Disclaimers: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.


CAPÍTULO 26: LUCY

En su despacho, un hombre abre el sobre que un detective privado le entrega, apareciendo frente a él, decenas de fotos de una pareja, aunque la mayoría haciendo foco en la chica de cabello castaño con ojos casi dorados. La sonrisa del hombre se ensancha, es justo lo que quería que hiciera.

−¿Ha pasado algo nuevo? –pregunta curioso, levantando la mirada para observar a su invitado amablemente y éste sonríe en respuesta.

−No más de lo usted está viendo, ambos jóvenes no suelen salir mucho, lamentablemente no he tenido oportunidad de verlos demasiado.

−En efecto, la chica apenas recuperándose de su paso en la arena.

−Pero en la última semana salen casi todos los días, dando paseos por el Capitolio, haciendo compras y yendo a un bar.

−¿Un bar? –eso lo toma por sorpresa.

−En realidad, averigüé que antes funcionaba como uno, la gente iba a tomar, divertirse y disfrutar de la música. El dueño se llama Pluribus Bell, mientras su esposa era cantante y estudiante de música; ella se encargaba de los shows, pero murió durante la guerra. Luego, el lugar funcionó como una especie de mercado negro en los peores tiempos. No hay nada de qué preocuparse, ahora es una tienda, puedes conseguir lo que sea de otros distritos o del mismo Capitolio. Hace unos días el dueño llevó de vuelta a casa a ambos, cargando unos instrumentos en su camioneta, y cuando llegaron a destino se las entregó y los acompañó dentro del edificio. Algunos días la señorita Gray y el señor Snow, van para hacer compras y charlar con él.

−¿Ambos están en una relación?

Se detiene a observar las fotos tomadas en el parque o en la calle, siempre juntos, tomados de la mano y otras tomas aparecen besándose y abrazándose cuando están a solas.

−Como usted puede ver, sí. El señor Snow es muy protector y atento con ella. Señor, me estado preguntando estos días ¿Cuál es su interés en ella?

−Me temo que no puedo decírselo aún, es demasiado pronto, pero mis intenciones son buenas. De todas formas, es un detective, no creo que le resulte difícil encontrar la respuesta –el hombre sonríe de lado, sabiendo que él podría encontrar la respuesta por sí mismo si lo intentara.

El detective se ríe.

−Probablemente, esté en lo correcto. Pero la mayor parte del tiempo, intentó no meterme en la vida de mis clientes.

−¿Y si se lo permito? Si es tan bueno como dice, debería investigar la razón por la cual la reciente vencedora es importante para mí y mi familia. No me importaría, no tengo nada oscuro en mi pasado.

−¿Es una especie de reto? –pregunta.

−Puede verlo de ese modo, como un reto a sus capacidades. Si no tiene nada más para decirme...

−De hecho, sí. Hay algo más.

−Lo escucho.

−Mis contactos de La Academia, me informaron las fechas y lugares donde se planea la entrevista y el banquete en el cual Lucy Gray Baird se presentará. Se las dejé anotadas en la última hoja del sobre, tal vez le interesé tenerlas en consideración, van a ir llegando las invitaciones a partir de la próxima semana a todos los asistentes. Usted como uno de los mayores patrocinadores podrá asistir a ambos.

−Esa es una excelente noticia.

No podía negar que le alegraba poder tener una excusa para conocerla, para hablar con ella; su hijo se pondría feliz también.

−Eso es todo, por el momento.

−Se lo agradezco. Siga haciendo su trabajo, siga velando por ella mientras esté en el Capitolio, al menos hasta asegurarnos que está a salvo.

Todavía no confiaba del todo en algunas personas de La Academia.

−Eso sí, deles un poco de libertad a los chicos.

−¿No desea que los siga?

−No, salvo que se encuentren con alguien más. Lo mantendré informado, si lo requiero para ello.

−Así será, señor. Tenga un buen día.

-Igualmente.

La sirvienta, una joven avox que él acogió en su hogar para salvarla de la muerte, o convertirse en un conejillo de indias en el laboratorio, está esperando detrás de la puerta. Cuando ve salir al invitado, le indica que lo acompañe a la puerta y cierre la puerta.

