Está historia la publique cuando tenía apenas unos 13 años. Espero que con la nueva reedición sepan apreciar este pequeño tesoro de mi vida.

ROJO

Esos ojos rojos como la sangre misma, que para muchas almas salvadas por la voluntad del señor sería un castigo vivir, para mí esos ojos eran como estar rodeada de un fuego tranquilizador; Una fogata que te calienta en una noche estrellada.

Cada que me voy a acostar tengo la ligera esperanza de que estén ahí, esperando en un rincón oscuro de mi mente. Y cuando es así y logró verlos de nuevo, intentó correr hacia ellos; quiero ver más allá que solo un color.

Muchos me han dicho que pueden ser un reflejo de mí misma, otros que simplemente estoy delirando y muy pocos creen lo que digo. Pero en lo único que estoy de acuerdo, es que ya no es normal, ya no lo siento así. ¿Será mi destino o alguna persona predestinada para mí?

Una noche en la que no pude contactar con morfeo, me encontré a mis padres cuchicheando (*) respecto a mi salud mental; pensaban que estaba loca así que me llevarian a un psicólogo. Escuche como se levantaban de la mesa en donde se encontraban, me fui corriendo escaleras arriba y me encerré en mi habitación. ¿Y si lograban convencerme que no eran reales? Esa noche lloré mientras sentía como alguien me observaba en la oscuridad de mi cuarto.

Al día siguiente llegamos a una clínica privada. En recepción había unos padres alegando que su hijo no tenía mejoras, la recepcionista trataba de calmarlos mientras llamaba a seguridad. En esos momentos me entro la curiosidad de saber quien era su hijo, pero descarté la idea cuando me hicieron pasar para mi cita.

La sala en la que me había adentrado estaba pintada de un color verde oscuro y en sus esquinas varios estantes repletos de libros. El doctor estaba hablando con uno de sus pacientes, tenía el mismo tono de cabello que yo; pelirrojo, lo cual era extraño ya que muy poca gente llega a tener el tono casi naranja que poseía desde pequeña. Un fuerte estruendo proveniente de fuera nos hizo voltear a los tres al mismo tiempo; el psicólogo fue corriendo dejándonos solos al chico ya mí.

Se hizo un silencio profundo entre los dos y, aunque quisiera, ni una palabra podía decir de los nervios que me empezaron a dar. De repente el chico se planta a un lado de mí e inútilmente intenta quitar mi mochila para sentarse a un lado mío. Lo miro de refilón (*) y lo inspecciono un poco. Creo que lo mire muy intensamente ya que él, sin dudarlo, hizo contacto visual conmigo.

Los vi, eran como en mis sueños. Una calidez me empezó a inundar, un fuego abrasador fue encendiéndose en mi memoria; algo en mí se desbloqueo y, sin importar el tiempo que me llevo, tome aire y solté las primeras palabras que se me vinieron a la mente.

-Tienes unos ojos muy preciosos.

En vez de apartarse, la cual pensé iba a ser su primera reacción, se me acercó, tomó un mechón suelto de mi cabello y con una sonrisa sarcástica en su cara me dijo;

-Los tuyos no son la excepción. Demasiado exóticos para tu seguridad.

-Los míos no se comparan a los hermosos rubíes que te cargas, chico.

Él se soltó riendo y yo lo acompañe en tan preciosa melodía. Había encontrado, sin esperarlo, a mi chico de ojos color rojo.