1. Batallando con la autoridad

En qué estaba pensando cuando aceptó el empleo, su talento en cuestiones tecnológicas no se podía enfocar a ser la tutora de un par de niños. Su espíritu iba más allá de convertirse en una simple institutriz. Luego recordó la verdadera razón por la que aceptó: el poco dinero que tenía se esfumó y su nuevo trabajo le ofrecía hospedaje y comida, con ello podría ahorrar un par de meses, luego renunciar para buscar otras alternativas mientras se resolvía su apelación en el despido de la Patrulla Galáctica.

Al llegar al planeta Sadala notó que era inmensamente diferente a la Tierra, su planeta natal. Éste se veía con menor vegetación y terrenos llanos. El clima era cálido seco con pocas lluvias y las especies de animales que lo moraban salían en las noches debido a la intensidad solar.

El primer inconveniente de su trabajo fue llegar al palacio real en vano, porque según le informaron el Rey y su hijo mayor se encontraban en una misión en un planeta lejano y el resto de la familia se mudó a la casa de campo que tenían en las afueras del planeta.

Estresada y cansada por ir de un lado para otro tocó a la puerta de la mansión de campo, fue recibida por un hombre sumamente alto, musculoso y calvo.

-No aceptamos mendigos –Dijo el hombre serio desde dentro del portón mirando la ropa sucia de la mujer.

-No soy ninguna limosnera –se defendió Bulma molesta –He venido por ordenes del Rey, soy el tutor que solicitó.

-¿Una mujer? –exclamó el hombre escéptico -¿Tienes algún documento que avale tu contratación?

-Por su puesto –Bulma sacó un papel con cara de pocos amigos y lo extendió con molestia hacia el calvo.

No muy convencido abrió la puerta de entrada comunicándose con otra persona por el aparato que tenía colocado entre su ojo y su oreja, una especie de rastreador.

-Pasa, Raditz se encargará de mostrarte la casa y a tus pupilos –Le dijo el hombre –Mucha suerte con los mocosos, la vas a necesitar.

-¡Qué motivador! –Suspiró con sarcasmo Bulma –Soy Bulma Briefs –extendió la mano.

-Nappa –respondió sosteniendo la mano de la chica.

Jamás en la vida conoció una casa tan elegante, el piso de mármol resplandecía, los ventanales eran enormes con decoraciones en vitral y los muebles eran de madera fina con extraordinarios acabados. Al fondo del salón estaban dos pares de escaleras que convergían en la parte superior, de allí miró bajar un hombre alto con una larga melena.

-Así que eres la nueva niñera –Sonrió el hombre –Soy Raditz

-No soy una niñera –objetó –Soy Bulma Briefs, tutora en ciencia y tecnología.

-Como sea –dijo el saiyajin sin dar mayor importancia –Te llevaré a conocer a los retoños. Suerte con ellos, la vas a necesitar –le advertía.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Bulma al escuchar los gritos histéricos de una chica y de otros niños. Apresuró el paso para seguir al hombre de la melena larga, conforme avanzaban los sonidos de la pelea se escuchaban más fuertes.

-¡Estúpidos mocosos! –Gritaba una chica –¡Devuelvan eso!

-No, nos atrapas – se burlaba un niño.

Al entrar miró a dos pequeños arrojándose entres sí un libro, para que la hermana mayor no los atrapara.

-Alto –Ordenó Raditz –Necesito hablar con ustedes.

-Estamos ocupados –Dijo Tarble lanzando el libro a su hermano.

-Es un mensaje de su padre –indicó el hombre –ha llegado su tutor para que trabajen a partir de mañana con ella.

-Ya estamos grandes para una niñera –Milk observó con desprecio a Bulma –Podemos cuidarnos solos.

-Mira niñita –Pronunció Bulma con autoridad –No soy la niñera de nadie, vengo a hacer el trabajo que me encargó tu padre y no vengo a cuidar niños, vengo a transmitir mis conocimientos y si no te gusta reclámale al rey.

El día no le pintaba bien, primero recorrer medio planeta para llegar a su lugar de trabajo y luego enfrentarse a los señalamientos de ser una niñera.

La chica de cabello negro al escuchar las palabras de Bulma arrebató con rapidez el libro que le habían robado los hermanos y salió con cara de pocos amigos.