Las fotos que él vio una por una sin sacarlas de la pila, ahora las esparce alrededor de la mesa frente a él, tratando de ver a alguien más en ellas, alguien que ya no está. Sin embargo, el parecido entre ellas es increíble y las coincidencias son tantas, que a medida que la chica se vuelve más popular y salen a la luz más detalles de su vida, tiene menos dudas.

Su nombre, la edad, que sea parte del Covey, el vestido que él reconoció tan fácilmente como perteneciente a Sabine, e incluso la canción que trasmitieron desde el zoológico, y escuchó cantar a los suyos varias veces en el pasado.

Un golpe interrumpe sus pensamientos.

−¿Puedo pasar, papá?

−Claro, hijo.

Su hijo, un joven de piel clara, cabello oscuro y ojos idénticos a los de la chica de la foto, ingresa al despacho y se sorprende al encontrar a su padre tan pensativo y nostálgico mientras mira hacia el escritorio. Al acercarse se da cuenta que es lo que llama su atención y reconoce a la persona de la foto.

−Es ella ¿no?

Se para al lado de su padre y observa las fotos con el mismo interés, incluso con su corta edad, no olvidó el tiempo en el que él tuvo a esa pequeña niña a su lado, cuidándola, jugando y pasando tiempo juntos cuando aún vivían juntos. Aunque es probable que ella nos los recuerde a ninguno de los dos.

Sabine se fue del Capitolio tan pronto como los rumores de guerra empezaron, por insistencia de la madre de ésta, quien la terminó convenciendo de que estarían a salvo fuera de Panem. Él aseguro que podía protegerlas aquí, pero ella no quería alejarse de sus padres, ni dejar a su hija en un campo de batalla, la situación se estaba complicando cada vez más. Ella le pidió que él y su hijo se fueran con el Covey, pero muchas cosas lo retuvieron. Se dio cuenta que no podía hacer nada por hacerla desistir a ella y permitió que se fuera, pensando que ambas estarían a salvo fuera de Panem, que solo sería por un tiempo como se habían prometido, hasta que las cosas se calmaran. Por los dos años siguientes, le llegaban desde otros distritos cartas, fotos y vídeos de la niña, incluso regalos para ambos que Sabine aseguraba que Lucy le ayudaba a elegir.

Con la guerra desarrollándose por todo Panem, ella le prometió, que volvería al Capitolio cuando el peligro desapareciera y que estarían juntos nuevamente; pero eso nunca pasó, ni volvió a recibir noticias de ellas y con el tiempo las dio por muertas, y ese fue el caso al menos, para una de ellas.

Si tan solo hubiera sabido que su hija estaba en el Distrito Doce, la hubiera ido a buscar de inmediato, pero había perdido rastro de ambas... hasta ahora. La intentó localizar sin cesar con los contactos que tenía en otros distritos por varios años. Aún no entendía porque, si el nombre de su niña seguía siendo el mismo, no pudo ubicarla en el Distrito Doce en ese tiempo. Lucy era un nombre que había elegido él, a Sabine le gustó y estuvo de acuerdo. Necesitaba respuestas, pero sabía que no las obtendría hasta que le confesara todo a su hija y conversaran sobre el tema.

−Sí, es tu hermana. La recuperamos.

−Pensé que había muerto –comenta.

−También yo, Owen. Cuando la vi en la cosecha no lo podía creer, no hay duda que es ella.

−Eso es bueno ¿no?

−Sí, salvo por el hecho de que probablemente ella no sabe nada sobre nosotros. Hicimos lo que pudimos para salvarla y su mentor también. Por ahora, me conformo con verla y lo haremos muy pronto.

−¿Cuándo?

−En dos semanas. Acerquémonos a ella de a poco, hasta que confíe en nosotros, y sepamos cómo abordar el tema, porque no será fácil.

−Dos semanas –el joven sonríe–. Esperé varios años volver a ver a mi hermanita, puedo esperar más.

