenciones y es aterradora por momentos.

−Entonces, es definitivo. Su relación va a salir a la luz tarde o temprano –empieza–; que se sepa ahora o dentro de unos meses va a tener el mismo impacto, será un escándalo. Por otro lado, la participación de ambos en los juegos, es más que esperable, mientras esa mujer piense que ustedes resultan útiles para los propósitos de los juegos, no los dejará ir. Aún así pienso que podrían rescatar algo bueno.

−¿Algo como qué?

−Sé que has hecho muchas cosas para mantener a Lucy a salvo, para sacarla de la arena, arriesgándote a lo peor. No importa si lo hiciste por ella, para destacar, para obtener la beca, o por todo; lo que cuenta es la intención. Solo piensa en todos los cambios buenos que has hecho. Te diste cuenta del estado deplorable de los tributos y de tu novia durante cada visita; tú y Sejanus los alimentaron, nunca antes el Capitolio les había dado comida a los tributos, ustedes dos los empezaron a tratar y ver como seres humanos, no como objetos, y en consecuencia el Capitolio los vio así.

Del modo que lo plantea, nos pone a mí y Sejanus como impulsores y probablemente esté en lo correcto. El nadie se molestó en ver a los tributos de una forma humana en la última década.

Hace una pausa para que analice sus palabras y continua.

−Patrocinar a los tributos y enviar comida a la arena ayuda a mantenerlos con vida más tiempo y fortalecerlos, dándoles mayores posibilidades de ganar. Y como tú planteaste y me explicaste; la propuesta de las apuestas, es beneficiosa para el Capitolio, porque el gobierno no tendría que invertir dinero propio en los tributos, se invertiría el dinero de las apuestas en los Juegos del Hambre. Tal vez no ahora, pero con el tiempo mientras más personas se vean interesadas en este evento, se ganaría más dinero y se les podría brindar condiciones dignas a todos. Aunque estén condenados a morir, sería bueno que disfrutaran de sus últimos días ¿no lo has pensado de ese modo?

Cierro los ojos, y la imagen de Lucy Gray durante esas semanas viene a mi mente.

Lucy agradeciéndome cada vez que hacía algo para ayudarla o defenderla, confesándome que el saber que tenía alguien que la apreciaba, importaba mucho más de lo que yo creía; que ganaría los juegos para volverse a encontrar conmigo y que la polvera de mi madre sería un recordatorio de nuestra promesa, un incentivo para volverse a poner de pie, cuando se estuviera por derrumbar; que cada vez que yo le enviaba suministros ella se sentía acompañada y protegida de cierta forma.

Pero no todos los tributos y mentores pudieron forjar el vínculo que ella y yo tuvimos desde el momento cero. Algunas parejas a penas se toleraban entre sí.

¿Y si eso en el futuro cambia? Si los mentores realmente se involucran con sus tributos, y ellos a su vez llegan a confiar plenamente en sus mentores, tal vez no al mismo nivel que Lucy conmigo, porque lo nuestro involucraba otro tipo de sentimientos más profundos, pero un vínculo lo suficientemente fuerte para ambas partes colaboren y no haya conflictos.

Suena bastante idealista y difícil de lograr tomando en consideración los eventos recientes.

−Los distritos nos odian, Tigris. Quedo demostrado este año; he visto y escuchado el modo en que varios tributos trataban a sus mentores y viceversa. Y a Sejanus y a mí nos trataron de matar, aunque no ganaban nada con ello y fuimos quienes ayudamos más. No creo que eso pueda cambiar en lo inmediato. Si ambas partes no colaboran, es imposible un cambio. No todos son tan abiertos como Jessup y Lucy.

−Entonces, piensen en distintos métodos que permitan una relación de respeto y cooperación. Tú encontraste una forma de traspasar esa pared invisible que te separaba de Lucy. Es hora de pensarlo de una manera global y no solo particular. ¿Quién sabe? Quizá, en el futuro la situación cambie de una forma que sea favorable para nosotros y los distritos, sobre todo los tributos cosechados. Por más abrumador que suene, ahora el futuro de los Juegos del Hambre recae sobre tú, Lucy y un puñado de personas más, porque los organizadores lo decidieron así. Piensen en todas las cosas positivas que podrían hacer, aún si deben mantenerse dentro de una línea determinada.