-Los dejo para que conversen –Se despidió Raditz.

-Hola soy Bulma –Sonrió la mujer con más calma y tomando asiento con los niños–disculpen esa mala presentación, tuve un día pesado.

-Hola –la saludó el más pequeño –Soy Kyabe y él es mi hermano Tarble.

-No te preocupes –le dijo Tarble –en esta casa estamos acostumbrados a que nos griten todo el tiempo, no eres la primera.

-¿Qué? –se sorprendió Bulma

-Nos gritan todo el tiempo en especial nuestro hermano mayor –Le confesó Tarble –Parece que solamente somos un estorbo para la familia real – se lamentó el niño casi adolescente -desde que murió nuestra madre pasamos la mayor parte del tiempo encerrados en ésta casa.

Bulma no sabía qué contestar, medio mundo le advirtió de lo caprichosos que eran los hijos del rey pero jamás imaginó el poco afecto que recibían. De qué sirve vivir y crecer rodeados de lujos si no tienes amor de tus seres queridos. Ese pensamiento golpeó el corazón de Bulma, ella comprendía lo que era crecer sin sus padres porque muy pequeña quedó huérfana y vagó en diferentes hogares adoptivos hasta que cumplió la mayoría de edad y tuvo la oportunidad de unirse a la patrulla galáctica.

-A veces los adultos están ocupados y eso nos hace creer que no nos quieren –Bulma intentaba justificar a la familia –No todos demostramos afecto de la misma forma.

-Tal vez –suspiró Tarble.

-Oigan, ¿qué no es un poco tarde para que estén despiertos? –preguntaba la mujer de ojos azules mirando el reloj.

-Nos dormimos a la hora que queremos cuando no está Vegeta–Dijo Kyabe

-¿Vegeta? –Preguntó Bulma.

-Nuestro hermano mayor –Aclaró Tarble –Cuando está en casa nuestra vida se convierte en una escuela militarizada.

-Suena a que su hermano es algo estricto –Les decía Bulma

-¿Estricto? –exclamaron los niños al unísono.

-Es un dictador, tiene un humor horrible y es poco tolerante con los demás –seguía describiéndolo Tarble.

-Bueno, pero ya no hablemos de su hermano y mejor los acompaño a dormir –Los invitaba ella -¿les parece si tomamos un vaso de leche antes de ir a la cama?

-Claro –Se emocionó Kyabe

-Sería un placer señorita –Sonrió Tarble.

No era una niñera, pero claramente esos niños tenían una necesidad afectiva alarmante. También hace tiempo leyó que una de las claves del éxito en la enseñanza-aprendizaje eran la confianza y la empatía entre maestro y alumno.

-Hola soy Bulma Briefs –Saludaba ella a una mujer de la cocina –Soy el nuevo tutor de los niños.

-Es un placer señorita, mi nombre es Gine –le hacía una reverencia -¿en qué puedo servirle?

-Los príncipes quieren un poco de leche –Decía Bulma.

-Y galletas –pedía Kyabe

-Se dice "por favor" –lo reprendió Bulma

-Pero es su obligación atendernos –Se justificaba el pequeño.

-Pero la obligación de un buen príncipe es mostrar respeto a otros –Dijo Bulma.

-Oh, no se preocupe señorita –decía nerviosa Gine –con gusto les daré lo que piden.

-Por favor Gine, nos podrías dar un poco de leche y galletas –Decía Tarble con tono formal.

-¡Así me gusta! –lo felicitaba Bulma -¡qué galante niño!

Los chicos y Bulma disfrutaban saborear las galletas con la leche, mientras charlaban un poco sobre la dinámica de casa.

-Mi padre nos tiene aquí encerrados porque nos quiere concentrados en nuestro entrenamiento y en el Palacio Real dice que nos distraeríamos con los chisme de la corte –Le explicaba Tarble –Además aquí podemos valernos por nosotros mismos.

-¿Cuántos hermanos son? –Preguntaba Bulma después de tomar un sorbo de leche.

-Somos 5 –Respondió el pequeño Kyabe –Vegeta, Broly, Milk, Tarble y yo.

-¿y los otros hermanos dónde están? –les preguntaba ella.