Su madre biológica murió cuando aún era un bebé, y pasaron varios años hasta que su padre volvió a tener una relación, la mujer había sido buena con él y convivido con ellos, pero ella y su padre tenían estilos de vida completamente diferentes, el vínculo que suelen tener los miembros del Covey tiende a ser demasiado fuerte, y cuando los primeros indicios de guerra se dieron, Sabine estaba entre medio de sus padres y ellos y eso acabó separándolos. Sin embargo, de esa relación nació Lucy, su media hermana. De niño sufrió mucho perder contacto con ella. Pensó que nunca podría verla nuevamente, o peor que estaba muerta como consecuencia de la guerra, pero el destino se la devolvió a él y a su padre.

Observa detenidamente las fotos tomándolas de la mesa una por una para observar a su hermana menor en detalle. Con la vaga imagen que él tiene de las fotos familiares y sus recuerdos de niño, le cuesta reconocerla. Piensa que ella se convirtió en una adolescente bastante atractiva y en los parecidos entre ambos. Los ojos de Lucy son tal cual los recordaba, aunque el cabello ahora lo tiene mucho más largo, sigue viéndose igual de rebelde con sus ondas naturales. Debe reconocer que son muy buenas tomas.

Cuando pasa a las fotos donde está acompañada de un joven rubio, su expresión relajada, se convierte en una mezcla de incredulidad y duda.

−¿Ese joven es Coriolanus Snow? −señala una de las fotos a la izquierda.

Su padre solo asiente, esperando que no reaccione de forma negativa ante las fotos, durante los primeros años de vida de la niña, él fue muy protector con su hermana.

−Entonces, ella y su mentor son novios.

−Eso parece.

El joven se sume en sus propios pensamientos, recordando algo repentinamente.

−El lado positivo del asunto es que ella tendría otra razón para quedarse cerca de nosotros y volver aquí.

Él estaba tan feliz por el simple hecho de tener noticias de la hija que él creía muerta y ni siquiera le preocupó la presencia de Coriolanus en la vida de ella, aparte si la había salvado, era alguien que se merecía su respeto y agradecimiento.

−Al menos, parece alguien confiable según lo que has averiguado –reconoce el joven.

−Por eso hay que darle un voto de confianza. Después de todo, fue él quien la mantuvo con vida y la cuidó hasta ahora. Reconozco que pensé que solo la protegió porque era su tributo y también porque era su deber como mentor; pero ahora me doy cuenta que ya había algo entre ellos.

−Eso quiere decir que el rumor que corría era sobre ellos.

−¿Cuál rumor?

−Uno que corre entre los estudiantes y profesores de La Academia. Dicen que se había formado un extraño y curioso vínculo entre mentor y tributo, hasta hablaban de una conmovedora despedida el día antes de la entrada en la arena. El hermano menor de mi amigo lo mencionó muy por encima, él lo presenció. Si se refería a ellos, ahora le encuentro sentido. Vaya escándalo –bromea.

−Escándalo o no, da igual. Puede que ella haya vivido la mayor parte de su vida fuera de Panem, o en el Distrito Doce, pero nada quita que ella sea del Capitolio, aunque no lo sepa.

−¿Cuándo se lo confesaremos?

−Cuando sea el momento adecuado y la conozcamos lo suficiente. Esa chica estuvo sola gran parte de su vida, ya que hasta su madre murió y estuvo viviendo por su cuenta hasta ahora. Esto será como empezar de cero, por lo que debemos ir con calma si queremos volver a formar un vínculo con ella.

−¿Por eso contrataste a esa persona?

−No es que dude de los Snow, pero quería asegurarme que estuviera bien. Saber esto me deja más tranquilo. El detective dice que la cuidan y que él particularmente la protege y es atento con ella.

−¿No nos debemos preocupar?

−No creo, está en buenas manos ahora y fuera de peligro ahora que acabaron los Juegos del Hambre.

−Tal vez, tengas razón, pero encuentro extraño algo. ¿Cómo pudo salvarse de las serpientes mutantes? No importa cuántas veces piense en ello, no encuentro explicación. Si hubo algo extraño, me temo que la doctora Gaul no va a dejarlo pasar tan fácilmente, la conozco, es peligrosa, a no ser que esa mujer piense que ella le puede ser de utilidad, o haya planeado eso para coronarla vencedora y darle una ventaja; tanto Lucy, como su mentor pueden tener problemas.

−Estaba pensando en eso, pero no te preocupes. Mantendremos un ojo en ellos. No les pasará nada.