−¿Eso harías tú?

−Si sirviera para que no me sentirme tan miserable por colaborar en todo eso, seguramente. Y ahora soy parte, aunque sea de forma temporal.

−Es mi culpa, lo siento.

−Está bien, yo me metí en esta situación sola y decidí ayudarlos. Al menos estoy haciendo algo que disfruto, al contrario de lo que les depara a ustedes más adelante. Así que traten de sobrellevarlo lo mejor que puedan –concluye–. Buenos días, Lucy.

Mi corazón da un salto ante la mención de su nombre y miro hacia la puerta. Entra con los ojos entrecerrados y somnolienta, se tapa la boca para bostezar, pero no responde. Ni siquiera estoy seguro si nos escuchó. Se sienta a mi lado y apoya su cabeza en mi hombro, cerrando sus ojos, se ha cambiado de ropa, seguro se vino directamente aquí.

Tigris y yo intercambiamos una mirada y sonreímos.

−¿Todavía estás durmiendo, cariño? –le digo en tono divertido.

−No descansé mucho anoche –reconoce–. Ahora Madame justo subió tejado y los ruidos de las puertas me despertaron. Creo que se disculpó o algo diciendo que creyó que estaba en las habitaciones y no sé ni que le respondí. Entonces, no te vi y decidí buscarte.

−Desperté hace media hora. Te dejé dormir, aunque no esperaba que fuera mi abuela quien lograra sacarte de ahí

−Deberíamos agregar las puertas a la lista de modos de interrupción de sueño ajeno de Madame –bromea Tigris y yo largo una carcajada.

−Igual el himno no saldrá del primer puesto –agrego.

−Me gustaría que saliera algún día –comenta Tigris.

−¿A quién no?

Lucy apoya su mentón en mi hombro, simplemente sonriendo.

−¿Tan alegre?

−Solo estaba recordando una charla con Madame. Ella quería que la ayudara en el invernadero, a plantar algunas semillas que yo le recomendé conseguir para aumentar el volumen de su huerta, plantas de verduras o frutas que tal vez pueden cultivar en las alturas y con las que podrían abastecerse a futuro.

Debió ser el día que entraron al living enfrascadas en una conversación profunda sobre temas que no entendí, ya que se escuchaba a medias.

−¿Qué pasó esa mañana?

−Me pregunto sobre cómo era mi vida, como había descubierto mis talentos, donde y como practicaba; puede que le haya tirado alguna indirecta o comentario sobre ustedes y ese canto matutino.

−¿Qué hiciste? –pregunta impactada Madame.

−Ayudarlos, ustedes me conocen, saben que no me guardo nada –responde simplemente–. Lo tomó bien. Si ya no se despiertan con el himno a partir del día que me marche, acuérdense de mí y mándenme un regalo enorme al distrito en compensación por el favor realizado.

No entiendo porque me sorprende, debería estar acostumbrado a su ya conocida osadía.

−Yo también voy a tener que vivir aquí en algún momento –se encoje de hombros, quitándole importancia–. Ni ustedes y ni yo somos nadie para prohibirlo; también tiene derecho y hay que respetar que ella sea tan patriota. Pero también respetarlos a ustedes en esos momentos de descanso. Puede ser que le haya insinuado sutilmente que en caso de hacerlo elija momentos en los que no estén presentes y otro lugar más alejado para que ambos se sientan más tranquilos.

Ella agarra de la bandeja unos bizcochos que hizo ayer, sirviéndose té en una de las tazas que hay en el centro de la mesa y empieza a comer.

No me sorprende, ella suele decir lo que piensa la mayor parte del tiempo, incluso aunque lo haga de forma amable y educada.

Analizo la actitud de mi abuela en los últimos días, no hubo cambio en cuanto al trato que tiene con ella, por lo que probablemente no se molestó.

−¿En serio lo tomó bien?

−Sí, Coryo. Es decir, medí mi forma de hablar y también que decir.

−En ese caso ¿qué quieres si logras el objetivo?

−No sé, piénsenlo ustedes. Los regalos son mejores cuando son sorpresa.