-Vegeta está en una misión con nuestro padre y Broly está entrenando en el planeta Yardrat -explicó Tarble mordiendo una galleta.

-Chicos –decía nerviosa -¿por qué todo el mundo dice que me debo preocupar de sus travesuras?

-Es muy cierto –reía Tarble –No tenemos fama de ser niños bien portados.

-¿Podría saber la razón? –Bulma se atrevió a preguntar.

-¿Conociste a Nappa? –Preguntó Tarble al tiempo que Bulma asentía –Pues adivina qué, él tenía pelo.

-No-Ahogó un grito Bulma -¿qué le hicieron a su cabello?

-Digamos que modificamos su tónico capilar –Reía malévolamente Tarble.

-Espero que no corra peligro mi larga cabellara azul –respiraba agitada Bulma.

-Descuida, hasta ahora nos caes bien –Sonreía Kyabe.

-Una vez estábamos aburridos y para jugar llenamos de espuma la casa, costó semanas quitar los restos de jabón –Presumía Tarble

–En otra ocasión nos visitó la tía Oniona, como nos cae mal colmamos su cama de gusanos –Lo interrumpía Kyabe –También…

-Wow, creo que con esas historias es suficiente por hoy, de lo contrario pediré mi renuncia inmediata –reía Bulma –Mejor terminen pronto la leche y suban a dormir.

-Está bien –decía con resignación Kyabe –Otro día te seguiremos contando nuestras travesuras.

-Gracias por escucharnos – le agradecía Tarble –fue agradable la charla.

-Gracias Gine –le decía Kyabe con una reverencia –Son deliciosas tus galletas de chispas.

-Por nada príncipes, estoy a su servicio –dijo Gine.

Los príncipes tomaron rumbo a sus habitaciones dejando solas a Bulma y Gine.

-Señorita –rompió el silencio la cocinera –parece que es una buena influencia con los niños.

-Son agradables –confesaba Bulma –Espero mantener sano y salvo mi cabello. Creo que necesitan algo de afecto.

-Han tenido una vida dura, la madre murió cuando nació Kyabe. El padre los envía por temporadas acá y solamente el señor Vegeta se encarga de educarlos –Le explicó Gine.

-Veremos cómo me va con ellos –suspiraba Bulma.

-Es una chica alegre, eso le hará mucho bien a ésta casa –se sinceraba Gine.

Al día siguiente le indicaron que debían levantarse al salir el sol para tomar el desayuno y acompañar a los príncipes al entrenamiento matutino. Le sorprendió todos los ejercicios físicos a los que los sometían, hasta a la hija mayor. De los tres el que siempre se retrasaba era Tarble, no lo veía con aptitudes para los deportes ni para las peleas, se sentía identificada con él.

Las primeras clases de la semana con los herederos no estuvieron mal, los niños prestaron completa atención a sus explicaciones sobre el espacio, el tiempo y la gravedad. Sin embargo todas las sesiones la hija mayor estuvo cruzada de brazos y torciendo los ojos con desaprobación.

-Milk ¿podrías apoyar a Kyabe con el experimento? –le preguntaba Bulma tratando de no perder la paciencia.

-¡No! –negó la chica – Trabajo sola.

-También puedo hacerlo solo –Propuso Tarble –Bulma trabaja con Kyabe.

-De acuerdo –aceptó la tutora -Les parece si hacemos una competencia y quien lo ensamble primero ganará una visita al pueblo para ir por un helado –los motivaba la científica.

-No nos dejan salir –Respondió Milk torciendo la boca –No podemos desobedecer las órdenes.

-Sin problema –sonrió Bulma –Podemos salir a escondidas un rato, tengo una idea para que nadie se entere.

-Es es imposible –Negaba Milk –Mi hermano nos mataría si se entera.

-Pues eso es lo interesante –Guiñó el ojo Bulma –Que no se entere.

A Milk le costaba trabajo aceptar a una desconocida en su casa, no quería que sus hermanos crecieran con la servidumbre y que intentaran reemplazar el sitio de su preciada madre. Pero debía admitir que los mocosos se estaban comportando mejor, ya no se la vivían molestándola y ahora se enfocaban en aprender cosas nuevas de tecnología.

Del mismo modo que sus hermanos, ansiaba ver el pueblo. Tenía años de no recorrer sus calles y comer los deliciosos platillos que ofrecía la plaza central. De pronto aquella desconocida se convirtió en un aliado para desafiar la autoridad.

-Eso fue mega divertido –sonreía Tarble –Hacía tiempo que no me divertía tanto.

-Vieron la cara del panadero cuando lo mandamos a volar –Milk moría de risa –Es un hombre horrible.

-Eso no fue correcto, pero en definitiva se lo merecía por tratar así a esa niña –se sinceraba Bulma.

-Lo mejor fue que nadie nos reconoció –Añadió el pequeño Kyabe –Es grandioso conocer algo más que éstas paredes.

-Bulma, promete que lo repetiremos –le rogaba Milk.

-Por supuesto –la científica levantó el pulgar en aprobación.

-Pero no podemos hacerlo cuando Vegeta esté en la mansión –dijo Tarble –si nos descubre todos seremos torturados, estrangulados y descuartizados.

-Es cierto, debemos ser cautelosos –analizaba Bulma -¿cuándo regresa su verdugo?-Los chicos rieron al mismo tiempo gracias a su comentario.

-Nunca lo sabemos –explicó la chica –anuncia cuando se va pero no el día que regresa.

-¿Cómo hiciste para distraer a Nappa y Raditz? –Preguntaba intrigado Tarble.

-Nappa es un hombre predecible, le compré un par de revistas para caballeros que lo mantendrán ocupado un buen rato y Raditz no tuvo inconveniente por descansar de ustedes –les confesaba Bulma – además Gine me ayudó a conseguirles ropa de plebeyos.

-Príncipes y princesa –Corría Raditz desesperado –Vegeta regresó, al parecer la misión no fue complicada. En estos momentos debe estar en el castillo.

Todos se pusieron pálidos, no contaban con que el hermano llegara tan pronto.

-Calma –respiraba Bulma –ya estamos en casa.

-No es eso- corría Tarble a la casa –Debemos estar presentables por si llega con nuestro padre.

-Ponte la mejor ropa que tengas –le sugería la princesa avanzando con apuración.

-Oye Milk ¿puedo usar la tina de baño? –le solicitaba apenada Bulma –siempre he querido usar una.

-Claro, usa la que está en la habitación de la segunda planta –sugería la princesa.

La cabeza le punzaba, pese a ser una misión sencilla el viaje de ida y vuelta lo ponían de mal humor, odia pasar tiempo encerrado en las naves individuales pero su padre insistía en que eran más veloces. Regresó con un par de heridas que le fueron sanadas en la enfermería del castillo, nada grave.

-Hijo –lo llamó su padre –en unos cuantos días la pasaré contigo y tus hermanos en la casa de campo.

-Enterado –le decía terminando de acomodar su armadura.

-Otra cosa Vegeta, necesito que vayas eligiendo una mujer. Los soldados comienzan a pronunciar rumores de tu sexualidad –Decía el Rey aclarando su garganta y posándose en el trono.

-Patrañas –Pronunció el príncipe –El hecho de que no sea un presumido de sus conquistas como tú y como esos soldados no me hace menos hombre.

-No me hables en ese tono –lo amenazó el Rey.

-Entonces deja de escuchar los chismes de otros –lo reprendió su hijo.

-Los chismes no me interesan, me preocupa el morir sin ver un nieto –lo presionaba –así que por tu bien y el de ésta familia necesitas poner empeño en buscar una mujer. A ver si eso te quita el pésimo humor del que hablan tus hermanos.

-Patrañas –pronunció Vegeta dejando a su padre con la palabra en la boca.

Los sirvientes de la casa de campo y los hijos del rey estaban vueltos locos ante el regreso del hermano mayor. No tuvo la oportunidad de conocerlo en persona y ni quería, solamente con escuchar los comentarios de los pequeños le bastaba para conocer el pésimo humor del primogénito del rey.

Lo único que necesitaba era un baño relajante, Milk le sugirió tomar un baño de burbujas en el segundo piso. Tenían aceites y hierbas aromáticas para aliviar el cansancio de recorrer toda la ciudad con los príncipes. Le dolía todo el cuerpo de tanto caminar, los niños tenía buena condición física pero ella debía tomar cartas en el asunto sobre desarrollar el hábito del ejercicio.