Sonrío, beso la cima de su cabeza y me mira de reojo pacíficamente.

−¿Has dormido bien, Coryo?

−Eso creo ¿por qué tú no has dormido tanto?

−Tenía muchos asuntos que pensar, ese tiempo me ayudó a analizarlo con más claridad.

Le damos su tiempo para que siga hablando.

−No puedo decir que me asombró lo que nos dijo, ya lo veía venir. Me adaptaré a esta nueva realidad y también a mi futura participación en los juegos.

−Eres muy valiente –comento.

−Igual que mi mentor –agrega empezando a partir con el tenedor parte de la tarta frutal–. Podremos con esto, estoy segura. ¿Se lo contaste? –pregunta viendo a Tigris.

−Justo estábamos hablando de eso –interrumpe Tigris.

−Siendo así, no hay nada que aclarar.

Lucy bebe su té y come un poco más de lo habitual, al igual que yo, porque ayer no comimos nada desde nuestra llegada durante la tarde. Tigris ve la hora en el reloj de pared y dice que bajara ante de que llegue la gente a trabajar. Así que con Madame y mi prima en distintos lados del edificio nos quedamos solos.

−¿Podemos empezar con los lecciones más tarde?

−Yo diría que nos tomemos el día libre.

−¿Qué quieres hacer?

−¿Alguna vez has visto películas? No las nuevas, las antiguas, antes de los Días Oscuros.

−No muchas, no obstante, suena tentador.

−Cuando terminemos aquí, acompáñame a buscar algunos DVDs. Haremos una maratón de películas durante la tarde, nos ayudara a despejarnos.

Hoy no quiero hacer, ni pensar en nada relacionado con los juegos.

Lucy se sujeta a la tela de mi playera y me da un corto beso.

−No podría estar más de acuerdo –dice al apartarse.


Le llevo al despacho para que me ayude a escoger. La he traído con anterioridad, a veces nuestras lecciones las tenemos aquí. Subo la escalera, para alcanzar el estante donde están las películas y le paso una caja entera con ellas. Lucy la lleva al escritorio y quita la tapa, empezando a ver los títulos.

Yo bajo con algunas que encuentro sueltas en los costados.

−Increíble, tienen muchas.

−Son casi reliquias ahora, nada fue igual desde la guerra –comento.

−Ni lo dudo. No me gustan los programas de hoy en día, solo algunos. De hecho, casi no veo televisión.

Ella se sienta y saca las cajas individuales de los discos y lee la sinopsis de cada una.

−No veamos nada sangriento, ni muy violento ¿sí? En estos dos meses ya vi suficiente en la vida real.

Asiento y acerco mi mano a su cabello para acariciarlo unos segundos antes de ir sacando y descartando las películas con ese tipo de contenido.

−Bien, nada de acción, terror, ni sangre –digo mientras las aparto.

−Acción puede ser, depende que sea.

−Lucy Gray ¿de verdad te sientes mejor? –me inclino hacia ella y hago que me mire a los ojos levantando su mentón con mi mano.

−Sí, no te preocupes. Pudo haber sido peor. Al menos no piensa ponernos trabas a nosotros.

Hago una mueca.

−Eso es bueno, me dio confianza... sobre que lo nuestro puede funcionar.

−Marcaremos precedente, Coryo. ¿Eres consciente de eso?

−La primera pareja en la historia de los juegos. El primer mentor y la vencedora más popular. Sí, soy consciente.

−Es abrumador pensar en toda la atención que atraeremos con esto, sin contar lo demás.

−Tienes suerte, para cuando regreses la situación se habrá calmado y la euforia, disminuido.

−Cierto, tú vas a tener que cargar con todo por unos meses.

−No quiero que esto te haga las cosas más difíciles a ti.

−Con suerte solo un cuarto del distrito, ha visto los Juegos del Hambre, por lo tanto, creo que estoy a salvo.

−Eso espero.

Lucy siempre habla del Distrito Doce como si allí hubiese muchos que siguen odiando al Capitolio hoy en día y que tal vez la juzguen solo por estar conmigo.

−Pero si se atreven a decir algo malo sobre ti, no me quedaré callada. Es una promesa.

−Mientras no te metas en problemas, está bien. En caso contrario, mantente al margen. ¿Escribiste sobre nosotros en la carta que le enviaste a tu prima?

−Sí, se enterarán de todo antes de que salga en las noticias.

La carta se la llevamos a Pluribus la última vez que estuvimos en su bar, ella también incluyó dinero para ayudar al Covey mientras no estuviera presente.

−Por cierto, gracias por escribirme esa carta el día de nuestra cita, me ayudó a entender cómo debía prepararlas para los envíos.

Pensé que sería más practico si veías una hecha por mí.

−Lo fue, cuando escribí la carta para mi familia traté de imitar la tuya y ahora también tengo tu dirección y datos. ¿Cuánto demoran en llegar?

−En tren, calculo que unos tres o cuatro días.

Ella lo piensa.

−Podríamos escribirnos una o dos veces por semana –propone–, dependiendo que tan ocupados estemos.

−Una vez a la semana como mínimo; de ahí en más, todas las veces queramos –acepto–. Y el resto del tiempo nos comunicaremos a través de videollamada.

Lucy sonríe.

−Todos los días, si es esos aparatos son tan eficaces como dicen.

−Ya lo veremos, también tengo curiosidad por probarlos a distancia.

−Estoy pensando en instalar una línea telefónica si eso no funciona.

−¿Puedes?

−Sé que algunos comerciantes tienen ese servicio en sus hogares, de ser necesario, podría preguntarles a los Agentes de Paz como tramitarlo.


Seleccionamos unas siete películas y las llevamos con nosotros al living.

Lucy elige una comedia para empezar, a la cual le sigue un musical romántico, luego un drama y otra de acción. Aunque evita las que posiblemente le causan una impresión negativa, quiere ver una película de cada género. Sentados acurrucados o recostados juntos en el sofá pasan las horas y seguimos intentando disfrutar nuestro tiempo juntos y desconectarnos de la realidad.

A veces ella llora en silencio con las escenas tristes, se ríe con las escenas cómicas, se queja por lo que va pasando, hace comentarios sobre los actores, preguntando si alguno de ellos sigue vivo y trabaja en el Capitolio, ya que le resultan familiares y efectivamente varios de ellos siguen en los medios de comunicación, en otras áreas. Los sucesos de algunas películas se dan en distintos distritos y Lucy es capaz de reconocerlos, porque ha estado en ellos. Y me confiesa que siempre deseo conocer el Distrito Cuatro, cuando le indico que fue grabado allí.

−Me gustaría poder llevarte algún día –le digo.

−Pero ustedes tampoco pueden salir de aquí ¿verdad?

−No desde la guerra. Estamos tan atrapados como ustedes. Sin embargo, si la situación cambia en un futuro, podríamos ir –el Distrito Cuatro es uno de los más tranquilos, debido a su baja población y las zonas solitarias–. Y si me permiten ir a visitarte al Doce, iré también.

Sea como sea, nuestra distancia será difícil para ambos.

Deposito un beso en su cuello e inmediatamente ella me mira sorprendida.

−¿Qué pasa?

−Nada, solo me sorprendí. Nunca antes nadie... −se ruboriza, cosa que la hace ver más adorable.

Nunca antes nadie ¿la ha besado ahí? Probablemente quiso decir eso.

−Y yo nunca antes he sido así con nadie, pero si te molesta...

−No dije que me molestara. Soy tuya, te lo dije.

Me río suavemente y en respuesta la abrazo aún más, acercándola a mí; ella toma una de mis manos entre la suya y entrelazamos nuestros dedos. Nos quedamos así viendo la película hasta que termina, pero al bajar la mirada noto que está cansada y agarrando el control apago el reproductor y posteriormente el televisor.

−¿Quieres dormir un rato?

Ella asiente.

−Entonces, hazlo. Te despertaré para cenar.

Ella cierra los ojos casi de inmediato y acomoda su cabeza en la almohada sin apartarse de mi lado.

−Gracias, esto fue agradable como para variar.

−Podemos repetirlo otro día.

−Me encantaría.

No dice nada más y acomodo la manta para cubrirla hasta los hombros y me limito a contemplarla mientras duerme, del mismo modo que ella debió hacer anoche.