Cuidar y enseñar a los niños era cansado. Sumergida en la espuma y en sus pensamientos, escuchó una voz masculina que le hizo sentir escalofríos.

-¿Quién demonios eres tú? –preguntó Vegeta molesto –Seguro eres una mujerzuela que mandó mi padre.

-Mujerzuela será la más vieja de su casa –Respondió Bulma ofendida desde la tina.

-Entonces ¿qué haces desnuda en mi bañera? –Decía el príncipe colérico.

-La princesa me autorizó tomar un baño relajante –Explicaba cuando entendió que debía taparse el cuerpo con la espuma.

-No respondiste a mi primer pregunta –Dijo Vegeta con mirada amenazadora.

-Soy la tutora de sus hermanos –explicó con algo de pena. Cuando puso mayor atención notó que el hermano no estaba nada mal, nadie negaba el carácter de los mil demonios que tenía pero no era de piedra para no admitir que físicamente era todo un galán, fornido, varonil y con gran porte, aunque no era muy alto.

-Te quiero fuera de aquí y fuera de ésta casa –le ordenó –No tolero que la servidumbre se tome atribuciones que no le corresponden. Estás despedida.

-Oye, ten más respeto con una dama –objetaba Bulma levantándose de la bañera –y de mejores lugares me han corrido.

El príncipe se puso algo nervioso al ver a la mujer de ojos azules levantarse de la bañera cubriendo con dificultad sus partes íntimas. El cuerpo de la mujer tenía restos de la espuma, su olor a lavanda lo hicieron comenzar a trasudar. La tutora tenía un cuerpo escultural que hacía juego con sus exóticos cabellos y ojos azules.

-Cúbrete mujer sucia y cuando te dirijas a mi háblame de usted, que no somos iguales –Molesto le dio la espalda para que ella pudiera tomar una bata.

-¿Qué es ese escándalo?-irrumpió la princesa Milk

-Pasa, que me acaban de despedir –Exclamaba molesta la científica saliendo del baño envuelta en una bata de baño.

-Pero ¿por qué?, ¿qué pasó aquí? –Buscaba una explicación la chica de cabello negro.

-Esa mujer desafió mi autoridad y se tomó atribuciones que no le corresponden –Explicaba Vegeta.

-No la puedes despedir- Le decía Milk preocupada –Mi padre nos envió un tutor para aprender de ciencia y yo le autoricé venir aquí, no sabía que tomarías esta habitación.

-Soy el mayor la casa y mi padre me ha dado todo el poder de decidir –pronunció con autoridad.

-¿Cómo que la despediste? –Entraban los hermanos pequeños.

-No puedes hacer eso –lloraba Kyabe –Es nuestra amiga.

-Deja de llorar mocoso y solamente es una empleada, no es amiga de nadie –Decía Vegeta.

-Por favor, por favor –Rogaba Tarble –No la despidas, haremos todo lo que nos digas y seremos mejor portados.

-No recibirás queja de nosotros –Añadía Milk –en especial de mí, prometo entrenar duro.

-También yo –dijo Tarble.

-Y yo –se apuntó Kyabe.

-¿Qué carajos les dio esa mujer? –se preguntaba el príncipe mayor -¿Quiénes son y qué hicieron con los rebeldes de mis hermanos?

-Nada, es solo que nos gustan sus clases –Explicaba Tarble –No está enseñando a ensamblar rastreadores y prometió mostrarnos cómo funcionan otros dispositivos.

-Está bien, tengo un endemoniado dolor de cabeza y no pienso seguir discutiendo. Se queda, a ver si con eso dejan de decir que todo el tiempo estoy de mal humor –pronunció Vegeta –No los quiero cerca de mi vista.

-Lo que digas, eres el mejor hermano del universo –lo adulaban sus hermanos.

-Gracias hermanito –le besó Milk la mejilla.

-Fuera de mi vista barberos–Se quejó Vegeta lanzando una mirada de antipatía.

Los hermanos salieron corriendo asustados ante la mirada del hermano pero felices de evitar el despido de Bulma.

Continuará…

Próximo capítulo: 2. Batallando con los recuerdos